Lugares recordados

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No he viajado a la mayoría de los lugares en los que he estado. Los he soñado, he leído sobre ellos, los he visto en cualquiera de los formatos en los que la cultura audiovisual, de la que soy tan hija como de la escrita, me los ha mostrado. En los últimos tiempos, más que encontrarme en sitios nuevos, los he recordado.

No solo se recuerdan los edificios y los paisajes: también las atmósferas, el tiempo y los tiempos. Antes de haber vivido un otoño perfecto, de hojas doradas y rojizas que caen sobre un césped británico, lo hemos visto incontables veces. Hemos paseado por avenidas versallescas, y junto a ríos en los que Ofelia se ahoga una y otra vez, en los que aparecen cadáveres misteriosos y se resuelven enigmas. Hemos sido doncellas en apuros y aventureros que surcaban el río, piratas de agua dulce y el detective que se pierde en la niebla, mientras las hojas caen.

Esa capacidad creativa, fascinante, del ser humano para bilocarse y ampliar una existencia por lo demás demasiado pobre para lo ricos que son el cerebro y la imaginación explica dónde nacen las historias y la fantasía. Es lo que permite disfrutar por anticipado cuando se planifica un viaje, y sentir una felicidad muchas veces ya vivida cuando nos encontramos allí, junto al río de Ofelia, bajo las hojas doradas, en senderos que ocultan recovecos y misterios. Por eso viajo, por eso leo, por eso veo cine, y me pierdo en Instagram, y supongo que por eso escribo. Para no irme, nunca, de los lugares en los que nunca he estado pero que recuerdo una y otra vez.

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La prenda en torno a la que gira este look es la falda plisada, en un dorado metalizado, de Mango, que podéis encontrar aquí. Tiene tanta presencia que el resto de las prendas (un jersey de cuello cisne, unos salones sencillos, y una gorra liutenant) son negras. Un pequeño bolso cofre con un bordado chinesco de pájaros y flores, de Mango.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en Sydney Gardens, en Bath, junto al río Avon, muy cerca de la primera casa en la que Jane Austen habitó en la ciudad, y que se encontraba en Sydney Place nº4. Por estos mismos senderos por los que yo camino paseaba ella, soñando, sin duda, con lugares sobre los que escribiría y que luego nos haría recorrer a tantos lectores siglos después.

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Llamadme Alejandra llega a Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAParte del universo literario se encuentra entretejido con mitos creados por el cine, las novelas y las series de televisión sobre el mundillo, casi siempre ejemplos estadounidenses o franceses: desde Truman Capote con sus fiestas abarrotadas de esbeltos cisnes, al irreal  estilo de vida de Carrie Bradshaw, la imagen popular del escritor ha oscilado entre el tópico del bohemio que escribe en las barras de los bares en sus ratos de lucidez, a la torre de marfil necesaria para la creación, a… Las presentaciones de los libros también distan mucho (muy a nuestro pesar) de las imaginadas por lectores o escritores novatos. Los feroces años de la crisis las han limitado a lo básico, cuando no las han eliminado.

Pero he de decir que mi novela Llamadme Alejandra ha sido una excepción en este sentido, y fue presentada a la prensa y a los amigos de la profesión en Madrid el día 7 de Abril, en el hotel Intercontinental de Madrid: el mismo en el que Ava Gadner, en sus años de gloria y fiesta, fijó su residencia, y sembró la ciudad de anécdotas y de leyendas. Anfitriones impecables, me sorprendieron al final de la celebración con una tarta que reflejaba con fidelidad la cubierta de mi novela, literalmente devorada en poco tiempo.

Pasé gran parte del día, las horas previas y las posteriores, atendiendo a la prensa: Telva, El Español, Antena 3, Objetivo Bienestar, Joly, diversas agencias. Radio Nacional… perdí la cuenta. Después llegaba la convocatoria de prensa, los discursos, la presentación en sí, y uno de los momentos más esperados, la conversación entre Javier Sierra, y quien escribe. Javier, amigo cálido y consejero infalible, debía estar conmigo en esa mesa. En los últimos meses, meses de cambios y de decisiones, me he marcado el objetivo de trabajar y de pasar mi tiempo con gente a la que quiero. Todo lo demás me resta energía y me parece, a estas alturas, prescindible. Y Javier, con su apoyo constante, ha sido confidente y testigo de muchos secretos de esta novela; era lógico que viera el final de este camino.

