Viaje a la tierra de Jane Austen (II) El Bath romano

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn nuestra primera jornada  iniciábamos el viaje a la tierra de Jane Austen en un Bath muy diferente al que veremos hoy: el clásico, el trazado por los romanos en su no muy exitosa conquista de la Isla, a la que sin embargo apreciaban por sus explotaciones mineras (sobre todo de plomo) y sus ostras.

Cualquiera que me conozca un poco puede imaginar que soy una gran aficionada a la historia griega y romana. Cualquiera que me conozca de verdad, sabe que ha sido una loca obsesión desde la infancia. Yo recitaba genealogías de dioses y emperadores como otros las alineaciones del Bilbao Athetic. Desde aquí pido público perdón a quienes han tenido que padecerme en esa faceta; pero me temo que tendrán que seguir soportándome. Además, muy pronto habrá sorpresas en ese frente…

Los romanos llegaron a Inglaterra en diversas oleadas, si bien la colonización general de la isla se llevó a cabo durante el gobierno de Claudio (a quien luego el británico Robert Graves dedicaría la magnífica novela histórica Yo Claudio). Cómo olvidar, por cierto, esta gloriosa escena de la serie de la BBC en la que Agripina y Nerón conspiran contra un pobre Derek Jacobiaquí.

Claudio se ganó así el sobrenombre de Britannicus. Tan orgulloso estaba de ello, que ése fue el nombre de su único hijo: Tiberio Claudio César Británico. El prometedor mozo fue asesinado por su primo-hermanastro Nerón, que lo envenenó cuando tenía apenas 14 años. Eso entraba dentro de las estadísticas de la época: morir por orden de Nerón se convirtió en la primera causa de mortalidad de aristócratas.

Uno de los generales de las legiones romanas fue, precisamente, el futuro emperador Vespasiano, cuyo reinado sirve de marco de otra excelente saga romano-policial, la de Marco Didio Falco, en este caso de la también inglesa Lindsey Davis. Más que recomendable también.

Los romanos eran gente práctica y con muy pocas ganas de perder el tiempo: asimilaban todo lo que podían, rebautizaban dioses y reformaban lo que se les pusiera por delante. Cuando llegaron a Bath encontraron allí un santuario celta en torno a un manantial sagrado, de aguas calientes y curativas, cuya diosa guardiana era la misteriosa Sulis. Tras un rato de profunda deliberación, decidieron llamar al lugar Aquae Sulis, (las aguas de Sulis), repararon en que Sulis tenía un parecido casi increíble con su Minerva y no le dieron más vueltas al asunto.

Desde el inicio fueron conscientes de la importancia de aquel emplazamiento, y de que las aguas eran magníficas para enfermedades de la piel y muy buenas para otras dolencias interas: Claudio ordenó que se adecentara el santuario en torno a los años 60 del siglo I, y las termas que le siguieron ganaron popularidad hasta el punto de que atrajeron a peregrinos y enfermos de todo el imperio, y el conjunto llegó a ser un santuario rico: se descubrieron una docena de miles de monedas romanas, una ofrenda altísima. En torno al siglo V, las termas fueron abandonadas, y las cualidades curativas de las aguas de Sulis fueron olvidadas casi por completo durante más de mil años.

Entonces, a finales del siglo XVII, el doctor Thomas Guidott escribió lo que sería el panfleto turístico y publicitario definitivo de Bath. Su Indagaciones sobre el agua de Bath despertó una fiebre balnearia comparada a la que se vive hoy en día. Uno no era nada si no visitaba la pequeña ciudad spa y tomaba sus aguas, estuviera enfermo o no. La ciudad se revitalizó y se llenó de preciosas construcciones neoclásicas. El país que odiaba a sus invasores romanos descubría su amor por ellos, viajaba a Roma, leía Los últimos días de Pompeya de Bulwer Lytton y las mujeres imitaban el estilo de vestir de la época.

Los viejos baños también se reformaron: la preciosa estructura que aún hoy se conserva procede de esa época, y abraza el manantial sagrado, un Museo Romano, las Termas, e,integradas junto a ellas, las Pump Rooms, unas salas coronadas con una impresionante cúpula transparente donde la buena sociedad eduardiana se reunía para tomar el obligado vaso de agua milagrosa, altamente mineralizada y bastante repugnante al gusto. Beau Nash, el árbitro de la elegancia de su siglo, dio el visto bueno a ese hábito, y Jane Austen acompañó a su padre enfermo a beberla hasta que el reverendo murió.

