Recomendaciones espidianas Enero

20170202_202515-01Mucha variedad temática y de editoriales en las recomendaciones espidiana de este mes. Y también un par de obras artísticas que no son historias ni palabras. Es pura casualidad: entre mis libros hay ejemplares que compro, otros que me regalan mis amigos, o lectores, otros escritos por mis amigos, y aún otros que me envían editoriales afines que conocen mis gustos y que son tan amables de remitirme algunas novedades. Todos ellos saben que no hago crítica literaria, y que no recomiendo nada que no me guste; en algunas ocasiones, no me ha entusiasmado, pero entiendo que muchos de mis seguidores podrían encontrarlos interesantes. Soy omnívora y caprichosa. Por eso hay meses de ensayos y meses de novela, meses de cuatro libros (elegí mal los otros) y meses en los que no doy abasto. Y así, como una epidemia, esta pasión se extiende.

8-2Comienzo con este precioso cuadrito de Gloria Loizaga, una artista que pinta con minucioso mimo sobre distintas superficies. Os había enseñado ya un collar con los camafeos de mis tres gatitas, y hoy os muestro un retrato inspirado por mi viaje al País de Jane Austen. Podéis encontrar su trabajo, y contratarla aquí.

10-1Cuentos deliciosos, relatos inquietantes de esta espléndida autora norteamericana, un descubrimiento. Miel del desierto, de Edith Pearlman, es perfecta para leerla poco a poco en las horas de la merienda, la más perversa de las comidas del día. Sus protagonistas no se olvidan con facilidad, algunas de las situaciones (esa anticuaria que ayuda a una amiga a encontrar el amor) resultan extraordinarias y tan comunes que nos obligan a mirar nuestro día a día desde otro ángulo. Lo repito: deliciosos. Lo leí en pruebas (una primicia) y lo publicará en estos días Alianza de Novelas.

13-1Cuando J.K. Rowling se saturó de varitas mágicas y de luchar contra el mal, se convirtió e Robert Galbraith e inventó el personaje de Cormoran Strike. En realidad, no deja de ser otro Harry Potter, herido, que sigue luchando contra el mal, en este caso desde su oficina de detective privado en Londres, no muy exitoso, todo hay que decirlo. Excelente sentido del ritmo, una trama potente y dos personajes (Cormoran y su ayudante) muy bien definidos. Algunos de los aciertos de la saga se reconocen en su obra de adultos. Y a quien no le gustara Harry Potter, le invito a que echen una ojeada a esta voz nueva y potente. La edita Salamandra.

15-1Jorge Volpi fue el premio Biblioteca Breve el mismo año en el que yo fui Premio Planeta. Esa coincidencia ha permitido que siguiéramos nuestro recorrido y nuestra obra con un cariño especial, como si fuéramos cómplices de alguna promesa secreta. Su novela En busca de Klingson se considera ya un clásico contemporáneo que no me caso de releer y de recomendar. Lo editó Seix Barral.

18-3Pasamos a un registro y a un libro muy diferente, el que ha escrito Ramón Gener para consuelo de los dolientes del mundo. Conocido por su revolucionario programa This is Opera, su ensayo El amor te hará inmortal recorre personajes, óperas, cantantes y situaciones en las que el dolor humano parece insoportable, y aún así, se supera. Una preciosa obra con un consuelo que cae como la lluvia, fresco y vivificante. Está en Plaza Janés.

23-2Sí, ya la he mencionado, pero J.K. Rowling publicaba el 5 de enero en España su nueva obra del universo Potter, Animales Fantásticos, y no podía resistirme a mostrar la preciosa edición del guión de la película con el mismo nombre. Una delicia ilustrada, plagada de humor, y guiños, y de imaginación. Y, a mi juicio, una magnífica manera de que los chavales aprendan a leer guión, teatro, y otro tipo de formatos. El mérito es de Salamandra.

30-3Valdemar, con su colección Frontera, está rescatando una serie de clásicos imprescindibles del Western; de hecho, yo los compro a ciegas, sin reparar en si conozco o no los autores. Un acto de confianza absoluta que se ve confirmada con estas dos novelas cortas, Hombre y Que viene Valdez. Escritas por Elmore Leonard, su visión algo amarga, algo tierna, muy humana.

