Sed buenos… si podéis

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Así como tengo mis reservas con los adultos, y por los niños siento simpatías o antipatías instantáneas, los adolescentes me gustan todos, sin excepción. Desde luego, eso me ocurre ahora que por edad podría ser madre de un par de ellos. De adolescente, de hecho, los observaba como un entomólogo a un mosquito tigre.

Salvo que los profesores me indiquen lo contrario, en mis encuentros o charlas con adolescentes no centro el discurso únicamente en la literatura: hace algunos años los programas de animación a la lectura permitían que los chavales trabajaran con cierto tiempo algunos textos. Las posteriores reformas educativas no solo han limitado las horas de literatura en el instituto, sino que han acabado casi por completo con los encuentros con los autores. Ante esos hechos consumados, intento transmitir a los alumnos un mensaje que pueda calarles a medio plazo, y que trate valores como el esfuerzo, la necesidad de formarse, la vocación, y el amor por la lectura y el lenguaje.

Siempre abordo el tema de los trastornos de la alimentación, y del acoso. Nunca podré olvidar que yo sufrí uno cuando tenía su edad, y que el desencadenante fue, precisamente, la presión que unos adultos ejercieron sobre mí. No les oculto a las niñas el que la sociedad les presentará mayores dificultades y desafíos, y le animo a que los aborden con valor, y a que busquen referentes y modelos sensatos. Y, en los últimos tiempos, trato siempre el éxito y el fracaso.

En particular, el segundo: una biografía no se compone únicamente de logros. En un momento en el que el bombardeo de historias de triunfos solo se ve superado por la crónica de corrupción y de vergonzosas negaciones de responsabilidades, añoro que se hable de los errores admitidos. De la dignidad. De lo que se aprende de un error, si se acepta y se corrige. De que mantener las apariencias a toda costa conduce a la infelicidad y, en alguna personas, al delito. De la importancia de ser adaptable, dúctil, de lidiar  con la frustración.

Les hablo de los premios que perdí, y de los que sigo perdiendo. De los proyectos que me han rechazado. De la incomprensión ante quienes te odian sin motivo, o te envidian sin conocer que hay pocas razones para ello.  No maquillo la decepción que supone. También añado que si no fuera por lo que no sale como espero, no rectificaría, ni aprendería gran cosa.

Y les intento transmitir que, pese a todo, los esfuerzos merecen la pena y se ven recompensados en muchas ocasiones. Que intenten ser buenas personas; o, como decía San Felipe Neri, que lo sean si pueden. Eso será más de lo que muchos adultos hayan logrado.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMe pareció que algo tan angelical como los errores de carácter, o el Santo Neri (patrono, por cierto, de los docentes y de los humoristas, que nació el mismo año que mi Santa Teresa y fue además canonizado el mismo día que ella) debía acompañarse de un vestido blanco. Creo que nunca tendré suficientes vestidos blancos. Es un Diógenes parcial, específico y textil, que no parece de fácil curación, al menos mientras existan vestidos tan bonitos como éste de Mango.

Con su talle bajo, está cuajado de encaje y tul, lo que le da cierto aire a los años 20. Eso significa un extra de belleza y sofisticación, pero también que nos olvidemos de ceñir silueta o marcar cintura.  Como el protagonismo de la tela resulta evidente, solo añadí unos brazaletes azules, unos peep toes de Paco Gil, y unos pendientes de cristal. Me pinté las uñas con un esmalte nacarado de OPI y, ya que el día que saqué las fotos soplaba un viento gris en Alicante, me recogí el pelo con una trenza. Puede que no sea buena, pero tengo aspecto de serlo…

Anuncios

Ambiciono

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

-¿Cómo deseas sentirte? -me preguntaron en Lush Spa.

-Quiero recuperar mi ambición -contesté. No me pidieron más explicaciones ni yo las di. Me encontraba en la cocina verde y acogedora del cottage del spa, ante un agua infusionada  con fresas, y una serie de palabras entre las que podía escoger: paz, serenidad, confianza, autoestima.

