El primer baño del verano

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En un momento dado la ilusión por el primer baño en el mar o en una piscina, la euforia de los niños por chapotear y saltar al sol se transforma, sobre todo para las niñas, en otra cosa: comienza la vergüenza, no por el comportamiento sino por su cuerpo, por qué parecen, por quiénes son.

En los tres libros que he dedicado al tema del cuerpo (Cuando comer es un infierno, Quería volar, y La vida frente al espejo) abordo el dolor que genera una idea errónea de la belleza, y cómo a lo largo de los últimos años hemos unido de manera errónea las emociones al cuerpo, la autoestima a la apariencia y la belleza a la juventud. Lejos de suponer una frivolidad, estamos hablando de un sentimiento de inferioridad y de vergüenza que experimentan, en mayor o menor medida, muchas personas. Casi todas las mujeres luchan contra ellos, y muchos varones comienzan a entrar en ese mismo círculo. En casos extremos se llega a la enfermedad: por lo general, produce angustia, condiciona actitudes y consume mucho tiempo y esfuerzo.

La exigencia alcanza por igual a mujeres bellísimas y a quienes no lo son tanto, a mujeres que viven de su apariencia y a quienes no lo hacen. Lejos de convertir la belleza en un motivo de satisfacción y el cuerpo en una fuente de goce, la apartamos de nosotros.

Pero el tiempo no vuelve. Si pudiera ahora regresar a la adolescencia y dirigirme a la jovencita que fui le diría lo que en su momento me repetían los adultos: que los años vuelan, que lo que creemos tan importante no lo es tanto, que no me hiciera daño, que expresara lo que sentía en lugar de transmitirlo con mi cuerpo, que esta carne y estos huesos no son más que el medio a través del cual vivimos y sentimos. Todo eso me lo dijeron, y no lo supe entender. Y ahora, que lo entiendo, y lo siento, creo que hay que contarlo no solo a las generaciones nuevas: también a las mujeres que antes de ese primer baño que debía ser tan jubiloso como en la infancia se miran y se critican sin piedad. Y ven sus cicatrices y sus cesáreas, sus varices y su vello, la celulitis y la flaccidez, los kilos y las arrugas el paso de los años como algo terrible, como un robo de la belleza y la alegría. Pero nada de eso es cierto: el cuerpo marca el paso del tiempo y de la vida, y debería ser un orgullo y una satifacción haber sobrevivido a todo y mostras las huellas como si fueran medallas.

No es justo con nadie. Nada debería hacernos sentir así, tan mal, tan inadecuadas, tan avergonzadas. Nadie debería. No lo permitáis. No lo hagáis. A criticar y juzgar, el llamado body shaming, se enseña y se aprende, y a ser tolerante, y generosa, y a volver a jugar y a disfrutar, también.

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Hay infinidad de marcas de ropa de baño, pero muchas mujeres se siguen quejando de que no encuentran prendas para ellas. La diferencia entre las expectativas y la realidad provoca mucha frustración, la sensación de que se diseña únicamente para chicas muy jóvenes o de cuerpos perfectos la acentúa. A mí me gusta mucho Anita since 1886 precisamente porque entiende a la perfección el cuerpo femenino: hay trajes de baño para embarazadas, tallas grandes… y trabaja muy bien la sujeción del pecho, lo que hace sus bikinis perfectos para mujeres de busto generoso. En otras ocasiones ya me habéis visto con diseños de esta misma marca.

El modelo que yo llevo es el Hermine, con braguita alta fruncida en los costados, y sujetador con drapeado, aros y tirantes regulables. Puede llevarse con un pareo a juego en los mismos tonos añil y blanco decolorados. Un poco hippy, muy chic, y tan favorecedor como veis.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en la piscina secreta del Hotel Sheraton Gran Canaria Salobre Golf Resort, con unas vistas maravillosas del entorno natural y un agua tan fría que primero corta la respiración y luego da la vida. En realidad, eso es lo mejor que nos da nuestro cuerpo: la experiencia, el frío, el calor, la sensación, el placer, la memoria.

