“El chico de la flecha” en Madrid

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Faltaba que El chico de la flecha se presentara oficialmente en Madrid: de entre las muchas librerías con un espacio reservado para la literatura infantil y juvenil  Librería Lé fue la escogida, y el día 21 de enero nos reunimos lectores, alumnos, amigos, niños y mayores, para charlar un rato sobre historia, sobre la Hispania Romana, sobre los jóvenes y nuestra responsabilidad hacia ellos.

Conté, por ejemplo, cómo había surgido la idea de escribir esta historia: un fin de semana con mi amiga de la infancia, Valentina, que estaba presente y no podía contener la risa cuando recordaba las anécdotas que vivimos en el colegio, cuando ya torturaba a mis compañeras con obras de teatro, cuentos y ocurrencias. Hablamos de los niños y sus preocupaciones, y de una de las más acuciantes de los padres: que los niños desarrollen el amor por la lectura. De la pasión común que mi editor Pablo y yo sentimos por la antigua Roma y por su legado. Y, en definitiva, de todo aquello que nos une y que deseríamos que nos uniera a quienes queremos.

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Para esta presentación llevé mi abrigo blanco de Promod, con botines de terciopelo negro de Mango, y un bolso reversible (mostaza y de estampado animal ) de Gloria Ortiz. El top de tartan blanco y negro es de Chip Up. Los pendientes con turquesas, de Luxenter, fueron un regalo de María, la bibliotecaria y profesora de historia del IES García Bernalt. El brazalete, de jaspe, lleva la firma de Nockt, y la sortija de oro y zafiro es casi tan antigua como mi amistad con Valentina: fue un regalo de mi comunión. Por último, las gafas son de Musthave.

Las fotos son responsabilidad de Nika Jiménez.

 

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Viaje por Irlanda (VI) Dingle y el Oratorio de Gallarus

20160911_182244El condado de Kerry fue mi siguiente destino, tras las impresionantes cumbres muy borrascosas de Moher (podéis leer sobre ello aquí).

El Parknasilla Resort es un hotel ligeramente distinto a los anteriores: no porque fuera hermoso, tuviera un spa u ofreciera espacios para el golf, sino porque su situación en una pequeña península ofrecía la posibilidad de varias rutas entre la costa y los bosques, incluso por una diminuta isla privada. Rodeado de vegetación exuberante, hortensias de colores intensos y guijarros pulidos, con una sala dedicada únicamente al silencio y galerías con libros a disposición de los huéspedes, albergaba tambien a familias con niños, a los que proponen planes propios.

20160911_182313Me encontraba muy cerca de la Península de Dingle donde se rodó, entre otras, La Hija de Ryan. Si algo había descubierto en este viaje con Pangea era que yo sabía cuándo abandonaba el hotel, pero no cuando regresaba: ni si necesitaba meter las botas de agua o las gafas de sol. Por lo tanto, de cada cambio de ropa hice dos versiones. Una más formal y otra más versátil.

Por ejemplo, la misma camisa blanca y la falda de tul gris de Zara podía llevarla durante el día con alpargatas de cuña, un cinturón trenzado y pendientes de plata noruega.  Pero podía darle un giro rápido con un obi artesano, pendientes de hojas con cristales, un bolso de raso Vasari y unas mules doradas. Como el día amaneció radiante, me arriesgué a llevar una biker de Mango de ante caramelo.

20160911_175630-01Los desayunos se estaban convirtiendo en la mejor parte del día. En el caso del Parknasilla, no perdoné los frutos rojos y la bollería ninguno de los días, mientras disfrutaba del servicio de plata y las cambiantes vistas del comedor acristalado.

20160911_174950Dediqué la mañana a pasear por las rutas que rodeaban el Parknasilla: una de ellas bordeaba el mar, atravesaba una turbera, y se adentraba en la islita vecina, donde los árboles crecían y se derrumbaban con entusiasmo. A veces tenía la sensación de haber vuelto a los años en los que eran niña, y subía al monte con mi padre; el liquen sobre las piedras, los helechos, los crujidos de los troncos en las alturas, las ardillas sin miedo alguno eran los mismos. El territorio de mi novela Irlanda, o de Nos espera la noche se gestó en paseos parecidos.

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20160911_174007Con desayunos de esas características, la comida del mediodía debía, por fuerza, ser frugal: pero al menos para un sandwich había que detenerse en Sneem, uno de los pueblos más bonitos y cuidados de Irlanda. Aunque solo fuera por sentarse en una casa de paredes malvas.

20160911_174120La península de Dingle ha sido considerada uno de los lugares más hermosos de la tierra: además, por su posición, se creyó que era uno de los fines del mundo: como Finisterre, como Land’s End, en Cornualles.  Si se cruzaba ese confín, no se regresaba ya. Más allá había monstruos, y se defendían de los humanos con vientos huracanados, con olas gigantescas y grandes peces de formas extrañas.

La niebla y la bruma, y sobre todo, el viento constante, convierten esa zona en un lugar indómito, de una belleza en moviento continuo. No se deja conquistar, no sabe de serenidad. Invita a domarlo y no a comprenderlo. A aceptar que hay fuerzas y misterios más allá del poder humano.

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9-4Y, sin embargo, solo unos pocos kilómetros más allá se alza uno de los lugares sagrados con más historia y que transmite más paz de toda Irlanda; el Oratorio de Gallarus, una edificación misteriosa, que algunos consideran del siglo VI y otros del XII; , además de un lugar de culto casi ininterrumpido durante siglos, muestra una construcción  paleocristiana fascinante.

Hay que pagar un pequeña entrada para acceder, y entre los muros de piedra y los enormes macizos de pendientes de la reina, posado al pie de una ladera, de pronto, se alza el Oratorio.

20160911_181420-01Tenía que dedicarle un poco de atención a las vacas de la zona: de un precioso color dorado, y una calma proverbial, se encontraban en los alrededores del Oratorio, y contemplaban con curiosidad a los humanos que por allí pasaban. Con tanta curiosidad que estoy convencida de que después, en bovino, cotilleaban sobre nosotros.

-Qué birria de turistas nos han llegado hoy.

-Ya te digo. Donde esté un buen grupo de japoneses…

-¿Y esa que venía con la cazadora de ante? ¿Qué se quería hacer pasar, por una de nosotras?

-Tengo una prima en Moher que me dijo no sé qué de una turista que se dedicó a escalar el acantilado por su cuenta.

-Es que van como locos.

