Le Bal des Arts, una historia con Le Bratelier

 

bra1

Quizás lo que más me guste de escribir microcuentos es su versatilidad, la capacidad de evocar una escena, o varias, en unas pocas palabras. Es un género difícil y escurridizo. Muchos confunden el microcuento con el aforismo, o con una frase ingeniosa: a mi juicio, el relato hiperbreve no es tal si carece de personajes y voz narrativa, de una trama abierta a posibilidades o cerrada con un giro sorpresivo. Siempre he escrito  microcuentos, casi como una manera de ejercitar la mirada: mi libro Cuentos Malvados reúne 99 de ellos. De lunes a jueves leo en Hoy por Hoy de La Ser un cuento de, exactamente, 260 palabras. El último de ellos podéis escucharlo y leerlo aquí.

Se adapta también, como si mudara de piel en cada ocasión, a la comunicación. Hay marcas que encajan con una historia, como si ambas se estuvieran buscando. Siempre he defendido que es la mirada personal lo que embellece un objeto y le extrae lo que tiene que contar, pero algunos objetos casi la muestran. Basta con traducir con palabras lo que muestran en formas, colores y tacto.

Eso ocurrió con Le Bratelier y su nueva propuesta, Le Bal des Arts. Prendas con nombre de mujer, con la exquisitez que les caracteriza, y el mimo por cada detalle. Son piezas delicadas de tul y encaje y blonda, en un blanco nítido o negro, tan apetecible, y para mí fue un placer escribir las historias de Elsa, Gabrielle, Bella, Brett o Alice que os muestro, os mostramos, en el catálogo de la colección.

bra2

untitled3

untitled4

untitled5untitled6

untitled7untitled8

Alice

Ahora que se ha quedado sola y aún hay un rastro de luz de tarde tras la ventana, escucha a Josephine Baker. La voz de la artista huele a las rosas que crecen en el único tiesto que ha sobrevivido a las mudanzas de Alice. No es la preciosa, la impresionante Jo Baker de Bye bye, black bird, sino el mito que en el París de 1968, en el Olympia, aún podía dar una lección de sensualidad y de libertad a cualquiera.

Esos son sus grandes momentos. No nos engañemos, todo lo ocurrido durante la tarde (las miradas, primero, el dedo que tan sabiamente se desliza por la clavícula hasta el tirante, y luego bajo el tul del pecho, los almohadones que han acabado en el suelo, la alfombra que se convierte en cama), todo eso es la vida, le da la vida. Pero cuando finaliza, con los labios y las mejillas enrojecidas y el cabello despeinado, el mejor de los momentos es esa soledad en la que recuerda algunas escenas, algunas palabras deslizadas entre la lencería y la piel, y cuando comprende, de verdad, la importancia de aferrarse a cada instante, a la tarde que cambia de color y a su propia respiración, que se va serenando.

Es por eso, cree ella, que conserva las rosas, aunque algunas se le empeñen en morirse y otras en no brotar. Es la misma razón por la que de vez en cuando escucha a esa diosa de ébano que revolucionó un país: para recordarse que debe aprovechar el momento y gozar de él, la compañía y la soledad, la melancolía y la añoranza. Para sentir que además de otras manos, hay un tul, unas rosas, una música que son también capaces de acariciarla.

Cuando las aguas descendieron

microcuento-aguas

Cuando las aguas descendieron soltamos al vuelo un cuervo, como nos habían enseñado. No regresó. Nunca supimos si encontró suficiente alimento como para mantenerse, o si revoloteó sobre el fango y los campos inundados hasta que murió de hambre y cansancio. Aguardamos siete días más. Dentro de la nave el aire se había vuelto irrespirable, y algunos de nosotros mirábamos al vacío, con el pensamiento perdido en un mundo que ya nunca sería el mismo.

Después soltamos a la paloma, que tampoco regresó. En la nave sus parejas, el cuervo y la paloma abandonados, se balanceaban dentro de sus jaulas y graznaban muy bajito, sin culparnos. Entonces soltamos la esperanza, que dudó un segundo antes de desplegar sus alas verdes y nudosas, y emprendió el vuelo. Esperamos por ella un día, dos, siete.

