El recuerdo y el olvido: amanecer en Benicassim

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Ahora prefiero los amaneceres al atardecer; al menos, para pensar. Me siento más lúcida, hay menos ruido, el día no pesa todavía.

Las playetas de Bellver se encuentran entre Benicàssim y Oropesa. Por la mañana aún no hay demasiado movimiento, ni golpea el calor. La arena es suave y amistosa, y ya muestra pisadas de quienes madrugaron aún más.  Aparecen conchas y caracolas, y la voz de mi madre ¿Tan mayor y aún recoges caracolas? El ritmo de las olas permite que los pensamientos vayan y escapen. El día de estas fotos yo recordaba la conversación con un viejo amigo, viejo en edad y vieja nuestra amistad, también, que es un defensor firme del olvido.

-El mal del ser humano contemporáneo es que quiere abarcarlo todo, dice. Quiere recordar cada momento de pasado, no perderse nada del presente, quiere planear el futuro. No fuimos hechos para eso: hay que recordar solo lo importante, y ni siquiera lo importante para nosotros: lo importante para todos.

A este amigo, profesor, filósofo, vasco, le escucho siempre un poco sobrecogida, porque para mí el recuerdo fue siempre un lugar seguro, e incluso un material de trabajo. Así comienza Melocotones Helados, con un canto a la memoria, y la identificación del olvido con la muerte.

– Pero eso pasa -me aclara- porque tú le das importancia a la justicia. Yo, que soy viejo, le doy preferencia a la felicidad.

En eso pensaba el otro día, ese amanecer. En qué debemos recordar para ser justos, en qué necesitamos olvidar para ser felices. No lo tengo claro, y no me atrevo a dar recomendaciones a nadie. Hay quien vive el verano como un paréntesis, quien lo experimenta como un presente constante, quien se sumerge en una actividad frenética de actividad. En estas mañanas en las que antes solo leía ahora leo cada vez menos y miro y pienso cada vez más. No llego a grandes conclusiones. Pero quedan muchos amaneceres de Mediterráneo para adquirir mayor sabiduría, mayor serenidad, un menor apego. Lo único bueno de la ignorancia y de la confusión es todo lo que aún nos queda por aprender.

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El kaftán que llevo es un regalo de una buena amiga que lo lució en los 70. Me cubro con una pamela de paja de Salvador Bachiller, y completo el look con una pulsera de ámbar y coral que compré hace años en la Feria del Libro de Guadalajara, México, dos brazaletes de oro amarillo y oro rosa de Issavò Elements, y unas sandalias doradas de Mango. Nika Jiménez sacó las fotos en las Playetas de Bellver con My pen Camera.

El tiempo (no) huye

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El tiempo huye, decían los antiguos, y lo recordaban en los relojes de arena, en los de sol, en las clepsidras, en todo lo que entonces permitía medir el tiempo. Recoge las rosas, niña, mientras puedas, que pronto llegará el invierno. Carpe Diem. Aprovecha el día.

Esta sociedad obsesionada con la productividad y con transformar el tiempo en algo provechoso reinterpreta a su manera estos mensajes, que, por otro lado, se dirigían a los nobles, y a aquellos para los que el ocio era posible: desde luego, no se les inculcaba a las mujeres, que recibían el mensaje de que la mujer honrada, la bíblica mujer fuerte, debía estar dedicada a labores prácticas desde la mañana a la noche.

Los romanos de clases acomodadas, tras haber finalizado su carrera profesional, o cursus honorum, fantaseaban con una jubilación idílica en el campo, donde cada momento estaría dedicado al estudio, al disfrute de las cosas simples. Ese anhelo de sencillez de los ricos puede verse en el Hameu que María Antonieta ordenó construir en su palacia a imagen y semejanza de una aldea normanda que vio en un cuadro de Hubert Robert. Allí, de espaldas al lujo y el protocolo, la reina jugaba a hacer queso y a sentirse libre.

