Rosa inglesa

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Durante los viajes nos permitimos algunas cosas que no nos toleraríamos en casa: compras de recuerdos que no usaremos nunca, hacernos trencitas, o tatuajes temporales que parecen fuera de lugar en el mismo momento en el que salimos del avión. Promesas, o comidas, o hábitos que quedan atrapados en el interior de la burbuja del viaje, y que de allí, fosilizados como los recuerdos, volverán cada vez que miremos las fotos.

En eso pensaba en el Viaje al País de Jane Austen cuando miraba, como si no las hubiera visto nunca, las ovejas, las vacas, las fincas divididas por setos de la campiña inglesa. Recordé mucho ese orden, esa fascinación británica por no abandonar nunca del todo el campo, cuando Galicia comenzó a arder unas semanas más tarde. Nuestra mirada al campo, como a la historia pasada, ha mezclado siempre vergüenza y desprecio, una negación de lo que hemos sido a favor de un futuro que no sabe integrar el pasado.

Pensaba en el lento abandono de nuestros pueblos y de las aldeas, en las lindes cubiertas de abrojos y en la manera en la que malviven agricultores y ganaderos. En el latifundio. En el minifundio.  Seguí pensando en ello incluso en la casa de Jane Austen en Chawton, en su colorido jardín y sus visitantes, que acuden a centenares a la casa donde vivió una escritora. En el escandaloso mal uso de las subvenciones, y en la necesidad de un cambio inminente de esa mentalidad y esa reorganización, por el bien de todos. De todos. Incluidos las turistas que, con un abrigo rosa demasiado elegante para un paseo campestre, se acercan a mirar el morro pintado de unas vacas amables, e intentan aprender qué pueden hacer, que están haciendo mal en su país.

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El precioso abrigo de pelo (sintético) y rosa es de Mango, y el broche pertenece al abrigo. De la misma marca son los leggins de cuero y el jersey negro de cuello cisne. Los botines son de la firma de Elda Unisa. Y las fotos fueron tomadas cerca de Winchester y en Chawton, en la casa de Jane Austen,  por Nika Jiménez con MyPen Camera.

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Recomendaciones espidianas de junio

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Pese a la creencia generalizada, no resulta sencillo llevar a cabo una selección de los mejores libros del mes. O de los que se adaptan a mi gusto: no todos los que leo aparecen, y los que aparecen no son necesariamente los mejores, sino los que a mí me han complacido. Lady Macbeth lo sabe, y, como mis  otras gatitas, hace lo imposible para ayudarme. Estos han sido los elegidos este mes.

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Comienzo con las Actas del Congreso Mundial sobre Teresa de Jesús, en el que tuve el honor de participar hace un año por mi libro Para vos nací: coincidía con el V Centenario de su nacimiento, y expertos de todo tipo analizaron su figura, desde la perspectiva religiosa, literaria, feminista, histórica… la relevancia de esta mujer extraordinaria continúa, creo yo, sin ser completamente reconocida. Las actas han sido publicadas por la Universidad de la Mística.

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No olvidemos que durante Mayo y Junio tuvo lugar la Feria del Libro de Madrid, donde, como casi todos los años, firmé mi obra y me encontré con lectores y con seguidores. La Feria es un evento interesante siempre, que muestra lo que se ha publicado ese año, y nos recuerda que los libros no contienen siempre literatura, sino que son un soporte para aficiones, gustos, pasiones, fenómeno fan… Se equivocan quienes cada año consideran a los autores que más firman muestran un signo de la decadencia inevitable de la cultura, o quienes crean que es una muestra fideligna de lo que se lee. Es… otra cosa, y como tal ha de tomarse.

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Ofelia ya lo recomendó en su momento, pero como lo ha releído me suplica que vuelva a hablar de Podría hacer pis aquí, (y otros poemas escritos por gatos). Lata de sal es la editorial que nos acerca a este género, injustamente menospreciado, de la literatura felina. Aquí nos encontramos con una serie de sentidísimos poemas que nos permiten conocer mejor la retorcida mente de estos bichos malignos e imprescindibles…

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Este ensayo (o más bien, esta compilación de crónicas)  de Alejo Carpentier, publicado por Fórcola Ediciones, me sorprendió por varios motivos. El menor de ellos no fue el que no estoy acostumbrada a analizar la realidad y la historia europea desde una visión que proceda de otras voces periféricas. Un cubano observa, en el momento crítico de la II Guerra Mundial, El ocaso de Europa. Apasionado y vehemente, es un observador inteligente, pero también alguien que defiende, quizás antes de su propio ocaso, una idea de evolución americana, frente a la decadencia en la que Francia, Alemania o Inglaterra se encuentran sumidas. De una actualidad aterradora y desconcertante, me ha  obligado a leerlo despacio y con notas al margen. Muy interesante.

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Un clásico, pero que regresa actualizado por Reino de Cordelia. A la historia inmortal de Bram Stoker se le unen las ilustraciones de Fernando Vicente y la excelente traducción de J. A. Molina Foix. Es una inversión de fondo de biblioteca.

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Otro clásico, que dejó K.O. a Ofelia… Los últimos días de Pompeya, en una versión antiquísima que me regaló mi profesora de 4º de EGB, sor Mercedes. Aunque ya recomendaré alguna actualización, para mí es una lectura fundacional, y una de las novelas que despertaron mi pasión por la literatura.