20-2

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Este ha sido un enero con una gran presencia de la literatura juvenil en mi discurso y en mi tiempo. Desde luego, en parte se ha debido a El chico de la flecha, y los caminos por los que me conduce: encuentros, charlas con chicos, con profesores, con padres… Un repaso por la historia y otro poco por lo vital. Estoy entusiasmada. Ya sabéis que mi editorial es Anaya y que lo podéis encontrar aquí. Ah, y una preciosa crítica que le ha hecho Lasemana.es  aquí.

Pero también algunos lectores han mostrado interés por mi primera obra, La última batalla, de SM El barco de vapor (Roja). Mucho más fantasiosa, en este caso el lector saltaba entre páginas a un mundo imaginario que la propia protagonista escribía. Difícil de encontrar, pero aún puede conseguirse.

 

¿Qué os han parecido? Todas las fotos y los bodegones son míos, excepto la primera imagen, tomada por Rebeca Senovilla.

“El chico de la flecha” en Madrid

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Faltaba que El chico de la flecha se presentara oficialmente en Madrid: de entre las muchas librerías con un espacio reservado para la literatura infantil y juvenil  Librería Lé fue la escogida, y el día 21 de enero nos reunimos lectores, alumnos, amigos, niños y mayores, para charlar un rato sobre historia, sobre la Hispania Romana, sobre los jóvenes y nuestra responsabilidad hacia ellos.

Conté, por ejemplo, cómo había surgido la idea de escribir esta historia: un fin de semana con mi amiga de la infancia, Valentina, que estaba presente y no podía contener la risa cuando recordaba las anécdotas que vivimos en el colegio, cuando ya torturaba a mis compañeras con obras de teatro, cuentos y ocurrencias. Hablamos de los niños y sus preocupaciones, y de una de las más acuciantes de los padres: que los niños desarrollen el amor por la lectura. De la pasión común que mi editor Pablo y yo sentimos por la antigua Roma y por su legado. Y, en definitiva, de todo aquello que nos une y que deseríamos que nos uniera a quienes queremos.

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Para esta presentación llevé mi abrigo blanco de Promod, con botines de terciopelo negro de Mango, y un bolso reversible (mostaza y de estampado animal ) de Gloria Ortiz. El top de tartan blanco y negro es de Chip Up. Los pendientes con turquesas, de Luxenter, fueron un regalo de María, la bibliotecaria y profesora de historia del IES García Bernalt. El brazalete, de jaspe, lleva la firma de Nockt, y la sortija de oro y zafiro es casi tan antigua como mi amistad con Valentina: fue un regalo de mi comunión. Por último, las gafas son de Musthave.

Las fotos son responsabilidad de Nika Jiménez.

 

Bajo el techo de Bump Green

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Los lugares nos conforman, de la misma manera en la nuestros recuerdos los transforman a ellos. En los últimos años me he esforzado en asignar nuevos recuerdos a lugares nuevos. Es una manera sutil, pero muy eficaz, de transformar nuestra vida. La nostalgia, al menos para mí, resulta inevitable, y no me suele llevar a nada bueno: pero no hay espacio para esa nostalgia en los sitios que descubrimos por primera vez. La sustituimos por la atención, o la curiosidad, o por el momento presente, ese que se escapa en cuanto nos damos cuenta.

Para mí BumpGreen, en Velázquez 11, de Madrid, es el lugar donde quedo con Macarena Berlín, la dulce voz que nos sale al encuentro de madrugada en La Ser en Hablar por hablar. Una mujer de una generosidad y unas cualidades tan difíciles de encontrar como gratificantes; pero es también el espacio que me sorprendió en su inauguración por una decoración ecléctica y arriesgada, obra de Adriana Nicolau, en la que las espectaculares arañas de vidrio se mezclan con las piezas inconfundibles de Guille García-Hoz, donde afirman que la comida tiene alma y que cocinar con paciencia, con productos orgánicos y con imaginación es una manera, (y otra vez sale ese concepto) de transformarse.

