El Invernadero: una pausa distinta.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOs había comentado en el post que podéis leer aquí que se había llevado a cabo en el Invernadero de Salvador Bachiller. Hoy quería mostraros con más detalle este precioso lugar escondido en la Gran Vía de Madrid.

Desde el exterior las apariencias indican que es una tienda más de los mil objetos (zapatos, y bolsos, y menaje, y maletas, y…) que Salvador Bachiller ha incorporado a sus colecciones. Grande, colorida, ordenada, han vivido una importantante reforma y cambio de concepto. Hay que llegar al final de los estantes para encontrar una escalera que desciende al Invernadero de exuberantes plantas, suelos con mosaicos de cristal de colores y unos espejos que, como todos los que sirven para algo importante, llevan a otras realidades.

¿Un té? Claro. ¿Unas gyoza, humus, un sandwich? Sí. Y un zumo, y todo eso que en cada da tanta pereza pero que en un invernadero secreto sería un error no probar.

El lujo tiene mucho que ver con el tiempo, con el tiempo robado en particular. Los minutos dedicados a los seres queridos o a una misma. La pausa entre la prisa y las carreras. Un momento atrapado entre los espejos del Invernadero.

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En las fotos que me sacó Nika Jiménez llevo una camisa blanca de Mango, unos shorts de terciopelo rosa y un anillo de plata de Tatiana Riego.

Todo lo que me rodea (las tazas, que recordaréis de mis bodegones, los vasos, los espejos, los salvamanteles) pertenece a las nuevas colecciones de Salvador Bachiller. La nueva imagen de la casa, que merece una pausa y un buen té.

Viaje por Irlanda (VI) Dingle y el Oratorio de Gallarus

20160911_182244El condado de Kerry fue mi siguiente destino, tras las impresionantes cumbres muy borrascosas de Moher (podéis leer sobre ello aquí).

El Parknasilla Resort es un hotel ligeramente distinto a los anteriores: no porque fuera hermoso, tuviera un spa u ofreciera espacios para el golf, sino porque su situación en una pequeña península ofrecía la posibilidad de varias rutas entre la costa y los bosques, incluso por una diminuta isla privada. Rodeado de vegetación exuberante, hortensias de colores intensos y guijarros pulidos, con una sala dedicada únicamente al silencio y galerías con libros a disposición de los huéspedes, albergaba tambien a familias con niños, a los que proponen planes propios.

20160911_182313Me encontraba muy cerca de la Península de Dingle donde se rodó, entre otras, La Hija de Ryan. Si algo había descubierto en este viaje con Pangea era que yo sabía cuándo abandonaba el hotel, pero no cuando regresaba: ni si necesitaba meter las botas de agua o las gafas de sol. Por lo tanto, de cada cambio de ropa hice dos versiones. Una más formal y otra más versátil.

Por ejemplo, la misma camisa blanca y la falda de tul gris de Zara podía llevarla durante el día con alpargatas de cuña, un cinturón trenzado y pendientes de plata noruega.  Pero podía darle un giro rápido con un obi artesano, pendientes de hojas con cristales, un bolso de raso Vasari y unas mules doradas. Como el día amaneció radiante, me arriesgué a llevar una biker de Mango de ante caramelo.

20160911_175630-01Los desayunos se estaban convirtiendo en la mejor parte del día. En el caso del Parknasilla, no perdoné los frutos rojos y la bollería ninguno de los días, mientras disfrutaba del servicio de plata y las cambiantes vistas del comedor acristalado.

20160911_174950Dediqué la mañana a pasear por las rutas que rodeaban el Parknasilla: una de ellas bordeaba el mar, atravesaba una turbera, y se adentraba en la islita vecina, donde los árboles crecían y se derrumbaban con entusiasmo. A veces tenía la sensación de haber vuelto a los años en los que eran niña, y subía al monte con mi padre; el liquen sobre las piedras, los helechos, los crujidos de los troncos en las alturas, las ardillas sin miedo alguno eran los mismos. El territorio de mi novela Irlanda, o de Nos espera la noche se gestó en paseos parecidos.

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20160911_174007Con desayunos de esas características, la comida del mediodía debía, por fuerza, ser frugal: pero al menos para un sandwich había que detenerse en Sneem, uno de los pueblos más bonitos y cuidados de Irlanda. Aunque solo fuera por sentarse en una casa de paredes malvas.