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De vez en cuando aparecen proyectos exquisitos como este, Los escritores y la música, de Ediciones Singulares; el dedicado a Tolstoi, bajo la responsabilidad de Víctor Gallego, responde a la filosofía general: una colección de libro-discos que enfoca la biografía de grandes escritores  a través de la música. Encontramos un prólogo, el ensayo en sí mismo con cronología y un CD con una selección de música relacionada con los textos,  grabada en  sellos discográficos internacionales.

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Antonio Colinas, uno de los poetas más interesantes y reconocidos en lengua española, publica ahora en Siruela Memorias del estanque, un libro que, sin ser exactamente unas memorias, sino una recreación literaria sobre la realidad, deja testimonio de lo vivido y aprendido. Lo he leído poco a poco, casi como un libro de cabecera, o más bien, como un libro de después de la ducha. Para obligarme a leerlo con calma, en lugar de devorarlo como otros, cada día, mientras se me secaba el pelo, leía un fragmento. Después me obligaba a dejarlo, hasta el día siguiente. Ha sido una manera excepcional de comenzar las mañanas.

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Y acabamos con el que será el último libro de la serie Hijos de Mary Shelley, publicado por Imagine Ediciones y editado por Fernando Marías: Las noches de Clairmont, una compilación de algunas de las mejores voces de cuentistas contemporáneos, es una magnífica despedida. Yo la acompaño de una rosa de Anaquiños de papel. La gatita no venía en la lista…

Cómo se hizo…

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En muchas ocasiones me han preguntado quién me hace las fotos para el blog y las redes sociales, fotos que, obviamente, no saco yo, porque soy el objeto y el sujeto de la fotografía. Hay casos en los que es alguna persona que está conmigo, o algún amable desconocido al que entrego el móvil o la cámara. Amable no solo porque accede a tomar la foto, sino porque no se echa a correr con mis tesoros tecnológicos, cosa que tampoco sería muy disparatada.

Cuando puedo contar con ella, quien saca mis retratos es Nika Jiménez, mi jefa de prensa. Nika trabaja conmigo desde 2006, cuando la fiché para mi empresa E+F. Desde entonces ha sido la responsable del diseño corporativo, de mi agenda, de ser mi mano derecha y el filtro de gran parte de mi trabajo, entre otras  incontables tareas. Además de Publicidad y Marketing, ha cursado estudios de fotografía en EFTI, donde, por cierto, me escogió como modelo para su proyecto final. Después de diez años de trabajo, y de afrontar muchas cosas agradables y desagradables, la complicidad que tenemos es evidente. Es una joya.

Generalmente, abordamos las fotos para el blog partiendo de una idea abstracta, en la que luego encaja la ropa o las otras prendas. Hay algún tema que quiero tratar, y al que acompaña la ropa. Los estilismos, para bien o para mal, son míos, y los textos también. En algunos casos, Nika propone una foto determinada que se le ha ocurrido y cuando las veo, surge el texto. Estudiamos constantemente catálogos, revistas internacionales, fotos clásicas y lo que hacen blogueras de referencia. Algunas de las imágenes que nos gustaría sacar se encuentran fuera de nuestro alcance, al menos por ahora, pero lo que podemos hacer (mejorar mis poses o mi actitud, practicar encuadres, el uso de las sombras, los claroscuros o los volúmenes) intentamos mejorarlo de sesión en sesión.

Para mí actuar como modelo es un reto: nunca me ha intimidado la cámara, pero las fotografías para redes sociales son muy diferentes a las que pide un fotógrafo para un periódico. Me obliga a salir de lo conocido, y a enfrentarme a la realidad y a la mentira de la apariencia. Una foto puede ser tremendamente mentirosa, y añadir o restar años, kilos, o elegancia, pero la siguiente delata el estado de ánimo, un disgusto, o un día alegre. Puede matar un vestido o convertirlo en un objeto de deseo.

El lenguaje de la imagen, que abarca desde la producción previa a la edición posterior, a la diferencia entre lo bidimensional y lo tridimensional, el traidor photocall todo requiere atención y cuidado propio. Me lo tomo muy en serio porque sé el trabajo que lleva detrás una buena foto. Respeto enormemente a los fotógrafos, y sé en qué condiciones tienen que hacer su trabajo como para no pararme unos segundo a posar y a ofrecerles la mejor foto que pueda. No pierdo demasiado tiempo en explicárselo a quien no lo entienda.

Aunque hace años que poso para entrevistas, reportajes y fotografías, y he intentado siempre estar a la altura, nunca había sido tan directamente responsable de mi imagen.  Hay quienes piensan que una escritora no debería preocuparse por crear una imagen de marca. Yo opino lo contrario, que si no nos encargamos de ella otros (el público, los medios, las editoriales…) lo harán por nosotros. Nuevamente, no tiene relación con la vanidad, como algunos podrían pensar, ni con la coquetería, como sin duda otros creen. Mi imagen de marca, junto con mis conocimientos y mi capacidad para contar historias, son parte del patrimonio que poseo, y lo cuido de la mejor manera que sé.

