La mirada de los otros

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Antes de que los móviles nos colocaran en la mano una lente intuitiva y rápida, antes de que las cámaras fueran digitales, antes incluso de que los selfies se convirtieran en una manera de mostrar cómo nos vemos (o cómo nos gustaría que nos vieran) la fotografía reflejaba unos momentos y unas miradas muy diferentes. En realidad, estoy hablando de hace apenas diez años. Quince a lo sumo. La fotografía había perdido gran parte de su solemnidad para entonces, había abaratado costes y simplificado sus procesos. Sin embargo, nada auguraba la obsesión audiovisual, la exhaustiva documentación de lo privado y lo cotidiano que llegó después.
Desde que comencé a publicar, en 1998, he tenido la suerte de ser retratada por multitud de fotógrafos. Algunos, profesionales de medios, con apenas unos minutos para una toma. Otros más centrados por captar el carácter o el gesto que por un retrato favorecedor. Producciones de moda con varias horas previas de maquillaje y estilismo. Más allá del resultado, más o menos de mi gusto, (y, creánlo, en ocasiones una gran foto no implica precisamente una visión amable) la posibilidad que me han brindado de presenciar en directo como trabajan, de asomarme a otra disciplina artística, ha sido impagable.
Aunque deje muchos nombres fuera, recuerdo en particular las sesiones de fotos con Alberto SchommerOuka Leele, Chema ConesaTanya LaceyPedro Albornoz. Todos ellos me obligaron a hacer de buen grado cosas que jamás hubiera llevado a cabo por mí misma. De manera más sutil o con la enérgica presión de quién sabe lo que quiere, me hicieron ser otra yo.
Aunque no haya sido un retrato, sino otro tipo de trabajo, he podido ver a Alberto García Alix o a Carlos Spottorno, con quien viví un inolvidable vuelo de regreso de Bogotá (algún día contaré esa película), y un no menos inolvidable recorrido por la República Domicana. Talento en acción, con una sorprendente rapidez, antes de que el momento hubiera pasado y la luz o su ausencia impidieran la foto. Más recientemente, Fenton o Alberto Tarrero han sido los encargados de devolverme esa mirada, y de obligarme a reconocerme en el espejo. OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEsta sesión de fotos tuvo lugar en Alicante, en su Palmeral, cuando comenzaba a anochecer. Lo que veis es la cámara de Nika Jiménez documentando cómo se hizo, no el resultado final de mano del fotógrafo. Ese mismo día le había conocido, por mediación de una buena amiga: su nombre es Borja López Ferrer, y la química fue inmediata. Con su peculiar sentido del humor y su absoluta discreción sobre sus logros, ni siquiera mencionó que la Medalla de oro ForoEuropa 2017 había sido suya. Ni la nominación a los Premios Goya de Fotografía 2017.

No sabía a qué iba ni qué me esperaba. Parte del juego era ese. Al final me encontré bajo una cascada, con un vestido rosa de The 2nd skin.Co  de la colección For Valentina, y la sensación, una vez más, de que aquello saldría bien porque  te entregas y confías en el talento ajeno todo, siempre, sale bien.

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Y ahora ¿qué?

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Estos días he repetido varias veces en las entrevistas sobre Llamadme Alejandra que esta novela ha ocupado catorce o quince años de mi vida. No ha sido mi dedicación absoluta, como puede comprobarse por mis otras publicaciones y trabajos, pero sí una compañía o un deber constante que pendía sobre mí como una damocliana espada literaria.  Ahora, tras haber conseguido el Premio Azorín 2017, y con dos meses o tres por delante de trabajo compartido con libreros, periodistas y ferias para que el libro llegue al mayor número de lectores posible, es el momento de detenerme y de preguntarme qué hacer ahora

Cuando un proyecto de una duración tan prolongada finaliza, y lo hace de una manera tan deseable como con un premio, existe un peligro latente: el desánimo: Contra todo pronóstico, la sensación de vacío. Una ligera duda, o una profunda conmoción. Qué escribir ahora, qué iniciar cuando aún no nos hemos desprendido del todo de lo anterior. La primera vez que me enfrenté a esta emoción fue cuando publiqué mi primera novela, Irlanda, y el mensaje que recibía a mi alrededor era que ya “lo” había logrado. Entonces me empeñé en que era el inicio del camino, no una conquista. Año  y medio más tarde conseguía el Premio Planeta 1999. Nuevamente me hablaron de haber conseguido ya algo que clausuraba un ciclo, o incluso del fin de mi carrera literaria. Mi respuesta fue continuar trabajando, marcharme fuera de España para iniciar un proyecto nuevo, y, con la cabeza fría, repetirme que este es un oficio que puede mantenerse durante décadas, con altibajos, y que se derrumba si olvidamos la pasión y la seriedad.

