Llamadme Alejandra llega a Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAParte del universo literario se encuentra entretejido con mitos creados por el cine, las novelas y las series de televisión sobre el mundillo, casi siempre ejemplos estadounidenses o franceses: desde Truman Capote con sus fiestas abarrotadas de esbeltos cisnes, al irreal  estilo de vida de Carrie Bradshaw, la imagen popular del escritor ha oscilado entre el tópico del bohemio que escribe en las barras de los bares en sus ratos de lucidez, a la torre de marfil necesaria para la creación, a… Las presentaciones de los libros también distan mucho (muy a nuestro pesar) de las imaginadas por lectores o escritores novatos. Los feroces años de la crisis las han limitado a lo básico, cuando no las han eliminado.

Pero he de decir que mi novela Llamadme Alejandra ha sido una excepción en este sentido, y fue presentada a la prensa y a los amigos de la profesión en Madrid el día 7 de Abril, en el hotel Intercontinental de Madrid: el mismo en el que Ava Gadner, en sus años de gloria y fiesta, fijó su residencia, y sembró la ciudad de anécdotas y de leyendas. Anfitriones impecables, me sorprendieron al final de la celebración con una tarta que reflejaba con fidelidad la cubierta de mi novela, literalmente devorada en poco tiempo.

Pasé gran parte del día, las horas previas y las posteriores, atendiendo a la prensa: Telva, El Español, Antena 3, Objetivo Bienestar, Joly, diversas agencias. Radio Nacional… perdí la cuenta. Después llegaba la convocatoria de prensa, los discursos, la presentación en sí, y uno de los momentos más esperados, la conversación entre Javier Sierra, y quien escribe. Javier, amigo cálido y consejero infalible, debía estar conmigo en esa mesa. En los últimos meses, meses de cambios y de decisiones, me he marcado el objetivo de trabajar y de pasar mi tiempo con gente a la que quiero. Todo lo demás me resta energía y me parece, a estas alturas, prescindible. Y Javier, con su apoyo constante, ha sido confidente y testigo de muchos secretos de esta novela; era lógico que viera el final de este camino.

Como la novela había aparecido apenas unos días antes era quizás un poco presuntuoso suponer que todos los asistentes habían tenido tiempo de leerla. Para ponerles en antecedentes, la actriz Paula Iwasaki leyó el capítulo 17, que se ha convertido rápidamente en uno de los predilectos de los lectores. He visto crecer a Paula, he tenido ese privilegio como amiga de la familia, me alegro como si fuera propio de su éxito presente, y su futuro promete ser espléndido. Cuando la formación se une al talento y a una educación exquisitamente cuidada, no puede ser de otra manera.

Editoras, representantes de la Diputación de Alicante, y nuevamente, amigos. Amigos entre la prensa, como  el veterano Javier de Montini, siempre tan amable conmigo, o  Moisés Rodríguez, subdirector del Canal 24h, que no paraba de abrazarme, contentísimo. Aunque no aparecen en las imágenes, hubo muchos otros, algunos testigos de mi carrera desde Irlanda. Estuvieron, pese a lo difícil de la hora, queridos colegas como Marta Rivera de la Cruz, que veinte años no es casi nada, y Martín Casariego. A ambos no me llega el tiempo para agradecerles su presencia y su cariño.

Por no faltar, no faltó ni el extintor que me persigue en muchas de mis fotografías, y que mis seguidores de Instagram conocen bien. Allí estuvo, fiel a las normas de seguridad y atento a fastidiar todos los planos posibles al mismo tiempo.

Me supone un esfuerzo hablar de mis emociones en este día: entremezcladas con el sentido de la responsabilidad y con el deseo de que todo saliera bien, la alegría, la satisfacción y el orgullo, y sobre todo, el agradecimiento no me abandonaron. Conservo esos momentos como algunos de los más bonitos de los últimos años. No basta con vivir cada hora: yo he aprendido, en cierta manera, a insistir en vivirlas, con una conciencia mayor, con la sensación de que son fugaces y que deber ser disfrutadas.

