El primer baño del verano

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En un momento dado la ilusión por el primer baño en el mar o en una piscina, la euforia de los niños por chapotear y saltar al sol se transforma, sobre todo para las niñas, en otra cosa: comienza la vergüenza, no por el comportamiento sino por su cuerpo, por qué parecen, por quiénes son.

En los tres libros que he dedicado al tema del cuerpo (Cuando comer es un infierno, Quería volar, y La vida frente al espejo) abordo el dolor que genera una idea errónea de la belleza, y cómo a lo largo de los últimos años hemos unido de manera errónea las emociones al cuerpo, la autoestima a la apariencia y la belleza a la juventud. Lejos de suponer una frivolidad, estamos hablando de un sentimiento de inferioridad y de vergüenza que experimentan, en mayor o menor medida, muchas personas. Casi todas las mujeres luchan contra ellos, y muchos varones comienzan a entrar en ese mismo círculo. En casos extremos se llega a la enfermedad: por lo general, produce angustia, condiciona actitudes y consume mucho tiempo y esfuerzo.

La exigencia alcanza por igual a mujeres bellísimas y a quienes no lo son tanto, a mujeres que viven de su apariencia y a quienes no lo hacen. Lejos de convertir la belleza en un motivo de satisfacción y el cuerpo en una fuente de goce, la apartamos de nosotros.

Pero el tiempo no vuelve. Si pudiera ahora regresar a la adolescencia y dirigirme a la jovencita que fui le diría lo que en su momento me repetían los adultos: que los años vuelan, que lo que creemos tan importante no lo es tanto, que no me hiciera daño, que expresara lo que sentía en lugar de transmitirlo con mi cuerpo, que esta carne y estos huesos no son más que el medio a través del cual vivimos y sentimos. Todo eso me lo dijeron, y no lo supe entender. Y ahora, que lo entiendo, y lo siento, creo que hay que contarlo no solo a las generaciones nuevas: también a las mujeres que antes de ese primer baño que debía ser tan jubiloso como en la infancia se miran y se critican sin piedad. Y ven sus cicatrices y sus cesáreas, sus varices y su vello, la celulitis y la flaccidez, los kilos y las arrugas el paso de los años como algo terrible, como un robo de la belleza y la alegría. Pero nada de eso es cierto: el cuerpo marca el paso del tiempo y de la vida, y debería ser un orgullo y una satifacción haber sobrevivido a todo y mostras las huellas como si fueran medallas.

No es justo con nadie. Nada debería hacernos sentir así, tan mal, tan inadecuadas, tan avergonzadas. Nadie debería. No lo permitáis. No lo hagáis. A criticar y juzgar, el llamado body shaming, se enseña y se aprende, y a ser tolerante, y generosa, y a volver a jugar y a disfrutar, también.

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Hay infinidad de marcas de ropa de baño, pero muchas mujeres se siguen quejando de que no encuentran prendas para ellas. La diferencia entre las expectativas y la realidad provoca mucha frustración, la sensación de que se diseña únicamente para chicas muy jóvenes o de cuerpos perfectos la acentúa. A mí me gusta mucho Anita since 1886 precisamente porque entiende a la perfección el cuerpo femenino: hay trajes de baño para embarazadas, tallas grandes… y trabaja muy bien la sujeción del pecho, lo que hace sus bikinis perfectos para mujeres de busto generoso. En otras ocasiones ya me habéis visto con diseños de esta misma marca.

El modelo que yo llevo es el Hermine, con braguita alta fruncida en los costados, y sujetador con drapeado, aros y tirantes regulables. Puede llevarse con un pareo a juego en los mismos tonos añil y blanco decolorados. Un poco hippy, muy chic, y tan favorecedor como veis.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en la piscina secreta del Hotel Sheraton Gran Canaria Salobre Golf Resort, con unas vistas maravillosas del entorno natural y un agua tan fría que primero corta la respiración y luego da la vida. En realidad, eso es lo mejor que nos da nuestro cuerpo: la experiencia, el frío, el calor, la sensación, el placer, la memoria.

Mi agenda de este verano

¿Dónde podéis encontrarme este verano, seguir un curso conmigo, verme en el escenario, o en una conferencia, o en un encuentro de fin de semana?

