Viaje a Irlanda (VIII) Dublín

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Había comenzado el viaje a Irlanda cerca de Dublín, en un castillo, y unos días más tarde cerraba el plan también en las inmediaciones de la capital, en otro castillo, en Barberstown Castle. Atrás quedaban las penalidades pasadas por los habitantes de Limerick, que conté aquí: desde el siglo XIII este viejo edificio perteneció a las clases dirigentes (primero a los normandos Fitzpatrick, después a Nicholas Barby, un noble que le dio nombre y estructura), hasta convertirse en un hotel pensado para ofrecer un sueño. Por cierto, ¿recordáis que algunos cantantes, como Sting, o Madonna  invirtieron en castillos hace algunos años? Éste en el que me hospedé perteneció a Eric Clapton durante más de una década.

Las camas con un discreto dosel, la cuidada decoración del interior, el respeto por el claroscuro que permitía apreciar el brillo de los recipientes de cobre o la cubertería de plata, el bisel de los cristales en las puertas, las rosas recién cortadas sobre las chimeneas, todo hablaba de un refinamiento, un buen gusto relacionado más con una personalidad definida que con una tendencia puntual. Mucho de lo que hace ese lugar inolvidable no se puede comprar con dinero; por eso fue posible llevármelo conmigo.

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Si yo fuera Eric Clapton, el nuevo propietario hubiera tenido que desalojarme a la fuerza, mientras pataleaba y escupía como una loca, tras haber serrado uno de los barrotes del dosel de la cama a la que me habría encadenado. Y cuando muriera, me aparecería aquí, a los huéspedes, solo para bajar el precio de la propiedad. Cosas que se le ocurren a una mientras pasea por el bosquecillo de sauces, o bajo la imponente torre por donde trepa la hiedra roja

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Creí que un vestido azul ( un color que no se encuentra con abundancia en el mundo vegetal) crearía un bonito contraste con el entorno. El que llevo es de punto muy ligero, y los abalorios dorados del cuello le dan un cierto aire clásico. ¿Grecia? ¿Egipto? Las sandalias de corte romano son de Paco Gil.

El problema es que a mí me dan un vestido largo y un castillo y ya la hemos liado. Solo con un notable esfuerzo de voluntad pude  recordar que mi viaje finalizaba y que me quedaba muy poquito tiempo en Dublín.

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Los productos de ese día fueron otro descubrimiento: el Limpiador de Niod (el nombre exacto es Low Viscosity Cleaning Ester). ¿Un limpiador por la mañana? Sí: y debo enfatizar lo útil que me ha sido incorporar esa rutina durante el mes de septiembre, en el que el maquillaje ha sido, literamente, mi segunda piel. Como con todos los productos de Deciem, nada es lo que damos por supuesto: el limpiador se fundamenta en aceite de aguacate, ésteres y vitamina E, sin alcohol ni detergentes.

De La Mer y sus virtudes se ha dicho ya casi todo. El Concentrate calma, repara y es un alivio instantáneo para una piel estresada después de una semana de  sol,  frío,  viento y lluvia. Por no hablar de lo que estresa hacerse a la idea de que una no vive en un castillo.

Y no lo había recomendado, pero es un buen momento: Dublineses, esa obra maestra de Joyce, presente en cada rincón de Dublín, como Dublín lo está en cada línea de su obra.

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Repartí mi tarde en Dublín entre dos museos: en primer lugar, la National Gallery, en plena renovación, gratuita, y con una obra reducida, pero bien seleccionada. Aproveché para comer en la cafetería, y para rastrear el paso de Chester Beatty, el gran coleccionista y mecenas, cuya generosidad alcanzó también este museo.

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Entre sus fondos cuentan con algún Renoir, el famosísimo Encuentro en la torre, de Burton, y toda una colección dedicada a J.B. Yeats. Hay también una breve, pero interesante aportación española con Murillo, Zurbarán, Goya, Picasso… La entrada es gratuita, y el personal, extremadamente amable.

Otro día hablaré del Museo Arqueológico, que recorre cada etapa de la historia del país contada en objetos, en joyas y restos. De todo aquello que vi casi de un vistazo, a toda prisa, pero que quedó en algún lugar de mi cabeza y mi recuerdo, y regresará de nuevo en historias, o en imágenes, o en metáforas.

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No nos vamos de los lugares en los que hemos sido felices. Solo cerramos una puerta. La memoria las abre, siempre que lo deseamos. Y así se inicia de nuevo el viaje.

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Viaje a Irlanda (VII) – Limerick

20160808_153520-01Al estas alturas del viaje (cuya anterior etapa podéis leer aquí) comenzaba ya a darme cuenta de que tocaba a su fin, y que tras Limerick solo restaba Dublin y prepararme para el regreso. Para empeorar las cosas, asomó un sol radiante que me reconciliaba con el endemoniado clima de los últimos días, y que agravó aún más mi melancolía.

