Días cortos: Peñíscola e interior de Castellón.

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERAComienzan a acortarse los días y con la promesa del otoño llega el aviso de aprovechar el tiempo minuto a minuto. Quizás las vacaciones ya no puedan ser tan largas, ni los viajes tan ambiciosos; quizás sea el momento de planificar escapadas más cortas y de conocer lugares cercanos, destinos de interior o en costas menos trilladas, nacionales, que descubren antes los extranjeros que nosotros mismos.

Peñíscola, por ejemplo, en Castellón, se aleja del estereotipo de esa costa tan conocida. Con su mar azul, su remolino Bufador y sus puertas mediterráneas, ha sido admirada por muchos a raíz de aparecer en Juego de Tronos. Quizás no se sepa que la localidad ofrece todo tipo de facilidades para el rodaje de series y cine. El castillo, sus calles empinadas, exigen un paseo con calma y comer un puñado de almendras saladas en una de sus terrazas.

Vilafamés, Culla (que merece una visita aparte) o las casas colgadas sobre la pendiente de Ares del Maestre son otros de los secretos bien guardados del Castellón interior, con montañas inesperadas y paisajes que se alejan de los tópicos mediterráneos. El final del verano los libera del exceso de turistas, el clima se torna suave y el aire huele a hierbas aromáticas. Es un lugar para perderse; no en vano fue tierra donde se escondían bandidos y escapados. Un buen sitio para acercar a los niños a la naturaleza, y para atrapar el tiempo sin prisas.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERA Las prendas que hoy llevo podrían servir para una boda de día, siempre que no fuera por la iglesia o, en caso de serlo, se añadiera una chaquetilla o echarpe que cubriera los hombros. Este vestido  low cost (en este caso es de Mango, con varios de los imprescindibles de la temporada: rojo, rayas y escote off shoulder. Cuidado con según qué movimientos, que se desboca). Un capazo de rafia de Salvador Bachiller, en este caso de la colección Valentina, ligero y veraniego,
El resto del atuendo lleva nombre de mujer, y es de diseño español: la chistera, de una exquisita combinación de terciopelo rojo, plumas y flores secas, fue confeccionado por Lola Sevares. Un buen tocado cambia el estado de ánimo, eleva el espíritu y mueve a la fiesta.

Algo parecido ocurre con los zapatos adecuados. En este caso, los zapatos de ante rojo, con detalles dorados, que he escogido, son de Ana Monsalve, una marca que se define con dos pinceladas: zapatos de aire vintage, y tan cómodos como cualquier mujere desearía. Ambas promesas las cumplen con creces. Son zapatos artesanales y primorosos, de Elda, con hormas muy pensadas para calzarlos todo el día, y que no pasan de moda, por su aire atemporal. Yo llevo las sandalias Olimpia Coral.
Por último, unos brazaletes, un collar de perlas que compré en un anticuario en Praga, y el resto del verano para escaparse del mundo.  Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez por MyPen Camera en un precioso recorrido por Peñíscola.

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Cada paso, una conquista. Un diseño con RIA Menorca

Uno de los placeres de intervenir en el diseño de un zapato tiene que ver con la libertad y los límites, al mismo tiempo, que ofrece el soporte. El libro es un terreno ya conocido, aunque siempre nuevo. Sin embargo, las camisetas, la cartelería, los marcapáginas, incluso, fuerzan a un mensaje concentrado y que debe contar una historia no solo con palabras, sino con todo lo que el objeto es.

La colaboración que hoy os presento se inició hace ya tiempo, y comenzó con una visita a la fábrica RIA en Ferreries,  Menorca.

Allí me enseñaron cómo una necesidad básica de los menorquines, la de encontrar un calzado resistente y a su alcance, con una suela de goma que le permitiera caminar sobre terreno escarpado y librarse de las piedrecitas, se había sofisticado hasta los centenares de modelos actuales.

El nombre de ese calzado varía. Se conoce como abarcas, avarcas, menorquinasY lo que había comenzado como una solución local desfilaba en Nueva York, se exportaba ahora a países como Italia, Sudáfrica, Chile, Suiza, Bélgica, con un éxito muy marcado en Japón. 40 países, 300 modelos distintos.

La avarca primitiva casi no había variado desde que en 1947 Bartolomé Truyol abrió Ría Menorca, ni la manera artesanal de confeccionarlas. El curtido es ahora vegetal, para disminuir la huella ecológica. La estética, los materiales, más ligeros, eran completamente otros.

