Recomendaciones espidianas de Verano

Algunos lectores reservan los libros de contenido ligero para el verano, el gran momento para las novelas de género, las intrigas policiacas y los best-sellers. Otros prefieren aquellos que no tienen tiempo para leer durante el año, libros extraños, ensayos para aprender sobre temas diferentes, o novelas que pueden leerse con más calma y mayor gusto.

Aquí van algunas recomendaciones espidianas.

Melisa Tuya es una periodista compleja, y una escritora apasionada. Su blog Madre reciente se ha convertido en una referencia para temas relacionados con una maternidad responsable, poco complaciente, nada idealizada, y aún así fascinante y hermosa. Es también una destacada animalista, y una experta en tecnología. Su tiempo parece tener alguna complejidad cuántica inexplicable. En Tener un hijo con autismo habla de su hijo Jaime, y de qué supuso para toda la familia la detección y el diagnóstico de su autismo. Desde luego, quienes se encuentren en un caso similar se sentirán acompañados, y comprendidos. Pero la lección que ofrece para quienes no sabemos gran cosa del autismo es de una ejemplaridad que no suele encontrarse en los libros testimoniales. Rompe tópicos, explica mitos y plantea preguntas. Melisa habla de cómo vivir atendiendo a unas prioridades que olvidamos, la aceptación de una realidad que dista mucho del cuento de hadas con el que nos hemos educado. Describe la negación y la frustración, el amor incondicional y sus costes, y sobre todo, la profunda nobleza de la que es capaz un ser humano sensible y consciente.

Martín Casariego  ha publicado, a lo largo de su carrera, que cuenta con más de veinte años, libros muy diversos: quisiera destacar, por ejemplo, su faceta como autor juvenil. Su voz narrativa, en este caso, se concentra en una mirada: la de un fotógrafo que recorre Lavapiés con unas gafas y la memoria de su padre. Como los pájaros aman el aire habla de la luz y la oscuridad, de la apuesta por el amor a una desconocida y de las huella que  un progenitor ha dejado en una familia. De la necesidad de la esperanza y del recuerdo. Una novela intrigante y hermosa.

El verano ofrece insospechadas oportunidades a los golosos: helados, granizados, semifríos, horchatas, batidos, macedonias. mermeladas… a los atractivos habituales de los libros de Alma Obregón-Alma Cupcakes (sus preciosas fotos, su estilo directo y sencillo, la desbordante simpatía de la autora)… se une el que Un año de dulces adapta los ingredientes y la energía del que cocina a las estaciones. Una delicia, y no solo para los ojos. Lo publica Grijalbo.

Christian Gálvez ha visto recompensada su fascinación por Leonardo da Vinci con el título de experto mundial en el tema. Sus lectores sabían ya de los conocimientos del autor de “Crónicas del Renacimiento”, centrada en ese periodo italiano y sus genios. Rezar por Miguel Ángel es una novela ágil, con una intriga trepidante y un ritmo que no decrece, magníficamente documentada, y que continúa la aproximación al misterio de esos seres extraordinarios que ya había iniciado con Matar a Leonardo Da Vinci.

El tabú de hablar del amor en la vejez comienza a resquebrajarse con novelas como esta: Encender de nuevo las estrellas se cuela con delicadeza entre los prejuicios y los dinamita. No solo trata el amor a las puertas de la muerte: habla de las diferencias sociales, de la extrañeza ante el extranjero, de toda una generación de mujeres que ha vivido de acuerdo a unas normas estrictas, pero comfortables, y qué no sabe qué hacer con su libertad  ni su vida cuando llega la viudez. Karine Lambert disfrutó ya del éxito con una historia tan poco convencional como El edificio de las mujeres… y refina ahora su estilo y su sensibilidad. En Alianza de Novelas.

La divulgación histórica está gozando de un gran momento, debido al interés del público (puede que erradiquen la historia de los colegios, pero el interés por saber quiénes fuimos en otras épocas prevalece) y de autores tan interesantes como María Engracia Muñoz-Santos. Esa imagen mítica de los gladiadores en el circo o la de los cristianos enfrentados a los leones sirve como punto de partida para explicar en Animales in Harena la relación de los romanos con sus juegos de animales, las cazas llevadas a cabo para capturar bestias exóticas y la relación entre diversión y violencia de la época. Un buen punto de partida para otros debates, como la tauromaquia, o para acercar a los jóvenes al mundo romano. La ha publicado Confluencias.

¿Es una respetable dama o una miserable negra quien se oculta bajo la lápida que toda una sociedad preferiría que continuara en su sitio, sin remover? Los huesos de Louella Brown y otros relatos, inéditos en español hasta la fecha, son la tarjeta de presentación de Ann Petry. Esta autora estadounidense, incisiva, clarividente, con un irresistible punto de sarcasmo, ha sido presentada al público por Palabrero Press. Merece la pena leerla, y es casi inevitable esperar nuevas traducciones.

La magnífica  acogida que han tenido las novelas de Màxim Huerta por parte de los lectores se repite con La parte escondida del iceberg. El protagonista es un escritor que vaga por París a la espera de algo, y con el recuerdo de alguien, devastado y en transformación. Quizás esta novela editada por Espasa sea la más dura, y sin duda la más íntima, del autor. La más sincera, y la que puede marcar un cambio de registro en el autor. Eso será algo que comprobaremos con interés en su siguiente obra.

Los aniversarios suponen siempre oportunidades para ahondar en temas que nos fascinan. Juan Eslava Galán, historiador, novelista, una pluma enérgica y poderosa, se pasea por La revolución rusa… como quien entra en una casa visitada en muchas ocasiones. Con bromas y de veras, con una visión única que ya conocemos de otras aproximaciones a la historia,este ensayo de Planeta revisa los años previos a la Revolución, hace trizas a los zares y no salva tampoco a los revolucionarios.