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9-2El Oratorio, que tiene forma de quilla de barco, se construyó siguiendo una técnica casi megalítica: al parecer, tiene un poquito de argamasa en el interior, quizás posterior, pero el encaje de la piedra exterior, suave y uniforme, es misterioso y de una resistencia extrema. Cada uno de los paisajes de esta etapa transmitía una energía propia, inconfundible: y esta zona transmitía la  serena sacralidad de un lugar donde se ha rendido culto a algo invisible durante mucho tiempo. Algo sutil, pero inconfundible. Fuera, la belleza, la calma, la silueta de piedras.

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9-3Dentro, el misterio.

17-1Podéis acompañarme a la etapa siguiente aquí.

Viaje a Irlanda (III). Abadías y bruma

20160823_005648Si en las anteriores entradas os hablaba de Dublín, y de Galway, y de las áreas bajo la influencias de estas dos ciudades, a partir de ahora nos moveremos en una Irlanda mucho más rural, y de paisajes de una intensa belleza. Irlanda, como algunos otros territorios que han sido cantados, descritos y reflejados por infinidad de artistas a lo largo de los siglos, no se descubre: se confirma. Recorremos tierras que hemos  visto ya, con las que ya hemos soñado. Y Connemara, la región que describiré hoy, resulta particularmente propicia a ello.

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El look del día, que hace un guiño cromático al que Maureen O’Hara luce en algunas de las escenas de El hombre tranquilo, tuvo en cuenta la absoluta irresponsabilidad y volubilidad del clima en la zona, que si bien nos deja cielos espectaculares, es capaz de alternar chubascos, sol, bruma, aguacero y sol de nuevo en diez minutos. Una camisa azul de crêpe y una falda tableada, tendencia este otoño, de encaje granate, ambas de Zara. El bolso, con una plancha tallada, es de Chie Mihara, una japonesa afincada en Elda; un colgante de cristal de roca. Me hacía falta una máscara de pestañas resistente al agua, como Grandiôse de Lancôme, y poco más.

Sí, algo más; de la marca de maquillaje Deciem, he descubierto un producto que me resultó muy útil para las fotografías, sobre todo para las realizadas con poca luz. Se llama Hylamide Photography Foundation, y se aplica en solitario o bajo la base de maquillaje. Está pensado para mejorar las imperfecciones de la piel cuando es fotografiada, y funciona: hay varios cosméticos similares, pero éste, en particular, me ha dejado sorprendida. Por lo tanto, muy recomendable para días de bodas, celebraciones o fiestas familiares en las que sabemos de antemano que nos sacarán infinidad de fotografías, si tenéis un blog o si os encantan las fotos y quedar bien en ellas.

El libro de esa etapa fue el conjunto de relatos Al borde del camino, de S. O’Kelly. De una tristeza infinita, profundamente irlandeses, y muy hermosos.

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IMG_20160823_005215Algo muy característico de este viaje fue la extraordinaria riqueza de colorido en las fachadas, los postigos y las contraventanas de las casas recuperadas y los nuevos establecimientos. Todos los colores parecían adecuados para una puerta o una casa entera: rosa, violeta, naranja, aguamarina… Los comercios y los pubs rivalizaban en parterres y jardineras con flores exuberantes: lobelias, petunias, hiedra, geranios…

Los interiores varían menos en materiales: moqueta casi generalizada, frisos de madera, papel pintado. Hoteles, restaurantes, cafeterías y pubs cuentan con wifi gratuito (y en funcionamiento).

Uno de los lugares de visita obligada en esta zona, pese al turismo y sus males, es la Abadía de Kylemore.  No solo la belleza del castillo forma ya parte de la leyenda: su historia se abre paso en la imaginación para convertirla en inolvidable, como el Taj Mahal, o Neuschwanstein, el castillo de Ludwig de Baviera.

La Abadía fue, durante siglos, un paraje deshabitado, un coto con un refugio de caza; el Kylemore Lodge. Sin embargo, a mediados del siglo pasado, una pareja de multimillonarios de Manchester visitaron la zona. Se encontraban de luna de miel, se llamaban Mitchell y Margareth Henry, su familia se había enriquecido con el algodón, y a ella le entusiasmó Connemara. Tanto fue así que cuando Mitchell heredó algo de dinero (más), él cumplió la promesa que tantos recién casados hacen, un tanto impulsivamente, al casarse: te trataré como a una reina.

Y un castillo contruyó: con una estética de cuento de hadas, salones de ensueño, y todos los avances tecnológicos de la época, que en 1870 comenzaban a ser notables. Una de las obsesiones de los Henry era el autoabastecimiento, tanto de energía como de alimentos. La otra, los jardines. El jardín victoriano de Kylemore superó en tamaño a cualquiera de los otros del país. Y la última, y más loable, los Henry se encontraban política y personalmente involucrados con la mejora de la situación de las clases más pobres, que en Irlanda, como en toda Europa, abundaban.

Los testimonios dicen que se amaban entrañablemente, y que, a su vez, recibían una considerable cantidad de cariño, porque eran generosos y se preocuparon porque sus trabajadores recibieran un jornal digno, construyeron una escuela, mejoraron sus viviendas, y las dotaron de infraestructuras desconocidas en el país. Trescientas personas de la zona trabajaban para la enorme finca, en la que además de los Henry, vivían los nueve niños que fueron naciendo.

Entonces, Margareth murió. Regresó enferma de un viaje por Egipto con fiebres, y no pudo superarlo. Tenía 45 años. Su marido, desolado, no soportó permanecer en un lugar en el que habían sido felices. Erigió una preciosa iglesia neogótica, llena de alusiones a la alegría y la calma, y se alejó del castillo encantado hasta que murió, en 1903, y sus cenizas regresaron a Kylemore, para reposar junto a su esposa.

Antes de morir, vendió su castillo a los duques de Manchester, que, como correspondía a su estado y posición, no incurrieron en la vulgaridad de apreciarlo, se arruinaron, y acabaron jugándoselo a las cartas. Lo perdieron, claro.

Y de comprador en comprador, llegó en 1920 a las manos de unas monjas belgas, benedictinas, que habían huido de su país. Su abadía en Ypres había quedado reducida a polvo por los bombardeos alemanas, e Irlanda, que era un país católico y que simpatizaba con los martirizados belgas, parecía un lugar idóneo para fundar un colegio y vivir en paz. Reconstruyeron el castillo y sus alrededores, y lo convirtieron en un internado para niñas de la nobleza y las fortunas internacionales. Anjelica Houston, por ejemplo, estudió aquí. (Este es el momento en el que la imaginación de una niña de los 70 se desboca: cuando daño hizo Candy Candy).

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De un castillo de cuento, a un paisaje encantado. Nos encontramos en mitad del Parque Natural de Connemara, un vasto escenario natural que abarca algunas de las vistas más inolvidables del país, algunas colinas notables, como la Diamond Hill, y los lagos y el fiordo Killary. Las ciéganas, los páramos, los terrenos de turba que se emplearon durante siglo como combustible. Los pájaros que cruzan el cielo cambiante, las ovejas que salpican de blanco algunas laderas. Nada de lo que respira ahora calma y recogimiento nos permiten sospechar que esta ha sido una región que ha padecido un hambre feroz, un empobrecimiento crónico.