También he trabajado para marcas desde el inicio de mi carrera. Ese es otro punto en el que muchos escritores prefieren no entrar; no es mi caso. A mí me interesa la publicidad y el marketing como medios de influencia social, y en particular, la manera en la que construyen historias sobre estilos de vida y productos. Lo hago como intento construir todo en mi vida: con el máximo cuidado por el detalle y toda la profesionalidad de la que soy capaz. Me alegra comprobar que no solo los lectores, sino que también las marcas valoran la forma en la que uso las palabras  y las imágenes; en un mundo plural como en el que nos encontramos, las posibilidades se abren donde menos esperamos.

Siempre hay una historia detrás de una historia, como hay una foto detrás de cada foto. Y estas son las que os quería mostrar hoy.

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En las fotografías de esta entrada se dieron dos de los casos que mencionaba con anterioridad: Nika tenía entre ceja y ceja emplear la bañera de mi habitación para alguna sesión original, y yo había comprado un vestido rosa palo de HM con la intención de crear un look romántico, casi como el de una Ofelia prerrafaelita. A ello le añadimos un bodegón tridimensional con el te TEAME.

Bañera + vestido+ bodegón = sesión muy loca y muy divertida. Por suerte, ese día contábamos con un segunda cámara que nos permitió registrar el proceso. ¿Lo imaginabais así?

Recomendaciones espidianas: mayo

22.1Comienzo el mes con una recomendación que me habían hecho: Las buenas intenciones, de E. Gaige. La novela ha sido publicada por Salamandra, y eso ya me predispone a favor, porque mis gustos y los de su línea editorial suelen coindir. También apruebo fervorosamente esta novela con un narrador en primera persona, un padre mentiroso, seductor, un auténtico encantador de serpientes que, en un momento determinado, decide no devolver a su hijita tras su tiempo acordado de custodia. Un tema polémico, contado a través de una voz aún más perturbadora. 20160516_153338¿Algún enemigo de los libros en la sala? W. Blades los enumera todos en este ensayo de Fórcola, desde la polilla al fuego. Un librito delicioso, un clásico que nos hace pensar que no necesariamente todo tiempo pasado fue mejor, y que antes, como ahora, el enemigo principal del libro es el lector… y el no lector. El ser humano, en realidad.

2.3Los libros de colorear se han convertido en un sorprendente fenómeno entre adultos que regresan al placer de escoger colores y concentrarse, durante el tiempo en que se tarda en completar las líneas, en algo que no sea sus problemas, ni su vida. De los mandalas se ha dado el salto al libro con un argumento, en la mayor parte de los casos onírico o fantástico, y a una sofisticación en las ilustraciones de la que el aficionado más tiquismiquis puede tener poca queja. Ediciones Maeva ha publicado este precioso libro “El jardín del tiempo”, de D. Song. Lo siento por los niños de mi alrededor, pero me temo que me lo voy a reservar solo para mí…

6.1Otro libro ilustrado, en este caso por una profesional, Ana Baldallo, es Thirteen-Trece, escrito por Luna Baldallo. Poesía felina, para niños y no tan niños, en una edición bilingüe español-inglés, que sigue a Trece, una gatita negra que se esconde entre las páginas. Publicado en Ediciones en Huida.

8.2

@lauraponts es el nombre de la cuenta de Instagram de Laura López, una de las revelaciones en el universo foodie nacional. Ediciones Cúpula ha publicado Arte Foodie, donde cuenta su recorrido vital y fotográfico, transmite una enorme pasión por la comida y la fotografía, y nos regala preciosas imágenes que son admiradas y sirven de inspiración para infinidad de aficionados al foodporn.

17.2Poesía elemental, de  Juan Luis Mora, es un poemario editado con mimo por Arscesis, Por lo general, hablar de un libro de poesía es destrozarlo. A través de los cuatro elementos, y del mundo, junto con el arte, el poeta habla de lo que le resulta esencial como persona: el origen y la evolución humana.

Miro su rostro hueco, / cada vez más próximo./ Ya me veo en sus ojos./ Aquí llego.

IMG_20160506_175545Otro padre y otra desaparición sirven como hilo conductor de esta novela, que luego se amplía con voces diversas y visiones contradictorias. F. Travesí trata en La vida imperfecta, publicada por  La isla de Siltolá, cómo una vida, varias vidas, se desmoronan con un hecho inesperado y sin vuelta atrás como la ausencia de un hijo adolescente. Los miedos aterradores, casi paranoicos, se van convirtiendo en una realidad insoportable, que luego se transforma en la vida. En cada día.

2016-03-14 23.50.54Matador no es un libro, sino una revista de La Fábrica, y un proyecto ejecutado por orden alfabético a lo largo de los años. El número R, “De botánica”, une su habitual exquisitez a uno de mis temas preferidos, el mundo vegetal. El formato extragrande, la calidad del papel y el nivel de sus colaboradores gráficos y literarios la convirtió hace tiempo en una publicación de referencia.

18.3Un trabajo ímprobo el que se ha tomado I. Chikiar Bauer para investigar y recrear la vida de esta autora hipersensible y enferma, lúcida e innovadora, en Virginia Woolf, la vida por escrito. La ambición del proyecto se ve recompensada por el resultado, que ha publicado Taurus, y que entusiasmará a cualquier apasionado de la Woolf, a los curiosos o a los estudiosos de la literatura universal. Para los de la inglesa ni siquiera digamos.