De nuevo, el Premio Azorín no me pilla desprevenida. Un nuevo ensayo, una novela juvenil y otra infantil, y la actualización a lenguaje contemporáneo de El conde Lucanor me aguardan durante este próximo año. Comunicación y estudio, ensañanza y literatura, mis cuatro pilares. El empeño en el éxito es un mandamiento de la sociedad contemporánea. Se valora la obsesión, un único objetivo ambicioso. Una sociedad neurótica y fácil de etiquetar. Sobrevivir al éxito requiere una estrategia en sí misma. Cuando se relativizan los triunfos y se planean sus resacas resulta más sencillo asumir el fracaso. Cuando un proyecto vital se argumenta a largo plazo, quizás dé mejor resultado  trabajar poco a poco, con paciencia, sin perder de vista el disfrute cotidiano.

 

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPodéis encontrar aquí el vestido de tul bordado de Mango.  La peineta lleva la firma de Marisa Bell Design. Las fotos fueron tomadas en Alicante, por Nika Jiménez.

Premio Azorín: el día después

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El día después de la concesión del Premio Azorín 2017 se dedica a atender a medios de comunicación y poco tiempo después comienza la promoción del libro que, como casi todo lo perteneciente a este mundo se encuentra rodeado de mitos y de confusión. ¿Es obligatorio para el autor prestarse a la promoción? En absoluto. ¿Es obligatorio para la editorial organizarla? En modo alguno. ¿Resulta recomendable? Por supuesto.

La promoción intenta garantizar que el posible lector sepa que el libro existe, despertar su interés y al mismo tiempo, asegurarse de que se encuentre disponible en las librerías y puntos de venta. De nada sirve una buena promoción en prensa si la distribuidora no llega a tiempo con el libro (por desgracia, a veces ocurre). Una buena distribución sin la adecuada promoción es menos grave, pero deja la responsabilidad al librero o a un proceso que casi nunca se da, por desgracia, que es el boca-oreja. Hay autores que aborrecen las promociones: en realidad, un día de promoción consiste en una serie de entrevistas sobre tu libro, o sobre ti, o sobre ambos, quizás una presentación a lectores, puede que una firma. Nada, a priori, particularme horrible si el autor se deja el ego en casa y asume que muchos periodistas no habrán podido leer el libro, que las preguntas no siempre serán sesudas, que el encuentro con el lector no implica ciega admiración y que las firmas pueden finalizar sin un solo libro firmado: es decir, si el autor asume la realidad en lugar de chapotear en delirios de grandeza.

Llamadme Alejandra augura una promoción bastante intensa; arranca el día 7 de abril en Madrid con una presentación a la prensa (anunciaré cuándo se hará alguna al público) y continuará con Alicante, Málaga, Huelva, Barcelona, Sevilla, Vigo, Santiago, Bilbao, Zaragoza, Cuenca, y es posible que alguna ciudad más.

¿Es la promoción una actividad pagada? Depende. Algunos actos conllevan una remuneración porque el autor imparte una conferencia, o participa en algún acto aparte de la promoción: de lo contrario, no. El autor recibirá durante el año siguiente un porcentaje de derechos sobre los libros vendidos de en torno al 10%, de manera que se supone que le interesa participar en actos en los que el libro se venda, y la editorial, en teoría, debería facilitar eso mismo: pero no siempre se cumple esa lógica. Hay compromisos emocionales, o enfoques particulares que mueven al autor a acceder o no a la promoción. La edad, la salud, el cansancio, las obligaciones laborales o familiares influyen en esa visión. La timidez, el orgullo, la idea que se tiene de la función del escritor o el rechazo a la exposición pública también.

