Llamadme Alejandra llega a Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAParte del universo literario se encuentra entretejido con mitos creados por el cine, las novelas y las series de televisión sobre el mundillo, casi siempre ejemplos estadounidenses o franceses: desde Truman Capote con sus fiestas abarrotadas de esbeltos cisnes, al irreal  estilo de vida de Carrie Bradshaw, la imagen popular del escritor ha oscilado entre el tópico del bohemio que escribe en las barras de los bares en sus ratos de lucidez, a la torre de marfil necesaria para la creación, a… Las presentaciones de los libros también distan mucho (muy a nuestro pesar) de las imaginadas por lectores o escritores novatos. Los feroces años de la crisis las han limitado a lo básico, cuando no las han eliminado.

Pero he de decir que mi novela Llamadme Alejandra ha sido una excepción en este sentido, y fue presentada a la prensa y a los amigos de la profesión en Madrid el día 7 de Abril, en el hotel Intercontinental de Madrid: el mismo en el que Ava Gadner, en sus años de gloria y fiesta, fijó su residencia, y sembró la ciudad de anécdotas y de leyendas. Anfitriones impecables, me sorprendieron al final de la celebración con una tarta que reflejaba con fidelidad la cubierta de mi novela, literalmente devorada en poco tiempo.

Pasé gran parte del día, las horas previas y las posteriores, atendiendo a la prensa: Telva, El Español, Antena 3, Objetivo Bienestar, Joly, diversas agencias. Radio Nacional… perdí la cuenta. Después llegaba la convocatoria de prensa, los discursos, la presentación en sí, y uno de los momentos más esperados, la conversación entre Javier Sierra, y quien escribe. Javier, amigo cálido y consejero infalible, debía estar conmigo en esa mesa. En los últimos meses, meses de cambios y de decisiones, me he marcado el objetivo de trabajar y de pasar mi tiempo con gente a la que quiero. Todo lo demás me resta energía y me parece, a estas alturas, prescindible. Y Javier, con su apoyo constante, ha sido confidente y testigo de muchos secretos de esta novela; era lógico que viera el final de este camino.

Como la novela había aparecido apenas unos días antes era quizás un poco presuntuoso suponer que todos los asistentes habían tenido tiempo de leerla. Para ponerles en antecedentes, la actriz Paula Iwasaki leyó el capítulo 17, que se ha convertido rápidamente en uno de los predilectos de los lectores. He visto crecer a Paula, he tenido ese privilegio como amiga de la familia, me alegro como si fuera propio de su éxito presente, y su futuro promete ser espléndido. Cuando la formación se une al talento y a una educación exquisitamente cuidada, no puede ser de otra manera.

Editoras, representantes de la Diputación de Alicante, y nuevamente, amigos. Amigos entre la prensa, como  el veterano Javier de Montini, siempre tan amable conmigo, o  Moisés Rodríguez, subdirector del Canal 24h, que no paraba de abrazarme, contentísimo. Aunque no aparecen en las imágenes, hubo muchos otros, algunos testigos de mi carrera desde Irlanda. Estuvieron, pese a lo difícil de la hora, queridos colegas como Marta Rivera de la Cruz, que veinte años no es casi nada, y Martín Casariego. A ambos no me llega el tiempo para agradecerles su presencia y su cariño.

Por no faltar, no faltó ni el extintor que me persigue en muchas de mis fotografías, y que mis seguidores de Instagram conocen bien. Allí estuvo, fiel a las normas de seguridad y atento a fastidiar todos los planos posibles al mismo tiempo.

Me supone un esfuerzo hablar de mis emociones en este día: entremezcladas con el sentido de la responsabilidad y con el deseo de que todo saliera bien, la alegría, la satisfacción y el orgullo, y sobre todo, el agradecimiento no me abandonaron. Conservo esos momentos como algunos de los más bonitos de los últimos años. No basta con vivir cada hora: yo he aprendido, en cierta manera, a insistir en vivirlas, con una conciencia mayor, con la sensación de que son fugaces y que deber ser disfrutadas.

