El mar te trajo

OLYMPUS DIGITAL CAMERAHace unos quince años la editora Ana María Moix me animó a publicar Aland la Blanca. Era un libro de poesía que se alejaba tanto de lo que entonces escribían los poetas de mi edad que de no haber sido por el apoyo entusiasta de la novísima no me hubiera atrevido a ello.  Otro de los Novísimos, Pere Gimferrer (nos conocimos en Seix Barral cuando yo publiqué Donde siempre es octubre),  también me animó.

Ana María fue la editora de Aland, en una colección muy cuidada y limitada que ahora es prácticamente imposible de encontrar. Ahora, entre otros proyecto, estoy corrigiendo y rescatando esa obrita rara, que tampoco encaja demasiado con la poesía que ahora ha logrado atraer a los jóvenes lectores; pero nunca se sabe. Mientras sacábamos estas fotografías, todo azul y sol y Mediterráneo, pensaba en ese poemario y en las viejas historias.

Aland la Blanca habla del mar, de las mentiras de nuestro origen y de los ideales imposibles. Del espejismo de convertirse en un héroe. El segundo poema dice así:

JANTES

Recuerdo la estatua de un caballo alado,
el cuello tenso, el fluir en el aire
y una mujer tranquila;
debió de ser mi madre.
Sólo eso queda de mi infancia.
El resto me lo robó un remolino.
Yo no recuerdo…
El brillo en el cielo,
el mármol del caballo, la luz.
Luego la noche.
Mi padre me pide que calle,
y junto a él arrojo las redes
en la bahía tranquila.
Las barcas se mecen suavemente,
voces de pescadores sobre el agua.
-¡Jantes, -gritan-, despierta!
Ya tendrás tiempo de soñar en el invierno.
Yo corro y les arrojo cuerdas
y aseguro las barcas al viejo muelle.
A menudo retorna el caballo alado.
Jugaba a sus pies, hubo una plaza.
En las noches solas, hablo con mi padre;
mueve la cabeza.
No regresan las cosas del pasado.
Tu vida está aquí, Jantes.
Cuando muera heredarás mi barca.
Como yo desangrarás el mar,
y con suerte,
encontrarás una ostra con perla,
un jarro de plata que te libre
de tostar tu piel y vender tu alma.
Gasté mis años en el puerto,
con redes remendadas,  atando barcas,
y un día de resaca, entre el pescado
salió del mar un brazalete.
Sentado en la barca agitada por las olas
contemplé el metal desconocido,
el dibujo de un laberinto, y en su interior,
el trazado, la marca de un caballo.
Así me enfrenté a mi padre,
con el brazalete ante mí como un escudo.
-¿Es que sólo he vivido entre mentiras?
¿Qué decías cuando hablaba de otra tierra,
de un país surcado por canales,
del castillo que dominaba el mar
desde un alto escarpado?
No, Jantes, son paisajes de tus sueños.
También yo los vi, y los perdí al crecer.
Yo te creía.
Recuerdo otra patria, otro hogar,
una mujer que me miraba reír,
barcos negros de negras velas,
un cielo luminoso que presidía la tierra,
un caballo de mármol de enormes alas
junto a la plaza cuadrada del palacio…
¿Por qué me has retenido?
Cuando te rogaba Déjame marchar,
seré mercader en las tierras altas,
y cuando regrese, te cubriré de oro,
abriré un nuevo camino al sur,
Vivirás en la gloria y la fortuna.
¿Qué decías?
No, Jantes, del sur no se vuelve,
no marches de Ilión.
Tú perteneces al mar, aquí has nacido.
La nostalgia anida lejos del agua.
Mentiras siempre. Dime ahora.
¿Quién soy yo?
No nací aquí.
Pocos recuerdos quedan de mi infancia
a salvo del remolino.
Mi país ya no existe:
sus ciudades las barrió la tormenta.
Su capital quedó arrasada.
Callé, el brazalete en mi mano
y mi padre inclinó la cabeza.
Las redes se extendían bajo sus pies
como olas rotas en un océano olvidado
y mientras las recogía, narró mi historia.
-Naciste del mar, el mar te trajo…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERALa camisa de crepé  es de Mango, y el bolso de rayas azules, negras y blancas también. Pueden comprarse aquí aquí. Los pendientes de perlas son de Tatiana Riego. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en Benicassim, mientras el mar hablaba.

Anuncios

No es la vida, es la luz

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

A menudo me encuentro con personas que atraviesan un mal momento y que tienen la generosidad de contármelo. Hace unos años me hablaban de trastornos de la alimentación, y todo el infierno que conllevaba. Ahora, desde que saben que superé una depresión al bordear los cuarenta, de la antigua enfermedad de la melancolía, de la tristeza, de cómo se lucha o se puede batallar contra un cerebro enfermo y que ha olvidado pensar bien.