Algunos de los momentos más enriquecedores de mi carrera literaria se han dado durante las promociones. Desde la agotadora pero interesantísima gira del Planeta 99, con mi adorable Nativel Preciado, a la espectacular presentación en Covarrubias de La flor del Norte, que un autor que se consideraba agraviado amenazó con boicotear (por suerte, no fue así y todo resultó perfecto), a los viajes al extranjero, las promociones me obligan a salirme de un enfoque único y a adaptarme a cómo otras personas ven mis historias, mi carrera, mi persona o mi novela. En ocasiones me gusta lo que me devuelven. En otras, su reflejo está tan distorsionado que no me reconozco. Intento ser disciplinada y ponérselo fácil al periodista y a los organizadores: si eso supone girar en torno a una farola para una foto que el fotógrafo tenía en mente, giremos. En este proceso, el autor, que en su casa se cree tan poderoso, y su libro, que considera tan importante, dependen del trabajo de muchas personas. Sería una irresponsabilidad amargarles ese trabajo. Y así, el día después, comienza esta absorbente etapa.

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Para las entrevistas de prensa del día después escogí un conjunto de colores vivos: si amanecía un día primaveral, encajaría bien, y si no, se encargaría de animarlo. La falda de vuelo con estampado de flores  y la camisa de un quisquilla intenso son de Teria Yabar. Las sandalias de terciopelo azul son de Polin et Moi y se han convertido en una de mis preferidas de esta temporada: llevé unas joyas muy discretas (pendientes y dos anillos) de Luxenter. Las fotos fueron tomadas en Alicante mientras atendía a  periodistas y fotógrafos por Nika Jiménez con my pen camera.

 

Premio Azorín 2017

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Ha pasado una semana desde la concesión del Premio de Novela Azorín 2017 y los detalles continúan tan vívidos ante mis ojos como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Ocurre con todas esas ocasiones cargadas de expectativas, y muy anheladas. No era, desde luego, la primera vez que me presentaba a un premio literario: pero sí que lo hacía con una novela tan trabajada y que fuera histórica. No todos los jurados valoran de manera positiva el género.

La Diputación de Alicante es quien convoca este premio, que se inició en 1994 con Gonzalo Torrente Ballester como ganador. La responsabilidad de publicar y distribuir el Premio es de la Editorial Planeta, y su dotación es de 45.000€ sujetos a (ay) todos los impuestos correspondientes. Otros escritores que cuentan con él son Luis Racionero, Jesús Ferrero, Dulce Chacón, Jon Juaristi, Ángela Becerra… En este año se cumplían, además, los 50 años del fallecimiento del gran Azorín, con lo que la Diputación decidió abrir la gala al público y a los pueblos de Alicante, y se celebró en el Auditorio, que dispone de un gran aforo.

Existe siempre una enorme rumorología respecto a los premios, si están concedidos de antemano o o no. Lo cierto es que quien maneja menos información al respecto es, al menos en mi caso, el autor. En este premio existen dos jurados que deliberan el mismo día del premio, durante la comida. Cada uno propone su novela candidata; este año tuve la suerte de que eligieran la mía.

Por experiencia sé que en las horas previas a un premio conviene mantenerse ocupada, y en las posteriores, también. A mí me habían confirmado que mi novela se encontraba entre las candidatas la semana anterior, de manera que me encontraba en Alicante, con dos agendas: la que ocurriría si ganaba, y la que llevaría a cabo si no.

Como intento hacer siempre que me es posible, había cuidado con mimo lo que llevaría esa noche: los premios son ocasiones especiales, fruto de las ilusiones y el trabajo de mucha gente. Me merecen todo el respeto: sea o no yo la protagonista, intento que quien lo organice sienta que valoro la invitación y el esfuerzo.

Había escogido un vestido de The 2nd Skin.co que me recordaba a alguno de los lucidos por Jackie Kennedy, con su tejido brocado rosa y un corto imperio y sencillo. Pertenece a su icónica colección For Valentina.

Lo combiné con unos preciosos salones de Magrit, el modelo Mila trabajado en ante y raso con un delicado trabajo de encaje y un bolso cartera a juego.  Magrit es una exquisita marca alicantina, y me pareció la elección lógica en este premio.