La hambruna más grave, cuyos ecos aún resuenan en el inconsciente colectivo irlandés, es la que mató a dos millones de personas entre 1845 y 1849. Otros dos millones huyeron del hambre y la miseria, como pudieron, muchos a Estados Unidos, a Canadá, a Sudamérica. Donde pudieron o les dejaron. Inglaterra no les aceptaba, temerosa de una revolución si el número de irlandeses aumentaba en sus calles. Otros reducen las cifras a la mitad, pero nadie niega el impacto brutal que ocasionó. Las crónicas del hambre estremecen incluso ahora: pueblos fantasmas donde no quedó nadie para enterrar a los muertos, casos de canibalismo, cadáveres con la boca verde por la hierba que ingerían. Mujeres  y niños esqueléticos que deambulaban como podían, hasta caer muertos en los caminos.

Las razones de la Gran Hambruna fueron tan previsibles e injustas como las de otras que han dejado cifras atroces en el siglo XX, en otros continentes. Desde la época de Cromwell, la gran mayoría de las tierras se encontraban en manos inglesas. Los irlandeses, jornaleros o aparceros de los ingleses, poseían o alquilaban pequeñas parcelitas para su subsistencia, en la que plantaban, sobre todo, patatas, alguna col, nabos. El cultivo de las grandes fincas se dedicaba a cereales para la exportación. En los años de la Gran Hambruna se importó, involuntariamente una plaga, el mildiú de la patata. El enemigo se llamaba Phytophthora infestans, un hongo que pudría el tubérculo en la tierra, o lo que era peor, cuando se había almacenado ya y se creía que el peligro había sido conjurado. Lo que fue una epidemia que puso en aprietos a los campesinos de otros países se convirtió en tragedia en Irlanda: no tenían nada más para comer.

El trigo continuó exportándose sin problemas, pero los irlandeses no lo poseían ni tenían acceso a él. La indiferencia general de los dirigentes ingleses, cuando no la acusación velada de que se merecían la plaga puede explicarse por el hecho de que muchos de los que se enriquecían con el trigo irlandés nunca pisaron la isla, ni la veían más que como una inmensa hacienda. No existía ningún vínculo emocional ni con el territorio, ni con los habitantes, celtas, católicos y despreciados.

Es decir, una historia de intereses creados, y de injusticias sangrantes que se ha repetido hasta la saciedad. En el caso de Irlanda, marcó un antes y un después. Los caminos de Connemara, que vieron como sus jóvenes alcanzaban como podían Clifden, o Galway, para embarcarse y salvarse de la muerte, acogen ahora a turistas silenciosos, o a los descendientes de esos emigrantes que nunca olvidaron sus orígenes y cantaron la Isla Esmeralda, sus condados y sus ciénagas inabarcables.

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IMG_20160823_004244El viaje continúa aquí.

 

Magia en una Chistera

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El primer sombrero que me hizo feliz fue una pamela de paja que me regalaron cuando tenía 12 años. Hasta entonces hubo otros, sombreros que defendían del sol, otros de lana, o de terciopelo, más gorros, en realidad, que sombreros. Aquella pamela era una declaración de intenciones: aún la conservo y algunos veranos me la pongo. No he crecido demasiado en los últimos treinta años, o al menos mi cabeza mantiene el mismo tamaño.

Escarlata O´Hara, una gran aficionada a los sombreros, dice en un momento dado, en el aserradero, que su cabeza no puede retener nada relevante cuando estrena sombrero. A mí me ocurre al contrario; un sombrero me llena de historias, de argumentos que se escapan en todas las direcciones. Aquello que sin sombrero puede parecer una locura se convierte en realidad cuando me lo pongo.

Cuando abrí la sombrerera verde en la que venía mi preciosa chistera de La isla de los secretos aparecieron varias mariposas de papel y unas flores de hortensia preservadas. La chistera está guarnecida por una cinta de terciopelo azul agua, y delicadas flores de gasa rosas, amarillas y blancas.

La chistera lleva amarrada una mañana de verano, y una fiesta. Quizás una boda en el campo, informal, alegre; un reencuentro. La mujer del sombrero aún no lo sabe. Ha llegado tarde, no ha hablado con la novia, puede que una prima, que se encuentra, como es lógico, con la cabeza en sus propios asuntos. Se ha dirigido directamente al convite, se perdió la ceremonia, el arroz arrojado con saña contra los novios, y las inacabables felicitaciones posteriores.

Sopla un poco de viento, el suficiente como para preguntarse si habrá hecho mal al no fijarse la chistera con alfileres; hay peonías rosadas y hortensias tornasoladas en las mesas, y amigos del novio al que, ya a esas alturas de la mañana, resulta evidente que habrá que evitar.

Entonces le ve. Es tarde para escaparse: apenas le da tiempo a volverse de espaldas y tomar aire, mientras un camarero le tiende una copa de las bandejas que flotan entre los invitados. Es él, no hay duda, y ha venido, cómo no, acompañado, y toda la sangre se le agolpa en los ojos, y no le deja pensar con claridad. Se le ladea el sombrero, los tirantes oscilan con el viento.

Pero la decisión está tomada ya cuando endereza la chistera sobre la frente; esta vez no se escabullirá como una niña pequeña. Respira hondo, y se dirige a él, entre el lento oleaje de las bandejas con bebidas.

-Hola, nena -le dice él, sorprendido, cuando la ve aparecer de improviso-. No sabía que estuvieras invitada. Ha pasado mucho tiempo.

-Hola, papá -contesta ella. Y el sombrero tiembla y se ladea de nuevo.

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Para que el protagonismo de la chistera fuera total, la acompañé con un vestido color vainilla, un vintage de crêpe con tirantes que se anudan en los hombros  y un delicado bordado floral en el escote. El collar con una libélula es de Verdeagua, y el clutch de paja, con un festón de caracolas y perlas, de Ailanto.

Las fotos fueron tomadas en La Rábida. Hacía sol y soplaba un poco de viento.

 

No es la vida, es la luz

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A menudo me encuentro con personas que atraviesan un mal momento y que tienen la generosidad de contármelo. Hace unos años me hablaban de trastornos de la alimentación, y todo el infierno que conllevaba. Ahora, desde que saben que superé una depresión al bordear los cuarenta, de la antigua enfermedad de la melancolía, de la tristeza, de cómo se lucha o se puede batallar contra un cerebro enfermo y que ha olvidado pensar bien.

