El recuerdo y el olvido: amanecer en Benicassim

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Ahora prefiero los amaneceres al atardecer; al menos, para pensar. Me siento más lúcida, hay menos ruido, el día no pesa todavía.

Las playetas de Bellver se encuentran entre Benicàssim y Oropesa. Por la mañana aún no hay demasiado movimiento, ni golpea el calor. La arena es suave y amistosa, y ya muestra pisadas de quienes madrugaron aún más.  Aparecen conchas y caracolas, y la voz de mi madre ¿Tan mayor y aún recoges caracolas? El ritmo de las olas permite que los pensamientos vayan y escapen. El día de estas fotos yo recordaba la conversación con un viejo amigo, viejo en edad y vieja nuestra amistad, también, que es un defensor firme del olvido.

-El mal del ser humano contemporáneo es que quiere abarcarlo todo, dice. Quiere recordar cada momento de pasado, no perderse nada del presente, quiere planear el futuro. No fuimos hechos para eso: hay que recordar solo lo importante, y ni siquiera lo importante para nosotros: lo importante para todos.

A este amigo, profesor, filósofo, vasco, le escucho siempre un poco sobrecogida, porque para mí el recuerdo fue siempre un lugar seguro, e incluso un material de trabajo. Así comienza Melocotones Helados, con un canto a la memoria, y la identificación del olvido con la muerte.

– Pero eso pasa -me aclara- porque tú le das importancia a la justicia. Yo, que soy viejo, le doy preferencia a la felicidad.

En eso pensaba el otro día, ese amanecer. En qué debemos recordar para ser justos, en qué necesitamos olvidar para ser felices. No lo tengo claro, y no me atrevo a dar recomendaciones a nadie. Hay quien vive el verano como un paréntesis, quien lo experimenta como un presente constante, quien se sumerge en una actividad frenética de actividad. En estas mañanas en las que antes solo leía ahora leo cada vez menos y miro y pienso cada vez más. No llego a grandes conclusiones. Pero quedan muchos amaneceres de Mediterráneo para adquirir mayor sabiduría, mayor serenidad, un menor apego. Lo único bueno de la ignorancia y de la confusión es todo lo que aún nos queda por aprender.

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El kaftán que llevo es un regalo de una buena amiga que lo lució en los 70. Me cubro con una pamela de paja de Salvador Bachiller, y completo el look con una pulsera de ámbar y coral que compré hace años en la Feria del Libro de Guadalajara, México, dos brazaletes de oro amarillo y oro rosa de Issavò Elements, y unas sandalias doradas de Mango. Nika Jiménez sacó las fotos en las Playetas de Bellver con My pen Camera.

Cada paso, una conquista. Un diseño con RIA Menorca

Uno de los placeres de intervenir en el diseño de un zapato tiene que ver con la libertad y los límites, al mismo tiempo, que ofrece el soporte. El libro es un terreno ya conocido, aunque siempre nuevo. Sin embargo, las camisetas, la cartelería, los marcapáginas, incluso, fuerzan a un mensaje concentrado y que debe contar una historia no solo con palabras, sino con todo lo que el objeto es.

La colaboración que hoy os presento se inició hace ya tiempo, y comenzó con una visita a la fábrica RIA en Ferreries,  Menorca.

Allí me enseñaron cómo una necesidad básica de los menorquines, la de encontrar un calzado resistente y a su alcance, con una suela de goma que le permitiera caminar sobre terreno escarpado y librarse de las piedrecitas, se había sofisticado hasta los centenares de modelos actuales.

El nombre de ese calzado varía. Se conoce como abarcas, avarcas, menorquinasY lo que había comenzado como una solución local desfilaba en Nueva York, se exportaba ahora a países como Italia, Sudáfrica, Chile, Suiza, Bélgica, con un éxito muy marcado en Japón. 40 países, 300 modelos distintos.

La avarca primitiva casi no había variado desde que en 1947 Bartolomé Truyol abrió Ría Menorca, ni la manera artesanal de confeccionarlas. El curtido es ahora vegetal, para disminuir la huella ecológica. La estética, los materiales, más ligeros, eran completamente otros.

La parte que a mí me correspondía era la más agradecida: con los catálogos de tacones, telas, y acabados, ¿Qué quería hacer? En Ría me daban libertad absoluta. Era su manera de celebrar los 70 años de la empresa, una edición nueva de la avarca. ¿Qué hacer con ella?

