Una noche en la fábrica de Ria Menorca

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Cuando éramos niñas, muchas de mis amigas soñaban con quedarse encerradas una noche en El Corte Inglés, con todas las plantas a su antojo: el cielo, angelitos con cítara aparte, no parecía capaz de superar la oferta de atractivos de un gran almacén.

Yo, en cambio, hubiera preferido una noche en una fábrica. De qué, no me importaba. Crecí en una localidad fabril: lo que ocultaban las vidrierías, las acerías, las plantas de envasado, me parecía un mundo fabuloso con robots y órdenes secretas. Ha pasado mucho tiempo y varias remodelaciones industriales, pero mi fascinación por los lugares donde se fabrican cosas (los talleres, las empresas, las fábricas, las bodegas o las plantas de procesado) continúa intacta.

Siento debilidad por las fábricas de calzado, quizás porque me han enseñado a apreciar el minucioso trabajo que se esconde detrás de cada zapato, y el papel que el calzado español ocupa en el mundo. Valoro enormemente a quienes, pese a la aplastante competencia, continúan produciendo a nivel local, con las garantías y los controles de calidad europeos. Me gusta que las historias me obliguen a mirar de otra manera, con otra atención, mi entorno.

La que me esperaba cuando me invitaron a visitar la fábrica de Ria Menorca se remonta a hace casi 70 años: en 1947 Bartolomé Truyol comenzó a fabricar avarcas, (en castellano, abarcas o menorquinas), en un nuevo giro a una tradición que se remonta al calzado que llevaban los honderos baleares en sus enfrentamientos contra los romanos o los cartagineses. Guerreros cotizadísimos por su puntería, capaces de matar a un hombre de una pedrada a 100m, Tito Livio ya habla de ellos, y aunque en ocasiones los describen descalzos, otras fuentes mencionan sus tres hondas de combate y su peculiar calzado.

Esas abarcas primitivas se mantuvieron casi sin cambios durante siglos, me explicó Carlos Truyol, el hijo del fundador, y actual responsable de Ria Calzados, hasta que un elemento extraño llegó a la isla: las ruedas de caucho de los automóviles, las llantas. El diseño que protegía los pies, y con una tira en el talón que permitía sujeción, pero también que las piedras y la tierra no molestaran, se mejoró con una suela curva recortada de las ruedas. De los clavos finísimos, el cuero y el hilo encerado primitivos se pasó con rapidez a una manera de producción más ecológica y eficaz.

Pese a su sencillez, que es precisamente la clave de su éxito, el diseño permite una variedad ilimitada: esa ha sido una de las obsesiones de la segunda generación de Ria. Por ejemplo, en 2005 la suela curva dio paso a una cuña en el calzado femenino, que oscila entre los 3,5cms a los 10cms, y que incorporó la abarca en looks más formales.  Por otro lado, desde 2009 el caucho se alternó con diseños más ergonómicos,  con una plantilla de viscolástica tan cómoda que resulta una sorpresa calzarlas.

La parte que cubre los dedos, llamada pala, también ha experimentado cambios: desde los diseños de la artista María Janer (y otros artistas, en ocasiones destacadas) al troquelado con láser, se ha convertido en un espacio diminuto perfecto para expresar la personalidad y el gusto particular.

La fábrica de Ferrerías,  recién estrenada, me entuasiamó. Alberga una tienda deslumbrante en variedad y número, y reúne bajo su techo todo el sistema de producción, que puede observarse desde una pasarela elevada. Las hormas, los tejidos, (mi sección preferida) los puestos para el cosido o el encolado, todo funciona como un organismo joven y único; el resultado, las abarcas, sale para todos los rincones del mundo: Asia, América u Oceanía reciben las mismas menorquinas que yo tengo ahora ante mis ojos; y. mientras yo camino por la nave, con sus cajas blancas y rojas en perfecta alineación, en algún lugar del mundo alguien que duerme ignora aún que estoy presenciando cómo se fabrican sus abarcas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para visitar la fábrica de Calzados RIA elegí un vestido de raso negro de Mango, de líneas fluidas. Llevé uno de mis collares preferidos, el de la espina de pez, realizado con piedras semipreciosas y cristal balear. Entré con unas sandalias de ante y strass de Paco Gil, pero, como el destino es el destino, salí con unas avarcas doradas, de cuña alta. Y ¿quién soy yo para oponerme al destino, si es dorado y me hace elevarme sobre el suelo?