Lo mismo me ocurrió con las joyas: Chocrón Joyeros me han acompañado en algunos de los momentos importantes de mi vida, y en esta estuvieron también presentes: la sortija de mayor tamaño y la deliciosa pulserita pequeña son de la colección Ch_Aura en oro rosa, rodonita de los Urales, madreperla y diamantes. La sortija flexible y los pendientes, de oro rosa y diamantes, son de la colección CH-Imperial.

La gala comenzó a las 19:00h. Antes del fallo nos esperaban la actuación de Juan Echanove, que interpretó varios textos de Hamlet, y después, un fragmento del Carmina Burana por La Fura dels Baus.

En algún lugar entre ambos dijeron mi nombre. Subí al escenario para recoger mi Tanit, y para agradecer al jurado, a la propia provincia de Alicante, la oportunidad que me daban. Era el momento también, entre la emoción y los recuerdos agolpados (quince años de trabajo acumula esta historia), de hablar mínimamente de mi novela, Llamadme Alejandra, que aparecerá a principios de abril  y que describe la vida y los pesares de Alejandra Feodorovna, la última zarina. El momento para una mención cariñosa a quienes estaban allí conmigo y no habían ganado, como me ha ocurrido a mí en otras ocasiones, para que continuaran escribiendo y compitiendo.

La andadura de la novela comienza ahora: primero una rueda de prensa, entrevistas para el siguiente día. Y la incógnita de si gustará o no, de si habrá merecido la pena el esfuerzo, el examen constante al que se somete el escritor.

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El maquillaje de esa noche fue responsabilidad de Itzi, y las fotos, de Nika Jiménez. Esa noche fue mi acompañante; como mi jefa de prensa ha sido testigo de lo mucho que he sufrido y pasado con esta novela, y lo ha compartido, de manera que se merecía estar también allí si las cosas iban bien. Luego llegaron las felicitaciones de los amigos, la familia, los compañeros de viaje. Los lectores y los seguidores. A todos ellos, muchas gracias. Para todos vosotros es esta novela.

Sed buenos… si podéis

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Así como tengo mis reservas con los adultos, y por los niños siento simpatías o antipatías instantáneas, los adolescentes me gustan todos, sin excepción. Desde luego, eso me ocurre ahora que por edad podría ser madre de un par de ellos. De adolescente, de hecho, los observaba como un entomólogo a un mosquito tigre.

Salvo que los profesores me indiquen lo contrario, en mis encuentros o charlas con adolescentes no centro el discurso únicamente en la literatura: hace algunos años los programas de animación a la lectura permitían que los chavales trabajaran con cierto tiempo algunos textos. Las posteriores reformas educativas no solo han limitado las horas de literatura en el instituto, sino que han acabado casi por completo con los encuentros con los autores. Ante esos hechos consumados, intento transmitir a los alumnos un mensaje que pueda calarles a medio plazo, y que trate valores como el esfuerzo, la necesidad de formarse, la vocación, y el amor por la lectura y el lenguaje.

Siempre abordo el tema de los trastornos de la alimentación, y del acoso. Nunca podré olvidar que yo sufrí uno cuando tenía su edad, y que el desencadenante fue, precisamente, la presión que unos adultos ejercieron sobre mí. No les oculto a las niñas el que la sociedad les presentará mayores dificultades y desafíos, y le animo a que los aborden con valor, y a que busquen referentes y modelos sensatos. Y, en los últimos tiempos, trato siempre el éxito y el fracaso.

En particular, el segundo: una biografía no se compone únicamente de logros. En un momento en el que el bombardeo de historias de triunfos solo se ve superado por la crónica de corrupción y de vergonzosas negaciones de responsabilidades, añoro que se hable de los errores admitidos. De la dignidad. De lo que se aprende de un error, si se acepta y se corrige. De que mantener las apariencias a toda costa conduce a la infelicidad y, en alguna personas, al delito. De la importancia de ser adaptable, dúctil, de lidiar  con la frustración.