Quería aprovechar la cuña alta, porque es cómoda y al mismo tiempo nos despega del suelo. El calzado debe permitir que caminemos, y sobre todo, que volemos. Quería la suavidad del nobuck hielo, y un toque de dorado. Quería el lujo casi inédito de incluir un puñado de tejido entrelazado con piedras y cristales. Y, finalmente, quería incluir una frase que me recordara, y que recordara a quien las lleve, que no importa hacia donde nos dirijamos, siempre es un logro. Cada paso, una conquista. Serigrafiada en el tacón, de mi puño y letra, esa frase acompaña a la mujer que calza la avarca.

Cada paso, una conquista. Every step a victory. Se camina de manera distinta si nos dirigimos hacia un lugar en el que esperamos grandes cosas, en el que confiamos en lo mejor. La frente alta, los pies ligeros, un poco de valor insuflado en el corazón. Siempre he creído que las emoción interna resulta difícil de ocultar, pero que toda ayuda exterior es poca para reforzarla. No estoy segura de que cada paso me conduzca a un logro. Pero tengo la certeza de que cada uno de los que soy es una conquista en sí mismo.

Las fotos muestran el momento del diseño de la avarca en la fabrica RIA Menorca, y su presentación, ya confeccionada, en Madrid, junto a la segunda generación Truyol. Fueron tomadas por Nika Jiménez.

Las avarcas con mi diseño están en todos los puntos de venta de Ría Menorca. Pero si no tenéis ninguno cerca, aquí tenéis el enlace en el que podéis comprarlas.

El tiempo (no) huye

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El tiempo huye, decían los antiguos, y lo recordaban en los relojes de arena, en los de sol, en las clepsidras, en todo lo que entonces permitía medir el tiempo. Recoge las rosas, niña, mientras puedas, que pronto llegará el invierno. Carpe Diem. Aprovecha el día.

Esta sociedad obsesionada con la productividad y con transformar el tiempo en algo provechoso reinterpreta a su manera estos mensajes, que, por otro lado, se dirigían a los nobles, y a aquellos para los que el ocio era posible: desde luego, no se les inculcaba a las mujeres, que recibían el mensaje de que la mujer honrada, la bíblica mujer fuerte, debía estar dedicada a labores prácticas desde la mañana a la noche.

Los romanos de clases acomodadas, tras haber finalizado su carrera profesional, o cursus honorum, fantaseaban con una jubilación idílica en el campo, donde cada momento estaría dedicado al estudio, al disfrute de las cosas simples. Ese anhelo de sencillez de los ricos puede verse en el Hameu que María Antonieta ordenó construir en su palacia a imagen y semejanza de una aldea normanda que vio en un cuadro de Hubert Robert. Allí, de espaldas al lujo y el protocolo, la reina jugaba a hacer queso y a sentirse libre.

Los momentos de placer de lo simple, la contemplación de lo cotidiano, no han sido una conquista fácil: para las clases más humildes quedaban descartados por los imperativos sociales y religiosos. La observación del clima, del campo, otorgaba una sabiduría natural que ahora añoramos, al mismo tiempo que olvidamos la extrema dureza de las tareas agrícolas, o ganaderas. Las ciudades y las fábricas dejaban poco tiempo para la pereza. Los ricos, a su vez, obedecían más a la necesidad de entretenerse y hacer algo con su tiempo que a la de disfrutar de su ocio. El vacío del no-tiempo nos ha absorbido con una enorme potencia, como un agujero negro que necesitara siempre alimento.

Seguimos con la necesidad pendiente de la apreciación del momento. Ansiamos vacaciones, nos despierta una envidia feroz quien las tiene. Las críticas hacia quienes parecen vivir en perpetuo verano hablan de un resentimiento muy antiguo, de ignorancia e inquina. Creemos que podríamos aprovechar mejor ese privilegio que el de al lado.  Y, sin embargo, al contar con tiempo libre los ancianos se sentaban en un banco a verlo pasar. A gastarlo, ahora que lo tenían.

La arena que se escapa entre los dedos, el viento que mueve las telas. El cielo que cambia sin cesar, el sol en la piel. Quien no aproveche esos momentos merece una amarga condena. Quien no aproveche otros menos evidentes, pero igualmente hermosos, está perdiendo algo más que el tiempo. Está perdiendo la vida.