Como la novela había aparecido apenas unos días antes era quizás un poco presuntuoso suponer que todos los asistentes habían tenido tiempo de leerla. Para ponerles en antecedentes, la actriz Paula Iwasaki leyó el capítulo 17, que se ha convertido rápidamente en uno de los predilectos de los lectores. He visto crecer a Paula, he tenido ese privilegio como amiga de la familia, me alegro como si fuera propio de su éxito presente, y su futuro promete ser espléndido. Cuando la formación se une al talento y a una educación exquisitamente cuidada, no puede ser de otra manera.

Editoras, representantes de la Diputación de Alicante, y nuevamente, amigos. Amigos entre la prensa, como  el veterano Javier de Montini, siempre tan amable conmigo, o  Moisés Rodríguez, subdirector del Canal 24h, que no paraba de abrazarme, contentísimo. Aunque no aparecen en las imágenes, hubo muchos otros, algunos testigos de mi carrera desde Irlanda. Estuvieron, pese a lo difícil de la hora, queridos colegas como Marta Rivera de la Cruz, que veinte años no es casi nada, y Martín Casariego. A ambos no me llega el tiempo para agradecerles su presencia y su cariño.

Por no faltar, no faltó ni el extintor que me persigue en muchas de mis fotografías, y que mis seguidores de Instagram conocen bien. Allí estuvo, fiel a las normas de seguridad y atento a fastidiar todos los planos posibles al mismo tiempo.

Me supone un esfuerzo hablar de mis emociones en este día: entremezcladas con el sentido de la responsabilidad y con el deseo de que todo saliera bien, la alegría, la satisfacción y el orgullo, y sobre todo, el agradecimiento no me abandonaron. Conservo esos momentos como algunos de los más bonitos de los últimos años. No basta con vivir cada hora: yo he aprendido, en cierta manera, a insistir en vivirlas, con una conciencia mayor, con la sensación de que son fugaces y que deber ser disfrutadas.

Ahora, sin tregua, viajes, firmas, ferias, todo lo posible para que el libro viva y llegue a rincones poco habituales, para que se encuentre en librerías más tiempo del que dicta este momento de fugacidad y para que este Premio y esta novela sea más que una imagen, y más que un recuerdo. Ha finalizado un tramo del camino. Comienza otro.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación escogí un vestido de Marcos Souza Couture, hecho a medida, y que reservaba para una ocasión especial. Es un little black dress de corte impecable, con el giro de un falso escote corazón con tul transparente, y cremallera visible en la espalda. Repetí los salones de raso nude y encaje de Magrit que estrené el día del fallo del Premio. Le dí también más importancia al  bolso cartera (o clutch), y en este caso rompí mi norma de no conjuntar zapatos y bolso. Como un guiño a Alejandra, la zarina de las perlas, llevé un brazalete de Verdeagua, y el anillo que Chocrón joyeros diseñó para mí inspirado en La flor del Norte y sus secretos.  Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en el Hotel Intercontinental de Madrid.

Ese precioso 7 de abril contaba, por lo tanto, con todos los elementos para que fuera una presentación casi, casi, como las legendarias. A todos ellos, mis más sinceras gracias. Intentaré estar a la altura de ese cariño y de ese esfuerzo común.

Premio Azorín 2017

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Ha pasado una semana desde la concesión del Premio de Novela Azorín 2017 y los detalles continúan tan vívidos ante mis ojos como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Ocurre con todas esas ocasiones cargadas de expectativas, y muy anheladas. No era, desde luego, la primera vez que me presentaba a un premio literario: pero sí que lo hacía con una novela tan trabajada y que fuera histórica. No todos los jurados valoran de manera positiva el género.