Ahora, sin tregua, viajes, firmas, ferias, todo lo posible para que el libro viva y llegue a rincones poco habituales, para que se encuentre en librerías más tiempo del que dicta este momento de fugacidad y para que este Premio y esta novela sea más que una imagen, y más que un recuerdo. Ha finalizado un tramo del camino. Comienza otro.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación escogí un vestido de Marcos Souza Couture, hecho a medida, y que reservaba para una ocasión especial. Es un little black dress de corte impecable, con el giro de un falso escote corazón con tul transparente, y cremallera visible en la espalda. Repetí los salones de raso nude y encaje de Magrit que estrené el día del fallo del Premio. Le dí también más importancia al  bolso cartera (o clutch), y en este caso rompí mi norma de no conjuntar zapatos y bolso. Como un guiño a Alejandra, la zarina de las perlas, llevé un brazalete de Verdeagua, y el anillo que Chocrón joyeros diseñó para mí inspirado en La flor del Norte y sus secretos.  Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en el Hotel Intercontinental de Madrid.

Ese precioso 7 de abril contaba, por lo tanto, con todos los elementos para que fuera una presentación casi, casi, como las legendarias. A todos ellos, mis más sinceras gracias. Intentaré estar a la altura de ese cariño y de ese esfuerzo común.

¿Cuándo fuiste “Pretty Woman”?

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El espectador medio ha perdido la cuenta de las veces que ha visto “Pretty Woman”; no es solo símbolo de una época, o una película imprescindible de la cultura pop. A nivel emocional, la historia continúa fresca, y aún se acoge con agrado la realidad que refleja, pese a su relativismo moral y la constante glorificación del dinero.
Pero me centraré en alguna de las escenas más icónicas, esas en las que Vivian, tras la humillación sufrida por la dependienta de la boutique (quién no ha experimentado esa mirada asqueada de arriba a abajo, y no ha sentido ganas de llorar) y la orgía de compras posterior descubre que la manera en la que la perciben los demás ha cambiado: la ropa nueva le permite ser tomada en serio por primera vez en su vida. Vivian no muestra demasiados problemas de autoestima, ni de insatisfacción con su vida, pero es evidente que no se encuentra en el lugar que desea. Bastan unos días fuera de su entorno para que tenga claro que no quiere regresar a lo anterior, y que el cambio físico ha llegado en el momento en el que estaba produciendo también un cambio interno.
En el momento actual existe un gran auge  de profesiones que contribuyen a una transformación externa y rápida de los insatisfechos: estilistas, coachs, entrenadores… y también se da un cierto desprecio por ese cambio, que se considera superficial y poco sincero. No puedo estar menos de acuerdo: mi experiencia, propia y como testigo, es que uno de los termómetros más fiables del aburrimiento, la depresión, la serenidad, la ilusión recuperada es, precisamente, la relación con el cuerpo y con la ropa, muy especialmente en el caso de las mujeres. Mujeres que han enviudado y se visten como desean por primera vez en su vida, el traje comprado con el primer sueldo, chicas que se mudan a otra ciudad y transforman su estilo, las primeras compras tras una reconstrucción de pecho, o tras un test positivo de embarazo… Todas comparten esa mirada pletórica de Vivian, cargada de bolsas de la compra, cuando va a ajustar cuentas con la dependienta arrogante. Entre otras cosas, captar ese instante mantiene la película viva.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEste verano Zara decidió confeccionar un vestido que, quisieramos o no, asociaríamos a “Pretty Woman”: el que la protagonista elige para la carrera de caballos, con un canotier. Siempre encuentro una buena excusa para comprar algo de lunares, cuando no es el recuerdo de Lola Flores es la sombra de Lady Di; esta es una prenda poderosa, tan reconocible que ni intenté esconderla dándole otro aire. Le añadí unos salones de Unisa, mis pendientes de perlas, un bolso de Sagrario Moreno, y unos guantes que no usaría, pero que completaban el look y un cinturón de Garaizar. Sólo me faltaba la banda sonora, que iba tarareando mientras caminaba (ya sabéis cuál… la estáis cantando ahora mismo…). Que ese optimismo y esa energía os acompañen en vuestro propio caminar.