20160911_174120La península de Dingle ha sido considerada uno de los lugares más hermosos de la tierra: además, por su posición, se creyó que era uno de los fines del mundo: como Finisterre, como Land’s End, en Cornualles.  Si se cruzaba ese confín, no se regresaba ya. Más allá había monstruos, y se defendían de los humanos con vientos huracanados, con olas gigantescas y grandes peces de formas extrañas.

La niebla y la bruma, y sobre todo, el viento constante, convierten esa zona en un lugar indómito, de una belleza en moviento continuo. No se deja conquistar, no sabe de serenidad. Invita a domarlo y no a comprenderlo. A aceptar que hay fuerzas y misterios más allá del poder humano.

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9-4Y, sin embargo, solo unos pocos kilómetros más allá se alza uno de los lugares sagrados con más historia y que transmite más paz de toda Irlanda; el Oratorio de Gallarus, una edificación misteriosa, que algunos consideran del siglo VI y otros del XII; , además de un lugar de culto casi ininterrumpido durante siglos, muestra una construcción  paleocristiana fascinante.

Hay que pagar un pequeña entrada para acceder, y entre los muros de piedra y los enormes macizos de pendientes de la reina, posado al pie de una ladera, de pronto, se alza el Oratorio.

20160911_181420-01Tenía que dedicarle un poco de atención a las vacas de la zona: de un precioso color dorado, y una calma proverbial, se encontraban en los alrededores del Oratorio, y contemplaban con curiosidad a los humanos que por allí pasaban. Con tanta curiosidad que estoy convencida de que después, en bovino, cotilleaban sobre nosotros.

-Qué birria de turistas nos han llegado hoy.

-Ya te digo. Donde esté un buen grupo de japoneses…

-¿Y esa que venía con la cazadora de ante? ¿Qué se quería hacer pasar, por una de nosotras?

-Tengo una prima en Moher que me dijo no sé qué de una turista que se dedicó a escalar el acantilado por su cuenta.

-Es que van como locos.

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9-2El Oratorio, que tiene forma de quilla de barco, se construyó siguiendo una técnica casi megalítica: al parecer, tiene un poquito de argamasa en el interior, quizás posterior, pero el encaje de la piedra exterior, suave y uniforme, es misterioso y de una resistencia extrema. Cada uno de los paisajes de esta etapa transmitía una energía propia, inconfundible: y esta zona transmitía la  serena sacralidad de un lugar donde se ha rendido culto a algo invisible durante mucho tiempo. Algo sutil, pero inconfundible. Fuera, la belleza, la calma, la silueta de piedras.

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9-3Dentro, el misterio.

17-1Podéis acompañarme a la etapa siguiente aquí.

Viaje a Irlanda (II): Galway

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Galway era mi siguiente destino después de la estancia en Dublín de la que os hablo aquí: una ciudad que nació en el siglo XII en una bahía en la que desemboca el río Corrib. Mi coche recorrió la isla de este a oeste; el trayecto más largo que realicé en autopista. Por cierto, por si os animáis a realizar este viaje con Pangea u otro similar que incluya coche de alquiler, los peajes son baratos, comparados con los que pagamos en España, mientras que el aparcamiento, sobre todo en Dublín y en Galway, resulta dolorosamente caro. El paisaje varió sin tregua. Al principio, los setos junto a la carretera ocultaban las planicies. Luego se sucedieron las colinas, muchas de ellas en mitad de la recogida de la hierba seca, que empacaban en balas redondas, algunas de ella protegidas por una llamativa lona rosa chicle. Después las montañas; y el mar.

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Desde el siglo XIV esta ciudad animada, joven (su crecimiento sigue en alza), e inquieta ha estado relacionada con los españoles, en especial por el comercio de vinos, que atrajeron tantos barcos que merecieron un lugar propio en el puerto. Aún hoy puede verse el Spanish Arch, y el Spanish Parade, un paseo que en los días de sol se llena de jóvenes que ven la puesta de sol con sus Guinness y sus amigos.

A Galway se le atribuía un carácter raro, casi latino. Se decía de manera popular que el contacto constante con España había transformado el temperamento irlandés, y que los cambios de humor, el orgullo y los arrebatos de cólera, así como los cabellos negros de algunos habitantes eran herencia de los marineros españoles y los viajes al sur. De todas maneras a los celtas, con su cruce normando, poco les hacía falta para saltar por cualquier cosa. Las 14 tribus que regían Galway eran de armas tomar. Baste saber que inventaron el concepto de linchamiento.