No hay trucos, no hay atajos. La recuperación nos saca de un lugar muy oscuro, muy siniestro, pero no sin esfuerzo: yo conté con medicación, con terapia. No lo hubiera logrado sin ellas. Y sin mi decidida voluntad de no quedarme allí. Mi vida tuvo que cambiar por completo, mi manera de pensar y enfrentarme a los problemas está también experimentando transformaciones. Una mayor ligereza, una mejor organización. Menos dependencia de la mirada ajena, una gran disciplina de horarios y de objetivos. Decir lo que pienso, pero pensar mucho lo que digo.

Aunque resulte difícil comprenderlo a quienes no han padecido una enfermedad mental, uno no enferma porque lo desee: pero no se abandona la enfermedad sin el deseo de abandonarla. Ni se mantiene lejos de ella sin un cuidado que ha de ser tan constante y tan normalizado como la buena dieta, el ejercicio, o el resto de los hábitos que nos mantienen sanos. En el caso de la enfermedad mental, sirven como buenos aliados  la serenidad, el humor, la búsqueda de la belleza en lo que nos rodea, el cultivo de nuevas aficiones de las que no se espere mucho.

Para mí resulta esencial, y creo que ya lo será siempre, el ratito pequeño de paseo y de desconexión. Arreglarme un poco (a quienes trabajamos con frecuencia en casa se nos olvida), y salir a mirar qué hay ahí fuera, fuera de mi cabeza, quiero decir, de mi a veces demasiado intenso, demasiado incontrolable fluir de pensamientos. No es agradable ser así. Intento que no me haga daño, y sustituirlo por pensar con mesura. Esa frase tan sencilla  y tan imposible de cumplir de no pensar demasiado; porque si me dejo llevar por esa cadena de pensamientos sin tregua la vida se agrava y se complica, los problemas sofocan la mirada, la existencia se convierte en insoportable.

Un paseo, un rato para observar qué hay por ahí de dulce, de bello, de impresionante. Lo hecho por el hombre o por la naturaleza. Un gesto entre humanos, un aleteo de una paloma, un escaparate o un coche bonito. La gasolina disuelta en agua y convertida en arco iris en el suelo. Una pared pintada, un grito o un poco de viento.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Me sacaron estas fotos en el Palacio de Congresos de Valencia, el día siguiente de ser madrina en la VIU. Las horas posteriores a una gran alegría suelen conllevar un cierto vacío, un hueco que hay que completar con cualquier otras cosa leve y cotidiana que nos confirme que no siempre se puede vivir en lo alto de una ola de espuma y nada. Salí a dar un paseo, me encontré con niños, con unos perritos mimosos. La fuente y la luz invitaban a la sonrisa y a la calma. Estrené unos shorts de encaje de Mango, un top de manga corta de rayas de HM. Me puse mis sandalias bicolores de Paco Gil, y una cartera de Gucci. Una pulsera dorada de LaOneta.

Blanco y negro, el binomio de la vida, la realidad y la ficción. Sólo fue un paseo, un ratito. Tocaba de nuevo regresar a Madrid, al trabajo menos vistoso y a los contratiempos diarios. Reforzada, con un momento curativo como aliado. No hay tampoco otros trucos, ya lo he dicho. Vivir, mirar, respirar hondo, detenerse en algún detalle bonito. Y continuar caminando.

Mujeres inteligentes

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Tengo la suerte de vivir rodeada de mujeres inteligentes, con algunas de las cuales trabajo. Un buen puñado de ellas reúnen además la suerte de ser muy atractivas, o incluso auténticas bellezas, hecho que llevan con resignación y que jamás, que yo recuerde, han reconocido más que con amargura. Y, sin embargo, no me cabe duda de que todas ellas preferirían asomarse a la ventana y gritarle al mundo que son las más bellas del reino antes que afirmar abiertamente que son inteligentes. Como la hermosura, la agudeza mental ha de ser garantizada por los otros, las notas, las pruebas, o los resultados. Aún hoy en día, el que una mujer hable sin aspavientos de su capacidad intelectual despierta instantáneos recelos entre hombres y féminas: se dispara una alarma. Por encima de todos los logros, de la igualdad teórica, una joven o una anciana ha de mostrar modestia y discreción. Un eco Dickesiano: “Sé humilde, sé humilde”.
Yo, que no soy particularmente inteligente, pero que nunca le he encontrado gran encanto a la modestia, aún me extraño ante esa negación, ese bajar la voz. Incluso cuando abordamos los aspectos más enriquecedores de la inteligencia, y no la medimos por un cociente sino por, un suponer, capacidades emocionales, me he enfrentado a mujeres de una enorme riqueza sentimental pero que supeditaban ese logro a su falta de conocimiento. Se reconocen o reconocen a otras como listas, espabiladas, astutas. Se desprecian como manipuladoras o chantajistas, o autoritarias.  Si han llegado a una edad avanzada, se dice de algunas que son sabias. Un terrible ejemplo para las niñas y adolescentes, y una aterradora falta de modelos para las adultas. A diferencia del varón, que no ha tenido que conquistar el terreno social ni intelectual, porque por tradición son suyos, entramos de puntillas en esa esfera, sin decir nada, o lo que es aún peor, pidiendo disculpas.
Algo, sin embargo, está cambiando. Como siempre, se detecta antes en la esfera pública que en la privada. Aburridas de la dicotomía entre belleza e inteligencia, mujeres de influencia y visibilidad internacional no ocultan el que su cerebro ha tenido que ver en conseguir o mantener un éxito que las ha hecho famosas. Sharon Stone, Natalie Portman, Ashley Judd, Inés Sastre, Lisa Kudrow, Mayim Bialik, Emma Watson son ejemplos notorios, respaldados por títulos universitarios. Sin embargo, aunque nadie negaría que, asesoradas como sin duda están, otras modelos o actrices que han demostrado ser grandes empresarias, productoras o gestoras de sus carreras son inteligentes, pocas veces se destaca ese aspecto. ¿Es la inteligencia, junto con la ambición y la vanidad, algo prohibido a las mujeres? ¿Algo que está bien que otras muestren pero que conviene mantener en secreto, como parte de un perfil bajo? ¿O, por el contrario, nos gusta cada vez más esa voz pública, esas mujeres que resultan infinitamente más interesantes para hombres y para nosotras mismas cuando hablan que cuando callan?