No somos nada. O al menos, no somos nada original. Esa es la conclusión a la que se llega tras leer Yo, mono, de Pablo Herreros Ubalde. Este amenísimo ensayo nos explica que no venimos del mono. Somos simios, en constitución, impulsos, estructura social, necesidades y comportamientos. Acabamos de salir de las cavernas, apenas nos hemos bajado del árbol, y ya nos ha dado tiempo a crear una sociedad compleja, con trazas mucho más animales de lo que desearíamos reconocer. Si nos identificamos más con onobos o chimpancés, esa ya es otra historia…

No está mal para comenzar. Un poco más adelante recopilaré otras lecturas… porque el verano es largo y los libros, inacabables.

Y ahora ¿qué?

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Estos días he repetido varias veces en las entrevistas sobre Llamadme Alejandra que esta novela ha ocupado catorce o quince años de mi vida. No ha sido mi dedicación absoluta, como puede comprobarse por mis otras publicaciones y trabajos, pero sí una compañía o un deber constante que pendía sobre mí como una damocliana espada literaria.  Ahora, tras haber conseguido el Premio Azorín 2017, y con dos meses o tres por delante de trabajo compartido con libreros, periodistas y ferias para que el libro llegue al mayor número de lectores posible, es el momento de detenerme y de preguntarme qué hacer ahora

Cuando un proyecto de una duración tan prolongada finaliza, y lo hace de una manera tan deseable como con un premio, existe un peligro latente: el desánimo: Contra todo pronóstico, la sensación de vacío. Una ligera duda, o una profunda conmoción. Qué escribir ahora, qué iniciar cuando aún no nos hemos desprendido del todo de lo anterior. La primera vez que me enfrenté a esta emoción fue cuando publiqué mi primera novela, Irlanda, y el mensaje que recibía a mi alrededor era que ya “lo” había logrado. Entonces me empeñé en que era el inicio del camino, no una conquista. Año  y medio más tarde conseguía el Premio Planeta 1999. Nuevamente me hablaron de haber conseguido ya algo que clausuraba un ciclo, o incluso del fin de mi carrera literaria. Mi respuesta fue continuar trabajando, marcharme fuera de España para iniciar un proyecto nuevo, y, con la cabeza fría, repetirme que este es un oficio que puede mantenerse durante décadas, con altibajos, y que se derrumba si olvidamos la pasión y la seriedad.

De nuevo, el Premio Azorín no me pilla desprevenida. Un nuevo ensayo, una novela juvenil y otra infantil, y la actualización a lenguaje contemporáneo de El conde Lucanor me aguardan durante este próximo año. Comunicación y estudio, ensañanza y literatura, mis cuatro pilares. El empeño en el éxito es un mandamiento de la sociedad contemporánea. Se valora la obsesión, un único objetivo ambicioso. Una sociedad neurótica y fácil de etiquetar. Sobrevivir al éxito requiere una estrategia en sí misma. Cuando se relativizan los triunfos y se planean sus resacas resulta más sencillo asumir el fracaso. Cuando un proyecto vital se argumenta a largo plazo, quizás dé mejor resultado  trabajar poco a poco, con paciencia, sin perder de vista el disfrute cotidiano.

 

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPodéis encontrar aquí el vestido de tul bordado de Mango.  La peineta lleva la firma de Marisa Bell Design. Las fotos fueron tomadas en Alicante, por Nika Jiménez.

Recomendaciones espidianas Enero

20170202_202515-01Mucha variedad temática y de editoriales en las recomendaciones espidiana de este mes. Y también un par de obras artísticas que no son historias ni palabras. Es pura casualidad: entre mis libros hay ejemplares que compro, otros que me regalan mis amigos, o lectores, otros escritos por mis amigos, y aún otros que me envían editoriales afines que conocen mis gustos y que son tan amables de remitirme algunas novedades. Todos ellos saben que no hago crítica literaria, y que no recomiendo nada que no me guste; en algunas ocasiones, no me ha entusiasmado, pero entiendo que muchos de mis seguidores podrían encontrarlos interesantes. Soy omnívora y caprichosa. Por eso hay meses de ensayos y meses de novela, meses de cuatro libros (elegí mal los otros) y meses en los que no doy abasto. Y así, como una epidemia, esta pasión se extiende.

8-2Comienzo con este precioso cuadrito de Gloria Loizaga, una artista que pinta con minucioso mimo sobre distintas superficies. Os había enseñado ya un collar con los camafeos de mis tres gatitas, y hoy os muestro un retrato inspirado por mi viaje al País de Jane Austen. Podéis encontrar su trabajo, y contratarla aquí.

10-1Cuentos deliciosos, relatos inquietantes de esta espléndida autora norteamericana, un descubrimiento. Miel del desierto, de Edith Pearlman, es perfecta para leerla poco a poco en las horas de la merienda, la más perversa de las comidas del día. Sus protagonistas no se olvidan con facilidad, algunas de las situaciones (esa anticuaria que ayuda a una amiga a encontrar el amor) resultan extraordinarias y tan comunes que nos obligan a mirar nuestro día a día desde otro ángulo. Lo repito: deliciosos. Lo leí en pruebas (una primicia) y lo publicará en estos días Alianza de Novelas.

13-1Cuando J.K. Rowling se saturó de varitas mágicas y de luchar contra el mal, se convirtió e Robert Galbraith e inventó el personaje de Cormoran Strike. En realidad, no deja de ser otro Harry Potter, herido, que sigue luchando contra el mal, en este caso desde su oficina de detective privado en Londres, no muy exitoso, todo hay que decirlo. Excelente sentido del ritmo, una trama potente y dos personajes (Cormoran y su ayudante) muy bien definidos. Algunos de los aciertos de la saga se reconocen en su obra de adultos. Y a quien no le gustara Harry Potter, le invito a que echen una ojeada a esta voz nueva y potente. La edita Salamandra.

