Abril en Estambul

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Aún con la sensación de vértigo del estreno, el día 21 de septiembre, de El hogar del Monstruo en el Teatro María Guerrero de Madrid, creo que es el momento de hablar con un poco de detenimiento de este proyecto, que culmina estos días sobre un escenario, pero que ha sido labor de varios años y de muchas personas.

Hablaré de cómo he llegado hasta aquí yo, porque cada uno de los involucrados ha seguido un camino distinto. El teatro dejó de ser  mi asignatura pendiente en 2012, cuando escribí Palabra de honor, representada en el Centro de España en Miami, con producción de  El Idearium y dirección de Manuel Mendoza, por Alba Reversi y Orlando Urdaneta.  Casi 10 años antes, Edith Salazar había llevado al escenario mis Cartas de Amor y Desamor en su espectáculo Bolero, con voces como las de María Estevez, Loles León, Terele Pavez, Lucía Bosé…

Pero, en mi día a día, algo que siempre he sabido era que no me gustaban las conferencias formales, sentada, a distancia de mis oyentes y con un vaso de agua. Creo que puedo impartir una conferencia en un ámbito universitario, ceñida a conceptos formales sobre literatura, y aportar un contenido digno. Sin embargo, la mayoría de las conferencias que me piden tienen como destinatarios lectores o curiosos con los que puede existir otra manera de comunicarse, más cercana, informal, o sorprendente. Ya lejos del miedo de no ser tomada en serio por mi juventud (si no soy tomada en serio ya no será por eso) me fascinaban las estrategias de comunicación que seguían los oradores que admiraba.

Por ese camino andaba Fernando Marías, siempre a la caza de ideas nuevas y de propuestas. Fernando, a quien me une una amistad de muchos años, y que siempre ha sido un apoyo indudable y un interlocutor presto a los desafíos, había iniciado un proyecto editorial que deseaba que se extendiera más allá de los libros: daba vueltas a la idea de la creación de una comunidad llamada Hijos de Mary Shelley. Resultaba evidente que algunos autores deseábamos dar un paso más en la dramatización de algunos textos, un juego con el público que se acercaba cada vez más al teatro.

Y ahí Vanessa Montfort sería una pieza clave: su talento y su experiencia internacional como autora y directora teatral permitiría darle forma a ideas sueltas y a proyectos inconexos. Me entregué a ella de manera incondicional, para que me dirigiera como le parecía conveniente, y volvería a hacerlo mil veces. Así, en el Festival Celsius de 2014 ya presentamos un montaje que incluía al magnífico Jorge Usón con texto de Sanchis Sinisterra, y a los cantantes Ruth González y Eduardo Sánchez  Ramos. Ambos conmovedores. Allí interpreté por primera vez Abril en Estambul.

Tras la reacción del público y cómo nos sentimos, la ola era ya imparable y amenazaba con convertirse en un tsunami. El trabajo desde entonces se encaminó a configurar una compañía, y a encontrar un programa serio con un planteamiento claramente profesional. Entró en la producción Imagine Ediciones. Se habían acabado los experimentos. Así se planteó el proyecto al Centro Dramático Nacional, que decidió programarnos como arranque de la temporada 2016-17 bajo el nombre de El hogar del monstruo, cuyo primer número es mi monólogo Abril en Estambul.

Y así hemos acabado en este extraordinario lugar, que está cumpliendo con creces la función de apoyo y promoción del nuevo teatro. Los medios de los que hemos dispuesto (desde el maquillaje a las grabaciones de audio y vídeo, el reportaje fotográfico y las posibilidades sonoras) proporcionan un  material de arranque fuera de nuestro alcance como compañía. La responsabilidad también se incrementó: el María Guerrero supone un compromiso firme. No solo nos evaluarían como autores, sino también como actores, en el caso de Fernando y el mío, y como directora a Vanessa.

Además, yo comparto escenario con actores profesional a los que no puedo avergonzar con mi actuación. Pienso en Miguel Ángel Muñoz, el único de mis compañeros a quien no conocía con anterioridad, y que además de interpretar a un Mr Hide demoledor me ha demostrado cada día una generosidad y un cariño impagables.

Se han sucedido semanas de ensayo a distintos niveles, en las que en mi caso fue clave la sesión con la coréografa Marta López Caballero. Mi papel conlleva una labor física que hubiera sido imposible sin ella. Arantxa Ezquerro se encargó de mi vestuario, un Kaftán, que se empleó en la película Prince of Persia, una enagua de encaje, y unas babuchas de Cornejo.

