Viaje a Irlanda (VII) – Limerick

20160808_153520-01Al estas alturas del viaje (cuya anterior etapa podéis leer aquí) comenzaba ya a darme cuenta de que tocaba a su fin, y que tras Limerick solo restaba Dublin y prepararme para el regreso. Para empeorar las cosas, asomó un sol radiante que me reconciliaba con el endemoniado clima de los últimos días, y que agravó aún más mi melancolía.

Limerick es un nombre que escuché por primera vez en mi adolescencia asociada al grupo musical The Cranberries. Algunos años más tarde todos lo uniríamos  a la lucha por la supervivencia de la familia McCourt en Las cenizas de Angela. Un ciudad con una historia dura, durísima, en ocasiones, cuyo origen se remonta a los vikingos, marcada por la campaña de Cromwell contra los irlandeses, y por la hambruna, de la que la ciudad se recuperó con mucha dificultad

El castillo del Rey Juan, que, rehabilitado como centro turístico, puede visitarse, muestra sus torres y sus muros sobre el río Shannon. Se constituyó como fuerte desde la época vikinga; unos ojos vigilantes han asomado durante siglos por encima de sus almenas, en un intento de proteger la ciudad.

Quien desee seguir la ruta de Las cenizas de Angela encontrará que puede realizarla con un guía si pregunta en la oficina de turismo. Por suerte, la ciudad ha cambiado por completo desde aquellos años treinta de hambre y miseria que describe el autor, y que dividió a la ciudad en dos bandos cuando el libro fue publicado. Las acusaciones de exageración o de mentira, o de denigrar a su ciudad y a su familia se sucedieron, casi al mismo ritmo que la admiración que generó. Ese libro paradigmático inició una nueva corriente literaria, la llamada mis-lit, o literatura de la miseria, en la que lejos de idealizar una infancia o una pasado idílico, los escritores no rehuían de una visión costumbrista e incluso deprimente.

No hay duda, de todas maneras, de que la crisis europea que ha afectado principalmente a los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) se manifiesta en Limerick con mayor claridad que en las otras ciudades que he visitado. Menos turística que las zonas anteriores, más real y cotidiana, muestra heridas y locales cerrados.

20160926_000327Pero también es en Limerick donde resulta más evidente el esfuerzo por combatir esa crisis. Desde los impresionantes graffitis que embellecen solares o fachadas grises, a los pequeños huertos urbanos, las iniciativas culturales o el apoyo a los museos, es una ciudad viva y orgullosa de su independencia, que intenta fidelizar un turismo de calidad.

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10-4Hasta entonces Irlanda había sido pródiga en bichos: había visto ovejas, cabras, vacas, perros en abundancia, pero ni un gato. Comenzaba a preocuparme por si mi radar felino continuaba activo cuando sobre un muro de ladrillo de Limerick me encontré con un precioso, y muy sociable, gatito que tomaba el sol. Eso demostraba, de entrada, que era un gato de provecho, y simpatizamos inmediatamente. Charlamos un rato, y allí lo dejé, sobre el muro, con cierta pena. Fue el único que me encontré en el resto del viaje.

10-2Y, por cierto, me encontré a un primo de Jaromir (quienes me siguen en Instagram desde al menos agosto de 2015 recordarán el éxito internacional de la #trilogiadejaromir). No me preguntéis por qué, era un no sé qué jaromirense, un aire equino familiar. No me obliguéis a explicarlo. Yo sé que eran primos. El primo Ethan. 20160926_000400Una relectura de Las cenizas de Angela me da siempre hambre y ganas de tomar , tazas de té encadenadas, una detrás de la otra. Contra el sol intermitente saqué a pasear el Filtro solar ultraligero de protección 50 de Kielh’s, que me encanta. Con una piel blanca y delicada con la mía la protección elevada es obligatoria, y muchas veces me encuentro con que las faciales protegen, pero tapan el poro y lo ensucian; esta crema no, y además, permite el maquillaje casi inmediatamente. Después de los fríos y los vientos de los días anteriores, empleé como refuerzo nocturno la Crema de noche con efecto mascarilla de L’Oreal Aceite Extraordinario: era un producto que no conocía y, que me llevé para probar durante el viaje, y que ahora, con el trajín al que someto la piel con el teatro, he incorporado a mi rutina. Por otro lado, la bruma de almohada, otro pequeño lujo que me entusiasma, era de La Maison du Savon de Marseille.