15-1Jorge Volpi fue el premio Biblioteca Breve el mismo año en el que yo fui Premio Planeta. Esa coincidencia ha permitido que siguiéramos nuestro recorrido y nuestra obra con un cariño especial, como si fuéramos cómplices de alguna promesa secreta. Su novela En busca de Klingson se considera ya un clásico contemporáneo que no me caso de releer y de recomendar. Lo editó Seix Barral.

18-3Pasamos a un registro y a un libro muy diferente, el que ha escrito Ramón Gener para consuelo de los dolientes del mundo. Conocido por su revolucionario programa This is Opera, su ensayo El amor te hará inmortal recorre personajes, óperas, cantantes y situaciones en las que el dolor humano parece insoportable, y aún así, se supera. Una preciosa obra con un consuelo que cae como la lluvia, fresco y vivificante. Está en Plaza Janés.

23-2Sí, ya la he mencionado, pero J.K. Rowling publicaba el 5 de enero en España su nueva obra del universo Potter, Animales Fantásticos, y no podía resistirme a mostrar la preciosa edición del guión de la película con el mismo nombre. Una delicia ilustrada, plagada de humor, y guiños, y de imaginación. Y, a mi juicio, una magnífica manera de que los chavales aprendan a leer guión, teatro, y otro tipo de formatos. El mérito es de Salamandra.

30-3Valdemar, con su colección Frontera, está rescatando una serie de clásicos imprescindibles del Western; de hecho, yo los compro a ciegas, sin reparar en si conozco o no los autores. Un acto de confianza absoluta que se ve confirmada con estas dos novelas cortas, Hombre y Que viene Valdez. Escritas por Elmore Leonard, su visión algo amarga, algo tierna, muy humana.

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Este ha sido un enero con una gran presencia de la literatura juvenil en mi discurso y en mi tiempo. Desde luego, en parte se ha debido a El chico de la flecha, y los caminos por los que me conduce: encuentros, charlas con chicos, con profesores, con padres… Un repaso por la historia y otro poco por lo vital. Estoy entusiasmada. Ya sabéis que mi editorial es Anaya y que lo podéis encontrar aquí. Ah, y una preciosa crítica que le ha hecho Lasemana.es  aquí.

Pero también algunos lectores han mostrado interés por mi primera obra, La última batalla, de SM El barco de vapor (Roja). Mucho más fantasiosa, en este caso el lector saltaba entre páginas a un mundo imaginario que la propia protagonista escribía. Difícil de encontrar, pero aún puede conseguirse.

 

¿Qué os han parecido? Todas las fotos y los bodegones son míos, excepto la primera imagen, tomada por Rebeca Senovilla.

Recomendaciones espidianas de Diciembre

17-2Pasó Diciembre, con sus deseos, sus regalos y sus libros. Y con algunas sugerencias de lectura…

1-3Diciembre ha sido un mes de recorrido y expansión para El chico de la flecha, mi nueva novela juvenil: entrevistas, presentaciones, y las primeras opiniones de los jóvenes lectores, sus padres y profesores. Le queda aún mucho por caminar, pero de momentos, me está dando muchas satisfacciones.

14-3La primera presentación fue en Mérida, la ciudad en la que transcurre la novela y hablé de ella ya aquí. Antes de encontrarme con los lectores en el Museo de Arte Romano organizamos una firma en Martín, Librería de Papel.  Unos días más tarde repetía suerte en Plasencia, en La Puerta de Tannhäuser, como también os conté aquí.

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27-1Las librerías con sección infantil y juvenil suelen ser especialmente bonitas, y crean una particular adicción: ojalá más personas las descubrieran. Resulta complicado defender que los chavales deben leer si no se les familiariza desde niños con los placeres de las bibliotecas y las librerías, si los padres no las frecuentan ni demuestran pasión por ellas.

22-1 Escribí esta frase para mi ensayo Quería Volar, como un anexo de recordatorio para los días difíciles, y la recogió Vuelvete a enamorar en sus preciosas láminas. Hay vees en que conviene apartarse de esas personas malintencionadas que tanto ruido hacen y que pretenden evitar que pensemos por nosotros mismos.  Hace falta silencio para saber lo que nos conviene.

img_20161227_204335_750Estrella de Diego ha añadido a su espectacular trayectoria el reciente nombramiento de Académica de Bellas Artes de San Fernando; es una autora de referencia en lo que concierne a género, y también respecto a la construcción de identidad(es). Tengo la suerte de coincidir con ella en algunos jurados de premios de ensayo, y hasta la fecha no he leído nada de ella que no me haya obligado a replantearme lo que pensaba de la realidad. Con este ensayo  No soy yo, publicado en Ediciones Siruela ahonda en la identidad del artista (pero también del espectador) en relación con el arte, en especial cuando es autobiográfico.

5-1Es esta una recomendación un poco diferente, que nos permite acercarnos a la intimidad de un creador desde la mirada de un niño, incapaz de comprender las contradicciones y la necesidad de coherencia de la obra. Ediciones Península ha publicado este libro de memorias de Alysia Abbott, Fairyland. Un canto de amor a su padre, el gran poeta Scott Abbott, que la crió, viudo y homosexual, en el San Francisco en el que el SIDA comenzaba a hacer estragos. Aunque cada año dedicamos una jornada al a Mundial de la lucha contra el SIDA. Conviene recordarlo todos los días, y abrir la mente respecto a los tópicos sobre orientación sexual que tanto dificultan la igualdad. img_1860Recomiendo menos cine del que debería: los libros se llevan gran parte de mi atención, pero no toda. Ese mes, por ejemplo, he visto algunas películas más que interesantes: Animales nocturnos, o Comanchería son dos de ellas. Y además, no puedo pasar por alto que por fin he acabado de ver esta compilación: la edición en lata de los doce mejores títulos de Truffaut. Un regalo perfecto para quienes no se quieren ceñir a fechas fijas y a convenciones.

img_20161227_203506_841El 10 de diciembre celebramos su cumpleaños: Emily Dickinson, esa críptica poeta cuyo mito de mujer de blanco encerrada en su casa ha ocultado muchas veces su relevancia como autora. Sabina Editorial ha recopilado, traducido y editado su obra completa de la mano de Ana Mañeru Méndez y María Milagros Rivera Garretas  en una preciosa edición bilingüe, acompañada de tres CDs de audio. Además de recomendarla, os dejo la reseña que he publicado en Zenda para que podáis echarle una ojeada aquí.

