Ajedrez en la isla

OLYMPUS DIGITAL CAMERANo somos sino piezas de ajedrez en un tablero sin normas, más grises que blancas, más grises que negras. No somos sino el movimiento que realizamos y que creemos libre, y que sin embargo, condicionan los otros, el capricho, la ignorancia, la presión, la falta de perspectiva. No somos sino aquello que soñamos en la mañana y que conseguimos cuando el día acaba, la aspiración a moverse como alfil siendo un caballo, de suistituir a la reina cuando no pasamos de peón, de ganar esta partida, o de al menos no perder con demasiada rapidez, con un deshonor obvio. No somos sino el tiempo que transcurre entre partida y partida, mientras ordenamos figuritas, ensayamos estrategias y nos aseguramos ante el espejo que sí, que esta vez ya hemos practicado lo suficiente, que esta vez lograremos un jaque mate.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALas fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con  MyPen Camera en el Hotel Seaside Palm Beach de Maspalomas, Gran Canaria, que en sus jardines esconde un ajedrez gigante, cactus y buganvillas de un exotismo exhuberante. Me hospedé allí durante una estancia de GCWellness, organizada por The Suites. Días inolvidables por la amabilidad de todos los empleados, la gastronomía (los desayunos del hotel son dificilmente igualables) y el spa, que no se conforma con tratar el cuerpo, sino que ofrece tratamientos que ofrecen una tranquilidad mental y una relajación más que deseable.

La falda tableada de crêpe azul klein es de Mango. La he combinado con un crop top de algodón blanco, sandalias de ante fucsia con cuña, y una pamela de fieltro blanco. Ojo al sol, hace falta siempre protección alta. El collar de cuentas de vidrio azul lo compré en Atenas hace ya años.

Nuevas voces, nuevas historias

 

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Siempre ando a la caza de nuevas voces. No tanto de nuevas historias para narrar, porque esas llegan solas, o aparecen de vez en cuando entre los recuerdos y las experiencias pasadas, sino de quienes se expresan de manera diferente. El libro es para mí como un viejo amante, cuyas limitaciones conozco y acepto, a quien siempre puedo regresar. Pero las otras maneras de contar lo que deseo transmitir… ah, se han convertido en una pasión siempre renovada. , y siempre me siento dispuesta a ellas.

Durante años me obsesionó el encontrar nuevos formatos para transmitir mis historias: el audio, los textiles, la publicidad, los envoltorios (el packaging ofrece tantos espacios vacíos…), y, por supuesto, el escenario. El encuentro entre imagen, sonido y palabras

Publiqué un libro, los relatos de “Cuentos malvados” en farolas. He escrito cuentos sobre zapatos, y se han fabricado zapatos que he descrito en mis cuentos. Escondí textos en camisetas. Me he inspirado en perfumes, en la textura sedosa de los cosméticos, en colecciones de moda, en flores y jardines, en lámparas de cristal. Conté de nuevo historias como la del Cid o la de Hamlet a niños, y he trabajado con arte urbano.

Ahora, con la impetuosidad de la primera juventud ya apaciguada, y con algunos caminos ya explorados, aún me emociona el encontrarme con quien busca senderos nuevos.

Durante los días que pasé en Valencia, hace poco, lució un sol espléndido, y pude ponerme unos shorts de ante, con mi cazadora de cuero, una pulsera de Braccialini  y una camiseta de Cotocult.  Ya me visteis con ropa de Cotocult, en este caso una sudadera, aquí.

Los creadores de esta joven marca se definen a través de Shirt and Words. Dicen que Cotocult quiere contar una historia y un viaje con un personaje tras cada camiseta. Y la camiseta negra que luzco se titula Escribo parís, de la colección Quién nos escribirá mañana. La ilustración muestra una postal que podría ser enviada a cualquiera: pero si indagais en la web, el texto que está detrás declara esto:

Escribo parís en minúscula desde que sé que te dan rabia las faltas de ortografía. He aprendido a escribir vaso con b y beso con v y si me preguntas por qué lo hago te respondo que es una tontería porque me encantan los hoyuelos que te salen en las mejillas cuando te entra una rabieta. (…) Bicicleta y Cama van con mayúsculas si se refieren a tu Cama y a mi Bicicleta. La Camiseta de autor escribo paris negra declara la guerra a quien no se atreve a decir de otra manera lo que siente. Como el niño que le tira de las trenzas a la niña más guapa del colegio.