La Diputación de Alicante es quien convoca este premio, que se inició en 1994 con Gonzalo Torrente Ballester como ganador. La responsabilidad de publicar y distribuir el Premio es de la Editorial Planeta, y su dotación es de 45.000€ sujetos a (ay) todos los impuestos correspondientes. Otros escritores que cuentan con él son Luis Racionero, Jesús Ferrero, Dulce Chacón, Jon Juaristi, Ángela Becerra… En este año se cumplían, además, los 50 años del fallecimiento del gran Azorín, con lo que la Diputación decidió abrir la gala al público y a los pueblos de Alicante, y se celebró en el Auditorio, que dispone de un gran aforo.

Existe siempre una enorme rumorología respecto a los premios, si están concedidos de antemano o o no. Lo cierto es que quien maneja menos información al respecto es, al menos en mi caso, el autor. En este premio existen dos jurados que deliberan el mismo día del premio, durante la comida. Cada uno propone su novela candidata; este año tuve la suerte de que eligieran la mía.

Por experiencia sé que en las horas previas a un premio conviene mantenerse ocupada, y en las posteriores, también. A mí me habían confirmado que mi novela se encontraba entre las candidatas la semana anterior, de manera que me encontraba en Alicante, con dos agendas: la que ocurriría si ganaba, y la que llevaría a cabo si no.

Como intento hacer siempre que me es posible, había cuidado con mimo lo que llevaría esa noche: los premios son ocasiones especiales, fruto de las ilusiones y el trabajo de mucha gente. Me merecen todo el respeto: sea o no yo la protagonista, intento que quien lo organice sienta que valoro la invitación y el esfuerzo.

Había escogido un vestido de The 2nd Skin.co que me recordaba a alguno de los lucidos por Jackie Kennedy, con su tejido brocado rosa y un corto imperio y sencillo. Pertenece a su icónica colección For Valentina.

Lo combiné con unos preciosos salones de Magrit, el modelo Mila trabajado en ante y raso con un delicado trabajo de encaje y un bolso cartera a juego.  Magrit es una exquisita marca alicantina, y me pareció la elección lógica en este premio.

Lo mismo me ocurrió con las joyas: Chocrón Joyeros me han acompañado en algunos de los momentos importantes de mi vida, y en esta estuvieron también presentes: la sortija de mayor tamaño y la deliciosa pulserita pequeña son de la colección Ch_Aura en oro rosa, rodonita de los Urales, madreperla y diamantes. La sortija flexible y los pendientes, de oro rosa y diamantes, son de la colección CH-Imperial.

La gala comenzó a las 19:00h. Antes del fallo nos esperaban la actuación de Juan Echanove, que interpretó varios textos de Hamlet, y después, un fragmento del Carmina Burana por La Fura dels Baus.

En algún lugar entre ambos dijeron mi nombre. Subí al escenario para recoger mi Tanit, y para agradecer al jurado, a la propia provincia de Alicante, la oportunidad que me daban. Era el momento también, entre la emoción y los recuerdos agolpados (quince años de trabajo acumula esta historia), de hablar mínimamente de mi novela, Llamadme Alejandra, que aparecerá a principios de abril  y que describe la vida y los pesares de Alejandra Feodorovna, la última zarina. El momento para una mención cariñosa a quienes estaban allí conmigo y no habían ganado, como me ha ocurrido a mí en otras ocasiones, para que continuaran escribiendo y compitiendo.

La andadura de la novela comienza ahora: primero una rueda de prensa, entrevistas para el siguiente día. Y la incógnita de si gustará o no, de si habrá merecido la pena el esfuerzo, el examen constante al que se somete el escritor.

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El maquillaje de esa noche fue responsabilidad de Itzi, y las fotos, de Nika Jiménez. Esa noche fue mi acompañante; como mi jefa de prensa ha sido testigo de lo mucho que he sufrido y pasado con esta novela, y lo ha compartido, de manera que se merecía estar también allí si las cosas iban bien. Luego llegaron las felicitaciones de los amigos, la familia, los compañeros de viaje. Los lectores y los seguidores. A todos ellos, muchas gracias. Para todos vosotros es esta novela.