Los tres tomos, con sus cuidados detalles, merecen la pena ser bien mirados y apreciados.

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img_20161227_203738_709Y, por último, nunca os olvidéis de las librerías de viejo: ahora, tras la crisis, han proliferado. Las recomiendo como entusiasta lectora (como escritora se te rompe el alma si ves entre sus estantes tu libro a precio de saldo), y como curiosa impenitente. Sin historias ya escritas, ¿cómo podríamos contar las nuevas? 23-2

Recomendaciones espidianas de Noviembre

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Noviembre ha sido  un mes dedicado, principalmente, a finalizar mi próxima novela para un público adulto, y a corregirla. Muchas lecturas especializadas e históricas, que no considero demasiado interesantes salvo para especialistas. Y, como después de sembrar hay que recoger, una novedad con mi firma.

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Después de casi quince años de la publicación de mi primera novela juvenil, La última batalla, llega la segunda: El chico de la flecha, en Anaya. Ha transcurrido tiempo suficiente como para que nazca otra generación de lectores; en esta novela viajamos hasta Emérita Augusta, en Hispania, en el siglo I de nuestra era. Allí conocemos a Marco, un jovencito de doce años, que crece con su hermana bajo la tutela de su tío. Marco es un joven afortunado, libre, a diferencia de su esclavo Aselo, su cómplice en diversas aventuras. Pero de pronto, una azaña, y un accidente, obligarán a los dos chicos a tomar decisiones importantes y a preguntarse por su entorno y su sociedad.

Soy una apasionada lectora de novela histórica y una gran amante de esta época. Desde hace muchos años deseaba compartir esa fascinación con los lectores jóvenes, y aquí está nuestra oportunidad. Si queréis leer la crítica que el blog Arqueología en mi jardín ha realizado de la novela, pulsad aquí.  Y os dejo una segunda de Área Libros aquí.

20161123_121454Aunque los autores nos quejamos, no sin razón, de la velocidad a la que los libros son reemplazados, he dado con una excepción: este mes he tenido la suerte de aparecer mencionada en la revista Encrucillada, en este caso como la autora del prólogo de Una canción inesperada, de Leire Quintana, publicada en Maeva, un testimonio muy peculiar del que os hablaré en otra ocasión. Tienen además la deferencia de referirse a mi Para vos nací: casi dos años de vida para un libro que me ha dado innumerables satisfacciones.

Basta ya de hablar de mí: saltemos a un fascinante libro de relatos de una muy fascinante autora.

28-1La condición animal de Valeria Correa Fiz es el primer libro de esta autora argentina. Un primer libro que no lo parece, por la madurez y sobre todo por la excelente estructura de estos relatos, por separado y en conjunto. Como humanos y como civilización, ¿somos ajenos a la crueldad, o, por el contrario, es lo que nos caracteriza como especie? El eco y la influencia de Quiroga sobrevuela este libro, de ciertos toques tétricos, y muy, muy perturbador.

9-2No lo es menos, aunque de una manera completamente distinta, Predicador, de Garth Ennis y Steve Dillon. Esta novela gráfica, ya clásica, nos habla de otro tipo de terror, y de otro salto a lo salvaje. Un ángel de la vida, o de la muerte, o una mezcla de ambos, posee a un predicador de un lugar tan remoto como Annville, en Texas; dicho así, parece cosa fácil. Compliquemos la cosa con que uno de los guías espirituales de ese predicador, Jess Custer, resulta ser John Wayne; y con que nuestro protagonista rivaliza con Dios así, de tú a tú. Pero todo lo que cuente no da una idea acertada de esta larguísima y gamberra búsqueda del bien y el mal que podéis leer en Vértigo.

25-3Por contraste, la novela Una voz escondida, de Parinoush Saniee resulta casi ligera, y no lo es. Una autora tan extraordinaria como esta iraní nunca podría pasar por encima de una tema como el que aborda aquí: un niño se niega a hablar. Puede hacerlo, no tiene miedo, no está enfermo, pero decide no emplear esa voz que le permitiría distinguirse de otros. Pero la brutalidad y las críticas ajenas comienzan. ¿Es tonto? ¿Se burla de todos? ¿Es su madre la culpable? Desde luego, nos habla de una sociedad censurada: pero también del parloteo sinsentido actual, de la prisa, y de la crueldad, un tema casi recurrente en las recomendaciones de este mes. Lo ha publicado Salamandra.

img_20161120_174527Un ensayo, esta vez: La menina ante el espejo, que Fórcola ha publicado a Luis Baqué Quílez, una reflexión acerca de la imagen, la palabra, el museo y la historia como iconos que me ha interesado muchísimo. Al fin y al cabo, anunciamos con demasiada frecuencia y demasiada facilidad que nos encontramos en la era de la imagen. ¿Qué genera ahora mismo una historia? ¿A qué nos lleva una imagen que, repetida millones de veces, ha cobrado otro significado? Como todo juego de espejos, revelador, y un tanto asfixiante. Lo cual en un ensayo, para mí, es una gran virtud.

17-1Hacía mucho que no incluía música en mis recomendaciones, y este mes os invito a que escucheis a Zahara en Santa. Del talento de Zahara soy testigo cuando coincido con ella en Likes, y del placer con el que he escuchado este disco, mucho más indie de lo que había hecho hasta ahora, disfruto en esos ratos desperdigados en los que me acompaña la música y la nostalgia.

Esto es todo por este mes. Diciembre promete...