23.3No podía imaginarme cuando comencé este voluminoso ensayo de Crítica sobre la historia del algodón que iba a convertirse en uno de mis libros preferidos en lo que va de año. Su visión general, su manera de relacionar en la historia, el tiempo y la geografía un elemento común pero que para mí había pasado inadvertido como eje esencial de la cultura europea y mundial me ha dejado exhausta y encantada. El imperio del algodón reúne datos que todos conocemos superficialmente (la revolución industrial, la Guerra de Secesión americana, el desarrollo de la industria química) y los conecta de una manera tan amena y diáfana que una se pregunta cómo no se le ocurrió a ella antes. El autor, S. Bekert, profesor e investigador, se ha ganado toda mi admiración.

28.1Septiembre negro acaba de ganar el premio Tiflos al mejor libro de relatos, y a mi juicio, eso posiciona a C. Fidalgo como el autor de marcada personalidad literaria y refinado gusto estético que es. Los cuentos giran en torno al deporte olímpico, sus sombras, sus terribles secretos, que culminaron con el grupo terrorista Septiembre negro que convirtió los Juegos de Múnich en una tragedia inolvidable. Muy bien documentada y con un tratamiento admirable de la psicología de los personajes, lo ha publicado Castalia, y es una delicia. Desoladora, pero una delicia.

18.1Una visión rápida de libros pendientes o a medio leer: el ya mencionado Virginia Woolf, La vida por escrito (puede verse la extensión de la obra, muy considerable). Cuentos de Clarice Lispector, que voy leyendo poco a poco, casi con pena de acabarlos.  Y un ensayo, El mal  y la conciencia moral, del profesor  Rogeli Armengol. De estos dos últimos ya hablaré.

28.2M. Juliá continúa con este libro la trilogía poética iniciada con El sueño de la muerte. También lo ha publicado Hiperión, y, obviamente, en sus páginas recorre la ilusión que supone amar, y el desgarro de no serlo, del abandono y la incomprensión frente al otro.

El día que me dejaste me quedé lleno de límites/ confusos, con un dolor de espalda/ y un estatus de sombra/ que espera una cita en un café desierto/ ahora amor soy el epílogo de un libro/al que han robado sus páginas y busca su estantería/ para poder morir en paz.

IMG_20160604_101927[1]Nietzsche y la música continúa la serie que el autor, B. Matamoro, ha dedicado a filósofos  y personalidades relevantes y su relación con la música. Fórcola ha publicado este breve ensayo en el que la tragedia y la música dramática, las complicadas relaciones con Wagner (y con el resto del mundo) que mantenía el filósofo y su propia búsqueda de lo absoluto cubren los capítulos más relevantes. Muy sorprendente y didáctico para quienes, como yo, no somos más que conocedores superficiales de la filosofía; la manera en la que se describe cómo extiende sus redes al resto de las artes y del progreso hacia el siglo XX y XXI es particularmente interesante.

Microcuento: En mayo…

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Espido Freire

Este microcuento forma parte de un proyecto muy especial, único, en realidad: y tiene la particularidad de no haberse impreso en papel, como siempre, sino sobre raso, en un cojín.

¿En un cojín? No, en cuatro. Mis alumnos, y algunos lectores saben de mi obsesión por saltar del formato papel a otro tipo de soportes: el texto, sobre todo el de los microcuentos o los aforismos, me parece idóneo para aparecer en lugares diferentes a los libros: así, he escrito cuentos para paredesfarolascamisetas, (con Kukuxumusu), para el packaging de cosmética o de zapatos (con Sacha London y Paco Gil), en láminas, en audio, y, por supuesto, en libritos que eran auténticas obras de arte, ilustrados, o troquelados.

Esa idea, además, tiene la ventaja de que no depende de una editorial. Algunas no publican cuentos, y menos aún microcuentos. Sin embargo, esos textos brevísimos encajan muy bien en trabajos para marcas, para una campaña o un producto específico. Algunas empresas destacan por su amor por lo exclusivo, lo  diferente, la creatividad y la palabra. En otras ocasiones, son campañas benéficas, ONGs o ediciones especiales o de lujo de marcas muy conocidas las que me piden que escriba un texto para ello.

Los escritores, pese a lo que los lectores puedan creer, estamos muy acostumbrados a escribir con “pie forzado”, es decir, sobre un tema determinado. Muchas veces nos imaginan en casa, guiados por nuestro capricho y con la mirada fija en el techo mientras esperamos la inspiración: eso no es así. Cada autor tiene una serie de temas preferidos y de simpatías, sobre los que por lo general escribe; algunos son elevados (la filosofía, la trascendencia, el desarrollo humano) y otros más terrenales (viajes, fútbol, gastronomía…)

Es habitual que un periódico, conocedor de que un escritor es experto o tiene interés en un tema, le encargue un artículo de opinión, o un reportaje. Los cuentos de verano son un encargo clásico de casi cada año. Lo mismo ocurre cuando una editorial nos pide un relato sobre un tema determinado para una antología. Piensen en los pregones. O en los prólogos a otras obras.

Yo no acepto ese tipo de sugerencias en mis novelas, porque son proyectos largos que nacen de obsesiones muy privadas, pero sí en artículos, ensayos, cuentos, conferencias o microcuentos;  y además me encantan como reto. Ya en el colegio me pedían poemas a la Virgen, el discurso de fin de curso, o la redacción de la primavera. Es cierto que nunca trato temas que no me apasionan, o que no me permitan libertad creativa. Pero hasta ahora las marcas han sido más respetuosas, y más arriesgadas a la hora de escuchar lo que quiero hacer que la mayoría de las editoriales.