(Por cierto, hace unos años conocí a Richard Gere… pero esa es otra historia para otro post…)

Homenaje a Frida Kahlo

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¿Qué misterio rodea a Frida Kahlo para que sesenta años tras su muerte mantenga intacto el  atractivo de una mujer arrolladora, de una creatividad y una capacidad de sincretismo excepcional? En una sociedad obsesionada por la belleza física, la salud y la juventud, una artista feúcha, prematuramente envejecida y enferma desde niña, a la que incluso amputaron una pierna, se alza como un icono al que muchos admiran y todos reconocen.
Supe de la existencia de Frida cuando tenía ocho años, por una revista: sus Retratos, (con monos, con un traje de terciopelo, con fruta), me resultaron fascinantes; aún no me importaba su historia de amor. Quince años más tarde me regalaron un facsímil de su diario: había leído ya la obra de Elena Poniatowska sobre ella, y el personaje cobraba unos matices más complejos, desagradables, en ocasiones.  La última vez que escribí sobre ella fue en mi ensayo “Para vos nací“. Como Teresa de Jesús, Frida no distingue entre su cuerpo, su mente y su obra, brillantes, únicos y torturados. No se entiende quiénes fueron estas dos mujeres sin tener en cuenta sus enfermedades, ni su radical originalidad, la lucha constante por crearse una identidad única. Ambas emplearon la palabra como una manera complementaria de relacionarse con el mundo, y la dos, incomprensibles, efímeras, se encontraban con un amor más allá de toda lógica y fusionado con el arte.
Frida ha sido imitada, parodiada, idealizada. Se ha interpretado su vello facial como un homenaje a sus orígenes criollos (las descendientes de europeos mantenían el vello para distinguirse de las indígenas, lampiñas), como una manera de enfatizar su lado masculino, como una provocación, en definitiva. Las reinterpretaciones del atavío tehuano, los tocados de flores, los mantoncillos, todo formaba parte de una teatralidad intencionada que eclipsó a Diego Rivera y que amenaza ahora con oscurecer su propia obra, también. El legado político, emocional, el discurso de Frida Kahlo, en definitiva, no digamos ya su obra, va mucho más allá de lo visible y lo inmediato. Pero bien está que la imagen de una mujer tan poco al uso contrarreste la avalancha de lo políticamente correcto.
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Para este homenaje a Frida recuperé un precioso vestido de estampado en tonos rosas de Ailanto, con botones de perlas. Las joyas provienen de orígenes muy distintos: el collar de perlas cultivadas lo compré en Filipinas, el dorado fue un regalo del pintor Juan Adriansens y de su marido, Pedro. El otro collar, de cristal mate y coral, lo encontré en una tienda de antiguedades, y los pendientes de aro son de Ciudad de París. Me peiné con un pañuelo de seda de herencia, una mariposa de cuero dorado de HM y buganvillas y jazmines naturales. El maquillaje es de Chanel. Las fotos, pese a lo que parezca, no fueron sacadas en México, sino en el microclima subtropical de Motril, en el precioso hotel Casa de los Bates. Siempre es una buena senda el seguir los pasos de las grandes mujeres.