BumpGreen es también importante por razones secretas, por lo celebrado allí con una mezcla agridulce de fin de etapa y comienzo de vida, porque este enero gélido me trae cambios que son, como todos los realizados a conciencia, necesarios y dolorosos. Y casi todo lo digno de recordarse hay que celebrarlo comiendo: un hummus con cortezas de bacalao, por ejemplo. O un tartar de salmón, o un postre con su leve toque de caramelo salado. La carta despierta primero la curiosidad y luego los sentidos. Y luego, los sillones amarillos de la entrada invitan al café y la conversación.

Convertimos los lugares en aquello que sentimos. Traspasamos nuestra mirada y nuestras emociones a las paredes. Y eso, a veces, es una declaración de intenciones.

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El look de ese día se componía de un abrigo blanco que ya me habíais visto aquí, unos pantalones anchos de tweed de Zara, una camisa de cuello de tira y pespuntes negros de Mango que estrenaba ese día y que me tiene enamorada, y el bolso Cebra, con estampado animal, de Tatiana Riego.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con mi último juguete, la cámara Olympus E-PL8, mi mejor regalo de Reyes, que me ha traído, literalmente, una visión nueva de las cosas.

El Gran Bilbao

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Bilbao, pedazos de acero que aparta de su camino la ría. Siete Calles y un Casco Viejo construidos por el tesón de un puñado de pescadores medievales, apiñados en torno al Nervión, Somera, Artecalle, Tendería. Música en los oídos de quien ha nacido bajo ese cielo, retazos de un idioma incomprensible. Mar y hierro, trabajos que demandaban niños y hombres cubiertos siempre de sudor o agua, de espuma o tierra. Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena.

Y de esas siete calles, el recorrido hasta el mar que nos lleva a Flandes y a los Países Bajos, y más adelante, a Inglaterra, de donde la inocencia popular trajo canciones de ingleses que se olvidaban de todo ante las niñas bilbainas.

Carbón y acero, y la ciudad reptó hasta el otro lado de la ría, y tuvo espacio para un Teatro, una Bolsa, y desarrolló gusto por la ópera, los coros, y los zuritos. Un lugar de astilleros y altos hornos, de acerías y fábricas, donde los ingenieros competían en traineras con los abogados, junto a una meseta en la que la lana merina y los cereales ya no alejaban la miseria.

Titanio y cristal, y óxido estratégicamente colocado, líneas ondulantes y la vida tras una decadencia en que las fábricas dejaron de humear, y el Nervión, salvaje y podrido, se desbordó por todas las tierras que conformaban el Gran Bilbao. Museos y gastronomía, luz entre el eterno gris, lucha férrea. Esperanza en tiempos de crisis. Nostalgia, cuando se vive tierra adentro, de la música que el viento toca en los cables de sus puentes.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALa falda de satén estampado con rosas otoñales tiene el sugerente nombre de Circe y la firma de Maru Atelier .El top de tul rosa es un primor de Etxart&Panno. De hecho, el cuerpo es tan transparente que lo superpuse a este body de HM. El bolso clutch que llevo es uno de mis preferidos de Mibuh, donde siempre me cuesta tanto escoger solo uno: me siento como uno de mis personajes perversos cuando llevo una caja de terciopelo llena de bichos. Llevo en mi índice el  anillo Kong de Luxenter, y salones de ante camel en los pies.

Las fotos fueron tomadas junto a la ría de Bilbao por Nika Jiménez.

Recomendaciones espidianas de Diciembre

17-2Pasó Diciembre, con sus deseos, sus regalos y sus libros. Y con algunas sugerencias de lectura…

1-3Diciembre ha sido un mes de recorrido y expansión para El chico de la flecha, mi nueva novela juvenil: entrevistas, presentaciones, y las primeras opiniones de los jóvenes lectores, sus padres y profesores. Le queda aún mucho por caminar, pero de momentos, me está dando muchas satisfacciones.

14-3La primera presentación fue en Mérida, la ciudad en la que transcurre la novela y hablé de ella ya aquí. Antes de encontrarme con los lectores en el Museo de Arte Romano organizamos una firma en Martín, Librería de Papel.  Unos días más tarde repetía suerte en Plasencia, en La Puerta de Tannhäuser, como también os conté aquí.