Me aguardaba más de una hora de tratamiento, el tratamiento insignia de Lush, llamado Synaesthesia. La sinestesia, un recurso poético que nos habla de aromas dulces, de colores duros, de luces ruidosas,  servía en este caso para una estimulación constante de los sentidos: la aromaterapia, una música compuesta para cada una de los tratamientos y un masaje interminable.

Ambición, pensaba, mientras cerraba los ojos, en la penumbra de la sala de masaje, con la música a un volumen un poco más elevado del habitual y mucho más descriptiva de lo acostumbrado. Ambición. Me aplicaron un calor seco en los pies, y un masaje en el cuero cabelludo, una de las sensaciones más agradables que conozco. Más piedras calientes, en los puntos que coinciden con los chakras. Y la música continuaba; evocaba un mediodía radiante en el cambio, para pasar por la noche, el amanecer y regresar de nuevo al mediodía al final del tratamiento.

Quería recuperar mi ambición, esa fuerza poderosa que se encuentra en el origen de los sueños, por dos razones: la primera, el que durante los dos últimos años mis prioridades se habían centrado en otros objetivos. La serenidad, la paz mental, la lucha contra el perfeccionismo o la búsqueda del ocio. La ambición, que tanto me había ayudado en mi vida y en mi carrera, había quedado aparcada hasta que tuviera fuerzas para recuperarla.

La segunda razón tenía que ver con la mala fama de una palabra que ha sido, durante siglo, patrimonio de los varones. La ambición convertía a las mujeres en unas Lady Macbeths manipuladoras, en causantes de la ruina familiar, en medusas capaces de congelar el corazón humano. En esa visión social de la mujer como parte de una estructura, sin función propia, la ambición, la vanidad o la pereza eran pecados imperdonables. Y sin embargo, qué necesaria es para las generaciones más jóvenes, como una forma de mirar al futuro con decisión y de planificar una vida mejor.

La música avanzaba, y me llevaba a terrenos ya transitados. Con la relajación profunda, las ideas surgían con mayor claridad, las asociaciones entre un concepto y otro fluían suavemente. Regresaba en mi mente a los caminos que en su momento no escogí, o a los errores de los que aprendí algo. A las siestas en verano con la orquesta de las chicharras entre la hierba, bajo un manzano.

 Y tras ese tiempo de ensoñación, mi piel quedó suave, con un olor delicioso y una sensación cálida. Y las emociones experimentadas habían pasado por altos y bajos, por la falta de miedo y el deseo de llevar a cabo nuevas ideas. No sé si eso era lo que esperaba de la ambición: pero se le parece mucho.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA No lo sabía cuando me vestí esa mañana, pero los tonos metálicos y oro encajaban bien con el tratamiento elegido. Los pantalones dorados son de HM, y los zapatos, un gran éxito de temporada de Mango. El anillo de oro con un zafiro fue un regalo familiar por  mi Comunión, (mis dedos nunca crecieron), y los pendientes, en este caso con amatistas, fueron diseñados por Daniel Espinosa. La laca de uñas lleva el nombre de OPI.

Placeres sencillos

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Una mañana luminosa en un Madrid casi desierto. El sol en el rostro, antes de que llegue el calor insoportable. Los espacios recuperados en mitad de las caries de la ciudad. Los murales que cubren las paredes para embellecerlas, y no para ensuciarlas o reivindicar el nombre de quien lo hizo. Los huertos urbanos. Los edificios de ladrillo. Jugar a ser una señora cuando se tiene alma de niña.

La delicadeza de la seda sobre la piel, y del encaje contra la piernas. Una chaqueta ligera que abriga pero no estorba. Un libro leído en un intermedio entre prisas. El tiempo que se adapta a mí, por una vez. Un día regalado en mitad del mes. La esperanza. Una llamada inesperada.

Los árboles que florecen y convierten la calle gris en una gasa rosada. Un desconocido que gira la cabeza al pasar. Un vaso de agua muy fría. Una crema de manos. El café en un lugar agradable, porque sí. Correr en un semáforo en verde sin ninguna necesidad. Escribir una postal.