Anuncios

No es la vida, es la luz

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

A menudo me encuentro con personas que atraviesan un mal momento y que tienen la generosidad de contármelo. Hace unos años me hablaban de trastornos de la alimentación, y todo el infierno que conllevaba. Ahora, desde que saben que superé una depresión al bordear los cuarenta, de la antigua enfermedad de la melancolía, de la tristeza, de cómo se lucha o se puede batallar contra un cerebro enfermo y que ha olvidado pensar bien.

No hay trucos, no hay atajos. La recuperación nos saca de un lugar muy oscuro, muy siniestro, pero no sin esfuerzo: yo conté con medicación, con terapia. No lo hubiera logrado sin ellas. Y sin mi decidida voluntad de no quedarme allí. Mi vida tuvo que cambiar por completo, mi manera de pensar y enfrentarme a los problemas está también experimentando transformaciones. Una mayor ligereza, una mejor organización. Menos dependencia de la mirada ajena, una gran disciplina de horarios y de objetivos. Decir lo que pienso, pero pensar mucho lo que digo.

Aunque resulte difícil comprenderlo a quienes no han padecido una enfermedad mental, uno no enferma porque lo desee: pero no se abandona la enfermedad sin el deseo de abandonarla. Ni se mantiene lejos de ella sin un cuidado que ha de ser tan constante y tan normalizado como la buena dieta, el ejercicio, o el resto de los hábitos que nos mantienen sanos. En el caso de la enfermedad mental, sirven como buenos aliados  la serenidad, el humor, la búsqueda de la belleza en lo que nos rodea, el cultivo de nuevas aficiones de las que no se espere mucho.

Para mí resulta esencial, y creo que ya lo será siempre, el ratito pequeño de paseo y de desconexión. Arreglarme un poco (a quienes trabajamos con frecuencia en casa se nos olvida), y salir a mirar qué hay ahí fuera, fuera de mi cabeza, quiero decir, de mi a veces demasiado intenso, demasiado incontrolable fluir de pensamientos. No es agradable ser así. Intento que no me haga daño, y sustituirlo por pensar con mesura. Esa frase tan sencilla  y tan imposible de cumplir de no pensar demasiado; porque si me dejo llevar por esa cadena de pensamientos sin tregua la vida se agrava y se complica, los problemas sofocan la mirada, la existencia se convierte en insoportable.

Un paseo, un rato para observar qué hay por ahí de dulce, de bello, de impresionante. Lo hecho por el hombre o por la naturaleza. Un gesto entre humanos, un aleteo de una paloma, un escaparate o un coche bonito. La gasolina disuelta en agua y convertida en arco iris en el suelo. Una pared pintada, un grito o un poco de viento.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Me sacaron estas fotos en el Palacio de Congresos de Valencia, el día siguiente de ser madrina en la VIU. Las horas posteriores a una gran alegría suelen conllevar un cierto vacío, un hueco que hay que completar con cualquier otras cosa leve y cotidiana que nos confirme que no siempre se puede vivir en lo alto de una ola de espuma y nada. Salí a dar un paseo, me encontré con niños, con unos perritos mimosos. La fuente y la luz invitaban a la sonrisa y a la calma. Estrené unos shorts de encaje de Mango, un top de manga corta de rayas de HM. Me puse mis sandalias bicolores de Paco Gil, y una cartera de Gucci. Una pulsera dorada de LaOneta.

