En Casa Decor 2017

OLYMPUS DIGITAL CAMERACada año Casadecor cambia de ubicación: como un guante a los dedos, las tendencias más interesantes de decoración se adaptan a un nuevo edificio, que este año se encuentra en la calle Antonio Maura, 8, de Madrid. Una casa señorial, de casi 3.000m2, con siete plantas irregulares y diferentes. En total, el curioso se encontrará con 67 espacios decorados por distintos diseñadores, arquitectos e interioristas. Desde una pared en un espacio de paso a una habitación suite.

Quizás sea una de las exposiciones que cada año espero con mayor impaciencia. La reforma de un casa esconde una promesa de una vida nueva y de un inicio mejor. Durante los próximos meses espero modificar ligeramente todo ello, de manera que ver tantas ideas creativas ( quienes lo deseen podrán visitar Casadecor hasta el 18 de Junio, todos los días de 11:00 a 21:00h) me deja oscilando entre la inspiración y la realidad.

No mencionaré todos los espacios que me han gustado, porque sería interminable, pero no quiero dejar de mencionar algunos que me han llamado la atención: pido disculpas al resto, y a su talento.

El visitante debería detenerse en la tienda Brillar, Resplandecer, Sobresalir, a cargo de Espacio Luzco. Siempre resulta ingrato decorar un espacio en el que se venden objetos ajenos, y Liena Ferrero lo consigue con (perdón por el juego de palabras) brillantez.

Una de las miradas más originales de la decoración contemporánea es la del siempre interesante Guillermo García-Hoz, que este año se ha encargado del Salón Home-Gallery Samsung. Colorido y neón en un espacio presidido por su emblemático ciervo Gerardo, y por un sentido del humor que invita a divertirse se quiera o no.  Sigo a Guille desde hace años y cada vez me gusta más lo que hace.
También en un espacio Samsung, pero en este caso la cocina Trendy Kitchen encontramos a Beatriz Silveira. Beatriz habla en sus proyectos de sensibilidad y de equilibrio, con un toque femenino muy sutil. Luz y armonía, y espacios abiertos en esa cocina.
La luz, y en este caso el color, protagonizan también el salón del Espacio Westwing, de la mano de Miriam Alía. Miriam fue uno de mis descubrimientos de la pasada edición, con su butaca de lentejuelas y su leopardo de cerámica, pero este año me ha deslumbrado: ha recubierto las paredes de tonos fríos con celosías blancas, que combina con papel pintado de flores y toques dorados. Westwing sacará a la venta en breve algunos de estos objetos, y reconozco que los estoy esperando con interés.
Pasé varias veces por la Sala de Estar La cuestión palpitante, de Virginia Sánchez Interiorismo. La razón, los intensos verdes degradados de esta sala de estar que reinterpreta los hogares señoriales en los que Emilia Pardo Bazán, la autora del ensayo que da título al espacio, vivió. Y la interesante conversación de Virginia, encantada de explicar el proceso que llevó a cabo para mostrar la modernidad de esta escritora plasmada en las molduras y las fotografías. Una delicia.

Tampoco podía pasar con prisas frente a El salón del Lector de Asun Antó: dos alturas que me llevaría a mi casa, con sus espejos, libros y discos, en un ambiente íntimo que parece casi infinito y que invita a la conversación pausada o a la soledad.
Completamente distinto es el tramo de escalera Esne para Scheider Electric. Suban y vean el ramalazo de rojo y la originalidad de este diminuto espacio.

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Entre tanto color (y terciopelo, y mármol, y cobre, y dorados, la tendencias de este año) para las fotos de Nika Jiménez preferí vestir de blanco: un top de Zara, con un pantalón crop blanco de Mango, mi preferido ahora que ha llegado el buen tiempo. Toques plateados y un borsalino. Me cuesta más escoger entre lo que veo: todo parece posible, todo puede encajarse. Paredes grises o rojas, pavimentos naturales o de brillo sintético, antigüedades reales o guiños kitch. Es el problema de tenerlo todo tan al alcance durante esta visita. Lo creemos posible, lo creemos nuestro, lo creemos hecho.