Si todo sale según lo previsto, las citas que tendré con el público y con alumnos este verano serán las siguientes.

Del 30 de junio al 2 de julio en el Valle de Iruelas tendrá lugar Diodati se Mueve, con los Hijos de Mary Shelley. Se trata de una experiencia de fin de semana en un precioso valle junto al lago donde el viajero revive la sensación de encontrarse en Villa Diodati, rodeado de escritores con los que convive y de actividades artísticas. Yo seré una de las anfitrionas, como ya lo fui el año pasado. Encontraréis el programa y la información aquí o en el teléfono 618 48 57 71

El 7 y 8 de Julio me encontraréis en la Feria del Libro de Alicante, donde presentaré Llamadme Alejandra, Premio Azorín 2017, tanto en la Feria (día 7 a las 19:00h) como en Monovar, en la Casa de Azorín, el 8 a las 12:30 h.

El 24 y 25 de julio estaré en Teruel, en los Cursos de Verano de la Universidad de Zaragoza, como profesora del XVI Curso de psicopatología de la adolescencia. Frente al espejo: trastornos de la imagen y la conducta alimentaria, con el doctor Ruiz Lázaro como director. En mi espacio abordaré el tema de los trastornos de la alimentación que he tratado ya en Cuando comer es un infierno y Quería volar. Si queréis matricularos encontraréis el programa y la información aquí.

Del 24 al 27 de julio seguiré en Teruel, en los Cursos de Verano de la Universidad de Zaragoza, como directora del Curso de Creación Literaria Avanzado con Espido Freire. Son ya más de diez años los que cumple este curso. Este verano se enfoca a un trabajo intensivo en creación, y está abierto tanto para novatos (tendrán que trabajar un poco más) como a alumnos que ya han trabajado conmigo. Aún hay plazas y podéis apuntaros, desde luego. Encontraréis el programa y la información aquí.

El 15 de agosto estaré en Jaca, con El hogar del monstruo y la compañía Hijos de Mary Shelley, con mi Abril en Estambul. Será a las 22:30 en el Palacio de Congresos, como podéis ver aquí.

El 28 de agosto estaré en San Sebastián, en la UPV, como profesora del Curso Si volviera a nacer, con Javier Urra como director y Javier Sádaba y Juan Manuel de Prada como compañeros. Es un curso centrado en la psicología y el crecimiento personal, y yo abordaré el tema El peso de lo que hice, el peso de lo que no dije. Si se comporta como el de los años pasados, será un éxito. Encontraréis el programa y la información aquí.

El 30 de agosto estaré en Laredo, en la Universidad de Cantabria, donde tengo el honor de clausurar los cursos de verano con mi conferencia Alejandra, hace un siglo de todo aquello. Trataré el tema que preside mi novela Llamadme Alejandra, Premio Azorín 2017. Será en el Salón de Actos del Centro Cultural “Dr. Velasco” (C/ López Seña, 8 – Laredo) a las 20:00h. Tenéis la información aquí.

Y el 17 de septiembre a las 20:00h estaré en Estepona para inaugurar el Festival de Cine Fantástico Costa del Sol. Allí interpretaré con Fernando Marías Esta noche moriremos, y con posterioridad mantendremos un encuentro con el público.

Tenéis la información aquí.

Y esto será todo por este verano. Será maravilloso si nos vemos, y si no… leed, descansad, viajad, amad, y nos seguimos encontrando por aquí.

 

Recomendaciones espidianas de Diciembre

17-2Pasó Diciembre, con sus deseos, sus regalos y sus libros. Y con algunas sugerencias de lectura…

1-3Diciembre ha sido un mes de recorrido y expansión para El chico de la flecha, mi nueva novela juvenil: entrevistas, presentaciones, y las primeras opiniones de los jóvenes lectores, sus padres y profesores. Le queda aún mucho por caminar, pero de momentos, me está dando muchas satisfacciones.

14-3La primera presentación fue en Mérida, la ciudad en la que transcurre la novela y hablé de ella ya aquí. Antes de encontrarme con los lectores en el Museo de Arte Romano organizamos una firma en Martín, Librería de Papel.  Unos días más tarde repetía suerte en Plasencia, en La Puerta de Tannhäuser, como también os conté aquí.