El ejemplo que os traigo hoy son los microcuentos para el lanzamiento del concepto Noolor de la marca Evax. Quienes estaban tras la campaña, la agencia de comunicación Edemann y Whatsupsolutions, me dieron absoluta libertad: querían que diversas artistas (Alaska, Montse Ribe, Rosa Muñoz, Txell Miras y yo) interpretáramos el  concepto abstracto de Noolor.

Esperaban que yo escribiera un relato, pero frente al trabajo visual que, sin duda, presentarían mis compañeras, unos folios solitarios y encuadernados me parecieron tan sosos que me dio pena. Y pronto comencé a hilar ideas. ¿Por qué no emplear un formato que pudiera moverse, tocarse, estrujar? ¿Qué tal unos cojines? ¿Y un audio en el que se me escuchara leer los cuentos, para emplear otro sentido, ya que íbamos a prescindir del olor?

Una vez decidido, me centré en mi labor creativa: serían cuatro, uno por cada ciclo lunar, tan unido a la mujer, y por cada estación. Dos hablarían del placer de encontrarse a solas con nuestros sentidos, y dos de la relación madre e hija. Dos del momento presente, y los otros dos, de cuentos de hadas. Y destacarían dos palabras que, a su vez, formarían un mensaje. No se podía hacer más con menos. Fue un proyecto apasionante y precioso.

Para la presentación, que no se quedó atrás, escogí el prototipo de un vestido de Agatha Ruiz de la Prada, con una rosa amarilla natural en el pelo.  Recuerdo cómo me divertí desde el principio al fin de ese trabajo, cómo quedó perfectamente reflejado lo que todos queríamos transmitir. Y por casa siguen esos cojines, con mis cuatro cuentos. El del cojín de Rusia dice así: Artistas mundo noolor evax

“En Mayo ordenaba los armarios. Dejaba para el final el del pasillo, el más viejo. Cuando lo abría, el olor a madera le devolvía a su infancia en una casa que ya no existía, a los manteles de encaje e iniciales blancas, a los espejos con el azogue picado, a las bolsitas con hierbas que perfumaban las sábanas. Le traían a su madre, joven y cercana, su aroma a agua de rosas y a infancia sin problemas. Luego cerraba el armario, y el resto del día se sentía en paz”.

Y el dedicado la Luna Nueva de Invierno es éste:

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“Las noches de escarcha darán pronto paso a los amaneceres de nieve. El rey se marcha mañana. Mi hijastra duerme, ajena a todo, tan bella que inspira miedo. Los lobos han bajado del monte pronto este año, y la imagino sola, asustada en el bosque, entre los helechos, las ramas viejas, los árboles oscuros y el aliento del cazador. No importa lo que diga mi espejo: no la mandaré allí”.

Placeres sencillos

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Una mañana luminosa en un Madrid casi desierto. El sol en el rostro, antes de que llegue el calor insoportable. Los espacios recuperados en mitad de las caries de la ciudad. Los murales que cubren las paredes para embellecerlas, y no para ensuciarlas o reivindicar el nombre de quien lo hizo. Los huertos urbanos. Los edificios de ladrillo. Jugar a ser una señora cuando se tiene alma de niña.

La delicadeza de la seda sobre la piel, y del encaje contra la piernas. Una chaqueta ligera que abriga pero no estorba. Un libro leído en un intermedio entre prisas. El tiempo que se adapta a mí, por una vez. Un día regalado en mitad del mes. La esperanza. Una llamada inesperada.

Los árboles que florecen y convierten la calle gris en una gasa rosada. Un desconocido que gira la cabeza al pasar. Un vaso de agua muy fría. Una crema de manos. El café en un lugar agradable, porque sí. Correr en un semáforo en verde sin ninguna necesidad. Escribir una postal.

Sentirme viva.

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La blusa violeta es de Blanco,  y con su canesú alto y sus mangas con algo de vuelo refuerzan el aire ladylike. El bolso de idéntico color se puede encontrar en HM. La falda de encaje de color hueso es de Dolce Gabbana  La chaqueta fue confeccionada a medida en un tweed rosa; los zapatos tricolores pertenecen a la firma española Rebeca Sanver. Joyas muy discretas de oro blanco.

Las fotos se tomaron en Madrid, en La Latina, en el patio del Mercado de la Cebada, y en el Barrio de Salamanca. Dos mundos separados por media docena de paradas de metro.

 

En el jardín secreto

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Fui al colegio en un palacio, jugaba en el laberinto de setos de un jardín botánico, y las clases de gimnasia tenían lugar en el salón de baile, el Salón de los Espejos. No es el inicio de una novela, ni una fantasía adolescente: hasta que se construyó el nuevo colegio “La Milagrosa”, las niñas que estudiábamos con las Hijas de la Caridad disfrutamos de las instalaciones del Palacio del Marqués de Urquijo, en Llodio. Esos dos primeros años escolares incluyeron cenadores, capillas privadas, un río que cruzaba frente al colegio, y un estanque de nenúfares. Ahora, transformado en el Parque de Lamuza, el antiguo palacio sufre un lamentable abandono, denunciado de vez en cuando por algunas voces.