Sí, el Guzmán el Bueno de la zona fue James Lynch, un miembro de las 14 tribus, de los Lynch de Galway de toda la vida, que era además, alcalde y rico de familia. Su hijo Walter asesinó a un mercader español que se hospedaba en la casa del padre, porque al parecer estaba tirándole los tejos a su novia. Con lo que Walter le tiró a él por la ventana. Lo normal. Los extranjeros pidieron la cabeza del asesino. A Walter, que salvo en su relación con los españoles debía ser un chico de lo más normal, que saludaba siempre, muy amigo de sus amigos, nadie se atrevía a ajusticiarle, ni el verdugo. De manera que fue su propio padre el que le puso una cuerda al cuello y lo ahorcó, también lanzándole por la ventana. Eso son medidas para potenciar el turismo y lo demás, tonterías. Y de ahí lynch law– linchamiento.

Unos años antes (el linchamiento tuvo lugar en 1493) Cristóbal Colón escuchó misa aquí, en la Colegiata de San Nicolás,  camino hacia Islandia, en un viaje comercial. Escuchó la historia de San Barandán, o San Brendan, un viajero legendario que había visitado tierras lejanas, y comprobó que a la bahía llegaba madera de deriva que no era europea. Confirmó así sus sospechas. Había tierra hacia el Oeste.

Galway es una ciudad divertidísima, sobre todo si asoma el sol, un buen lugar para las compras (no hay muchos en Irlanda) y un destino típico de turismo. Conviene alejarse de las calles más bulliciosas como Shop Street, y callejear, husmear, meter la nariz en los rinconcitos, para encontrar pubs, pedazos de muralla, fragmentos de conversación en español al aire, cisnes (tan abundantes, y a los que no se debe alimentar) en pausada ruta por el río. Pude constatar que se han puesto de nuevo de moda las trenzas hiladas en la calle. Con 17 años yo regresé a casa con una.

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5.3

Desde aquí puede darse el salto en ferry a las preciosas Islas Aran, o continuar hacia Connemara, la legendaria Irlanda tradicional. Yo preferí lo segundo, y tomé ruta hacia Clifden.

Aquí conviene olvidarse de lo que hemos conocido toda la vida como carretera, y adoptar el término más adecuado de pista. Incluso de pista cochiquera. Si bien el adaptarse a conducir por la izquierda se produce de manera más bien rápida e intuitiva (las rotondas dan ciertos problemas, y también las incorporaciones a la izquierda), nada nos han preparado para las sinuosas y estrechas carreteras del oeste irlandés. También es verdad que se encuentran en buenas condiciones, y que la extrema belleza del paisaje, y la sensación casi continua de soledad, de que han colocado esas nubes dramáticas, esos lagos, y esas ovejitas dispersas solo para nosotros compensan los sudores fríos cuando aparece un coche en dirección contraria. Las cunetas se encuentran flanqueadas por inmensos arbustos de pendientes de la reina y de crocosmias naranjas. De vez en cuando, el brezo, y el liquen sobre las rocas.

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Por la zona se encuentran muchas referencias a los ponis de Connemara, y de vez en cuando hay algún establo o incluso hileras de caballitos, muy valorados y apreciados. Nuevamente la leyenda mete un toque español: se dice que cuando la Armada Invencible naufragó o arribó maltrecha a estas costas, los caballos andaluces de la tropa escaparon hacia el monte. Lo de escapar es relativo, porque sus dueños fueron, en muchos casos, apresados y asesinados. En Galway, en el cementerio principal, se recuerda a 300 de esos marineros españoles que fueron fusilados en 1588, tras sobrevivir al desastre naval. Absurdos y crueldades de una guerra más. Los caballos no, claro, los caballos huyeron libres y se cruzaron con la raza local. Eso dicen. A mi juicio, aunque son animales preciosos, toda similitud atisbada entre un corcel árabe-andaluz y un pony de Connemara es propia de una abuela cariñosa que insiste en que su nieto se parece mucho a ella.

El hotel en el que me hospedé en Clifden es el Abbeyglen Castle Hotel. Este castillito del siglo XIX ha sido un hotel familiar durante décadas, y se nota en el trato, de una desbordante simpatía. Una muestra: te da la bienvenida Gilbert, el loro, en su jaula en la recepción. Si eres mujer, enfáticamente: a los hombres no les suele decir nada. Es un loro muy suyo. Las habitaciones, encantadoras, miran al jardín, la escalinata o el pequeño helipuerto. Hay un spa, un campo de golf, pero yo, no hay que decirlo, me fui directa al jardín, plagado de impresionantes hortensias, y a las zonas comunes, que cuentan con chimenea y una buena oferta de libros.