Ahora, sin tregua, viajes, firmas, ferias, todo lo posible para que el libro viva y llegue a rincones poco habituales, para que se encuentre en librerías más tiempo del que dicta este momento de fugacidad y para que este Premio y esta novela sea más que una imagen, y más que un recuerdo. Ha finalizado un tramo del camino. Comienza otro.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación escogí un vestido de Marcos Souza Couture, hecho a medida, y que reservaba para una ocasión especial. Es un little black dress de corte impecable, con el giro de un falso escote corazón con tul transparente, y cremallera visible en la espalda. Repetí los salones de raso nude y encaje de Magrit que estrené el día del fallo del Premio. Le dí también más importancia al  bolso cartera (o clutch), y en este caso rompí mi norma de no conjuntar zapatos y bolso. Como un guiño a Alejandra, la zarina de las perlas, llevé un brazalete de Verdeagua, y el anillo que Chocrón joyeros diseñó para mí inspirado en La flor del Norte y sus secretos.  Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en el Hotel Intercontinental de Madrid.

Ese precioso 7 de abril contaba, por lo tanto, con todos los elementos para que fuera una presentación casi, casi, como las legendarias. A todos ellos, mis más sinceras gracias. Intentaré estar a la altura de ese cariño y de ese esfuerzo común.

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Premio Azorín 2017

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Ha pasado una semana desde la concesión del Premio de Novela Azorín 2017 y los detalles continúan tan vívidos ante mis ojos como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Ocurre con todas esas ocasiones cargadas de expectativas, y muy anheladas. No era, desde luego, la primera vez que me presentaba a un premio literario: pero sí que lo hacía con una novela tan trabajada y que fuera histórica. No todos los jurados valoran de manera positiva el género.

La Diputación de Alicante es quien convoca este premio, que se inició en 1994 con Gonzalo Torrente Ballester como ganador. La responsabilidad de publicar y distribuir el Premio es de la Editorial Planeta, y su dotación es de 45.000€ sujetos a (ay) todos los impuestos correspondientes. Otros escritores que cuentan con él son Luis Racionero, Jesús Ferrero, Dulce Chacón, Jon Juaristi, Ángela Becerra… En este año se cumplían, además, los 50 años del fallecimiento del gran Azorín, con lo que la Diputación decidió abrir la gala al público y a los pueblos de Alicante, y se celebró en el Auditorio, que dispone de un gran aforo.

Existe siempre una enorme rumorología respecto a los premios, si están concedidos de antemano o o no. Lo cierto es que quien maneja menos información al respecto es, al menos en mi caso, el autor. En este premio existen dos jurados que deliberan el mismo día del premio, durante la comida. Cada uno propone su novela candidata; este año tuve la suerte de que eligieran la mía.

Por experiencia sé que en las horas previas a un premio conviene mantenerse ocupada, y en las posteriores, también. A mí me habían confirmado que mi novela se encontraba entre las candidatas la semana anterior, de manera que me encontraba en Alicante, con dos agendas: la que ocurriría si ganaba, y la que llevaría a cabo si no.

Como intento hacer siempre que me es posible, había cuidado con mimo lo que llevaría esa noche: los premios son ocasiones especiales, fruto de las ilusiones y el trabajo de mucha gente. Me merecen todo el respeto: sea o no yo la protagonista, intento que quien lo organice sienta que valoro la invitación y el esfuerzo.

Había escogido un vestido de The 2nd Skin.co que me recordaba a alguno de los lucidos por Jackie Kennedy, con su tejido brocado rosa y un corto imperio y sencillo. Pertenece a su icónica colección For Valentina.

Lo combiné con unos preciosos salones de Magrit, el modelo Mila trabajado en ante y raso con un delicado trabajo de encaje y un bolso cartera a juego.  Magrit es una exquisita marca alicantina, y me pareció la elección lógica en este premio.