No hay trucos, no hay atajos. La recuperación nos saca de un lugar muy oscuro, muy siniestro, pero no sin esfuerzo: yo conté con medicación, con terapia. No lo hubiera logrado sin ellas. Y sin mi decidida voluntad de no quedarme allí. Mi vida tuvo que cambiar por completo, mi manera de pensar y enfrentarme a los problemas está también experimentando transformaciones. Una mayor ligereza, una mejor organización. Menos dependencia de la mirada ajena, una gran disciplina de horarios y de objetivos. Decir lo que pienso, pero pensar mucho lo que digo.

Aunque resulte difícil comprenderlo a quienes no han padecido una enfermedad mental, uno no enferma porque lo desee: pero no se abandona la enfermedad sin el deseo de abandonarla. Ni se mantiene lejos de ella sin un cuidado que ha de ser tan constante y tan normalizado como la buena dieta, el ejercicio, o el resto de los hábitos que nos mantienen sanos. En el caso de la enfermedad mental, sirven como buenos aliados  la serenidad, el humor, la búsqueda de la belleza en lo que nos rodea, el cultivo de nuevas aficiones de las que no se espere mucho.

Para mí resulta esencial, y creo que ya lo será siempre, el ratito pequeño de paseo y de desconexión. Arreglarme un poco (a quienes trabajamos con frecuencia en casa se nos olvida), y salir a mirar qué hay ahí fuera, fuera de mi cabeza, quiero decir, de mi a veces demasiado intenso, demasiado incontrolable fluir de pensamientos. No es agradable ser así. Intento que no me haga daño, y sustituirlo por pensar con mesura. Esa frase tan sencilla  y tan imposible de cumplir de no pensar demasiado; porque si me dejo llevar por esa cadena de pensamientos sin tregua la vida se agrava y se complica, los problemas sofocan la mirada, la existencia se convierte en insoportable.

Un paseo, un rato para observar qué hay por ahí de dulce, de bello, de impresionante. Lo hecho por el hombre o por la naturaleza. Un gesto entre humanos, un aleteo de una paloma, un escaparate o un coche bonito. La gasolina disuelta en agua y convertida en arco iris en el suelo. Una pared pintada, un grito o un poco de viento.

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Me sacaron estas fotos en el Palacio de Congresos de Valencia, el día siguiente de ser madrina en la VIU. Las horas posteriores a una gran alegría suelen conllevar un cierto vacío, un hueco que hay que completar con cualquier otras cosa leve y cotidiana que nos confirme que no siempre se puede vivir en lo alto de una ola de espuma y nada. Salí a dar un paseo, me encontré con niños, con unos perritos mimosos. La fuente y la luz invitaban a la sonrisa y a la calma. Estrené unos shorts de encaje de Mango, un top de manga corta de rayas de HM. Me puse mis sandalias bicolores de Paco Gil, y una cartera de Gucci. Una pulsera dorada de LaOneta.

Blanco y negro, el binomio de la vida, la realidad y la ficción. Sólo fue un paseo, un ratito. Tocaba de nuevo regresar a Madrid, al trabajo menos vistoso y a los contratiempos diarios. Reforzada, con un momento curativo como aliado. No hay tampoco otros trucos, ya lo he dicho. Vivir, mirar, respirar hondo, detenerse en algún detalle bonito. Y continuar caminando.

Antes de ser madrina de la graduación VIU 2016

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Cuando imparto los cursos de oratoria, o los que tratan el tema de hablar en público me encuentro con que la mayor parte de los alumnos se preocupan únicamente del momento en el que salen a hablar ante una audiencia. Mi gran reto es que planifiquen cada una de las intervenciones, y más aún si se trata de un acto importante para ellos, como una sucesión de pasos, y que no pierdan de vista que hablar en público es el resultado final de un proceso que tienen que controlar desde mucho antes.

Estos pasos resultan particularmente importantes si se es tímido, o si existe un historial de pánico antes de salir a escena. Una de las lecciones que extraje cuando cantaba es que nada debe ser dejado a la improvisación, ni siquiera la improvisación. Un buen profesional, en el área que sea, comete un error si menosprecia la importancia de la puesta en escena. Quizás eso rompa creencias un tanto infantiles o idealizadas sobre la naturalidad y la espontaneidad: los mejores artistas que he conocido eran cuidadosos con los pasos previos, precisamente porque eso les permitía dedicar su energía a su aparición en público y no a lo que podía salir mal.

El acto que culminó con mi discurso como madrina de la Graduación de la VIU (Universidad Internacional de Valencia) 2016 había comenzado a prepararse con mucha antelación por sus organizadores, y requería también de atención previa por mi parte: todo discurso debe de tener en cuenta la ocasión y el público al que es dirigido, pero también en qué orden se interviene, y qué tratarán los anteriores y posteriores compañeros. Imprescindible conocer la duración, y atenerse a ella, o si es posible, quedarse un poco corta. Yo recomiendo también informarse sobre dónde se lleva a cabo y si se emitirá, como cada vez es más frecuente, en streaming, o a través de pantallas simultáneas. Intento no leer jamás mi discurso, pero en particular, en este último caso. Se pierde el contacto visual y la imagen multiplica ese efecto.

Si la apariencia y la indumentaria han sido siempre importantes, en particular en el caso de las mujeres, sobre las que recaen unas expectativas mayores y unas normas de protocolo más complejas, en los últimos años se ha agudizado esa percepción. Mi recomendación es la de un conjunto que haga que la persona se sienta cómoda y adecuada; hay quien interpretará eso como un traje gris, o quien preferirá un vestido rojo. Es importante evaluar y valorar el papel que se desempeña: no es lo mismo ser la madrina, en este caso, que la Rectora de la universidad, o alguien que se gradúe: en algunas situaciones, la discreción es lo adecuado. En otros, se espera de nosotros que brillemos o que seamos el centro de atención.

En este caso elegí un vestido de Adolfo Domínguez, en color nude, de mikado de seda, falda de vuelo con bolsillos, y con un falso escote palabra de honor completado con un cuello redondo de tul: el resto de los complementos eran muy sencillos, unas sandalias poco narrativas, pendientes y un bolso vintage que destacaba por contraste. Yo intento siempre hacer un guiño al color corporativo o al tema del evento, y en este caso, el bolso era del naranja del logo de la VIU.

Como paso previo pasé por Aveda, en Madrid, para darme un tratamiento que aportara brillo, y peinarme. En Valencia me esperaba Sandra Grau, la maquilladora, que me dejó impecable para la ocasión.