5.4

Aquí, en mi heredad…

Ay.

Volvamos a la realidad.

5.5

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El clima cambia drásticamente en esta zona, y la humedad y el frío se hacen notar incluso en Agosto. Es más, yo agradecí de corazón el que las chimeneas estuvieran encendidas. Aunque ya hablaré con más detalle de esta zona, adelanto que  Clifden fue un enclave esencial durante el siglo XIX, una época trágica para Irlanda, asolada por las hambrunas y la emigración.

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En toda la zona han tenido el acierto de mantener el equilibrio entre el turismo, muy abundante, y un sabor auténtico. Han atraído un tipo de viajero que regresa en busca de sus raíces, viene a pescar, a jugar al golf, o a hacer senderismo, poco invasivo, muy respetuoso, y de un nivel económico medio-alto. Un modelo interesante para muchas zonas que buscan ahora soluciones distintas.

El mimo por el detalle es máximo, y la devoción por lo antiguo, por lo conservado del pasado, contrasta con el afán de modernidad de otros lugares. Aunque aquí muestro las hortensias, de un colorido espectacular, todos los parterres de flores daban una lección de buen gusto y de colorido.

La humedad riza el pelo, y alimenta la piel. Como ocurre en muchos viajes al norte, el cuerpo y la tez reaccionan, en mi caso, como si regresaran a casa. Respecto al look, el kimono es de HM. Y el anillo de plata, de Marisabell Design.

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En la gastronomía, el salmón y la trucha de la zona gozan de gran fama, y pude comprobar que merecida. Desde entonces no faltó en mis desayunos. La panadería, estupenda, y los lácteos, de nuevo, sobresalientes. El hotel cuenta con un restaurante de carta limitada, pero de buena calidad, y por la zona abundan las oportunidades para probar el estofado irlandés o Irish stew.

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Queda aún mucho por ver: las abadías de la zona, la salvaje naturaleza de la zona, la tierra de la que tantos poetas han hablado…

Continuará aquí. Me temo.

 

¿Recuerdas?

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¿Recuerdas la habitación?

Tu memoria, entonces,

se aferra a los objetos mejor que la mía.

Yo solo vi

sobre los muebles flores talladas,

la mano antigua de un ebanista hábil,

y rendijas tras los huecos de las plumas.

Entre ellas nadaban los peces

que habitan el aire de mayo.

Escamas en los huecos de la piel,

juegos de Escila y de Caribdis,

de sirena o pez o luna esquiva.

Y yo te dije: “Alguien

me maldijo al marchar con el mal de la nostalgia.”

Debiste haber huido.

Me aguardaba el calor de mi casa y mis tres gatas,

una ciudad meticulosamente trazada,

Busardo, Kaas, Navokov, Durrell y Shakespeare.

Pero ¿y a ti? ¿Qué te esperaba?

Ahora ya no hay sendero.

Lo borraron tu silencio y mis historias.

Recé mi letanía en aquella madrugada

de hielo líquido y devenir inquieto:

Te infectó el mismo mal,

la muerte y sus absurdos,

la leyenda y las mentiras.

El envejecer atónito de las nubes

envenenará tus ojos falsamente negros,

y los pálidos dedos de los muertos

tenderán sus muros entre tu voz y mi canto;

nuevo vampiro entre seres dormidos,

no hay reposo para ti en tierras nuevas.

Como Ulises, ufano por salvar la vida,

por librar tu alma exhausta de la pena

gritarás, perdido por el tiempo y el océano

“- ¡Soy Nadie!¡Soy Nadie!¡Soy Nadie!”OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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El slip dress de lentejuelas plateada es de Mango. Llevo el esmalte de OPI Kyoto Pearl. La chaise longue de terciopelo negro y el abanico de plumas salieron de las manos de artesanos en el siglo XIX: la primera la encontré en Madrid, el segundo, en una tienda de York.