Para entonces, los más osados de nosotros suplicamos que nos dejaran descender. Preferíamos una oportunidad sobre la tierra cenagosa que un día más en aquella nave que hervía de resentimientos, de miedo y hambre. El comité aprobó nuestro desembarco. Uno tras otro, con las piernas temblorosas por no haber pisado tierra en tanto tiempo, bajamos.

El mundo ya no existía: liquen, y algas secas cubrían las carreteras, los árboles, se colaban en los edificios y agrietaban el asfalto. Las aguas se habían retirado, sí, pero se habían llevado con ellas las playas, la orilla, los ríos. En su crecimiento destruyeron el resto. Había que comenzar de cero. Algunos cayeron de rodillas, y rompieron a llorar.

Entonces, en el fondo seco del mar, en lo que quedaba del puerto, apareció un libro. Alguien lo señaló. En el limo sus páginas blancas se movían levemente con la brisa. Y escuchamos un revoloteo cada vez más robusto y sobre nosotros, con las alas verdes y desplegadas, alimentada por lo que quedaba de nuestra antigua civilización, regresó la esperanza.

jjjjjjjjjjjjjjjj

ssssssssssssssssssss

Abril en Estambul

elhogardelmonstruoespido10

Aún con la sensación de vértigo del estreno, el día 21 de septiembre, de El hogar del Monstruo en el Teatro María Guerrero de Madrid, creo que es el momento de hablar con un poco de detenimiento de este proyecto, que culmina estos días sobre un escenario, pero que ha sido labor de varios años y de muchas personas.

Hablaré de cómo he llegado hasta aquí yo, porque cada uno de los involucrados ha seguido un camino distinto. El teatro dejó de ser  mi asignatura pendiente en 2012, cuando escribí Palabra de honor, representada en el Centro de España en Miami, con producción de  El Idearium y dirección de Manuel Mendoza, por Alba Reversi y Orlando Urdaneta.  Casi 10 años antes, Edith Salazar había llevado al escenario mis Cartas de Amor y Desamor en su espectáculo Bolero, con voces como las de María Estevez, Loles León, Terele Pavez, Lucía Bosé…

Pero, en mi día a día, algo que siempre he sabido era que no me gustaban las conferencias formales, sentada, a distancia de mis oyentes y con un vaso de agua. Creo que puedo impartir una conferencia en un ámbito universitario, ceñida a conceptos formales sobre literatura, y aportar un contenido digno. Sin embargo, la mayoría de las conferencias que me piden tienen como destinatarios lectores o curiosos con los que puede existir otra manera de comunicarse, más cercana, informal, o sorprendente. Ya lejos del miedo de no ser tomada en serio por mi juventud (si no soy tomada en serio ya no será por eso) me fascinaban las estrategias de comunicación que seguían los oradores que admiraba.

Por ese camino andaba Fernando Marías, siempre a la caza de ideas nuevas y de propuestas. Fernando, a quien me une una amistad de muchos años, y que siempre ha sido un apoyo indudable y un interlocutor presto a los desafíos, había iniciado un proyecto editorial que deseaba que se extendiera más allá de los libros: daba vueltas a la idea de la creación de una comunidad llamada Hijos de Mary Shelley. Resultaba evidente que algunos autores deseábamos dar un paso más en la dramatización de algunos textos, un juego con el público que se acercaba cada vez más al teatro.

Y ahí Vanessa Montfort sería una pieza clave: su talento y su experiencia internacional como autora y directora teatral permitiría darle forma a ideas sueltas y a proyectos inconexos. Me entregué a ella de manera incondicional, para que me dirigiera como le parecía conveniente, y volvería a hacerlo mil veces. Así, en el Festival Celsius de 2014 ya presentamos un montaje que incluía al magnífico Jorge Usón con texto de Sanchis Sinisterra, y a los cantantes Ruth González y Eduardo Sánchez  Ramos. Ambos conmovedores. Allí interpreté por primera vez Abril en Estambul.

Tras la reacción del público y cómo nos sentimos, la ola era ya imparable y amenazaba con convertirse en un tsunami. El trabajo desde entonces se encaminó a configurar una compañía, y a encontrar un programa serio con un planteamiento claramente profesional. Entró en la producción Imagine Ediciones. Se habían acabado los experimentos. Así se planteó el proyecto al Centro Dramático Nacional, que decidió programarnos como arranque de la temporada 2016-17 bajo el nombre de El hogar del monstruo, cuyo primer número es mi monólogo Abril en Estambul.