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para acompañar este post me parecía importante escoger una minifalda, una de las prendas que se ha convertido en un símbolo de la liberación de la mujer, por mucho que haya tenido la segunda lectura de sexualizarla. Esta, de rayas casi carcelarias, es de HM. La camisa, de gasa, muy femenina y vaporosa, la firma Zara, y los zapatos, Suite Blanco. Llevo un anillo de Dimitriadis, y, en lugar de un bolso, un libro antiguo. Opuestos en apariencia que, en el fondo, casan bien. ¿No es eso muy parecido a reivindicar una personalidad?

Pasapalabra (3ª Parte)

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

¿Qué tienen en común Màxim Huerta, Eduardo Mendicutti, y Paloma López Borrero? ¿Y qué vínculo comparten conmigo? A primera vista, somos muy diferentes en edad, en orientación profesional, o trayectoria vital. Ni siquiera publicamos en las mismas editoriales. No procedemos de los mismos estudios, ni hemos vivido en los mismos países, ni nacimos en la misma provincia. Si embargo, en todas las ocasiones en las que me he encontrado con ellos (en la radio a Paloma, en firmas del libro a Eduardo, una de ellas mítica, un experimento raro previo a la Noche de los Libros que salió… bueno, entre mítica y rara, y en circunstancias más personales a Màxim) se han hecho evidentes varios puntos en común: un desmedido amor por las historias, las escritas, contadas, escuchadas, las anécdotas, la vida, los recuerdos… Un sentido del humor que no excluye reírse de uno mismo. Y una enorme calidez.

El mundo de la literatura, y más aún si se une al de los medios de comunicación, ofrece el peligro de que se pierda el sentido de la realidad. Ambos son absorbentes, y se alimentan del otro, del lector o del espectador. Convierten a los autores en referentes, pero también los objetualiza. Si hay algún asidero a la realidad, éste radica precisamente en la autocrítica y el sentido del humor. Nada más terrible ni desmitidicador que el comprobar que alguien a quien leemos, con quien nos hemos emocionado, es, en realidad, un divo, alguien que se toma demasiado en serio, una figura artificial hecha de fama, textos e imágenes.

Este tercer programas de Pasapalabra se emitió la víspera del Día del Libro, en el que el escritor Juan Goytisolo recibiría su Premio Cervantes con un discurso en el que recordaba que escribir no se aleja demasiado de una adicción. Centenares de personas acudirían a las firmas de sus autores preferidos, en Cataluña, con una rosa, además del libro. En las televisiones se colarían los libros, y los autores; muchos de ellos se ganarían para siempre al lector en la distancia corta. Otros los perderían por un mal gesto, una frase maleducada, su endiosamiento o un simple malentedido.

Espero que estos tres programas hayan servido para lo primero. Sé que mis compañeros lo han logrado.

4pa

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

5pa

En este día lleno de palabras, el vestido de Dandara era perfecto para la televisión (rayas contrastadas, pero tan anchas que evitaban el moaré), y para anticiparse a la tendencia marinera que promete invadirnos este verano (qué verano no, por otra parte). Los zapatos de Paco Gil se inspiran en un relato de Fernando Marías, de manera que además del guiño al impermeable amarillo del psicópata de “Las dos caras del mal”, había una excusa literaria para usarlos ese día. El bolso azul, de pelo corto labrado, triangular, de Salvador Bachiller, emula al de Mary Poppins: es mucho más grande por dentro que por fuera. Las pulseras han llegado a mí a lo largo de los años; algunas provienen de mercadillos, otras de Suiteblanco, y alguna la heredé de una amiga. La gargantilla de placas metálicas es, en realidad, una pulsera pintada a mano, regalo de Juan Carlos Martínez Cañabate, que fue durante años director del Museo del Calzado de Elda, y alma ahora de la Fundación Paurides.  Labios rojos, una coleta con actitud…
Y así sobreviví al tercer día. Estoy impaciente porque lleguen los siguientes.