Premio Azorín: el día después

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El día después de la concesión del Premio Azorín 2017 se dedica a atender a medios de comunicación y poco tiempo después comienza la promoción del libro que, como casi todo lo perteneciente a este mundo se encuentra rodeado de mitos y de confusión. ¿Es obligatorio para el autor prestarse a la promoción? En absoluto. ¿Es obligatorio para la editorial organizarla? En modo alguno. ¿Resulta recomendable? Por supuesto.

La promoción intenta garantizar que el posible lector sepa que el libro existe, despertar su interés y al mismo tiempo, asegurarse de que se encuentre disponible en las librerías y puntos de venta. De nada sirve una buena promoción en prensa si la distribuidora no llega a tiempo con el libro (por desgracia, a veces ocurre). Una buena distribución sin la adecuada promoción es menos grave, pero deja la responsabilidad al librero o a un proceso que casi nunca se da, por desgracia, que es el boca-oreja. Hay autores que aborrecen las promociones: en realidad, un día de promoción consiste en una serie de entrevistas sobre tu libro, o sobre ti, o sobre ambos, quizás una presentación a lectores, puede que una firma. Nada, a priori, particularme horrible si el autor se deja el ego en casa y asume que muchos periodistas no habrán podido leer el libro, que las preguntas no siempre serán sesudas, que el encuentro con el lector no implica ciega admiración y que las firmas pueden finalizar sin un solo libro firmado: es decir, si el autor asume la realidad en lugar de chapotear en delirios de grandeza.

Llamadme Alejandra augura una promoción bastante intensa; arranca el día 7 de abril en Madrid con una presentación a la prensa (anunciaré cuándo se hará alguna al público) y continuará con Alicante, Málaga, Huelva, Barcelona, Sevilla, Vigo, Santiago, Bilbao, Zaragoza, Cuenca, y es posible que alguna ciudad más.

¿Es la promoción una actividad pagada? Depende. Algunos actos conllevan una remuneración porque el autor imparte una conferencia, o participa en algún acto aparte de la promoción: de lo contrario, no. El autor recibirá durante el año siguiente un porcentaje de derechos sobre los libros vendidos de en torno al 10%, de manera que se supone que le interesa participar en actos en los que el libro se venda, y la editorial, en teoría, debería facilitar eso mismo: pero no siempre se cumple esa lógica. Hay compromisos emocionales, o enfoques particulares que mueven al autor a acceder o no a la promoción. La edad, la salud, el cansancio, las obligaciones laborales o familiares influyen en esa visión. La timidez, el orgullo, la idea que se tiene de la función del escritor o el rechazo a la exposición pública también.

Algunos de los momentos más enriquecedores de mi carrera literaria se han dado durante las promociones. Desde la agotadora pero interesantísima gira del Planeta 99, con mi adorable Nativel Preciado, a la espectacular presentación en Covarrubias de La flor del Norte, que un autor que se consideraba agraviado amenazó con boicotear (por suerte, no fue así y todo resultó perfecto), a los viajes al extranjero, las promociones me obligan a salirme de un enfoque único y a adaptarme a cómo otras personas ven mis historias, mi carrera, mi persona o mi novela. En ocasiones me gusta lo que me devuelven. En otras, su reflejo está tan distorsionado que no me reconozco. Intento ser disciplinada y ponérselo fácil al periodista y a los organizadores: si eso supone girar en torno a una farola para una foto que el fotógrafo tenía en mente, giremos. En este proceso, el autor, que en su casa se cree tan poderoso, y su libro, que considera tan importante, dependen del trabajo de muchas personas. Sería una irresponsabilidad amargarles ese trabajo. Y así, el día después, comienza esta absorbente etapa.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para las entrevistas de prensa del día después escogí un conjunto de colores vivos: si amanecía un día primaveral, encajaría bien, y si no, se encargaría de animarlo. La falda de vuelo con estampado de flores  y la camisa de un quisquilla intenso son de Teria Yabar. Las sandalias de terciopelo azul son de Polin et Moi y se han convertido en una de mis preferidas de esta temporada: llevé unas joyas muy discretas (pendientes y dos anillos) de Luxenter. Las fotos fueron tomadas en Alicante mientras atendía a  periodistas y fotógrafos por Nika Jiménez con my pen camera.

