Premios Blue Label: sigue caminando

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Contrariamente a lo que mucha gente cree, yo no he sido demasiado afortunada con los premios a los que me he presentado: he perdido muchos más que aquellos que he ganado, en algunos se me ha desestimado por ser demasiado joven, y en otros, porque mis competidores resultaban abrumadores en su superioridad. Continúo presentándome a ellos con un escepticismo creciente, y con la misma voluntad competitiva que siempre me ha alentado.

Eso, desde luego, me hace valorar más aquellos que he obtenido: nacionales e internacionales, algunos relacionados estrictamente con mis obras literarias, y otros con mi papel como escritora, o como alguien conocido. Por eso recibí con una sorpresa entretejida con un enorme agradecimiento la noticia de que la Embajada de Reino Unido en España, en colaboración con la empresa británica Diageo Reserve, había decidido otorgarme uno de sus Blue Label Awards. El listado de los demás premiados resultaba apabullante: el diseñador Jeremy Hackett, los actores Belén RuedaEduardo Noriega, Delfina Entrecanales, Pascua Ortega, el chef Diego Guerrero, el bailarín Igor Yebra, el arquitecto Luis Vidal, el Dr. Rafael Matesanz de la Organización Nacional de Trasplantes, el Dr. Pedro Carlos Cavadas, conocidísimo por sus pioneros transplante, Jesús Encinar, el fundador de Idealista, o Enrique Álvarez, superviviente del tsunami e inspiración junto con su familia para la película Lo imposible.

Los seleccionados han dejado huella en su profesión, desde luego: pero lo que este premio destaca y lo que los hace especiales es que reconocen el legado personal volcado en nuestro trabajo, y, sobre todo, en la sociedad; y destacan la gratitud y la generosidad que han mostrado, pese, o precisamente, por su éxito.

La emoción de encontrarme entre ellos me duró toda la noche, y varios días más. No solo la fiesta, cuidada en sus menores detalles, fue deliciosa, sino que a lo largo de la noche se dieron varias conversaciones inolvidades: conocía a algunos de los premiados, a otros, solo por su reputación. Al final de la fiesta, en la que actuó Marlango, me llevaba algo más que una botella personalizada, única e irrepetible: había redefinido mi concepto de generosidad. Había escuchado discursos inspirados, y había mantenido conversaciones inspiradoras. Me llevaba conmigo la particular decisión de continuar caminando, de defender una serie de valores: aunque no fuera más que por pagar la deuda contraída con el resto de los ganadores.

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No he sido nunca supersticiosa, y el amarillo del traje de dos piezas que escogí lo demuestra: firmado por Alicia Rueda, a la que conozco desde hace más de veinte años, estaba compuesto por una falda de vuelo, profusamente bordada con abalorios, y un body que dejaba la espalda al descubierto. Aroa, de The Gallery Room, me dio la solución para la excesiva transparencia del body: un sujetador compuesto únicamente por las copas, adhesivo, que compré en Oysho. No había probado nunca ese sistema y funcionó muy bien.

Las sandalias de ante y el clutch eran de Lodi. Llevé el pelo recogido en un moño alto, y muy pocas joyas: pendientes de diamante y mi anillo de oro en forma de serpiente de Aristocrazy. Una de mis estrellas vienesas cerraba el cinturón negro.

Y otro regalo añadido, porque fue, ya lo he dicho, una noche de luz y de generosidad: cuando ya casi me marchaba, me encontré con el ilustrador Dani Wilde. Y al día siguiente me había convertido en uno de sus dibujos. Continuamos, sí. Continuamos.

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Los últimos días de Casa Decor 2016

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Aún podéis visitar Casa Decor, la exposición de tendencias decorativas más exclusiva de Europa, hasta el 26 de junio, en Madrid, en la Casa Palacio Atocha 34. De hecho, hoy se fallan los Premios a la Decoración, con lo que estaréis al tanto de, literalmente, lo último en tendencias.

Yo esperaba esta edición con un hambre casi literal: mi casa ha dejado de reflejar lo que creo ser en estos momentos, y no se corresponde del todo con mis necesidades ni mis gustos: quince años, muchos procesos vitales, varias estancias en otros países, una mudanza de oficina, la alegría renovada de vivir y tres gatas han provocado que lo que en su momento fue un hogar en el que me encontraba perfectamente cómoda chirríe en algunos puntos. Quiero, con calma, pero de manera ya imparable, transformarla en los meses venideros, y por primera vez no tengo casi nada claro: creía que Casa Decor me ayudaría a definirme, y me ofrecería opciones que ni sospechaba.