Y así hemos acabado en este extraordinario lugar, que está cumpliendo con creces la función de apoyo y promoción del nuevo teatro. Los medios de los que hemos dispuesto (desde el maquillaje a las grabaciones de audio y vídeo, el reportaje fotográfico y las posibilidades sonoras) proporcionan un  material de arranque fuera de nuestro alcance como compañía. La responsabilidad también se incrementó: el María Guerrero supone un compromiso firme. No solo nos evaluarían como autores, sino también como actores, en el caso de Fernando y el mío, y como directora a Vanessa.

Además, yo comparto escenario con actores profesional a los que no puedo avergonzar con mi actuación. Pienso en Miguel Ángel Muñoz, el único de mis compañeros a quien no conocía con anterioridad, y que además de interpretar a un Mr Hide demoledor me ha demostrado cada día una generosidad y un cariño impagables.

Se han sucedido semanas de ensayo a distintos niveles, en las que en mi caso fue clave la sesión con la coréografa Marta López Caballero. Mi papel conlleva una labor física que hubiera sido imposible sin ella. Arantxa Ezquerro se encargó de mi vestuario, un Kaftán, que se empleó en la película Prince of Persia, una enagua de encaje, y unas babuchas de Cornejo.

He tenido que aplicar también distintos cuidados cosméticos que requiere una producción diaria con maquillaje de teatro. Además, en esta obra también me pinto el cuerpo, con lo que hago una exfoliación tras cada sesión con el Rub Rub Rub de Lush que me había recomendado Alma Cupcakes. De momento, la hidratación en profundidad y la limpieza son imprescindibles; como prevención me hice un tratamiento de luminosidad con oxígeno en The Secret Lab, y también una permanente y tintado de pestañas, que sufren mucho con estos trajines. Cada día trae un truco nuevo, un secreto que revela una de las maquilladoras, de mis compañeros. Un mundo inédito.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

elhogardelmonstruoespido2

elhogardelmonstruoespido4

Los sospechosos habituales somos, de izquierda a derecha, de arriba a abajo: Miguel Ángel Muñoz, yo misma, Jorge Usón, Ruth González, Enrique Sánchez Ramos, Luis Antonio Muñoz, responsable de la música del espectáculo, Vanessa Montfort y Krish Otero, imprescindible. Falta María Díaz, que se encarga de la prensa, Rodrigo Ortega, el iluminador… Algunas fotos son de Nika Jiménez y otras han sido facilitadas por el Centro Dramático Nacional.

PS.- Por cierto, aquí podéis leer la primera crítica de la obra: muy positiva.

A tu edad no deberías…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

A tu edad no deberías.

Cómo se te ocurre. En qué estás pensando.

Mira qué pintas llevas. Arréglate un poco.

No hace falta arreglarse tanto.

A tu edad yo ya. A tu edad yo nunca.

No sé lo que se cree. No sé quién se cree.

La lapidación está prohibida. Lástima.

Pintada como una puerta.

Ha hecho siempre lo que le ha dado la gana.

Claro, como no tiene hijos.

Si sus hijos le importaran un poco.

Solo piensa en los niños. Se le ha olvidado ser mujer.

Y lo deja todo ahora, a su edad.

Sus padres, los pobres. Lo que lleva pasado su familia.

Eres muy guapa de cara. Si solo bajaras diez kilitos.

De cuerpo está muy bien. Pero mira qué arrugas.

Se le ha ido la mano con la cirugía.

Con el dinero que tiene, ¿cómo no se hace algo?

Lo que deberías hacer es.

Sólo busca llamar la atención.

Una mosquita muerta. Que son las peores.

Que tus hijos no tengan que echarte en cara un día.

Irse a liar ahora con un jovencito.

Si se le va viendo todo.

Ha subido mucho en poco tiempo. A saber por qué.

A su edad no debería. Yo no. Yo nunca.

Si yo tuviera su dinero yo también vestiría bien.

Está obsesionada con el trabajo. Con el dinero. Consigo misma.