 

Anuncios

“El chico de la flecha” en Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Faltaba que El chico de la flecha se presentara oficialmente en Madrid: de entre las muchas librerías con un espacio reservado para la literatura infantil y juvenil  Librería Lé fue la escogida, y el día 21 de enero nos reunimos lectores, alumnos, amigos, niños y mayores, para charlar un rato sobre historia, sobre la Hispania Romana, sobre los jóvenes y nuestra responsabilidad hacia ellos.

Conté, por ejemplo, cómo había surgido la idea de escribir esta historia: un fin de semana con mi amiga de la infancia, Valentina, que estaba presente y no podía contener la risa cuando recordaba las anécdotas que vivimos en el colegio, cuando ya torturaba a mis compañeras con obras de teatro, cuentos y ocurrencias. Hablamos de los niños y sus preocupaciones, y de una de las más acuciantes de los padres: que los niños desarrollen el amor por la lectura. De la pasión común que mi editor Pablo y yo sentimos por la antigua Roma y por su legado. Y, en definitiva, de todo aquello que nos une y que deseríamos que nos uniera a quienes queremos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para esta presentación llevé mi abrigo blanco de Promod, con botines de terciopelo negro de Mango, y un bolso reversible (mostaza y de estampado animal ) de Gloria Ortiz. El top de tartan blanco y negro es de Chip Up. Los pendientes con turquesas, de Luxenter, fueron un regalo de María, la bibliotecaria y profesora de historia del IES García Bernalt. El brazalete, de jaspe, lleva la firma de Nockt, y la sortija de oro y zafiro es casi tan antigua como mi amistad con Valentina: fue un regalo de mi comunión. Por último, las gafas son de Musthave.

Las fotos son responsabilidad de Nika Jiménez.

 

El Gran Bilbao

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Bilbao, pedazos de acero que aparta de su camino la ría. Siete Calles y un Casco Viejo construidos por el tesón de un puñado de pescadores medievales, apiñados en torno al Nervión, Somera, Artecalle, Tendería. Música en los oídos de quien ha nacido bajo ese cielo, retazos de un idioma incomprensible. Mar y hierro, trabajos que demandaban niños y hombres cubiertos siempre de sudor o agua, de espuma o tierra. Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena.

Y de esas siete calles, el recorrido hasta el mar que nos lleva a Flandes y a los Países Bajos, y más adelante, a Inglaterra, de donde la inocencia popular trajo canciones de ingleses que se olvidaban de todo ante las niñas bilbainas.

Carbón y acero, y la ciudad reptó hasta el otro lado de la ría, y tuvo espacio para un Teatro, una Bolsa, y desarrolló gusto por la ópera, los coros, y los zuritos. Un lugar de astilleros y altos hornos, de acerías y fábricas, donde los ingenieros competían en traineras con los abogados, junto a una meseta en la que la lana merina y los cereales ya no alejaban la miseria.

Titanio y cristal, y óxido estratégicamente colocado, líneas ondulantes y la vida tras una decadencia en que las fábricas dejaron de humear, y el Nervión, salvaje y podrido, se desbordó por todas las tierras que conformaban el Gran Bilbao. Museos y gastronomía, luz entre el eterno gris, lucha férrea. Esperanza en tiempos de crisis. Nostalgia, cuando se vive tierra adentro, de la música que el viento toca en los cables de sus puentes.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERALa falda de satén estampado con rosas otoñales tiene el sugerente nombre de Circe y la firma de Maru Atelier .El top de tul rosa es un primor de Etxart&Panno. De hecho, el cuerpo es tan transparente que lo superpuse a este body de HM. El bolso clutch que llevo es uno de mis preferidos de Mibuh, donde siempre me cuesta tanto escoger solo uno: me siento como uno de mis personajes perversos cuando llevo una caja de terciopelo llena de bichos. Llevo en mi índice el  anillo Kong de Luxenter, y salones de ante camel en los pies.

Las fotos fueron tomadas junto a la ría de Bilbao por Nika Jiménez.

Un traje nuevo

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMientras escogía el look que muestro hoy me vino al recuerdo una conversación mantenida hacía poco con una buena amiga, a la que acompañaba de compras, porque se encontraba, me decía, en pleno cambio y, sobre todo, en plena insatisfacción.

¿Y éste? -le dije, ante un traje muy bonito.

-Hay cosas que ya no me pondría -me dijo-. No solo porque no me gusten, o porque sepa que no me van a sentar bien. Sencillamente, no me las pondría.