En Casa Decor 2017

OLYMPUS DIGITAL CAMERACada año Casadecor cambia de ubicación: como un guante a los dedos, las tendencias más interesantes de decoración se adaptan a un nuevo edificio, que este año se encuentra en la calle Antonio Maura, 8, de Madrid. Una casa señorial, de casi 3.000m2, con siete plantas irregulares y diferentes. En total, el curioso se encontrará con 67 espacios decorados por distintos diseñadores, arquitectos e interioristas. Desde una pared en un espacio de paso a una habitación suite.

Quizás sea una de las exposiciones que cada año espero con mayor impaciencia. La reforma de un casa esconde una promesa de una vida nueva y de un inicio mejor. Durante los próximos meses espero modificar ligeramente todo ello, de manera que ver tantas ideas creativas ( quienes lo deseen podrán visitar Casadecor hasta el 18 de Junio, todos los días de 11:00 a 21:00h) me deja oscilando entre la inspiración y la realidad.

No mencionaré todos los espacios que me han gustado, porque sería interminable, pero no quiero dejar de mencionar algunos que me han llamado la atención: pido disculpas al resto, y a su talento.

El visitante debería detenerse en la tienda Brillar, Resplandecer, Sobresalir, a cargo de Espacio Luzco. Siempre resulta ingrato decorar un espacio en el que se venden objetos ajenos, y Liena Ferrero lo consigue con (perdón por el juego de palabras) brillantez.

Una de las miradas más originales de la decoración contemporánea es la del siempre interesante Guillermo García-Hoz, que este año se ha encargado del Salón Home-Gallery Samsung. Colorido y neón en un espacio presidido por su emblemático ciervo Gerardo, y por un sentido del humor que invita a divertirse se quiera o no.  Sigo a Guille desde hace años y cada vez me gusta más lo que hace.
También en un espacio Samsung, pero en este caso la cocina Trendy Kitchen encontramos a Beatriz Silveira. Beatriz habla en sus proyectos de sensibilidad y de equilibrio, con un toque femenino muy sutil. Luz y armonía, y espacios abiertos en esa cocina.
La luz, y en este caso el color, protagonizan también el salón del Espacio Westwing, de la mano de Miriam Alía. Miriam fue uno de mis descubrimientos de la pasada edición, con su butaca de lentejuelas y su leopardo de cerámica, pero este año me ha deslumbrado: ha recubierto las paredes de tonos fríos con celosías blancas, que combina con papel pintado de flores y toques dorados. Westwing sacará a la venta en breve algunos de estos objetos, y reconozco que los estoy esperando con interés.
Pasé varias veces por la Sala de Estar La cuestión palpitante, de Virginia Sánchez Interiorismo. La razón, los intensos verdes degradados de esta sala de estar que reinterpreta los hogares señoriales en los que Emilia Pardo Bazán, la autora del ensayo que da título al espacio, vivió. Y la interesante conversación de Virginia, encantada de explicar el proceso que llevó a cabo para mostrar la modernidad de esta escritora plasmada en las molduras y las fotografías. Una delicia.

Tampoco podía pasar con prisas frente a El salón del Lector de Asun Antó: dos alturas que me llevaría a mi casa, con sus espejos, libros y discos, en un ambiente íntimo que parece casi infinito y que invita a la conversación pausada o a la soledad.
Completamente distinto es el tramo de escalera Esne para Scheider Electric. Suban y vean el ramalazo de rojo y la originalidad de este diminuto espacio.

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Entre tanto color (y terciopelo, y mármol, y cobre, y dorados, la tendencias de este año) para las fotos de Nika Jiménez preferí vestir de blanco: un top de Zara, con un pantalón crop blanco de Mango, mi preferido ahora que ha llegado el buen tiempo. Toques plateados y un borsalino. Me cuesta más escoger entre lo que veo: todo parece posible, todo puede encajarse. Paredes grises o rojas, pavimentos naturales o de brillo sintético, antigüedades reales o guiños kitch. Es el problema de tenerlo todo tan al alcance durante esta visita. Lo creemos posible, lo creemos nuestro, lo creemos hecho.