La parte que a mí me correspondía era la más agradecida: con los catálogos de tacones, telas, y acabados, ¿Qué quería hacer? En Ría me daban libertad absoluta. Era su manera de celebrar los 70 años de la empresa, una edición nueva de la avarca. ¿Qué hacer con ella?

Quería aprovechar la cuña alta, porque es cómoda y al mismo tiempo nos despega del suelo. El calzado debe permitir que caminemos, y sobre todo, que volemos. Quería la suavidad del nobuck hielo, y un toque de dorado. Quería el lujo casi inédito de incluir un puñado de tejido entrelazado con piedras y cristales. Y, finalmente, quería incluir una frase que me recordara, y que recordara a quien las lleve, que no importa hacia donde nos dirijamos, siempre es un logro. Cada paso, una conquista. Serigrafiada en el tacón, de mi puño y letra, esa frase acompaña a la mujer que calza la avarca.

Cada paso, una conquista. Every step a victory. Se camina de manera distinta si nos dirigimos hacia un lugar en el que esperamos grandes cosas, en el que confiamos en lo mejor. La frente alta, los pies ligeros, un poco de valor insuflado en el corazón. Siempre he creído que las emoción interna resulta difícil de ocultar, pero que toda ayuda exterior es poca para reforzarla. No estoy segura de que cada paso me conduzca a un logro. Pero tengo la certeza de que cada uno de los que soy es una conquista en sí mismo.

Las fotos muestran el momento del diseño de la avarca en la fabrica RIA Menorca, y su presentación, ya confeccionada, en Madrid, junto a la segunda generación Truyol. Fueron tomadas por Nika Jiménez.

Las avarcas con mi diseño están en todos los puntos de venta de Ría Menorca. Pero si no tenéis ninguno cerca, aquí tenéis el enlace en el que podéis comprarlas.

Llamadme Alejandra llega a Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAParte del universo literario se encuentra entretejido con mitos creados por el cine, las novelas y las series de televisión sobre el mundillo, casi siempre ejemplos estadounidenses o franceses: desde Truman Capote con sus fiestas abarrotadas de esbeltos cisnes, al irreal  estilo de vida de Carrie Bradshaw, la imagen popular del escritor ha oscilado entre el tópico del bohemio que escribe en las barras de los bares en sus ratos de lucidez, a la torre de marfil necesaria para la creación, a… Las presentaciones de los libros también distan mucho (muy a nuestro pesar) de las imaginadas por lectores o escritores novatos. Los feroces años de la crisis las han limitado a lo básico, cuando no las han eliminado.

Pero he de decir que mi novela Llamadme Alejandra ha sido una excepción en este sentido, y fue presentada a la prensa y a los amigos de la profesión en Madrid el día 7 de Abril, en el hotel Intercontinental de Madrid: el mismo en el que Ava Gadner, en sus años de gloria y fiesta, fijó su residencia, y sembró la ciudad de anécdotas y de leyendas. Anfitriones impecables, me sorprendieron al final de la celebración con una tarta que reflejaba con fidelidad la cubierta de mi novela, literalmente devorada en poco tiempo.

Pasé gran parte del día, las horas previas y las posteriores, atendiendo a la prensa: Telva, El Español, Antena 3, Objetivo Bienestar, Joly, diversas agencias. Radio Nacional… perdí la cuenta. Después llegaba la convocatoria de prensa, los discursos, la presentación en sí, y uno de los momentos más esperados, la conversación entre Javier Sierra, y quien escribe. Javier, amigo cálido y consejero infalible, debía estar conmigo en esa mesa. En los últimos meses, meses de cambios y de decisiones, me he marcado el objetivo de trabajar y de pasar mi tiempo con gente a la que quiero. Todo lo demás me resta energía y me parece, a estas alturas, prescindible. Y Javier, con su apoyo constante, ha sido confidente y testigo de muchos secretos de esta novela; era lógico que viera el final de este camino.

Como la novela había aparecido apenas unos días antes era quizás un poco presuntuoso suponer que todos los asistentes habían tenido tiempo de leerla. Para ponerles en antecedentes, la actriz Paula Iwasaki leyó el capítulo 17, que se ha convertido rápidamente en uno de los predilectos de los lectores. He visto crecer a Paula, he tenido ese privilegio como amiga de la familia, me alegro como si fuera propio de su éxito presente, y su futuro promete ser espléndido. Cuando la formación se une al talento y a una educación exquisitamente cuidada, no puede ser de otra manera.