Qué esperas de una divorciada. Qué esperas de una lesbiana. Que esperas de una que se ha casado dos veces. Qué esperas de una pija. Qué esperas de una de esas.

Falsa, más que falsa. Mala madre. Maleducada. Vulgar.  Egocéntrica.

Husmeamaridos. Querindonga. Solterona. Vistesantos. Beatona.

Yo no le deseo mal a nadie, pero.

¿No le vas a dar el pecho?

Yo no la veo guapa. ¿Guapa? Hay mil como ella.

Y con ese marido que tiene. Que le aguanta por el dinero.

Está demasiado delgada. Anoréxica.

¿Y con quién dejas a los niños?

Qué pena, la lapidación.

Siempre me había caído bien, pero.

¿Cómo no va a engordar, si se pasa el día picoteando?

No tiene moral. No tiene principios.

Me has decepcionado.

¿No los mandáis de campamentos? ¿No se quedan al comedor? Ah, ¿se quedan al comedor?

Se ha hecho algo. Fijo.

Cómo has cambiado.

Para mí que el bizcocho no lo hizo ella.

No me extraña que la dejara el marido.

No sé de dónde saca para gastar tanto.

Envidia, un poco. Pero envidia sana.

Un día se le va a acabar el chollo.

La vi el otro día y no quieras saber cómo iba.

Si yo te contara.

Está viejísima.

Qué carácter tiene. Como para decirle nada.

Tiene pinta de sucia.

¿Qué? Tú no entras mucho por casa, ¿verdad?

¿Dónde te metes últimamente, que no se te ve el pelo?

Te lo digo por tu bien. La gente comenta.

Yo no es por criticar. A mí no me gusta criticar.

Pero es que a su edad no debería.

No, no debería.

No debería y punto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Shorts bordados- Mango

Top- Cosido por mi madre. Tiene 22 años. El top, no mi madre.

Sandalias- Paco Gil.

Collar- Marisa Bell.

Bolso- Regalo de la revista Telva.

Higienizador de manos- Touchland

Cabello- Aveda

Maquillaje- Sandra Grau

Críticas- Cortesía de la casa.

Las fotos fueron tomadas en el Hotel Sorolla Palace, en Valencia, por Nika Jiménez.

Magia en una Chistera

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El primer sombrero que me hizo feliz fue una pamela de paja que me regalaron cuando tenía 12 años. Hasta entonces hubo otros, sombreros que defendían del sol, otros de lana, o de terciopelo, más gorros, en realidad, que sombreros. Aquella pamela era una declaración de intenciones: aún la conservo y algunos veranos me la pongo. No he crecido demasiado en los últimos treinta años, o al menos mi cabeza mantiene el mismo tamaño.

Escarlata O´Hara, una gran aficionada a los sombreros, dice en un momento dado, en el aserradero, que su cabeza no puede retener nada relevante cuando estrena sombrero. A mí me ocurre al contrario; un sombrero me llena de historias, de argumentos que se escapan en todas las direcciones. Aquello que sin sombrero puede parecer una locura se convierte en realidad cuando me lo pongo.

Cuando abrí la sombrerera verde en la que venía mi preciosa chistera de La isla de los secretos aparecieron varias mariposas de papel y unas flores de hortensia preservadas. La chistera está guarnecida por una cinta de terciopelo azul agua, y delicadas flores de gasa rosas, amarillas y blancas.

La chistera lleva amarrada una mañana de verano, y una fiesta. Quizás una boda en el campo, informal, alegre; un reencuentro. La mujer del sombrero aún no lo sabe. Ha llegado tarde, no ha hablado con la novia, puede que una prima, que se encuentra, como es lógico, con la cabeza en sus propios asuntos. Se ha dirigido directamente al convite, se perdió la ceremonia, el arroz arrojado con saña contra los novios, y las inacabables felicitaciones posteriores.

Sopla un poco de viento, el suficiente como para preguntarse si habrá hecho mal al no fijarse la chistera con alfileres; hay peonías rosadas y hortensias tornasoladas en las mesas, y amigos del novio al que, ya a esas alturas de la mañana, resulta evidente que habrá que evitar.