Sentirme viva.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

La blusa violeta es de Blanco,  y con su canesú alto y sus mangas con algo de vuelo refuerzan el aire ladylike. El bolso de idéntico color se puede encontrar en HM. La falda de encaje de color hueso es de Dolce Gabbana  La chaqueta fue confeccionada a medida en un tweed rosa; los zapatos tricolores pertenecen a la firma española Rebeca Sanver. Joyas muy discretas de oro blanco.

Las fotos se tomaron en Madrid, en La Latina, en el patio del Mercado de la Cebada, y en el Barrio de Salamanca. Dos mundos separados por media docena de paradas de metro.

 

De romances va la cosa

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

¿Y por qué en tu blog, si eres escritora, casi no hablas de literatura? Precisamente, porque es mi blog, y hablo de lo que se me antoja, y va a peor, porque me voy soltando, me voy soltando. Y porque después de tantas horas y tantos años dedicados a la literatura, a veces apetece tratar de cualquier otro tema…

Pero hoy, por listos, toca entrada literaria. Porque es Lunes de Pascua, de Pascua Florida, un día festivo en muchos lugares, de celebraciones familiares, reencuentros de padrinos y ahijados y alegría por la llegada de la primavera y el triunfo sobre la muerte. También día de sufrimiento hepático: el ayuno forzoso de la Cuaresma, que incluía carne y huevos, llegaba a su fin, y los huevos, primorosamente cocidos o conservados en cal durante ese tiempo, se regalaban, se entregaban como pago de impuestos o se devoraban sin tregua.

Pero, a lo que vamos. El Lunes de Pascua marcaba también el momento en que, tras las treguas de los días santos, los caballeros se adentraban en tierras de moros para buscar gresca o ganar renombre. Los romances de cautivas se sitúan en ese día, en el que un mozo aburrido de misas y comidas en familia marcha sobre su caballo a buscarse una chica con la que divertirse, y la va a hallar en las fuentes o los arroyos donde las esclavas se ponían al día con la colada familiar.

Mi preferido es el de Don Bueso, o Don Boiso, que podéis leer aquí,  analizar aquí, o escuchar aquí.

Obviamente, no gozo yo de carácter de protagonista de romance: porque estoy un lunes por la mañana, en un marzo fresquito, lavando a mano en un arroyo la lencería de mi señora, que se me antoja un planazo, y se me acerca un chulito musculado con cota de malla y me dice que me aparte que su caballo tiene que beber, y le falta campo para correr, al corcel y a quien lo traía.

Pero no, comienza el roneo, el cortejo, el jiji jaja en la fuente, y él que si te vienes conmigo, ella que no sé, él que si la va a cubrir de finos paños de seda, morena, y ella ay, y qué hago con la ropa lavada. Que esa es de las típicas frases para quedar bien cuando ya has decidido que te vas con él, porque a ver qué excusa es “¿Y qué hago con la ropa?”. Pero Bueso, que tiene ojo para el traperío, recomienda que se quede con la cara, y que la otra no compensa. Cosa que cualquier estilista aplaudiría.

Vanse, pues, y tras siete leguas de incómodo silencio, la ex lavandera rompe a hablar: que si conozco estas tierras, que si mi hermano era protaurino, que si mi madre venía de muy buena familia… hasta que al chico, al que la pasión se le está bajando por momentos, se le ocurre preguntarle cómo se llama. Lo cual me refuerza en mi idea de que el ternerico con muy buenas intenciones no iba, y que ella tampoco es que tuviera muchas luces.

En resumen: que la chica revélase como la hermana perdida de la familia, que se la llevaron los moros, y mucho no la debieron buscar, porque si la tenían a siete leguas en pleno campo abierto, vamos, a treinta y cuatro kilómetros de distancia, y Bueso la encuentra a la primera que sale de su área de confort, tampoco es que rastrearan la zona a lo CSI. Lo que queda confirmado por la manera en la que la madre recibe, tras años de ausencia, a la recuperada hija. ¿Esta es mi hija? Por Dios, qué descolorida, peínate, que me traes unos pelos, niña… Mamá, que me he pasado siete años en una fuente al aire libre, do caballos beben y con culebras y sin protección solar. Que he estado a dieta detox de berros. Pero la madre, al parecer, ni caso. ¿Y el hermano? ¿Quédase, acaso a la reunión familiar, y a que Rosalía cuente una y otra vez lo mal que lo ha pasado y su trauma? No: antes bien, acuciado por las hormonas, sale de nuevo en la misma dirección, sin duda alentado por el pensamiento de que, si ya ha encontrado a la hermana, con la siguiente cautiva que se tope habrá plan.