Los momentos de placer de lo simple, la contemplación de lo cotidiano, no han sido una conquista fácil: para las clases más humildes quedaban descartados por los imperativos sociales y religiosos. La observación del clima, del campo, otorgaba una sabiduría natural que ahora añoramos, al mismo tiempo que olvidamos la extrema dureza de las tareas agrícolas, o ganaderas. Las ciudades y las fábricas dejaban poco tiempo para la pereza. Los ricos, a su vez, obedecían más a la necesidad de entretenerse y hacer algo con su tiempo que a la de disfrutar de su ocio. El vacío del no-tiempo nos ha absorbido con una enorme potencia, como un agujero negro que necesitara siempre alimento.

Seguimos con la necesidad pendiente de la apreciación del momento. Ansiamos vacaciones, nos despierta una envidia feroz quien las tiene. Las críticas hacia quienes parecen vivir en perpetuo verano hablan de un resentimiento muy antiguo, de ignorancia e inquina. Creemos que podríamos aprovechar mejor ese privilegio que el de al lado.  Y, sin embargo, al contar con tiempo libre los ancianos se sentaban en un banco a verlo pasar. A gastarlo, ahora que lo tenían.

La arena que se escapa entre los dedos, el viento que mueve las telas. El cielo que cambia sin cesar, el sol en la piel. Quien no aproveche esos momentos merece una amarga condena. Quien no aproveche otros menos evidentes, pero igualmente hermosos, está perdiendo algo más que el tiempo. Está perdiendo la vida.

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La falda tableada de gasa, azul Klein, es de Mango. Parece que continuará siendo una tendencia para el otoño en tejidos más gruesos. Ojo, que tienen a achatar y a ampliar la figura, y no siempre favorece. Cuanto más larga, más estiliza. La combiné con una camisa blanca masculina. Si hubiera sido un look más formal, hubiera escogido una blusa entallada, más adecuada al volumen de la falda. El bikini pertenece a una marca que ya conocéis, Anita since 1886; el sujetador es el modelo Paulina, con flores azul klein sobre fondo blanco, y un ligero efecto push-up (que según la talla que uséis puede ser no tan ligero y convertirse en muy potente). Hay varias posibilidades para combinar la braguita, y aunque no se aprecia en las fotos, yo escogí esta.

Las gafas de sol, polarizadas y de un azul potente, son de Musthave, el modelo Ibiza Blue power.

Aunque no llevo maquillaje, siempre salgo con protección solar factor 50, (o pantalla total, si el sol es muy intenso) en este caso, y debido a la arena, con la gama de Biotherm con efecto no pegajoso, tanto para cuerpo como para rostro. Proteged siempre, siempre , vuestra piel.

Y aunque en mitad de las dunas de Maspalomas, Gran Canaria, donde fueron tomadas estas fotos, era un suicidio usarlas, ese día llevaba unas sandalias de ante de tacón grueso maravillosas, de Mango. Ahora además están rebajadas.

Y para finalizar, un sombrero canotier. Creo que sigue siendo uno de los modelos que más me favorece, más alto o más bajo, con ala más o menos corta. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez, con MyPen Camera.

En Casa Decor 2017

OLYMPUS DIGITAL CAMERACada año Casadecor cambia de ubicación: como un guante a los dedos, las tendencias más interesantes de decoración se adaptan a un nuevo edificio, que este año se encuentra en la calle Antonio Maura, 8, de Madrid. Una casa señorial, de casi 3.000m2, con siete plantas irregulares y diferentes. En total, el curioso se encontrará con 67 espacios decorados por distintos diseñadores, arquitectos e interioristas. Desde una pared en un espacio de paso a una habitación suite.

Quizás sea una de las exposiciones que cada año espero con mayor impaciencia. La reforma de un casa esconde una promesa de una vida nueva y de un inicio mejor. Durante los próximos meses espero modificar ligeramente todo ello, de manera que ver tantas ideas creativas ( quienes lo deseen podrán visitar Casadecor hasta el 18 de Junio, todos los días de 11:00 a 21:00h) me deja oscilando entre la inspiración y la realidad.