En la segunda parte he acertado. En la primera, no. He regresado con una considerable saturación stendhaliana, en la que todo me parece bien, todo me gusta, todo me parece posible, y no sé por dónde comenzar. Cuando el remolino de ideas, colores y estímulos se asiente, veré qué rescatar, de qué librarme, los nuevos espacios… la nueva casa para una yo renovada.

Un consejo que me agradeceréis: cuando salgáis de Casa Decor no regreséis directamente a casa. Dad una vuelta por la ciudad, entrad en algunas tiendas, id al cine. Tomad un café en algún lugar agradable. Al cerrar la puerta, no miréis directamente vuestros muebles, ni las paredes; porque la depresión que os puede entrar por  simple comparación es un riesgo asumido y que hay que afrontar.

No se trata de que toda estancia vuestra parezca pequeña y de techo bajo: la edición de 2016 ha permitido de 63 espacios distintos sean redecorados, y en esos espacios hay de todo: rinconcitos, lugares de paso, techos bajos, lofts, espacios inmensos y finales de pasillo, interiores y exteriores. Muebles gigantescos, más propios para hoteles o instituciones públicas que para una casa, y cocinas con soluciones aptas para apartamentos. Lo que acompleja es la ingeniosidad y la originalidad con la que los profesionales son capaces de dotar de vida espacios vacíos: las fotos del antes resultan sorprendentes.

Resulta imposible dictar unas  reglas generales, pero intentaré destacar lo que me ha llamado más la atención: las paredes de ladrillo visto o blanco, o el diseño nórdico, con decapados y pintura a la tiza, que se han generalizado en la decoración popular, con restaurantes y bares a la cabeza, se encuentran por completo ausentes en Casa Decor: aires más sofisticados y urbanos, una influencia muy clara de los años 50,  con colores ácidos, pasteles, y estampados geométricos, en cambio, han tomado el relevo. Las piezas tienen personalidad por sí mismas, los suelos y las paredes cobran texturas sorprendentes: desde los nuevos acabados sintéticos al mármol, o a la piedra. Ojo a las chimeneas (simplemente espectaculares) y a las bañeras (espectaculares, simplemente).

Uno de los espacios que más me han gustado es el vestidor de Miriam Alía: además de mostrar prendas de Lydia Delgado, y de Miranda for Lydia, lo que siempre resulta atractivo, cada rincón ofrece una sorpresa: dos butacas tapizadas con lentejuelas, hipnóticas, un leopardo de cerámica (sí, como aquellos que tiramos de la casa de la abuela, porque nos parecían horrorosos… de pronto, han regresado), o papel pintado con estampado de diamantes. Arriesgado, divertido… y funciona.

El jardín de Fernando Pozuelo se abre al espacio que en el que Pepe Leal ha interpretado la tradición y la modernidad del país invitado, Portugal. Azulejos pintados y cerámica verde, por supuesto, y un guiño a Pessoa. Pero también acabados en cobre, paneles de madera exquisitamente tallada en las puertas, y terciopelos en delicados grises.

Los descubrimientos continúan: unos baños públicos pueden ser la extensión del refugio de un dandy, por Adriana Nicolau, la impresión digital de HP cubre todo el espacio de Egue y Seta (todo es todo, paredes, suelos, superficies…) y la tecnología aparece con Samsung. Por cierto, su modelo Galaxy S7 Edge es el premio del concurso de fotografía que se organiza entre quienes sigan la cuenta @CasaDecorOficial y etiqueten sus fotos con el Hashtag #MiFotoCasaDecor2016.

¿Qué más? Todo lo que la imaginación permite. Pintura, escultura, neones, un restaurante, vidrieras, arreglos florales, una ilusión de que se pueden habitar espacios posibles e imposibles, y que aquello en lo que vivimos es tan nuestro como la piel o el cabello; y lo hacemos nuestro como nunca podrá serlo nuestro tiempo o nuestro presente. OLYMPUS DIGITAL CAMERA
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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara una visita a interioristas y decoradores, un vestido arquitectónico: unas líneas muy simples en un diseño de COS, finamente plisado, azul marino. Le añadí un precioso collar de Marisa Bell, y dos anillos gemelos que en esta ocasión llevé separados. Las gafas de sol son de Musthave, el modelo Ibiza Blue Power. Y el bolso, una pequeña obra maestra de Chie Mihara. Usad calzado cómodo: no dejan de ser 4.000m2 de exposición, repartidos en varios pisos, y la tentación de no dejar ningún espacio por recorrer resulta demasiado intensa.

Ahora, ah, ahora comienza el proceso de mirar las paredes y el aire, y ocuparlo de nuevo de manera diferente. Más intensa. Más real.