Mujeres con estilo propio

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-No sé que os pasa a las mujeres -se quejaba, hace poco, un conocido escritor, que me amenazó con terribles represalias si mencionaba su nombre-, y por qué últimamente todas vestís igual. Ya era una triste visión el que los hombres se hayan uniformado con el sempiterno traje gris, y una corbata anodina, o con vaqueros aburridos y chaquetas aún más vulgares. Pero ¿Y las mujeres? Incluso las modelos y las actrices sienten miedo a destacar, e imitan los escaparates. Las chicas de moda visten como los escaparates. Lo que ha conseguido esta prensa salvaje y estas críticas a la celulitis, los kilos, y las alfombras rojas es que nadie se arriesgue, a que todas copien a todas, y que la primera y la última sean el mismo producto en serie.
En otros términos, hacía tiempo que me rondaba esa misma idea: con sus matices. Como mujer, sé el poder del control social, y lo dolorosas que son las criticas si se rompe la norma no escrita de mantenerse indistinguible. Sé también que por mi interés y mi educación en colores, formas y tendencias, es probable que encuentre diferencias sustanciales en las prendas que mi amigo consideraría  idénticas. Y, además, conozco el esfuerzo y la energía que conlleva vestirse cada mañana, dejemos de lado el convertirse en un referente creativo. Hay días en que una se viste exclusivamente por no salir desnuda a la calle, y el peso añadido de pensar en cómo nos verán los otros, sencillamente, se espanta con un encogimiento de hombros.
Pero es cierto que ese periodo adolescente en el que las niñas resultan indistinguibles se ha prologado, como la propia adolescencia, hasta la edad adulta. Sea por la disponibilidad de ropa de marcas generalistas, por la copia indiscriminada que se hace de las firmas de referencia, por la globalización de la moda a través de revistas, blogs, o por la publicidad que asalta en calles, teles o redes sociales, el ataque de los clones del que se quejaba el escritor es un hecho.
La normalidad se premia, por lo general, con una indiferencia que se puede confundir con aprobación.  Y, sin embargo, las mujeres más interesantes en raras ocasiones visten de una manera gris. Uno de los iconos más queridos y reconocibles de la femineidad contemporánea, Frida Kalho, nunca copió un referente concreto. Coco Chanel, en el otro extremo, se inspiraba en atuendos masculinos, incluso obreros. Diane Kruger, quizás la actriz con más estilo de la actualidad, presume de no tener estilista. Björk o Lady Gaga, que han hecho de la extravagancia su tarjeta de visita, resultan inconfundibles. Pero Laura Ponte, o Luz Casal, o Natalie Portman, o Inés de La Fressange se mueven en parámetros muy distintos, todos ellos de factura sencilla y limpia, y nadie les negaría un estilo propio. Incluso las mujeres que se dedican a la política han cedido, en los últimos tiempos, a la uniformidad neutra. Atrás quedan María Teresa Fernández de la Vega, Rosa Díez o Carmen Alborch, con las que se puede simpatizar más o menos, pero con una estética personal inconfundible.
Por mi parte, con mis aciertos, y mis errores, que de todo ha habido, puedo calibrar los momentos menos felices o de mayor inseguridad con solo repasar mi vestuario: cuanto más formal o neutra fuera mi manera de vestir, más desdichada he sido, o más perdida me he sentido. Para alguien como yo, con un sentido teatral de la vida, con un notable amor por las prendas o los complementos dramáticos, mi terreno natural es el de chirriar siempre un poco. En ocasiones, es valorado y apreciado. En otras, por supuesto, no gusta en absoluto. No pasa nada. No puedo obligar a nadie a que aprecie el color, los estampados, los contrastes o los volúmenes. Tampoco pretendo acertar siempre: mi interés en la ropa no coincide, necesariamente, con que me favorezca o embellezca.
No suelo inspirarme en mujeres contemporáneas: las referencias pueden provenir de cualquier campo. Hace  unos días, en la Manchester Art Gallery,  en la que contemplaba algunos de los más hermosos cuadros prerrafaelitas, di con el cuadro “The reader”, de A. J. Moore.  y se produjo una conexión instantánea: sabía que a mi regreso a España debía acudir al Premio de Novela Biblioteca Breve. Lo que no tenía nada claro era qué ponerme. Entonces acudió a mi mente un precioso vestido de Dolores Promesas que había visto unos días antes, que mezclaba los colores de  la túnica naranja de la lectora y el fondo de flores; y algunos de mis collares. Y así me dirigí a Barcelona, a felicitar al ganador, Ricardo Menéndez Salmón  y a ver a mis amigos Juan BoleaFernando MaríasEduardo Mendoza y a mi adorada Rosa Montero.

