Placeres sencillos

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Una mañana luminosa en un Madrid casi desierto. El sol en el rostro, antes de que llegue el calor insoportable. Los espacios recuperados en mitad de las caries de la ciudad. Los murales que cubren las paredes para embellecerlas, y no para ensuciarlas o reivindicar el nombre de quien lo hizo. Los huertos urbanos. Los edificios de ladrillo. Jugar a ser una señora cuando se tiene alma de niña.

La delicadeza de la seda sobre la piel, y del encaje contra la piernas. Una chaqueta ligera que abriga pero no estorba. Un libro leído en un intermedio entre prisas. El tiempo que se adapta a mí, por una vez. Un día regalado en mitad del mes. La esperanza. Una llamada inesperada.

Los árboles que florecen y convierten la calle gris en una gasa rosada. Un desconocido que gira la cabeza al pasar. Un vaso de agua muy fría. Una crema de manos. El café en un lugar agradable, porque sí. Correr en un semáforo en verde sin ninguna necesidad. Escribir una postal.

Sentirme viva.

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La blusa violeta es de Blanco,  y con su canesú alto y sus mangas con algo de vuelo refuerzan el aire ladylike. El bolso de idéntico color se puede encontrar en HM. La falda de encaje de color hueso es de Dolce Gabbana  La chaqueta fue confeccionada a medida en un tweed rosa; los zapatos tricolores pertenecen a la firma española Rebeca Sanver. Joyas muy discretas de oro blanco.

Las fotos se tomaron en Madrid, en La Latina, en el patio del Mercado de la Cebada, y en el Barrio de Salamanca. Dos mundos separados por media docena de paradas de metro.

 

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Recomendaciones espidianas de marzo

10.2

Desde que soy una niña siento una gran seguridad en las bibliotecas, y un punto de inquietud en las librerías. Han pasado 18 años desde que publiqué mi primera novela, pero las dos emociones perduran: el tiempo se detiene en las bibliotecas, los libros se prestan y perduran, hay más posibilidades de encontrar obras maestras que malos textos. En cambio, las librerías resultan abrumadoras, ofrecen demasiado, muestran todo a la vez, e incitan a comprar pronto, antes de que el libro desaparezca. Funcionan como novios poco convenientes, fascinantes pero volubles.

Algo así me ocurre con la crítica literaria, un terreno necesario, mas cenagoso; pasé de confiar a ciegas en las que aparecían en los suplementos literarios, a decepcionarme cuando aprendí algo más de la vida y del mundillo, a fiarme de las recomendaciones de algunos amigos de gusto afín: y eso he intentado hacer en mi caso. Recomendaciones, absolutamente subjetivas, de libros en los que encuentro algún valor.

Como leo de manera constante, y a una gran velocidad, me permito muchos caprichos que se desvían de lo que un gourmet literario aprobaría: mi dieta es omnívora. Muchos ensayos, novelas y relatos. Algo menos de poesía y teatro. Cómic, novela gráfica. Tesis y trabajos especializados. Géneros híbridos. Algo en digital, no mucho, la verdad. Infantil y juvenil. Libros que sé de antemano que son de bajísima calidad, o que no me gustarán, pero que leo para comprender gustos ajenos y entender mejor a lectores ocasionales. Muchas veces recomiendo a mis alumnos de comunicación libros mediocres, pero que abordan un aspecto determinado de la sociedad o de la psicología de una manera efectiva. Otras veces, sencillamente, me gustan novelas que no ofrecen una gran calidad, pero qué le vamos a hacer, me gustan. En esos casos, no defiendo que sean buenas. La filóloga que hay en mí mueve la cabeza, desesperada, pero se resigna y se va a un rincón a continuar con la lectura de Milton. Otras veces, la filóloga interior gana la batalla y recomiendo textos clásicos y pesados, con los que disfruto de la manera más pedante y esnob, pero que entiendo áridos para muchos lectores.