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La falda tableada de gasa, azul Klein, es de Mango. Parece que continuará siendo una tendencia para el otoño en tejidos más gruesos. Ojo, que tienen a achatar y a ampliar la figura, y no siempre favorece. Cuanto más larga, más estiliza. La combiné con una camisa blanca masculina. Si hubiera sido un look más formal, hubiera escogido una blusa entallada, más adecuada al volumen de la falda. El bikini pertenece a una marca que ya conocéis, Anita since 1886; el sujetador es el modelo Paulina, con flores azul klein sobre fondo blanco, y un ligero efecto push-up (que según la talla que uséis puede ser no tan ligero y convertirse en muy potente). Hay varias posibilidades para combinar la braguita, y aunque no se aprecia en las fotos, yo escogí esta.

Las gafas de sol, polarizadas y de un azul potente, son de Musthave, el modelo Ibiza Blue power.

Aunque no llevo maquillaje, siempre salgo con protección solar factor 50, (o pantalla total, si el sol es muy intenso) en este caso, y debido a la arena, con la gama de Biotherm con efecto no pegajoso, tanto para cuerpo como para rostro. Proteged siempre, siempre , vuestra piel.

Y aunque en mitad de las dunas de Maspalomas, Gran Canaria, donde fueron tomadas estas fotos, era un suicidio usarlas, ese día llevaba unas sandalias de ante de tacón grueso maravillosas, de Mango. Ahora además están rebajadas.

Y para finalizar, un sombrero canotier. Creo que sigue siendo uno de los modelos que más me favorece, más alto o más bajo, con ala más o menos corta. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez, con MyPen Camera.

El primer baño del verano

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En un momento dado la ilusión por el primer baño en el mar o en una piscina, la euforia de los niños por chapotear y saltar al sol se transforma, sobre todo para las niñas, en otra cosa: comienza la vergüenza, no por el comportamiento sino por su cuerpo, por qué parecen, por quiénes son.

En los tres libros que he dedicado al tema del cuerpo (Cuando comer es un infierno, Quería volar, y La vida frente al espejo) abordo el dolor que genera una idea errónea de la belleza, y cómo a lo largo de los últimos años hemos unido de manera errónea las emociones al cuerpo, la autoestima a la apariencia y la belleza a la juventud. Lejos de suponer una frivolidad, estamos hablando de un sentimiento de inferioridad y de vergüenza que experimentan, en mayor o menor medida, muchas personas. Casi todas las mujeres luchan contra ellos, y muchos varones comienzan a entrar en ese mismo círculo. En casos extremos se llega a la enfermedad: por lo general, produce angustia, condiciona actitudes y consume mucho tiempo y esfuerzo.

La exigencia alcanza por igual a mujeres bellísimas y a quienes no lo son tanto, a mujeres que viven de su apariencia y a quienes no lo hacen. Lejos de convertir la belleza en un motivo de satisfacción y el cuerpo en una fuente de goce, la apartamos de nosotros.

Pero el tiempo no vuelve. Si pudiera ahora regresar a la adolescencia y dirigirme a la jovencita que fui le diría lo que en su momento me repetían los adultos: que los años vuelan, que lo que creemos tan importante no lo es tanto, que no me hiciera daño, que expresara lo que sentía en lugar de transmitirlo con mi cuerpo, que esta carne y estos huesos no son más que el medio a través del cual vivimos y sentimos. Todo eso me lo dijeron, y no lo supe entender. Y ahora, que lo entiendo, y lo siento, creo que hay que contarlo no solo a las generaciones nuevas: también a las mujeres que antes de ese primer baño que debía ser tan jubiloso como en la infancia se miran y se critican sin piedad. Y ven sus cicatrices y sus cesáreas, sus varices y su vello, la celulitis y la flaccidez, los kilos y las arrugas el paso de los años como algo terrible, como un robo de la belleza y la alegría. Pero nada de eso es cierto: el cuerpo marca el paso del tiempo y de la vida, y debería ser un orgullo y una satifacción haber sobrevivido a todo y mostras las huellas como si fueran medallas.

No es justo con nadie. Nada debería hacernos sentir así, tan mal, tan inadecuadas, tan avergonzadas. Nadie debería. No lo permitáis. No lo hagáis. A criticar y juzgar, el llamado body shaming, se enseña y se aprende, y a ser tolerante, y generosa, y a volver a jugar y a disfrutar, también.