Blanco y negro, el binomio de la vida, la realidad y la ficción. Sólo fue un paseo, un ratito. Tocaba de nuevo regresar a Madrid, al trabajo menos vistoso y a los contratiempos diarios. Reforzada, con un momento curativo como aliado. No hay tampoco otros trucos, ya lo he dicho. Vivir, mirar, respirar hondo, detenerse en algún detalle bonito. Y continuar caminando.

Días de mar y oportunidades

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En la película Brooklyn, basada en la novela del mismo nombre del escritor Colm Tóibín, la joven protagonista, Eilis Lacey, una muchacha brillante, no encuentra trabajo en la deprimida Irlanda de 1950, y emigra a EEUU, donde se instala en el barrio de Brooklyn. Cuando regresa a su pueblo, se trae con ella un traje de baño de lycra que causa sensación entre sus amigos: el spandex, esa milagrosa fibra sintética, había aparecido para cambiar la historia de la moda y de la tecnología de los tejidos de la mano de los laboratorios DuPont de Waynesboro, Virginia.

Lo que la jovencita irlandesa vive como una liberación, como un gesto de progreso, ha traído por la calle de la amargura a infinidad de mujeres; el traje de baño, o el bikini dejan de asociarse al sol, el agua, el mar o la diversión a una edad muy temprana. Los psiquiatras alertan que la conciencia física de ser adecuado o no despierta en los niños, y en particular en las niñas, a una edad cada vez más temprana, y que la sensación de avergonzarse al ser visto en público en traje de baño se registra independientemente del pudor o la timidez: tiene que ver con sentirse o no hermosos.

No hablaré hoy de los trastornos de la alimentación, que son la manifestación más dolorosa de ese malestar generalizado: aquí quiero limitarme a quienes, sin más, evitan el momento del traje de baño, se cubren, se tumban en la hamaca, se observan en el espejo con disgusto.

Existe un concepto llamado en inglés body shame, o vergüenza corporal. Parte de un hecho muy sencillo: las mujeres contemporáneas no odiamos nuestro cuerpo sin razón. Nos han enseñado, de una manera constante e incluso agresiva, a hacerlo. Además de la imágenes que bombardean de una manera constante con el canon de belleza ideal, existen otras que muestran cómo no se debería ser: el juicio al cuerpo de la mujer, y el análisis despiadado que decide que está gruesa, demasiado delgada, vieja, arrugada, carente de gusto, operada, no se limita, como antes, a revistas de gran distribución y baja calidad, o a programas de cotilleo: han contaminado las redes sociales, los comentarios en prensa, y las conversaciones en el día a día. Esos comentarios, a veces dirigidos de manera directa a la mujer en forma de insultos o de consejos denigrantes (tápate, a ver si te cuidas, qué edad crees que tienes, deja de comer, a ver si te comes un bocadillo, con esos pies yo no me ponía sandalias, anoréxica…) fomentan y alientan esa vergüenza corporal.

Como resultado, muchas mujeres obedecen tácitamente esas normas de control: hacen lo posible para que su cuerpo no les resulte no ya agradable, sino no vergonzoso. Sin embargo, la lista de lo que fomenta el body shame es interminable: la celulitis, las estrías, la flaccidez, el tamaño de cada miembro, el vello, las varices, la textura de la piel, las pecas, las manchas. Al fijar de una manera tan detallada la atención en cada pequeño rasgo, el cuerpo deja de ser percibido como una unidad, que tiene gracia, atractivo, o sentido en toda su extensión, con la voz, el gesto, la personalidad o los movimientos.

Solo alguien muy superficial consideraría este fenómeno como superficial: cuando un porcentaje tan amplio de población se encuentra a disgusto en su piel, y esa emoción se encuentra potenciada no solo por quienes encuentran intereses económicos en ellos, sino que la custodiamos y controlamos y potenciamos entre nosotros, es tiempo de abandonar la reflexión y comenzar a cambiar actitudes y frases.