Editoras, representantes de la Diputación de Alicante, y nuevamente, amigos. Amigos entre la prensa, como  el veterano Javier de Montini, siempre tan amable conmigo, o  Moisés Rodríguez, subdirector del Canal 24h, que no paraba de abrazarme, contentísimo. Aunque no aparecen en las imágenes, hubo muchos otros, algunos testigos de mi carrera desde Irlanda. Estuvieron, pese a lo difícil de la hora, queridos colegas como Marta Rivera de la Cruz, que veinte años no es casi nada, y Martín Casariego. A ambos no me llega el tiempo para agradecerles su presencia y su cariño.

Por no faltar, no faltó ni el extintor que me persigue en muchas de mis fotografías, y que mis seguidores de Instagram conocen bien. Allí estuvo, fiel a las normas de seguridad y atento a fastidiar todos los planos posibles al mismo tiempo.

Me supone un esfuerzo hablar de mis emociones en este día: entremezcladas con el sentido de la responsabilidad y con el deseo de que todo saliera bien, la alegría, la satisfacción y el orgullo, y sobre todo, el agradecimiento no me abandonaron. Conservo esos momentos como algunos de los más bonitos de los últimos años. No basta con vivir cada hora: yo he aprendido, en cierta manera, a insistir en vivirlas, con una conciencia mayor, con la sensación de que son fugaces y que deber ser disfrutadas.

Ahora, sin tregua, viajes, firmas, ferias, todo lo posible para que el libro viva y llegue a rincones poco habituales, para que se encuentre en librerías más tiempo del que dicta este momento de fugacidad y para que este Premio y esta novela sea más que una imagen, y más que un recuerdo. Ha finalizado un tramo del camino. Comienza otro.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación escogí un vestido de Marcos Souza Couture, hecho a medida, y que reservaba para una ocasión especial. Es un little black dress de corte impecable, con el giro de un falso escote corazón con tul transparente, y cremallera visible en la espalda. Repetí los salones de raso nude y encaje de Magrit que estrené el día del fallo del Premio. Le dí también más importancia al  bolso cartera (o clutch), y en este caso rompí mi norma de no conjuntar zapatos y bolso. Como un guiño a Alejandra, la zarina de las perlas, llevé un brazalete de Verdeagua, y el anillo que Chocrón joyeros diseñó para mí inspirado en La flor del Norte y sus secretos.  Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en el Hotel Intercontinental de Madrid.

Ese precioso 7 de abril contaba, por lo tanto, con todos los elementos para que fuera una presentación casi, casi, como las legendarias. A todos ellos, mis más sinceras gracias. Intentaré estar a la altura de ese cariño y de ese esfuerzo común.

Premio Azorín 2017

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Ha pasado una semana desde la concesión del Premio de Novela Azorín 2017 y los detalles continúan tan vívidos ante mis ojos como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Ocurre con todas esas ocasiones cargadas de expectativas, y muy anheladas. No era, desde luego, la primera vez que me presentaba a un premio literario: pero sí que lo hacía con una novela tan trabajada y que fuera histórica. No todos los jurados valoran de manera positiva el género.

La Diputación de Alicante es quien convoca este premio, que se inició en 1994 con Gonzalo Torrente Ballester como ganador. La responsabilidad de publicar y distribuir el Premio es de la Editorial Planeta, y su dotación es de 45.000€ sujetos a (ay) todos los impuestos correspondientes. Otros escritores que cuentan con él son Luis Racionero, Jesús Ferrero, Dulce Chacón, Jon Juaristi, Ángela Becerra… En este año se cumplían, además, los 50 años del fallecimiento del gran Azorín, con lo que la Diputación decidió abrir la gala al público y a los pueblos de Alicante, y se celebró en el Auditorio, que dispone de un gran aforo.

Existe siempre una enorme rumorología respecto a los premios, si están concedidos de antemano o o no. Lo cierto es que quien maneja menos información al respecto es, al menos en mi caso, el autor. En este premio existen dos jurados que deliberan el mismo día del premio, durante la comida. Cada uno propone su novela candidata; este año tuve la suerte de que eligieran la mía.

Por experiencia sé que en las horas previas a un premio conviene mantenerse ocupada, y en las posteriores, también. A mí me habían confirmado que mi novela se encontraba entre las candidatas la semana anterior, de manera que me encontraba en Alicante, con dos agendas: la que ocurriría si ganaba, y la que llevaría a cabo si no.

Como intento hacer siempre que me es posible, había cuidado con mimo lo que llevaría esa noche: los premios son ocasiones especiales, fruto de las ilusiones y el trabajo de mucha gente. Me merecen todo el respeto: sea o no yo la protagonista, intento que quien lo organice sienta que valoro la invitación y el esfuerzo.