El Gran Bilbao

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Bilbao, pedazos de acero que aparta de su camino la ría. Siete Calles y un Casco Viejo construidos por el tesón de un puñado de pescadores medievales, apiñados en torno al Nervión, Somera, Artecalle, Tendería. Música en los oídos de quien ha nacido bajo ese cielo, retazos de un idioma incomprensible. Mar y hierro, trabajos que demandaban niños y hombres cubiertos siempre de sudor o agua, de espuma o tierra. Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena.

Y de esas siete calles, el recorrido hasta el mar que nos lleva a Flandes y a los Países Bajos, y más adelante, a Inglaterra, de donde la inocencia popular trajo canciones de ingleses que se olvidaban de todo ante las niñas bilbainas.

Carbón y acero, y la ciudad reptó hasta el otro lado de la ría, y tuvo espacio para un Teatro, una Bolsa, y desarrolló gusto por la ópera, los coros, y los zuritos. Un lugar de astilleros y altos hornos, de acerías y fábricas, donde los ingenieros competían en traineras con los abogados, junto a una meseta en la que la lana merina y los cereales ya no alejaban la miseria.

Titanio y cristal, y óxido estratégicamente colocado, líneas ondulantes y la vida tras una decadencia en que las fábricas dejaron de humear, y el Nervión, salvaje y podrido, se desbordó por todas las tierras que conformaban el Gran Bilbao. Museos y gastronomía, luz entre el eterno gris, lucha férrea. Esperanza en tiempos de crisis. Nostalgia, cuando se vive tierra adentro, de la música que el viento toca en los cables de sus puentes.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALa falda de satén estampado con rosas otoñales tiene el sugerente nombre de Circe y la firma de Maru Atelier .El top de tul rosa es un primor de Etxart&Panno. De hecho, el cuerpo es tan transparente que lo superpuse a este body de HM. El bolso clutch que llevo es uno de mis preferidos de Mibuh, donde siempre me cuesta tanto escoger solo uno: me siento como uno de mis personajes perversos cuando llevo una caja de terciopelo llena de bichos. Llevo en mi índice el  anillo Kong de Luxenter, y salones de ante camel en los pies.

Las fotos fueron tomadas junto a la ría de Bilbao por Nika Jiménez.

Presentación para replicantes en Plasencia

OLYMPUS DIGITAL CAMERACon mi novela juvenil El chico de la flecha estoy disfrutando de varias presentaciones abiertas a niños, a sus padres y profesores; lo habitual suele ser que los esfuerzos se concentren únicamente en dirigirse a los chicos, en sus institutos, en encuentros para el fomento de la lectura.

Si la primera presentación se hizo, como parecía lógico y conté aquí, en Mérida, en el Museo de Arte Romano, rodeada de mosaicos milenarios, de estelas conmemorativas y de magníficas esculturas, la segunda tuvo lugar en la librería que ha recibido el Premio Nacional de Fomento a la Lectura 2016, La Puerta de Tannhäuser de Plasencia.  y de la mano de quien, sin duda, es el lector que mejor me conoce y que más tiempo me ha dedicado, el profesor Samuel Rodríguez: no en vano se ha doctorado Cum Laude en La Sorbona con una tesis sobre el mal en mi obra.

Las bibliotecas son para mí lugares maravillosos: las librerías, en cambio, antros de perdición. Resultan focos irresistibles cuando, como en el caso de La Puerta de Tannhäuser, están pensadas con mimo y atención para que un lector incauto, un replicante,  no quiera salir nunca de allí, con la oportunidad de tomarse un café y de hojear con calma los libros, en este caso de editoriales minoritarias. Además de funcionar como librería online, cuenta con una sección para niños escogida con un primor llamativo. En las estanterías reconocía numerosos ejemplares que habían aparecido en mis recomendaciones espidianas; libros ilustrados, novelas gráficas, reediciones preciosas y clásicos con un aire renovado.