Antes de ser madrina de la graduación VIU 2016

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Cuando imparto los cursos de oratoria, o los que tratan el tema de hablar en público me encuentro con que la mayor parte de los alumnos se preocupan únicamente del momento en el que salen a hablar ante una audiencia. Mi gran reto es que planifiquen cada una de las intervenciones, y más aún si se trata de un acto importante para ellos, como una sucesión de pasos, y que no pierdan de vista que hablar en público es el resultado final de un proceso que tienen que controlar desde mucho antes.

Estos pasos resultan particularmente importantes si se es tímido, o si existe un historial de pánico antes de salir a escena. Una de las lecciones que extraje cuando cantaba es que nada debe ser dejado a la improvisación, ni siquiera la improvisación. Un buen profesional, en el área que sea, comete un error si menosprecia la importancia de la puesta en escena. Quizás eso rompa creencias un tanto infantiles o idealizadas sobre la naturalidad y la espontaneidad: los mejores artistas que he conocido eran cuidadosos con los pasos previos, precisamente porque eso les permitía dedicar su energía a su aparición en público y no a lo que podía salir mal.

El acto que culminó con mi discurso como madrina de la Graduación de la VIU (Universidad Internacional de Valencia) 2016 había comenzado a prepararse con mucha antelación por sus organizadores, y requería también de atención previa por mi parte: todo discurso debe de tener en cuenta la ocasión y el público al que es dirigido, pero también en qué orden se interviene, y qué tratarán los anteriores y posteriores compañeros. Imprescindible conocer la duración, y atenerse a ella, o si es posible, quedarse un poco corta. Yo recomiendo también informarse sobre dónde se lleva a cabo y si se emitirá, como cada vez es más frecuente, en streaming, o a través de pantallas simultáneas. Intento no leer jamás mi discurso, pero en particular, en este último caso. Se pierde el contacto visual y la imagen multiplica ese efecto.

Si la apariencia y la indumentaria han sido siempre importantes, en particular en el caso de las mujeres, sobre las que recaen unas expectativas mayores y unas normas de protocolo más complejas, en los últimos años se ha agudizado esa percepción. Mi recomendación es la de un conjunto que haga que la persona se sienta cómoda y adecuada; hay quien interpretará eso como un traje gris, o quien preferirá un vestido rojo. Es importante evaluar y valorar el papel que se desempeña: no es lo mismo ser la madrina, en este caso, que la Rectora de la universidad, o alguien que se gradúe: en algunas situaciones, la discreción es lo adecuado. En otros, se espera de nosotros que brillemos o que seamos el centro de atención.

En este caso elegí un vestido de Adolfo Domínguez, en color nude, de mikado de seda, falda de vuelo con bolsillos, y con un falso escote palabra de honor completado con un cuello redondo de tul: el resto de los complementos eran muy sencillos, unas sandalias poco narrativas, pendientes y un bolso vintage que destacaba por contraste. Yo intento siempre hacer un guiño al color corporativo o al tema del evento, y en este caso, el bolso era del naranja del logo de la VIU.

Como paso previo pasé por Aveda, en Madrid, para darme un tratamiento que aportara brillo, y peinarme. En Valencia me esperaba Sandra Grau, la maquilladora, que me dejó impecable para la ocasión.

¿Merece la pena invertir el tiempo y el dinero que cuesta esta preparación? Cada uno debe valorar la importancia del evento, su papel en él, y su grado de exposición. Yo no lo hago en todas mis intervenciones, (la mayoría de las conferencias no requieren tanto cuidado), pero en otras considero que por respeto a quien me contrata, y por las circunstancias sería poco profesional no hacerlo. Habrá quien lo vea una pérdida de tiempo o una frivolidad.  Mi experiencia me dice que es algo que debe considerarse y como tal lo expongo.

Pese a la información  previa que se haya solicitado, me parece imprescindible comprobar el espacio en el que intervendré, dónde estaré situada, desde dónde hablaré y ver tanto la luz como la microfonía. Si debe o puede hacerse una prueba o ensayo previo, mejor. Nunca hay que menospreciar la importancia de la práctica, ni confiarse en que en el momento se podrán solventar determinados problemas. Bastante se tiene con la tensión, los nervios y la confusión. ¿Hay photocall, algo cada vez más frecuente? ¿Fotos de familia? ¿Antes, después del evento?

Por último, en el momento del discurso, ya poco resta, salvo hablar, disfrutar y transmitir la mayor sinceridad posible. El público detecta con rapidez si algo chirría o es falso. Cada uno de los pasos necesarios para que ese momento único sea un éxito se han dado ya. Se acaba un viaje que se inició mucho antes, y que finaliza en público, y en el que la clave del éxito radica en la preparación y el esmero previo.

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El acto de la Graduación de la VIU fue una fiesta preciosa e invadida por la emoción, un premio al esfuerzo y a una serie de valores que comparten los estudiantes, todos ellos adultos y muy conscientes de lo que les aporta la formación. Incluyó una presencia musical importante (es uno de los puntos fuertes de la Universidad) y unos discursos cargados de humor y de entusiasmo; y, qué puedo decir como madrina, fue emocionante y maravilloso encontrarme allí.

Recomendaciones espidianas de junio

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Pese a la creencia generalizada, no resulta sencillo llevar a cabo una selección de los mejores libros del mes. O de los que se adaptan a mi gusto: no todos los que leo aparecen, y los que aparecen no son necesariamente los mejores, sino los que a mí me han complacido. Lady Macbeth lo sabe, y, como mis  otras gatitas, hace lo imposible para ayudarme. Estos han sido los elegidos este mes.

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Comienzo con las Actas del Congreso Mundial sobre Teresa de Jesús, en el que tuve el honor de participar hace un año por mi libro Para vos nací: coincidía con el V Centenario de su nacimiento, y expertos de todo tipo analizaron su figura, desde la perspectiva religiosa, literaria, feminista, histórica… la relevancia de esta mujer extraordinaria continúa, creo yo, sin ser completamente reconocida. Las actas han sido publicadas por la Universidad de la Mística.