De nada sirve el esfuerzo de intentar la aceptación de nuestro cuerpo si al mismo tiempo continuamos criticando los de los demás. No resulta coherente.  Ya no basta echarle la culpa a ese fantasma sin rostro que es la sociedad. En las manos, o en las voces de cada uno, se encuentra la posibilidad de atajar el body shaming, de no formar parte de él, de analizar por qué, cuando duele tanto ser criticada, entramos con tanta facilidad en la crítica, incluso en justificarla con frases como: es un personaje público, nunca se va a enterar, si pone esa foto es para que opinemos, no la soporto, o con el dinero que tiene, podría

Yo misma no he sido ajena a la feroz crítica ante el espejo con que he juzgado mi cuerpo; durante años no vestí un traje de baño, ni un bikini. A la desmesurada exigencia de perfección se unía una creencia muy generalizada: las mujeres con una profesión intelectual, o al menos, seria, no tenemos cuerpo. Mi experiencia, por desgracia, es que ese prejuicio continúa vigente. Hay quien cree que resta seriedad a cualquier pretensión de profesionalidad, o quien se siente genuinamente ofendido por fotografías o atuendos que consideran propios de actrices o modelos, pero no de alguien que se dedique a la literatura.

A estas alturas del partido, miro atrás y siento cierta lástima por esa chica más joven, tan deseosa de cumplir con tantas exigencias, de hacer las cosas bien, de evitar críticas que llegarían, inevitablemente; nunca seré joven de nuevo, ni siquiera ahora que ya no soy precisamente joven, y cada oportunidad de divertirme, de ser un poco dichosa, no se repetirá. Bien está lo que se vivió. Pero mejor estará lo que quede por vivir.  OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

La primera ocasión de vestir un bikini este año llegó en Menorca, a bordo del Siau Qui Sou de Adamastor1967, un precioso barco en el que recorrí algunas de las calas y las playas de la isla. Los dos modelos que llevo son de la marca Rosa Faia. Tienen muchísima experiencia en lencería y son excelentes corseteros, en especial para mujeres con curvas, prendas pre-mamá… y trabajan una gran diversidad de copas; la diferencia entre un bikini con un sujetador de triángulo, bonito pero con poca o nula sujeción, y una copa bien adaptada la valorarán quienes lo prueben.

El bikini negro tiene unos pequeños apliques de metal muy ligero en los tirantes. Lo encontráis aquí. La referencia es  L5-8799. Lo he combinado con este poncho, que es ligerísimo y se puede usar de varias formas.

Respecto al traje de baño (recordad: aquello con lo que nos bañamos es un traje de baño: bañador es la persona que se encarga de bañar a otros) me fui al otro extremo, al color y el estampado cítrico. Podéis verlo aquí. En este caso, el pareo, en gasa azul en tono  degradado era este. Las pulseras son de Blanco, y las gafas de sol de Musthave.

Es importante no olvidarse de la protección solar, que en mi caso era +50 de Lancaster, y de hidratarse a menudo. Y de comerse el mundo: hay pocos días de sol, mar y oportunidades, y no hay que desperdiciar nada de todo eso.