19-3

27-1Las librerías con sección infantil y juvenil suelen ser especialmente bonitas, y crean una particular adicción: ojalá más personas las descubrieran. Resulta complicado defender que los chavales deben leer si no se les familiariza desde niños con los placeres de las bibliotecas y las librerías, si los padres no las frecuentan ni demuestran pasión por ellas.

22-1 Escribí esta frase para mi ensayo Quería Volar, como un anexo de recordatorio para los días difíciles, y la recogió Vuelvete a enamorar en sus preciosas láminas. Hay vees en que conviene apartarse de esas personas malintencionadas que tanto ruido hacen y que pretenden evitar que pensemos por nosotros mismos.  Hace falta silencio para saber lo que nos conviene.

img_20161227_204335_750Estrella de Diego ha añadido a su espectacular trayectoria el reciente nombramiento de Académica de Bellas Artes de San Fernando; es una autora de referencia en lo que concierne a género, y también respecto a la construcción de identidad(es). Tengo la suerte de coincidir con ella en algunos jurados de premios de ensayo, y hasta la fecha no he leído nada de ella que no me haya obligado a replantearme lo que pensaba de la realidad. Con este ensayo  No soy yo, publicado en Ediciones Siruela ahonda en la identidad del artista (pero también del espectador) en relación con el arte, en especial cuando es autobiográfico.

5-1Es esta una recomendación un poco diferente, que nos permite acercarnos a la intimidad de un creador desde la mirada de un niño, incapaz de comprender las contradicciones y la necesidad de coherencia de la obra. Ediciones Península ha publicado este libro de memorias de Alysia Abbott, Fairyland. Un canto de amor a su padre, el gran poeta Scott Abbott, que la crió, viudo y homosexual, en el San Francisco en el que el SIDA comenzaba a hacer estragos. Aunque cada año dedicamos una jornada al a Mundial de la lucha contra el SIDA. Conviene recordarlo todos los días, y abrir la mente respecto a los tópicos sobre orientación sexual que tanto dificultan la igualdad. img_1860Recomiendo menos cine del que debería: los libros se llevan gran parte de mi atención, pero no toda. Ese mes, por ejemplo, he visto algunas películas más que interesantes: Animales nocturnos, o Comanchería son dos de ellas. Y además, no puedo pasar por alto que por fin he acabado de ver esta compilación: la edición en lata de los doce mejores títulos de Truffaut. Un regalo perfecto para quienes no se quieren ceñir a fechas fijas y a convenciones.

img_20161227_203506_841El 10 de diciembre celebramos su cumpleaños: Emily Dickinson, esa críptica poeta cuyo mito de mujer de blanco encerrada en su casa ha ocultado muchas veces su relevancia como autora. Sabina Editorial ha recopilado, traducido y editado su obra completa de la mano de Ana Mañeru Méndez y María Milagros Rivera Garretas  en una preciosa edición bilingüe, acompañada de tres CDs de audio. Además de recomendarla, os dejo la reseña que he publicado en Zenda para que podáis echarle una ojeada aquí.

Los tres tomos, con sus cuidados detalles, merecen la pena ser bien mirados y apreciados.

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img_20161227_203738_709Y, por último, nunca os olvidéis de las librerías de viejo: ahora, tras la crisis, han proliferado. Las recomiendo como entusiasta lectora (como escritora se te rompe el alma si ves entre sus estantes tu libro a precio de saldo), y como curiosa impenitente. Sin historias ya escritas, ¿cómo podríamos contar las nuevas? 23-2

Presentación para replicantes en Plasencia

OLYMPUS DIGITAL CAMERACon mi novela juvenil El chico de la flecha estoy disfrutando de varias presentaciones abiertas a niños, a sus padres y profesores; lo habitual suele ser que los esfuerzos se concentren únicamente en dirigirse a los chicos, en sus institutos, en encuentros para el fomento de la lectura.