Limerick es un nombre que escuché por primera vez en mi adolescencia asociada al grupo musical The Cranberries. Algunos años más tarde todos lo uniríamos  a la lucha por la supervivencia de la familia McCourt en Las cenizas de Angela. Un ciudad con una historia dura, durísima, en ocasiones, cuyo origen se remonta a los vikingos, marcada por la campaña de Cromwell contra los irlandeses, y por la hambruna, de la que la ciudad se recuperó con mucha dificultad

El castillo del Rey Juan, que, rehabilitado como centro turístico, puede visitarse, muestra sus torres y sus muros sobre el río Shannon. Se constituyó como fuerte desde la época vikinga; unos ojos vigilantes han asomado durante siglos por encima de sus almenas, en un intento de proteger la ciudad.

Quien desee seguir la ruta de Las cenizas de Angela encontrará que puede realizarla con un guía si pregunta en la oficina de turismo. Por suerte, la ciudad ha cambiado por completo desde aquellos años treinta de hambre y miseria que describe el autor, y que dividió a la ciudad en dos bandos cuando el libro fue publicado. Las acusaciones de exageración o de mentira, o de denigrar a su ciudad y a su familia se sucedieron, casi al mismo ritmo que la admiración que generó. Ese libro paradigmático inició una nueva corriente literaria, la llamada mis-lit, o literatura de la miseria, en la que lejos de idealizar una infancia o una pasado idílico, los escritores no rehuían de una visión costumbrista e incluso deprimente.

No hay duda, de todas maneras, de que la crisis europea que ha afectado principalmente a los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) se manifiesta en Limerick con mayor claridad que en las otras ciudades que he visitado. Menos turística que las zonas anteriores, más real y cotidiana, muestra heridas y locales cerrados.

20160926_000327Pero también es en Limerick donde resulta más evidente el esfuerzo por combatir esa crisis. Desde los impresionantes graffitis que embellecen solares o fachadas grises, a los pequeños huertos urbanos, las iniciativas culturales o el apoyo a los museos, es una ciudad viva y orgullosa de su independencia, que intenta fidelizar un turismo de calidad.

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10-4Hasta entonces Irlanda había sido pródiga en bichos: había visto ovejas, cabras, vacas, perros en abundancia, pero ni un gato. Comenzaba a preocuparme por si mi radar felino continuaba activo cuando sobre un muro de ladrillo de Limerick me encontré con un precioso, y muy sociable, gatito que tomaba el sol. Eso demostraba, de entrada, que era un gato de provecho, y simpatizamos inmediatamente. Charlamos un rato, y allí lo dejé, sobre el muro, con cierta pena. Fue el único que me encontré en el resto del viaje.

10-2Y, por cierto, me encontré a un primo de Jaromir (quienes me siguen en Instagram desde al menos agosto de 2015 recordarán el éxito internacional de la #trilogiadejaromir). No me preguntéis por qué, era un no sé qué jaromirense, un aire equino familiar. No me obliguéis a explicarlo. Yo sé que eran primos. El primo Ethan. 20160926_000400Una relectura de Las cenizas de Angela me da siempre hambre y ganas de tomar , tazas de té encadenadas, una detrás de la otra. Contra el sol intermitente saqué a pasear el Filtro solar ultraligero de protección 50 de Kielh’s, que me encanta. Con una piel blanca y delicada con la mía la protección elevada es obligatoria, y muchas veces me encuentro con que las faciales protegen, pero tapan el poro y lo ensucian; esta crema no, y además, permite el maquillaje casi inmediatamente. Después de los fríos y los vientos de los días anteriores, empleé como refuerzo nocturno la Crema de noche con efecto mascarilla de L’Oreal Aceite Extraordinario: era un producto que no conocía y, que me llevé para probar durante el viaje, y que ahora, con el trajín al que someto la piel con el teatro, he incorporado a mi rutina. Por otro lado, la bruma de almohada, otro pequeño lujo que me entusiasma, era de La Maison du Savon de Marseille.

20160926_121055-01Durante siglos, Limerick ha vivido de espaldas al río, ese río Shannon del que tantos vapores, humedades e infecciones procedían. Ahora, saneado, y con un bonito paseo que recorre una de sus riberas, eso ha cambiado. Pequeños cafés, restaurantes y locales ofrecen una visión del puente y del castillo, y de su dramático cielo siempre en movimiento. img1474840779948-01

img_20160925_235618 Para recorrer a gusto la ciudad a pie, algo que merece la pena, por tamaño y para no perderse nada, escogí unos vaqueros de talle alto, botines cómodos y una camisa blanca de Oxygene tableada en la espalda.

Solo resta la última etapa de este viaje que contraté con Pangea, y que hubiera deseado que durara al menos un mes más…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En los últimos tiempos la pregunta ¿Quiénes crees que son tus seguidores? ha sustituido a la de ¿Quién crees que es tu lector? En estos momentos cualquier persona puede obtener un número de seguidores impensable para un escritor, y conocer sus característica como nunca en un pasado predigital.