Lo que quería decir mi amiga, recién cumplidos los cuarenta, era una nueva versión suavizada de lo que ya dijeron nuestros madres: es que tengo una edad. Lo que yo escuchaba bajo unas frases en apariencia sensatas, mesuradas, y de sana asunción del paso del tiempo era algo distinto. Escuchaba una resignación, un doblegarse ante lo que, durante años y años, hemos escuchado, y hemos interiorizado respecto a cómo debe comportarse las mujeres. La rebelión, en ocasiones mostrada de una forma aparentemente tan superficial como la ropa que escogemos, la música que escuchamos, las actitudes adoptadas, había finalizado. Lo primero que muestra un cambio en la adolescencia es el cuerpo y la apariencia. Muchas veces sucede antes de que los adolescentes sean consciente de que lo están viviendo. Por imitación, o por inercia, o porque descubren el mundo como si fueran los primeros en llegar a él.

Y, también, cuando otras prioridades absorben a las mujeres, cuando todo les grita que se olviden de ellas mismas porque hay hijos, parejas, padres, trabajo, porque tienen una edad y es el momento de dejar de jugar para convertirse en alguien menos libre y más útil para otros, lo primero que lo delata es un cambio físico. El cabello. La piel expuesta. El maquillaje. Los zapatos, los colores, los cortes. Si a los quince se lleva un uniforme, a los cuarenta se propone otro, con una excusa: el estilo, la sobriedad, la madurez.

Lo que mi amiga no se pondría era un pantalón: nada extremo, nada corto, ni pegado, ni extraño. Cuando lo vio supo, en segundos, como casi todas sabemos, cómo quedaría en su cuerpo, captó cómo se expondría a la mirada ajena, analizó esa mirada de los otros y no le gustó. La solución más sencilla es la de cambiar de ropa; cambiar de mentalidad resulta siempre mucho más complejo. Yo me pregunté qué dejaríamos entonces para otras décadas venideras, interesantes y llenas de retos. La acompañé a escoger otro pantalón. Porque para resistirse a la presión, para saber si se quiere o no encajar en un molde impuesto, o para ceder, ya habrá tiempo, ya probaremos otras formas, ya vendrán días en que las cosas se vean de otra manera.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl traje pantalón de Alicia Rueda que yo escogí, es uno de los que yo le recomendaría a mi amiga que se probara. Azul marino, de corte y caída impecable, de una gran sensualidad en el tejido, se renueva con una línea blanca en el pantalón, que se enlaza con el estilo deportivo, ha sido una de las novedades de la temporada. Por otro lado, los vivos blancos en la chaqueta le aportan un cierto aire marinero. Puede lucirse con una camiseta o camisa, o, como es mi caso, como prenda única. El pantalón de talle alto, con botones, y la curva de la chaqueta enmarcan el ombligo. El anillo, los pendientes y el colgante, en oro rosa, muy sutiles, son de Luxenter. Los salones rojos de tacón alto los firma Lodi. Usé maquillaje de Lancôme. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en la campiña inglesa, muy cerca de Winchester.

En el Festival ZINEBI de Bilbao

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPertenezco a la generación que se incorporó de manera masiva a las aulas universitarias en ese intervalo en el que aún no habrían proliferado las universidades como luego lo hicieron, y en el que las carreras se reducían a un puñado, antes de las reformas que las acortarían y las especializarían. Estudié en la Universidad de Deusto, mientras vivía en casa de mis padres, como casi todos mis compañeros: eso hacía que no existiera la activa vida universitaria que se daba en otros campus. Aún así, me las arreglé para formar parte del Taller Literario, y, como debe aparecer en el currículum de todo escritor, fundar un par de revistas literarias. Tuve la suerte de realizar las prácticas de mi Diploma de Edición de Textos en la Secretaría Técnica de la universidad. Allí tuve acceso a varias décadas de documentacion sobre el origen y la filosofía de Deusto: la excelencia, la responsabilidad para con la sociedad y una decidida voluntad de formar a líderes. Sin ser demasiado consciente de ellos, eran valores que me había inculcado y que había hecho míos durante esos años.