He tenido que aplicar también distintos cuidados cosméticos que requiere una producción diaria con maquillaje de teatro. Además, en esta obra también me pinto el cuerpo, con lo que hago una exfoliación tras cada sesión con el Rub Rub Rub de Lush que me había recomendado Alma Cupcakes. De momento, la hidratación en profundidad y la limpieza son imprescindibles; como prevención me hice un tratamiento de luminosidad con oxígeno en The Secret Lab, y también una permanente y tintado de pestañas, que sufren mucho con estos trajines. Cada día trae un truco nuevo, un secreto que revela una de las maquilladoras, de mis compañeros. Un mundo inédito.

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Los sospechosos habituales somos, de izquierda a derecha, de arriba a abajo: Miguel Ángel Muñoz, yo misma, Jorge Usón, Ruth González, Enrique Sánchez Ramos, Luis Antonio Muñoz, responsable de la música del espectáculo, Vanessa Montfort y Krish Otero, imprescindible. Falta María Díaz, que se encarga de la prensa, Rodrigo Ortega, el iluminador… Algunas fotos son de Nika Jiménez y otras han sido facilitadas por el Centro Dramático Nacional.

PS.- Por cierto, aquí podéis leer la primera crítica de la obra: muy positiva.

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Recomendaciones espidianas de julio

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Este mes ha sido un periodo de cursos, de relecturas y de conversaciones sobre clásicos; y de alguna novela nueva. Rusia está custodiando algunos de ellos, y otros que aguardan su oportunidad en agosto… pero los de julio han sido estos. 26.1

Las vírgenes suicidas es una de las lecturas obligatorias de los cursos de creación literaria que imparto. Mucho antes de que S. Coppola la adaptara al cine, en mi primer año de Filología Inglesa, leí de un tirón en una tarde y una noche esta novela sobre una adolescencia truncada y cinco hermanas católicas, sobre la fascinación que su vida y su muerte ejerce sobre su entorno, y, ante todo, sobre lo efímero de la felicidad y de la belleza. Publicada en España por Anagrama, sigue siendo un precioso texto que nos acerca al misterio de la mente ajena.

4.2

Sara Morante ilustra este cruel cuento clásico, que habla también, curiosamente, de una muchacha que no encuentra ni fin ni satisfacción a su deseo. Una vez más, es castigada por un pecado que jamás se le perdonará a las mujeres: la coquetería. El relato de Andersen se revela aquí con sus sombras más siniestras… y más interesantes. Es responsable de ello Impedimenta.

17.2

Entre los regalos de mi cumpleaños (faltan algunos, pero el agradecimiento los alcanza a todos), se encontraba una novela de Salamandra, La tristeza de los ángeles, de Jon Kalman Stefansson, Un autor islandés que escribe sobre el eterno invierno moral y real de su isla, y de cómo algunos de sus habitantes lo combaten con lecturas de Shakespeare parecía una apuesta segura en mi caso, y lo ha sido. Sin embargo, el argumento carece de importancia, en este caso. Su mérito radica en la atmósfera, y en el modo envolvente en el que el escritor nos lleva a donde quería desde un principio.

6.2

No todo va a reducirse a leer: antes o después, casi todos los apasionados lectores desean escribir algo, aunque solo sea el listado de sus lecturas. Por ejemplo, en este bonito cuaderno de La tortuguita blanca.

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Lady Macbeth se reclina indolentemente sobre la última entrega de una de mis sagas favoritas: la que Lindsey Davis dedica a Marco Didio Falco, o, en el caso de Mater Familias, su nueva novela, a la hija del mismo. Novela histórica, sí, policiaca, incluso, pero tan divertida, tan bien documentada y tan dinámica que interesará a cualquier lector al que le interesen los retos.

31.2

Siempre resulta agradable verse y saberse leída en otros idiomas: y en este caso, el libro que aparece en la imagen es la compilación de la obra de escritores eslovenos y españoles, traducidos tras el congreso en el que intervine, hace ya algún tiempo, en Liubliana. No se encuentra a la venta en España, pero sí al acceso de estudiosos e investigadores en Eslovenia.

23.2

Si Herman Koch, otro autor del norte, en este caso holandés, piensa como escribe, tiene un problema. En Estimado señor M. no hay lugar para la esperanza. La vida de todos sus protagonistas (un escritor, un profesor, dos alumnos) se han truncado por motivos intrascendentes, banales: algunas de ellas, sin remedio posible. Con una mirada descarnada y sin piedad ninguna, el autor revisa las mentiras cotidianas y las desmonta. Una por una. La ha publicado Salamandra.

7.3

Siempre hay que leer a Fernando Iwasaki. Búsquense las excusas que mejor les parezca… Este relato Fernanda se fue con él, es, como tantas otras cosas, un regalo que este autor peruano ofrece. Nadie trabaja como él el humor sin mala intención, y el punzón de la sinceridad escondido en la sonrisa.