20160926_121055-01Durante siglos, Limerick ha vivido de espaldas al río, ese río Shannon del que tantos vapores, humedades e infecciones procedían. Ahora, saneado, y con un bonito paseo que recorre una de sus riberas, eso ha cambiado. Pequeños cafés, restaurantes y locales ofrecen una visión del puente y del castillo, y de su dramático cielo siempre en movimiento. img1474840779948-01

img_20160925_235618 Para recorrer a gusto la ciudad a pie, algo que merece la pena, por tamaño y para no perderse nada, escogí unos vaqueros de talle alto, botines cómodos y una camisa blanca de Oxygene tableada en la espalda.

Solo resta la última etapa de este viaje que contraté con Pangea, y que hubiera deseado que durara al menos un mes más…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Elegir un bikini

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Esta sesión de fotos fue una de las más divertidas y alegres que recuerdo: en ella influyó el clima, perfecto, el entorno, Menorca, el ambiente que se generó y un optimismo que me ha acompañado todo el verano. Si hace unos años me hubieran dicho que me llegaría a sentir tan feliz, tan despreocupada, en bikini, hubiera esbozado una sonrisa amarga. ¿El sol, el agua? ¿Qué era eso frente a la mirada de los demás, frente a mis propias críticas?

Para muchas mujeres esa sensación tan agradable finaliza muy pronto; no supera el paso a la adolescencia, cuando de pronto el cuerpo se convierte en algo que puede ser mirado, juzgado y sopesado (hablé de bodyshaming aquí). Se acaba el juego y la diversión, y todos los mensajes que esa chica ha recibido desde su infancia comienzan a actuar. Por suerte, no siempre es algo definitivo. Con el tiempo me he encontrado con mujeres que se han puesto un bikini casi como una conquista o una afirmación. No les han importado los kilos de más o de menos, han decidido que ni las estrías, ni la celulitis, ni la flaccidez (eso que nos han enseñado a odiar como defectos imperdonables) son importantes.

Han decidido mostrar la cicatriz de su cesárea como una huella de vida, o celebrar el que les falta un pecho, o los dos, como una medalla de su supervivencia. O, ya muy mayores, no querían perderse  una experiencia que le habían prohibido un marido, o un entorno, o unos prejuicios.

En pocos años hemos pasado de considerar el cuerpo como algo pecaminoso a desarrollar un sentimiento de culpa similar, pero sin una motivación religiosa; la emoción era similar, la hemos heredado de las generaciones anteriores sin cuestionar nada. Solo las razones para esa vergüenza y esa culpa varían.

Eso nos ocurre a nosotras, las occidentales: a chicas o mujeres o niñas, como yo, que han sido educadas en democracia e igualdad, que hemos accedido a estudios en algunas ocasiones superiores, que hemos obtenido mejores notas y resultados que nuestros compañeros varones: pero que aún nos encontramos con la incomodidad de no saber qué hacer ni cómo comportarnos con el conflicto que nuestro cuerpo genera en el entorno.

Por eso he seguido con particular interés los conflictos y las opiniones que durante este verano ha generado el burkini: no me parece que su prohibición aliente en absoluto ni la convivencia ni la presencia de mujeres musulmanas en espacios públicos. Y un paso necesario, tanto en Occidente como en otros países, es que se las vea, que puedan ir y venir, intervenir y trabajar fuera de sus hogares. Pero si algo tengo claro es que el argumento de algunos de que se debe a una elección femenina, libre y voluntaria es falso. En algunos países (Marruecos, Egipto, Turquía…) el avance del velo nos hace olvidar que hace cuarenta, cincuenta años, las mujeres musulmanas vestían a la occidental, estudiaban y gozaban de una libertad que ha desaparecido.

Y si algo sé es que ni el trato del cuerpo ni de la ropa femenina es casual, ni se encuentra desligada del momento histórico y de la represión. El cuerpo femenino continúa siendo una cuestión política: y casi nunca para beneficio de la propia mujer.

Una sociedad que no garantiza la seguridad y la igualdad de oportunidades de las mujeres no puede esgrimir el argumento de que estas son libres para elegir. No lo son. La presión social y el control machista que afecta a las mujeres occidentales condiciona de tal manera a las de otras culturas que, sencillamente, no pueden sopesar opciones de una manera equilibrada, ni escoger sin que las consecuencias sean insospechadas.

Hace quince años, cuando vivía en Noruega, descubrí con sorpresa la naturalidad con la que familias enteras practicaban el nudismo en las playas. No soy una persona creyente, ni mojigata, pero nunca se me había pasado por la cabeza desnudarme en público, ni siquiera hacer topless. Ni entonces, ni antes, ni después, lo he hecho, ya como una elección meditada; sin embargo, en ese momento me obligó a plantearme la razón. Por qué me perturbaba tanto. Y qué mensajes, tan distintos, debía haber recibido esa señora noruega con el vello púbico cano que jugaba con su nieto, y que vivía con tanta comodidad en su piel que no le importaba encontrarse desnuda.