Hace unas semanas me ofrecieron que presentara un documental con imágenes del curso 43-44 en Deusto; se haría el 18 de noviembre en ZINEBI, el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao. Este Festival nació en 1959 (entonces era el Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino de Bilbao, ahí es nada). ZINEBI, una cita de referencia en el mundo del documental, cada vez más interesante, y que cuenta con voces más originales, había rescatado la primera vez que en mi Universidad entraron dos mujeres, una de ellas invitada a hacer el saque de honor en el partido de futbol. Cuando casi 50 años más tarde yo estudié en esas aulas, las mujeres éramos un noventa por ciento de las alumnas de mi clase. La universidad, casi con un régimen de internado, masculina, con la presencia de los profesores jesuitas junto a los chicos en las comidas, los deportes, las salidas, había experimentado el mismo cambio que la sociedad.

El documental, como el ensayo en las lecturas, aparece siempre oscurecido por la ficción; los medios de las películas, la presencia de estrellas, el afán de diversión ni siquiera compite con la realidad grabada. Sin embargo, la personalidad y la mirada del director o de un pequeño equipo se manifiesta en esas piezas muchas veces con mayor fuerza que en producciones más exigentes y esclavas de otras expectativas. La denuncia, la exposición, la visión minoritaria… o los fragmentos de historia pasada aparecieron por ZINEBI. La vida se enriquece con esos enfoques. La mente se abre. Con suerte, el pensamiento cambia. Fue un placer, y un momento muy emocionante, el que contaran conmigo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación, que tuvo lugar en el Teatro Arriaga de Bilbao, llevé un dos piezas de Marú Atelier compuesto por una falda larga de brocado en tonos azules y grises, con flores en relieve en la cintura, y un crop top del mismo tejido. Zapatos salón azul de Sacha London, y anillo y pendientes de Luxenter. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

Viaje a la tierra de Jane Austen (II) El Bath romano

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn nuestra primera jornada  iniciábamos el viaje a la tierra de Jane Austen en un Bath muy diferente al que veremos hoy: el clásico, el trazado por los romanos en su no muy exitosa conquista de la Isla, a la que sin embargo apreciaban por sus explotaciones mineras (sobre todo de plomo) y sus ostras.

Cualquiera que me conozca un poco puede imaginar que soy una gran aficionada a la historia griega y romana. Cualquiera que me conozca de verdad, sabe que ha sido una loca obsesión desde la infancia. Yo recitaba genealogías de dioses y emperadores como otros las alineaciones del Bilbao Athetic. Desde aquí pido público perdón a quienes han tenido que padecerme en esa faceta; pero me temo que tendrán que seguir soportándome. Además, muy pronto habrá sorpresas en ese frente…

Los romanos llegaron a Inglaterra en diversas oleadas, si bien la colonización general de la isla se llevó a cabo durante el gobierno de Claudio (a quien luego el británico Robert Graves dedicaría la magnífica novela histórica Yo Claudio). Cómo olvidar, por cierto, esta gloriosa escena de la serie de la BBC en la que Agripina y Nerón conspiran contra un pobre Derek Jacobiaquí.

Claudio se ganó así el sobrenombre de Britannicus. Tan orgulloso estaba de ello, que ése fue el nombre de su único hijo: Tiberio Claudio César Británico. El prometedor mozo fue asesinado por su primo-hermanastro Nerón, que lo envenenó cuando tenía apenas 14 años. Eso entraba dentro de las estadísticas de la época: morir por orden de Nerón se convirtió en la primera causa de mortalidad de aristócratas.

Uno de los generales de las legiones romanas fue, precisamente, el futuro emperador Vespasiano, cuyo reinado sirve de marco de otra excelente saga romano-policial, la de Marco Didio Falco, en este caso de la también inglesa Lindsey Davis. Más que recomendable también.

Los romanos eran gente práctica y con muy pocas ganas de perder el tiempo: asimilaban todo lo que podían, rebautizaban dioses y reformaban lo que se les pusiera por delante. Cuando llegaron a Bath encontraron allí un santuario celta en torno a un manantial sagrado, de aguas calientes y curativas, cuya diosa guardiana era la misteriosa Sulis. Tras un rato de profunda deliberación, decidieron llamar al lugar Aquae Sulis, (las aguas de Sulis), repararon en que Sulis tenía un parecido casi increíble con su Minerva y no le dieron más vueltas al asunto.