Si la primera presentación se hizo, como parecía lógico y conté aquí, en Mérida, en el Museo de Arte Romano, rodeada de mosaicos milenarios, de estelas conmemorativas y de magníficas esculturas, la segunda tuvo lugar en la librería que ha recibido el Premio Nacional de Fomento a la Lectura 2016, La Puerta de Tannhäuser de Plasencia.  y de la mano de quien, sin duda, es el lector que mejor me conoce y que más tiempo me ha dedicado, el profesor Samuel Rodríguez: no en vano se ha doctorado Cum Laude en La Sorbona con una tesis sobre el mal en mi obra.

Las bibliotecas son para mí lugares maravillosos: las librerías, en cambio, antros de perdición. Resultan focos irresistibles cuando, como en el caso de La Puerta de Tannhäuser, están pensadas con mimo y atención para que un lector incauto, un replicante,  no quiera salir nunca de allí, con la oportunidad de tomarse un café y de hojear con calma los libros, en este caso de editoriales minoritarias. Además de funcionar como librería online, cuenta con una sección para niños escogida con un primor llamativo. En las estanterías reconocía numerosos ejemplares que habían aparecido en mis recomendaciones espidianas; libros ilustrados, novelas gráficas, reediciones preciosas y clásicos con un aire renovado.

Respecto a la presentación, qué decir salvo gracias: la librería se abarrotó, y de la historia romana pasamos a hablar de educación infantil, de los valores transmitidos a los jóvenes y de la responsabilidad que los adultos asumimos (o no) respecto a un mundo complejo, extraño y cambiante. Dos horas (si me animan a hablar no hay límite a la conversación) de encuentro entre replicantes y lectores.

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Para resarcirme del frío y la lluvia de Mérida, Plasencia me acogió con un sol optimista y jovial; me hice con uno de mis vestidos vintage de los 70, granate, en esta ocasión, de punto, manga larga, y con canesú y un falso obi incoporado. Llevé un collar dorado de LaOneta, y unos de mis zapatos preferidos de esta temporada, estos salones de pitón de Mango. Iba abandonando en todas parte mi bolso de mano de Gucci.  El esmalte de uñas granate es el Malaga Wine de OPI.

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No puedo olvidarme de Samuel, mi atento presentador y anfitrión en Plasencia, de mis amigas por Instagram Flores en tu ensalada, que tuvieron la amabilidad de acercarse a acompañarme, (obsérvese que al final de la presentación estaba ya hasta despeinada) y de Cereza Design, que me regaló el precioso brazalete que llevo en alguna de las fotos. Ni, por supuesto, de la charla y de las confidencias posteriores con los libreros, Álvaro y Cristina, pura vocación, apasionados de los libros y de un oficio al que debemos tanto los escritores. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

El chico de la flecha en Mérida

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El chico de la flecha nació en Mérida, tras una conversación con una amiga de infancia, arranca en Mérida,  y ha sido una satisfacción para mí que la primera presentación haya tenido no solo en esta preciosa ciudad, sino en el Museo Nacional de Arte Romano.

Hay libros que nacen con más fortuna que otros: El chico de la flecha ha sido de los afortunados, de los que desde el primer momento conllevan alegrías y sorpresas inesperadas. Para vos nací pertenece también a esa misma categoría, como Irlanda. Otros necesitan más cuidados, o más explicaciones, o fueron publicados a destiempo. Sin embargo, esta novela juvenil me está permitiendo hablar de temas que siempre me han apasionado a otras personas, jóvenes y adultos, que se definen en unos momentos antes de la firma de libros, y lo hace tendiendo un puente natural y fluido.

Un solemne niño de ocho años que se siente preparado para leer un libro recomendado para doce, y que me habla de lo complicado que le resulta crecer y hacerse responsable. También yo hacía esas cosas a su edad y con la misma seriedad, y sentía que la infancia era una pérdida de tiempo.

Un maestro, coleccionista de libros juveniles, que lee con mimo lo que sus alumnos leerán (o leerían: algunos están ya jubilados), y que se va con su novela entre las manos ya medio ojeada. Madres que no saben ya qué regalar a sus hijas voraces, o que no saben con qué incitarles para que al menos aparten los ojos del móvil. Libros como obsequios de Navidad, o como un viaje en el tiempo.