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No olvidemos que durante Mayo y Junio tuvo lugar la Feria del Libro de Madrid, donde, como casi todos los años, firmé mi obra y me encontré con lectores y con seguidores. La Feria es un evento interesante siempre, que muestra lo que se ha publicado ese año, y nos recuerda que los libros no contienen siempre literatura, sino que son un soporte para aficiones, gustos, pasiones, fenómeno fan… Se equivocan quienes cada año consideran a los autores que más firman muestran un signo de la decadencia inevitable de la cultura, o quienes crean que es una muestra fideligna de lo que se lee. Es… otra cosa, y como tal ha de tomarse.

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Ofelia ya lo recomendó en su momento, pero como lo ha releído me suplica que vuelva a hablar de Podría hacer pis aquí, (y otros poemas escritos por gatos). Lata de sal es la editorial que nos acerca a este género, injustamente menospreciado, de la literatura felina. Aquí nos encontramos con una serie de sentidísimos poemas que nos permiten conocer mejor la retorcida mente de estos bichos malignos e imprescindibles…

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Este ensayo (o más bien, esta compilación de crónicas)  de Alejo Carpentier, publicado por Fórcola Ediciones, me sorprendió por varios motivos. El menor de ellos no fue el que no estoy acostumbrada a analizar la realidad y la historia europea desde una visión que proceda de otras voces periféricas. Un cubano observa, en el momento crítico de la II Guerra Mundial, El ocaso de Europa. Apasionado y vehemente, es un observador inteligente, pero también alguien que defiende, quizás antes de su propio ocaso, una idea de evolución americana, frente a la decadencia en la que Francia, Alemania o Inglaterra se encuentran sumidas. De una actualidad aterradora y desconcertante, me ha  obligado a leerlo despacio y con notas al margen. Muy interesante.

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Un clásico, pero que regresa actualizado por Reino de Cordelia. A la historia inmortal de Bram Stoker se le unen las ilustraciones de Fernando Vicente y la excelente traducción de J. A. Molina Foix. Es una inversión de fondo de biblioteca.

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Otro clásico, que dejó K.O. a Ofelia… Los últimos días de Pompeya, en una versión antiquísima que me regaló mi profesora de 4º de EGB, sor Mercedes. Aunque ya recomendaré alguna actualización, para mí es una lectura fundacional, y una de las novelas que despertaron mi pasión por la literatura.

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De vez en cuando aparecen proyectos exquisitos como este, Los escritores y la música, de Ediciones Singulares; el dedicado a Tolstoi, bajo la responsabilidad de Víctor Gallego, responde a la filosofía general: una colección de libro-discos que enfoca la biografía de grandes escritores  a través de la música. Encontramos un prólogo, el ensayo en sí mismo con cronología y un CD con una selección de música relacionada con los textos,  grabada en  sellos discográficos internacionales.

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Antonio Colinas, uno de los poetas más interesantes y reconocidos en lengua española, publica ahora en Siruela Memorias del estanque, un libro que, sin ser exactamente unas memorias, sino una recreación literaria sobre la realidad, deja testimonio de lo vivido y aprendido. Lo he leído poco a poco, casi como un libro de cabecera, o más bien, como un libro de después de la ducha. Para obligarme a leerlo con calma, en lugar de devorarlo como otros, cada día, mientras se me secaba el pelo, leía un fragmento. Después me obligaba a dejarlo, hasta el día siguiente. Ha sido una manera excepcional de comenzar las mañanas.

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Y acabamos con el que será el último libro de la serie Hijos de Mary Shelley, publicado por Imagine Ediciones y editado por Fernando Marías: Las noches de Clairmont, una compilación de algunas de las mejores voces de cuentistas contemporáneos, es una magnífica despedida. Yo la acompaño de una rosa de Anaquiños de papel. La gatita no venía en la lista…

Si te necesito, silbaré

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Casi todos los cuentos de hadas narran el proceso de madurez de un niño a través de una aventura maravillosa, o de una niña que debe superar pruebas hasta casarse. No en todos aparecen hadas: pero sí algún elemento mágico. Y su protagonistas no piden ayuda. Cuando los necesitan, en una situación deseperada, sus genios, protectores, u objetos mágicos aparecen.

Hay quienes hemos crecido así: sin saber cómo pedir ayuda. Es el caso de casi todas las mujeres que conozco, que han rechazado la posición de indefensión que la sociedad imponía, pero que han absorbido con gran precisión todas las exigencias de fortaleza, autosuficiencia y discreción que también dictaba. La mujer fuerte ha sido, desde la Biblia, (Proverbios 30, 10-31), un ideal inalcanzable. Una mujer que trabaja en casa, y fuera, que no se queja, que previene cada contingencia, que auxilia al pobre y que apoya en todo a su marido. Cierto que no se le pedía que fuera hermosa: ahora sí, también. Las tareas han cambiado, pero el espíritu es el mismo: calla y continúa trabajando, con o sin reconocimiento, con o sin remuneración, y siéntete orgullosa por hacer lo que debes.

También los hombres mantienen complejísimas relaciones respecto a pedir ayuda y a la deuda que contraen con quien les auxilia; en las relaciones de vasallaje, quién y cómo debía prestar ayuda quedaba rígidamente estipulado, hasta el punto de que en algunos casos, si por azar alguien salvaba la vida de otras persona el salvado permanecía en deuda, él y sus descendientes, hasta devolver el favor.

Me ha hecho falta escribir dos ensayos sobre lo que nos enseñan los cuentos de hadas (Primer Amor y Los malos del cuento) y muchas horas de reflexión y de sufrimiento para que esa idea cambiara en mi cabeza. Como tantas otras personas, me sentía más cómoda en la posición de hada madrina: son fuertes, no tienen problemas (salvo la de Piel de Asno, la pobre, un hada madrina de lo menos resolutiva), ayudan a los demás, solucionan vidas. Me ha supuesto mucha humildad, una mirada más sensata y consciente a mi existencia y a mis circunstancias y atravesar un dolor psicológico insostenible, pero he aprendido a pedir ayuda.