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Hay infinidad de marcas de ropa de baño, pero muchas mujeres se siguen quejando de que no encuentran prendas para ellas. La diferencia entre las expectativas y la realidad provoca mucha frustración, la sensación de que se diseña únicamente para chicas muy jóvenes o de cuerpos perfectos la acentúa. A mí me gusta mucho Anita since 1886 precisamente porque entiende a la perfección el cuerpo femenino: hay trajes de baño para embarazadas, tallas grandes… y trabaja muy bien la sujeción del pecho, lo que hace sus bikinis perfectos para mujeres de busto generoso. En otras ocasiones ya me habéis visto con diseños de esta misma marca.

El modelo que yo llevo es el Hermine, con braguita alta fruncida en los costados, y sujetador con drapeado, aros y tirantes regulables. Puede llevarse con un pareo a juego en los mismos tonos añil y blanco decolorados. Un poco hippy, muy chic, y tan favorecedor como veis.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en la piscina secreta del Hotel Sheraton Gran Canaria Salobre Golf Resort, con unas vistas maravillosas del entorno natural y un agua tan fría que primero corta la respiración y luego da la vida. En realidad, eso es lo mejor que nos da nuestro cuerpo: la experiencia, el frío, el calor, la sensación, el placer, la memoria.

En Casa Decor 2017

OLYMPUS DIGITAL CAMERACada año Casadecor cambia de ubicación: como un guante a los dedos, las tendencias más interesantes de decoración se adaptan a un nuevo edificio, que este año se encuentra en la calle Antonio Maura, 8, de Madrid. Una casa señorial, de casi 3.000m2, con siete plantas irregulares y diferentes. En total, el curioso se encontrará con 67 espacios decorados por distintos diseñadores, arquitectos e interioristas. Desde una pared en un espacio de paso a una habitación suite.

Quizás sea una de las exposiciones que cada año espero con mayor impaciencia. La reforma de un casa esconde una promesa de una vida nueva y de un inicio mejor. Durante los próximos meses espero modificar ligeramente todo ello, de manera que ver tantas ideas creativas ( quienes lo deseen podrán visitar Casadecor hasta el 18 de Junio, todos los días de 11:00 a 21:00h) me deja oscilando entre la inspiración y la realidad.

No mencionaré todos los espacios que me han gustado, porque sería interminable, pero no quiero dejar de mencionar algunos que me han llamado la atención: pido disculpas al resto, y a su talento.

El visitante debería detenerse en la tienda Brillar, Resplandecer, Sobresalir, a cargo de Espacio Luzco. Siempre resulta ingrato decorar un espacio en el que se venden objetos ajenos, y Liena Ferrero lo consigue con (perdón por el juego de palabras) brillantez.

Una de las miradas más originales de la decoración contemporánea es la del siempre interesante Guillermo García-Hoz, que este año se ha encargado del Salón Home-Gallery Samsung. Colorido y neón en un espacio presidido por su emblemático ciervo Gerardo, y por un sentido del humor que invita a divertirse se quiera o no.  Sigo a Guille desde hace años y cada vez me gusta más lo que hace.
También en un espacio Samsung, pero en este caso la cocina Trendy Kitchen encontramos a Beatriz Silveira. Beatriz habla en sus proyectos de sensibilidad y de equilibrio, con un toque femenino muy sutil. Luz y armonía, y espacios abiertos en esa cocina.
La luz, y en este caso el color, protagonizan también el salón del Espacio Westwing, de la mano de Miriam Alía. Miriam fue uno de mis descubrimientos de la pasada edición, con su butaca de lentejuelas y su leopardo de cerámica, pero este año me ha deslumbrado: ha recubierto las paredes de tonos fríos con celosías blancas, que combina con papel pintado de flores y toques dorados. Westwing sacará a la venta en breve algunos de estos objetos, y reconozco que los estoy esperando con interés.
Pasé varias veces por la Sala de Estar La cuestión palpitante, de Virginia Sánchez Interiorismo. La razón, los intensos verdes degradados de esta sala de estar que reinterpreta los hogares señoriales en los que Emilia Pardo Bazán, la autora del ensayo que da título al espacio, vivió. Y la interesante conversación de Virginia, encantada de explicar el proceso que llevó a cabo para mostrar la modernidad de esta escritora plasmada en las molduras y las fotografías. Una delicia.