Les deseo toda la suerte del mundo. Creo que continuarán contando muchas más hermosas historias.

Y, también en Valencia, de una manera muy distinta, hay una joven artista que, por un momento fugaz, convierte lo cotidiano en algo inesperado. Su material es el café, los siropes y la espuma. Se llama Bea, y se encuentra en el Café dels Somnis,  en Avda del Puerto 152. Había tenido ya la amabilidad de retratarme en un café, a mí y a mis gatitas, pero cuando fui a visitarla repitió a Lady Macbeth con una habilidad casi fotográfica. Transformó un café en una experiencia, una pausa en un recuerdo. Las historias, se supone, son una lucha contra el tiempo, pero resulta extraordinario que algunas de ellas, que no perduran, nos obliguen a centrarnos en el momento con un resultado casi idéntico: una vida más intensa y con mayor sentido.

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Siempre ando a la caza de nuevas voces. Y nunca sé dónde encontraré la siguiente historia.

 

Vestido para un invierno que no será invierno.

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Si 1816 fue el año sin verano, aquel en el que Percy B. Shelley, Mary Shelley, Byron y Polidori escribieron sobre monstruos y horrores inspirados en sus entrañas, el cambio de año 2015-2016 amenaza con ser el año sin invierno. El cambio climático (después de la Cumbre de París ya puede hablarse de él sin temor a ser considerados unos pirados, extremistas o devotos de Naomi Kleim) se ha instalado en nuestros huertos y en las ciudades, consiguiendo que frutales y personas enloquezcan y no sepamos si quitarnos las medias o ponernos las flores.

A la espera de que talentos literarios aprovechen de manera interesante las locuras del clima, los problemas inmediatos son otros: cómo combinar nuestra necesidad, casi exigencia de bienestar, con el calentamiento del planeta. Qué nos jugamos a medio plazo por un poco de confort de Primer Mundo. Qué decisiones tomar a nivel personal, y cuáles demandar a los políticos y dirigentes. El futuro inmediato será ecologista o no será, y no bastará el separar las basuras o el pagar unos céntimos por las bolsas de plástico para detener la catástrofe que se nos avecina. Tendremos que familiarizarnos con una actitud distinta no únicamente hacia el medio ambiente, sino hacia las bases de una sociedad basada en decisiones impulsivas y de satisfacción inmediata. Es decir, como hicieron unos jovencitos rebeldes y marginados hace dos siglos, hemos de mirar a los ojos, de nuevo, al monstruo interior que tememos tanto.

En cualquier otro año este vestido de gasa de Zara sería adecuado para una primavera amable o un otoño gentil, pero lo cierto es que he podido llevarlo en pleno mes de Diciembre sin más que una chaqueta de Adolfo Domínguez sobre los hombros. Con su escote posterior, es más versátil de lo que podría imaginarse; de hecho, yo muestro dos opciones , y a quienes asustan los estampados (que, por mi trayectoria y mi Instagram ya puede verse que no es mi caso) animo a que lo combinen con accesorios neutros, porque resultará mucho menos llamativo de lo que a primera vista parecería, porque el propio patrón del vestido y el tejido disimulan la potencia del print.

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En la primera opción, los zapatos verdes de Unisa y el bolso vintage conviven con los pendientes de HM y un anillo de plata con una perla de río irregular y enorme.