Entonces le ve. Es tarde para escaparse: apenas le da tiempo a volverse de espaldas y tomar aire, mientras un camarero le tiende una copa de las bandejas que flotan entre los invitados. Es él, no hay duda, y ha venido, cómo no, acompañado, y toda la sangre se le agolpa en los ojos, y no le deja pensar con claridad. Se le ladea el sombrero, los tirantes oscilan con el viento.

Pero la decisión está tomada ya cuando endereza la chistera sobre la frente; esta vez no se escabullirá como una niña pequeña. Respira hondo, y se dirige a él, entre el lento oleaje de las bandejas con bebidas.

-Hola, nena -le dice él, sorprendido, cuando la ve aparecer de improviso-. No sabía que estuvieras invitada. Ha pasado mucho tiempo.

-Hola, papá -contesta ella. Y el sombrero tiembla y se ladea de nuevo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para que el protagonismo de la chistera fuera total, la acompañé con un vestido color vainilla, un vintage de crêpe con tirantes que se anudan en los hombros  y un delicado bordado floral en el escote. El collar con una libélula es de Verdeagua, y el clutch de paja, con un festón de caracolas y perlas, de Ailanto.

Las fotos fueron tomadas en La Rábida. Hacía sol y soplaba un poco de viento.

 

Evolución natural del escritor (en 26 sencillos pasos)

IMG_20160728_000924

-Yo también escribo un poco, en mis ratos libres, por hobbie.
-Admiro muchísimo a los escritores. Creo que son personas imprescindibles, y les debemos todo.
-Me da vergüenza enseñar mis textos. Al fin y al cabo, uno escribe para uno mismo.
-Sí, soy escritor. No, no he publicado nada. Aún.
-No creo que publique nunca. Yo escribo para mí, y no quiero que la opinión de los demás influya en mi Literatura.
-No tengo la menor prisa por publicar. Al fin y al cabo, ¿Cuántos escritores ha habido que no publicaron una línea en vida y han sido reconocidos después de muertos?
-No puedo entender a esos autores que se venden con tal de que les publiquen. En el momento en el que alguien te dice sobre lo que tienes que escribir has perdido tu alma, tu esencia.
– Querido Fulanito: soy un autor novel que no ha tenido la misma suerte que tú, pero que aspira a dedicarse a la Literatura algún día. ¿Podrías darme alguna indicación sobre cómo publicar, o a quién enviar mis obras? Estoy desesperado.
-Las editoriales pequeñas son el refugio del escritor de calidad. Sin ellas, estaríamos dominados por los best-sellers, y personas como yo, que ofrecemos otras propuestas, no tendríamos cabida.
-Pues menuda birria de liquidaciones. Este me está timando. No puede ser que haya vendido tan poco.
– La autoedición en internet es hoy en día la respuesta a la avaricia de las editoriales y al vergonzoso porcentaje que se llevan los distribuidores. Además, es el futuro en un mundo sin fronteras físicas.
-Está claro que en esto o pagas por posicionarte, o no te comes un colín.
-En realidad, esta colección/editor/ nueva línea editorial es una apuesta por la literatura de calidad; por eso han pensado en mí.
-Al fin y al cabo, lo importante es llegar al lector, ¿no? Para eso escribimos todos.
-Ahora cualquiera que haya escrito cualquier porquería dice que es escritor.
-Bah, si los que mandan son los distribuidores y los de marketing. Da igual que escribas bien o que escribas bazofia, lo importante es que seas conocido.
-Pues no sé a qué se dedican estos si no te dan una idea sobre qué escribir. Se supone que son una editorial grande ¿no?, que son los que conocen el mercado.
-Nunca he aspirado a los premios grandes. Están todos dados, es una merienda de negros.
-En realidad, mi premio ha sido una excepción en la historia del galardón. Creo que demuestra un giro más literario en la tendencia dominante.
– Te juro que si le dan ese premio a Fulanito me pego un tiro. No conozco a nadie más prepotente, soberbio y autocomplaciente que él.
-Querido Zutanito. Mucha suerte con tu carrera de escritor. En estos momentos, resulta realmente difícil publicar, con lo que te remiendo que te dirijas a una editorial pequeña, que quizás pueda apostar por un libro de cuentos como el tuyo.
-Nunca he aspirado a los premios institucionales. Creo que hay escritores mucho más relevantes que yo que no lo han recibido, y no sería justo.
-Nunca he aspirado a los premios institucionales. Al fin y al cabo, son todo politiqueo, ya se sabe, y si no eres de los de su cuerda…
-Te juro que si le dan ese premio a Fulanito, me pego un tiro. No, se lo pego a él.
-Pero ¿a qué están esperando para darme ese premio? ¿A que me muera?
-Con la satisfacción de haber recibido este premio, que acepto con sorpresa y agradecimiento, quería brindar este consejo a los jóvenes escritores: no tengáis prisa, no queráis publicar demasiado pronto. Los lectores, los auténticos lectores, esperarán por vosotros. Y al fin y al cabo, uno debe escribir para uno mismo.