O, más bien, estoy aprendiendo a pedir ayuda. A reconocer debilidades sin que un vacío de naúsea me llene el estómago, a aceptar otras opiniones, a escuchar a gente que sabe más que yo y que tiene la generosidad de compartirlo conmigo, a reconocer mis carencias y a pedir consejo a quienes dominan lo que a mí me falta. He tenido que aprender a decir que no, que en ocasiones no puedo ser yo la que ayude ahora, y que mi conciencia no me remuerda. Pierdo poco a poco el miedo a estorbar, a ser una molestia o a que me miren de manera extraña: porque quienes hemos presentado siempre ese aspecto imbatible hemos de asumir la sorpresa ajena cuando los demás tienen que reescribir lo que opinan de nosotros.

La mujer fuerte casi nunca es humana: debe mantener esa máscara, por infeliz que sea. Es la madre por excelencia, la cuidadora, la que conviene a una sociedad que la utiliza para su beneficio sin pensar en las necesidades individuales. El hombre fuerte es una bestia de carga, un bastión, alguien que jamás se quejará y soportará aún más presión. La esencia de la productividad por excelencia. Sin identidad, y sin más pretensión que la de vivir para los demás y para cumplir con las obligaciones.

Me he cansado de ser autosuficiente. Poco a poco, en cosas pequeñas y en grandes cosas, he aprendido a silbar si necesito ayuda.  Si se me rompe la plancha, y no sé si por dónde comenzar la búsqueda, recurro a la comunidad que me rodea, que sin duda sabrá orientarme (gracias, por cierto, a quienes ayer en IG me ayudasteis con el momento plancha). Si tengo una duda, preguntaré. Si mis problemas me superan, pido auxilio, asesoramiento, lo cuento. Alguna solución encontraré con la ayuda de otros.

Y ¿sabéis? No se ha parado el mundo. No era tan importante. Mi ayuda no resultaba tan imprescindible. Mucha gente se ha mostrado dispuesta, e incluso feliz, de echarme una mano. Muchos vampiros emocionales, cuando han visto que no podían arrancarme ayuda, sino que, por el contrario, la pedía, se han desvanecido. Y los amigos… los amigos siempre han estado ahí. Pero ahora les escucho más.

Porque los cuentos tienen razón: hay hadas y genios ahí cerca.

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Como los humanos y nuestros sentimientos, los lugares se encuentra en proceso de cambio: los Mercados, como el de La Paz, se han convertido en lugares de encuentro y en centros de delicatessen, además cumplir de su función como mercado de abastos. El lugar donde compraste esa mañana en zapato plano y vaqueros te acoge al atardecer con los tacones de vértigo de Magrit y el precioso vestido abrigo de TopLove, con un delicado estampado de flores. El bolso está pendiente de que lo customice, la manicura es de OPI, y aunque casi no llevo maquillaje, el que llevo es de YSL.

Y si os interesan Primer amor o Los malos del cuento, que hablan de cómo los cuentos nos han enseñado a trabar relaciones amorosas o a detectar personalidades tóxicas, los podéis encontrar pulsando sobre el enlace. Porque para ayudar a alguien están, ahí están.

Yo (no) trabajo desde casa

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Una pregunta que se le formula a menudo a los escritores tiene que ver con cómo se concentran o trabajan en su casa, en su despacho. Cada cual responde lo que le parece, según el grado de personaje, sinceridad o misterio que deseen transmitir: mi realidad es que raras veces trabajo en casa, salvo en los momentos en lo que finalizo libro (y no siempre). Como en todo, en la vida literaria existen picos y valles, que coinciden con ferias, días del libro, cursos de verano o promociones.

Aunque las cosas han cambiado drásticamente tras la crisis, para mí fue imprescindible el aprender a concentrarme de manera rápida e intensa en casi cualquier circunstancia. En los buenos viejos tiempos en los que escribía columnas de opinión semanales los imprevistos eran constantes. Recuerdo dictar una, por el móvil, desde la Terminal 4 del Adolfo Suárez de Madrid, minutos antes de embarcar, porque por algún azar no había llegado. Y escribir otra contrarreloj en la garita del portero de un instituto; la responsable había borrado, por error, mi columna, y no llevaba el ordenador encima. El grueso de mi trabajo diario no consiste en escribir: es más bien el resultado. Las lecturas previas, la reflexión, la información, el estudio, los encuentros con estudiantes y lectores, el preparar clases y cursos, y conferencias y ponencias, y, en mi caso, mi vinculación con marcas y otros proyectos, se llevan gran parte del tiempo. Por suerte mi carácter se adapta mejor a periodos intensos y breves de trabajo.

Cuando hace unos años asomó la amenaza de crisis, a raíz de mi libro Mileuristas me pidieron que impartiera unas conferencias sobre el trabajo a distancia, la eficiencia o no que suponía, y si, al fin y al cabo, resultaba rentable para el empleador. Si los medios tecnológicos estaban a la altura, por facilidad y por acceso, y si psicológicamente existían beneficios. Mis conclusiones fueron al mismo tiempo positivas y bastante devastadoras: la mentalidad de trabajo de mi país no se adaptaba con la suficiente rapidez a los cambios a los que nos enfrentábamos. La idea de no supervisar constantemente al trabajador ponía muy nerviosos a algunos jefes, y en especial a mandos intermedios cuyo cargo se justificaba con añadir presión al empleado. Costaba creer que las jornadas de trabajo podrían tener una flexibilidad mayor, y, sobre todo, no alargarse innecesariamente. Se dinamitaba gran parte del peloteo, al eliminarse las ocasiones de los cafés, las partidas de golf y las copas o los cotilleos tras el trabajo. Aunque todos estábamos de acuerdo en que se favorecía la conciliación, y que mejoraba la atención a personas mayores, discapacitados o niños, se revelaba una inusitada resistencia, por parte de los varones, sobre todo, a asumir esa responsabilidad.