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    Como ya he dicho, el vestido, con su inconfundible estampado, es de Dolores Promesas  y el bolso reversible es de Lodi. Los collares provienen de distintos lugares: adquirí el de malaquita tallada en Madrid, y el de perlas cultivadas, que me temo que me acompañará en mi vejez, en Manila, hace más de diez años. La manicura, en burdeos, naranja y plata, lleva el nombre de Opi  y el maquillaje en esta ocasión es de Bourjois. Por cierto, que la barra de labios Rouge Edition 12h me está dando un resultado fantástico.
Me pregunto quiénes serán esas ocultas fuentes de inspiración que os han influido en vuestro caso…

Vestido para un invierno que no será invierno.

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Si 1816 fue el año sin verano, aquel en el que Percy B. Shelley, Mary Shelley, Byron y Polidori escribieron sobre monstruos y horrores inspirados en sus entrañas, el cambio de año 2015-2016 amenaza con ser el año sin invierno. El cambio climático (después de la Cumbre de París ya puede hablarse de él sin temor a ser considerados unos pirados, extremistas o devotos de Naomi Kleim) se ha instalado en nuestros huertos y en las ciudades, consiguiendo que frutales y personas enloquezcan y no sepamos si quitarnos las medias o ponernos las flores.

A la espera de que talentos literarios aprovechen de manera interesante las locuras del clima, los problemas inmediatos son otros: cómo combinar nuestra necesidad, casi exigencia de bienestar, con el calentamiento del planeta. Qué nos jugamos a medio plazo por un poco de confort de Primer Mundo. Qué decisiones tomar a nivel personal, y cuáles demandar a los políticos y dirigentes. El futuro inmediato será ecologista o no será, y no bastará el separar las basuras o el pagar unos céntimos por las bolsas de plástico para detener la catástrofe que se nos avecina. Tendremos que familiarizarnos con una actitud distinta no únicamente hacia el medio ambiente, sino hacia las bases de una sociedad basada en decisiones impulsivas y de satisfacción inmediata. Es decir, como hicieron unos jovencitos rebeldes y marginados hace dos siglos, hemos de mirar a los ojos, de nuevo, al monstruo interior que tememos tanto.

En cualquier otro año este vestido de gasa de Zara sería adecuado para una primavera amable o un otoño gentil, pero lo cierto es que he podido llevarlo en pleno mes de Diciembre sin más que una chaqueta de Adolfo Domínguez sobre los hombros. Con su escote posterior, es más versátil de lo que podría imaginarse; de hecho, yo muestro dos opciones , y a quienes asustan los estampados (que, por mi trayectoria y mi Instagram ya puede verse que no es mi caso) animo a que lo combinen con accesorios neutros, porque resultará mucho menos llamativo de lo que a primera vista parecería, porque el propio patrón del vestido y el tejido disimulan la potencia del print.

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En la primera opción, los zapatos verdes de Unisa y el bolso vintage conviven con los pendientes de HM y un anillo de plata con una perla de río irregular y enorme.

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Para la segunda opción aproveché la fiebre pasajera de los 70 que nos inunda y el sol de justicia que nos inunda también para combinarlo con dos prendas estrella de la temporada: la pamela de fieltro que sabe Dios que hace falta si pasamos tiempo al aire libre, junto con la protección solar, y los flecos, en este caso en un bolso de SuiteBlanco que me enloquece y que me consta que tiene muchas adeptas. Dispuesta  darlo todo, me puse unos pendientes de plumas; pero contrarresté con unos discretos zapatos beige de Unisa, porque de vez en cuando caigo en que más no siempre es más.

El esmalte de uñas es de Essie, y el resto del maquillaje, de Lancôme. Las fotos fueron tomadas en el Parque de Eva Perón, en Madrid. Por cierto, las flores del estampado son peonías. ¿Acabaremos sustituyendo la Euphorbia pulcherrima, o  poinsetia navideña, por las primaverales peonías?