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27-1Las librerías con sección infantil y juvenil suelen ser especialmente bonitas, y crean una particular adicción: ojalá más personas las descubrieran. Resulta complicado defender que los chavales deben leer si no se les familiariza desde niños con los placeres de las bibliotecas y las librerías, si los padres no las frecuentan ni demuestran pasión por ellas.

22-1 Escribí esta frase para mi ensayo Quería Volar, como un anexo de recordatorio para los días difíciles, y la recogió Vuelvete a enamorar en sus preciosas láminas. Hay vees en que conviene apartarse de esas personas malintencionadas que tanto ruido hacen y que pretenden evitar que pensemos por nosotros mismos.  Hace falta silencio para saber lo que nos conviene.

img_20161227_204335_750Estrella de Diego ha añadido a su espectacular trayectoria el reciente nombramiento de Académica de Bellas Artes de San Fernando; es una autora de referencia en lo que concierne a género, y también respecto a la construcción de identidad(es). Tengo la suerte de coincidir con ella en algunos jurados de premios de ensayo, y hasta la fecha no he leído nada de ella que no me haya obligado a replantearme lo que pensaba de la realidad. Con este ensayo  No soy yo, publicado en Ediciones Siruela ahonda en la identidad del artista (pero también del espectador) en relación con el arte, en especial cuando es autobiográfico.

5-1Es esta una recomendación un poco diferente, que nos permite acercarnos a la intimidad de un creador desde la mirada de un niño, incapaz de comprender las contradicciones y la necesidad de coherencia de la obra. Ediciones Península ha publicado este libro de memorias de Alysia Abbott, Fairyland. Un canto de amor a su padre, el gran poeta Scott Abbott, que la crió, viudo y homosexual, en el San Francisco en el que el SIDA comenzaba a hacer estragos. Aunque cada año dedicamos una jornada al a Mundial de la lucha contra el SIDA. Conviene recordarlo todos los días, y abrir la mente respecto a los tópicos sobre orientación sexual que tanto dificultan la igualdad. img_1860Recomiendo menos cine del que debería: los libros se llevan gran parte de mi atención, pero no toda. Ese mes, por ejemplo, he visto algunas películas más que interesantes: Animales nocturnos, o Comanchería son dos de ellas. Y además, no puedo pasar por alto que por fin he acabado de ver esta compilación: la edición en lata de los doce mejores títulos de Truffaut. Un regalo perfecto para quienes no se quieren ceñir a fechas fijas y a convenciones.

img_20161227_203506_841El 10 de diciembre celebramos su cumpleaños: Emily Dickinson, esa críptica poeta cuyo mito de mujer de blanco encerrada en su casa ha ocultado muchas veces su relevancia como autora. Sabina Editorial ha recopilado, traducido y editado su obra completa de la mano de Ana Mañeru Méndez y María Milagros Rivera Garretas  en una preciosa edición bilingüe, acompañada de tres CDs de audio. Además de recomendarla, os dejo la reseña que he publicado en Zenda para que podáis echarle una ojeada aquí.

Los tres tomos, con sus cuidados detalles, merecen la pena ser bien mirados y apreciados.

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img_20161227_203738_709Y, por último, nunca os olvidéis de las librerías de viejo: ahora, tras la crisis, han proliferado. Las recomiendo como entusiasta lectora (como escritora se te rompe el alma si ves entre sus estantes tu libro a precio de saldo), y como curiosa impenitente. Sin historias ya escritas, ¿cómo podríamos contar las nuevas? 23-2

Días de mar y oportunidades

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En la película Brooklyn, basada en la novela del mismo nombre del escritor Colm Tóibín, la joven protagonista, Eilis Lacey, una muchacha brillante, no encuentra trabajo en la deprimida Irlanda de 1950, y emigra a EEUU, donde se instala en el barrio de Brooklyn. Cuando regresa a su pueblo, se trae con ella un traje de baño de lycra que causa sensación entre sus amigos: el spandex, esa milagrosa fibra sintética, había aparecido para cambiar la historia de la moda y de la tecnología de los tejidos de la mano de los laboratorios DuPont de Waynesboro, Virginia.