No mencionaré todos los espacios que me han gustado, porque sería interminable, pero no quiero dejar de mencionar algunos que me han llamado la atención: pido disculpas al resto, y a su talento.

El visitante debería detenerse en la tienda Brillar, Resplandecer, Sobresalir, a cargo de Espacio Luzco. Siempre resulta ingrato decorar un espacio en el que se venden objetos ajenos, y Liena Ferrero lo consigue con (perdón por el juego de palabras) brillantez.

Una de las miradas más originales de la decoración contemporánea es la del siempre interesante Guillermo García-Hoz, que este año se ha encargado del Salón Home-Gallery Samsung. Colorido y neón en un espacio presidido por su emblemático ciervo Gerardo, y por un sentido del humor que invita a divertirse se quiera o no.  Sigo a Guille desde hace años y cada vez me gusta más lo que hace.
También en un espacio Samsung, pero en este caso la cocina Trendy Kitchen encontramos a Beatriz Silveira. Beatriz habla en sus proyectos de sensibilidad y de equilibrio, con un toque femenino muy sutil. Luz y armonía, y espacios abiertos en esa cocina.
La luz, y en este caso el color, protagonizan también el salón del Espacio Westwing, de la mano de Miriam Alía. Miriam fue uno de mis descubrimientos de la pasada edición, con su butaca de lentejuelas y su leopardo de cerámica, pero este año me ha deslumbrado: ha recubierto las paredes de tonos fríos con celosías blancas, que combina con papel pintado de flores y toques dorados. Westwing sacará a la venta en breve algunos de estos objetos, y reconozco que los estoy esperando con interés.
Pasé varias veces por la Sala de Estar La cuestión palpitante, de Virginia Sánchez Interiorismo. La razón, los intensos verdes degradados de esta sala de estar que reinterpreta los hogares señoriales en los que Emilia Pardo Bazán, la autora del ensayo que da título al espacio, vivió. Y la interesante conversación de Virginia, encantada de explicar el proceso que llevó a cabo para mostrar la modernidad de esta escritora plasmada en las molduras y las fotografías. Una delicia.

Tampoco podía pasar con prisas frente a El salón del Lector de Asun Antó: dos alturas que me llevaría a mi casa, con sus espejos, libros y discos, en un ambiente íntimo que parece casi infinito y que invita a la conversación pausada o a la soledad.
Completamente distinto es el tramo de escalera Esne para Scheider Electric. Suban y vean el ramalazo de rojo y la originalidad de este diminuto espacio.

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Entre tanto color (y terciopelo, y mármol, y cobre, y dorados, la tendencias de este año) para las fotos de Nika Jiménez preferí vestir de blanco: un top de Zara, con un pantalón crop blanco de Mango, mi preferido ahora que ha llegado el buen tiempo. Toques plateados y un borsalino. Me cuesta más escoger entre lo que veo: todo parece posible, todo puede encajarse. Paredes grises o rojas, pavimentos naturales o de brillo sintético, antigüedades reales o guiños kitch. Es el problema de tenerlo todo tan al alcance durante esta visita. Lo creemos posible, lo creemos nuestro, lo creemos hecho.

Dioses y Mitos por Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEsta es una imagen familiar para cualquier que me conozca: un edificio clásico, una escultura, una alegoría, y yo, plantada allí, incapaz de moverme hasta que les he contado a mis acompañantes qué vemos, de donde viene, qué referencias mitológicas encontramos en esa diosa desnuda, ese amorcillo enfadado, esa mujer con guirnaldas (también me ocurre con los árboles y las flores, pero en menor medida). Desde que de niña descubrí la mitología y su explicación simbólica del mundo ni  la arquitectura ni los jardines me transmitían lo mismo: y, con la insistencia de las pasiones, lo he compartido, me temo que quisiera o no, con quien llevaba al lado.