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Para la segunda opción aproveché la fiebre pasajera de los 70 que nos inunda y el sol de justicia que nos inunda también para combinarlo con dos prendas estrella de la temporada: la pamela de fieltro que sabe Dios que hace falta si pasamos tiempo al aire libre, junto con la protección solar, y los flecos, en este caso en un bolso de SuiteBlanco que me enloquece y que me consta que tiene muchas adeptas. Dispuesta  darlo todo, me puse unos pendientes de plumas; pero contrarresté con unos discretos zapatos beige de Unisa, porque de vez en cuando caigo en que más no siempre es más.

El esmalte de uñas es de Essie, y el resto del maquillaje, de Lancôme. Las fotos fueron tomadas en el Parque de Eva Perón, en Madrid. Por cierto, las flores del estampado son peonías. ¿Acabaremos sustituyendo la Euphorbia pulcherrima, o  poinsetia navideña, por las primaverales peonías?

Estampados e historia

OLYMPUS DIGITAL CAMERAConozco algunas mujeres que no guardan una sola prenda estampada en su armario y que, por lo tanto, se horrorizarían al ver el mío: quizás se horrorizaran de todas maneras. Me fascinan las telas estampadas, y la estampación en telas, que son dos cosas distintas, y se debe, como casi todo en mi vida, a mi pernicioso gusto por la lectura. No se puede leer “El traje nuevo del emperador”, “Viento del Este, viento del Oeste”, “Madame Bovary”, “Fortunata y Jacinta” o la Biblia, o “La española inglesa”, de Cervantes, y luego pretender que a la niña no se le llene la cabeza de tejidos, ropajes y estampados. El frufrú de la seda, la frescura del lino, la tornasolada belleza del brocado las adiviné antes de saber realmente qué era. Recuerdo cómo le pregunté a mi madre, mientras leía “Las aventuras de Huckleberry Finn” lo que era el calicó y cómo me desilusioné cuando me señaló la tela del sofá.
Los estampados eran legendarios, carísimos, extraordinarios, porque en un inicio los creaba la trama y los distintos hilos, y la técnica requerida para ello  requería dinero y habilidad. Las telas pobres se teñían, sin más. Y con tintes vegetales, baratos. Los estampados procedían de Oriente, más concretamente, de la India, y se importaron en masa a Europa a partir del s. XVII. Con planchas de madera, primero y luego con rodillos de metal, se imprimía sobre percal de algodón: hicieron furor, no solo para vestirse, sino también para decorar la casa. Hasta el punto que se puede aseverar que la moda, tal y como la conocemos, comienza con los estampados. Como era un material barato, se podía cambiar fácilmente, cuando se aburrían del diseño; y los fabricantes se dieron prisa en producir modelos nuevos que aceleraran ese aburrimiento y el deseo de adquirir otros.

He tomado como base para dos cambios un vestido muy sencillo de Zara con un estampado floral sobre fondo negro. En su momento, hubiera sido un modelo caro, porque resultaba más sencillo emplear un fondo blanco, y con menos tintas que las de estas flores verdes, rojas, marrones, beige, azules…

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn el primer cambio me muevo sobre seguro: los zapatos son de Salvador Bachiller, la pamela de fieltro beige de Klase, y el toque extravagante lo brinda el bolso de los años 40, de piel, que se lleva en la mano con una trabilla oculta, que ofrece la ilusión óptica de que se suspende en el aire. Si la pamela os molesta, podemos prescindir de ella, aunque es una pena no aprovechar esta moda pasajera de sombreros y tocados para colocarse lo que sea en la cabeza: no sabemos lo que durará.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl segundo cambio comparte el vestido, y el collar verde de malaquita del primero, pero los zapatos son unos peep toes de charol de Paco Gil, más altos y sexys, y ya lanzada al más es más, le he añadido un bolso de estampado de leopardo de G&S, un brazalete con el mismo motivo, y dos pendientes de pasta de HM. Mi excusa es que tanto el bolso, como los pendientes comparten tono exacto con las flores del vestido. En los dos casos la manicura es de OPI.

Y otro día os contaré mi teoría acerca de los lisos de fondo de armario, y los estampados de armario superficial…