Recomendaciones espidianas. Abril

9.3

El mes dedicado al libro, en sus variantes de Día del Libro, Sant Jordi, conmemoración de Cervantes o de Shakespeare nos deja a los autores que llevamos una vida activa con conferencias, encuentros y firmas poco espacio para leer, paradójicamente. En muchas ciudades comienza la temporada de ferias y de actividades literarias, que remitirá hacia junio, con la Feria del Libro de Madrid. En mi caso, este año decidí reservar fuerzas y no acudir a Sant Jordi, y en cambio celebré en Bilbao el 200 aniversario del nacimiento de Charlotte Brontë. Estas semanas ofrecen la oportunidad a lectores y autores para encontrarse y conocerse; a veces, el resultado es una decepción mutua. Otras veces, por suerte, el enamoramiento continúa y se refuerza. Y si no, siempre nos quedarán los libros, sin sus autores. Estos son mis elegidos durante Abril.

Lady Macbeth, por cierto, ha escogido los preciosos libros de Maeva  sobre la relación entre mujeres, libros y oficios. Podemos ver de abajo a arriba Mujeres admiradas, mujeres bellas, Las mujeres que escriben también son peligrosas, Y además saben pintar y Las mujeres que no pierden el hilo. Las imágenes, fotografías y cuadros que los ilustran salpican la narración, y creo que son un regalo perfecto para lectoras, pintoras, costureras o… son un perfecto regalo. Punto.

Para relativizar los problemas, las palabras de los genios resultan siempre una ayuda: en este libro se produce la unión de dos genios. Beethoven se titula este ensayo de Richard Wagner sobre la figura de su admirado músico: le sigue otra reflexión, La dirección de orquesta, en esta pequeña joya de Fórcola. Y, bueno, un trocitino diminuto insignificante de brownie casero tampoco hace daño a nadie.

 

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Los consejos de la paloma ha sido una primera novela que ha atraído tanta atención que su autor, S. Kelman, pasó del anonimato a la lista de preferidos en un parpadeo. Publicada por Salamandra, salamandra.info, elige la mirada de un niño de familia inmigrante de Ghana en el Reino Unido para describir la realidad de un barrio violento, una vida violenta, una época violenta. Muy de actualidad debido al estremecimiento general que nos produce la situación de los refugiados, la suaviza un humor que permite que la vida sea soportable.

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Conocido por ser parte de Académica Palanca, M. Vigil  ha publicado Relatos polisémicos, un experimento literario que tiene como columna vertebral el humor. A partir de ahí, encontramos reflexiones, chistes recreados, fragmentos de monólogo, poemas, cuentos y reflexiones. Algunas amargas, otras ya clásicos del humor. Sonrisas y sonrisillas, y medias sonrisas desengañadas.

16.2

El Eternauta es un clásico; no sólo lo consideran así los lectores de cómic, que lo acogieron como una revelación en los años 50, sino que también ha pasado a formar parte del imaginario emocional de los argentinos. Oesterheld les hizo viajar en el tiempo, soñar con invasiones alienígenas, y continúa siendo una inspiración en esta edición de Norma.

9.2

Hacía mucho tiempo que un libro no me llevaba de las lágrimas a la sonrisa en segundos de esta manera. Las memorias del Dr Marsh, neurocirujano inglés, están estupendamente bien escritas; la belleza del cerebro, el azar de la salud, las decisiones a veces fatales que toma el médico pasan por estas páginas. El miedo, el humor, la humildad, la estúpida burocracia de la Sanidad. La enfermedad y la muerte. A mí, a quien estos temas entusiasman, me ha encantado; pero puede ser materia delicada para quien haya padecido o sido testigo de ese tipo de dolencias. Lo ha publicado Salamandra.

6.2

Los reconocimientos que el poeta aragonés José Verón Gormaz ha recibido se entienden cuando se lee Salón de los Espejos. Epigramas. ¿Epigramas? Sí, que encajan como un guante con la rabia y la frustración que provocan la corrupción, el politiqueo, la mezquindad y la vanidad que adivinamos en el presente. Una mirada aguda e implacable se unen su dominio del lenguaje. Se encuentra en Papeles de Trasmoz .

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Hablamos del Premio Biblioteca Breve de 2015, de Seix Barral, y de una obra de mi amigo Fernando Marías, con lo que me resulta complicado ser objetiva. Por sus páginas pasan lugares y emociones que me son familiares: la necesidad de escapar a través del cine, el viaje o la literatura, la construcción de la identidad frente a la familia, las calles de Bilbao. Por suerte, no me hace falta ser objetiva para recomendar este libro espléndido, La isla del padre, una búsqueda del padre ausente y del niño eterno. Emocionante. Y con un punto desgarrador.

 

20160408_192038Faltaba en la lista una novela negra, o al menos, una narración tan negra como Observada, de R. Knight. Los secretos de unos suponen la fuente de poder de otros. Una noche, una mujer encuentra un libro sobre su mesita de noche. Alguien lo ha depositado allí: alguien que conoce el secreto más terrible, mejor guardado, de su existencia. Algo ocurrió años atrás, en España. Quién lo sabe la ha observado en la distancia durante mucho tiempo. La podéis adquirir en Salamandra. http://salamandra.info/libro/observada

 

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Y  finalizamos con otra novela negra pero de un tinte negro muy distinto a la anterior: el escritor Juan Bolea retoma a su personaje de cabecera, Martina, desde otro ángulo, el de un detective un poco Sancho Panza, muy humano, algo tristón, demasiado humano, de origen armenio y llamado Falomir, que debe indagar en los misterios divinos: en concreto, la desaparición de una talla mariana. Desde luego, la cosa no queda ahí, y mientras existan seres humano dispuestos a creer, se darán apariciones, misterios y estafas relacionadas con la religión. Ágil, divertida, terrible y lúcida, es, para mí, la mejor novela de Bolea hasta ahora.  El Síndrome de Jerusalén, por cierto, además del título de la novela, es un trastorno psíquico que afecta a turistas que viajan a Tierra Santa, que se creen, de pronto, personajes bíblicos. La editorial responsable es Ediciones B.