Espero que puedan ser interesantes para otros lectores, que se difundan (la labor de dar a conocer un libro es agotadora, y muy poco agradecida) y que permitan uno de los grandes placeres de los lectores entusiastas: el compartir los gozos secretos, el sentirse, en definitiva, menos solo en el mundo. Nunca he pretendido que esto fuera un blog literario. Me propongo recopilar una vez al mes los libros que he recomendado en una red social u otra; en algunas ocasiones serán más (leo entre veinte y treinta libros al mes) y otras menos, por que habré tenido menos suerte y no me parecerán tan especiales. Que disfrutéis.

Comienzo con El punto de vista, de Henry James, de Páginas de Espuma. Como esta editorial solo publica relatos, salvo excepciones muy puntuales, ya sabemos que nos enfrentamos a narrativa breve, que en el caso de James, no es ni mucho menos obra de segunda fila. Es adecuada para quien no se atreve con una de sus grandes novelas clásicas o quien ha leído sus imprescindibles Otra vuelta de tuerca, Daisy Miller, Las bostonianas, Las alas de la paloma.. Un librito de una belleza breve y duradera.IMG_3579

En la misma editorial resulta imprescindible conocer a Ana María Shua, una de las mejores cuentistas en lengua castellana, creativa, brillante y original. Yo leí su libro Contra el tiempo en una tarde de primavera lluviosa, aunque sus cuentos son perfectos para casi cualquier condición atmosférica. Rompen lo cotidiano y nos obligan a saltar a otros mundos y otras vidas.

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Una recomendación general; las obras de Julio Verne, visionario, amenísimo, una de esas mentes que no solo discurrían sino que han servido de inspiración a toda una civilización. Incluso aunque consideremos que va poco más allá de literatura juvenil (no es mi opinión), la desbordante imaginación, la ruptura de límites y el ritmo que acompañaba sus páginas merece que releamos algunas de las obras que Verne que, sin duda, hemos leído ya. La isla del tesoro que sostengo en mi mano ha sido publicada por Mondadori.

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Olvidad lo que habéis leído de literatura erótica: os guste u os aburra, esta novela, La pasión de Mademoiselle S., Anónimo,  supone un giro inesperado. En realidad, es la correspondencia de la enigmática Simone, que su amante conservó y (dicen) fue encontrada en un desván. Yo debo limpiar los desvanes equivocados… A lo que vamos, estas confesiones apasionadas de una parisina de los años 20 resultan muy modernas, muy osadas: incluso demasiado, en ocasiones. Componen una relación llena de deseo y de dolor, estupendamente bien escrita y descrita. Una pieza única publicada por Seix Barral.

13.2

Color, color y más color en las ilustraciones que ha esbozado el propio escritor de este libro, un joven autor polifacético, J.M Algar, que ha publicado Ediciones Hidroavión Todxs nosotrxs es su primer poemario, y lleva en sus páginas un cierto poso de desencanto y de dolor, incluso en sus poemas más irónicos, para de nuevo regresar a la vitalidad y la energía. Para lectores aficionados a las montañas rosas rusas risas emocionales.

1.3

Para una entusiasta del tema como yo, el que aparezca La historia de los fantasmas supone un pequeño sobresalto. ¿Estará R. Clarke a la altura de lo esperado? ¿Aprenderé algo? ¿Será ameno? Yo me rendí a él a las tres páginas, cuando comenzó a hablar de su fantasma particular. Una delicia. Lo ha publicado Siruela. Diré que además, lo releí a los pocos días. Una delicia. El vestido de encaje podéis verlo aquí.

27.2

Y por último, en marzo se cumplieron los 501 años del nacimiento de una mujer extraordinaria, una gran escritora, una mística reconocida por todas las religiones y una de las Doctoras de la Iglesia Católica. Teresa de Ávila, Teresa de Jesús, Santa Teresa. Una presencia que me ha acompañado durante un año entero, y que me ha ofrecido este libro Para vos nací (Ariel), como legado. Quería compartirlo con todos, porque para mí ha sido decisiva.