¿Por qué no lo haces para otros? ¿Para lectores, para curiosos? me habían preguntado mis amigos durante años, no sé si hartos de ser siempre mis víctimas o con un sincero entusiasmo por mis recorridos. El problema de las pasiones es que resultan contagiosas, y que no hace falta mucho para incendiarlas. Cuando comencé a colaborar con B the Travel BrandViajes El país con experiencias como el Viaje por la tierra de Jane Austen (que podéis ver aquí, aquí y aquí) era cuestión de tiempo el que les propusiera un recorrido por el Madrid Mitológico: desde las Quimeras de Atocha hasta la Diosa Cibeles, los caballos de Neptuno o la Diosa que preside la Gran Vía.

Así surgió Dioses y Mitos por Madrid. Una mañana por Madrid, con un grupo de viajeros, que recorren conmigo parte del centro de la ciudad, mientras yo les narro historias sobre esos dioses, esos héroes, esas alegorías que cubren las fachadas de muchos edificios señoriales. Cariátides y héroes, un diablo escondido en El Retiro, laureles, espigas de trigo. Y, como remate, una comida en el Palacio de Cibeles donde podíamos comentar lo visto.

Sabíamos que el Viaje por la Tierra de Jane Austen conmigo había despertado mucho interés, hasta el punto de que el siguiente, organizado para el 5 -8 de Octubre de 2017, se había llenado apenas fue ofrecido (es muy posible que ofrezcamos un recorrido más ese mes, dadas las peticiones de los viajeros: si finalmente es así, lo anunciaré con suficiente antelación), pero era un misterio qué ocurriría con una experiencia más breve, más extraña, si se quiere. Ocurrió lo mismo: veintidós viajeros me acompañaron en una de las mañanas más bonitas de este año, para aprender un poco más sobre cosmogonías, leyendas y sagas.

¿Repetiremos? Muy posiblemente. Pocas cosas pueden compararse a la expresión de sorpresa de quienes te acompañan cuando recuerdan fragmentos de historias leídas en su infancia, nociones sueltas. O cuando ven, como por primera vez, un edificio muchas veces conocido. Eso, y no otra cosa, es para mí enseñar. Las historias no se limitan a los libros. Hay que compartirlas, tienen que volver a la vida. Si no, los dioses y los héroes también pierden sus poderes.

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Para un recorrido que dura casi cuatro horas de paseo por Madrid necesitaba ropa cómoda, y que se adaptara a una mañana de mayo fresca que daría lugar a un día radiante. Elegí un vestido largo satinado de Wild Pony con estampado muy pequeño gris y rojo. El corte clásico (escote cruzado, tirantes, plisado en torno a la cintura, la falda de vuelo con una profunda abertura) lo convertía en un guiño a la experiencia de Madrid Mitológico. Ligero y evanescente, y muy espectacular, lo combiné con una cazadora de cuero negro de Mango, alpargatas  (no se ven en las fotos), un sombrero borsalino, y una gargantilla plateada (o chocker) de  Parfois. El bolso vintage es uno de mis clásicos. Como el sol primaveral es siempre traicionero, me embadurné a conciencia con proteccción solar: estoy probando varias entre las de factor de más de 50 que sean ligeras y adecuadas para piel sensible, y en esta ocasión usé una de mis preferids de Kiehl’s.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con My Pen Camera Olympus: y tuvo el acierto de captar, al menos en una ocasión, el escalofrío y la piel de gallina que me produce, una vez más, entregarme a dos de mis pasiones: el viaje y el conocimiento.