Lo mismo me ocurrió con las joyas: Chocrón Joyeros me han acompañado en algunos de los momentos importantes de mi vida, y en esta estuvieron también presentes: la sortija de mayor tamaño y la deliciosa pulserita pequeña son de la colección Ch_Aura en oro rosa, rodonita de los Urales, madreperla y diamantes. La sortija flexible y los pendientes, de oro rosa y diamantes, son de la colección CH-Imperial.

La gala comenzó a las 19:00h. Antes del fallo nos esperaban la actuación de Juan Echanove, que interpretó varios textos de Hamlet, y después, un fragmento del Carmina Burana por La Fura dels Baus.

En algún lugar entre ambos dijeron mi nombre. Subí al escenario para recoger mi Tanit, y para agradecer al jurado, a la propia provincia de Alicante, la oportunidad que me daban. Era el momento también, entre la emoción y los recuerdos agolpados (quince años de trabajo acumula esta historia), de hablar mínimamente de mi novela, Llamadme Alejandra, que aparecerá a principios de abril  y que describe la vida y los pesares de Alejandra Feodorovna, la última zarina. El momento para una mención cariñosa a quienes estaban allí conmigo y no habían ganado, como me ha ocurrido a mí en otras ocasiones, para que continuaran escribiendo y compitiendo.

La andadura de la novela comienza ahora: primero una rueda de prensa, entrevistas para el siguiente día. Y la incógnita de si gustará o no, de si habrá merecido la pena el esfuerzo, el examen constante al que se somete el escritor.

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El maquillaje de esa noche fue responsabilidad de Itzi, y las fotos, de Nika Jiménez. Esa noche fue mi acompañante; como mi jefa de prensa ha sido testigo de lo mucho que he sufrido y pasado con esta novela, y lo ha compartido, de manera que se merecía estar también allí si las cosas iban bien. Luego llegaron las felicitaciones de los amigos, la familia, los compañeros de viaje. Los lectores y los seguidores. A todos ellos, muchas gracias. Para todos vosotros es esta novela.

El chico de la flecha en Mérida

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El chico de la flecha nació en Mérida, tras una conversación con una amiga de infancia, arranca en Mérida,  y ha sido una satisfacción para mí que la primera presentación haya tenido no solo en esta preciosa ciudad, sino en el Museo Nacional de Arte Romano.

Hay libros que nacen con más fortuna que otros: El chico de la flecha ha sido de los afortunados, de los que desde el primer momento conllevan alegrías y sorpresas inesperadas. Para vos nací pertenece también a esa misma categoría, como Irlanda. Otros necesitan más cuidados, o más explicaciones, o fueron publicados a destiempo. Sin embargo, esta novela juvenil me está permitiendo hablar de temas que siempre me han apasionado a otras personas, jóvenes y adultos, que se definen en unos momentos antes de la firma de libros, y lo hace tendiendo un puente natural y fluido.

Un solemne niño de ocho años que se siente preparado para leer un libro recomendado para doce, y que me habla de lo complicado que le resulta crecer y hacerse responsable. También yo hacía esas cosas a su edad y con la misma seriedad, y sentía que la infancia era una pérdida de tiempo.

Un maestro, coleccionista de libros juveniles, que lee con mimo lo que sus alumnos leerán (o leerían: algunos están ya jubilados), y que se va con su novela entre las manos ya medio ojeada. Madres que no saben ya qué regalar a sus hijas voraces, o que no saben con qué incitarles para que al menos aparten los ojos del móvil. Libros como obsequios de Navidad, o como un viaje en el tiempo.