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En las fotografías, que fueron sacadas por Nika Jiménez en el Hotel Artiem Audax de Menorca. Este hotel, que cuenta con un Spa fabuloso, está pensado únicamente para personas adultas, con lo que la piscina y sus alrededores eran un remanso de paz, lectura y sol. Mi bikini (y también el pareo de gasa) pertenece a la firma Rosa Faia, de Anita since 1886, y podéis encontrarlo aquí. Es una casa que trabaja muy bien las copas grandes y que resulta muy cómoda a las mujeres que tenemos pecho abundante. Las sandalias que aparecen en alguna foto son de Unisa y fueron el regalo de un matrimonio amigo.

Me recogí el pelo con trenzas y flores, lo que siempre me recuerda a Frida Kahlo, una pintora que desafió normas y convenciones. Algunas de las florecitas son de HM, y otras las compré en una tienda de Mérida. Llevo protección solar +50 de L’Oreal, pero pantalla total en el rostro. Y mi collar fue un regalo realizado por la artista Teresa Cia, una obra única titulada Temple y fortaleza, y que esculpió en látex, con nácar fumé, amatista, malaquita, cristal y una borla de seda exclusivamente para mí. Cuando me la dio me dijo que estaba inspirada en el temple y la fortaleza de una mujer renacida.

Creo que a ese renacer aspiramos todas.

Cómo hacer la maleta perfecta para dos días

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Esta es una entrada que les había prometido a mis amigas desde hacía tiempo.  Pese a que a veces me dicen que me envidian por lo mucho que viajo, la mayor parte de mis desplazamientos no son muy envidiables: duran una o dos noches, por trabajo, y no suelen dejar tiempo ni para el turismo ni para el ocio.

Pero no importa: me gusta viajar, aunque sea a ratitos, y salir de la rutina.  He aprendido a hacer la maleta imprescindible a fuerza de experiencia y de normas de líneas aéreas (son muy restrictivas). El armario de ensueño debe quedarse en casa, los cosméticos se reducen a lo simbólico, y queda excluido lo delicado que requiera plancha o lavandería. Espero que esta guía para una maleta perfecta os sea de provecho. Lo cierto es que la mayor parte de los consejos que he leído sobre cómo empaquetar a mí no me resultan útiles, ni realistas. He confeccionado una tabla con todo lo que llevo en estos viajes de dos días, y la imprimo y completo cada vez. Así me aseguro de no olvidarme de nada.

Esta maleta está pensada para  una mujer, para el buen tiempo (ya haré alguna para el invierno), y para la posibilidad de volar (sin facturar).Si se viaja por tierra, el neceser puede ser más flexible. Vamos con la lista.

LOS SOSPECHOSOS HABITUALES

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Así llamo a los objetos cotidianos que siempre necesitaremos, y que más posibilidades tienen de ser olvidados y luego recordados con amargura.

Bolso (cuidado si volamos: algunas compañías restringen incluso los bolsos de mano e indican sus dimensiones máximas). Si es posible, grande, con asas para el hombro y cómodo. El mío es de Nambasté.

-Billetes- No aparecen en la foto. Copia impresa y digital.

Cartera– Con el DNI, una tarjeta de crédito, dinero en metálico, permiso de conducir, tarjeta sanitaria, tarjeta de descuento de viajes… La mía es de Misako.

Pasaporte– Si es necesario. Algunos países no lo admiten si va a caducar en menos de seis meses. Eso también se aplica al DNI.

Llaves.

Móvil– No aparece en la foto… porque saco la foto con él. Es un Samsung S6. Y su cargador.

-Cuaderno, boli y un libro. En este caso, de mi admirado Fernando Iwasaki. Tarjetero. Tengo la suerte de que me regalaran uno personalizado con un diseño del maestro Mingote. Un pendrive, en forma de llave, de Baume&Mercier.

-Un botiquín con medicación habitual, si se usa (dolor de cabeza, antihistamínicos, pastillas para la garganta, vitaminas, anticonceptivos, etc…), tiritas, Suavina para los labios, cepillo de dientes y un dentífrico en sobre, chicles o caramelos, kleenex

Gafas de sol polarizadas de MustHave. Foulard (tanto para el sol como para los aires acondicionados) de Adolfo Domínguez. Y un sombrero.

LO QUE NO CONTROLAN

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Me he acostumbrado a llevar en un neceser aparte lo relacionado con el aseo que no son líquidos, ni objetos punzantes: es decir, una pequeña bolsa que puede ir en la maleta y que incluya:

Cepillo y peine. Horquillas. Gomas para el pelo.

Lima de uñas. Pegatinas para uñas que me regaló Alma Cupcakes (puro amor).

Bastoncillos. Toallitas desmaquillantes en seco Olay.