En la actualidad es posible tomar allí el té y una magnífica selección de dulces, y también el agua, que brota de una fuente, directamente sobre el manantial original. Se puede pasear por las cercanías de las piscinas, si bien estas se encuentran vedadas al baño por razones de control sanitario. Su intenso color verde se reaviva cuando el sol del atardecer dora la piedra de Bath: las esculturas de los emperadores romanos luchan contra la erosión, y la piedra se destruye por las mismas cualidades minerales que curan enfermedades. Algo muy antiguo, un resto de lo sagrado, se filtra entre la roca y gotea. Es un lugar especial, bello e íntimo, pese a la afluencia de visitantes.Por cierto: se descubrió que tienen cierta radiactividad

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La tarde de otoño en Bath era tan luminosa, tan cálida, que era posible llevar un vestido sin mangas. El que escogí, en uno de mis colores preferidos, el azul klein, era de Joseph Ribkoff, un corte clásico con una abertura transversal en el escote. Lo combiné con pendientes sencillos y un anillo complicado de Luxenter. El bolsito antiguo está confeccionado con un mantón de Manila aún más antiguo. Las Termas era, y son, un lugar para ver y ser visto. En mi caso, solo quería mirar y pensar.

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Recomendaciones espidianas de julio

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Este mes ha sido un periodo de cursos, de relecturas y de conversaciones sobre clásicos; y de alguna novela nueva. Rusia está custodiando algunos de ellos, y otros que aguardan su oportunidad en agosto… pero los de julio han sido estos. 26.1

Las vírgenes suicidas es una de las lecturas obligatorias de los cursos de creación literaria que imparto. Mucho antes de que S. Coppola la adaptara al cine, en mi primer año de Filología Inglesa, leí de un tirón en una tarde y una noche esta novela sobre una adolescencia truncada y cinco hermanas católicas, sobre la fascinación que su vida y su muerte ejerce sobre su entorno, y, ante todo, sobre lo efímero de la felicidad y de la belleza. Publicada en España por Anagrama, sigue siendo un precioso texto que nos acerca al misterio de la mente ajena.

4.2

Sara Morante ilustra este cruel cuento clásico, que habla también, curiosamente, de una muchacha que no encuentra ni fin ni satisfacción a su deseo. Una vez más, es castigada por un pecado que jamás se le perdonará a las mujeres: la coquetería. El relato de Andersen se revela aquí con sus sombras más siniestras… y más interesantes. Es responsable de ello Impedimenta.

17.2

Entre los regalos de mi cumpleaños (faltan algunos, pero el agradecimiento los alcanza a todos), se encontraba una novela de Salamandra, La tristeza de los ángeles, de Jon Kalman Stefansson, Un autor islandés que escribe sobre el eterno invierno moral y real de su isla, y de cómo algunos de sus habitantes lo combaten con lecturas de Shakespeare parecía una apuesta segura en mi caso, y lo ha sido. Sin embargo, el argumento carece de importancia, en este caso. Su mérito radica en la atmósfera, y en el modo envolvente en el que el escritor nos lleva a donde quería desde un principio.

6.2

No todo va a reducirse a leer: antes o después, casi todos los apasionados lectores desean escribir algo, aunque solo sea el listado de sus lecturas. Por ejemplo, en este bonito cuaderno de La tortuguita blanca.

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Lady Macbeth se reclina indolentemente sobre la última entrega de una de mis sagas favoritas: la que Lindsey Davis dedica a Marco Didio Falco, o, en el caso de Mater Familias, su nueva novela, a la hija del mismo. Novela histórica, sí, policiaca, incluso, pero tan divertida, tan bien documentada y tan dinámica que interesará a cualquier lector al que le interesen los retos.

31.2

Siempre resulta agradable verse y saberse leída en otros idiomas: y en este caso, el libro que aparece en la imagen es la compilación de la obra de escritores eslovenos y españoles, traducidos tras el congreso en el que intervine, hace ya algún tiempo, en Liubliana. No se encuentra a la venta en España, pero sí al acceso de estudiosos e investigadores en Eslovenia.

23.2

Si Herman Koch, otro autor del norte, en este caso holandés, piensa como escribe, tiene un problema. En Estimado señor M. no hay lugar para la esperanza. La vida de todos sus protagonistas (un escritor, un profesor, dos alumnos) se han truncado por motivos intrascendentes, banales: algunas de ellas, sin remedio posible. Con una mirada descarnada y sin piedad ninguna, el autor revisa las mentiras cotidianas y las desmonta. Una por una. La ha publicado Salamandra.

7.3

Siempre hay que leer a Fernando Iwasaki. Búsquense las excusas que mejor les parezca… Este relato Fernanda se fue con él, es, como tantas otras cosas, un regalo que este autor peruano ofrece. Nadie trabaja como él el humor sin mala intención, y el punzón de la sinceridad escondido en la sonrisa.

Y, por último, un libro que yo veo claramente destinado a un público juvenil, pero que se está vendiendo como un nuevo gran éxito de J. Boyne: El niño en la cima de la montaña. Su lectura resulta sencilla, los protagonistas son adolescentes, y la historia de la manipulación nazi, la de siempre, y la que, a lo que parece, debe ser aun repetida para que aprendamos y crezcamos.

18.2