¿Merece la pena invertir el tiempo y el dinero que cuesta esta preparación? Cada uno debe valorar la importancia del evento, su papel en él, y su grado de exposición. Yo no lo hago en todas mis intervenciones, (la mayoría de las conferencias no requieren tanto cuidado), pero en otras considero que por respeto a quien me contrata, y por las circunstancias sería poco profesional no hacerlo. Habrá quien lo vea una pérdida de tiempo o una frivolidad.  Mi experiencia me dice que es algo que debe considerarse y como tal lo expongo.

Pese a la información  previa que se haya solicitado, me parece imprescindible comprobar el espacio en el que intervendré, dónde estaré situada, desde dónde hablaré y ver tanto la luz como la microfonía. Si debe o puede hacerse una prueba o ensayo previo, mejor. Nunca hay que menospreciar la importancia de la práctica, ni confiarse en que en el momento se podrán solventar determinados problemas. Bastante se tiene con la tensión, los nervios y la confusión. ¿Hay photocall, algo cada vez más frecuente? ¿Fotos de familia? ¿Antes, después del evento?

Por último, en el momento del discurso, ya poco resta, salvo hablar, disfrutar y transmitir la mayor sinceridad posible. El público detecta con rapidez si algo chirría o es falso. Cada uno de los pasos necesarios para que ese momento único sea un éxito se han dado ya. Se acaba un viaje que se inició mucho antes, y que finaliza en público, y en el que la clave del éxito radica en la preparación y el esmero previo.

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El acto de la Graduación de la VIU fue una fiesta preciosa e invadida por la emoción, un premio al esfuerzo y a una serie de valores que comparten los estudiantes, todos ellos adultos y muy conscientes de lo que les aporta la formación. Incluyó una presencia musical importante (es uno de los puntos fuertes de la Universidad) y unos discursos cargados de humor y de entusiasmo; y, qué puedo decir como madrina, fue emocionante y maravilloso encontrarme allí.

Cómo hacer la maleta perfecta para dos días

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Esta es una entrada que les había prometido a mis amigas desde hacía tiempo.  Pese a que a veces me dicen que me envidian por lo mucho que viajo, la mayor parte de mis desplazamientos no son muy envidiables: duran una o dos noches, por trabajo, y no suelen dejar tiempo ni para el turismo ni para el ocio.

Pero no importa: me gusta viajar, aunque sea a ratitos, y salir de la rutina.  He aprendido a hacer la maleta imprescindible a fuerza de experiencia y de normas de líneas aéreas (son muy restrictivas). El armario de ensueño debe quedarse en casa, los cosméticos se reducen a lo simbólico, y queda excluido lo delicado que requiera plancha o lavandería. Espero que esta guía para una maleta perfecta os sea de provecho. Lo cierto es que la mayor parte de los consejos que he leído sobre cómo empaquetar a mí no me resultan útiles, ni realistas. He confeccionado una tabla con todo lo que llevo en estos viajes de dos días, y la imprimo y completo cada vez. Así me aseguro de no olvidarme de nada.

Esta maleta está pensada para  una mujer, para el buen tiempo (ya haré alguna para el invierno), y para la posibilidad de volar (sin facturar).Si se viaja por tierra, el neceser puede ser más flexible. Vamos con la lista.

LOS SOSPECHOSOS HABITUALES

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Así llamo a los objetos cotidianos que siempre necesitaremos, y que más posibilidades tienen de ser olvidados y luego recordados con amargura.

Bolso (cuidado si volamos: algunas compañías restringen incluso los bolsos de mano e indican sus dimensiones máximas). Si es posible, grande, con asas para el hombro y cómodo. El mío es de Nambasté.

-Billetes- No aparecen en la foto. Copia impresa y digital.

Cartera– Con el DNI, una tarjeta de crédito, dinero en metálico, permiso de conducir, tarjeta sanitaria, tarjeta de descuento de viajes… La mía es de Misako.

Pasaporte– Si es necesario. Algunos países no lo admiten si va a caducar en menos de seis meses. Eso también se aplica al DNI.

Llaves.

Móvil– No aparece en la foto… porque saco la foto con él. Es un Samsung S6. Y su cargador.

-Cuaderno, boli y un libro. En este caso, de mi admirado Fernando Iwasaki. Tarjetero. Tengo la suerte de que me regalaran uno personalizado con un diseño del maestro Mingote. Un pendrive, en forma de llave, de Baume&Mercier.

-Un botiquín con medicación habitual, si se usa (dolor de cabeza, antihistamínicos, pastillas para la garganta, vitaminas, anticonceptivos, etc…), tiritas, Suavina para los labios, cepillo de dientes y un dentífrico en sobre, chicles o caramelos, kleenex

Gafas de sol polarizadas de MustHave. Foulard (tanto para el sol como para los aires acondicionados) de Adolfo Domínguez. Y un sombrero.

LO QUE NO CONTROLAN

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Me he acostumbrado a llevar en un neceser aparte lo relacionado con el aseo que no son líquidos, ni objetos punzantes: es decir, una pequeña bolsa que puede ir en la maleta y que incluya:

Cepillo y peine. Horquillas. Gomas para el pelo.

Lima de uñas. Pegatinas para uñas que me regaló Alma Cupcakes (puro amor).

Bastoncillos. Toallitas desmaquillantes en seco Olay.

Tampax. O alguna protección femenina. Nunca se sabe.

Preservativos. Es posible que haya quien no esté de acuerdo, pero somos adultos, un viaje cambia la perspectiva, las cosas pueden surgir, y la protección frente al sexo casual es imprescindible. O quizás viajas, precisamente, para pasar el fin de semana con tu pareja. O alguien de tu entorno liga y le haces un favor al prestárselos. Sea como sea, que sea de una marca de confianza, como Durex, y revisa la fecha de caducidad. Ten cabeza.

EL FAMOSO NECESER DE VUELO.

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En este knolling (foto de productos ordenados) podéis comprobar que es posible burlar las estrictas normas del mini neceser-bolsabirriaplástico para cosméticos y similares que prescriben para viajar en avión. Aunque algunos de estos productos no son estrictamente líquidos, después de malas experiencias en aeropuertos y de ciertos intercambios de opinión memorables con el personal de seguridad prefiero no arriesgar y considerar todo, todo, un líquido.

Repelente de mosquitos. Si hay un mosquito a cinco kilómetros, sabrá que yo he llegado y avisará a su familia. Uso Optimus.

Protector solar de factor 50. De Kiehl’s. Y crema de manos de la misma firma. Crema de día y de noche, de Caudalie. Contorno de ojos, Shiseido.

-Un gel y un bodymilk de Halloween. Aceites corporales de Alqvimia y una Suavina. Pasta de dientes Sensodine. Una ampolla del tratamiento SOS Brillo Million-Gloss de Gliss Schwarzkopf. 