Tampax. O alguna protección femenina. Nunca se sabe.

Preservativos. Es posible que haya quien no esté de acuerdo, pero somos adultos, un viaje cambia la perspectiva, las cosas pueden surgir, y la protección frente al sexo casual es imprescindible. O quizás viajas, precisamente, para pasar el fin de semana con tu pareja. O alguien de tu entorno liga y le haces un favor al prestárselos. Sea como sea, que sea de una marca de confianza, como Durex, y revisa la fecha de caducidad. Ten cabeza.

EL FAMOSO NECESER DE VUELO.

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En este knolling (foto de productos ordenados) podéis comprobar que es posible burlar las estrictas normas del mini neceser-bolsabirriaplástico para cosméticos y similares que prescriben para viajar en avión. Aunque algunos de estos productos no son estrictamente líquidos, después de malas experiencias en aeropuertos y de ciertos intercambios de opinión memorables con el personal de seguridad prefiero no arriesgar y considerar todo, todo, un líquido.

Repelente de mosquitos. Si hay un mosquito a cinco kilómetros, sabrá que yo he llegado y avisará a su familia. Uso Optimus.

Protector solar de factor 50. De Kiehl’s. Y crema de manos de la misma firma. Crema de día y de noche, de Caudalie. Contorno de ojos, Shiseido.

-Un gel y un bodymilk de Halloween. Aceites corporales de Alqvimia y una Suavina. Pasta de dientes Sensodine. Una ampolla del tratamiento SOS Brillo Million-Gloss de Gliss Schwarzkopf. 

Maquillaje: una base similar a las BBcreams, de Avène. Sombra de ojos en colores tierra de Chanel, La Palette roja, un labial rosa y un esmalte rojo de L’OrealMáscara de pestañas Grandiôse Extrême  y aceite labial Juicy Shaker de Lancôme, lápiz de ojos Estèe Lauder y perfilador rojo de Dior. La sombra de ojos líquida Full Metal Shadow de YSL.

Y un sacapuntas. ¿Es un líquido? No, peor. Es un arma peligrosa.IMG_20160706_223725

 Por lo general no preparo la maleta con tanta antelación, pero en esta fotografía podéis ver lo que me acompañará este viernes 8 a Valencia. Como veis, estiro la ropa de manera convencional, es decir, plana, porque en este caso no se arruga, y además solo un tercio de la maletita está ocupada. Los zapatos, complementos y ropa interior van en bolsas de tela, separados y protegidos. Al ser muy pocos días y con una agenda cerrada, puedo calcular un look para cada necesidad. Un día, un look. Una fiesta, otro look. Voy y regreso con la misma ropa puesta.

-Un par de zapatos. Otro par de zapatos de fiesta.

-Un vestido (u otro cambio de ropa) resistente a las arrugas y de lavado fácil (en este caso un vintage).

-Un vestido de fiesta o cóctel.

-Un bolso de diario y otro de fiesta.

Bisutería.

-Un cambio de ropa interior por cada día fuera.

Camisón.

-Un traje de baño.20160706_223806

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Respecto a la maleta, la que empleo para estancias de hasta tres días es la CONCORDE Pc438t Verde (50cms) de Salvador Bachiller. Ligerísima, muy resistente, con una capacidad de giro de 360º, candado, y con un mango de carro extraíble. Cumple con todas las normativas de viaje, y en particular este estampado es elegante y clásico. La relación calidad-precio, excelente.

¿Me dejo algo, algún truco o consejo que no os cuento? Pues sí: tengo una estricta asesora estilista felina. Bueno, en realidad, tengo tres, pero Ofelia suele ser la más entregada y la que se asegura, con su supervisión atenta, de que no me deje nada…

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¡Buenos viajes!

 

Sin etiquetas

 

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No suele ser habitual que una fiesta mueva a mucha reflexión: al menos, no una fiesta exitosa. Las que fracasan sí, invitan a darle vueltas a las razones del fiasco. Pero ese no fue el caso de la que celebró Audi en Madrid para presentar el nuevo Q2, un fantástico evento animado por Lío Ibiza, y con una cuidada selección de invitados variopintos e interesantes. Me divertí como pocas veces.

Sin embargo, lo que me llamó la atención fue la palabra escogida para definir tanto el coche como la fiesta, #untaggable. Esta, y su traducción de andar por casa, “inetiquetable”, son términos que se han puesto de moda, como en su momento sinergiaempoderamiento. Por cierto, la traducción correcta al español sería inclasificable.

La referencia a las etiquetas obedece, desde luego, al hábito de facilitar la búsqueda a partir de términos comunes en redes sociales. Y la campaña de publicidad, ideada por DDB Barcelona, continuaba con una reflexión: lo realmente interesante en esta vida, sea una persona o una vivencia, no puede definirse únicamente con una palabra.