Esas herencias inesperadas…

Espidochanel1No es que la envidia sea mi pecado capital por excelencia: de hecho, gana la pereza por goleada: pero si en algunos momentos se me dispara esa emoción que amarillea la piel y tuerce la boca, es frente a esos armarios repletos que han pasado de madres a hijas, salpicados de prendas de alta costura y de telas antiguas. Con las bibliotecas también me ocurre, pero me consuelo con que los libros, en bolsillo, cuentan las mismas historias.
Imagino que mi nostalgia por esos guardarropas heredados se debe a que mi madre, que era modista, padecía un severo síndrome de Marge Simpson (¿recordáis ese episodio de los Simpsons, Class Struggle, en el que Marge encuentra un traje de Chanel de segunda mano y lo modifica una y otra vez? Podéis verlo aquí. Es decir,  que si no se lo escondíamos, el vestido se transformaba en falda, y la falda, en mini… Veo sus fotos de los 60 y 70, con vestidos de piqué y trajes pantalón y quiero llorar: además, compartimos la misma talla y estructura física. Para colmo, yo estoy parcialmente aquejada del mismo síndrome. Por mi casa pueden encontrarse cojines que recuerdan sospechosamente a abrigos que me vieron puestos en los 90…
Por suerte, las tiendas de segunda mano y de ropa vintage, más abundantes ahora en España que hace unos años, han venido a cubrir ese hueco entre perchas. Y de vez en cuando puedo encontrar alguna herencia inesperada que, previo paso por el tinte y a veces una modificación forzosa, me consuele. Entonces se convierten en la estrella de looks serios o informales; da igual con qué se mezclen. Son como las tías abuelas nonagenarias: aguantan virtualmente todo.

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Espidochanel5 En esta ocasión, jugué con el blanco/negro, y adopté un aire deliberadamente formal para un día de reuniones . El vestido de raso de HM era apropiado para el verano, pero no para el gélido aire acondicionado que me iba acompañar todo el día. Fue la excusa para rescatar, incluso en esta época del año, esa herencia inesperada que es mi chaqueta Chanel. También el bolso de raso, con cierre de perlas, es antiguo y lo encontré en una tienda vintage en Berlin. Firma los zapatos Rebeca Sanver, y los dos azules de la manicura son Ogre the top y Yoga Ta de OPI. Las fotos fueron tomadas en el hotel Vincci Soma de Madrid.

Por cierto, ¿soy yo, o ese vestido está pidiendo una vida después de la muerte en forma de blusa?

La fiesta GQ San Jorge Juan

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Madrid arrastra la mala fama de ser una ciudad irrespirable a partir de san Juan hasta bien entrado septiembre. Esa mala fama no es del todo infundada: el calor cae a plomo, el asfalto se derrite, y solo los turistas más intrépidos se aventuran por las calles durante el día.
Hemingway, un buen conocedor del calor patrio, decía que en verano ninguna persona decente se va a la cama antes de las tres de la madrugada. Aunque el concepto de decencia de Hemingway podría ponerse en duda, no es un mal consejo, si puede seguirse. Con el atardecer, la ciudad se revitaliza, las terrazas se animan, algunas tiendas continúan abiertas, y la ciudad ofrece lo mejor de sí misma en un momento en el que la mitad de su población se ha ido de vacaciones, y un tercio es demasiado sensato como para poner un pie en la calle.
Una de las fiestas más interesantes de la temporada es la que organiza la revista GQ en la calle y el callejón de Jorge Juan para celebrar el día de San Juan: música, estilo, tiendas, cócteles, tapas, conversaciones, postureo, gente guapa, gente aún más guapa y la sensación de que el espacio pertenece a sus dueños, los ciudadanos que maldecirán el sol, el bochorno, la luz tras las persianas y las vacaciones que no llegan.
No sé aún si tendré vacaciones este verano: prefiero descansar en otoño, y quiero acabar una novela en estos meses. Pero eso no me iba a privar de una bienvenida y una noche para sonreírle al solsticio.

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Escogí de nuevo un vestido de The 2nd skin.co en tul de color nude, ajustado con un cinturón tornasolado, con escote evidente, y falda con algo de volumen. Los zapatos, de raso y ante violeta, eran de Rebeca Sanver, el collar, de cristal antiguo de Lalique. El bolso con cristales Swarovski es una edición especial de Littlearth LE designer. Llevo un anillo de plata y amatista que compré en Guadalaja, México, y un brazalete de perlas que es casi un fetiche para mí, de Verdeagua Alhajas. Los pendientes son perlas, también. Me maquillé con productos de Lancôme. Y a devorar la calle. Se lo debía a Hemingway.