No es ningún secreto que soy una apasionada visitante de bibliotecas y museos, El Museo Romano de Mérida, de Moneo, se encuentra entre mis preferidos: falsamente abarcable, limpio de formas y casi evidente en su concepción, esconde en algún lugar un Aleph o un gusano de tiempo. Nunca se sale de allí con la sensación de conocerlo o de haberlo visto en profundidad. Los mosaicos de las paredes, los bustos de pliegues planchados a mármol, los objetos cotidianos. Cuando decidí escribir El chico de la flecha, mi amiga Valentina y yo nos dirigimos hacia el Museo Romano, como final de nuestra visita de fin de semana. Había una cierta lógica en que el círculo se cerrara (o comenzara) de nuevo aquí.

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Para la presentación escogí un vestido en amarillo intenso de María Barros, de manga larga y ajustado. No dejó de llover en todo el día, y el amarillo, además de desmentir teatrales supersticiones, fue una declaración de intenciones luminosas. El vestido se impone por sí mismo, de manera que lo completé únicamente con un collar de esmalte y unos preciosos zapatos de ante rosa palo de Magrit.

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Un traje nuevo

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMientras escogía el look que muestro hoy me vino al recuerdo una conversación mantenida hacía poco con una buena amiga, a la que acompañaba de compras, porque se encontraba, me decía, en pleno cambio y, sobre todo, en plena insatisfacción.

¿Y éste? -le dije, ante un traje muy bonito.

-Hay cosas que ya no me pondría -me dijo-. No solo porque no me gusten, o porque sepa que no me van a sentar bien. Sencillamente, no me las pondría.

Lo que quería decir mi amiga, recién cumplidos los cuarenta, era una nueva versión suavizada de lo que ya dijeron nuestros madres: es que tengo una edad. Lo que yo escuchaba bajo unas frases en apariencia sensatas, mesuradas, y de sana asunción del paso del tiempo era algo distinto. Escuchaba una resignación, un doblegarse ante lo que, durante años y años, hemos escuchado, y hemos interiorizado respecto a cómo debe comportarse las mujeres. La rebelión, en ocasiones mostrada de una forma aparentemente tan superficial como la ropa que escogemos, la música que escuchamos, las actitudes adoptadas, había finalizado. Lo primero que muestra un cambio en la adolescencia es el cuerpo y la apariencia. Muchas veces sucede antes de que los adolescentes sean consciente de que lo están viviendo. Por imitación, o por inercia, o porque descubren el mundo como si fueran los primeros en llegar a él.

Y, también, cuando otras prioridades absorben a las mujeres, cuando todo les grita que se olviden de ellas mismas porque hay hijos, parejas, padres, trabajo, porque tienen una edad y es el momento de dejar de jugar para convertirse en alguien menos libre y más útil para otros, lo primero que lo delata es un cambio físico. El cabello. La piel expuesta. El maquillaje. Los zapatos, los colores, los cortes. Si a los quince se lleva un uniforme, a los cuarenta se propone otro, con una excusa: el estilo, la sobriedad, la madurez.

Lo que mi amiga no se pondría era un pantalón: nada extremo, nada corto, ni pegado, ni extraño. Cuando lo vio supo, en segundos, como casi todas sabemos, cómo quedaría en su cuerpo, captó cómo se expondría a la mirada ajena, analizó esa mirada de los otros y no le gustó. La solución más sencilla es la de cambiar de ropa; cambiar de mentalidad resulta siempre mucho más complejo. Yo me pregunté qué dejaríamos entonces para otras décadas venideras, interesantes y llenas de retos. La acompañé a escoger otro pantalón. Porque para resistirse a la presión, para saber si se quiere o no encajar en un molde impuesto, o para ceder, ya habrá tiempo, ya probaremos otras formas, ya vendrán días en que las cosas se vean de otra manera.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl traje pantalón de Alicia Rueda que yo escogí, es uno de los que yo le recomendaría a mi amiga que se probara. Azul marino, de corte y caída impecable, de una gran sensualidad en el tejido, se renueva con una línea blanca en el pantalón, que se enlaza con el estilo deportivo, ha sido una de las novedades de la temporada. Por otro lado, los vivos blancos en la chaqueta le aportan un cierto aire marinero. Puede lucirse con una camiseta o camisa, o, como es mi caso, como prenda única. El pantalón de talle alto, con botones, y la curva de la chaqueta enmarcan el ombligo. El anillo, los pendientes y el colgante, en oro rosa, muy sutiles, son de Luxenter. Los salones rojos de tacón alto los firma Lodi. Usé maquillaje de Lancôme. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en la campiña inglesa, muy cerca de Winchester.