No es ningún secreto que soy una apasionada visitante de bibliotecas y museos, El Museo Romano de Mérida, de Moneo, se encuentra entre mis preferidos: falsamente abarcable, limpio de formas y casi evidente en su concepción, esconde en algún lugar un Aleph o un gusano de tiempo. Nunca se sale de allí con la sensación de conocerlo o de haberlo visto en profundidad. Los mosaicos de las paredes, los bustos de pliegues planchados a mármol, los objetos cotidianos. Cuando decidí escribir El chico de la flecha, mi amiga Valentina y yo nos dirigimos hacia el Museo Romano, como final de nuestra visita de fin de semana. Había una cierta lógica en que el círculo se cerrara (o comenzara) de nuevo aquí.

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Para la presentación escogí un vestido en amarillo intenso de María Barros, de manga larga y ajustado. No dejó de llover en todo el día, y el amarillo, además de desmentir teatrales supersticiones, fue una declaración de intenciones luminosas. El vestido se impone por sí mismo, de manera que lo completé únicamente con un collar de esmalte y unos preciosos zapatos de ante rosa palo de Magrit.

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Atención, Obras

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Cuando hace unos años le pregunté a mi padre qué pensaba él, cuando yo era pequeña, que sería de mayor, me ofreció una respuesta sorprendente. Actriz, dijo. Desde luego, no hubiera sido su sueño; ambicionaba para sus hijas la formación universitaria que obtuvimos, y un oficio intelectual. Tampoco yo fui una de tantas niñas que fantasean con ser actrices. Yo quise ser, por este orden, astronauta, poeta, miembro del cuerpo diplomático y escritora.

En eso pensaba cuando me llamaron de Atención, Obras, el magacín de la 2 que se ocupa de la actualidad cultural, para que les hablara de El hogar del monstruo, y de qué suponía para mí debutar como actriz en el teatro María Guerrero con Abril en Estambul. Por cierto, podéis leer la crítica que escribió Culturamas aquí. Recopilé los recuerdos que podrían resultar relevantes: cómo liaba regularmente a las niñas de mi colegio y las embarcaba en obritas de teatro que yo escribía (y dirigía y protagonizaba y producía), la última y más ambiciosa una adaptación de César y Cleopatra, de G. B. Shaw, que involucró a la mitad de mi clase de 7º de EGB.

Recordé cómo aquello se diluyó cuando comencé a estudiar Canto a los 12 años; todo lo que estudié de teatro desde entonces se orientó a que nos desenvolviéramos con soltura sobre un escenario. Cómo en los cursos de lenguaje teatral aprendí a entrar con ímpetu, a posar delicamente la mano sobre el piano, a modular la mirada y a moverme (e incluso agonizar) de manera que nunca afectara a la emisión de la voz. A los 14 años absorbía con los ojos muy abiertos la manera en la que José Carreras enfervorizaba al público, o cómo Nuria Espert declamaba con su encanto deslumbrante, y los veía a apenas unos metros, en el mismo escenario en el que yo, una soprano jovencísima, formaba parte del coro.

Entonces me auguraban una brillante carrera como cantante; todos, hasta mis rivales, estaban de acuerdo en ello. Lo que ocurrió después lo he contado en muchas ocasiones: mi tibia vocación no pudo superar las dificultades y las amenazas que se presentaron, y me orientó a lo que deseaba hacer: escribir, contar historias. Siempre añoré el escenario, e intenté reproducir lo que aprendí en esos años en las conferencias y los cursos. Siempre chirrío un poco como escritora, siempre asoma ese pasado.

Desde luego, hubo aspectos buenos: el cálido empuje de mi profesora María Folcó, que creyó en mí con una fe casi visionaria, y el de Jose Luis Ocejo, director de la Coral Salvé, que me protegió todo lo que pudo. Estuvo la mano cariñosa de Rose Marie Meister, que tanto me enseñó sobre cómo encarnar un personaje en los Cursos de Música Antigua de Daroca. El apoyo incondicional de mi hermana Mila, que pasó muchas de sus valiosas horas como mi pianista repertorista y paciente profesora, la tenaz perseverancia de Sor Teodora Errasti, que acaba de morir, y que siempre, siempre, creyó en mí. La amistad con el tenor Fernando Latorre, mantenida a través de los años, o las conversaciones con María Bayo, que me ayudó a poner tantas cosas en su sitio.