Tampoco podía pasar con prisas frente a El salón del Lector de Asun Antó: dos alturas que me llevaría a mi casa, con sus espejos, libros y discos, en un ambiente íntimo que parece casi infinito y que invita a la conversación pausada o a la soledad.
Completamente distinto es el tramo de escalera Esne para Scheider Electric. Suban y vean el ramalazo de rojo y la originalidad de este diminuto espacio.

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Entre tanto color (y terciopelo, y mármol, y cobre, y dorados, la tendencias de este año) para las fotos de Nika Jiménez preferí vestir de blanco: un top de Zara, con un pantalón crop blanco de Mango, mi preferido ahora que ha llegado el buen tiempo. Toques plateados y un borsalino. Me cuesta más escoger entre lo que veo: todo parece posible, todo puede encajarse. Paredes grises o rojas, pavimentos naturales o de brillo sintético, antigüedades reales o guiños kitch. Es el problema de tenerlo todo tan al alcance durante esta visita. Lo creemos posible, lo creemos nuestro, lo creemos hecho.

Dioses y Mitos por Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEsta es una imagen familiar para cualquier que me conozca: un edificio clásico, una escultura, una alegoría, y yo, plantada allí, incapaz de moverme hasta que les he contado a mis acompañantes qué vemos, de donde viene, qué referencias mitológicas encontramos en esa diosa desnuda, ese amorcillo enfadado, esa mujer con guirnaldas (también me ocurre con los árboles y las flores, pero en menor medida). Desde que de niña descubrí la mitología y su explicación simbólica del mundo ni  la arquitectura ni los jardines me transmitían lo mismo: y, con la insistencia de las pasiones, lo he compartido, me temo que quisiera o no, con quien llevaba al lado.

¿Por qué no lo haces para otros? ¿Para lectores, para curiosos? me habían preguntado mis amigos durante años, no sé si hartos de ser siempre mis víctimas o con un sincero entusiasmo por mis recorridos. El problema de las pasiones es que resultan contagiosas, y que no hace falta mucho para incendiarlas. Cuando comencé a colaborar con B the Travel BrandViajes El país con experiencias como el Viaje por la tierra de Jane Austen (que podéis ver aquí, aquí y aquí) era cuestión de tiempo el que les propusiera un recorrido por el Madrid Mitológico: desde las Quimeras de Atocha hasta la Diosa Cibeles, los caballos de Neptuno o la Diosa que preside la Gran Vía.

Así surgió Dioses y Mitos por Madrid. Una mañana por Madrid, con un grupo de viajeros, que recorren conmigo parte del centro de la ciudad, mientras yo les narro historias sobre esos dioses, esos héroes, esas alegorías que cubren las fachadas de muchos edificios señoriales. Cariátides y héroes, un diablo escondido en El Retiro, laureles, espigas de trigo. Y, como remate, una comida en el Palacio de Cibeles donde podíamos comentar lo visto.

Sabíamos que el Viaje por la Tierra de Jane Austen conmigo había despertado mucho interés, hasta el punto de que el siguiente, organizado para el 5 -8 de Octubre de 2017, se había llenado apenas fue ofrecido (es muy posible que ofrezcamos un recorrido más ese mes, dadas las peticiones de los viajeros: si finalmente es así, lo anunciaré con suficiente antelación), pero era un misterio qué ocurriría con una experiencia más breve, más extraña, si se quiere. Ocurrió lo mismo: veintidós viajeros me acompañaron en una de las mañanas más bonitas de este año, para aprender un poco más sobre cosmogonías, leyendas y sagas.

¿Repetiremos? Muy posiblemente. Pocas cosas pueden compararse a la expresión de sorpresa de quienes te acompañan cuando recuerdan fragmentos de historias leídas en su infancia, nociones sueltas. O cuando ven, como por primera vez, un edificio muchas veces conocido. Eso, y no otra cosa, es para mí enseñar. Las historias no se limitan a los libros. Hay que compartirlas, tienen que volver a la vida. Si no, los dioses y los héroes también pierden sus poderes.