Había escogido un vestido de The 2nd Skin.co que me recordaba a alguno de los lucidos por Jackie Kennedy, con su tejido brocado rosa y un corto imperio y sencillo. Pertenece a su icónica colección For Valentina.

Lo combiné con unos preciosos salones de Magrit, el modelo Mila trabajado en ante y raso con un delicado trabajo de encaje y un bolso cartera a juego.  Magrit es una exquisita marca alicantina, y me pareció la elección lógica en este premio.

Lo mismo me ocurrió con las joyas: Chocrón Joyeros me han acompañado en algunos de los momentos importantes de mi vida, y en esta estuvieron también presentes: la sortija de mayor tamaño y la deliciosa pulserita pequeña son de la colección Ch_Aura en oro rosa, rodonita de los Urales, madreperla y diamantes. La sortija flexible y los pendientes, de oro rosa y diamantes, son de la colección CH-Imperial.

La gala comenzó a las 19:00h. Antes del fallo nos esperaban la actuación de Juan Echanove, que interpretó varios textos de Hamlet, y después, un fragmento del Carmina Burana por La Fura dels Baus.

En algún lugar entre ambos dijeron mi nombre. Subí al escenario para recoger mi Tanit, y para agradecer al jurado, a la propia provincia de Alicante, la oportunidad que me daban. Era el momento también, entre la emoción y los recuerdos agolpados (quince años de trabajo acumula esta historia), de hablar mínimamente de mi novela, Llamadme Alejandra, que aparecerá a principios de abril  y que describe la vida y los pesares de Alejandra Feodorovna, la última zarina. El momento para una mención cariñosa a quienes estaban allí conmigo y no habían ganado, como me ha ocurrido a mí en otras ocasiones, para que continuaran escribiendo y compitiendo.

La andadura de la novela comienza ahora: primero una rueda de prensa, entrevistas para el siguiente día. Y la incógnita de si gustará o no, de si habrá merecido la pena el esfuerzo, el examen constante al que se somete el escritor.

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El maquillaje de esa noche fue responsabilidad de Itzi, y las fotos, de Nika Jiménez. Esa noche fue mi acompañante; como mi jefa de prensa ha sido testigo de lo mucho que he sufrido y pasado con esta novela, y lo ha compartido, de manera que se merecía estar también allí si las cosas iban bien. Luego llegaron las felicitaciones de los amigos, la familia, los compañeros de viaje. Los lectores y los seguidores. A todos ellos, muchas gracias. Para todos vosotros es esta novela.

Presentación para replicantes en Plasencia

OLYMPUS DIGITAL CAMERACon mi novela juvenil El chico de la flecha estoy disfrutando de varias presentaciones abiertas a niños, a sus padres y profesores; lo habitual suele ser que los esfuerzos se concentren únicamente en dirigirse a los chicos, en sus institutos, en encuentros para el fomento de la lectura.

Si la primera presentación se hizo, como parecía lógico y conté aquí, en Mérida, en el Museo de Arte Romano, rodeada de mosaicos milenarios, de estelas conmemorativas y de magníficas esculturas, la segunda tuvo lugar en la librería que ha recibido el Premio Nacional de Fomento a la Lectura 2016, La Puerta de Tannhäuser de Plasencia.  y de la mano de quien, sin duda, es el lector que mejor me conoce y que más tiempo me ha dedicado, el profesor Samuel Rodríguez: no en vano se ha doctorado Cum Laude en La Sorbona con una tesis sobre el mal en mi obra.

Las bibliotecas son para mí lugares maravillosos: las librerías, en cambio, antros de perdición. Resultan focos irresistibles cuando, como en el caso de La Puerta de Tannhäuser, están pensadas con mimo y atención para que un lector incauto, un replicante,  no quiera salir nunca de allí, con la oportunidad de tomarse un café y de hojear con calma los libros, en este caso de editoriales minoritarias. Además de funcionar como librería online, cuenta con una sección para niños escogida con un primor llamativo. En las estanterías reconocía numerosos ejemplares que habían aparecido en mis recomendaciones espidianas; libros ilustrados, novelas gráficas, reediciones preciosas y clásicos con un aire renovado.

Respecto a la presentación, qué decir salvo gracias: la librería se abarrotó, y de la historia romana pasamos a hablar de educación infantil, de los valores transmitidos a los jóvenes y de la responsabilidad que los adultos asumimos (o no) respecto a un mundo complejo, extraño y cambiante. Dos horas (si me animan a hablar no hay límite a la conversación) de encuentro entre replicantes y lectores.