Una mirada a la MBFW16

AilantoEspido3

Si nos empeñamos, podemos convertir la Semana de la Moda en algo frívolo. Sí, desde luego, en un terreno abonado para la vanidad, la extravagancia y la ostentación. Si lo deseamos, podemos centrarnos únicamente en su fugacidad, en la interpretación superficial que muchos hacen de la ropa; incluso en la mala educación y la estupidez de algunos de los famosos en la primera fila: un personaje popular idiota que se pavonea ante los fotógrafos nos enseña casi tanto como lo hacen las personas reconocidas que despliegan encanto y buen hacer en las mismas circunstancias. Ambos, por razones distintas, son espectáculos dignos de ver. En mis primeros viajes, cuando era muy jovencita y estudiaba canto, aprendí a fuego a distinguir a las personas recomendables por la manera en la que trataban a quienes se encontraban en puestos de servicio; no, como defienden algunos cínicos, porque siempre se puede sacar algo de ellos, sino porque todo trabajo, desde el menos vistoso al más reconocido, merece el máximo respeto, y resulta necesario en nuestra sociedad.
Por lo tanto, solo alguien que desconozca el proceso que conlleva un desfile se atrevería a menospreciarlo; quien se limite a observar el paso de las modelos con las prendas ve muy poco. En las Semanas de la Moda de Madrid, y ya son una decena las que he presenciado, llevo siempre conmigo a alguna persona ajena a este mundo; y siempre, sin excepción, aprenden algo que llevarse al suyo. La coordinación, la capacidad de improvisación, el trabajo de equipo. Un iceberg invisible de maquilladores, estilistas, patrocinadores, compradores, decoradores, estudiantes, camareros, periodistas, representantes, actrices, planchadoras se mueve bajo la superficie evidente. Resulta fascinante comprobarlo, y, cada medio año, observo absorta el resultado.
Esta temporada he acudido a cuatro desfiles de cuatro firmas respetadas e interesantísimas, y muy distintas. Las cuatro me han vestido en ocasiones: a veces he tenido la suerte de que la prueba (el famoso fitting) la supervisara el propio diseñador: y la manera en la que colocan las prendas, ajustan el cinturón, o se detienen un momento en el tejido cuentan más de la pasión y del respeto por su profesión que la que he encontrado en muchos romances.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Ailanto se ha convertido en sinónimo de estampados florales y geométricos, que los gemelos Muñoz trabajan e innovan de manera exquisita. Hay algo siempre de etéreo y espiritual en sus colecciones, temporada tras temporada, una cualidad misteriosa y evanescente que se repite, un secreto que esa mujer guarda incluso cuando muestra la espalda o las piernas. Esa característica se transmite a su ropa: vestirse con ella conlleva transformarse en algo ligeramente distinto a carne y hueso, como si la hiedra creciera a través de los dedos y nos revistiera de una seguridad líquida.

AmayaEspido2

En cambio, los volúmenes de Amaya Arzuaga apelan a otro tipo de seguridad: la única diseñadora de los cuatro desfiles que he presenciado, su propuesta rezuma fuerza, una paleta de colores lisos y contundente que se deslizan hacia el naranja rojizo, o el verde petróleo, pese a que el negro sea, como siempre, su apuesta. Quien lleva Amaya Arzuaga se reviste simbólicamente de fuerza: cuando me visto de ella crezco ópticamente, me siento a gusto bajo prendas que no necesariamente obedecen a la sensualidad convencional. Yo sé lo que soy bajo los puntos gruesos, o las faldas envolventes.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Acudí al desfile de Ion Fiz en solitario, y por eso no incluyo fotografía en el kissing room con él: sin duda la hay, pero no en mi móvil. Ion ha demostrado ser increíblemente versátil; posee una capacidad creativa camaleónica, y admiro la manera en la que se ha adentrado siempre en terrenos distintos. Como alguien que considera la palabra una vía para comunicarse en formatos diferentes, he aprendido mucho de él. Su colección incluía siete vestidos de novia suavemente dorados, y una interpretación elegante y refinada de la feminidad clásica: pese a su nombre, Severine, basada en Catherine Deneuve, era más dulce y menos oscura que la convulsa protagonista de Belle de Jour.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
OLYMPUS DIGITAL CAMERA

La francesa también aparecía como referencia de The 2nd Skin.Co, pero en su aspecto de actriz icónica, junto a otras bellezas de los 70. La seda, declinada en varios tejidos, resultaba casi perturbadora en algunos de sus vestidos flotantes, amarillos, o azules, o blancos: una colección que, a mi entender, comprendemos bien las mujeres que no somos ya tan jóvenes y que hemos descubierto que el erotismo radica más en la promesa que en el cumplimiento, en el gesto que en lo visto. Antonio y Juan Carlos me pidieron unas palabras sobre la colección Soul para la nota de prensa, y elegí hablar, precisamente, de la piel y el alma, lo visible y lo intuido.