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Ambiciono

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-¿Cómo deseas sentirte? -me preguntaron en Lush Spa.

-Quiero recuperar mi ambición -contesté. No me pidieron más explicaciones ni yo las di. Me encontraba en la cocina verde y acogedora del cottage del spa, ante un agua infusionada  con fresas, y una serie de palabras entre las que podía escoger: paz, serenidad, confianza, autoestima.

Me aguardaba más de una hora de tratamiento, el tratamiento insignia de Lush, llamado Synaesthesia. La sinestesia, un recurso poético que nos habla de aromas dulces, de colores duros, de luces ruidosas,  servía en este caso para una estimulación constante de los sentidos: la aromaterapia, una música compuesta para cada una de los tratamientos y un masaje interminable.

Ambición, pensaba, mientras cerraba los ojos, en la penumbra de la sala de masaje, con la música a un volumen un poco más elevado del habitual y mucho más descriptiva de lo acostumbrado. Ambición. Me aplicaron un calor seco en los pies, y un masaje en el cuero cabelludo, una de las sensaciones más agradables que conozco. Más piedras calientes, en los puntos que coinciden con los chakras. Y la música continuaba; evocaba un mediodía radiante en el cambio, para pasar por la noche, el amanecer y regresar de nuevo al mediodía al final del tratamiento.

Quería recuperar mi ambición, esa fuerza poderosa que se encuentra en el origen de los sueños, por dos razones: la primera, el que durante los dos últimos años mis prioridades se habían centrado en otros objetivos. La serenidad, la paz mental, la lucha contra el perfeccionismo o la búsqueda del ocio. La ambición, que tanto me había ayudado en mi vida y en mi carrera, había quedado aparcada hasta que tuviera fuerzas para recuperarla.

La segunda razón tenía que ver con la mala fama de una palabra que ha sido, durante siglo, patrimonio de los varones. La ambición convertía a las mujeres en unas Lady Macbeths manipuladoras, en causantes de la ruina familiar, en medusas capaces de congelar el corazón humano. En esa visión social de la mujer como parte de una estructura, sin función propia, la ambición, la vanidad o la pereza eran pecados imperdonables. Y sin embargo, qué necesaria es para las generaciones más jóvenes, como una forma de mirar al futuro con decisión y de planificar una vida mejor.

La música avanzaba, y me llevaba a terrenos ya transitados. Con la relajación profunda, las ideas surgían con mayor claridad, las asociaciones entre un concepto y otro fluían suavemente. Regresaba en mi mente a los caminos que en su momento no escogí, o a los errores de los que aprendí algo. A las siestas en verano con la orquesta de las chicharras entre la hierba, bajo un manzano.

 Y tras ese tiempo de ensoñación, mi piel quedó suave, con un olor delicioso y una sensación cálida. Y las emociones experimentadas habían pasado por altos y bajos, por la falta de miedo y el deseo de llevar a cabo nuevas ideas. No sé si eso era lo que esperaba de la ambición: pero se le parece mucho.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERA No lo sabía cuando me vestí esa mañana, pero los tonos metálicos y oro encajaban bien con el tratamiento elegido. Los pantalones dorados son de HM, y los zapatos, un gran éxito de temporada de Mango. El anillo de oro con un zafiro fue un regalo familiar por  mi Comunión, (mis dedos nunca crecieron), y los pendientes, en este caso con amatistas, fueron diseñados por Daniel Espinosa. La laca de uñas lleva el nombre de OPI.