Les hablo de los premios que perdí, y de los que sigo perdiendo. De los proyectos que me han rechazado. De la incomprensión ante quienes te odian sin motivo, o te envidian sin conocer que hay pocas razones para ello.  No maquillo la decepción que supone. También añado que si no fuera por lo que no sale como espero, no rectificaría, ni aprendería gran cosa.

Y les intento transmitir que, pese a todo, los esfuerzos merecen la pena y se ven recompensados en muchas ocasiones. Que intenten ser buenas personas; o, como decía San Felipe Neri, que lo sean si pueden. Eso será más de lo que muchos adultos hayan logrado.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAMe pareció que algo tan angelical como los errores de carácter, o el Santo Neri (patrono, por cierto, de los docentes y de los humoristas, que nació el mismo año que mi Santa Teresa y fue además canonizado el mismo día que ella) debía acompañarse de un vestido blanco. Creo que nunca tendré suficientes vestidos blancos. Es un Diógenes parcial, específico y textil, que no parece de fácil curación, al menos mientras existan vestidos tan bonitos como éste de Mango.

Con su talle bajo, está cuajado de encaje y tul, lo que le da cierto aire a los años 20. Eso significa un extra de belleza y sofisticación, pero también que nos olvidemos de ceñir silueta o marcar cintura.  Como el protagonismo de la tela resulta evidente, solo añadí unos brazaletes azules, unos peep toes de Paco Gil, y unos pendientes de cristal. Me pinté las uñas con un esmalte nacarado de OPI y, ya que el día que saqué las fotos soplaba un viento gris en Alicante, me recogí el pelo con una trenza. Puede que no sea buena, pero tengo aspecto de serlo…

Encuentro con lectores en Alicante

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Pese a que los perseguimos desesperadamente, no hay trucos para que un encuentro con lectores o una presentación sea un éxito: tampoco secretos. Los escritores más leídos recuerdan noches desastrosas, salas llenas ruidosas y hostiles, y otras en las que con un pequeño grupito, por dos horas, se generó algo inolvidable y efímero. Algunos organizadores intentan que la información llegue a todas partes, que el acto no coincida con un partido importante de fútbol, un mitin político, o un fin de semana; son tácticas que a veces funcionan, a veces no. Quienes deciden, en definitiva, si el diálogo se entabla o no, son los lectores, la ocasión, la fortuna… y el hábito que una buena dinamización cultural haya creado.

En Alicante, el Instituto de Cultura Juan Gil Albert ha conseguido un número de seguidores fiel, culto y sorprendentemente joven. Mi anfitrión por aquella noche, Fernando Delgado, y yo charlamos ante ellos de “Para vos nací”, y sobre todo, hablamos sobre Santa Teresa de Jesús, a la que compartimos como inspiración literaria. Fernando acaba de ganar el Premio Azorín de Novela con “Sus ojos en mí”, en la que trata la fascinación que se produjo entre la Santa y el padre Jerónimo Gracián.

Es peligroso que dos autores tengan tiempo por delante y un público amable para explayarse sobre una pasión. Podemos no encontrarle fin a la noche. Esta vez, creo que el entusiasmo se extendió al auditorio, lleno, y sólo la hora de cierre nos hizo marcharnos a todos. Durante la firma de libros los jóvenes me trajeron muchas “Irlandas”, mi primera novela. ¡Qué alegría comprobar que continúa dando guerra esa novelita perversa! Algún día os contaré qué espina me saco con ello…

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La noche era cálida, y la primavera y la proximidad del mar invitaban a colores más claros: el vestido de encaje de Dandara, de ese color aguamarina que por fin ha vuelto a llevarse era de un corte mas recto de los que suelo elegir, y de un escote muy discreto. Lo combiné con zapatos de Unisa de ante lila, de tacón medio,
Los pendientes de libélula con turquesas y el brazalete de perlas antiguas son dos de mis piezas preferidas de Verdeagua. Para restarle seriedad al moño, le añadí dos rosas de seda de H&M.
Compré el bolso de Parfois porque me recordó esta escena de “La gran belleza”, de P. Sorrentino, en la que Jep y Sor María hablan sobre el bloqueo del escritor y la importancia de las raíces, y todos los flamencos de Roma echan a volar a la vez. Al fin y al cabo, ¿no hemos comenzado hablando de misterios que rodean la literatura y a quienes la aman?