Noble e instructivo romance, flor de las letras castellanas, y que dice mucho de la educación sentimental que cristaliza, aún a día de hoy, entre nuestros jóvenes.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En este soleado lunes de Pascua he optado por un look hiperfemenino; una blusa blanca sencilla, con una preciosa falda de tul negro de Gemma Fradera BCN que le da un aire renovado al clásico blanco y negro. Lo acompaño de las pulseras-cadena de oro blanco de Aristocrazy, los zapatos Viuda de Sacha London (inspirados en mi cuento del mismo nombre) y un bolso ataúd con la Union Jack, porque algo gamberro tenía que meter.

Y con esta breve lección de épica costumbrista, pasada por el filtro menedezpidaliano y definitivamente espidizada os dejo que disfrutéis de este radiante lunes.

Tema de la redacción: la primavera

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

A mí de niña la primavera me gustaba porque nos mandaban que escribiéramos redacciones sobre ella en aquellos benditos años de la EGB, y me servían como excusa para traer a colación a Botticelli, las ninfas que se transformaban en laurel, las manzanas de la diosa Idunn y el regreso de Proserpina a la superficie de la tierra. Además, introducía siempre una desgarradora nota de dolor porque todos celebraban el inicio de la hermosa estación, pero de la muerte del invierno, ¿quién se acordaba? ¿Eh? ¿Quién recordaba al viejo invierno? De manera que quejas ahora sobre pedantería y dramatismo, no, llegan tarde. Mis compañeras de colegio, esas santas, sí que me sufrían.

Ya crecida, pasé muchos de mis meses de marzo en la Comunidad Valenciana, durante la celebración del Dia de la Dona, que a veces se alargaba hasta Fallas. En muchos de los municipios me encontraba con estudiantes de instituto por la mañana, en un programa de animación a la lectura, en el que les hablaba de la importancia del pensamiento individual, de la importancia del esfuerzo, del acoso, los TCAs, la vocación… y de cómo la lectura sería siempre una amiga silenciosa si lo neccesitaban. Y por la tarde me encontraba con grupos de mujeres, y acabábamos tratando casi los mismo temas que con sus hijas o nietas, pero desde la perspectiva de las adultas y su experiencia.

Para mí ese inicio de la primavera en el Mediterráneo suponía un regalo tras los fríos, una primera promesa de sol. A veces, de pólvora y fiesta, de sedas crujientes y coloridas, y tanto arroz como podía comer. Me sentía muy feliz en algunos de los ratos perdidos, junto al mar, quizás, a veces con la compañía agradabilísima del señor Enrique Pla, que era quien se encargaba de organizar mis recorridos. Luego pasó el tiempo, llegó la crisis y esos programas desaparecieron, junto con muchas otras cosas. Pero este año, de mano de la Universidad Internacional de Valencia, (VIU) coincidió una Master Class en estas fechas. Y así he regresado a la alegría de la luz ensombrecida por las mascletás, los churros y los buñuelos de calabaza, las fallas en las calles cortadas y la belleza de los edificios que se recortan contra el atardecer.

Ahora ya no me piden redacciones sobre la primavera: si lo hicieron continuaría hablando de los azahares que florecen junto a las naranjas granadas, de las diosas de la eterna juventud envueltas en encajes y cubiertas de joyas, de los laureles que reverdecen, y de cómo hemos olvidado al viejo, refunfuñón invierno. Y si hay quejas, llegan tarde: eso es para mí el primer parpadeo de la primavera.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para recibir con toda amabilidad a la diosa Primavera, me puse un vestido estampado de peonías amarillas y blancas, pero con un fondo azul marino muy setentero, de Zara. Los escotes delantero y posterior son generosos pero no exagerados, y es posible llevarlo en el día a día. Los zapatos amarillos son de Paco Gil, unas sandalias, en realidad, uno de mis pares favoritos. La regadera de charol, un bolso de Pylones, con su nota de humor y viveza, se prestaba bien al día. No los escucháis, pero mientras paseaba por los jardines del Turia frente al Palau de la Música, donde se sacaron las fotos, sonaban petardos sin interrupción, y el aire olía a fiesta…