Lo que la jovencita irlandesa vive como una liberación, como un gesto de progreso, ha traído por la calle de la amargura a infinidad de mujeres; el traje de baño, o el bikini dejan de asociarse al sol, el agua, el mar o la diversión a una edad muy temprana. Los psiquiatras alertan que la conciencia física de ser adecuado o no despierta en los niños, y en particular en las niñas, a una edad cada vez más temprana, y que la sensación de avergonzarse al ser visto en público en traje de baño se registra independientemente del pudor o la timidez: tiene que ver con sentirse o no hermosos.

No hablaré hoy de los trastornos de la alimentación, que son la manifestación más dolorosa de ese malestar generalizado: aquí quiero limitarme a quienes, sin más, evitan el momento del traje de baño, se cubren, se tumban en la hamaca, se observan en el espejo con disgusto.

Existe un concepto llamado en inglés body shame, o vergüenza corporal. Parte de un hecho muy sencillo: las mujeres contemporáneas no odiamos nuestro cuerpo sin razón. Nos han enseñado, de una manera constante e incluso agresiva, a hacerlo. Además de la imágenes que bombardean de una manera constante con el canon de belleza ideal, existen otras que muestran cómo no se debería ser: el juicio al cuerpo de la mujer, y el análisis despiadado que decide que está gruesa, demasiado delgada, vieja, arrugada, carente de gusto, operada, no se limita, como antes, a revistas de gran distribución y baja calidad, o a programas de cotilleo: han contaminado las redes sociales, los comentarios en prensa, y las conversaciones en el día a día. Esos comentarios, a veces dirigidos de manera directa a la mujer en forma de insultos o de consejos denigrantes (tápate, a ver si te cuidas, qué edad crees que tienes, deja de comer, a ver si te comes un bocadillo, con esos pies yo no me ponía sandalias, anoréxica…) fomentan y alientan esa vergüenza corporal.

Como resultado, muchas mujeres obedecen tácitamente esas normas de control: hacen lo posible para que su cuerpo no les resulte no ya agradable, sino no vergonzoso. Sin embargo, la lista de lo que fomenta el body shame es interminable: la celulitis, las estrías, la flaccidez, el tamaño de cada miembro, el vello, las varices, la textura de la piel, las pecas, las manchas. Al fijar de una manera tan detallada la atención en cada pequeño rasgo, el cuerpo deja de ser percibido como una unidad, que tiene gracia, atractivo, o sentido en toda su extensión, con la voz, el gesto, la personalidad o los movimientos.

Solo alguien muy superficial consideraría este fenómeno como superficial: cuando un porcentaje tan amplio de población se encuentra a disgusto en su piel, y esa emoción se encuentra potenciada no solo por quienes encuentran intereses económicos en ellos, sino que la custodiamos y controlamos y potenciamos entre nosotros, es tiempo de abandonar la reflexión y comenzar a cambiar actitudes y frases.

De nada sirve el esfuerzo de intentar la aceptación de nuestro cuerpo si al mismo tiempo continuamos criticando los de los demás. No resulta coherente.  Ya no basta echarle la culpa a ese fantasma sin rostro que es la sociedad. En las manos, o en las voces de cada uno, se encuentra la posibilidad de atajar el body shaming, de no formar parte de él, de analizar por qué, cuando duele tanto ser criticada, entramos con tanta facilidad en la crítica, incluso en justificarla con frases como: es un personaje público, nunca se va a enterar, si pone esa foto es para que opinemos, no la soporto, o con el dinero que tiene, podría

Yo misma no he sido ajena a la feroz crítica ante el espejo con que he juzgado mi cuerpo; durante años no vestí un traje de baño, ni un bikini. A la desmesurada exigencia de perfección se unía una creencia muy generalizada: las mujeres con una profesión intelectual, o al menos, seria, no tenemos cuerpo. Mi experiencia, por desgracia, es que ese prejuicio continúa vigente. Hay quien cree que resta seriedad a cualquier pretensión de profesionalidad, o quien se siente genuinamente ofendido por fotografías o atuendos que consideran propios de actrices o modelos, pero no de alguien que se dedique a la literatura.