 

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Y hasta aquí llegan las recomendaciones de este mes: disfrutadlas. Yo ya lo he hecho.

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Estampados e historia

OLYMPUS DIGITAL CAMERAConozco algunas mujeres que no guardan una sola prenda estampada en su armario y que, por lo tanto, se horrorizarían al ver el mío: quizás se horrorizaran de todas maneras. Me fascinan las telas estampadas, y la estampación en telas, que son dos cosas distintas, y se debe, como casi todo en mi vida, a mi pernicioso gusto por la lectura. No se puede leer “El traje nuevo del emperador”, “Viento del Este, viento del Oeste”, “Madame Bovary”, “Fortunata y Jacinta” o la Biblia, o “La española inglesa”, de Cervantes, y luego pretender que a la niña no se le llene la cabeza de tejidos, ropajes y estampados. El frufrú de la seda, la frescura del lino, la tornasolada belleza del brocado las adiviné antes de saber realmente qué era. Recuerdo cómo le pregunté a mi madre, mientras leía “Las aventuras de Huckleberry Finn” lo que era el calicó y cómo me desilusioné cuando me señaló la tela del sofá.
Los estampados eran legendarios, carísimos, extraordinarios, porque en un inicio los creaba la trama y los distintos hilos, y la técnica requerida para ello  requería dinero y habilidad. Las telas pobres se teñían, sin más. Y con tintes vegetales, baratos. Los estampados procedían de Oriente, más concretamente, de la India, y se importaron en masa a Europa a partir del s. XVII. Con planchas de madera, primero y luego con rodillos de metal, se imprimía sobre percal de algodón: hicieron furor, no solo para vestirse, sino también para decorar la casa. Hasta el punto que se puede aseverar que la moda, tal y como la conocemos, comienza con los estampados. Como era un material barato, se podía cambiar fácilmente, cuando se aburrían del diseño; y los fabricantes se dieron prisa en producir modelos nuevos que aceleraran ese aburrimiento y el deseo de adquirir otros.

He tomado como base para dos cambios un vestido muy sencillo de Zara con un estampado floral sobre fondo negro. En su momento, hubiera sido un modelo caro, porque resultaba más sencillo emplear un fondo blanco, y con menos tintas que las de estas flores verdes, rojas, marrones, beige, azules…

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn el primer cambio me muevo sobre seguro: los zapatos son de Salvador Bachiller, la pamela de fieltro beige de Klase, y el toque extravagante lo brinda el bolso de los años 40, de piel, que se lleva en la mano con una trabilla oculta, que ofrece la ilusión óptica de que se suspende en el aire. Si la pamela os molesta, podemos prescindir de ella, aunque es una pena no aprovechar esta moda pasajera de sombreros y tocados para colocarse lo que sea en la cabeza: no sabemos lo que durará.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl segundo cambio comparte el vestido, y el collar verde de malaquita del primero, pero los zapatos son unos peep toes de charol de Paco Gil, más altos y sexys, y ya lanzada al más es más, le he añadido un bolso de estampado de leopardo de G&S, un brazalete con el mismo motivo, y dos pendientes de pasta de HM. Mi excusa es que tanto el bolso, como los pendientes comparten tono exacto con las flores del vestido. En los dos casos la manicura es de OPI.

Y otro día os contaré mi teoría acerca de los lisos de fondo de armario, y los estampados de armario superficial…

Pasapalabra (1ª parte)

1 ¿Alguna vez os habéis imaginado en el plató de Pasapalabra, con el tiempo en contra, las definiciones de Christian Gálvez a toda velocidad y un abecedario circular en torno a vuestra cabeza? Os aseguro que tiene poco en común con la tranquilidad con la que se compite desde casa, superponiendo tu voz a la del concursante, y con una mantita sobre las rodillas. En realidad, los invitados nos jugamos muy poco: solo podemos aspirar a que nuestros aciertos sumen unos preciosos segundos de tiempo que permitan que las cifras mareantes del premio queden un poco más al alcance de los concursantes.
Con motivo del Día del Libro Pasapalabra nos invitó a Màxim Huerta, Paloma Gómez Borrero, Eduardo Mendicutti y a mí misma a tres jornadas en las que tendría lugar un homenaje a la Biblioteca Nacional, y al Quijote. Acepté encantada, porque mi experiencia en otros programas fue divertidísima, y porque reconozco que mi vena competitiva aflora sin remedio, y regreso a mi infancia. Literalmente, me vuelvo una niña.

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Para este primer día escogí un vestido de raso de Triana by C, en verde militar, con una preciosa franja en la cintura de brocado plateado, que quizás no se apreciara demasiado en la pantalla, pero que podéis ver en las fotografías. Para continuar con la misma gama, me puse unos salones plata de Paco Gil, con pulsera al tobillo, un anillo de plata ahumada de Dimitriades, un brazalete con estrellas en lugar de eslabones (no soy supersticiosa, pero un poco de suerte no venía mal) y unos pendientes irregulares de Parfois. El bolso de pitón gris fue un regalo de mi madre, y está personalizado.
Primer día superado…