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Para un recorrido que dura casi cuatro horas de paseo por Madrid necesitaba ropa cómoda, y que se adaptara a una mañana de mayo fresca que daría lugar a un día radiante. Elegí un vestido largo satinado de Wild Pony con estampado muy pequeño gris y rojo. El corte clásico (escote cruzado, tirantes, plisado en torno a la cintura, la falda de vuelo con una profunda abertura) lo convertía en un guiño a la experiencia de Madrid Mitológico. Ligero y evanescente, y muy espectacular, lo combiné con una cazadora de cuero negro de Mango, alpargatas  (no se ven en las fotos), un sombrero borsalino, y una gargantilla plateada (o chocker) de  Parfois. El bolso vintage es uno de mis clásicos. Como el sol primaveral es siempre traicionero, me embadurné a conciencia con proteccción solar: estoy probando varias entre las de factor de más de 50 que sean ligeras y adecuadas para piel sensible, y en esta ocasión usé una de mis preferids de Kiehl’s.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con My Pen Camera Olympus: y tuvo el acierto de captar, al menos en una ocasión, el escalofrío y la piel de gallina que me produce, una vez más, entregarme a dos de mis pasiones: el viaje y el conocimiento.

Ajedrez en la isla

OLYMPUS DIGITAL CAMERANo somos sino piezas de ajedrez en un tablero sin normas, más grises que blancas, más grises que negras. No somos sino el movimiento que realizamos y que creemos libre, y que sin embargo, condicionan los otros, el capricho, la ignorancia, la presión, la falta de perspectiva. No somos sino aquello que soñamos en la mañana y que conseguimos cuando el día acaba, la aspiración a moverse como alfil siendo un caballo, de suistituir a la reina cuando no pasamos de peón, de ganar esta partida, o de al menos no perder con demasiada rapidez, con un deshonor obvio. No somos sino el tiempo que transcurre entre partida y partida, mientras ordenamos figuritas, ensayamos estrategias y nos aseguramos ante el espejo que sí, que esta vez ya hemos practicado lo suficiente, que esta vez lograremos un jaque mate.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALas fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con  MyPen Camera en el Hotel Seaside Palm Beach de Maspalomas, Gran Canaria, que en sus jardines esconde un ajedrez gigante, cactus y buganvillas de un exotismo exhuberante. Me hospedé allí durante una estancia de GCWellness, organizada por The Suites. Días inolvidables por la amabilidad de todos los empleados, la gastronomía (los desayunos del hotel son dificilmente igualables) y el spa, que no se conforma con tratar el cuerpo, sino que ofrece tratamientos que ofrecen una tranquilidad mental y una relajación más que deseable.

La falda tableada de crêpe azul klein es de Mango. La he combinado con un crop top de algodón blanco, sandalias de ante fucsia con cuña, y una pamela de fieltro blanco. Ojo al sol, hace falta siempre protección alta. El collar de cuentas de vidrio azul lo compré en Atenas hace ya años.

En el Atelier de Suma Cruz

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Todo comenzó con unas estrellas y unos pájaros vistos en una imagen de Instagram, y me llevó una mañana llena de sol a la calle Zorrilla 23. Allí estaban las chicas de Suma Cruz, en sus mesas altas y con sus joyas alrededor, entre flores secas y piezas a medio montar, en una buhardilla luminosa al final de una escalera de madera. Susana Cruz, la fundadora, insiste en que sin un trabajo en equipo nada de lo que hay bajo ese techo se hubiera logrado.  Paloma, Inma, Andrea y Carmen son el resto de las creadoras, largas melenas, ojos brillantes, manos ágiles. Un profundo respeto por la joyería clásica, y un conocimiento igualmente profundo de la historia de la orfebrería.

Hay algo fascinante en ver un taller artístico, un atelier. Mi escritorio resulta mucho menos interesante,  menos creativo, sin duda menos cambiante que este lugar en el de pronto surge un cocodrilo, o un escarabajo de piedras semipreciosas, o un lirio que se enrosca entre los dedos. Muchas personas solo visitan uno de estos lugares, como los de vestidos de alta costura, para una ocasión especialísima: una boda propia o ajena, una celebración muy especial. Cada vez más a menudo, regalos hechos a una misma, por haber cumplido 40, o 50, o 60 años, o por haber tomado una decisión acertada.

Esa mujer, sola, o con alguien de quien se fía, subirá las escaleras, encontrará lo mismo que yo: una deslumbrante sucesión de posibilidades, de piedras y piezas metálicas, de exquisitas diademas y de hiedras que crecen entre las manos. Unas te convertirán en una sirena con mejillones de nácar entre el cabello, otras en una ninfa con halo de estrellas . Otras en una emperatriz bizantina, con sus tiaras rígidas y cuajadas de gemas. La belleza tiene siempre algo de irrepetible, y algo de incompleto, también.