Hubo cosas buenas.

Sin embargo, la entrevista de Cayetana Guillén Cuervo tomó otros derroteros. Mucho más íntima, mucho más interesante de lo que yo me imaginaba, Cayetana, con una impecable labor de su equipo, se preocupó por llevar las preguntas hacia lo esencial: el bien, el mal, los monstruos. Los miedos, la soledad. La intimidad, la exposición. Me emocionó. Se produjo uno de esos momentos raros y preciosos en la televisión en que olvidas todo porque entiendes a quien tienes frente a ti. Fue un regalo.

También lo ha sido la reacción de quienes lo vieron. Desde aquí, gracias. A los seguidores de Instagram y Twitter, en especial. La entrevista puede encontrarse aquí.

Hubo también algo que no dije: no deseo el menor mal a quienes se comportaron conmigo de manera tan cruel y agresiva que mi única opción fue abandonar lo que quizás hubiera sido mi carrera. Pero son responsables, y lo son de manera inequívoca, de haber provocado un enorme sufrimiento. No valen las excusas de que eran jóvenes, o inconscientes, de que yo era demasiado pequeña o sensible para estar en ese mundo, de que buscaban su futuro o que no sabían que las consecuencias serían las que fueron. La mala excusa de todos los acosadores, de los maltratadores.

No podían prever que aquello me haría abandonar y aborrecer la música durante años, que me causaría un trastorno de la alimentación y provocarían un enorme odio y cuestionamiento hacia mí misma, cierto. Pero sabían que lo que hacían estaba mal. Que unos adultos acorralen a una chiquilla de 14, de 15 años, que la amenacen y aterroricen, que la oigan llorar sola, que la dejen abandonada en una ciudad extranjera, que le roben su material de trabajo, que se burlen y la cuestionen constantemente no tiene justificación. Es intolerable. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora. Que saquen ventaja de su inocencia o su bisoñez, que la aíslen cuando se encontraba sin ninguna protección, que bloqueen sus posibilidades de pedir ayuda, que la insulten y humillen día sí y día también puede acabar, literalmente, con su vida.

Me arrojaron a un camino áspero que no tendría por qué haber conocido. Nunca les hice mal alguno, no hubiera podido, ni sabido. Me convirtieron en alguien que deseaba escaparse, que mentía, que creó una coraza incómoda. Lo que era mi don se transformó en una maldición. No les estoy agradecida por haberme obligado a crecer antes de tiempo, ni por haber contribuido, con su maldad, a ser lo que ahora soy. No merecen mi comprensión, ni mi olvido. El perdón no se debe dar por supuesto. Antes, hay que asumir el daño que se ha infligido, y repararlo, si se puede. Yo he perdonado porque me lo debía a mí y a los míos, a quienes también salpicaron, no porque se disculparan. Es más: con el tiempo me ofrecieron explicaciones y apoyo precisamente quienes que no tenían por qué hacerlo.

En Atención, obras hablamos de monstruos. No hay que tenerles miedo. Pero no sirve de nada negar que existen. Hay que combatirlos con energía y vigor, con denuncias y con leyes. Con el rechazo de quienes callan y miran y saben. En mi Abril en Estambul yo lucho contra uno. Tengo cierta experiencia. Sí, ah, sí. Tengo cierta experiencia con ellos.

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Debo el maquillaje y la peluquería de las fotos al departamento correspondiente de RTVE, que trabajaron con las planchas cada mechón de pelo hasta dar con este look. El vestido de algodón, con aires a los años 50, es de Marc Jacobs. Lo combiné con peep toes de Magrit, de charol burdeos, joyas de oro blanco y un bolso geométrico de Salvador Bachiller. Las gafas de sol personalizadas, de Tiwi, fueron un regalo de Tomás Palacios. Las fotos corrieron a cargo de Nika Jiménez, en los jardines de RTVE.