Creo que por eso siempre me he sentido cómoda en los palacios; algo de ese paraíso de la infancia quedó en mí. O eso, o que me encuentro mucho peor de los delirios de grandeza de lo que estoy dispuesta a admitir.

El último palacio madrileño que he descubierto es, por suerte, un precioso museo abierto al público, que ofrece las espléndidas colecciones de su antiguo dueño: el Lázaro Galdiano.  Me habían hablado maravillas de él incluso en otros museos, y lo cierto es que no exageraban. Cualquier objeto bello, cualquier obra de arte, era candidata a ser coleccionada por el incansable fundador. Lo típico de lo que cualquiera nos encapricharíamos: un Goya, un Bosco, un aderezo de diamantes, piezas de brocado del siglo VII… Sus talleres, y conferencias, y exposiciones temporales desmienten que en Madrid la cultura no tenga espacios donde, sin demasiado ruido pero con exquisito gusto, puede cultivarse.

La exposición que me llevó en esta ocasión al caserón de la calle Serrano 122 fue la del Libro Ilustrado que, de manera gratuita, se muestra hasta el 16 de junio. La riqueza de los ejemplares expuestos corta el aliento, y más si se tiene la suerte de una visita guiada. En mi caso tuve la suerte de que me atendiera Juan Antonio Yeves, su comisario y director de la Biblioteca, cuya pasión por los libros resulta contagiosa. Esas ilustraciones (desde las encontradas en los libros más antiguos a las técnicas más modernas) harán las delicias de cualquier impresor, o diseñador, o ilustrador gráfico. No siempre se tiene a cinco centímetros de distancia un Durero, o un Manucio.

Pero, además de esa belleza, me esperaba una sorpresa: en el jardín de museo han florecido los magnolios japoneses,  con sus flores rosadas en forma de cáliz. Esos árboles, ahora muy populares, resultaban extremadamente raros no hace tanto tiempo. Y, casualmente, junto con otros ejemplares exóticos, en el jardín del palacio de mi infancia existían dos. Sus pétalos, a diferencia de las magnolias convencionales, llovían por estas fechas. Años más tarde, en la Universidad de Deusto, un magnolio japonés florecía exactamente para los exámenes de febrero, y era centro de mitos y rituales: se decía que una hoja de ese árbol entre los apuntes provocaba que las preguntas que cayeran en el examen eran precisamente esas.

Me basta ver esas flores para sentirme feliz. Han aparecido mencionados en varios de mis libros, sobre todo, en los cuentos, porque me resulta complicado escribir y no hablar de mi pasiones, como es la botánica. Y así, me permitiréis que, en lugar de los libros-joya de las salas, que podréis ver por algunas semanas, os muestre esta breve y efímera belleza vegetal.

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Una visita a un palacio invita a vestirse como un princesa, y así me sentí con este vestido de gasa de Trucco que recuerda, con su estampado, a los que las damas de la época podrían haber lucido en este mismo jardín (el palacio se finalizó en 1909). He cedido a la moda de lucir dos pendientes de longitud diferente, pero, eso sí, los dos realizados con piezas de relojería, y un brazalete de pedrería. Los zapatos azules, con acabado de serpiente, son de Sacha London. Y, como siempre que llega el buen tiempo, he comenzado a trenzarme el pelo. Como hacía, cuando era niña, en los ratos muertos en el palacio. 

Recomendaciones espidianas de marzo

10.2

Desde que soy una niña siento una gran seguridad en las bibliotecas, y un punto de inquietud en las librerías. Han pasado 18 años desde que publiqué mi primera novela, pero las dos emociones perduran: el tiempo se detiene en las bibliotecas, los libros se prestan y perduran, hay más posibilidades de encontrar obras maestras que malos textos. En cambio, las librerías resultan abrumadoras, ofrecen demasiado, muestran todo a la vez, e incitan a comprar pronto, antes de que el libro desaparezca. Funcionan como novios poco convenientes, fascinantes pero volubles.

Algo así me ocurre con la crítica literaria, un terreno necesario, mas cenagoso; pasé de confiar a ciegas en las que aparecían en los suplementos literarios, a decepcionarme cuando aprendí algo más de la vida y del mundillo, a fiarme de las recomendaciones de algunos amigos de gusto afín: y eso he intentado hacer en mi caso. Recomendaciones, absolutamente subjetivas, de libros en los que encuentro algún valor.

Como leo de manera constante, y a una gran velocidad, me permito muchos caprichos que se desvían de lo que un gourmet literario aprobaría: mi dieta es omnívora. Muchos ensayos, novelas y relatos. Algo menos de poesía y teatro. Cómic, novela gráfica. Tesis y trabajos especializados. Géneros híbridos. Algo en digital, no mucho, la verdad. Infantil y juvenil. Libros que sé de antemano que son de bajísima calidad, o que no me gustarán, pero que leo para comprender gustos ajenos y entender mejor a lectores ocasionales. Muchas veces recomiendo a mis alumnos de comunicación libros mediocres, pero que abordan un aspecto determinado de la sociedad o de la psicología de una manera efectiva. Otras veces, sencillamente, me gustan novelas que no ofrecen una gran calidad, pero qué le vamos a hacer, me gustan. En esos casos, no defiendo que sean buenas. La filóloga que hay en mí mueve la cabeza, desesperada, pero se resigna y se va a un rincón a continuar con la lectura de Milton. Otras veces, la filóloga interior gana la batalla y recomiendo textos clásicos y pesados, con los que disfruto de la manera más pedante y esnob, pero que entiendo áridos para muchos lectores.