Maquillaje: una base similar a las BBcreams, de Avène. Sombra de ojos en colores tierra de Chanel, La Palette roja, un labial rosa y un esmalte rojo de L’OrealMáscara de pestañas Grandiôse Extrême  y aceite labial Juicy Shaker de Lancôme, lápiz de ojos Estèe Lauder y perfilador rojo de Dior. La sombra de ojos líquida Full Metal Shadow de YSL.

Y un sacapuntas. ¿Es un líquido? No, peor. Es un arma peligrosa.IMG_20160706_223725

 Por lo general no preparo la maleta con tanta antelación, pero en esta fotografía podéis ver lo que me acompañará este viernes 8 a Valencia. Como veis, estiro la ropa de manera convencional, es decir, plana, porque en este caso no se arruga, y además solo un tercio de la maletita está ocupada. Los zapatos, complementos y ropa interior van en bolsas de tela, separados y protegidos. Al ser muy pocos días y con una agenda cerrada, puedo calcular un look para cada necesidad. Un día, un look. Una fiesta, otro look. Voy y regreso con la misma ropa puesta.

-Un par de zapatos. Otro par de zapatos de fiesta.

-Un vestido (u otro cambio de ropa) resistente a las arrugas y de lavado fácil (en este caso un vintage).

-Un vestido de fiesta o cóctel.

-Un bolso de diario y otro de fiesta.

Bisutería.

-Un cambio de ropa interior por cada día fuera.

Camisón.

-Un traje de baño.20160706_223806

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Respecto a la maleta, la que empleo para estancias de hasta tres días es la CONCORDE Pc438t Verde (50cms) de Salvador Bachiller. Ligerísima, muy resistente, con una capacidad de giro de 360º, candado, y con un mango de carro extraíble. Cumple con todas las normativas de viaje, y en particular este estampado es elegante y clásico. La relación calidad-precio, excelente.

¿Me dejo algo, algún truco o consejo que no os cuento? Pues sí: tengo una estricta asesora estilista felina. Bueno, en realidad, tengo tres, pero Ofelia suele ser la más entregada y la que se asegura, con su supervisión atenta, de que no me deje nada…

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¡Buenos viajes!

 

Los últimos días de Casa Decor 2016

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Aún podéis visitar Casa Decor, la exposición de tendencias decorativas más exclusiva de Europa, hasta el 26 de junio, en Madrid, en la Casa Palacio Atocha 34. De hecho, hoy se fallan los Premios a la Decoración, con lo que estaréis al tanto de, literalmente, lo último en tendencias.

Yo esperaba esta edición con un hambre casi literal: mi casa ha dejado de reflejar lo que creo ser en estos momentos, y no se corresponde del todo con mis necesidades ni mis gustos: quince años, muchos procesos vitales, varias estancias en otros países, una mudanza de oficina, la alegría renovada de vivir y tres gatas han provocado que lo que en su momento fue un hogar en el que me encontraba perfectamente cómoda chirríe en algunos puntos. Quiero, con calma, pero de manera ya imparable, transformarla en los meses venideros, y por primera vez no tengo casi nada claro: creía que Casa Decor me ayudaría a definirme, y me ofrecería opciones que ni sospechaba.

En la segunda parte he acertado. En la primera, no. He regresado con una considerable saturación stendhaliana, en la que todo me parece bien, todo me gusta, todo me parece posible, y no sé por dónde comenzar. Cuando el remolino de ideas, colores y estímulos se asiente, veré qué rescatar, de qué librarme, los nuevos espacios… la nueva casa para una yo renovada.

Un consejo que me agradeceréis: cuando salgáis de Casa Decor no regreséis directamente a casa. Dad una vuelta por la ciudad, entrad en algunas tiendas, id al cine. Tomad un café en algún lugar agradable. Al cerrar la puerta, no miréis directamente vuestros muebles, ni las paredes; porque la depresión que os puede entrar por  simple comparación es un riesgo asumido y que hay que afrontar.

No se trata de que toda estancia vuestra parezca pequeña y de techo bajo: la edición de 2016 ha permitido de 63 espacios distintos sean redecorados, y en esos espacios hay de todo: rinconcitos, lugares de paso, techos bajos, lofts, espacios inmensos y finales de pasillo, interiores y exteriores. Muebles gigantescos, más propios para hoteles o instituciones públicas que para una casa, y cocinas con soluciones aptas para apartamentos. Lo que acompleja es la ingeniosidad y la originalidad con la que los profesionales son capaces de dotar de vida espacios vacíos: las fotos del antes resultan sorprendentes.

Resulta imposible dictar unas  reglas generales, pero intentaré destacar lo que me ha llamado más la atención: las paredes de ladrillo visto o blanco, o el diseño nórdico, con decapados y pintura a la tiza, que se han generalizado en la decoración popular, con restaurantes y bares a la cabeza, se encuentran por completo ausentes en Casa Decor: aires más sofisticados y urbanos, una influencia muy clara de los años 50,  con colores ácidos, pasteles, y estampados geométricos, en cambio, han tomado el relevo. Las piezas tienen personalidad por sí mismas, los suelos y las paredes cobran texturas sorprendentes: desde los nuevos acabados sintéticos al mármol, o a la piedra. Ojo a las chimeneas (simplemente espectaculares) y a las bañeras (espectaculares, simplemente).

Uno de los espacios que más me han gustado es el vestidor de Miriam Alía: además de mostrar prendas de Lydia Delgado, y de Miranda for Lydia, lo que siempre resulta atractivo, cada rincón ofrece una sorpresa: dos butacas tapizadas con lentejuelas, hipnóticas, un leopardo de cerámica (sí, como aquellos que tiramos de la casa de la abuela, porque nos parecían horrorosos… de pronto, han regresado), o papel pintado con estampado de diamantes. Arriesgado, divertido… y funciona.

El jardín de Fernando Pozuelo se abre al espacio que en el que Pepe Leal ha interpretado la tradición y la modernidad del país invitado, Portugal. Azulejos pintados y cerámica verde, por supuesto, y un guiño a Pessoa. Pero también acabados en cobre, paneles de madera exquisitamente tallada en las puertas, y terciopelos en delicados grises.

Los descubrimientos continúan: unos baños públicos pueden ser la extensión del refugio de un dandy, por Adriana Nicolau, la impresión digital de HP cubre todo el espacio de Egue y Seta (todo es todo, paredes, suelos, superficies…) y la tecnología aparece con Samsung. Por cierto, su modelo Galaxy S7 Edge es el premio del concurso de fotografía que se organiza entre quienes sigan la cuenta @CasaDecorOficial y etiqueten sus fotos con el Hashtag #MiFotoCasaDecor2016.

