Los últimos días de Casa Decor 2016

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Aún podéis visitar Casa Decor, la exposición de tendencias decorativas más exclusiva de Europa, hasta el 26 de junio, en Madrid, en la Casa Palacio Atocha 34. De hecho, hoy se fallan los Premios a la Decoración, con lo que estaréis al tanto de, literalmente, lo último en tendencias.

Yo esperaba esta edición con un hambre casi literal: mi casa ha dejado de reflejar lo que creo ser en estos momentos, y no se corresponde del todo con mis necesidades ni mis gustos: quince años, muchos procesos vitales, varias estancias en otros países, una mudanza de oficina, la alegría renovada de vivir y tres gatas han provocado que lo que en su momento fue un hogar en el que me encontraba perfectamente cómoda chirríe en algunos puntos. Quiero, con calma, pero de manera ya imparable, transformarla en los meses venideros, y por primera vez no tengo casi nada claro: creía que Casa Decor me ayudaría a definirme, y me ofrecería opciones que ni sospechaba.

En la segunda parte he acertado. En la primera, no. He regresado con una considerable saturación stendhaliana, en la que todo me parece bien, todo me gusta, todo me parece posible, y no sé por dónde comenzar. Cuando el remolino de ideas, colores y estímulos se asiente, veré qué rescatar, de qué librarme, los nuevos espacios… la nueva casa para una yo renovada.

Un consejo que me agradeceréis: cuando salgáis de Casa Decor no regreséis directamente a casa. Dad una vuelta por la ciudad, entrad en algunas tiendas, id al cine. Tomad un café en algún lugar agradable. Al cerrar la puerta, no miréis directamente vuestros muebles, ni las paredes; porque la depresión que os puede entrar por  simple comparación es un riesgo asumido y que hay que afrontar.

No se trata de que toda estancia vuestra parezca pequeña y de techo bajo: la edición de 2016 ha permitido de 63 espacios distintos sean redecorados, y en esos espacios hay de todo: rinconcitos, lugares de paso, techos bajos, lofts, espacios inmensos y finales de pasillo, interiores y exteriores. Muebles gigantescos, más propios para hoteles o instituciones públicas que para una casa, y cocinas con soluciones aptas para apartamentos. Lo que acompleja es la ingeniosidad y la originalidad con la que los profesionales son capaces de dotar de vida espacios vacíos: las fotos del antes resultan sorprendentes.

Resulta imposible dictar unas  reglas generales, pero intentaré destacar lo que me ha llamado más la atención: las paredes de ladrillo visto o blanco, o el diseño nórdico, con decapados y pintura a la tiza, que se han generalizado en la decoración popular, con restaurantes y bares a la cabeza, se encuentran por completo ausentes en Casa Decor: aires más sofisticados y urbanos, una influencia muy clara de los años 50,  con colores ácidos, pasteles, y estampados geométricos, en cambio, han tomado el relevo. Las piezas tienen personalidad por sí mismas, los suelos y las paredes cobran texturas sorprendentes: desde los nuevos acabados sintéticos al mármol, o a la piedra. Ojo a las chimeneas (simplemente espectaculares) y a las bañeras (espectaculares, simplemente).

Uno de los espacios que más me han gustado es el vestidor de Miriam Alía: además de mostrar prendas de Lydia Delgado, y de Miranda for Lydia, lo que siempre resulta atractivo, cada rincón ofrece una sorpresa: dos butacas tapizadas con lentejuelas, hipnóticas, un leopardo de cerámica (sí, como aquellos que tiramos de la casa de la abuela, porque nos parecían horrorosos… de pronto, han regresado), o papel pintado con estampado de diamantes. Arriesgado, divertido… y funciona.

El jardín de Fernando Pozuelo se abre al espacio que en el que Pepe Leal ha interpretado la tradición y la modernidad del país invitado, Portugal. Azulejos pintados y cerámica verde, por supuesto, y un guiño a Pessoa. Pero también acabados en cobre, paneles de madera exquisitamente tallada en las puertas, y terciopelos en delicados grises.

Los descubrimientos continúan: unos baños públicos pueden ser la extensión del refugio de un dandy, por Adriana Nicolau, la impresión digital de HP cubre todo el espacio de Egue y Seta (todo es todo, paredes, suelos, superficies…) y la tecnología aparece con Samsung. Por cierto, su modelo Galaxy S7 Edge es el premio del concurso de fotografía que se organiza entre quienes sigan la cuenta @CasaDecorOficial y etiqueten sus fotos con el Hashtag #MiFotoCasaDecor2016.

