El tiempo (no) huye

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El tiempo huye, decían los antiguos, y lo recordaban en los relojes de arena, en los de sol, en las clepsidras, en todo lo que entonces permitía medir el tiempo. Recoge las rosas, niña, mientras puedas, que pronto llegará el invierno. Carpe Diem. Aprovecha el día.

Esta sociedad obsesionada con la productividad y con transformar el tiempo en algo provechoso reinterpreta a su manera estos mensajes, que, por otro lado, se dirigían a los nobles, y a aquellos para los que el ocio era posible: desde luego, no se les inculcaba a las mujeres, que recibían el mensaje de que la mujer honrada, la bíblica mujer fuerte, debía estar dedicada a labores prácticas desde la mañana a la noche.

Los romanos de clases acomodadas, tras haber finalizado su carrera profesional, o cursus honorum, fantaseaban con una jubilación idílica en el campo, donde cada momento estaría dedicado al estudio, al disfrute de las cosas simples. Ese anhelo de sencillez de los ricos puede verse en el Hameu que María Antonieta ordenó construir en su palacia a imagen y semejanza de una aldea normanda que vio en un cuadro de Hubert Robert. Allí, de espaldas al lujo y el protocolo, la reina jugaba a hacer queso y a sentirse libre.

Los momentos de placer de lo simple, la contemplación de lo cotidiano, no han sido una conquista fácil: para las clases más humildes quedaban descartados por los imperativos sociales y religiosos. La observación del clima, del campo, otorgaba una sabiduría natural que ahora añoramos, al mismo tiempo que olvidamos la extrema dureza de las tareas agrícolas, o ganaderas. Las ciudades y las fábricas dejaban poco tiempo para la pereza. Los ricos, a su vez, obedecían más a la necesidad de entretenerse y hacer algo con su tiempo que a la de disfrutar de su ocio. El vacío del no-tiempo nos ha absorbido con una enorme potencia, como un agujero negro que necesitara siempre alimento.

Seguimos con la necesidad pendiente de la apreciación del momento. Ansiamos vacaciones, nos despierta una envidia feroz quien las tiene. Las críticas hacia quienes parecen vivir en perpetuo verano hablan de un resentimiento muy antiguo, de ignorancia e inquina. Creemos que podríamos aprovechar mejor ese privilegio que el de al lado.  Y, sin embargo, al contar con tiempo libre los ancianos se sentaban en un banco a verlo pasar. A gastarlo, ahora que lo tenían.

La arena que se escapa entre los dedos, el viento que mueve las telas. El cielo que cambia sin cesar, el sol en la piel. Quien no aproveche esos momentos merece una amarga condena. Quien no aproveche otros menos evidentes, pero igualmente hermosos, está perdiendo algo más que el tiempo. Está perdiendo la vida.

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La falda tableada de gasa, azul Klein, es de Mango. Parece que continuará siendo una tendencia para el otoño en tejidos más gruesos. Ojo, que tienen a achatar y a ampliar la figura, y no siempre favorece. Cuanto más larga, más estiliza. La combiné con una camisa blanca masculina. Si hubiera sido un look más formal, hubiera escogido una blusa entallada, más adecuada al volumen de la falda. El bikini pertenece a una marca que ya conocéis, Anita since 1886; el sujetador es el modelo Paulina, con flores azul klein sobre fondo blanco, y un ligero efecto push-up (que según la talla que uséis puede ser no tan ligero y convertirse en muy potente). Hay varias posibilidades para combinar la braguita, y aunque no se aprecia en las fotos, yo escogí esta.

Las gafas de sol, polarizadas y de un azul potente, son de Musthave, el modelo Ibiza Blue power.

Aunque no llevo maquillaje, siempre salgo con protección solar factor 50, (o pantalla total, si el sol es muy intenso) en este caso, y debido a la arena, con la gama de Biotherm con efecto no pegajoso, tanto para cuerpo como para rostro. Proteged siempre, siempre , vuestra piel.

Y aunque en mitad de las dunas de Maspalomas, Gran Canaria, donde fueron tomadas estas fotos, era un suicidio usarlas, ese día llevaba unas sandalias de ante de tacón grueso maravillosas, de Mango. Ahora además están rebajadas.

Y para finalizar, un sombrero canotier. Creo que sigue siendo uno de los modelos que más me favorece, más alto o más bajo, con ala más o menos corta. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez, con MyPen Camera.

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Hablemos de sexo y poesía: VerSex

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Habrá quien diga que lo más complicado para un  escritor es hablar de emociones reales, y abrirse de la manera más sincera y abierta a sus lectores: y que otros temas, Como el sexo, no dejan de ser cuestiones físicas y superficiales. Desde que recuerdo, nunca he evitado los temas que incluyeran una revelación sincera. Pero, ser pecado en absoluto Una mojigata, no habia abordado de manera explícita el sexo en mi literatura, quizás saturada y aburrida de lo explícito en otros formatos. El cine,  la publicidad, Internet, la televisión, la música, la moda, las redes sociales, la calle rebosa sexo y rechazo al mismo.

Hace unos meses Fernando Marías y Raquel Lanseros me pidieron Que escribiera sobre ello, y no de cualquier manera: me pidieron poesía, género en el que no me he prodigado demasiado, (quizas algún día cuente por qué, pero no será hoy). Por añadidura, el proyecto incluía recitar en un escenario, y, precisamente, eso me animó a formar parte de él. Se llamaría VerSex, VERSoEXplícito, y me permitía ESA faceta de escenario que he desarrollado desde que era niña y que no siempre es compatible con formatos más estáticos, como las conferencias o los encuentros.

Quien me conoce sabe que busco y me crezco sobre un escenario. Aunque esa llamada se inició antes, En algún momento de la infancia, mis estudios de canto lo fomentaron y desarrollaron: interpretar un papel nos obligaba a aprender ciertas habilidades de actriz. Eso no implica que lo haga bien, sino que lo reconozco como un territorio natural, una manera de comunicación inmediata, directa y que provoca Una catarsis casi adictiva.

El reto, en esta ocasión, se encontraba en los compañeros de función: el 12 de enero de 2016, en el Teatro Alfil, participaban, además de mis dos anfitriones, Ana Merino, Carlos Salem, Luis Eduardo Aute. Grandes voces, sin la menor timidez ni sonrojo para hablar de sexo, y poemas que despertaron risas, ternura, inquietud, ligera incomodidad, y a saber qué otras emociones secretas. En fin; no se desnuda siempre quien se desviste. Completamente vestidos, nos entregamos desnudos un ansioso público en una cama extraña e invisible.Versex-014

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Como esa misma semana impartía clases a mis alumnos del IED  Moda Lab Madrid , entre ellos, algunos futuros  figurinistas, confié en su criterio para mi vestuario y parte de los movimientos de escena. Seguí a rajatabla sus consejos, y para mi dramatización me hice con una camisa masculina blanca, de Massimo Dutti, y una cazadora de cuero negra, de Zara. Para contrastar con la imagen masculina, llevaba unas medias con costura de Calzedonia, pantalones cortos de raso de HM. Los zapatos de tacón eran el modelo “Viuda”, de Sacha London, inspirados en mi cuento del mismo título. El resultado, fue recogido por el fotógrafo Javier Jimeno, es el que podéis ver aquí … y quizás próximamente en otros escenarios.