Vestido para un invierno que no será invierno.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Si 1816 fue el año sin verano, aquel en el que Percy B. Shelley, Mary Shelley, Byron y Polidori escribieron sobre monstruos y horrores inspirados en sus entrañas, el cambio de año 2015-2016 amenaza con ser el año sin invierno. El cambio climático (después de la Cumbre de París ya puede hablarse de él sin temor a ser considerados unos pirados, extremistas o devotos de Naomi Kleim) se ha instalado en nuestros huertos y en las ciudades, consiguiendo que frutales y personas enloquezcan y no sepamos si quitarnos las medias o ponernos las flores.

A la espera de que talentos literarios aprovechen de manera interesante las locuras del clima, los problemas inmediatos son otros: cómo combinar nuestra necesidad, casi exigencia de bienestar, con el calentamiento del planeta. Qué nos jugamos a medio plazo por un poco de confort de Primer Mundo. Qué decisiones tomar a nivel personal, y cuáles demandar a los políticos y dirigentes. El futuro inmediato será ecologista o no será, y no bastará el separar las basuras o el pagar unos céntimos por las bolsas de plástico para detener la catástrofe que se nos avecina. Tendremos que familiarizarnos con una actitud distinta no únicamente hacia el medio ambiente, sino hacia las bases de una sociedad basada en decisiones impulsivas y de satisfacción inmediata. Es decir, como hicieron unos jovencitos rebeldes y marginados hace dos siglos, hemos de mirar a los ojos, de nuevo, al monstruo interior que tememos tanto.

En cualquier otro año este vestido de gasa de Zara sería adecuado para una primavera amable o un otoño gentil, pero lo cierto es que he podido llevarlo en pleno mes de Diciembre sin más que una chaqueta de Adolfo Domínguez sobre los hombros. Con su escote posterior, es más versátil de lo que podría imaginarse; de hecho, yo muestro dos opciones , y a quienes asustan los estampados (que, por mi trayectoria y mi Instagram ya puede verse que no es mi caso) animo a que lo combinen con accesorios neutros, porque resultará mucho menos llamativo de lo que a primera vista parecería, porque el propio patrón del vestido y el tejido disimulan la potencia del print.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En la primera opción, los zapatos verdes de Unisa y el bolso vintage conviven con los pendientes de HM y un anillo de plata con una perla de río irregular y enorme.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para la segunda opción aproveché la fiebre pasajera de los 70 que nos inunda y el sol de justicia que nos inunda también para combinarlo con dos prendas estrella de la temporada: la pamela de fieltro que sabe Dios que hace falta si pasamos tiempo al aire libre, junto con la protección solar, y los flecos, en este caso en un bolso de SuiteBlanco que me enloquece y que me consta que tiene muchas adeptas. Dispuesta  darlo todo, me puse unos pendientes de plumas; pero contrarresté con unos discretos zapatos beige de Unisa, porque de vez en cuando caigo en que más no siempre es más.

El esmalte de uñas es de Essie, y el resto del maquillaje, de Lancôme. Las fotos fueron tomadas en el Parque de Eva Perón, en Madrid. Por cierto, las flores del estampado son peonías. ¿Acabaremos sustituyendo la Euphorbia pulcherrima, o  poinsetia navideña, por las primaverales peonías?