The2ndEspido2

Falta aún tiempo para que encontremos qué será aceptado y qué no de estas cuatro propuestas. Para mí supone una oportunidad más de presenciar, desde un lugar privilegiado, la mirada estos creadores que admiro, y que traducen en prendas preguntas y propuestas que yo formulo de otra manera, a través de historias o de frases. Cada cual habrá captado lo que desee en estos días, o no habrá percibido nada en absoluto más allá de lo que ya miraba. Al fin y al cabo, de eso se trata, de mirar, más que de ser vistos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

The2ndEspido4

The2ndEspido1

The2ndEspido3

 

Con los pies en el suelo

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En mi caso, ha sido una novela: pero la sensación de fin de etapa, de un esfuerzo enorme que, por fin, llega a su término, y que trae con ello tanto alivio como vacío es una experiencia relativamente habitual. Tras un exámen duro, o unas oposiciones preparadas con mucho ahínco. Cuando se espera el resultado de una sentencia, cuando se obtiene un divorcio, o una anulación matrimonial, cuando nos dicen, por fin, que podremos adoptar a ese niño, cuando finalizamos un tratamiento duro, o incluso tras una pérdida dolorosa, llega el momento en el que los pies deben tocar el suelo.
Porque el proceso de encontrarse sumida en algo absorbente, con su parte dolorosa y su lado placentero, conlleva, en sí mismo, una evasión. La cabeza se ocupa a medias de otras cuestiones: se posponen decisiones, se anulan áreas de la vida a la espera de que finalicemos lo que tenemos entre manos. De una manera u otra, estamos viviendo en un estado de excepción. Y el regreso a la normalidad, si se hace bien, ha de ser progresivo, como una evaluación de daños.
Sé que con otros libros no fui tan cuidadosa: apenas había puesto fin a uno, estaba ya a medias con otra. No me permitía tiempo para recuperarme, ni para pensar. Con esta novela (tan larga, tan dura, tan dificultosa) he querido cambiar eso. He tomado conciencia de que, psicológicamente, acabo con un periodo extenuante. Como primera medida, acudí a mi fisioterapeuta. Me confirmó que la espalda, tras las horas sentada, y las malas posturas, había padecido mucho. Ha sido el recordatorio de que debo retomar el ejercicio, y sobre todo, la rutina que mi escoliosis necesita para no dar problemas.
Fuera han quedado los pequeños caprichos de consuelo que me permitía mientras acababa la novela: frutos secos, algo de chocolate. Ya no hacen falta. Y los pensamientos que ya no hacen falta, fuera también. ¿Has mirado? ¿Has comprobado? ¿Has corregido? Regresan como un eco, de vez en cuando, y son inútiles: me advierten de defectos o me ponen en una tensión innecesaria.
Llega el momento de pisar el suelo de nuevo, con los dos pies, plana y consciente, para pasear, por ejemplo, ese lujo impedido por el trabajo. De visitar librerías y ver las novedades y comprobar si es el momento de comprar alguna edición bonita de algún clásico. De tomarse un y un pedazo de tarta en alguna parte, sin la urgencia de que hay poco tiempo y hay que…
No suelo usar zapato plano, en parte por coquetería (no soy una mujer alta) y en parte porque me resultan incómodos (tengo el pie muy cavo, y muy pequeño, y me conviene algo de tacón: algo no suele ser lo que llevo, las cosas como son). Sin embargo, hacía tiempo que quería probar hacerme con algún par de las Mislita shoes, unas slippers fabricadas en España en su totalidad, con métodos artesanales, que prometían varias cosas.
La primera de ellas, la comodidad: lo son, son comodísimas, adaptables y funcionales. La segunda, su originalidad: sus estampados y coloridos se dirigen a valientes. Las que muestro en este look son las Shirin Green, consideradas por su diseñadora las más atrevidas. Que no se diga que una se achanta. La tercera, su uso de referentes femeninos: cada par recibe el nombre de una mujer relevante: Shirin Ebadi es premio Nobel de la Paz 2003. Ha sido la primera mujer musulmana en conseguirlo, en atención a sus desvelos por los derechos de niños y mujeres, un tema que me resulta particularmente cercano. La cuarta, el cuidado artesanal por el detalle, que se adivina en todo: desde la caja al papel de seda que las envuelve, hay un mimo y un cariño excepcional. Hay una quinta, que es la donación de parte del importe de cada par a la Fundación Aladina.
Creo que resulta importante apostar por productos así: por los valores que representan, y por el esfuerzo que se adivina detrás, por el proyecto creado por unas mentes que han querido salir de lo previsible, y proponen una opción distinta que, en mi caso, encaja perfectamente con los valores que defiendo. Es importante que el consumidor, dentro de lo que elige, premie determinadas osadías. Salirse de los moldes supone un esfuerzo duro, pero que merece la pena si el resultado es único.
Yo sé cuándo entro en La Central de Madrid, que se encuentra muy cerca de Callao, pero no cuando salgo. Como un baño relajante, como un tratamiento en un balneario, no quiero que llegue el momento e salir. Llega, tras el esfuerzo, la necesidad de estructurar de nuevo mi vida, y de plantearme prioridades: tras esta novela, y no son palabras vacías, se acercan retos nuevos. Una reforma a fondo de mi web, una atención más uniforme a las redes sociales y a cómo me permiten conectar con los lectores, nuevos textos, desde luego, nuevos viajes y colaboraciones inéditas. Y un propósito que me costará cumplir, pero cuya importancia conozco: no abrir frentes nuevos hasta que no haya cerrado los que aún están activos. Es decir: mantenerme un poco alejada de los tacones y las nubes en la cabeza, y seguir con los pies en el suelo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Acompañé mis Mislitas con un vestido negro, de corte clásico, pero con unos remaches de metal, de Mango. El esmalte de uñas es de OPI. En esta ocasión, el maquillaje y la peluquería corrieron a cargo de Myriam de Prada, que es una estilista maravillosa, y los mil libros, libros, libros, se encuentran en la Librería La Central. Si estáis en mitad de un proceso similar al mío, no olvidéis que acabareis, y que, al mismo tiempo que para el resultado, debéis prepararos para los que se avecina después. Suerte.