 

Paseo por la Isla de San Luis, París

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¿Qué se visita en París cuando no se tiene tiempo para nada? Para mí un paseo que me permite todo (compras, novedades, un rincón privado, mi porción de kitch turístico) gira en torno a la Isla de San Luis, o Île de Saint-Louis, un territorio diminuto, que hasta hace 300 años se usaba como pasto para ganado, y que recibe su nombre por el rey Luis IX, que recibió a mi princesa Kristina de Noruega en su paso por Francia (La flor del norte).
La isla se recorre en un momento: un puñadito de calles con dos de mis galerías preferidas, tiendas de bisutería y de regalos de diseño, restaurantes, creperías y heladerías, una iglesia (Saint Louis en la Île) con un reloj amarrado con cinta americana, como si se fuera a escapar, y con un rico pasado literario: aparece en En busca del tiempo perdido, de M. Proust, en Las babas del diablo, de J. Cortázar, sirvió de escondite al famoso bandido Cartouche. A tiro de piedra se alza Notre Dame, inseparable de su jorobado de V. Hugo, y uno de los puentes que la comunican con tierra firme, el Puente de las Artes, carga con miles de candados, como manda la moda de Tengo ganas de ti, de F. Moccia.

Si se avanza un poco más, entre las mareas de turistas y las parejas de novios que eligen el Barrio Latino para su reportaje de fotos, nos encontramos con una de las librerías más famosas de París: Shakespeare and Company, un centro de culto para cualquier escritor o lector que conozca los nombres de quienes pasaron por la librería original, fundada por Sylvia Beach en 1919 y por la refundada por George Whitman en 1964. En el piso inferior se encuentran novedades y clásicos en lengua inglesa, y en la superior, en un caos intencionado, varias habitaciones con intención más de santuario para los amantes de la literatura que de librería.

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1  Con tanto color y ruido a mi alrededor, me fui al clásico de los clásicos de la ropa informal: una camisa blanca, de Zara, de una sencillez cuáquera, y unos vaqueros de Suiteblanco. El bolso de encaje negro me lo regaló mi madre, y como en todos los bolsos de madre, cabe medio París en él. Perlas como pendientes, y una cadenita de platino. Sin colgante.

 Durante una primavera real, norteña, con fríos repentinos y claros abrasadores, el abrigo de entretiempo resulta esencial; yo me llevé este de Laurèl, que aportaban un un poco de diversión con su estampado de leopardo. Me parecía aún más importante escoger un calzado adecuado para los empedrados y asfaltos parisinos: los botines de tacón medio, blancos, de Marciano, aguantaron bien el trote. A mí en estas fechas me hace ya falta una protección solar muy alta (otro día hablaré de ello), y un maquillaje suave, de Clarins.

 No da tiempo a más, quizás a adentrarse en la calle más estrecha de París, la Rue du Chat qui Pêche. Para avenidas, jardines y más grandezas, habrá otros días.

En la Ciudad Universitaria Internacional de París

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 Si a la Espido de veinte años le hubieran dicho que un día se encontraría en la Ciudad Internacional Universitaria de París, invitada por la Sorbona para hablar de su obra, no le hubiera extrañado lo más mínimo. Esa chavalita que se presentó en Deusto el primer día de clase vestida con un estricto traje de tweed fusilado a Chanel (ahora se diría un clon), y fue confundida con una profesora, adolecía de muchos defectos, pero la inseguridad no era uno de ellos. Es más, lo que le hubiera sorprendido es que tardara veinte años en lograrlo, la muy fracasada.
La Espido de cuarenta, en cambio, agradece y se maravilla de caminar entre las residencias de este lugar único del Distrito XIV de París. La CIUP tuvo su origen hace 95 años, en la mente del ministro A. Honnorat, que, cuando acabó la I Guerra Mundial quiso celebrar la unión de todos los estudiantes del mundo con la creación de esta ciudad. Hoy, como escritora, tengo el honor de poder hospedarme en el Colegio de España, y de presenciar el espíritu de intercambio intelectual y de creación artística que sigue vertebrando la CIUP. La joven Espido hubiera sido muy feliz aquí; la adulta, más serena, mucho menos impaciente pero igual de entusiasta, lo sigue siendo.