Fueron unas conclusiones sorprendentes, sí, pero que adelantaban lo que ocurrió: de manera general se mantuvo el marco convencional de trabajo, y fueron las nuevas empresitas, pymes o emprendedores los que, a la fuerza, comenzaron a producir, distribuir y darse a conocer de otras maneras, en las que las redes sociales y las nuevas tecnologías han resultado esenciales. Por lo tanto, cada vez más personas trabajan como lo hacemos la mayoría de los escritores que yo conozco, como sus propios jefes, por lo general, malos jefes, obsesionados por una productividad que no se alcanza, en realidad, nunca, con jornadas inacabables, noches sin dormir, aumentando hasta lo ridículo pequeños problemas y con dificultades para distinguir el tiempo libre del tiempo de trabajo. Qué suerte, ser tu propio jefe es una de esas preguntas que deberían servir de atenuantes en caso de agresión por sillazo en la cabeza. Sin embargo, las ventajas que enumeré antes, si se logra ser sensato, continúan intactas. Y se une otra, un pobre consuelo, en realidad. Los empleados por cuenta propia, los que trabajan en casa, o donde sea, a salto de mata, serán los pioneros de toda una generación que trabajará así.

De hecho, cada vez más empleados por cuenta ajena están descubriendo que deberán adaptarse a una flexibilidad mental, espacial y temporal mucho mayor que la que tenían.

Me gustaría hablar otro día de la productividad como imposición, y de los problemas psicológicos que conlleva, pero creo que ya me he extendido lo suficiente. Ánimo y sensatez, horarios y prioridades, son las cuatros claves para que la manera de trabajar sin horarios, ni supervisión, ni espacio fijo sea sana y provechosa. Y pasión: sin ella, nada, con ella todo merece la pena.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALa especie de juego de las sillas que muestran las fotografías es real: muchas veces comienzo en un lugar que me parecía agradable y finalizo en cualquier otro, por las corrientes de aire, la mala luz o el ruido. Las fotos fueron tomadas en la Residencia Universitaria de Clermont Ferrand, mientras anotaba algunas ideas para relatos, (que acabé por ser rechazar, todas menos una, que es bastante buena), me estiraba para que mi espalda no acabara hecha un ocho, descansaba un poco, escribía algunas claves para mi nueva web y de vez en cuando me acordaba de mirar a cámara.

El atuendo era muy informal, unos jeans negros de HM, y un top de Zara de gasa bordada que me encanta. Un poco largo para ser un crop top, pero corto para ser un top top como Dios manda. Descalza, que es como estoy casi siempre por casa, y muy contenta, como casi siempre que me siento con ideas y energía. ¿Sois vuestro propio jefe? ¿Os gustaría serlo? ¿No, por favor, gracias? Siempre me resulta interesante saber de los trabajos de los demás. Con el mío ya os vais familiarizando.

Homenaje a Frida Kahlo

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¿Qué misterio rodea a Frida Kahlo para que sesenta años tras su muerte mantenga intacto el  atractivo de una mujer arrolladora, de una creatividad y una capacidad de sincretismo excepcional? En una sociedad obsesionada por la belleza física, la salud y la juventud, una artista feúcha, prematuramente envejecida y enferma desde niña, a la que incluso amputaron una pierna, se alza como un icono al que muchos admiran y todos reconocen.
Supe de la existencia de Frida cuando tenía ocho años, por una revista: sus Retratos, (con monos, con un traje de terciopelo, con fruta), me resultaron fascinantes; aún no me importaba su historia de amor. Quince años más tarde me regalaron un facsímil de su diario: había leído ya la obra de Elena Poniatowska sobre ella, y el personaje cobraba unos matices más complejos, desagradables, en ocasiones.  La última vez que escribí sobre ella fue en mi ensayo “Para vos nací“. Como Teresa de Jesús, Frida no distingue entre su cuerpo, su mente y su obra, brillantes, únicos y torturados. No se entiende quiénes fueron estas dos mujeres sin tener en cuenta sus enfermedades, ni su radical originalidad, la lucha constante por crearse una identidad única. Ambas emplearon la palabra como una manera complementaria de relacionarse con el mundo, y la dos, incomprensibles, efímeras, se encontraban con un amor más allá de toda lógica y fusionado con el arte.
Frida ha sido imitada, parodiada, idealizada. Se ha interpretado su vello facial como un homenaje a sus orígenes criollos (las descendientes de europeos mantenían el vello para distinguirse de las indígenas, lampiñas), como una manera de enfatizar su lado masculino, como una provocación, en definitiva. Las reinterpretaciones del atavío tehuano, los tocados de flores, los mantoncillos, todo formaba parte de una teatralidad intencionada que eclipsó a Diego Rivera y que amenaza ahora con oscurecer su propia obra, también. El legado político, emocional, el discurso de Frida Kahlo, en definitiva, no digamos ya su obra, va mucho más allá de lo visible y lo inmediato. Pero bien está que la imagen de una mujer tan poco al uso contrarreste la avalancha de lo políticamente correcto.
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Para este homenaje a Frida recuperé un precioso vestido de estampado en tonos rosas de Ailanto, con botones de perlas. Las joyas provienen de orígenes muy distintos: el collar de perlas cultivadas lo compré en Filipinas, el dorado fue un regalo del pintor Juan Adriansens y de su marido, Pedro. El otro collar, de cristal mate y coral, lo encontré en una tienda de antiguedades, y los pendientes de aro son de Ciudad de París. Me peiné con un pañuelo de seda de herencia, una mariposa de cuero dorado de HM y buganvillas y jazmines naturales. El maquillaje es de Chanel. Las fotos, pese a lo que parezca, no fueron sacadas en México, sino en el microclima subtropical de Motril, en el precioso hotel Casa de los Bates. Siempre es una buena senda el seguir los pasos de las grandes mujeres.