Atardecer

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El atardecer más bello no fue aquel del primer beso, ni el que tiñó el cielo de nubes rosadas y violetas y en el que durante unos largos minutos de Julio se suspendió el tiempo. Esos fueron días hermosos, sí, que alegrarán el alma en la oscuridad del invierno. Inolvidable también aquella tarde en la que, por primera vez, nos asomamos al mar en soledad, como quien se asoma a un espejo al que no nos miramos desde hace mucho tiempo.

Pero no fue el más bello.

Tampoco lo fue el que comenzó con una fiesta que no prometía nada y terminó en amanecer, ni el de la última tarde de vacaciones; no lo fue el que inició aquel romance, ni el de la pedida de mano.

El atardecer más bello fue aquel que nadie esperaba, ni el más luminoso ni el más cálido. Pasó pronto: quizás estábamos con la mente en otra cosa. Entonces, de pronto, nos detuvimos y miramos al cielo. Estábamos allí, estábamos vivos en mitad del torbellino, pese a todo. Con el dolor y con la esperanza, con esa lucidez extraña que da la conciencia del presente.  Allí estábamos, mientras el sol descendía. Todo se ordenó por un segundo. Y supimos, sin tener del todo claro cómo lo sabíamos, que todo estaba bien, que no olvidaríamos ese instante de plenitud sin palabras, de reto a la eternidad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En ese atardecer vestía un vestido vintage de gasa color aguamarina, con pasamanería roja y blanca, unas pulseras en los mismos tonos de Blanco y unas avarcas menorquinas de la firma Ria, doradas y con una cuña alta.

Las fotos fueron tomadas en Isabella Menorca, una de las terrazas más bonitas y con mejores vistas de la isla.

 

Cursos de verano 2016

b

Como todos los años, comienza la temporada de Cursos de Verano en distintas universidades: en algunos participo como profesora, en otros seré también la directora. ¿Os animáis a inscribiros en alguno? Tendrán lugar en ciudades muy distintas, y la temática también variará.

A principios de junio, el día 10, participaré en el curso Literatura y Moda en la Universidad Internacional Menéndez Pidal (UIMP) en Valencia. Tenéis la información sobre él aquí.

Un poco más tarde, del 24 al 26 de junio, (lo que significa que pasaremos allí la noche de San Juan) tendrá lugar una experiencia extraordinaria, Diodati se mueve en Iruelas, Ávila. Durante ese fin de semana intentaremos recrear lo que ocurrió en el verano de 1816, en Villa Diodati, en que autores como Shelley, su mujer Mary, Byron y Polidori se juntaron para leer, contar historias y disfrutar del año sin verano. Toda la información se encuentra aquí. Yo me encargaré de organizar un picnic (una excusa para charlar de literatura, de la vida, la muerte, y el talento) y de un encuentro junto al lago.

El 28 de junio intervendré en el Curso Violencia filio parental y violencia de género: la necesaria salud emocional, en El Escorial. Podéis ver de qué se trata y matricularos aquí.

El siguiente curso versará sobre el arte de hablar en público y tendrá lugar en la Universidad Complutense, en su sede de Moncloa: yo imparto clases del 4 al 11 de julio, aunque el curso se prolonga hasta el 22.

IMG-20160525-WA0006

La información al respecto se encuentra aquí.