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Para resarcirme del frío y la lluvia de Mérida, Plasencia me acogió con un sol optimista y jovial; me hice con uno de mis vestidos vintage de los 70, granate, en esta ocasión, de punto, manga larga, y con canesú y un falso obi incoporado. Llevé un collar dorado de LaOneta, y unos de mis zapatos preferidos de esta temporada, estos salones de pitón de Mango. Iba abandonando en todas parte mi bolso de mano de Gucci.  El esmalte de uñas granate es el Malaga Wine de OPI.

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No puedo olvidarme de Samuel, mi atento presentador y anfitrión en Plasencia, de mis amigas por Instagram Flores en tu ensalada, que tuvieron la amabilidad de acercarse a acompañarme, (obsérvese que al final de la presentación estaba ya hasta despeinada) y de Cereza Design, que me regaló el precioso brazalete que llevo en alguna de las fotos. Ni, por supuesto, de la charla y de las confidencias posteriores con los libreros, Álvaro y Cristina, pura vocación, apasionados de los libros y de un oficio al que debemos tanto los escritores. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

El chico de la flecha en Mérida

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El chico de la flecha nació en Mérida, tras una conversación con una amiga de infancia, arranca en Mérida,  y ha sido una satisfacción para mí que la primera presentación haya tenido no solo en esta preciosa ciudad, sino en el Museo Nacional de Arte Romano.

Hay libros que nacen con más fortuna que otros: El chico de la flecha ha sido de los afortunados, de los que desde el primer momento conllevan alegrías y sorpresas inesperadas. Para vos nací pertenece también a esa misma categoría, como Irlanda. Otros necesitan más cuidados, o más explicaciones, o fueron publicados a destiempo. Sin embargo, esta novela juvenil me está permitiendo hablar de temas que siempre me han apasionado a otras personas, jóvenes y adultos, que se definen en unos momentos antes de la firma de libros, y lo hace tendiendo un puente natural y fluido.

Un solemne niño de ocho años que se siente preparado para leer un libro recomendado para doce, y que me habla de lo complicado que le resulta crecer y hacerse responsable. También yo hacía esas cosas a su edad y con la misma seriedad, y sentía que la infancia era una pérdida de tiempo.

Un maestro, coleccionista de libros juveniles, que lee con mimo lo que sus alumnos leerán (o leerían: algunos están ya jubilados), y que se va con su novela entre las manos ya medio ojeada. Madres que no saben ya qué regalar a sus hijas voraces, o que no saben con qué incitarles para que al menos aparten los ojos del móvil. Libros como obsequios de Navidad, o como un viaje en el tiempo.

No es ningún secreto que soy una apasionada visitante de bibliotecas y museos, El Museo Romano de Mérida, de Moneo, se encuentra entre mis preferidos: falsamente abarcable, limpio de formas y casi evidente en su concepción, esconde en algún lugar un Aleph o un gusano de tiempo. Nunca se sale de allí con la sensación de conocerlo o de haberlo visto en profundidad. Los mosaicos de las paredes, los bustos de pliegues planchados a mármol, los objetos cotidianos. Cuando decidí escribir El chico de la flecha, mi amiga Valentina y yo nos dirigimos hacia el Museo Romano, como final de nuestra visita de fin de semana. Había una cierta lógica en que el círculo se cerrara (o comenzara) de nuevo aquí.

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Para la presentación escogí un vestido en amarillo intenso de María Barros, de manga larga y ajustado. No dejó de llover en todo el día, y el amarillo, además de desmentir teatrales supersticiones, fue una declaración de intenciones luminosas. El vestido se impone por sí mismo, de manera que lo completé únicamente con un collar de esmalte y unos preciosos zapatos de ante rosa palo de Magrit.

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Un traje nuevo

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMientras escogía el look que muestro hoy me vino al recuerdo una conversación mantenida hacía poco con una buena amiga, a la que acompañaba de compras, porque se encontraba, me decía, en pleno cambio y, sobre todo, en plena insatisfacción.

¿Y éste? -le dije, ante un traje muy bonito.

-Hay cosas que ya no me pondría -me dijo-. No solo porque no me gusten, o porque sepa que no me van a sentar bien. Sencillamente, no me las pondría.

Lo que quería decir mi amiga, recién cumplidos los cuarenta, era una nueva versión suavizada de lo que ya dijeron nuestros madres: es que tengo una edad. Lo que yo escuchaba bajo unas frases en apariencia sensatas, mesuradas, y de sana asunción del paso del tiempo era algo distinto. Escuchaba una resignación, un doblegarse ante lo que, durante años y años, hemos escuchado, y hemos interiorizado respecto a cómo debe comportarse las mujeres. La rebelión, en ocasiones mostrada de una forma aparentemente tan superficial como la ropa que escogemos, la música que escuchamos, las actitudes adoptadas, había finalizado. Lo primero que muestra un cambio en la adolescencia es el cuerpo y la apariencia. Muchas veces sucede antes de que los adolescentes sean consciente de que lo están viviendo. Por imitación, o por inercia, o porque descubren el mundo como si fueran los primeros en llegar a él.