28.2

¡Hasta el mes que viene! Leed mucho; es un atajo a la felicidad.

Nuevas voces, nuevas historias

 

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Siempre ando a la caza de nuevas voces. No tanto de nuevas historias para narrar, porque esas llegan solas, o aparecen de vez en cuando entre los recuerdos y las experiencias pasadas, sino de quienes se expresan de manera diferente. El libro es para mí como un viejo amante, cuyas limitaciones conozco y acepto, a quien siempre puedo regresar. Pero las otras maneras de contar lo que deseo transmitir… ah, se han convertido en una pasión siempre renovada. , y siempre me siento dispuesta a ellas.

Durante años me obsesionó el encontrar nuevos formatos para transmitir mis historias: el audio, los textiles, la publicidad, los envoltorios (el packaging ofrece tantos espacios vacíos…), y, por supuesto, el escenario. El encuentro entre imagen, sonido y palabras

Publiqué un libro, los relatos de “Cuentos malvados” en farolas. He escrito cuentos sobre zapatos, y se han fabricado zapatos que he descrito en mis cuentos. Escondí textos en camisetas. Me he inspirado en perfumes, en la textura sedosa de los cosméticos, en colecciones de moda, en flores y jardines, en lámparas de cristal. Conté de nuevo historias como la del Cid o la de Hamlet a niños, y he trabajado con arte urbano.

Ahora, con la impetuosidad de la primera juventud ya apaciguada, y con algunos caminos ya explorados, aún me emociona el encontrarme con quien busca senderos nuevos.

Durante los días que pasé en Valencia, hace poco, lució un sol espléndido, y pude ponerme unos shorts de ante, con mi cazadora de cuero, una pulsera de Braccialini  y una camiseta de Cotocult.  Ya me visteis con ropa de Cotocult, en este caso una sudadera, aquí.

Los creadores de esta joven marca se definen a través de Shirt and Words. Dicen que Cotocult quiere contar una historia y un viaje con un personaje tras cada camiseta. Y la camiseta negra que luzco se titula Escribo parís, de la colección Quién nos escribirá mañana. La ilustración muestra una postal que podría ser enviada a cualquiera: pero si indagais en la web, el texto que está detrás declara esto:

Escribo parís en minúscula desde que sé que te dan rabia las faltas de ortografía. He aprendido a escribir vaso con b y beso con v y si me preguntas por qué lo hago te respondo que es una tontería porque me encantan los hoyuelos que te salen en las mejillas cuando te entra una rabieta. (…) Bicicleta y Cama van con mayúsculas si se refieren a tu Cama y a mi Bicicleta. La Camiseta de autor escribo paris negra declara la guerra a quien no se atreve a decir de otra manera lo que siente. Como el niño que le tira de las trenzas a la niña más guapa del colegio.

Les deseo toda la suerte del mundo. Creo que continuarán contando muchas más hermosas historias.

Y, también en Valencia, de una manera muy distinta, hay una joven artista que, por un momento fugaz, convierte lo cotidiano en algo inesperado. Su material es el café, los siropes y la espuma. Se llama Bea, y se encuentra en el Café dels Somnis,  en Avda del Puerto 152. Había tenido ya la amabilidad de retratarme en un café, a mí y a mis gatitas, pero cuando fui a visitarla repitió a Lady Macbeth con una habilidad casi fotográfica. Transformó un café en una experiencia, una pausa en un recuerdo. Las historias, se supone, son una lucha contra el tiempo, pero resulta extraordinario que algunas de ellas, que no perduran, nos obliguen a centrarnos en el momento con un resultado casi idéntico: una vida más intensa y con mayor sentido.

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Siempre ando a la caza de nuevas voces. Y nunca sé dónde encontraré la siguiente historia.