Dioses y Mitos por Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEsta es una imagen familiar para cualquier que me conozca: un edificio clásico, una escultura, una alegoría, y yo, plantada allí, incapaz de moverme hasta que les he contado a mis acompañantes qué vemos, de donde viene, qué referencias mitológicas encontramos en esa diosa desnuda, ese amorcillo enfadado, esa mujer con guirnaldas (también me ocurre con los árboles y las flores, pero en menor medida). Desde que de niña descubrí la mitología y su explicación simbólica del mundo ni  la arquitectura ni los jardines me transmitían lo mismo: y, con la insistencia de las pasiones, lo he compartido, me temo que quisiera o no, con quien llevaba al lado.

¿Por qué no lo haces para otros? ¿Para lectores, para curiosos? me habían preguntado mis amigos durante años, no sé si hartos de ser siempre mis víctimas o con un sincero entusiasmo por mis recorridos. El problema de las pasiones es que resultan contagiosas, y que no hace falta mucho para incendiarlas. Cuando comencé a colaborar con B the Travel BrandViajes El país con experiencias como el Viaje por la tierra de Jane Austen (que podéis ver aquí, aquí y aquí) era cuestión de tiempo el que les propusiera un recorrido por el Madrid Mitológico: desde las Quimeras de Atocha hasta la Diosa Cibeles, los caballos de Neptuno o la Diosa que preside la Gran Vía.

Así surgió Dioses y Mitos por Madrid. Una mañana por Madrid, con un grupo de viajeros, que recorren conmigo parte del centro de la ciudad, mientras yo les narro historias sobre esos dioses, esos héroes, esas alegorías que cubren las fachadas de muchos edificios señoriales. Cariátides y héroes, un diablo escondido en El Retiro, laureles, espigas de trigo. Y, como remate, una comida en el Palacio de Cibeles donde podíamos comentar lo visto.

Sabíamos que el Viaje por la Tierra de Jane Austen conmigo había despertado mucho interés, hasta el punto de que el siguiente, organizado para el 5 -8 de Octubre de 2017, se había llenado apenas fue ofrecido (es muy posible que ofrezcamos un recorrido más ese mes, dadas las peticiones de los viajeros: si finalmente es así, lo anunciaré con suficiente antelación), pero era un misterio qué ocurriría con una experiencia más breve, más extraña, si se quiere. Ocurrió lo mismo: veintidós viajeros me acompañaron en una de las mañanas más bonitas de este año, para aprender un poco más sobre cosmogonías, leyendas y sagas.

¿Repetiremos? Muy posiblemente. Pocas cosas pueden compararse a la expresión de sorpresa de quienes te acompañan cuando recuerdan fragmentos de historias leídas en su infancia, nociones sueltas. O cuando ven, como por primera vez, un edificio muchas veces conocido. Eso, y no otra cosa, es para mí enseñar. Las historias no se limitan a los libros. Hay que compartirlas, tienen que volver a la vida. Si no, los dioses y los héroes también pierden sus poderes.

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Para un recorrido que dura casi cuatro horas de paseo por Madrid necesitaba ropa cómoda, y que se adaptara a una mañana de mayo fresca que daría lugar a un día radiante. Elegí un vestido largo satinado de Wild Pony con estampado muy pequeño gris y rojo. El corte clásico (escote cruzado, tirantes, plisado en torno a la cintura, la falda de vuelo con una profunda abertura) lo convertía en un guiño a la experiencia de Madrid Mitológico. Ligero y evanescente, y muy espectacular, lo combiné con una cazadora de cuero negro de Mango, alpargatas  (no se ven en las fotos), un sombrero borsalino, y una gargantilla plateada (o chocker) de  Parfois. El bolso vintage es uno de mis clásicos. Como el sol primaveral es siempre traicionero, me embadurné a conciencia con proteccción solar: estoy probando varias entre las de factor de más de 50 que sean ligeras y adecuadas para piel sensible, y en esta ocasión usé una de mis preferids de Kiehl’s.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con My Pen Camera Olympus: y tuvo el acierto de captar, al menos en una ocasión, el escalofrío y la piel de gallina que me produce, una vez más, entregarme a dos de mis pasiones: el viaje y el conocimiento.