Y, también, cuando otras prioridades absorben a las mujeres, cuando todo les grita que se olviden de ellas mismas porque hay hijos, parejas, padres, trabajo, porque tienen una edad y es el momento de dejar de jugar para convertirse en alguien menos libre y más útil para otros, lo primero que lo delata es un cambio físico. El cabello. La piel expuesta. El maquillaje. Los zapatos, los colores, los cortes. Si a los quince se lleva un uniforme, a los cuarenta se propone otro, con una excusa: el estilo, la sobriedad, la madurez.

Lo que mi amiga no se pondría era un pantalón: nada extremo, nada corto, ni pegado, ni extraño. Cuando lo vio supo, en segundos, como casi todas sabemos, cómo quedaría en su cuerpo, captó cómo se expondría a la mirada ajena, analizó esa mirada de los otros y no le gustó. La solución más sencilla es la de cambiar de ropa; cambiar de mentalidad resulta siempre mucho más complejo. Yo me pregunté qué dejaríamos entonces para otras décadas venideras, interesantes y llenas de retos. La acompañé a escoger otro pantalón. Porque para resistirse a la presión, para saber si se quiere o no encajar en un molde impuesto, o para ceder, ya habrá tiempo, ya probaremos otras formas, ya vendrán días en que las cosas se vean de otra manera.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl traje pantalón de Alicia Rueda que yo escogí, es uno de los que yo le recomendaría a mi amiga que se probara. Azul marino, de corte y caída impecable, de una gran sensualidad en el tejido, se renueva con una línea blanca en el pantalón, que se enlaza con el estilo deportivo, ha sido una de las novedades de la temporada. Por otro lado, los vivos blancos en la chaqueta le aportan un cierto aire marinero. Puede lucirse con una camiseta o camisa, o, como es mi caso, como prenda única. El pantalón de talle alto, con botones, y la curva de la chaqueta enmarcan el ombligo. El anillo, los pendientes y el colgante, en oro rosa, muy sutiles, son de Luxenter. Los salones rojos de tacón alto los firma Lodi. Usé maquillaje de Lancôme. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en la campiña inglesa, muy cerca de Winchester.

En el Festival ZINEBI de Bilbao

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPertenezco a la generación que se incorporó de manera masiva a las aulas universitarias en ese intervalo en el que aún no habrían proliferado las universidades como luego lo hicieron, y en el que las carreras se reducían a un puñado, antes de las reformas que las acortarían y las especializarían. Estudié en la Universidad de Deusto, mientras vivía en casa de mis padres, como casi todos mis compañeros: eso hacía que no existiera la activa vida universitaria que se daba en otros campus. Aún así, me las arreglé para formar parte del Taller Literario, y, como debe aparecer en el currículum de todo escritor, fundar un par de revistas literarias. Tuve la suerte de realizar las prácticas de mi Diploma de Edición de Textos en la Secretaría Técnica de la universidad. Allí tuve acceso a varias décadas de documentacion sobre el origen y la filosofía de Deusto: la excelencia, la responsabilidad para con la sociedad y una decidida voluntad de formar a líderes. Sin ser demasiado consciente de ellos, eran valores que me había inculcado y que había hecho míos durante esos años.

Hace unas semanas me ofrecieron que presentara un documental con imágenes del curso 43-44 en Deusto; se haría el 18 de noviembre en ZINEBI, el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao. Este Festival nació en 1959 (entonces era el Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino de Bilbao, ahí es nada). ZINEBI, una cita de referencia en el mundo del documental, cada vez más interesante, y que cuenta con voces más originales, había rescatado la primera vez que en mi Universidad entraron dos mujeres, una de ellas invitada a hacer el saque de honor en el partido de futbol. Cuando casi 50 años más tarde yo estudié en esas aulas, las mujeres éramos un noventa por ciento de las alumnas de mi clase. La universidad, casi con un régimen de internado, masculina, con la presencia de los profesores jesuitas junto a los chicos en las comidas, los deportes, las salidas, había experimentado el mismo cambio que la sociedad.