Espero que puedan ser interesantes para otros lectores, que se difundan (la labor de dar a conocer un libro es agotadora, y muy poco agradecida) y que permitan uno de los grandes placeres de los lectores entusiastas: el compartir los gozos secretos, el sentirse, en definitiva, menos solo en el mundo. Nunca he pretendido que esto fuera un blog literario. Me propongo recopilar una vez al mes los libros que he recomendado en una red social u otra; en algunas ocasiones serán más (leo entre veinte y treinta libros al mes) y otras menos, por que habré tenido menos suerte y no me parecerán tan especiales. Que disfrutéis.

Comienzo con El punto de vista, de Henry James, de Páginas de Espuma. Como esta editorial solo publica relatos, salvo excepciones muy puntuales, ya sabemos que nos enfrentamos a narrativa breve, que en el caso de James, no es ni mucho menos obra de segunda fila. Es adecuada para quien no se atreve con una de sus grandes novelas clásicas o quien ha leído sus imprescindibles Otra vuelta de tuerca, Daisy Miller, Las bostonianas, Las alas de la paloma.. Un librito de una belleza breve y duradera.IMG_3579

En la misma editorial resulta imprescindible conocer a Ana María Shua, una de las mejores cuentistas en lengua castellana, creativa, brillante y original. Yo leí su libro Contra el tiempo en una tarde de primavera lluviosa, aunque sus cuentos son perfectos para casi cualquier condición atmosférica. Rompen lo cotidiano y nos obligan a saltar a otros mundos y otras vidas.

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Una recomendación general; las obras de Julio Verne, visionario, amenísimo, una de esas mentes que no solo discurrían sino que han servido de inspiración a toda una civilización. Incluso aunque consideremos que va poco más allá de literatura juvenil (no es mi opinión), la desbordante imaginación, la ruptura de límites y el ritmo que acompañaba sus páginas merece que releamos algunas de las obras que Verne que, sin duda, hemos leído ya. La isla del tesoro que sostengo en mi mano ha sido publicada por Mondadori.

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Olvidad lo que habéis leído de literatura erótica: os guste u os aburra, esta novela, La pasión de Mademoiselle S., Anónimo,  supone un giro inesperado. En realidad, es la correspondencia de la enigmática Simone, que su amante conservó y (dicen) fue encontrada en un desván. Yo debo limpiar los desvanes equivocados… A lo que vamos, estas confesiones apasionadas de una parisina de los años 20 resultan muy modernas, muy osadas: incluso demasiado, en ocasiones. Componen una relación llena de deseo y de dolor, estupendamente bien escrita y descrita. Una pieza única publicada por Seix Barral.

13.2

Color, color y más color en las ilustraciones que ha esbozado el propio escritor de este libro, un joven autor polifacético, J.M Algar, que ha publicado Ediciones Hidroavión Todxs nosotrxs es su primer poemario, y lleva en sus páginas un cierto poso de desencanto y de dolor, incluso en sus poemas más irónicos, para de nuevo regresar a la vitalidad y la energía. Para lectores aficionados a las montañas rosas rusas risas emocionales.

1.3

Para una entusiasta del tema como yo, el que aparezca La historia de los fantasmas supone un pequeño sobresalto. ¿Estará R. Clarke a la altura de lo esperado? ¿Aprenderé algo? ¿Será ameno? Yo me rendí a él a las tres páginas, cuando comenzó a hablar de su fantasma particular. Una delicia. Lo ha publicado Siruela. Diré que además, lo releí a los pocos días. Una delicia. El vestido de encaje podéis verlo aquí.

27.2

Y por último, en marzo se cumplieron los 501 años del nacimiento de una mujer extraordinaria, una gran escritora, una mística reconocida por todas las religiones y una de las Doctoras de la Iglesia Católica. Teresa de Ávila, Teresa de Jesús, Santa Teresa. Una presencia que me ha acompañado durante un año entero, y que me ha ofrecido este libro Para vos nací (Ariel), como legado. Quería compartirlo con todos, porque para mí ha sido decisiva.

28.2

¡Hasta el mes que viene! Leed mucho; es un atajo a la felicidad.