Y, por último, un libro que yo veo claramente destinado a un público juvenil, pero que se está vendiendo como un nuevo gran éxito de J. Boyne: El niño en la cima de la montaña. Su lectura resulta sencilla, los protagonistas son adolescentes, y la historia de la manipulación nazi, la de siempre, y la que, a lo que parece, debe ser aun repetida para que aprendamos y crezcamos.

18.2

Microcuento: En mayo…

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Espido Freire

Este microcuento forma parte de un proyecto muy especial, único, en realidad: y tiene la particularidad de no haberse impreso en papel, como siempre, sino sobre raso, en un cojín.

¿En un cojín? No, en cuatro. Mis alumnos, y algunos lectores saben de mi obsesión por saltar del formato papel a otro tipo de soportes: el texto, sobre todo el de los microcuentos o los aforismos, me parece idóneo para aparecer en lugares diferentes a los libros: así, he escrito cuentos para paredesfarolascamisetas, (con Kukuxumusu), para el packaging de cosmética o de zapatos (con Sacha London y Paco Gil), en láminas, en audio, y, por supuesto, en libritos que eran auténticas obras de arte, ilustrados, o troquelados.

Esa idea, además, tiene la ventaja de que no depende de una editorial. Algunas no publican cuentos, y menos aún microcuentos. Sin embargo, esos textos brevísimos encajan muy bien en trabajos para marcas, para una campaña o un producto específico. Algunas empresas destacan por su amor por lo exclusivo, lo  diferente, la creatividad y la palabra. En otras ocasiones, son campañas benéficas, ONGs o ediciones especiales o de lujo de marcas muy conocidas las que me piden que escriba un texto para ello.

Los escritores, pese a lo que los lectores puedan creer, estamos muy acostumbrados a escribir con “pie forzado”, es decir, sobre un tema determinado. Muchas veces nos imaginan en casa, guiados por nuestro capricho y con la mirada fija en el techo mientras esperamos la inspiración: eso no es así. Cada autor tiene una serie de temas preferidos y de simpatías, sobre los que por lo general escribe; algunos son elevados (la filosofía, la trascendencia, el desarrollo humano) y otros más terrenales (viajes, fútbol, gastronomía…)

Es habitual que un periódico, conocedor de que un escritor es experto o tiene interés en un tema, le encargue un artículo de opinión, o un reportaje. Los cuentos de verano son un encargo clásico de casi cada año. Lo mismo ocurre cuando una editorial nos pide un relato sobre un tema determinado para una antología. Piensen en los pregones. O en los prólogos a otras obras.

Yo no acepto ese tipo de sugerencias en mis novelas, porque son proyectos largos que nacen de obsesiones muy privadas, pero sí en artículos, ensayos, cuentos, conferencias o microcuentos;  y además me encantan como reto. Ya en el colegio me pedían poemas a la Virgen, el discurso de fin de curso, o la redacción de la primavera. Es cierto que nunca trato temas que no me apasionan, o que no me permitan libertad creativa. Pero hasta ahora las marcas han sido más respetuosas, y más arriesgadas a la hora de escuchar lo que quiero hacer que la mayoría de las editoriales.

El ejemplo que os traigo hoy son los microcuentos para el lanzamiento del concepto Noolor de la marca Evax. Quienes estaban tras la campaña, la agencia de comunicación Edemann y Whatsupsolutions, me dieron absoluta libertad: querían que diversas artistas (Alaska, Montse Ribe, Rosa Muñoz, Txell Miras y yo) interpretáramos el  concepto abstracto de Noolor.

Esperaban que yo escribiera un relato, pero frente al trabajo visual que, sin duda, presentarían mis compañeras, unos folios solitarios y encuadernados me parecieron tan sosos que me dio pena. Y pronto comencé a hilar ideas. ¿Por qué no emplear un formato que pudiera moverse, tocarse, estrujar? ¿Qué tal unos cojines? ¿Y un audio en el que se me escuchara leer los cuentos, para emplear otro sentido, ya que íbamos a prescindir del olor?

Una vez decidido, me centré en mi labor creativa: serían cuatro, uno por cada ciclo lunar, tan unido a la mujer, y por cada estación. Dos hablarían del placer de encontrarse a solas con nuestros sentidos, y dos de la relación madre e hija. Dos del momento presente, y los otros dos, de cuentos de hadas. Y destacarían dos palabras que, a su vez, formarían un mensaje. No se podía hacer más con menos. Fue un proyecto apasionante y precioso.