Recomendaciones espidianas de Noviembre

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Noviembre ha sido  un mes dedicado, principalmente, a finalizar mi próxima novela para un público adulto, y a corregirla. Muchas lecturas especializadas e históricas, que no considero demasiado interesantes salvo para especialistas. Y, como después de sembrar hay que recoger, una novedad con mi firma.

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Después de casi quince años de la publicación de mi primera novela juvenil, La última batalla, llega la segunda: El chico de la flecha, en Anaya. Ha transcurrido tiempo suficiente como para que nazca otra generación de lectores; en esta novela viajamos hasta Emérita Augusta, en Hispania, en el siglo I de nuestra era. Allí conocemos a Marco, un jovencito de doce años, que crece con su hermana bajo la tutela de su tío. Marco es un joven afortunado, libre, a diferencia de su esclavo Aselo, su cómplice en diversas aventuras. Pero de pronto, una azaña, y un accidente, obligarán a los dos chicos a tomar decisiones importantes y a preguntarse por su entorno y su sociedad.

Soy una apasionada lectora de novela histórica y una gran amante de esta época. Desde hace muchos años deseaba compartir esa fascinación con los lectores jóvenes, y aquí está nuestra oportunidad. Si queréis leer la crítica que el blog Arqueología en mi jardín ha realizado de la novela, pulsad aquí.  Y os dejo una segunda de Área Libros aquí.

20161123_121454Aunque los autores nos quejamos, no sin razón, de la velocidad a la que los libros son reemplazados, he dado con una excepción: este mes he tenido la suerte de aparecer mencionada en la revista Encrucillada, en este caso como la autora del prólogo de Una canción inesperada, de Leire Quintana, publicada en Maeva, un testimonio muy peculiar del que os hablaré en otra ocasión. Tienen además la deferencia de referirse a mi Para vos nací: casi dos años de vida para un libro que me ha dado innumerables satisfacciones.

Basta ya de hablar de mí: saltemos a un fascinante libro de relatos de una muy fascinante autora.

28-1La condición animal de Valeria Correa Fiz es el primer libro de esta autora argentina. Un primer libro que no lo parece, por la madurez y sobre todo por la excelente estructura de estos relatos, por separado y en conjunto. Como humanos y como civilización, ¿somos ajenos a la crueldad, o, por el contrario, es lo que nos caracteriza como especie? El eco y la influencia de Quiroga sobrevuela este libro, de ciertos toques tétricos, y muy, muy perturbador.

9-2No lo es menos, aunque de una manera completamente distinta, Predicador, de Garth Ennis y Steve Dillon. Esta novela gráfica, ya clásica, nos habla de otro tipo de terror, y de otro salto a lo salvaje. Un ángel de la vida, o de la muerte, o una mezcla de ambos, posee a un predicador de un lugar tan remoto como Annville, en Texas; dicho así, parece cosa fácil. Compliquemos la cosa con que uno de los guías espirituales de ese predicador, Jess Custer, resulta ser John Wayne; y con que nuestro protagonista rivaliza con Dios así, de tú a tú. Pero todo lo que cuente no da una idea acertada de esta larguísima y gamberra búsqueda del bien y el mal que podéis leer en Vértigo.