Respecto a la presentación, qué decir salvo gracias: la librería se abarrotó, y de la historia romana pasamos a hablar de educación infantil, de los valores transmitidos a los jóvenes y de la responsabilidad que los adultos asumimos (o no) respecto a un mundo complejo, extraño y cambiante. Dos horas (si me animan a hablar no hay límite a la conversación) de encuentro entre replicantes y lectores.

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Para resarcirme del frío y la lluvia de Mérida, Plasencia me acogió con un sol optimista y jovial; me hice con uno de mis vestidos vintage de los 70, granate, en esta ocasión, de punto, manga larga, y con canesú y un falso obi incoporado. Llevé un collar dorado de LaOneta, y unos de mis zapatos preferidos de esta temporada, estos salones de pitón de Mango. Iba abandonando en todas parte mi bolso de mano de Gucci.  El esmalte de uñas granate es el Malaga Wine de OPI.

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No puedo olvidarme de Samuel, mi atento presentador y anfitrión en Plasencia, de mis amigas por Instagram Flores en tu ensalada, que tuvieron la amabilidad de acercarse a acompañarme, (obsérvese que al final de la presentación estaba ya hasta despeinada) y de Cereza Design, que me regaló el precioso brazalete que llevo en alguna de las fotos. Ni, por supuesto, de la charla y de las confidencias posteriores con los libreros, Álvaro y Cristina, pura vocación, apasionados de los libros y de un oficio al que debemos tanto los escritores. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

El chico de la flecha en Mérida

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El chico de la flecha nació en Mérida, tras una conversación con una amiga de infancia, arranca en Mérida,  y ha sido una satisfacción para mí que la primera presentación haya tenido no solo en esta preciosa ciudad, sino en el Museo Nacional de Arte Romano.

Hay libros que nacen con más fortuna que otros: El chico de la flecha ha sido de los afortunados, de los que desde el primer momento conllevan alegrías y sorpresas inesperadas. Para vos nací pertenece también a esa misma categoría, como Irlanda. Otros necesitan más cuidados, o más explicaciones, o fueron publicados a destiempo. Sin embargo, esta novela juvenil me está permitiendo hablar de temas que siempre me han apasionado a otras personas, jóvenes y adultos, que se definen en unos momentos antes de la firma de libros, y lo hace tendiendo un puente natural y fluido.

Un solemne niño de ocho años que se siente preparado para leer un libro recomendado para doce, y que me habla de lo complicado que le resulta crecer y hacerse responsable. También yo hacía esas cosas a su edad y con la misma seriedad, y sentía que la infancia era una pérdida de tiempo.

Un maestro, coleccionista de libros juveniles, que lee con mimo lo que sus alumnos leerán (o leerían: algunos están ya jubilados), y que se va con su novela entre las manos ya medio ojeada. Madres que no saben ya qué regalar a sus hijas voraces, o que no saben con qué incitarles para que al menos aparten los ojos del móvil. Libros como obsequios de Navidad, o como un viaje en el tiempo.

No es ningún secreto que soy una apasionada visitante de bibliotecas y museos, El Museo Romano de Mérida, de Moneo, se encuentra entre mis preferidos: falsamente abarcable, limpio de formas y casi evidente en su concepción, esconde en algún lugar un Aleph o un gusano de tiempo. Nunca se sale de allí con la sensación de conocerlo o de haberlo visto en profundidad. Los mosaicos de las paredes, los bustos de pliegues planchados a mármol, los objetos cotidianos. Cuando decidí escribir El chico de la flecha, mi amiga Valentina y yo nos dirigimos hacia el Museo Romano, como final de nuestra visita de fin de semana. Había una cierta lógica en que el círculo se cerrara (o comenzara) de nuevo aquí.

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Para la presentación escogí un vestido en amarillo intenso de María Barros, de manga larga y ajustado. No dejó de llover en todo el día, y el amarillo, además de desmentir teatrales supersticiones, fue una declaración de intenciones luminosas. El vestido se impone por sí mismo, de manera que lo completé únicamente con un collar de esmalte y unos preciosos zapatos de ante rosa palo de Magrit.