Sin embargo, para mí el misterio de quién me lee o quién me sigue continúa; me interesa más saber qué mueve a alguien a darme su favor que el perfil de esa persona, que, por otra parte, en mi caso, continúa siendo muy variopinto. Hombres y mujeres, de una franja de edad inusualmente amplia, con aficiones y procedencia geográfica muy diversa. Alguien que se identifica con la diversidad de temáticas y de intereses, mi itinerancia (nacida en el País Vasco, de familia gallega, residente en Madrid, viajera impenitente…) y un discurso que intenta ser incluyente y  movido por la curiosidad.

¿Funcionan los hashtags? En ese caso, en los míos pesarían la literatura y la formación, siempre los libros y el arte, la cultura, la naturaleza y los animales, la moda y su relación con la sociedad, la cosmética, la belleza, (física y abstracta), los viajes, la gastronomía y…

Es decir, nada demasiado original, pero tampoco con un enfoque mayoritario. ¿Por qué, entonces, tengo la satisfacción de ver que mis seguidores suben de día en día, dónde está el truco? Eres escritora, me dices, no sois atractivos para las redes. ¿Por qué a ti te va bien?

Creo que se debe a que durante toda mi vida he contado historias, y que los nuevos medios necesitan crear contenidos. A diferencia de en los textos literarios, o en las columnas de opinión, puedo jugar con el humor, puedo mostrarme gamberra o hablar sin prejuicios de temas considerados frívolos. Hago que mis gatas participen, recomiendo un rimmel o muestro una prenda, me río de mí misma o muestro la parte teatral y solemne que siempre he necesitado. Creo que transmito que en mi vida hay coherencia en mis aficiones, que se entrelazan y forman parte de mi creación y de mi obra. E intento todo eso con el máximo respeto por quienes me siguen, tanto nuevos como veteranos.

No soy tan superficial como para fingir que los seguidores no tienen importancia: en un momento como éste, en que el caprichoso mundo de las comunicaciones y las editoriales se muestran más volátiles que nunca, el crear un vínculo directo con quienes te siguen resulta de vital importancia. Ellos son la diferencia entre el abismo y continuar atrayendo el interés de editores, medios de comunicación y marcas. Yo vivo, como siempre he hecho, de mi trabajo. Y sin personas que deseen escucharlo, leerlo o verlo, carezco de sentido.

Por eso mimo y cuido todo lo que puedo a quienes se acercan a mis redes, en particular, a Instagram. Devuelvo likes y comentarios, cuando puedo. Procuro responder a las preguntas que se me hacen. Soy muy clara respecto a la atención negativa, que no premio nunca, y mucho menos los insultos o provocaciones. Intento sorprender con mis textos y darles pie a ellos en cada foto para que se expresen. Intento aprender cada día un poco más de fotografía, para que mis imágenes aporten algo; sigo y admiro a los mejores en bodegones, estilismo, creatividad, moda o paisajes. Yo misma hago y compongo mis bodegones, y decido y planeo la mayoría las fotos en las que aparezco. Cuido con esmero mi atuendo y mi apariencia, porque a través de ellas construyo una identidad con la que continúo luchando; si gusto, es mi mérito. Si no, mi entera responsabilidad.

Creo que resulta vital el que muestro con honestidad las luces y las sombras de mi vida, y dejo claro lo que no se ve de los triunfos, y lo necesario que es salir de los baches. Siempre muestro mi mirada.  No hablo de lo que no sé, ni recomiendo lugares, libros o productos que no he probado. Agradezco de corazón los elogios, pero no soy sensible a la adulación. Tengo mi punto de locura y de extravagancia, y lo disfruto. Intento ser feliz. Siempre me gustó la fotografía, y desde que mi hermana me empleaba como modelo para su primera cámara, cuando yo tenía 5 añitos, me he divertido ante un objetivo. No pretendo ser lo que no soy; pero lo que soy, está ahí, y no creo que deba pedir disculpas por ello.

Esas son las claves que sigo, y las satisfacciones que obtengo son tan enormes que deseaba compartirlas, por si a alguien más pueden resultarles útiles: no hay atajos. Pero mi camino ha sido este.

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Para hablar de seguidores rescaté unas fotografías de mi estancia en Clermont-Ferrand; en ellas llevo jeans negros de Blanco (la ironía es evidente) y una chaqueta bordada con abalorios de Stella McCartney para HM.  El jersey de cuello alto (o cisne, por continuar en plan irónico) es de la misma marca. Llevo zapatos abotinados de charol de Paco Gil y un bolso de mano de Gucci. Uñas oscuras de OPI y maquillaje de L’Oréal Durante esa sesión, que comenzó con mis inocentes paseos por el parque ante la cámara me vi involucrada, sin comerlo ni beberlo, con una pareja de cisnes que decidieron salir del agua y comenzar a seguirme. Yo esperaba, ellos esperaban. Yo avanzaban, ellos también. Cisnes, obviamente, con buen gusto, que reconocieron en mí toda una serie de virtudes… ¿O serían haters que decidieron boicotearme las fotos? Ya nunca lo sabremos, pero eran tan monos…