A bordo de La nave del misterio, Cuarto Milenio (Cuatro TV)

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Mi última entrevista en un programa de televisión no  era en absoluto convencional: “Cuarto Milenio”, el programa sobre los fenómenos extraordinarios de Iker Jiménez, me invitó a que abordáramos el papel que todo lo misterioso supuso en la vida (y muerte) de Teresa de Jesús. Allí, en el impresionante plató de Cuatro, aparecimos “Para vos nací” y yo, y allí nos enfrentamos qué había de cierto o no en sus experiencias extraterrenales, sus visiones, sus éxtasis… y a algo más mundano y siniestro, como el destino de su cadáver, y cómo fue convertido en gran parte en reliquias. Hubo, además, su toque de tensión: el programa coincidía con el referendum griego, de forma que el inicio se demoró mucho más de lo que pensábamos: los sufridos espectadores nos vieron en mitad de la noche.
Si vestirse para la tele presenta siempre las dificultades de las que ya hablaba en otra entrada, la iluminación y el barroquismo del set de “Cuarto Milenio” exigían un cuidado especial. Por suerte, contamos con la ayuda de las maquilladoras, que conocen perfectamente dónde y cómo va cada foco, y que aplicarán los productos adecuados para que las cámaras no nos hagan parecer zombies (no llamarían la atención en ese programa, por otro lado). Podéis comprobar que fuera del plató y con otras luces, en la foto con Iker, por ejemplo, parece que lleve exceso de corrector.

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CuartoMilenioEspido3Como lo adecuado era un color plano y vivo, llevé un vestido de DKNY en un azul intenso, casi klein, con algo de escote y una silueta clásica. Lo combiné con unas sandalias Marypaz, de tacón altísimo, con entretejido dorado. El bolsito de Purificación García es una pieza única que me diseñó para la publicación de mi libro “Cuentos malvados”. Los pendientes son de plata y lapislázuli, antiguos y el anillo, de plata y nácar, contrastaba con la manicura de OPI; pero mi joya preferida es la que podéis ver prendida en mi vestido: un broche victoriano con el ala de una mariposa azul protegida bajo un cristal, que compré en York, y que me parece todo un enigma en sí mismo.
Podéis ver el programa y mi intervención aquí. Porque a quién no le gusta un poco, en el fondo, lo inexplicable, ese temblor en la garganta, ese toque helado en la espalda…

 

La fiesta GQ San Jorge Juan

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Madrid arrastra la mala fama de ser una ciudad irrespirable a partir de san Juan hasta bien entrado septiembre. Esa mala fama no es del todo infundada: el calor cae a plomo, el asfalto se derrite, y solo los turistas más intrépidos se aventuran por las calles durante el día.
Hemingway, un buen conocedor del calor patrio, decía que en verano ninguna persona decente se va a la cama antes de las tres de la madrugada. Aunque el concepto de decencia de Hemingway podría ponerse en duda, no es un mal consejo, si puede seguirse. Con el atardecer, la ciudad se revitaliza, las terrazas se animan, algunas tiendas continúan abiertas, y la ciudad ofrece lo mejor de sí misma en un momento en el que la mitad de su población se ha ido de vacaciones, y un tercio es demasiado sensato como para poner un pie en la calle.
Una de las fiestas más interesantes de la temporada es la que organiza la revista GQ en la calle y el callejón de Jorge Juan para celebrar el día de San Juan: música, estilo, tiendas, cócteles, tapas, conversaciones, postureo, gente guapa, gente aún más guapa y la sensación de que el espacio pertenece a sus dueños, los ciudadanos que maldecirán el sol, el bochorno, la luz tras las persianas y las vacaciones que no llegan.
No sé aún si tendré vacaciones este verano: prefiero descansar en otoño, y quiero acabar una novela en estos meses. Pero eso no me iba a privar de una bienvenida y una noche para sonreírle al solsticio.

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Escogí de nuevo un vestido de The 2nd skin.co en tul de color nude, ajustado con un cinturón tornasolado, con escote evidente, y falda con algo de volumen. Los zapatos, de raso y ante violeta, eran de Rebeca Sanver, el collar, de cristal antiguo de Lalique. El bolso con cristales Swarovski es una edición especial de Littlearth LE designer. Llevo un anillo de plata y amatista que compré en Guadalaja, México, y un brazalete de perlas que es casi un fetiche para mí, de Verdeagua Alhajas. Los pendientes son perlas, también. Me maquillé con productos de Lancôme. Y a devorar la calle. Se lo debía a Hemingway.