Desde el inicio fueron conscientes de la importancia de aquel emplazamiento, y de que las aguas eran magníficas para enfermedades de la piel y muy buenas para otras dolencias interas: Claudio ordenó que se adecentara el santuario en torno a los años 60 del siglo I, y las termas que le siguieron ganaron popularidad hasta el punto de que atrajeron a peregrinos y enfermos de todo el imperio, y el conjunto llegó a ser un santuario rico: se descubrieron una docena de miles de monedas romanas, una ofrenda altísima. En torno al siglo V, las termas fueron abandonadas, y las cualidades curativas de las aguas de Sulis fueron olvidadas casi por completo durante más de mil años.

Entonces, a finales del siglo XVII, el doctor Thomas Guidott escribió lo que sería el panfleto turístico y publicitario definitivo de Bath. Su Indagaciones sobre el agua de Bath despertó una fiebre balnearia comparada a la que se vive hoy en día. Uno no era nada si no visitaba la pequeña ciudad spa y tomaba sus aguas, estuviera enfermo o no. La ciudad se revitalizó y se llenó de preciosas construcciones neoclásicas. El país que odiaba a sus invasores romanos descubría su amor por ellos, viajaba a Roma, leía Los últimos días de Pompeya de Bulwer Lytton y las mujeres imitaban el estilo de vestir de la época.

Los viejos baños también se reformaron: la preciosa estructura que aún hoy se conserva procede de esa época, y abraza el manantial sagrado, un Museo Romano, las Termas, e,integradas junto a ellas, las Pump Rooms, unas salas coronadas con una impresionante cúpula transparente donde la buena sociedad eduardiana se reunía para tomar el obligado vaso de agua milagrosa, altamente mineralizada y bastante repugnante al gusto. Beau Nash, el árbitro de la elegancia de su siglo, dio el visto bueno a ese hábito, y Jane Austen acompañó a su padre enfermo a beberla hasta que el reverendo murió.

En la actualidad es posible tomar allí el té y una magnífica selección de dulces, y también el agua, que brota de una fuente, directamente sobre el manantial original. Se puede pasear por las cercanías de las piscinas, si bien estas se encuentran vedadas al baño por razones de control sanitario. Su intenso color verde se reaviva cuando el sol del atardecer dora la piedra de Bath: las esculturas de los emperadores romanos luchan contra la erosión, y la piedra se destruye por las mismas cualidades minerales que curan enfermedades. Algo muy antiguo, un resto de lo sagrado, se filtra entre la roca y gotea. Es un lugar especial, bello e íntimo, pese a la afluencia de visitantes.Por cierto: se descubrió que tienen cierta radiactividad

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

La tarde de otoño en Bath era tan luminosa, tan cálida, que era posible llevar un vestido sin mangas. El que escogí, en uno de mis colores preferidos, el azul klein, era de Joseph Ribkoff, un corte clásico con una abertura transversal en el escote. Lo combiné con pendientes sencillos y un anillo complicado de Luxenter. El bolsito antiguo está confeccionado con un mantón de Manila aún más antiguo. Las Termas era, y son, un lugar para ver y ser visto. En mi caso, solo quería mirar y pensar.

Viaje a la tierra de Jane Austen (I) El Bath neoclásico

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Escribí ya hace años Querida Jane, querida Charlotte (es difícil de encontrar: está prácticamente agotado) con la propuesta de recorrer las casas en las que había vivido Jane Austen y las habitaciones que habían habitado las hermanas Brontë. Desde entonces he repetido el viaje original en varias ocasiones, con prensa, estudiantes, amigos; y albergaba la idea de llevarlo a cabo con viajeros aficionados a las novelas de Jane Austen, como una experiencia que pudiéramos compartir fuera de los libros y de los canales habituales, las conferencias, bibliotecas o clubes de lectura.

El país Viajes entendió bien el concepto, y con Barceló Viajes  emprendimos el proyecto de recorrer algunos de los escenarios más relevantes de la vida de esta espléndida novelista, que observó y analizó la realidad con una agudeza que aún resulta moderna.

Jane Austen nació en Steventon, en el condado de Hampshire, en 1775. Era la séptima hija de un reverendo que dedicó gran parte de su vida a la enseñanza. Sus seis hermanos tuvieron destinos diversos: uno de ellos, con una importante discapacidad, vivió en el campo. Otro de ellos fue adoptado por unos parientes adinerados, de los que heredó una fortuna. Dos más siguieron carrera militar. Eran inteligentes, de ingenio rápido y creían firmemente en la meritocracia. De Jane y su hermana Cassandra, que fueron educadas casi por completo en casa, y que como muchas mujeres de la época tocaban un poquito el piano, dibujaban un poquito y cantaban otro poquito, se esperaba que se casaran con personas de su estatus, una clase media acomodada y rural.