Y es cierto: pero el objetivo de las etiquetas no es, precisamente, definir, sino organizar, clasificar, categorizar, etiquetar. La etiqueta mental cumple con una función precisa: descartar lo que no es, y, a un nivel muy primitivo, que comencemos a estructurar el pensamiento. Como base, la etiqueta resulta necesaria. Como fin, nos limita.

De manera intuitiva, todos empleamos las etiquetas, y todos las aborrecemos si se nos aplican. Percibimos que se nos quedan pequeñas, que no abarcan las contradicciones y facetas que un adulto ha desarrollado, muchas veces con esfuerzo. Cuanto más neurótica sea la personalidad, mayor necesidad tiene de etiquetar a quienes le rodean. Y, aunque nombrar lo que sentimos y elaborar las emociones a través del lenguaje resulta de enorme utilidad, esa manera de experimentar el mundo con la palabra debe de mostrar flexibilidad y cierta creatividad.

Quien se define únicamente con una palabra (su ciudad o región de origen, su profesión, su equipo de fútbol, su color de pelo, o incluso algo tan noble como madre) no pierde de vista, desde luego, que no es únicamente eso. Pero quizás no sea consciente de que, por la simplificación que provocan las etiquetas, los demás los limitarán a ese término. Conviene recordar que  las etiquetas no conservan el mismo contenido emocional para todo el mundo: incluso términos tan positivos en teoría como #creatividad o #libre pueden ser considerados aberraciones para algunos. Ni una palabra, ni una imagen, ni una primera impresión deberían quedarse únicamente en  la superficie, sino servir como invitación para un paseo más reposado.

De no ser así, más vale rechazar cualquier etiqueta.

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Y así acudí yo a la fiesta sin etiquetas: mi vestido plisado azul marino es de Adolfo Domínguez: tan ligero y cómodo que resulta perfecto para viajes, porque  soporta cualquier maltrato. Las sandalias amarillas provienen de Paco Gil. Llevo mis aretes de diamantes, y un collar de oro blanco de Vasari. El responsable del labial y de la laca de uñas es L`Oreal, en concreto el 442 Coral Showroom.

Recomendaciones espidianas. Abril

9.3

El mes dedicado al libro, en sus variantes de Día del Libro, Sant Jordi, conmemoración de Cervantes o de Shakespeare nos deja a los autores que llevamos una vida activa con conferencias, encuentros y firmas poco espacio para leer, paradójicamente. En muchas ciudades comienza la temporada de ferias y de actividades literarias, que remitirá hacia junio, con la Feria del Libro de Madrid. En mi caso, este año decidí reservar fuerzas y no acudir a Sant Jordi, y en cambio celebré en Bilbao el 200 aniversario del nacimiento de Charlotte Brontë. Estas semanas ofrecen la oportunidad a lectores y autores para encontrarse y conocerse; a veces, el resultado es una decepción mutua. Otras veces, por suerte, el enamoramiento continúa y se refuerza. Y si no, siempre nos quedarán los libros, sin sus autores. Estos son mis elegidos durante Abril.

Lady Macbeth, por cierto, ha escogido los preciosos libros de Maeva  sobre la relación entre mujeres, libros y oficios. Podemos ver de abajo a arriba Mujeres admiradas, mujeres bellas, Las mujeres que escriben también son peligrosas, Y además saben pintar y Las mujeres que no pierden el hilo. Las imágenes, fotografías y cuadros que los ilustran salpican la narración, y creo que son un regalo perfecto para lectoras, pintoras, costureras o… son un perfecto regalo. Punto.

Para relativizar los problemas, las palabras de los genios resultan siempre una ayuda: en este libro se produce la unión de dos genios. Beethoven se titula este ensayo de Richard Wagner sobre la figura de su admirado músico: le sigue otra reflexión, La dirección de orquesta, en esta pequeña joya de Fórcola. Y, bueno, un trocitino diminuto insignificante de brownie casero tampoco hace daño a nadie.

 

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Los consejos de la paloma ha sido una primera novela que ha atraído tanta atención que su autor, S. Kelman, pasó del anonimato a la lista de preferidos en un parpadeo. Publicada por Salamandra, salamandra.info, elige la mirada de un niño de familia inmigrante de Ghana en el Reino Unido para describir la realidad de un barrio violento, una vida violenta, una época violenta. Muy de actualidad debido al estremecimiento general que nos produce la situación de los refugiados, la suaviza un humor que permite que la vida sea soportable.