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Cuestión de prioridades

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La crisis no comenzó un día determinado, ni tras un suceso concreto. Comenzó para cada uno de nosotros según unas circunstancias particulares: la situación geográfica, el sector al que nos dedicáramos, el nivel de endeudamiento, o el momento en el que nuestra empresa decidió hacer recortes. A unos pocos afortunados les ha tocado ser testigos, y no sufrirla: pero incluso esos, por contagio, por miedo, han modificado sus hábitos de consumo y, sobre todo, su listado de prioridades.

Cuando escribí Mileuristas (I II: en realidad, eran un mismo volumen, pero el editor se empecinó en dividirlo y lanzarlo en dos partes, muy en mi contra, por cierto) avisaba de algunos de los problemas que se avecinaban. Resultaba imposible adivinar lo que se nos venía encima, pero sí resultaba obvio que nos encontrábamos en un ciclo que finalizaba y que nos obligaría a transformar nuestra relación con el mundo.

Un aspecto muy curioso de la crisis ha sido aquello en lo que hemos decidido ahorrar y aquello en lo que hemos continuado gastando: cómo han surgido empresas y emprendedores nuevos en un momento en el que se antojaba una misión suicida, y la manera en la que han empleado la creatividad para destacarse. Cualquier pensaría que lo lógico en tiempos difíciles sería apostar por un producto muy barato. Quien no pudiera permitirse otro, continuaría comprando, y quien tuviera un poco más de poder adquisitivo, compraría más ejemplares.

Sin embargo, no ha sido así. El consumidor que se ha fidelizado a una marca determinada no ha renunciado a ella salvo que le haya sido absolutamente inevitable: claro está que no todos hemos mantenido las mismas prioridades ni hemos seguido el mismo criterio para definir una necesidad. El café o la leche, el detergente o la crema facial, el perfume o el producto lavavajillas son algunos de los clásicos. Las bebidas alcohólicas o los refrescos despiertan enormes lealtades.

Por otra parte, se han dado otras decisiones basadas más en la ética y el pensamiento a medio plazo que en el sabor, o la tradición de uso: pese a que se ha normalizado la falta de respeto a los derechos de autor, ha habido quien ha continuado apostando por comprar libros, y quien ha respetado, a rajatabla, el no descargar un solo contenido ilegal de internet. Por razones obvias, ha sido mi caso. También hemos descubierto con agradable sorpresa que se ha creado una enorme sensibilidad hacia el producto nacional, frente a las importaciones internacionales de baja calidad, el apoyo al comercio local y a la artesanía. Los movimientos slow han dado prioridad al mimo y el mérito de un proyecto único, por encima del cebo del precio. Y, de la misma manera que algunos consumidores se las han arreglado para conseguir el móvil que ansiaban (en España los teléfonos encabezan los objetos de deseo que, pese a un precio fuera del alcance de la mayoría, han logrado convertirse en prioridad) otros han decidido otro modelo de consumo basado en los valores que aprecian.

Una de las marcas que se adaptan como un guante a esa idea es Nambasteuna boutique online joven, española (de hecho, fue concebida en Chiclana de la Frontera, aunque nació en Ares, A Coruña) que cumple a rajatabla con muchos de los principios que más valoro: el bolso que me acompaña últimamente muestra la exquisitez del acabado de los artesanos con los que trabajan, y un material excelente. La producción es reducida, y supervisada muy de cerca, y aseguran un modelo económico equilibrado.