A estas alturas del partido, miro atrás y siento cierta lástima por esa chica más joven, tan deseosa de cumplir con tantas exigencias, de hacer las cosas bien, de evitar críticas que llegarían, inevitablemente; nunca seré joven de nuevo, ni siquiera ahora que ya no soy precisamente joven, y cada oportunidad de divertirme, de ser un poco dichosa, no se repetirá. Bien está lo que se vivió. Pero mejor estará lo que quede por vivir.  OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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La primera ocasión de vestir un bikini este año llegó en Menorca, a bordo del Siau Qui Sou de Adamastor1967, un precioso barco en el que recorrí algunas de las calas y las playas de la isla. Los dos modelos que llevo son de la marca Rosa Faia. Tienen muchísima experiencia en lencería y son excelentes corseteros, en especial para mujeres con curvas, prendas pre-mamá… y trabajan una gran diversidad de copas; la diferencia entre un bikini con un sujetador de triángulo, bonito pero con poca o nula sujeción, y una copa bien adaptada la valorarán quienes lo prueben.

El bikini negro tiene unos pequeños apliques de metal muy ligero en los tirantes. Lo encontráis aquí. La referencia es  L5-8799. Lo he combinado con este poncho, que es ligerísimo y se puede usar de varias formas.

Respecto al traje de baño (recordad: aquello con lo que nos bañamos es un traje de baño: bañador es la persona que se encarga de bañar a otros) me fui al otro extremo, al color y el estampado cítrico. Podéis verlo aquí. En este caso, el pareo, en gasa azul en tono  degradado era este. Las pulseras son de Blanco, y las gafas de sol de Musthave.

Es importante no olvidarse de la protección solar, que en mi caso era +50 de Lancaster, y de hidratarse a menudo. Y de comerse el mundo: hay pocos días de sol, mar y oportunidades, y no hay que desperdiciar nada de todo eso.

Vestida de princesa

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Cuando tenía unos 5 años sabía perfectamente qué requisitos le pedía a un vestido para que me gustara: debía ser rosa, de terciopelo o raso, con encaje, con bordados, con vuelo, con crinolina, con lentejuelas, y que llevara todo a la vez no era en absoluto un inconveniente. A los 41, mantengo más o menos los mismos gustos, que se fijan muy pronto en la psique infantil, y solo a fuerza de contención minimalista logro convencerme de que no es necesario que todo, todo, ocurra al mismo tiempo en el mismo vestido.

Había otro requisito; el que tuviera un cierto toque festivo, o que lo llevara una princesa. Durante mi infancia, la invasión de Disney no había llegado a la voraz fagocitación contemporánea, y su nombre y “princesa” no se asociaban de manera tan íntima como ahora: para mí una princesa era Sissí emperatriz, las de las ilustraciones de María Pascual, o las de las muchas películas históricas que emitían en la televisión pública en horario infantil. Contaban con mayor variedad de vestuario que la gama de colores de las princesas actuales, aunque eso no significa que a esos vestidos aspiracionales les faltara ni un volante. Ni un frunce.

Por desgracia, como “princesas” se conoce también hoy en día a las chicas jóvenes que padecen anorexia o bulimia, que no han desarrollado aún conciencia de enfermedad y se animan las  unas a las otras a continuar enfermas, con consejos, carreras de pérdidas de kilos o claves personales. Se expresan a través de las páginas o perfiles web pro-ana y pro-mia: mientras esperamos una legislación menos permisiva para esta comunicación cibernética, es interesante que recordemos que el 30 de noviembre se celebra el día contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria o TCAS, y que queda mucho por hacer contra estas enfermedades tan poco comprendidas y tan destructivas. Que en estos momentos no se hable de ellas no significa que hayan desaparecido, en absoluto.