Homenaje a Frida Kahlo

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¿Qué misterio rodea a Frida Kahlo para que sesenta años tras su muerte mantenga intacto el  atractivo de una mujer arrolladora, de una creatividad y una capacidad de sincretismo excepcional? En una sociedad obsesionada por la belleza física, la salud y la juventud, una artista feúcha, prematuramente envejecida y enferma desde niña, a la que incluso amputaron una pierna, se alza como un icono al que muchos admiran y todos reconocen.
Supe de la existencia de Frida cuando tenía ocho años, por una revista: sus Retratos, (con monos, con un traje de terciopelo, con fruta), me resultaron fascinantes; aún no me importaba su historia de amor. Quince años más tarde me regalaron un facsímil de su diario: había leído ya la obra de Elena Poniatowska sobre ella, y el personaje cobraba unos matices más complejos, desagradables, en ocasiones.  La última vez que escribí sobre ella fue en mi ensayo “Para vos nací“. Como Teresa de Jesús, Frida no distingue entre su cuerpo, su mente y su obra, brillantes, únicos y torturados. No se entiende quiénes fueron estas dos mujeres sin tener en cuenta sus enfermedades, ni su radical originalidad, la lucha constante por crearse una identidad única. Ambas emplearon la palabra como una manera complementaria de relacionarse con el mundo, y la dos, incomprensibles, efímeras, se encontraban con un amor más allá de toda lógica y fusionado con el arte.
Frida ha sido imitada, parodiada, idealizada. Se ha interpretado su vello facial como un homenaje a sus orígenes criollos (las descendientes de europeos mantenían el vello para distinguirse de las indígenas, lampiñas), como una manera de enfatizar su lado masculino, como una provocación, en definitiva. Las reinterpretaciones del atavío tehuano, los tocados de flores, los mantoncillos, todo formaba parte de una teatralidad intencionada que eclipsó a Diego Rivera y que amenaza ahora con oscurecer su propia obra, también. El legado político, emocional, el discurso de Frida Kahlo, en definitiva, no digamos ya su obra, va mucho más allá de lo visible y lo inmediato. Pero bien está que la imagen de una mujer tan poco al uso contrarreste la avalancha de lo políticamente correcto.
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Para este homenaje a Frida recuperé un precioso vestido de estampado en tonos rosas de Ailanto, con botones de perlas. Las joyas provienen de orígenes muy distintos: el collar de perlas cultivadas lo compré en Filipinas, el dorado fue un regalo del pintor Juan Adriansens y de su marido, Pedro. El otro collar, de cristal mate y coral, lo encontré en una tienda de antiguedades, y los pendientes de aro son de Ciudad de París. Me peiné con un pañuelo de seda de herencia, una mariposa de cuero dorado de HM y buganvillas y jazmines naturales. El maquillaje es de Chanel. Las fotos, pese a lo que parezca, no fueron sacadas en México, sino en el microclima subtropical de Motril, en el precioso hotel Casa de los Bates. Siempre es una buena senda el seguir los pasos de las grandes mujeres.

Pasapalabra (3ª Parte)

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¿Qué tienen en común Màxim Huerta, Eduardo Mendicutti, y Paloma López Borrero? ¿Y qué vínculo comparten conmigo? A primera vista, somos muy diferentes en edad, en orientación profesional, o trayectoria vital. Ni siquiera publicamos en las mismas editoriales. No procedemos de los mismos estudios, ni hemos vivido en los mismos países, ni nacimos en la misma provincia. Si embargo, en todas las ocasiones en las que me he encontrado con ellos (en la radio a Paloma, en firmas del libro a Eduardo, una de ellas mítica, un experimento raro previo a la Noche de los Libros que salió… bueno, entre mítica y rara, y en circunstancias más personales a Màxim) se han hecho evidentes varios puntos en común: un desmedido amor por las historias, las escritas, contadas, escuchadas, las anécdotas, la vida, los recuerdos… Un sentido del humor que no excluye reírse de uno mismo. Y una enorme calidez.

El mundo de la literatura, y más aún si se une al de los medios de comunicación, ofrece el peligro de que se pierda el sentido de la realidad. Ambos son absorbentes, y se alimentan del otro, del lector o del espectador. Convierten a los autores en referentes, pero también los objetualiza. Si hay algún asidero a la realidad, éste radica precisamente en la autocrítica y el sentido del humor. Nada más terrible ni desmitidicador que el comprobar que alguien a quien leemos, con quien nos hemos emocionado, es, en realidad, un divo, alguien que se toma demasiado en serio, una figura artificial hecha de fama, textos e imágenes.

Este tercer programas de Pasapalabra se emitió la víspera del Día del Libro, en el que el escritor Juan Goytisolo recibiría su Premio Cervantes con un discurso en el que recordaba que escribir no se aleja demasiado de una adicción. Centenares de personas acudirían a las firmas de sus autores preferidos, en Cataluña, con una rosa, además del libro. En las televisiones se colarían los libros, y los autores; muchos de ellos se ganarían para siempre al lector en la distancia corta. Otros los perderían por un mal gesto, una frase maleducada, su endiosamiento o un simple malentedido.

Espero que estos tres programas hayan servido para lo primero. Sé que mis compañeros lo han logrado.

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En este día lleno de palabras, el vestido de Dandara era perfecto para la televisión (rayas contrastadas, pero tan anchas que evitaban el moaré), y para anticiparse a la tendencia marinera que promete invadirnos este verano (qué verano no, por otra parte). Los zapatos de Paco Gil se inspiran en un relato de Fernando Marías, de manera que además del guiño al impermeable amarillo del psicópata de “Las dos caras del mal”, había una excusa literaria para usarlos ese día. El bolso azul, de pelo corto labrado, triangular, de Salvador Bachiller, emula al de Mary Poppins: es mucho más grande por dentro que por fuera. Las pulseras han llegado a mí a lo largo de los años; algunas provienen de mercadillos, otras de Suiteblanco, y alguna la heredé de una amiga. La gargantilla de placas metálicas es, en realidad, una pulsera pintada a mano, regalo de Juan Carlos Martínez Cañabate, que fue durante años director del Museo del Calzado de Elda, y alma ahora de la Fundación Paurides.  Labios rojos, una coleta con actitud…
Y así sobreviví al tercer día. Estoy impaciente porque lleguen los siguientes.