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Conocido por ser parte de Académica Palanca, M. Vigil  ha publicado Relatos polisémicos, un experimento literario que tiene como columna vertebral el humor. A partir de ahí, encontramos reflexiones, chistes recreados, fragmentos de monólogo, poemas, cuentos y reflexiones. Algunas amargas, otras ya clásicos del humor. Sonrisas y sonrisillas, y medias sonrisas desengañadas.

16.2

El Eternauta es un clásico; no sólo lo consideran así los lectores de cómic, que lo acogieron como una revelación en los años 50, sino que también ha pasado a formar parte del imaginario emocional de los argentinos. Oesterheld les hizo viajar en el tiempo, soñar con invasiones alienígenas, y continúa siendo una inspiración en esta edición de Norma.

9.2

Hacía mucho tiempo que un libro no me llevaba de las lágrimas a la sonrisa en segundos de esta manera. Las memorias del Dr Marsh, neurocirujano inglés, están estupendamente bien escritas; la belleza del cerebro, el azar de la salud, las decisiones a veces fatales que toma el médico pasan por estas páginas. El miedo, el humor, la humildad, la estúpida burocracia de la Sanidad. La enfermedad y la muerte. A mí, a quien estos temas entusiasman, me ha encantado; pero puede ser materia delicada para quien haya padecido o sido testigo de ese tipo de dolencias. Lo ha publicado Salamandra.

6.2

Los reconocimientos que el poeta aragonés José Verón Gormaz ha recibido se entienden cuando se lee Salón de los Espejos. Epigramas. ¿Epigramas? Sí, que encajan como un guante con la rabia y la frustración que provocan la corrupción, el politiqueo, la mezquindad y la vanidad que adivinamos en el presente. Una mirada aguda e implacable se unen su dominio del lenguaje. Se encuentra en Papeles de Trasmoz .

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Hablamos del Premio Biblioteca Breve de 2015, de Seix Barral, y de una obra de mi amigo Fernando Marías, con lo que me resulta complicado ser objetiva. Por sus páginas pasan lugares y emociones que me son familiares: la necesidad de escapar a través del cine, el viaje o la literatura, la construcción de la identidad frente a la familia, las calles de Bilbao. Por suerte, no me hace falta ser objetiva para recomendar este libro espléndido, La isla del padre, una búsqueda del padre ausente y del niño eterno. Emocionante. Y con un punto desgarrador.

 

20160408_192038Faltaba en la lista una novela negra, o al menos, una narración tan negra como Observada, de R. Knight. Los secretos de unos suponen la fuente de poder de otros. Una noche, una mujer encuentra un libro sobre su mesita de noche. Alguien lo ha depositado allí: alguien que conoce el secreto más terrible, mejor guardado, de su existencia. Algo ocurrió años atrás, en España. Quién lo sabe la ha observado en la distancia durante mucho tiempo. La podéis adquirir en Salamandra. http://salamandra.info/libro/observada

 

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Y  finalizamos con otra novela negra pero de un tinte negro muy distinto a la anterior: el escritor Juan Bolea retoma a su personaje de cabecera, Martina, desde otro ángulo, el de un detective un poco Sancho Panza, muy humano, algo tristón, demasiado humano, de origen armenio y llamado Falomir, que debe indagar en los misterios divinos: en concreto, la desaparición de una talla mariana. Desde luego, la cosa no queda ahí, y mientras existan seres humano dispuestos a creer, se darán apariciones, misterios y estafas relacionadas con la religión. Ágil, divertida, terrible y lúcida, es, para mí, la mejor novela de Bolea hasta ahora.  El Síndrome de Jerusalén, por cierto, además del título de la novela, es un trastorno psíquico que afecta a turistas que viajan a Tierra Santa, que se creen, de pronto, personajes bíblicos. La editorial responsable es Ediciones B.

 

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Y hasta aquí llegan las recomendaciones de este mes: disfrutadlas. Yo ya lo he hecho.

Cuestión de prioridades

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La crisis no comenzó un día determinado, ni tras un suceso concreto. Comenzó para cada uno de nosotros según unas circunstancias particulares: la situación geográfica, el sector al que nos dedicáramos, el nivel de endeudamiento, o el momento en el que nuestra empresa decidió hacer recortes. A unos pocos afortunados les ha tocado ser testigos, y no sufrirla: pero incluso esos, por contagio, por miedo, han modificado sus hábitos de consumo y, sobre todo, su listado de prioridades.

Cuando escribí Mileuristas (I II: en realidad, eran un mismo volumen, pero el editor se empecinó en dividirlo y lanzarlo en dos partes, muy en mi contra, por cierto) avisaba de algunos de los problemas que se avecinaban. Resultaba imposible adivinar lo que se nos venía encima, pero sí resultaba obvio que nos encontrábamos en un ciclo que finalizaba y que nos obligaría a transformar nuestra relación con el mundo.