Cambiamos por completo de tercio y de zona para irnos a la UNIA en su sede de La Rábida, en Huelva, del 20 al 22 de julio. El curso que dirijo está encaminado a detectar y librarnos de las personas tóxicas, en particular de las que encontramos en nuestro entorno de trabajo, y cuento con el extraordinario apoyo de profesores  de áreas muy diversas (psicología, psiquiatría, mundo del espectáculo y de la moda, relaciones con las redes sociales, literatura…)

IMG-20160525-WA0009

La información y la matrícula se encuentran aquí.

Por último, aunque habré estado ya en Teruel en la UVT los días 18 y 19 de julio como profesora en el curso Psicopatología de la Adolescencia: cambios y crisis,  que podéis ver aquí, regreso como directora en un curso de perfil literario.

Del 25 al 28 de julio abordaré las posibilidades prácticas que ahora mismo ofrece el saber escribir de la manera adecuada: uno de los temas que me apasionan, y que preocupa en la actualidad a la gran parte de lo escritores y aspirantes a serlo. ¿Cómo reorientarse, cómo sobrevivir si se desea que escribir sea algo más que un hobbie?

IMG-20160525-WA0008

Y aquí tenéis la información y matrícula.

De momento, esto será todo. ¿Veis algo que os interese? Seréis bienvenidos…

¿Recuerdas?

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

¿Recuerdas la habitación?

Tu memoria, entonces,

se aferra a los objetos mejor que la mía.

Yo solo vi

sobre los muebles flores talladas,

la mano antigua de un ebanista hábil,

y rendijas tras los huecos de las plumas.

Entre ellas nadaban los peces

que habitan el aire de mayo.

Escamas en los huecos de la piel,

juegos de Escila y de Caribdis,

de sirena o pez o luna esquiva.

Y yo te dije: “Alguien

me maldijo al marchar con el mal de la nostalgia.”

Debiste haber huido.

Me aguardaba el calor de mi casa y mis tres gatas,

una ciudad meticulosamente trazada,

Busardo, Kaas, Navokov, Durrell y Shakespeare.

Pero ¿y a ti? ¿Qué te esperaba?

Ahora ya no hay sendero.

Lo borraron tu silencio y mis historias.

Recé mi letanía en aquella madrugada

de hielo líquido y devenir inquieto:

Te infectó el mismo mal,

la muerte y sus absurdos,

la leyenda y las mentiras.

El envejecer atónito de las nubes

envenenará tus ojos falsamente negros,

y los pálidos dedos de los muertos

tenderán sus muros entre tu voz y mi canto;

nuevo vampiro entre seres dormidos,

no hay reposo para ti en tierras nuevas.

Como Ulises, ufano por salvar la vida,

por librar tu alma exhausta de la pena

gritarás, perdido por el tiempo y el océano

“- ¡Soy Nadie!¡Soy Nadie!¡Soy Nadie!”OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El slip dress de lentejuelas plateada es de Mango. Llevo el esmalte de OPI Kyoto Pearl. La chaise longue de terciopelo negro y el abanico de plumas salieron de las manos de artesanos en el siglo XIX: la primera la encontré en Madrid, el segundo, en una tienda de York.

Microcuento: En mayo…

20160521_105906.jpg

Espido Freire

Este microcuento forma parte de un proyecto muy especial, único, en realidad: y tiene la particularidad de no haberse impreso en papel, como siempre, sino sobre raso, en un cojín.

¿En un cojín? No, en cuatro. Mis alumnos, y algunos lectores saben de mi obsesión por saltar del formato papel a otro tipo de soportes: el texto, sobre todo el de los microcuentos o los aforismos, me parece idóneo para aparecer en lugares diferentes a los libros: así, he escrito cuentos para paredesfarolascamisetas, (con Kukuxumusu), para el packaging de cosmética o de zapatos (con Sacha London y Paco Gil), en láminas, en audio, y, por supuesto, en libritos que eran auténticas obras de arte, ilustrados, o troquelados.

Esa idea, además, tiene la ventaja de que no depende de una editorial. Algunas no publican cuentos, y menos aún microcuentos. Sin embargo, esos textos brevísimos encajan muy bien en trabajos para marcas, para una campaña o un producto específico. Algunas empresas destacan por su amor por lo exclusivo, lo  diferente, la creatividad y la palabra. En otras ocasiones, son campañas benéficas, ONGs o ediciones especiales o de lujo de marcas muy conocidas las que me piden que escriba un texto para ello.