Si te necesito, silbaré

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Casi todos los cuentos de hadas narran el proceso de madurez de un niño a través de una aventura maravillosa, o de una niña que debe superar pruebas hasta casarse. No en todos aparecen hadas: pero sí algún elemento mágico. Y su protagonistas no piden ayuda. Cuando los necesitan, en una situación deseperada, sus genios, protectores, u objetos mágicos aparecen.

Hay quienes hemos crecido así: sin saber cómo pedir ayuda. Es el caso de casi todas las mujeres que conozco, que han rechazado la posición de indefensión que la sociedad imponía, pero que han absorbido con gran precisión todas las exigencias de fortaleza, autosuficiencia y discreción que también dictaba. La mujer fuerte ha sido, desde la Biblia, (Proverbios 30, 10-31), un ideal inalcanzable. Una mujer que trabaja en casa, y fuera, que no se queja, que previene cada contingencia, que auxilia al pobre y que apoya en todo a su marido. Cierto que no se le pedía que fuera hermosa: ahora sí, también. Las tareas han cambiado, pero el espíritu es el mismo: calla y continúa trabajando, con o sin reconocimiento, con o sin remuneración, y siéntete orgullosa por hacer lo que debes.

También los hombres mantienen complejísimas relaciones respecto a pedir ayuda y a la deuda que contraen con quien les auxilia; en las relaciones de vasallaje, quién y cómo debía prestar ayuda quedaba rígidamente estipulado, hasta el punto de que en algunos casos, si por azar alguien salvaba la vida de otras persona el salvado permanecía en deuda, él y sus descendientes, hasta devolver el favor.

Me ha hecho falta escribir dos ensayos sobre lo que nos enseñan los cuentos de hadas (Primer Amor y Los malos del cuento) y muchas horas de reflexión y de sufrimiento para que esa idea cambiara en mi cabeza. Como tantas otras personas, me sentía más cómoda en la posición de hada madrina: son fuertes, no tienen problemas (salvo la de Piel de Asno, la pobre, un hada madrina de lo menos resolutiva), ayudan a los demás, solucionan vidas. Me ha supuesto mucha humildad, una mirada más sensata y consciente a mi existencia y a mis circunstancias y atravesar un dolor psicológico insostenible, pero he aprendido a pedir ayuda.

O, más bien, estoy aprendiendo a pedir ayuda. A reconocer debilidades sin que un vacío de naúsea me llene el estómago, a aceptar otras opiniones, a escuchar a gente que sabe más que yo y que tiene la generosidad de compartirlo conmigo, a reconocer mis carencias y a pedir consejo a quienes dominan lo que a mí me falta. He tenido que aprender a decir que no, que en ocasiones no puedo ser yo la que ayude ahora, y que mi conciencia no me remuerda. Pierdo poco a poco el miedo a estorbar, a ser una molestia o a que me miren de manera extraña: porque quienes hemos presentado siempre ese aspecto imbatible hemos de asumir la sorpresa ajena cuando los demás tienen que reescribir lo que opinan de nosotros.

La mujer fuerte casi nunca es humana: debe mantener esa máscara, por infeliz que sea. Es la madre por excelencia, la cuidadora, la que conviene a una sociedad que la utiliza para su beneficio sin pensar en las necesidades individuales. El hombre fuerte es una bestia de carga, un bastión, alguien que jamás se quejará y soportará aún más presión. La esencia de la productividad por excelencia. Sin identidad, y sin más pretensión que la de vivir para los demás y para cumplir con las obligaciones.

Me he cansado de ser autosuficiente. Poco a poco, en cosas pequeñas y en grandes cosas, he aprendido a silbar si necesito ayuda.  Si se me rompe la plancha, y no sé si por dónde comenzar la búsqueda, recurro a la comunidad que me rodea, que sin duda sabrá orientarme (gracias, por cierto, a quienes ayer en IG me ayudasteis con el momento plancha). Si tengo una duda, preguntaré. Si mis problemas me superan, pido auxilio, asesoramiento, lo cuento. Alguna solución encontraré con la ayuda de otros.