Sin duda, muchas compradoras verán una serie de complementos muy bonitos, atemporales y de gran calidad, y esa atracción será la que prime en la compra. Está bien así. Pero quienes deseen indagar un poco más, encontrarán ese valor añadido, esa característica que les distingue y que han querido representar con un nombre derivado de la palabra Gracias en hindú: Namasté. En mi caso, me siento particularmente vinculada a ese tipo de trabajo, y le doy la máxima prioridad. Sé lo que supone apostar por un sueño y esforzarse porque sea coherente y ético, y los sacrificios que conlleva: pero el tacto satinado de mi bolso  o algo tan sutil como la manera en la que el monedero se ajusta a los enganches, y lo satisfecha que estoy con él demuestra que merece la pena. No creo que un bolso cualquiera me hiciera sentir así: lo único nos hace sentir únicas. OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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Además de mi bolso Nambaste, (podéis sabes más sobre su filosofía de empresa aquí) en este día soleado llevo una camisa blanca,  con un sofisticado detalle de pliegues en la espalda, de Oxygene,  de cuyo concurso #besosoxigene os hablaré pronto. La falda blanca, corta y en forma de tulipán, la compré en una tienda que, por desgracia, acaba de cerrar; no todos los sueños salen bien. Llevo unos salones de Paco Gil  y un brazalete de pasta de Zwei.  Las fotos fueron tomadas en la plaza Colón de Madrid.

Y, respecto a las prioridades, conviene revisarlas de vez en cuando. Como los sueños, tienen sentido algún tiempo. Y si se cumplen, si se siguen, son un atajo seguro a la satisfacción.

¿Cuándo fuiste “Pretty Woman”?

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El espectador medio ha perdido la cuenta de las veces que ha visto “Pretty Woman”; no es solo símbolo de una época, o una película imprescindible de la cultura pop. A nivel emocional, la historia continúa fresca, y aún se acoge con agrado la realidad que refleja, pese a su relativismo moral y la constante glorificación del dinero.
Pero me centraré en alguna de las escenas más icónicas, esas en las que Vivian, tras la humillación sufrida por la dependienta de la boutique (quién no ha experimentado esa mirada asqueada de arriba a abajo, y no ha sentido ganas de llorar) y la orgía de compras posterior descubre que la manera en la que la perciben los demás ha cambiado: la ropa nueva le permite ser tomada en serio por primera vez en su vida. Vivian no muestra demasiados problemas de autoestima, ni de insatisfacción con su vida, pero es evidente que no se encuentra en el lugar que desea. Bastan unos días fuera de su entorno para que tenga claro que no quiere regresar a lo anterior, y que el cambio físico ha llegado en el momento en el que estaba produciendo también un cambio interno.
En el momento actual existe un gran auge  de profesiones que contribuyen a una transformación externa y rápida de los insatisfechos: estilistas, coachs, entrenadores… y también se da un cierto desprecio por ese cambio, que se considera superficial y poco sincero. No puedo estar menos de acuerdo: mi experiencia, propia y como testigo, es que uno de los termómetros más fiables del aburrimiento, la depresión, la serenidad, la ilusión recuperada es, precisamente, la relación con el cuerpo y con la ropa, muy especialmente en el caso de las mujeres. Mujeres que han enviudado y se visten como desean por primera vez en su vida, el traje comprado con el primer sueldo, chicas que se mudan a otra ciudad y transforman su estilo, las primeras compras tras una reconstrucción de pecho, o tras un test positivo de embarazo… Todas comparten esa mirada pletórica de Vivian, cargada de bolsas de la compra, cuando va a ajustar cuentas con la dependienta arrogante. Entre otras cosas, captar ese instante mantiene la película viva.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEste verano Zara decidió confeccionar un vestido que, quisieramos o no, asociaríamos a “Pretty Woman”: el que la protagonista elige para la carrera de caballos, con un canotier. Siempre encuentro una buena excusa para comprar algo de lunares, cuando no es el recuerdo de Lola Flores es la sombra de Lady Di; esta es una prenda poderosa, tan reconocible que ni intenté esconderla dándole otro aire. Le añadí unos salones de Unisa, mis pendientes de perlas, un bolso de Sagrario Moreno, y unos guantes que no usaría, pero que completaban el look y un cinturón de Garaizar. Sólo me faltaba la banda sonora, que iba tarareando mientras caminaba (ya sabéis cuál… la estáis cantando ahora mismo…). Que ese optimismo y esa energía os acompañen en vuestro propio caminar.

(Por cierto, hace unos años conocí a Richard Gere… pero esa es otra historia para otro post…)