(Si tenéis algún caso cerca quizás queráis informaros sobre mi libro Quería volar: cuando comer era un infierno o sobre la pulsera Libélula, una iniciativa para animar a las enfermas y visibilizar los TCAs)

 

 

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Me alegré mucho, y ahora ya sabéis por qué, cuando encontré este vestido en Mango. Encaje, mucho encaje,unas preciosas mangas con volumen, y un rosa empolvado. La caída del tejido logra que, aunque siga el corte de mis temidos babydolls, que reúnen las maléficas características de achatar, aumentar ópticamente y anular cualquier curva existente, resulte cómodo y favorecedor. Aunque yo lo uso para un look de diario, soporta perfectamente situciones más formales, o compromisos sociales, si los complementos se mantienen simples y nobles. Yo le resté algo de seriedad con un bolso de tweed y collage de vestiditos recortables, de Laga, y unos zapatos salón de SuiteBlanco. Los pendientes y el anillo vienen de Ciudad de París. Como no encontré un castillo cerca, tuve que conformarme con un trampantojo en la calle Ayala, en Madrid.

Muchos ánimos para quienes luchan contra los trastornos de la alimentación: hay muchas formas de sentirse una princesa, y todas ellas pasan por la salud y por la lucha por conseguir el bienestar emocional. Todas.

“Quería volar” y “Libélula”: optimismo frente a la anorexia y la bulimia

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Hace algún tiempo los padres de una enferma de TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria; las siglas incluyen anorexia, bulimia, vigorexia, trastornos mixtos…) me pidieron que interviniera en un documental sobre cómo esta dolencia afecta a las familias, a las enfermas y a su entorno. El enésimo intento de que la sociedad comprenda mejor la gravedad y el dolor que arrastran quienes ven su vida invadida por esto.
No es ningún secreto que yo padecí un TCA en mi adolescencia: años más tarde, ya desde la conciencia que da la recuperación, escribí Cuando comer es un infierno. Desde entonces, mi compromiso con los trastornos y quienes los sufren ha sido total: a principios de los 90, cuando enfermé, había muy poca información, ninguna alarma social (llegaría luego con la anorexia) y escasos medios. Veinticinco años más tarde, algunos hechos han mejorado, pero la enfermedad está ahí, y continúan los mitos. Como que solo afecta a chicas jóvenes (hay un importante porcentaje de adultas y de varones). O que el problema es la comida y querer adelgazar, (el origen son las emociones y cómo expresarlas, y la relación con la alimentación el síntoma). O que se quitan con dos bofetones a tiempo (es un problema del que nadie tiene la culpa, y el entorno ha de intentar comprenderlo, hablar con quien lo sufre, y seguir las indicaciones de los doctores) o que se pasa con el tiempo (la terapia es necesaria, tanto física como psicológica).
En su momento doné el importe del Premio Chocrón 10 personas 10 a las asocaciones de TCAs, para una mejor difusión de la enfermedad. El año pasado publiqué Quería volar, (Ariel), una revisión de mi ensayo original que recopila más entrevistas y trastornos distintos, lo que he aprendido de distintos profesionales a lo largo de los años, y una visión mucho más positiva. Pese al sufrimiento, un buen tratamiento logra que se deje atrás la enfermedad. La vida debe cambiar, el entorno, también, pero ese trabajo supone un gran conocimiento personal, y una base extraordinaria para otros aspectos de la existencia. En ocasiones, el énfasis en el dolor y en la fase de lucha aguda contra una misma oscurece otras cosas: la voluntad de vivir, el apoyo del exterior, la oportunidad que surge cada día, el valor que requiere mirarse al espejo y sonreír. Y para recordar ese lado positivo y ayudar a las enfermas en recuperación, diseñé junto con Verdeagua la Libélula, una pequeña joyita de oro y raso que simboliza el resurgimiento, los deseos de volar y sobre todo, que indica que la enfermedad es una fase, que se puede salir. Mujeres como Carme Chaparro, Raquel Sánchez Silva, o Alma Obregón, la han lucido como muestra de apoyo.

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Para la grabación del documental, además de un vestido hindú modificado por mi modista, llevé unas alpargatas doradas de Zara, un bolso morado de Elite Model y la Libélula como gargantilla, y no como pulsera. Colores alegres y lentejuelas que quieren transmitir optimismo, aunque hablemos de algo serio. Si queréis adquirir la Libélula podéis hacerlo aquí. Para pedir ayuda, consultad a vuestro médico de familia o en las asociaciones. Hay muchas. Fuerzas y ánimos a quienes sufren ahora y a sus familiares. De esto, puedo decirlo en primera persona, se sale, y la vida es infinitamente más bella después.