El documental, como el ensayo en las lecturas, aparece siempre oscurecido por la ficción; los medios de las películas, la presencia de estrellas, el afán de diversión ni siquiera compite con la realidad grabada. Sin embargo, la personalidad y la mirada del director o de un pequeño equipo se manifiesta en esas piezas muchas veces con mayor fuerza que en producciones más exigentes y esclavas de otras expectativas. La denuncia, la exposición, la visión minoritaria… o los fragmentos de historia pasada aparecieron por ZINEBI. La vida se enriquece con esos enfoques. La mente se abre. Con suerte, el pensamiento cambia. Fue un placer, y un momento muy emocionante, el que contaran conmigo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación, que tuvo lugar en el Teatro Arriaga de Bilbao, llevé un dos piezas de Marú Atelier compuesto por una falda larga de brocado en tonos azules y grises, con flores en relieve en la cintura, y un crop top del mismo tejido. Zapatos salón azul de Sacha London, y anillo y pendientes de Luxenter. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

Viaje a la tierra de Jane Austen (III) Chawton

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Cuando el padre de Jane Austen muere, deja a tres mujeres solas y un problema: ¿de qué van a vivir? Han fundido sus ahorros en Bath, una ciudad cara y poco hospitalaria, como ya vimos aquí, carecen de ingresos propios. Cassandra madre tiene unos pequeños ahorros, Cassandra hija otros poquitos. Jane nada en absoluto. En esta situación se encontraban muchas mujeres de la época: no se buscaba marido por necesidad romántica, sino por una sociedad que impedía que las mujeres de clase media pudieran trabajar y las condenaba a ser dependientes.
Fue su hermano Edward, adoptado por una familia adinerada, quien ofreció una solución: él poseía una preciosa posesión en Chawton, muy cerca de donde siempre habían vivido los Austen. Dentro de esa finca, cuya mansión principal es ahora una Biblioteca y Centro de estudios dedicado a la literatura escrita por mujeres, había una granjita que legó a su madre y a sus hermanas. Luminosa, digna y con suficiente espacio como para recibir visitar, les permitia una vida recogida y frugal.
Las niñas Austen eran ya mozas viejas: Jane había pasado de los 30. No se iban a casar: ni ella, ni su hermana, ni su mejor amiga, Martha Lloyd, que se fue a vivir con ellas. Vestían como mujeres mayores, y se esperaba de ellas poco: que no dieran demasiada guerra, que fueran discretas, que se ocuparan de sus sobrinos.
Contra todo pronóstico, Jane fue feliz en esa casa y con esa vida. Comenzó a escribir de nuevo, a revisar textos antiguos, se relacionó de nuevo con vecinos y amigos y durante los años que le quedaron de vida, que no fueron muchos, fingía revisar las cuentas de la casa en una mesita, muy pequeña, mientras en realidad escribía sus novelas, ocultas en cuartillas bajo la contabilidad.
La casa, rodeada de un precioso jardín de estilo inglés, muy cuidado, huele a lavanda y transmite serenidad y luz.  Puede visitarse porque en la actualidad es una casa museo. Jane y Cassy compartían habitación y cama, como habían hecho durante toda su vida. En el salón, el piano de Jane (El mejor que hemos podido conseguir por 30 guineas) sigue allí. La madera cruje, se han conservado retratos, y joyas, y prendas de ropa de la época. Pareciera que en cualquier momento una criada fuera a cruzar el pasillo con sábanas de lino limpias.
Jane no murió en esa casa, sino en Winchester, en cuya catedral se encuentra enterrada y recordada. Enfermó en primavera 1817, y apenas duró unos meses, los suficientes como para intentar que la trataran médicos especializados en la ciudad. Tenía 41 años. Su hermana y su madre vivieron muchos más años, en paz, en parte conscientes del talento y el éxito de Jane. Al morir, las enterraron en dos tumbas gemelas en el cementerio de Chawton, a un paseo apenas de su granjita de ladrillo rojo, Había dejado seis grandes novelas, e historias suficientes como para hacernos disfrutar y reflexionar durante dos siglos.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAAquí, quizás con una taza de té o una crema de verdura en el Cassandra’s Cup, un salón de té que se alza al otro lado de la calle de la casa, terminamos nuestro viaje con El País viajes. Un vistazo a una vida en apariencia como otras, a la que el talento hizo descollar de manera sorprendente.

Para esta última etapa elegí un vestido negro de Dolores Promesas, con un estampado de orquídeas, de manga larga y corte simple, unos salones de terciopelo verde y un camafeo de cuarzo rosa que me regaló un joyero artesano amigo. El día era hermoso, pero frío, y llevé el abrigo de color teja de Mango que tantos fríos me ha aliviado.  Y los libros (Orgullo y Prejuicio, Emma, Sentido y Sensibilidad…) que nos permitieron conocer esos lugares, incluso antes de dejarlos atrás en este viaje.