Un aspecto muy curioso de la crisis ha sido aquello en lo que hemos decidido ahorrar y aquello en lo que hemos continuado gastando: cómo han surgido empresas y emprendedores nuevos en un momento en el que se antojaba una misión suicida, y la manera en la que han empleado la creatividad para destacarse. Cualquier pensaría que lo lógico en tiempos difíciles sería apostar por un producto muy barato. Quien no pudiera permitirse otro, continuaría comprando, y quien tuviera un poco más de poder adquisitivo, compraría más ejemplares.

Sin embargo, no ha sido así. El consumidor que se ha fidelizado a una marca determinada no ha renunciado a ella salvo que le haya sido absolutamente inevitable: claro está que no todos hemos mantenido las mismas prioridades ni hemos seguido el mismo criterio para definir una necesidad. El café o la leche, el detergente o la crema facial, el perfume o el producto lavavajillas son algunos de los clásicos. Las bebidas alcohólicas o los refrescos despiertan enormes lealtades.

Por otra parte, se han dado otras decisiones basadas más en la ética y el pensamiento a medio plazo que en el sabor, o la tradición de uso: pese a que se ha normalizado la falta de respeto a los derechos de autor, ha habido quien ha continuado apostando por comprar libros, y quien ha respetado, a rajatabla, el no descargar un solo contenido ilegal de internet. Por razones obvias, ha sido mi caso. También hemos descubierto con agradable sorpresa que se ha creado una enorme sensibilidad hacia el producto nacional, frente a las importaciones internacionales de baja calidad, el apoyo al comercio local y a la artesanía. Los movimientos slow han dado prioridad al mimo y el mérito de un proyecto único, por encima del cebo del precio. Y, de la misma manera que algunos consumidores se las han arreglado para conseguir el móvil que ansiaban (en España los teléfonos encabezan los objetos de deseo que, pese a un precio fuera del alcance de la mayoría, han logrado convertirse en prioridad) otros han decidido otro modelo de consumo basado en los valores que aprecian.

Una de las marcas que se adaptan como un guante a esa idea es Nambasteuna boutique online joven, española (de hecho, fue concebida en Chiclana de la Frontera, aunque nació en Ares, A Coruña) que cumple a rajatabla con muchos de los principios que más valoro: el bolso que me acompaña últimamente muestra la exquisitez del acabado de los artesanos con los que trabajan, y un material excelente. La producción es reducida, y supervisada muy de cerca, y aseguran un modelo económico equilibrado.

Sin duda, muchas compradoras verán una serie de complementos muy bonitos, atemporales y de gran calidad, y esa atracción será la que prime en la compra. Está bien así. Pero quienes deseen indagar un poco más, encontrarán ese valor añadido, esa característica que les distingue y que han querido representar con un nombre derivado de la palabra Gracias en hindú: Namasté. En mi caso, me siento particularmente vinculada a ese tipo de trabajo, y le doy la máxima prioridad. Sé lo que supone apostar por un sueño y esforzarse porque sea coherente y ético, y los sacrificios que conlleva: pero el tacto satinado de mi bolso  o algo tan sutil como la manera en la que el monedero se ajusta a los enganches, y lo satisfecha que estoy con él demuestra que merece la pena. No creo que un bolso cualquiera me hiciera sentir así: lo único nos hace sentir únicas. OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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Además de mi bolso Nambaste, (podéis sabes más sobre su filosofía de empresa aquí) en este día soleado llevo una camisa blanca,  con un sofisticado detalle de pliegues en la espalda, de Oxygene,  de cuyo concurso #besosoxigene os hablaré pronto. La falda blanca, corta y en forma de tulipán, la compré en una tienda que, por desgracia, acaba de cerrar; no todos los sueños salen bien. Llevo unos salones de Paco Gil  y un brazalete de pasta de Zwei.  Las fotos fueron tomadas en la plaza Colón de Madrid.

Y, respecto a las prioridades, conviene revisarlas de vez en cuando. Como los sueños, tienen sentido algún tiempo. Y si se cumplen, si se siguen, son un atajo seguro a la satisfacción.

Sígueme

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En los últimos tiempos la pregunta ¿Quiénes crees que son tus seguidores? ha sustituido a la de ¿Quién crees que es tu lector? En estos momentos cualquier persona puede obtener un número de seguidores impensable para un escritor, y conocer sus característica como nunca en un pasado predigital.

Sin embargo, para mí el misterio de quién me lee o quién me sigue continúa; me interesa más saber qué mueve a alguien a darme su favor que el perfil de esa persona, que, por otra parte, en mi caso, continúa siendo muy variopinto. Hombres y mujeres, de una franja de edad inusualmente amplia, con aficiones y procedencia geográfica muy diversa. Alguien que se identifica con la diversidad de temáticas y de intereses, mi itinerancia (nacida en el País Vasco, de familia gallega, residente en Madrid, viajera impenitente…) y un discurso que intenta ser incluyente y  movido por la curiosidad.