Para la presentación, que no se quedó atrás, escogí el prototipo de un vestido de Agatha Ruiz de la Prada, con una rosa amarilla natural en el pelo.  Recuerdo cómo me divertí desde el principio al fin de ese trabajo, cómo quedó perfectamente reflejado lo que todos queríamos transmitir. Y por casa siguen esos cojines, con mis cuatro cuentos. El del cojín de Rusia dice así: Artistas mundo noolor evax

“En Mayo ordenaba los armarios. Dejaba para el final el del pasillo, el más viejo. Cuando lo abría, el olor a madera le devolvía a su infancia en una casa que ya no existía, a los manteles de encaje e iniciales blancas, a los espejos con el azogue picado, a las bolsitas con hierbas que perfumaban las sábanas. Le traían a su madre, joven y cercana, su aroma a agua de rosas y a infancia sin problemas. Luego cerraba el armario, y el resto del día se sentía en paz”.

Y el dedicado la Luna Nueva de Invierno es éste:

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“Las noches de escarcha darán pronto paso a los amaneceres de nieve. El rey se marcha mañana. Mi hijastra duerme, ajena a todo, tan bella que inspira miedo. Los lobos han bajado del monte pronto este año, y la imagino sola, asustada en el bosque, entre los helechos, las ramas viejas, los árboles oscuros y el aliento del cazador. No importa lo que diga mi espejo: no la mandaré allí”.

Ambiciono

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-¿Cómo deseas sentirte? -me preguntaron en Lush Spa.

-Quiero recuperar mi ambición -contesté. No me pidieron más explicaciones ni yo las di. Me encontraba en la cocina verde y acogedora del cottage del spa, ante un agua infusionada  con fresas, y una serie de palabras entre las que podía escoger: paz, serenidad, confianza, autoestima.

Me aguardaba más de una hora de tratamiento, el tratamiento insignia de Lush, llamado Synaesthesia. La sinestesia, un recurso poético que nos habla de aromas dulces, de colores duros, de luces ruidosas,  servía en este caso para una estimulación constante de los sentidos: la aromaterapia, una música compuesta para cada una de los tratamientos y un masaje interminable.

Ambición, pensaba, mientras cerraba los ojos, en la penumbra de la sala de masaje, con la música a un volumen un poco más elevado del habitual y mucho más descriptiva de lo acostumbrado. Ambición. Me aplicaron un calor seco en los pies, y un masaje en el cuero cabelludo, una de las sensaciones más agradables que conozco. Más piedras calientes, en los puntos que coinciden con los chakras. Y la música continuaba; evocaba un mediodía radiante en el cambio, para pasar por la noche, el amanecer y regresar de nuevo al mediodía al final del tratamiento.

Quería recuperar mi ambición, esa fuerza poderosa que se encuentra en el origen de los sueños, por dos razones: la primera, el que durante los dos últimos años mis prioridades se habían centrado en otros objetivos. La serenidad, la paz mental, la lucha contra el perfeccionismo o la búsqueda del ocio. La ambición, que tanto me había ayudado en mi vida y en mi carrera, había quedado aparcada hasta que tuviera fuerzas para recuperarla.

La segunda razón tenía que ver con la mala fama de una palabra que ha sido, durante siglo, patrimonio de los varones. La ambición convertía a las mujeres en unas Lady Macbeths manipuladoras, en causantes de la ruina familiar, en medusas capaces de congelar el corazón humano. En esa visión social de la mujer como parte de una estructura, sin función propia, la ambición, la vanidad o la pereza eran pecados imperdonables. Y sin embargo, qué necesaria es para las generaciones más jóvenes, como una forma de mirar al futuro con decisión y de planificar una vida mejor.

La música avanzaba, y me llevaba a terrenos ya transitados. Con la relajación profunda, las ideas surgían con mayor claridad, las asociaciones entre un concepto y otro fluían suavemente. Regresaba en mi mente a los caminos que en su momento no escogí, o a los errores de los que aprendí algo. A las siestas en verano con la orquesta de las chicharras entre la hierba, bajo un manzano.

 Y tras ese tiempo de ensoñación, mi piel quedó suave, con un olor delicioso y una sensación cálida. Y las emociones experimentadas habían pasado por altos y bajos, por la falta de miedo y el deseo de llevar a cabo nuevas ideas. No sé si eso era lo que esperaba de la ambición: pero se le parece mucho.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERA No lo sabía cuando me vestí esa mañana, pero los tonos metálicos y oro encajaban bien con el tratamiento elegido. Los pantalones dorados son de HM, y los zapatos, un gran éxito de temporada de Mango. El anillo de oro con un zafiro fue un regalo familiar por  mi Comunión, (mis dedos nunca crecieron), y los pendientes, en este caso con amatistas, fueron diseñados por Daniel Espinosa. La laca de uñas lleva el nombre de OPI.