Viaje a la tierra de Jane Austen (I) El Bath neoclásico

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Escribí ya hace años Querida Jane, querida Charlotte (es difícil de encontrar: está prácticamente agotado) con la propuesta de recorrer las casas en las que había vivido Jane Austen y las habitaciones que habían habitado las hermanas Brontë. Desde entonces he repetido el viaje original en varias ocasiones, con prensa, estudiantes, amigos; y albergaba la idea de llevarlo a cabo con viajeros aficionados a las novelas de Jane Austen, como una experiencia que pudiéramos compartir fuera de los libros y de los canales habituales, las conferencias, bibliotecas o clubes de lectura.

El país Viajes entendió bien el concepto, y con Barceló Viajes  emprendimos el proyecto de recorrer algunos de los escenarios más relevantes de la vida de esta espléndida novelista, que observó y analizó la realidad con una agudeza que aún resulta moderna.

Jane Austen nació en Steventon, en el condado de Hampshire, en 1775. Era la séptima hija de un reverendo que dedicó gran parte de su vida a la enseñanza. Sus seis hermanos tuvieron destinos diversos: uno de ellos, con una importante discapacidad, vivió en el campo. Otro de ellos fue adoptado por unos parientes adinerados, de los que heredó una fortuna. Dos más siguieron carrera militar. Eran inteligentes, de ingenio rápido y creían firmemente en la meritocracia. De Jane y su hermana Cassandra, que fueron educadas casi por completo en casa, y que como muchas mujeres de la época tocaban un poquito el piano, dibujaban un poquito y cantaban otro poquito, se esperaba que se casaran con personas de su estatus, una clase media acomodada y rural.

Pero Jane no se casó. Rechazó una petición de matrimonio conveniente porque no estaba convencida de que la hiciera feliz, y la oportunidad no se repitió. El prometido de Cassandra, a su vez, falleció. Las dos hermanas se aferraron la una a la otra, y se enfrentaron a una vida con pocas perspectivas.

En un intento por casarlas, su padre, el reverendo Austen, decidió mudarse tras su jubilación a Bath. Aunque había pasado el momento de gloria de esta preciosa ciudad balneario, seguía siendo un animado centro social, y si las muchachas Austen podían encontrar marido, sería frente a las fachadas de piedra dorada concebidas por los arquitectos Wood, padre e hijo.

Jane no aceptó el cambio con agrado. Los rumores dicen que se desmayó al saber que abandonaría su casa y su entorno. La sociedad de Bath, que conocía de visitas anteriores, le pareció de pronto frívola y hostil. Lo cierto es que durante los años de Bath no escribió nada, ni retomó las novelas que, a escondidas, había escrito en Steventon. Se conserva abundante correspondencia; algunas de las cartas revelan una amarga resignación. Los ahorros se consumieron con rapidez, la salud del padre empeoró y las mudanzas, cada vez a casas más baratas, fueron constantes. Puede que las jóvenes bailaran en las Assembly Room, compraran en los elegantes establecimientos de Union Street y se dejaran ver en las Pump Rooms, pero esos tiempos habían pasado para Jane y Cassandra.

La muerte de su padre acabó drásticamente con esa etapa: las mujeres de la familia no heredaban ni tenían dinero. Tras algunas fricciones y viajes, se tomó una decisión racional: el hermano más afortunado se encargaría de ellas, y les ofrecería un alojamiento en Chawton, la siguiente etapa de nuestro viaje. Bath quedaría atrás, como un periodo de pesadilla en un entorno idílico.

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Amaneció un día nubloso, como muchos de los de Otoño en esta época. El abrigo de Mango de paño color caldera hace falta, al menos en las primeras horas. El resto del look guarda un aire masculino: el pantalón de hilo blanco de Chicnrolla se combina con la delicada blusa de encaje de Etxart&Panno. Los zapatos rojos de tacón, sofisticados, pero suficientemente cómodos como para caminar por las calles empedradas de Bath, son de Lodi. Los pendientes de circonitas de zafiro azul proceden de Luxenter. Compré el bolso con cabeza de león en El jardín del deseo. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez, en The Royal Crescent, The Circus, y el Centro Jane Austen, en Gay Street, unos número por debajo de donde ella vivió en esa misma calle. Lo cierto es que la ciudad es tan perfecta de formas, tan armoniosa, que resulta difícil que las fotos no sean espectaculares.