Ajedrez en la isla

OLYMPUS DIGITAL CAMERANo somos sino piezas de ajedrez en un tablero sin normas, más grises que blancas, más grises que negras. No somos sino el movimiento que realizamos y que creemos libre, y que sin embargo, condicionan los otros, el capricho, la ignorancia, la presión, la falta de perspectiva. No somos sino aquello que soñamos en la mañana y que conseguimos cuando el día acaba, la aspiración a moverse como alfil siendo un caballo, de suistituir a la reina cuando no pasamos de peón, de ganar esta partida, o de al menos no perder con demasiada rapidez, con un deshonor obvio. No somos sino el tiempo que transcurre entre partida y partida, mientras ordenamos figuritas, ensayamos estrategias y nos aseguramos ante el espejo que sí, que esta vez ya hemos practicado lo suficiente, que esta vez lograremos un jaque mate.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALas fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con  MyPen Camera en el Hotel Seaside Palm Beach de Maspalomas, Gran Canaria, que en sus jardines esconde un ajedrez gigante, cactus y buganvillas de un exotismo exhuberante. Me hospedé allí durante una estancia de GCWellness, organizada por The Suites. Días inolvidables por la amabilidad de todos los empleados, la gastronomía (los desayunos del hotel son dificilmente igualables) y el spa, que no se conforma con tratar el cuerpo, sino que ofrece tratamientos que ofrecen una tranquilidad mental y una relajación más que deseable.

La falda tableada de crêpe azul klein es de Mango. La he combinado con un crop top de algodón blanco, sandalias de ante fucsia con cuña, y una pamela de fieltro blanco. Ojo al sol, hace falta siempre protección alta. El collar de cuentas de vidrio azul lo compré en Atenas hace ya años.

En el Atelier de Suma Cruz

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Todo comenzó con unas estrellas y unos pájaros vistos en una imagen de Instagram, y me llevó una mañana llena de sol a la calle Zorrilla 23. Allí estaban las chicas de Suma Cruz, en sus mesas altas y con sus joyas alrededor, entre flores secas y piezas a medio montar, en una buhardilla luminosa al final de una escalera de madera. Susana Cruz, la fundadora, insiste en que sin un trabajo en equipo nada de lo que hay bajo ese techo se hubiera logrado.  Paloma, Inma, Andrea y Carmen son el resto de las creadoras, largas melenas, ojos brillantes, manos ágiles. Un profundo respeto por la joyería clásica, y un conocimiento igualmente profundo de la historia de la orfebrería.

Hay algo fascinante en ver un taller artístico, un atelier. Mi escritorio resulta mucho menos interesante,  menos creativo, sin duda menos cambiante que este lugar en el de pronto surge un cocodrilo, o un escarabajo de piedras semipreciosas, o un lirio que se enrosca entre los dedos. Muchas personas solo visitan uno de estos lugares, como los de vestidos de alta costura, para una ocasión especialísima: una boda propia o ajena, una celebración muy especial. Cada vez más a menudo, regalos hechos a una misma, por haber cumplido 40, o 50, o 60 años, o por haber tomado una decisión acertada.

Esa mujer, sola, o con alguien de quien se fía, subirá las escaleras, encontrará lo mismo que yo: una deslumbrante sucesión de posibilidades, de piedras y piezas metálicas, de exquisitas diademas y de hiedras que crecen entre las manos. Unas te convertirán en una sirena con mejillones de nácar entre el cabello, otras en una ninfa con halo de estrellas . Otras en una emperatriz bizantina, con sus tiaras rígidas y cuajadas de gemas. La belleza tiene siempre algo de irrepetible, y algo de incompleto, también.

-Escríbenos algo -me pidieron, después de que hubiera jugado a transformarme en todas las criaturas marinas o celestes que se me ocurrió.

-Claro. Dadme un papel.

-No -sonrieron-, en la pared.

Y allí, bajo el sol de la buhardilla de Suma Cruz, quedaron mis palabras. En mis manos, ahora, anida un escarabajo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERANinguna prenda podría competir con esas preciosas joyas.  Me puse un abrigo de terciopelo negro de Mango, sobre el que destacaban los matices y los brillos. Las fotos fueron tomadas en el Atelier, en Madrid, por Nika Jiménez.

Y ahora ¿qué?