¿Qué más? Todo lo que la imaginación permite. Pintura, escultura, neones, un restaurante, vidrieras, arreglos florales, una ilusión de que se pueden habitar espacios posibles e imposibles, y que aquello en lo que vivimos es tan nuestro como la piel o el cabello; y lo hacemos nuestro como nunca podrá serlo nuestro tiempo o nuestro presente. OLYMPUS DIGITAL CAMERA
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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara una visita a interioristas y decoradores, un vestido arquitectónico: unas líneas muy simples en un diseño de COS, finamente plisado, azul marino. Le añadí un precioso collar de Marisa Bell, y dos anillos gemelos que en esta ocasión llevé separados. Las gafas de sol son de Musthave, el modelo Ibiza Blue Power. Y el bolso, una pequeña obra maestra de Chie Mihara. Usad calzado cómodo: no dejan de ser 4.000m2 de exposición, repartidos en varios pisos, y la tentación de no dejar ningún espacio por recorrer resulta demasiado intensa.

Ahora, ah, ahora comienza el proceso de mirar las paredes y el aire, y ocuparlo de nuevo de manera diferente. Más intensa. Más real.

Recomendaciones espidianas: mayo

22.1Comienzo el mes con una recomendación que me habían hecho: Las buenas intenciones, de E. Gaige. La novela ha sido publicada por Salamandra, y eso ya me predispone a favor, porque mis gustos y los de su línea editorial suelen coindir. También apruebo fervorosamente esta novela con un narrador en primera persona, un padre mentiroso, seductor, un auténtico encantador de serpientes que, en un momento determinado, decide no devolver a su hijita tras su tiempo acordado de custodia. Un tema polémico, contado a través de una voz aún más perturbadora. 20160516_153338¿Algún enemigo de los libros en la sala? W. Blades los enumera todos en este ensayo de Fórcola, desde la polilla al fuego. Un librito delicioso, un clásico que nos hace pensar que no necesariamente todo tiempo pasado fue mejor, y que antes, como ahora, el enemigo principal del libro es el lector… y el no lector. El ser humano, en realidad.

2.3Los libros de colorear se han convertido en un sorprendente fenómeno entre adultos que regresan al placer de escoger colores y concentrarse, durante el tiempo en que se tarda en completar las líneas, en algo que no sea sus problemas, ni su vida. De los mandalas se ha dado el salto al libro con un argumento, en la mayor parte de los casos onírico o fantástico, y a una sofisticación en las ilustraciones de la que el aficionado más tiquismiquis puede tener poca queja. Ediciones Maeva ha publicado este precioso libro “El jardín del tiempo”, de D. Song. Lo siento por los niños de mi alrededor, pero me temo que me lo voy a reservar solo para mí…

6.1Otro libro ilustrado, en este caso por una profesional, Ana Baldallo, es Thirteen-Trece, escrito por Luna Baldallo. Poesía felina, para niños y no tan niños, en una edición bilingüe español-inglés, que sigue a Trece, una gatita negra que se esconde entre las páginas. Publicado en Ediciones en Huida.

8.2

@lauraponts es el nombre de la cuenta de Instagram de Laura López, una de las revelaciones en el universo foodie nacional. Ediciones Cúpula ha publicado Arte Foodie, donde cuenta su recorrido vital y fotográfico, transmite una enorme pasión por la comida y la fotografía, y nos regala preciosas imágenes que son admiradas y sirven de inspiración para infinidad de aficionados al foodporn.

17.2Poesía elemental, de  Juan Luis Mora, es un poemario editado con mimo por Arscesis, Por lo general, hablar de un libro de poesía es destrozarlo. A través de los cuatro elementos, y del mundo, junto con el arte, el poeta habla de lo que le resulta esencial como persona: el origen y la evolución humana.

Miro su rostro hueco, / cada vez más próximo./ Ya me veo en sus ojos./ Aquí llego.

IMG_20160506_175545Otro padre y otra desaparición sirven como hilo conductor de esta novela, que luego se amplía con voces diversas y visiones contradictorias. F. Travesí trata en La vida imperfecta, publicada por  La isla de Siltolá, cómo una vida, varias vidas, se desmoronan con un hecho inesperado y sin vuelta atrás como la ausencia de un hijo adolescente. Los miedos aterradores, casi paranoicos, se van convirtiendo en una realidad insoportable, que luego se transforma en la vida. En cada día.

2016-03-14 23.50.54Matador no es un libro, sino una revista de La Fábrica, y un proyecto ejecutado por orden alfabético a lo largo de los años. El número R, “De botánica”, une su habitual exquisitez a uno de mis temas preferidos, el mundo vegetal. El formato extragrande, la calidad del papel y el nivel de sus colaboradores gráficos y literarios la convirtió hace tiempo en una publicación de referencia.

18.3Un trabajo ímprobo el que se ha tomado I. Chikiar Bauer para investigar y recrear la vida de esta autora hipersensible y enferma, lúcida e innovadora, en Virginia Woolf, la vida por escrito. La ambición del proyecto se ve recompensada por el resultado, que ha publicado Taurus, y que entusiasmará a cualquier apasionado de la Woolf, a los curiosos o a los estudiosos de la literatura universal. Para los de la inglesa ni siquiera digamos.

23.3No podía imaginarme cuando comencé este voluminoso ensayo de Crítica sobre la historia del algodón que iba a convertirse en uno de mis libros preferidos en lo que va de año. Su visión general, su manera de relacionar en la historia, el tiempo y la geografía un elemento común pero que para mí había pasado inadvertido como eje esencial de la cultura europea y mundial me ha dejado exhausta y encantada. El imperio del algodón reúne datos que todos conocemos superficialmente (la revolución industrial, la Guerra de Secesión americana, el desarrollo de la industria química) y los conecta de una manera tan amena y diáfana que una se pregunta cómo no se le ocurrió a ella antes. El autor, S. Bekert, profesor e investigador, se ha ganado toda mi admiración.

28.1Septiembre negro acaba de ganar el premio Tiflos al mejor libro de relatos, y a mi juicio, eso posiciona a C. Fidalgo como el autor de marcada personalidad literaria y refinado gusto estético que es. Los cuentos giran en torno al deporte olímpico, sus sombras, sus terribles secretos, que culminaron con el grupo terrorista Septiembre negro que convirtió los Juegos de Múnich en una tragedia inolvidable. Muy bien documentada y con un tratamiento admirable de la psicología de los personajes, lo ha publicado Castalia, y es una delicia. Desoladora, pero una delicia.

18.1Una visión rápida de libros pendientes o a medio leer: el ya mencionado Virginia Woolf, La vida por escrito (puede verse la extensión de la obra, muy considerable). Cuentos de Clarice Lispector, que voy leyendo poco a poco, casi con pena de acabarlos.  Y un ensayo, El mal  y la conciencia moral, del profesor  Rogeli Armengol. De estos dos últimos ya hablaré.