Pero Jane no se casó. Rechazó una petición de matrimonio conveniente porque no estaba convencida de que la hiciera feliz, y la oportunidad no se repitió. El prometido de Cassandra, a su vez, falleció. Las dos hermanas se aferraron la una a la otra, y se enfrentaron a una vida con pocas perspectivas.

En un intento por casarlas, su padre, el reverendo Austen, decidió mudarse tras su jubilación a Bath. Aunque había pasado el momento de gloria de esta preciosa ciudad balneario, seguía siendo un animado centro social, y si las muchachas Austen podían encontrar marido, sería frente a las fachadas de piedra dorada concebidas por los arquitectos Wood, padre e hijo.

Jane no aceptó el cambio con agrado. Los rumores dicen que se desmayó al saber que abandonaría su casa y su entorno. La sociedad de Bath, que conocía de visitas anteriores, le pareció de pronto frívola y hostil. Lo cierto es que durante los años de Bath no escribió nada, ni retomó las novelas que, a escondidas, había escrito en Steventon. Se conserva abundante correspondencia; algunas de las cartas revelan una amarga resignación. Los ahorros se consumieron con rapidez, la salud del padre empeoró y las mudanzas, cada vez a casas más baratas, fueron constantes. Puede que las jóvenes bailaran en las Assembly Room, compraran en los elegantes establecimientos de Union Street y se dejaran ver en las Pump Rooms, pero esos tiempos habían pasado para Jane y Cassandra.

La muerte de su padre acabó drásticamente con esa etapa: las mujeres de la familia no heredaban ni tenían dinero. Tras algunas fricciones y viajes, se tomó una decisión racional: el hermano más afortunado se encargaría de ellas, y les ofrecería un alojamiento en Chawton, la siguiente etapa de nuestro viaje. Bath quedaría atrás, como un periodo de pesadilla en un entorno idílico.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Amaneció un día nubloso, como muchos de los de Otoño en esta época. El abrigo de Mango de paño color caldera hace falta, al menos en las primeras horas. El resto del look guarda un aire masculino: el pantalón de hilo blanco de Chicnrolla se combina con la delicada blusa de encaje de Etxart&Panno. Los zapatos rojos de tacón, sofisticados, pero suficientemente cómodos como para caminar por las calles empedradas de Bath, son de Lodi. Los pendientes de circonitas de zafiro azul proceden de Luxenter. Compré el bolso con cabeza de león en El jardín del deseo. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez, en The Royal Crescent, The Circus, y el Centro Jane Austen, en Gay Street, unos número por debajo de donde ella vivió en esa misma calle. Lo cierto es que la ciudad es tan perfecta de formas, tan armoniosa, que resulta difícil que las fotos no sean espectaculares.

Nuestros amantes

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Durante el tórrido mes de Agosto tuve la oportunidad de asistir en Teruel al rodaje de Nuestros amantes, la última película de Miguel Ángel Lamata, producida por mi querida amiga Vanessa Monfort; en la escalinata mudéjar se grababa una de las escenas, en la que Gabino Diego, un poeta irresistible, daba un recital para sus lectores con otra escritora: la escritora era yo, que aparezco en unos breves instantes, en un cameo que resultó divertidísimo de rodar, y que me dio la excusa no solo para disfrutar desde dentro de esa película chispeante, luminosa y que invita a enamorarse, sino también para acudir al estreno con la ilusión de quien ha sido parte de un proyecto.

Éste fue el look que elegí para esa noche única.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El vestido azul marino, con estampado floral, ceñido a la cintura con un lazo posterior, y ligeramente abullonado en la cadera, es de EtxartPanno. ¡Y tiene bolsillos! Todos los complementos eran plateados: el torque noruego, los pendientes, el anillo de Luxenter con circonitas de zafiro, y el clutch de Mibuh. Las sandalias de ante azul llevan la firma de Lodi.