Propósitos de Año Nuevo

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Decía Teresa de Jesús que se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por aquellas que han sido escuchadas. Conviene recordar esa frase, tan sabia, cuando comenzamos a formular los propósitos de Año Nuevo, que muchos rompen a los dos días, porque piensan en ellos como deseos pedidos a una estrella fugaz. Un propósito no es algo que nos sobreviene, ni un golpe de suerte, sino una tarea nueva, una manera de mejorar nuestra vida en la que queremos centrarnos durante 2016.
Cada uno debería conocer su carácter, y sus debilidades, y cómo puede conseguir mejor sus objetivos: yo, lo he dicho muchas veces, me planteo 50 propósitos cada año. Algunos los repito. Otros son nuevos, retos que me planteo para superarme, otros, la mayoría, son una forma de asegurarme de que no me olvido del camino que me he marcado para mi vida. Los divido en varias áreas: Salud y cuerpo, profesional, económica, casa, relaciones, y otras, en las que incluyo el ocio, los caprichos… Así me aseguro que mantener un cierto equilibrio, porque en algunos momentos de mi vida, el trabajo ha absorbido demasiada energía, y me ha pasado una alta factura.
Entiendo que a algunos puede agobiar un listado tan exhaustivo: en realidad, si los repartiera resultarían ser uno por semana, pero no es tan sencillo: muchos de ellos, como los relacionados con el ejercicio, la salud  o la alimentación, deben ser cumplidos a diario. Otros, como conocer dos países nuevos al año, se realizan de una vez y para siempre. Para mí, el planificarlos y decidirlos supone una de las tareas más bonitas y edificantes de final de año. Le dedico varios días, hago una lista, tacho, incluyo, pienso: siento el placer inmenso de sentir que puedo decidir sobre mi vida y construir mi felicidad. Salgo, tomo un te, paseo, hago balance de qué deseo de verdad, y qué por presiones, expectativas ajenas o apariencia.
Para conseguir los objetivos de Año Nuevo hay que desearlo, pero no basta con eso. No puede existir una mentalidad de todo o nada: si se ha fracasado una vez, queda el resto del año para enmendarse. Deben ser realistas, pero un poco exigentes: si yo escribo tantos es porque me resulta más sencillo dividir un proyecto grande (como escribir un nuevo libro de cuentos) en pequeños bocados (como escribir un cuento a la semana… a mal que lo haga, finalizo el año con al menos 35 cuentos nuevos).
Cada domingo o lunes reviso mi listado y evalúo cómo voy: pongo fechas concretas, miro qué necesito para cumplir otros. Cuando llega mi cumpleaños, en Julio, los reestructuro. A esas alturas tengo que aceptar que algunos no se cumplirán, porque eran desmedidos, o porque he perdido el interés. Me doy la oportunidad de reformularlos: es mejor negociar que rendirse. Quienes me conocen saben que siento debilidad por los listados y los esquemas: curiosamente, me permiten ser más creativa. La creatividad no consiste en el caos, sino en mirar las cosas desde perspectivas distintas, novedosas. En la creatividad también se trabaja.
¿Es un sistema muy estricto? Con los años, he visto que es el que mejor me funciona: los días se escapan sin vuelta, y hay una gran infelicidad en sentir que no han sido aprovechados en hacer lo que se quiere de verdad. Ese sentimiento se agudiza con la edad. El año pasado fue un buen año: me quedaron tres objetivos por cumplir: No viajé a Nueva York, como me propongo hacer una vez al año, no entregué mi novela, y tampoco cambié el suelo de mi casa. Pero el resto de los 47 se llevaron a cabo. Y, como mi propósito número 50 es siempre “Aprendo a no exigirme demasiado”, creo que no es un mal balance. Yo, al menos, soy mucho más feliz que en 2014.

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Estos últimos días del año han sido soleados, y me han permitido vestir mis pantalones de terciopelo rojo de Amaya Arzuaga y una blusa vintage. Llevo unos peep toes a medida de Sacha London, y un bolso de mano de Purificación García. Los pendientes irregulares son de Parfois, y el esmalte de uñas, de Essie. Las fotos fueron tomadas en la que fue la antigua prisión de Miguel Hernández, ahora una residencia de ancianos, en Conde de Peñalver, Madrid, y en la cafetería del Mozza Bar, que se encuentra justo enfrente. Y cuyas tazas, curiosamente, muestran una palabra clave para afrontar 2016: filosofía.