Los escritores y los Reyes

9La primera vez en la que me encontré con los reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía fue con motivo del 50º Premio Planeta, dos años después de haberlo ganado yo. Nos reunimos prácticamente todos los ganadores y finalistas de la historia del Premio, al menos los que quedaban vivos. Recuerdo que Vázquez Montalbán se puso una camisa roja, e hizo todo lo posible para no aparecer en la fotografía conjunta. El protocolo aún se está recuperando de ello.
La primera vez que me encontré con los Príncipes de Asturias fue por otro aniversario literario, el del Premio SM-Barco de Vapor. Acababa de regresar de Cuba, con la cabeza llena de trencitas, esas veleidades de turista, y así me planté allí. El protocolo aún se está recuperando de ello.
La primera vez que me encontré con Don Felipe y Doña Letizia ya como reyes fue con motivo del Premio Cervantes a Juan Goytisolo, la víspera de su discurso “A la llana y sin rodeos”. Fuimos muchos los que quisimos acompañarle durante la comida que todos los 23 de abril dan los reyes en el Palacio Real a escritores y a personalidad del mundo del libro: y sí, me temo que el protocolo aún intenta recuperarse de ello.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Para quienes no estamos acostumbrados a ocasiones tan formales, aunque sean durante el día, el negro es una apuesta segura, algo aburrida, salvo que escojas un vestido de Amaya Arzuaga con volumen a la cadera. Las joyas de Chocrón Joyeros, de oro blanco y diamantes, pertenecían a las colecciones Ch-Aura (los pendientes) y Ch-Circa (la deslumbrante pulsera). Firmaba los zapatos de ante, con el tacón en metacrilato y una mariposa de cristal Swarovski en tonos verdes y azules, una de las casa predilectas de la reina, Magrit. Compré el bolso azul marino en una tienda de segunda mano de Nueva York, y aunque el protocolo se ha relajado significativamente por deseo de los monarcas, intenté comenzar el reinado con el peinado adecuado, y un maquillaje suave, que corrieron a cargo de Myriam de Prada. Las fotos se hicieron en el Palacio Real y en el Espacio Fundación Telefónica.