28.2M. Juliá continúa con este libro la trilogía poética iniciada con El sueño de la muerte. También lo ha publicado Hiperión, y, obviamente, en sus páginas recorre la ilusión que supone amar, y el desgarro de no serlo, del abandono y la incomprensión frente al otro.

El día que me dejaste me quedé lleno de límites/ confusos, con un dolor de espalda/ y un estatus de sombra/ que espera una cita en un café desierto/ ahora amor soy el epílogo de un libro/al que han robado sus páginas y busca su estantería/ para poder morir en paz.

IMG_20160604_101927[1]Nietzsche y la música continúa la serie que el autor, B. Matamoro, ha dedicado a filósofos  y personalidades relevantes y su relación con la música. Fórcola ha publicado este breve ensayo en el que la tragedia y la música dramática, las complicadas relaciones con Wagner (y con el resto del mundo) que mantenía el filósofo y su propia búsqueda de lo absoluto cubren los capítulos más relevantes. Muy sorprendente y didáctico para quienes, como yo, no somos más que conocedores superficiales de la filosofía; la manera en la que se describe cómo extiende sus redes al resto de las artes y del progreso hacia el siglo XX y XXI es particularmente interesante.

Si te necesito, silbaré

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Casi todos los cuentos de hadas narran el proceso de madurez de un niño a través de una aventura maravillosa, o de una niña que debe superar pruebas hasta casarse. No en todos aparecen hadas: pero sí algún elemento mágico. Y su protagonistas no piden ayuda. Cuando los necesitan, en una situación deseperada, sus genios, protectores, u objetos mágicos aparecen.

Hay quienes hemos crecido así: sin saber cómo pedir ayuda. Es el caso de casi todas las mujeres que conozco, que han rechazado la posición de indefensión que la sociedad imponía, pero que han absorbido con gran precisión todas las exigencias de fortaleza, autosuficiencia y discreción que también dictaba. La mujer fuerte ha sido, desde la Biblia, (Proverbios 30, 10-31), un ideal inalcanzable. Una mujer que trabaja en casa, y fuera, que no se queja, que previene cada contingencia, que auxilia al pobre y que apoya en todo a su marido. Cierto que no se le pedía que fuera hermosa: ahora sí, también. Las tareas han cambiado, pero el espíritu es el mismo: calla y continúa trabajando, con o sin reconocimiento, con o sin remuneración, y siéntete orgullosa por hacer lo que debes.

También los hombres mantienen complejísimas relaciones respecto a pedir ayuda y a la deuda que contraen con quien les auxilia; en las relaciones de vasallaje, quién y cómo debía prestar ayuda quedaba rígidamente estipulado, hasta el punto de que en algunos casos, si por azar alguien salvaba la vida de otras persona el salvado permanecía en deuda, él y sus descendientes, hasta devolver el favor.

Me ha hecho falta escribir dos ensayos sobre lo que nos enseñan los cuentos de hadas (Primer Amor y Los malos del cuento) y muchas horas de reflexión y de sufrimiento para que esa idea cambiara en mi cabeza. Como tantas otras personas, me sentía más cómoda en la posición de hada madrina: son fuertes, no tienen problemas (salvo la de Piel de Asno, la pobre, un hada madrina de lo menos resolutiva), ayudan a los demás, solucionan vidas. Me ha supuesto mucha humildad, una mirada más sensata y consciente a mi existencia y a mis circunstancias y atravesar un dolor psicológico insostenible, pero he aprendido a pedir ayuda.

O, más bien, estoy aprendiendo a pedir ayuda. A reconocer debilidades sin que un vacío de naúsea me llene el estómago, a aceptar otras opiniones, a escuchar a gente que sabe más que yo y que tiene la generosidad de compartirlo conmigo, a reconocer mis carencias y a pedir consejo a quienes dominan lo que a mí me falta. He tenido que aprender a decir que no, que en ocasiones no puedo ser yo la que ayude ahora, y que mi conciencia no me remuerda. Pierdo poco a poco el miedo a estorbar, a ser una molestia o a que me miren de manera extraña: porque quienes hemos presentado siempre ese aspecto imbatible hemos de asumir la sorpresa ajena cuando los demás tienen que reescribir lo que opinan de nosotros.

La mujer fuerte casi nunca es humana: debe mantener esa máscara, por infeliz que sea. Es la madre por excelencia, la cuidadora, la que conviene a una sociedad que la utiliza para su beneficio sin pensar en las necesidades individuales. El hombre fuerte es una bestia de carga, un bastión, alguien que jamás se quejará y soportará aún más presión. La esencia de la productividad por excelencia. Sin identidad, y sin más pretensión que la de vivir para los demás y para cumplir con las obligaciones.

Me he cansado de ser autosuficiente. Poco a poco, en cosas pequeñas y en grandes cosas, he aprendido a silbar si necesito ayuda.  Si se me rompe la plancha, y no sé si por dónde comenzar la búsqueda, recurro a la comunidad que me rodea, que sin duda sabrá orientarme (gracias, por cierto, a quienes ayer en IG me ayudasteis con el momento plancha). Si tengo una duda, preguntaré. Si mis problemas me superan, pido auxilio, asesoramiento, lo cuento. Alguna solución encontraré con la ayuda de otros.

Y ¿sabéis? No se ha parado el mundo. No era tan importante. Mi ayuda no resultaba tan imprescindible. Mucha gente se ha mostrado dispuesta, e incluso feliz, de echarme una mano. Muchos vampiros emocionales, cuando han visto que no podían arrancarme ayuda, sino que, por el contrario, la pedía, se han desvanecido. Y los amigos… los amigos siempre han estado ahí. Pero ahora les escucho más.

Porque los cuentos tienen razón: hay hadas y genios ahí cerca.

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Como los humanos y nuestros sentimientos, los lugares se encuentra en proceso de cambio: los Mercados, como el de La Paz, se han convertido en lugares de encuentro y en centros de delicatessen, además cumplir de su función como mercado de abastos. El lugar donde compraste esa mañana en zapato plano y vaqueros te acoge al atardecer con los tacones de vértigo de Magrit y el precioso vestido abrigo de TopLove, con un delicado estampado de flores. El bolso está pendiente de que lo customice, la manicura es de OPI, y aunque casi no llevo maquillaje, el que llevo es de YSL.

Y si os interesan Primer amor o Los malos del cuento, que hablan de cómo los cuentos nos han enseñado a trabar relaciones amorosas o a detectar personalidades tóxicas, los podéis encontrar pulsando sobre el enlace. Porque para ayudar a alguien están, ahí están.