-Escríbenos algo -me pidieron, después de que hubiera jugado a transformarme en todas las criaturas marinas o celestes que se me ocurrió.

-Claro. Dadme un papel.

-No -sonrieron-, en la pared.

Y allí, bajo el sol de la buhardilla de Suma Cruz, quedaron mis palabras. En mis manos, ahora, anida un escarabajo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERANinguna prenda podría competir con esas preciosas joyas.  Me puse un abrigo de terciopelo negro de Mango, sobre el que destacaban los matices y los brillos. Las fotos fueron tomadas en el Atelier, en Madrid, por Nika Jiménez.

Oda a mi cama

OLYMPUS DIGITAL CAMERA¿No echas de menos tu cama? Me preguntan a menudo, ahora que toca viajar. ¿No añoras tu almohada, el tacto único y de abrazo de tu colchón? Añoro, desde luego, mi colchón, que está recién estrenado y es un Eve Sleep. Pero sobre todo echo de menos todo aquello que hago en mi cama y que durante los viajes, en los hoteles, por exquisito que sea su trato, por esmerado que sea su servicio, no puedo hacer.

No me entiendan mal. He dicho en muchas ocasiones, en esas declaraciones fuera de micrófono, que tanto gustan a los periodistas porque aportan frescura y son espontáneas y rompen la rigidez del personaje (y maldita la gracia que me hace que sean usadas fuera de contexto y no digamos ya en un titular, sin la ironía o la intención con la que fueron pensadas) que todo lo que me gusta hacer, se puede hacer en una cama. Y es cierto.

Mi cama es el terreno en el que leo y estudio, en el que encuentro a veces ideas que se resistían en el escritorio, donde vuelo y puedo ser una bailarina, o astronauta, como soñaba de niña, o sencillamente, una personas con menos problemas y más tiempo. En la cama puedo jugar a inventarme conversaciones con dos mágicos pajaritos dorados que son, en realidad, un salero y un pimentero. Puedo abrazarme a Maxim Huerta y buscar La parte escondida del iceberg. Tomo el té y algo más que acompaña el té, busco remedios para la melancolía en libros como Manual de remedios literarios, y hago algo que me reconcilie con mi pobre piel con el Gelee Hydratante qui fait mate de Kenzo.

Sueño, sobre todo. Por que soñar es la sal de mi trabajo y lo que permite, tras los viajes, que vuelva la calma a mi piel y el brillo a mis ojos. Es aquello de lo que me nutro. Es, en definitiva, más que dormir, es todo aquello que en los hoteles, con la prisa, y el cansancio, y la almohada ajena, no puedo hacer.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAMi colchón Eve Sleep llegó a casa como nunca lo hubiera imaginado: enrollado en una caja en la que apenas parecía caber una almohada, envasado al vacío, ligero y cálido. Un paso más en el packaging.  Las paredes de la caja albergaban citas de Lewis Carroll, o de Robert Frost. Rusia se dedicó a leerlas una a una. Y pude elegir las iniciales para personalizar mis almohadas que fueron (nada original) EF. Suave y adaptable, silencioso, reúne todas las características que se le pueden pedir a un buen confidente, a un buen colchón, a un buen amigo.

Las tazas, las bandejas en forma de corazón, las bandejitas de hojas, los pajaritos… son de Salvador Bachiller y los podéis encontrar aquí. Las fotos fueron tomadas en mi casa, por supuesto, en mi cama, por Nika Jiménez.

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Llamadme Alejandra llega a Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAParte del universo literario se encuentra entretejido con mitos creados por el cine, las novelas y las series de televisión sobre el mundillo, casi siempre ejemplos estadounidenses o franceses: desde Truman Capote con sus fiestas abarrotadas de esbeltos cisnes, al irreal  estilo de vida de Carrie Bradshaw, la imagen popular del escritor ha oscilado entre el tópico del bohemio que escribe en las barras de los bares en sus ratos de lucidez, a la torre de marfil necesaria para la creación, a… Las presentaciones de los libros también distan mucho (muy a nuestro pesar) de las imaginadas por lectores o escritores novatos. Los feroces años de la crisis las han limitado a lo básico, cuando no las han eliminado.