25-3Por contraste, la novela Una voz escondida, de Parinoush Saniee resulta casi ligera, y no lo es. Una autora tan extraordinaria como esta iraní nunca podría pasar por encima de una tema como el que aborda aquí: un niño se niega a hablar. Puede hacerlo, no tiene miedo, no está enfermo, pero decide no emplear esa voz que le permitiría distinguirse de otros. Pero la brutalidad y las críticas ajenas comienzan. ¿Es tonto? ¿Se burla de todos? ¿Es su madre la culpable? Desde luego, nos habla de una sociedad censurada: pero también del parloteo sinsentido actual, de la prisa, y de la crueldad, un tema casi recurrente en las recomendaciones de este mes. Lo ha publicado Salamandra.

img_20161120_174527Un ensayo, esta vez: La menina ante el espejo, que Fórcola ha publicado a Luis Baqué Quílez, una reflexión acerca de la imagen, la palabra, el museo y la historia como iconos que me ha interesado muchísimo. Al fin y al cabo, anunciamos con demasiada frecuencia y demasiada facilidad que nos encontramos en la era de la imagen. ¿Qué genera ahora mismo una historia? ¿A qué nos lleva una imagen que, repetida millones de veces, ha cobrado otro significado? Como todo juego de espejos, revelador, y un tanto asfixiante. Lo cual en un ensayo, para mí, es una gran virtud.

17-1Hacía mucho que no incluía música en mis recomendaciones, y este mes os invito a que escucheis a Zahara en Santa. Del talento de Zahara soy testigo cuando coincido con ella en Likes, y del placer con el que he escuchado este disco, mucho más indie de lo que había hecho hasta ahora, disfruto en esos ratos desperdigados en los que me acompaña la música y la nostalgia.

Esto es todo por este mes. Diciembre promete...

En el Festival ZINEBI de Bilbao

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPertenezco a la generación que se incorporó de manera masiva a las aulas universitarias en ese intervalo en el que aún no habrían proliferado las universidades como luego lo hicieron, y en el que las carreras se reducían a un puñado, antes de las reformas que las acortarían y las especializarían. Estudié en la Universidad de Deusto, mientras vivía en casa de mis padres, como casi todos mis compañeros: eso hacía que no existiera la activa vida universitaria que se daba en otros campus. Aún así, me las arreglé para formar parte del Taller Literario, y, como debe aparecer en el currículum de todo escritor, fundar un par de revistas literarias. Tuve la suerte de realizar las prácticas de mi Diploma de Edición de Textos en la Secretaría Técnica de la universidad. Allí tuve acceso a varias décadas de documentacion sobre el origen y la filosofía de Deusto: la excelencia, la responsabilidad para con la sociedad y una decidida voluntad de formar a líderes. Sin ser demasiado consciente de ellos, eran valores que me había inculcado y que había hecho míos durante esos años.

Hace unas semanas me ofrecieron que presentara un documental con imágenes del curso 43-44 en Deusto; se haría el 18 de noviembre en ZINEBI, el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao. Este Festival nació en 1959 (entonces era el Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino de Bilbao, ahí es nada). ZINEBI, una cita de referencia en el mundo del documental, cada vez más interesante, y que cuenta con voces más originales, había rescatado la primera vez que en mi Universidad entraron dos mujeres, una de ellas invitada a hacer el saque de honor en el partido de futbol. Cuando casi 50 años más tarde yo estudié en esas aulas, las mujeres éramos un noventa por ciento de las alumnas de mi clase. La universidad, casi con un régimen de internado, masculina, con la presencia de los profesores jesuitas junto a los chicos en las comidas, los deportes, las salidas, había experimentado el mismo cambio que la sociedad.

El documental, como el ensayo en las lecturas, aparece siempre oscurecido por la ficción; los medios de las películas, la presencia de estrellas, el afán de diversión ni siquiera compite con la realidad grabada. Sin embargo, la personalidad y la mirada del director o de un pequeño equipo se manifiesta en esas piezas muchas veces con mayor fuerza que en producciones más exigentes y esclavas de otras expectativas. La denuncia, la exposición, la visión minoritaria… o los fragmentos de historia pasada aparecieron por ZINEBI. La vida se enriquece con esos enfoques. La mente se abre. Con suerte, el pensamiento cambia. Fue un placer, y un momento muy emocionante, el que contaran conmigo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación, que tuvo lugar en el Teatro Arriaga de Bilbao, llevé un dos piezas de Marú Atelier compuesto por una falda larga de brocado en tonos azules y grises, con flores en relieve en la cintura, y un crop top del mismo tejido. Zapatos salón azul de Sacha London, y anillo y pendientes de Luxenter. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.