Y ya que hablamos una película en la que la literatura, los libros, los escritores y la seducción de la palabra resultan tan importantes, me pareció adecuado que las fotografías fueran tomadas en el exterior de la Biblioteca Nacional de Madrid. Si tenéis ocasión y queréis pasar un buen rato, y creer de nuevo en el amor, id a verla. A ver si me descubrís…

Fiesta de Stuart Weitzman en la Embajada Americana

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Durante muchos años quise ser miembro del Cuerpo Diplomático. En mi imaginación adolescente reunía todo aquello que me parecía deseable: el conocimiento de idiomas, la mediación, el servicio a mi país, el conocer distintas mentalidades y culturas. Incluso la rotación de lugar en lugar se me antojaba algo adecuado para mí, porque ya entonces intuía mi vocación nómada y de mal asiento.

De hecho, comencé a estudiar Derecho precisamente con la mente fija en las oposiciones futuras. Yo deseaba ser escritora, y me parecía tan imposible como volar al espacio; pero fantaseaba con que algún día la futura embajadora (yo) les invitara cordialmente a la presentación de una novela.

Aquel primer año universitario resultó clave: la evolución es larga de explicar, pero al finalizar había abandonado el Derecho, había dejado la música, y comenzado en serio, tras incontables horas en el Taller Literario y en la biblioteca, la apuesta por mi carrera literaria. No sabía aún cómo, pero sí que no podría dedicarme a algo que no me apasionara, y pese a la preocupación de mi familia, inicié Filología Inglesa y comencé a escribir sin tregua.

Quién le diría a aquella jovencita un poco asustada, pero con la decisión clara de ser escritora, que seis años más tarde entraría en la Embajada de España en México DF para asistir a una comida en su honor durante la gira americana del Premio Planeta. Fue una tarde memorable, con escritores excepcionales entre los que se encontraba mi idolatrado Augusto Monterroso (sí, el del dinosaurio), y en la que tiré al servirme media corona de arroz sobre la preciosa alfombra del comedor de la Embajada. Yo, que no soy especialmente torpe, ni mucho menos tímida, me quedé paralizada cuando ocurrió. Era una novata. Ahora comenzaría a arrojar el resto del arroz cocido al aire a puñados al grito de ¡Evohé, evohé! con esa licencia que me da el ser una artista extravagante, pero entonces quise morir. Y la amabilidad y la delicadeza con la que el embajador salvó la situación y me hizo sentir de nuevo cómoda fue una lección de modales que nunca olvidaré.

La llegada a Madrid del actual embajador de EEUU en España, James Costos, ha supuesto una auténtica revolución: no solo ha conseguido que la Embajada se haya convertido en un activo centro de promoción de la cultura y el modo de vida americanos sino que con su carisma y capacidad de convocatoria sus fiestas ha recuperado el glamour de lo exclusivo (cosa que es un mérito añadido, ya que no son precisamente ni escasas ni minoritarias). En esta ocasión, celebrábamos la apertura de la tienda de zapatero Stuart Weitzman en Madrid, en Jorge Juan 12. Conocido por ser el zapatero de las famosas (Angelina Jolie o su archienemiga Jennifer Anniston han lucido sus creaciones), Weitzman fabrica en mi querida Elda unos dos millones de zapatos al mes, entre ellos su famoso modelo Nudist.

Y allí apareció Weitzman, con su simpatía contagiosa y su muy buen español, junto a la piscina de la Embajada, entre las docenas de orquídeas que Michael S. Smith, el marido del embajador y decorador, entre otras mansiones, de la Casa Blanca, ha repartido por la casa. Si lo que buscaban era que recordáramos esa noche como una de las más divertidas y agradables de la temporada, lo consiguieron: invitados bien escogidos, buena música, y unas incontenibles ganas de pasarlo bien. Y ese no se sabe muy bien qué que transmiten algunos lugares, algunas personas, y que no puede imitarse ni repetirse.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

IMG_20160602_155134

Cualquiera, incluso yo, hubiera apostado porque llevaría un vestido a la fiesta de la Embajada: pero en este caso he salido de mi (término ahora tan de moda) área de confort para escoger un mono de una pieza, blanco y negro, con un hombro al descubierto, y una capa fluida que provoca la ilusión óptica de ser un top. Lo firma Etxart&Panno.

El anillo dorado y negro es de Luxenter. Llevo un bolso joya dorado de The Gallery Room, pendientes de amatistas de Daniel Espinosa, y gafas de sol de Musthave. Y el pelo un poco más liso de lo que es en mí habitual. Los zapatos son cómodos, pero nadie lo diría, dado el precario cruce de piernas que no sé por qué me dio por adoptar. Y no una, sino varias veces. En fin: extravagancias propias de mi oficio. Evohé.