Los escritores, pese a lo que los lectores puedan creer, estamos muy acostumbrados a escribir con “pie forzado”, es decir, sobre un tema determinado. Muchas veces nos imaginan en casa, guiados por nuestro capricho y con la mirada fija en el techo mientras esperamos la inspiración: eso no es así. Cada autor tiene una serie de temas preferidos y de simpatías, sobre los que por lo general escribe; algunos son elevados (la filosofía, la trascendencia, el desarrollo humano) y otros más terrenales (viajes, fútbol, gastronomía…)

Es habitual que un periódico, conocedor de que un escritor es experto o tiene interés en un tema, le encargue un artículo de opinión, o un reportaje. Los cuentos de verano son un encargo clásico de casi cada año. Lo mismo ocurre cuando una editorial nos pide un relato sobre un tema determinado para una antología. Piensen en los pregones. O en los prólogos a otras obras.

Yo no acepto ese tipo de sugerencias en mis novelas, porque son proyectos largos que nacen de obsesiones muy privadas, pero sí en artículos, ensayos, cuentos, conferencias o microcuentos;  y además me encantan como reto. Ya en el colegio me pedían poemas a la Virgen, el discurso de fin de curso, o la redacción de la primavera. Es cierto que nunca trato temas que no me apasionan, o que no me permitan libertad creativa. Pero hasta ahora las marcas han sido más respetuosas, y más arriesgadas a la hora de escuchar lo que quiero hacer que la mayoría de las editoriales.

El ejemplo que os traigo hoy son los microcuentos para el lanzamiento del concepto Noolor de la marca Evax. Quienes estaban tras la campaña, la agencia de comunicación Edemann y Whatsupsolutions, me dieron absoluta libertad: querían que diversas artistas (Alaska, Montse Ribe, Rosa Muñoz, Txell Miras y yo) interpretáramos el  concepto abstracto de Noolor.

Esperaban que yo escribiera un relato, pero frente al trabajo visual que, sin duda, presentarían mis compañeras, unos folios solitarios y encuadernados me parecieron tan sosos que me dio pena. Y pronto comencé a hilar ideas. ¿Por qué no emplear un formato que pudiera moverse, tocarse, estrujar? ¿Qué tal unos cojines? ¿Y un audio en el que se me escuchara leer los cuentos, para emplear otro sentido, ya que íbamos a prescindir del olor?

Una vez decidido, me centré en mi labor creativa: serían cuatro, uno por cada ciclo lunar, tan unido a la mujer, y por cada estación. Dos hablarían del placer de encontrarse a solas con nuestros sentidos, y dos de la relación madre e hija. Dos del momento presente, y los otros dos, de cuentos de hadas. Y destacarían dos palabras que, a su vez, formarían un mensaje. No se podía hacer más con menos. Fue un proyecto apasionante y precioso.

Para la presentación, que no se quedó atrás, escogí el prototipo de un vestido de Agatha Ruiz de la Prada, con una rosa amarilla natural en el pelo.  Recuerdo cómo me divertí desde el principio al fin de ese trabajo, cómo quedó perfectamente reflejado lo que todos queríamos transmitir. Y por casa siguen esos cojines, con mis cuatro cuentos. El del cojín de Rusia dice así: Artistas mundo noolor evax

“En Mayo ordenaba los armarios. Dejaba para el final el del pasillo, el más viejo. Cuando lo abría, el olor a madera le devolvía a su infancia en una casa que ya no existía, a los manteles de encaje e iniciales blancas, a los espejos con el azogue picado, a las bolsitas con hierbas que perfumaban las sábanas. Le traían a su madre, joven y cercana, su aroma a agua de rosas y a infancia sin problemas. Luego cerraba el armario, y el resto del día se sentía en paz”.

Y el dedicado la Luna Nueva de Invierno es éste:

20160522_162101

“Las noches de escarcha darán pronto paso a los amaneceres de nieve. El rey se marcha mañana. Mi hijastra duerme, ajena a todo, tan bella que inspira miedo. Los lobos han bajado del monte pronto este año, y la imagino sola, asustada en el bosque, entre los helechos, las ramas viejas, los árboles oscuros y el aliento del cazador. No importa lo que diga mi espejo: no la mandaré allí”.