¿Funcionan los hashtags? En ese caso, en los míos pesarían la literatura y la formación, siempre los libros y el arte, la cultura, la naturaleza y los animales, la moda y su relación con la sociedad, la cosmética, la belleza, (física y abstracta), los viajes, la gastronomía y…

Es decir, nada demasiado original, pero tampoco con un enfoque mayoritario. ¿Por qué, entonces, tengo la satisfacción de ver que mis seguidores suben de día en día, dónde está el truco? Eres escritora, me dices, no sois atractivos para las redes. ¿Por qué a ti te va bien?

Creo que se debe a que durante toda mi vida he contado historias, y que los nuevos medios necesitan crear contenidos. A diferencia de en los textos literarios, o en las columnas de opinión, puedo jugar con el humor, puedo mostrarme gamberra o hablar sin prejuicios de temas considerados frívolos. Hago que mis gatas participen, recomiendo un rimmel o muestro una prenda, me río de mí misma o muestro la parte teatral y solemne que siempre he necesitado. Creo que transmito que en mi vida hay coherencia en mis aficiones, que se entrelazan y forman parte de mi creación y de mi obra. E intento todo eso con el máximo respeto por quienes me siguen, tanto nuevos como veteranos.

No soy tan superficial como para fingir que los seguidores no tienen importancia: en un momento como éste, en que el caprichoso mundo de las comunicaciones y las editoriales se muestran más volátiles que nunca, el crear un vínculo directo con quienes te siguen resulta de vital importancia. Ellos son la diferencia entre el abismo y continuar atrayendo el interés de editores, medios de comunicación y marcas. Yo vivo, como siempre he hecho, de mi trabajo. Y sin personas que deseen escucharlo, leerlo o verlo, carezco de sentido.

Por eso mimo y cuido todo lo que puedo a quienes se acercan a mis redes, en particular, a Instagram. Devuelvo likes y comentarios, cuando puedo. Procuro responder a las preguntas que se me hacen. Soy muy clara respecto a la atención negativa, que no premio nunca, y mucho menos los insultos o provocaciones. Intento sorprender con mis textos y darles pie a ellos en cada foto para que se expresen. Intento aprender cada día un poco más de fotografía, para que mis imágenes aporten algo; sigo y admiro a los mejores en bodegones, estilismo, creatividad, moda o paisajes. Yo misma hago y compongo mis bodegones, y decido y planeo la mayoría las fotos en las que aparezco. Cuido con esmero mi atuendo y mi apariencia, porque a través de ellas construyo una identidad con la que continúo luchando; si gusto, es mi mérito. Si no, mi entera responsabilidad.

Creo que resulta vital el que muestro con honestidad las luces y las sombras de mi vida, y dejo claro lo que no se ve de los triunfos, y lo necesario que es salir de los baches. Siempre muestro mi mirada.  No hablo de lo que no sé, ni recomiendo lugares, libros o productos que no he probado. Agradezco de corazón los elogios, pero no soy sensible a la adulación. Tengo mi punto de locura y de extravagancia, y lo disfruto. Intento ser feliz. Siempre me gustó la fotografía, y desde que mi hermana me empleaba como modelo para su primera cámara, cuando yo tenía 5 añitos, me he divertido ante un objetivo. No pretendo ser lo que no soy; pero lo que soy, está ahí, y no creo que deba pedir disculpas por ello.

Esas son las claves que sigo, y las satisfacciones que obtengo son tan enormes que deseaba compartirlas, por si a alguien más pueden resultarles útiles: no hay atajos. Pero mi camino ha sido este.

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Para hablar de seguidores rescaté unas fotografías de mi estancia en Clermont-Ferrand; en ellas llevo jeans negros de Blanco (la ironía es evidente) y una chaqueta bordada con abalorios de Stella McCartney para HM.  El jersey de cuello alto (o cisne, por continuar en plan irónico) es de la misma marca. Llevo zapatos abotinados de charol de Paco Gil y un bolso de mano de Gucci. Uñas oscuras de OPI y maquillaje de L’Oréal Durante esa sesión, que comenzó con mis inocentes paseos por el parque ante la cámara me vi involucrada, sin comerlo ni beberlo, con una pareja de cisnes que decidieron salir del agua y comenzar a seguirme. Yo esperaba, ellos esperaban. Yo avanzaban, ellos también. Cisnes, obviamente, con buen gusto, que reconocieron en mí toda una serie de virtudes… ¿O serían haters que decidieron boicotearme las fotos? Ya nunca lo sabremos, pero eran tan monos…