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Estos días he repetido varias veces en las entrevistas sobre Llamadme Alejandra que esta novela ha ocupado catorce o quince años de mi vida. No ha sido mi dedicación absoluta, como puede comprobarse por mis otras publicaciones y trabajos, pero sí una compañía o un deber constante que pendía sobre mí como una damocliana espada literaria.  Ahora, tras haber conseguido el Premio Azorín 2017, y con dos meses o tres por delante de trabajo compartido con libreros, periodistas y ferias para que el libro llegue al mayor número de lectores posible, es el momento de detenerme y de preguntarme qué hacer ahora

Cuando un proyecto de una duración tan prolongada finaliza, y lo hace de una manera tan deseable como con un premio, existe un peligro latente: el desánimo: Contra todo pronóstico, la sensación de vacío. Una ligera duda, o una profunda conmoción. Qué escribir ahora, qué iniciar cuando aún no nos hemos desprendido del todo de lo anterior. La primera vez que me enfrenté a esta emoción fue cuando publiqué mi primera novela, Irlanda, y el mensaje que recibía a mi alrededor era que ya “lo” había logrado. Entonces me empeñé en que era el inicio del camino, no una conquista. Año  y medio más tarde conseguía el Premio Planeta 1999. Nuevamente me hablaron de haber conseguido ya algo que clausuraba un ciclo, o incluso del fin de mi carrera literaria. Mi respuesta fue continuar trabajando, marcharme fuera de España para iniciar un proyecto nuevo, y, con la cabeza fría, repetirme que este es un oficio que puede mantenerse durante décadas, con altibajos, y que se derrumba si olvidamos la pasión y la seriedad.

De nuevo, el Premio Azorín no me pilla desprevenida. Un nuevo ensayo, una novela juvenil y otra infantil, y la actualización a lenguaje contemporáneo de El conde Lucanor me aguardan durante este próximo año. Comunicación y estudio, ensañanza y literatura, mis cuatro pilares. El empeño en el éxito es un mandamiento de la sociedad contemporánea. Se valora la obsesión, un único objetivo ambicioso. Una sociedad neurótica y fácil de etiquetar. Sobrevivir al éxito requiere una estrategia en sí misma. Cuando se relativizan los triunfos y se planean sus resacas resulta más sencillo asumir el fracaso. Cuando un proyecto vital se argumenta a largo plazo, quizás dé mejor resultado  trabajar poco a poco, con paciencia, sin perder de vista el disfrute cotidiano.

 

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPodéis encontrar aquí el vestido de tul bordado de Mango.  La peineta lleva la firma de Marisa Bell Design. Las fotos fueron tomadas en Alicante, por Nika Jiménez.

El Invernadero: una pausa distinta.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOs había comentado en el post que podéis leer aquí que se había llevado a cabo en el Invernadero de Salvador Bachiller. Hoy quería mostraros con más detalle este precioso lugar escondido en la Gran Vía de Madrid.

Desde el exterior las apariencias indican que es una tienda más de los mil objetos (zapatos, y bolsos, y menaje, y maletas, y…) que Salvador Bachiller ha incorporado a sus colecciones. Grande, colorida, ordenada, han vivido una importantante reforma y cambio de concepto. Hay que llegar al final de los estantes para encontrar una escalera que desciende al Invernadero de exuberantes plantas, suelos con mosaicos de cristal de colores y unos espejos que, como todos los que sirven para algo importante, llevan a otras realidades.

¿Un té? Claro. ¿Unas gyoza, humus, un sandwich? Sí. Y un zumo, y todo eso que en cada da tanta pereza pero que en un invernadero secreto sería un error no probar.

El lujo tiene mucho que ver con el tiempo, con el tiempo robado en particular. Los minutos dedicados a los seres queridos o a una misma. La pausa entre la prisa y las carreras. Un momento atrapado entre los espejos del Invernadero.

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En las fotos que me sacó Nika Jiménez llevo una camisa blanca de Mango, unos shorts de terciopelo rosa y un anillo de plata de Tatiana Riego.

Todo lo que me rodea (las tazas, que recordaréis de mis bodegones, los vasos, los espejos, los salvamanteles) pertenece a las nuevas colecciones de Salvador Bachiller. La nueva imagen de la casa, que merece una pausa y un buen té.