 

Paseo por la Playa (Puerto del Rosario, Fuerteventura)

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Mucho antes de las envidiables instantáneas de los famosos en playas exóticas, antes de las perversas fotografías de Instagram con aguas cristalinas y pieles bronceadas que desconocen las rojeces y las insolaciones, un pintor había logrado despertar el anhelo por el mar en una sociedad que le daba la espalda a la costa y que se escondía del sol: Joaquín Sorolla había retratado con una viveza casi palpable a niños relucientes de agua, a mujeres de pescadores, y a su propia familia.
Uno de sus cuadros más conocidos, Paseo por la playa, muestra a dos Clotildes, su mujer y su hija, vestidas de reluciente blanco, con velos y sombrillas. No era un retrato más de su amadísima esposa, a la que conoció de niño para no dejar de pintarla jamás, sino una estampa llena de ritmo, en la que se puede tocar el viento y las faldas ondean contra el ocre de la arena. Lo pintó en 1909; apenas un año más tarde abría en la Rue de Cambon 31, en París,  una tienda llamada Chanel Modes. Su dueña, una joven llamada Coco quitaría de un manotazo los velos, las sombrillas y los enormes sombreros a las mujeres que paseaban por la playa, las broncearía como a grumetes, y las vestiría con jerseys a rayas.
Sin embargo, de vez en cuando es bonito recordar que hubo un tiempo antes del bikini y la protección pantalla total, de las chanclas y los deportes acuáticos: una época en la que las señoras de piel nívea paseaban completamente vestidas a la orilla del mar, que no se cansa jamás de cantarnos al oído.

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Para mi particular paseo por la playa de Puerto del Rosario, en Fuerteventura, me puse una  falda de gasa de Suiteblanco; es de un color marrón oxidado, con un matiz rojizo. Aún no ha llegado el tiempo para el blanco veraniego de pies a cabeza. Con el cropped top, de la misma marca, tuve dudas: nada en contra de enseñar la cintura, pero como he dicho en otras  ocasiones, algunos males ya los hemos pasado una vez, gracias; entre ellos la combinación de vaquero ancho y cropped top con sombrerito de la siempre enfurruñada con la vida Brenda Walsh. Añadid a eso las Ray Ban aviador con sus ecos de Top Gun y completaréis mi pavor a despertarme en el pasado, atrapada entre los 80 y los 90. Sorprendentemente, la mezcla funciona y me gustó. El capazo, con su forro de lunares, procede de un viaje a Tokio,  compré la pulsera de ámbar y plata en una librería de la FIL, Feria del Libro de Guadalajara, México (no preguntéis… lo que pasa en la FIL se queda en la FIL), y el torque de plata que llevo al cuello es un recuerdo de mi estancia en Oslo. Los tacones hincados con firmeza en la arena los firma Marypaz. Y, lo más importante, me acompaña la pulsera Libélula, un mensaje positivo de apoyo a las personas que sufren por trastornos de la alimentación, que por estas fechas comienzan a sufrir aún más si cabe.
Lo sé. Debo hacerme con una sombrilla ya.

Pasapalabra (1ª parte)

1 ¿Alguna vez os habéis imaginado en el plató de Pasapalabra, con el tiempo en contra, las definiciones de Christian Gálvez a toda velocidad y un abecedario circular en torno a vuestra cabeza? Os aseguro que tiene poco en común con la tranquilidad con la que se compite desde casa, superponiendo tu voz a la del concursante, y con una mantita sobre las rodillas. En realidad, los invitados nos jugamos muy poco: solo podemos aspirar a que nuestros aciertos sumen unos preciosos segundos de tiempo que permitan que las cifras mareantes del premio queden un poco más al alcance de los concursantes.
Con motivo del Día del Libro Pasapalabra nos invitó a Màxim Huerta, Paloma Gómez Borrero, Eduardo Mendicutti y a mí misma a tres jornadas en las que tendría lugar un homenaje a la Biblioteca Nacional, y al Quijote. Acepté encantada, porque mi experiencia en otros programas fue divertidísima, y porque reconozco que mi vena competitiva aflora sin remedio, y regreso a mi infancia. Literalmente, me vuelvo una niña.

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Para este primer día escogí un vestido de raso de Triana by C, en verde militar, con una preciosa franja en la cintura de brocado plateado, que quizás no se apreciara demasiado en la pantalla, pero que podéis ver en las fotografías. Para continuar con la misma gama, me puse unos salones plata de Paco Gil, con pulsera al tobillo, un anillo de plata ahumada de Dimitriades, un brazalete con estrellas en lugar de eslabones (no soy supersticiosa, pero un poco de suerte no venía mal) y unos pendientes irregulares de Parfois. El bolso de pitón gris fue un regalo de mi madre, y está personalizado.
Primer día superado…