Y ¿sabéis? No se ha parado el mundo. No era tan importante. Mi ayuda no resultaba tan imprescindible. Mucha gente se ha mostrado dispuesta, e incluso feliz, de echarme una mano. Muchos vampiros emocionales, cuando han visto que no podían arrancarme ayuda, sino que, por el contrario, la pedía, se han desvanecido. Y los amigos… los amigos siempre han estado ahí. Pero ahora les escucho más.

Porque los cuentos tienen razón: hay hadas y genios ahí cerca.

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Como los humanos y nuestros sentimientos, los lugares se encuentra en proceso de cambio: los Mercados, como el de La Paz, se han convertido en lugares de encuentro y en centros de delicatessen, además cumplir de su función como mercado de abastos. El lugar donde compraste esa mañana en zapato plano y vaqueros te acoge al atardecer con los tacones de vértigo de Magrit y el precioso vestido abrigo de TopLove, con un delicado estampado de flores. El bolso está pendiente de que lo customice, la manicura es de OPI, y aunque casi no llevo maquillaje, el que llevo es de YSL.

Y si os interesan Primer amor o Los malos del cuento, que hablan de cómo los cuentos nos han enseñado a trabar relaciones amorosas o a detectar personalidades tóxicas, los podéis encontrar pulsando sobre el enlace. Porque para ayudar a alguien están, ahí están.

Los escritores y los Reyes

9La primera vez en la que me encontré con los reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía fue con motivo del 50º Premio Planeta, dos años después de haberlo ganado yo. Nos reunimos prácticamente todos los ganadores y finalistas de la historia del Premio, al menos los que quedaban vivos. Recuerdo que Vázquez Montalbán se puso una camisa roja, e hizo todo lo posible para no aparecer en la fotografía conjunta. El protocolo aún se está recuperando de ello.
La primera vez que me encontré con los Príncipes de Asturias fue por otro aniversario literario, el del Premio SM-Barco de Vapor. Acababa de regresar de Cuba, con la cabeza llena de trencitas, esas veleidades de turista, y así me planté allí. El protocolo aún se está recuperando de ello.
La primera vez que me encontré con Don Felipe y Doña Letizia ya como reyes fue con motivo del Premio Cervantes a Juan Goytisolo, la víspera de su discurso “A la llana y sin rodeos”. Fuimos muchos los que quisimos acompañarle durante la comida que todos los 23 de abril dan los reyes en el Palacio Real a escritores y a personalidad del mundo del libro: y sí, me temo que el protocolo aún intenta recuperarse de ello.

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Para quienes no estamos acostumbrados a ocasiones tan formales, aunque sean durante el día, el negro es una apuesta segura, algo aburrida, salvo que escojas un vestido de Amaya Arzuaga con volumen a la cadera. Las joyas de Chocrón Joyeros, de oro blanco y diamantes, pertenecían a las colecciones Ch-Aura (los pendientes) y Ch-Circa (la deslumbrante pulsera). Firmaba los zapatos de ante, con el tacón en metacrilato y una mariposa de cristal Swarovski en tonos verdes y azules, una de las casa predilectas de la reina, Magrit. Compré el bolso azul marino en una tienda de segunda mano de Nueva York, y aunque el protocolo se ha relajado significativamente por deseo de los monarcas, intenté comenzar el reinado con el peinado adecuado, y un maquillaje suave, que corrieron a cargo de Myriam de Prada. Las fotos se hicieron en el Palacio Real y en el Espacio Fundación Telefónica.

¿Otras ocasiones en la que se encontrarán reyes y escritores? Muchas. Además de la Feria del Libro, el recién otorgado Premio Princesa de Asturias, concedido al cubano Padura. Que ya ha anunciado que se comprará el traje en El Corte Inglés