“El chico de la flecha” en Madrid

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Faltaba que El chico de la flecha se presentara oficialmente en Madrid: de entre las muchas librerías con un espacio reservado para la literatura infantil y juvenil  Librería Lé fue la escogida, y el día 21 de enero nos reunimos lectores, alumnos, amigos, niños y mayores, para charlar un rato sobre historia, sobre la Hispania Romana, sobre los jóvenes y nuestra responsabilidad hacia ellos.

Conté, por ejemplo, cómo había surgido la idea de escribir esta historia: un fin de semana con mi amiga de la infancia, Valentina, que estaba presente y no podía contener la risa cuando recordaba las anécdotas que vivimos en el colegio, cuando ya torturaba a mis compañeras con obras de teatro, cuentos y ocurrencias. Hablamos de los niños y sus preocupaciones, y de una de las más acuciantes de los padres: que los niños desarrollen el amor por la lectura. De la pasión común que mi editor Pablo y yo sentimos por la antigua Roma y por su legado. Y, en definitiva, de todo aquello que nos une y que deseríamos que nos uniera a quienes queremos.

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Para esta presentación llevé mi abrigo blanco de Promod, con botines de terciopelo negro de Mango, y un bolso reversible (mostaza y de estampado animal ) de Gloria Ortiz. El top de tartan blanco y negro es de Chip Up. Los pendientes con turquesas, de Luxenter, fueron un regalo de María, la bibliotecaria y profesora de historia del IES García Bernalt. El brazalete, de jaspe, lleva la firma de Nockt, y la sortija de oro y zafiro es casi tan antigua como mi amistad con Valentina: fue un regalo de mi comunión. Por último, las gafas son de Musthave.

Las fotos son responsabilidad de Nika Jiménez.

 

Bajo el techo de Bump Green

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Los lugares nos conforman, de la misma manera en la nuestros recuerdos los transforman a ellos. En los últimos años me he esforzado en asignar nuevos recuerdos a lugares nuevos. Es una manera sutil, pero muy eficaz, de transformar nuestra vida. La nostalgia, al menos para mí, resulta inevitable, y no me suele llevar a nada bueno: pero no hay espacio para esa nostalgia en los sitios que descubrimos por primera vez. La sustituimos por la atención, o la curiosidad, o por el momento presente, ese que se escapa en cuanto nos damos cuenta.

Para mí BumpGreen, en Velázquez 11, de Madrid, es el lugar donde quedo con Macarena Berlín, la dulce voz que nos sale al encuentro de madrugada en La Ser en Hablar por hablar. Una mujer de una generosidad y unas cualidades tan difíciles de encontrar como gratificantes; pero es también el espacio que me sorprendió en su inauguración por una decoración ecléctica y arriesgada, obra de Adriana Nicolau, en la que las espectaculares arañas de vidrio se mezclan con las piezas inconfundibles de Guille García-Hoz, donde afirman que la comida tiene alma y que cocinar con paciencia, con productos orgánicos y con imaginación es una manera, (y otra vez sale ese concepto) de transformarse.

BumpGreen es también importante por razones secretas, por lo celebrado allí con una mezcla agridulce de fin de etapa y comienzo de vida, porque este enero gélido me trae cambios que son, como todos los realizados a conciencia, necesarios y dolorosos. Y casi todo lo digno de recordarse hay que celebrarlo comiendo: un hummus con cortezas de bacalao, por ejemplo. O un tartar de salmón, o un postre con su leve toque de caramelo salado. La carta despierta primero la curiosidad y luego los sentidos. Y luego, los sillones amarillos de la entrada invitan al café y la conversación.

Convertimos los lugares en aquello que sentimos. Traspasamos nuestra mirada y nuestras emociones a las paredes. Y eso, a veces, es una declaración de intenciones.

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El look de ese día se componía de un abrigo blanco que ya me habíais visto aquí, unos pantalones anchos de tweed de Zara, una camisa de cuello de tira y pespuntes negros de Mango que estrenaba ese día y que me tiene enamorada, y el bolso Cebra, con estampado animal, de Tatiana Riego.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con mi último juguete, la cámara Olympus E-PL8, mi mejor regalo de Reyes, que me ha traído, literalmente, una visión nueva de las cosas.