¿Otras ocasiones en la que se encontrarán reyes y escritores? Muchas. Además de la Feria del Libro, el recién otorgado Premio Princesa de Asturias, concedido al cubano Padura. Que ya ha anunciado que se comprará el traje en El Corte Inglés

Presentación de “Para vos nací” en Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Quería que la presentación de mi ensayo “Para vos nací” coincidiera en lo posible con el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa, el 28 de marzo; era una manera de rendirle homenaje, y de celebrar su cumpleaños. Incluso para un escritor, incluso para una santa, quinientos años suponen un triunfo; esa supervivencia, y en el caso de Santa Teresa, su actualidad, sólo se dan si su mensaje se corresponde con enorme exactitud a la realidad contemporánea: os invito a que descubráis que es así.

Al fin, el encuentro con los lectores madrileños tuvo lugar en la Fnac de Callao, donde ya he presentado varios de mis libros. La vertiente religiosa de Teresa de Ávila encontró su representante en el sacerdote Javier Alonso, buen amigo y mejor conversador. Pasaron por allí seres queridos anónimos, otros conocidos (Alma Cupcakes Obregón, los periodistas Fermín Bocos y Pepa Roma, el violinista Ara Malikian), antiguos alumnos muy estimados, mi editor de Ariel, lectores, curiosos… y muchos otros más me enviaron su cariño por mensajes privados o a través de las redes sociales.

Debe de ser por la edad, pero en las últimas presentaciones me emociono un poco: cada libro supone un esfuerzo silencioso de muchas personas, y en “Para vos nací”, en particular, me pesa la responsabilidad de acercar la figura de una mujer genial a muchos lectores que no la conocen. O lo que es aún más arriesgado, a quienes ya la conocen previamente. El cariño y la atención que tanto el ensayo como yo estamos recibiendo compensan cualquier duda y todo el tiempo empleado.

Un cumpleaños merece un regalo, y por eso, gracias a la gentileza de Santa Teresa Gourmet,  entregamos a cada uno de los asistentes unas Yemas de Santa Teresa, y un bloque de membrillo, personalizados con la cubierta del libro. Nadie puede decir que no hicieramos el esfuerzo por dejar un recuerdo dulce de la presentación…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

4

3

5

6

No hay protocolo para la presentación de un libro, pero yo intento que cada una de ellas sea una fiesta y quede patente el respeto que siento por quienes se acercan a celebrarlo conmigo. Intento que eso se refleje también en mi imagen. El vestido, en dorado y negro, de corte rígido, largo irregular y un poco futurista, me parece uno de los más bonitos que he visto en los últimos tiempos. Arriesgado, también, pero nunca me ha importado si creo que la prenda lo merece. Es de Amaya Arzuaga. Exigía pocos complementos: unos pendientes de oro, de bolita, de cuando era niña, un bolsito dorado de Parfois de malla metálica, y un anillo nada discreto en forma de bellota, de Uterquë, (regalo de mi jefa de prensa). Medias negras, y sandalias de ante negro y dorado de Paco Gil. Me maquillé en los mismos tonos y con la barra labial de Clarins Rouge Eclat 2 Sweet Rose.

Podéis encontrar las Yemas y el membrillo en Santa Teresa Gourmet. Son una de mis debilidades reconocidas.