Pero he de decir que mi novela Llamadme Alejandra ha sido una excepción en este sentido, y fue presentada a la prensa y a los amigos de la profesión en Madrid el día 7 de Abril, en el hotel Intercontinental de Madrid: el mismo en el que Ava Gadner, en sus años de gloria y fiesta, fijó su residencia, y sembró la ciudad de anécdotas y de leyendas. Anfitriones impecables, me sorprendieron al final de la celebración con una tarta que reflejaba con fidelidad la cubierta de mi novela, literalmente devorada en poco tiempo.

Pasé gran parte del día, las horas previas y las posteriores, atendiendo a la prensa: Telva, El Español, Antena 3, Objetivo Bienestar, Joly, diversas agencias. Radio Nacional… perdí la cuenta. Después llegaba la convocatoria de prensa, los discursos, la presentación en sí, y uno de los momentos más esperados, la conversación entre Javier Sierra, y quien escribe. Javier, amigo cálido y consejero infalible, debía estar conmigo en esa mesa. En los últimos meses, meses de cambios y de decisiones, me he marcado el objetivo de trabajar y de pasar mi tiempo con gente a la que quiero. Todo lo demás me resta energía y me parece, a estas alturas, prescindible. Y Javier, con su apoyo constante, ha sido confidente y testigo de muchos secretos de esta novela; era lógico que viera el final de este camino.

Como la novela había aparecido apenas unos días antes era quizás un poco presuntuoso suponer que todos los asistentes habían tenido tiempo de leerla. Para ponerles en antecedentes, la actriz Paula Iwasaki leyó el capítulo 17, que se ha convertido rápidamente en uno de los predilectos de los lectores. He visto crecer a Paula, he tenido ese privilegio como amiga de la familia, me alegro como si fuera propio de su éxito presente, y su futuro promete ser espléndido. Cuando la formación se une al talento y a una educación exquisitamente cuidada, no puede ser de otra manera.

Editoras, representantes de la Diputación de Alicante, y nuevamente, amigos. Amigos entre la prensa, como  el veterano Javier de Montini, siempre tan amable conmigo, o  Moisés Rodríguez, subdirector del Canal 24h, que no paraba de abrazarme, contentísimo. Aunque no aparecen en las imágenes, hubo muchos otros, algunos testigos de mi carrera desde Irlanda. Estuvieron, pese a lo difícil de la hora, queridos colegas como Marta Rivera de la Cruz, que veinte años no es casi nada, y Martín Casariego. A ambos no me llega el tiempo para agradecerles su presencia y su cariño.

Por no faltar, no faltó ni el extintor que me persigue en muchas de mis fotografías, y que mis seguidores de Instagram conocen bien. Allí estuvo, fiel a las normas de seguridad y atento a fastidiar todos los planos posibles al mismo tiempo.

Me supone un esfuerzo hablar de mis emociones en este día: entremezcladas con el sentido de la responsabilidad y con el deseo de que todo saliera bien, la alegría, la satisfacción y el orgullo, y sobre todo, el agradecimiento no me abandonaron. Conservo esos momentos como algunos de los más bonitos de los últimos años. No basta con vivir cada hora: yo he aprendido, en cierta manera, a insistir en vivirlas, con una conciencia mayor, con la sensación de que son fugaces y que deber ser disfrutadas.

Ahora, sin tregua, viajes, firmas, ferias, todo lo posible para que el libro viva y llegue a rincones poco habituales, para que se encuentre en librerías más tiempo del que dicta este momento de fugacidad y para que este Premio y esta novela sea más que una imagen, y más que un recuerdo. Ha finalizado un tramo del camino. Comienza otro.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación escogí un vestido de Marcos Souza Couture, hecho a medida, y que reservaba para una ocasión especial. Es un little black dress de corte impecable, con el giro de un falso escote corazón con tul transparente, y cremallera visible en la espalda. Repetí los salones de raso nude y encaje de Magrit que estrené el día del fallo del Premio. Le dí también más importancia al  bolso cartera (o clutch), y en este caso rompí mi norma de no conjuntar zapatos y bolso. Como un guiño a Alejandra, la zarina de las perlas, llevé un brazalete de Verdeagua, y el anillo que Chocrón joyeros diseñó para mí inspirado en La flor del Norte y sus secretos.  Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en el Hotel Intercontinental de Madrid.

Ese precioso 7 de abril contaba, por lo tanto, con todos los elementos para que fuera una presentación casi, casi, como las legendarias. A todos ellos, mis más sinceras gracias. Intentaré estar a la altura de ese cariño y de ese esfuerzo común.