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 No creo que a mi yo adolescente le hubiera gustado mi atuendo actual, de darse un encuentro borgiano y habernos cruzado: ella, que vestía trajes en plena ola grunge y saltó al estilo gótico recreacionista, cuando aún no había góticos, esperaría de mí algo más espectacular: al menos, una falda larga, y con más vuelo. De hecho, tengo una preciosa falda así de Escada, a la que pensé meter un tijeretazo esta temporada, porque casi no la uso, hasta que encontré esta de Suiteblanco ya corta y a precio lowcost. Se hubiera mostrado displicente ante la camisa blanca de Zara; las sandalias son de Paco Gil, y el brazalete, de piel de serpiente. Me traje los pendientes de perlas de Manila, y las gafas de sol tienen ese aire extravagante de Prada. Empleé maquillaje de Dior, ojos ahumados y labios rojos, una versión suavizada de los extremos siniestros que lucía en la Universidad. Paciencia, joven Espido. Confía en el futuro.

Encuentro con lectores en Alicante

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Pese a que los perseguimos desesperadamente, no hay trucos para que un encuentro con lectores o una presentación sea un éxito: tampoco secretos. Los escritores más leídos recuerdan noches desastrosas, salas llenas ruidosas y hostiles, y otras en las que con un pequeño grupito, por dos horas, se generó algo inolvidable y efímero. Algunos organizadores intentan que la información llegue a todas partes, que el acto no coincida con un partido importante de fútbol, un mitin político, o un fin de semana; son tácticas que a veces funcionan, a veces no. Quienes deciden, en definitiva, si el diálogo se entabla o no, son los lectores, la ocasión, la fortuna… y el hábito que una buena dinamización cultural haya creado.

En Alicante, el Instituto de Cultura Juan Gil Albert ha conseguido un número de seguidores fiel, culto y sorprendentemente joven. Mi anfitrión por aquella noche, Fernando Delgado, y yo charlamos ante ellos de “Para vos nací”, y sobre todo, hablamos sobre Santa Teresa de Jesús, a la que compartimos como inspiración literaria. Fernando acaba de ganar el Premio Azorín de Novela con “Sus ojos en mí”, en la que trata la fascinación que se produjo entre la Santa y el padre Jerónimo Gracián.

Es peligroso que dos autores tengan tiempo por delante y un público amable para explayarse sobre una pasión. Podemos no encontrarle fin a la noche. Esta vez, creo que el entusiasmo se extendió al auditorio, lleno, y sólo la hora de cierre nos hizo marcharnos a todos. Durante la firma de libros los jóvenes me trajeron muchas “Irlandas”, mi primera novela. ¡Qué alegría comprobar que continúa dando guerra esa novelita perversa! Algún día os contaré qué espina me saco con ello…

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La noche era cálida, y la primavera y la proximidad del mar invitaban a colores más claros: el vestido de encaje de Dandara, de ese color aguamarina que por fin ha vuelto a llevarse era de un corte mas recto de los que suelo elegir, y de un escote muy discreto. Lo combiné con zapatos de Unisa de ante lila, de tacón medio,
Los pendientes de libélula con turquesas y el brazalete de perlas antiguas son dos de mis piezas preferidas de Verdeagua. Para restarle seriedad al moño, le añadí dos rosas de seda de H&M.
Compré el bolso de Parfois porque me recordó esta escena de “La gran belleza”, de P. Sorrentino, en la que Jep y Sor María hablan sobre el bloqueo del escritor y la importancia de las raíces, y todos los flamencos de Roma echan a volar a la vez. Al fin y al cabo, ¿no hemos comenzado hablando de misterios que rodean la literatura y a quienes la aman?