¿Qué más? Todo lo que la imaginación permite. Pintura, escultura, neones, un restaurante, vidrieras, arreglos florales, una ilusión de que se pueden habitar espacios posibles e imposibles, y que aquello en lo que vivimos es tan nuestro como la piel o el cabello; y lo hacemos nuestro como nunca podrá serlo nuestro tiempo o nuestro presente. OLYMPUS DIGITAL CAMERA
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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara una visita a interioristas y decoradores, un vestido arquitectónico: unas líneas muy simples en un diseño de COS, finamente plisado, azul marino. Le añadí un precioso collar de Marisa Bell, y dos anillos gemelos que en esta ocasión llevé separados. Las gafas de sol son de Musthave, el modelo Ibiza Blue Power. Y el bolso, una pequeña obra maestra de Chie Mihara. Usad calzado cómodo: no dejan de ser 4.000m2 de exposición, repartidos en varios pisos, y la tentación de no dejar ningún espacio por recorrer resulta demasiado intensa.

Ahora, ah, ahora comienza el proceso de mirar las paredes y el aire, y ocuparlo de nuevo de manera diferente. Más intensa. Más real.

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La lección de los escultores

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Imposible saber cuándo ni por qué nació la relación entre decadencia económica y esplendor artístico, pero resulta evidente que en los momentos de necesidad se han desarrollado grandes talentos. Y precisamente la creatividad y la capacidad de adaptación son claves para dejar esa crisis atrás. Cuando una ciudad entiende que las inversiones esenciales para un futuro mejor pasan por la cultura, la sanidad y la salud puede hablarse de esperanza. En Fuerteventura viví lo contagiosa que es esa energía que desprende la creación, sobre todo cuando la presenciamos en directo.
La excusa era el IX Simposio Internacional de Escultura de Puerto del Rosario. La realidad, un puñado de escultores que, al aire libre y ante los ojos del público, esculpían sus obras en metal (acero corten y acero inoxidable) o en piedra.  Tres son españoles y amigos desde que durante el concurso de arte urbano del que fui jurado: Amancio González, que además impartía un taller para estudiantes, Juan Miguel Cubas y Toño Patallo, el organizador. El resto, Carlos Monge, José Villa, Mauro Bettini, y Xavier González, provenían de México, Cuba, Italia y Francia.
Hace unos meses, cuando impartí en Puerto del Rosario una conferencia sobre trastornos de la alimentación, J.M. Cubas encontró en ella el origen de una de sus esculturas. Así lo describía en su Facebook: “sentí la necesidad de hacer algo que plasmara esa lucha brutal y la vez delicada que en algún momento de nuestras vidas se nos hace necesario, bien por enfermedad o simplemente en el ámbito laboral, y éste fue el resultado”. Fue uno de esos encuentros emocionantes que aportan sentido a ser escritora. Y cuando pude verlos trabajar en Corralejo, cubiertos de polvo, con sus radiales y herramientas, entendí que todo nace de la misma pasión, y que sólo la pasión (por la vida, por otras personas, por el arte) nos permite salir de crisis y dolores.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERA  Para visitarles elegí un vestido de lana púrpura de Sybilla, una diseñadora que entiende bien los conceptos escultóricos. De lana fría, corta el viento majorero y no da calor; el foulard es de Adolfo Dominguez, otro experto de volúmenes y moda. Los zapatos verdes de Paco Gil, con sus piezas metálicas, guardaban coherencia, al igual que las gafas de Ray-Ban.  La pulsera de cuarzo es de Verdeagua Alhajas, y la de madera y el collar de esmalte llevan conmigo mucho tiempo. Yo no puedo tomar el sol, de manera que el sombrero era obligado, junto con la altísima protección solar. El look pedía a gritos bolso personalizado, con el cartel de la película de Buñuel, “El discreto encanto de la burguesía”. La laca de uñas es el Blossom Dandy de Essie, y el resto del maquillaje de Dior.

Maquillaje que, por cierto, me olvidé en el hotel, primorosamente guardado en su neceser, y que me trajo a la península Amancio González cuando finalizó sus compromisos en la isla. Quién sabe qué sacará de ello… ¿No es el maquillaje un medio para esculpir el rostro?