El entretiempo y sus misterios

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
La primavera no existe desde hace años, salvo como una declaración de intenciones: a partir de hoy es primavera. Cuando era más joven, decidí durante años que llevaría a cabo el cambio de armario el 24 de abril, cuando regresara de Barcelona del Día del Libro, y el 16 de octubre, cuando regresara también de Barcelona del Premio Planeta. Una medida drástica, con la que me asé en otoño y tirité en sandalias durante mayo, pero que al menos fijaba una fecha que me daba cierta tranquilidad mental. A mí la tranquilidad mental me la aportan cosas muy tontas.
La primavera, supieron los modistos doctos, había que combatirla envuelta en ropa de entretiempo, ese concepto un poco anticuado que incluía abriguitos ligeros, medias gruesas, colores claros, grandes foulares y la infame rebequita. Infame en su significado anglicista de notoria, (infamous) no de detestable. Ahora se habla de la técnica de las capas, o de la cebolla: funciona, pero a costa de arrastrar y arrugar el doble de tu peso en ropa, de perder la mitad por el camino, y del esfuerzo cromático de combinar las distintas y posibles capas de ropa: mis intentos de convertirme en una cebolla humana han finalizado con tristísimos looks en tonos grisáceos, con un negro total de viuda reciente, y con la total invisibilidad de mi cuerpo. Porque lo de que las capas cebolleras favorezca a un cuerpo adulto merece reflexión aparte.
Esta primavera que se ha mostrado vacilante, lluviosa y fría, ha supuesto un desafío para la teoría de las capas. En realidad, es útil como medida de emergencia, no pensada para extenderse más allá de unos días. En los climas en los que los días templados y variables se extienden por semanas, la ropa de entretiempo se revela todo su esplendor.
Las Islas Canarias, por ejemplo, son un terreno de entretiempo durante largos meses. Te obliga a pasar de un enero meseteño a una primavera constante en apenas cuatro horas. Mis últimos viajes a Fuerteventura ha puesto varias veces a prueba mi capacidad de volver a pensar como mi madre y mi abuela: en el clima real, y no en capas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPor lo tanto, para un primaveral encuentro con la prensa majorera, escogí una camisa de manga francesa, con un cuello redondo con el perfil de dos gatitos. Tengo pocos objetos o ropa con estampado de gatos (los gatos me gustan vivos y en movimiento) pero esta prenda de crêpe azul de Sugarhill Boutique me cayó en gracia. Para romper el aire infantil, unos shorts de raso y encaje, muy cortos, tendencia hasta el aburrimiento esta temporada. Tan tendencia, y tan de temporada, que son de HM, muy baratos. Con medias gruesas, de Calzedonia, y zapato botín de Paco Gil. El calzado cómodo resulta esencial en tiempos cambiantes, porque los pies sufren y se hinchan. Estos fueron un acierto. Brillaba el sol, pero soplaba un viento incesante, como se aprecia perfectamente en las fotos, de manera que me olvidé del pelo, y me centré en proteger la vista. Las gafas de aviador han arrasado, y me he dejado arrasar. (Ray-ban). El bolso es de Purificación García, y el anillo, una piedra de pizarra engastada. Ojos muy marcados y ahumados y unos pendientes irregulares, ear-cuffs, de Parfois.  Las fotos fueron tomadas en el paseo de Puerto del Rosario.

Y ahora parece que ya va en serio: comienza el verano.

 

 

Castellón

OLYMPUS DIGITAL CAMERADurante varios años he celebrado el 8 de Marzo en la Comunidad Valenciana, con una u otra conferencia sobre la Mujer Trabajadora; esta vez ha sido Teresa de Ávila la que me ha traído a Castellón para hablar de espiritualidad, de su ejemplo único, y de la manera en la que sigue hoy en día sirviendo de modelo. Como hija del Norte me sorprende cada vez el Mediterráneo, su sol temprano, esa primavera precoz que asoma entre las calles. Invita a la sensualidad, a desnudar las piernas y a ser feliz.  De manera que di un paseo por el centro, me acerqué a la calle Enmedio  a la Farmacia Calduch, saludé a Vicente Calduch y compré unas cajas de Suavina, y, en resumen, hice lo mejor que se puede hacer con el tiempo: pasarlo.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAQue no os engañen los tacones: son unos Sacha London a medida, comodísimos. Rescaté el bolso de mi colección: lo compré en su momento en SuiteBlanco. El vestido es un Amaya Arzuaga, de la que, como veréis, me visto con frecuencia en los últimos tiempos, con un bajo irregular muy favorecedor. Y la sonrisa es mía.