Ajedrez en la isla

OLYMPUS DIGITAL CAMERANo somos sino piezas de ajedrez en un tablero sin normas, más grises que blancas, más grises que negras. No somos sino el movimiento que realizamos y que creemos libre, y que sin embargo, condicionan los otros, el capricho, la ignorancia, la presión, la falta de perspectiva. No somos sino aquello que soñamos en la mañana y que conseguimos cuando el día acaba, la aspiración a moverse como alfil siendo un caballo, de suistituir a la reina cuando no pasamos de peón, de ganar esta partida, o de al menos no perder con demasiada rapidez, con un deshonor obvio. No somos sino el tiempo que transcurre entre partida y partida, mientras ordenamos figuritas, ensayamos estrategias y nos aseguramos ante el espejo que sí, que esta vez ya hemos practicado lo suficiente, que esta vez lograremos un jaque mate.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALas fotos fueron tomadas por Nika Jiménez con  MyPen Camera en el Hotel Seaside Palm Beach de Maspalomas, Gran Canaria, que en sus jardines esconde un ajedrez gigante, cactus y buganvillas de un exotismo exhuberante. Me hospedé allí durante una estancia de GCWellness, organizada por The Suites. Días inolvidables por la amabilidad de todos los empleados, la gastronomía (los desayunos del hotel son dificilmente igualables) y el spa, que no se conforma con tratar el cuerpo, sino que ofrece tratamientos que ofrecen una tranquilidad mental y una relajación más que deseable.

La falda tableada de crêpe azul klein es de Mango. La he combinado con un crop top de algodón blanco, sandalias de ante fucsia con cuña, y una pamela de fieltro blanco. Ojo al sol, hace falta siempre protección alta. El collar de cuentas de vidrio azul lo compré en Atenas hace ya años.

En el Atelier de Suma Cruz

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Todo comenzó con unas estrellas y unos pájaros vistos en una imagen de Instagram, y me llevó una mañana llena de sol a la calle Zorrilla 23. Allí estaban las chicas de Suma Cruz, en sus mesas altas y con sus joyas alrededor, entre flores secas y piezas a medio montar, en una buhardilla luminosa al final de una escalera de madera. Susana Cruz, la fundadora, insiste en que sin un trabajo en equipo nada de lo que hay bajo ese techo se hubiera logrado.  Paloma, Inma, Andrea y Carmen son el resto de las creadoras, largas melenas, ojos brillantes, manos ágiles. Un profundo respeto por la joyería clásica, y un conocimiento igualmente profundo de la historia de la orfebrería.

Hay algo fascinante en ver un taller artístico, un atelier. Mi escritorio resulta mucho menos interesante,  menos creativo, sin duda menos cambiante que este lugar en el de pronto surge un cocodrilo, o un escarabajo de piedras semipreciosas, o un lirio que se enrosca entre los dedos. Muchas personas solo visitan uno de estos lugares, como los de vestidos de alta costura, para una ocasión especialísima: una boda propia o ajena, una celebración muy especial. Cada vez más a menudo, regalos hechos a una misma, por haber cumplido 40, o 50, o 60 años, o por haber tomado una decisión acertada.

Esa mujer, sola, o con alguien de quien se fía, subirá las escaleras, encontrará lo mismo que yo: una deslumbrante sucesión de posibilidades, de piedras y piezas metálicas, de exquisitas diademas y de hiedras que crecen entre las manos. Unas te convertirán en una sirena con mejillones de nácar entre el cabello, otras en una ninfa con halo de estrellas . Otras en una emperatriz bizantina, con sus tiaras rígidas y cuajadas de gemas. La belleza tiene siempre algo de irrepetible, y algo de incompleto, también.

-Escríbenos algo -me pidieron, después de que hubiera jugado a transformarme en todas las criaturas marinas o celestes que se me ocurrió.

-Claro. Dadme un papel.

-No -sonrieron-, en la pared.

Y allí, bajo el sol de la buhardilla de Suma Cruz, quedaron mis palabras. En mis manos, ahora, anida un escarabajo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERANinguna prenda podría competir con esas preciosas joyas.  Me puse un abrigo de terciopelo negro de Mango, sobre el que destacaban los matices y los brillos. Las fotos fueron tomadas en el Atelier, en Madrid, por Nika Jiménez.

Oda a mi cama

OLYMPUS DIGITAL CAMERA¿No echas de menos tu cama? Me preguntan a menudo, ahora que toca viajar. ¿No añoras tu almohada, el tacto único y de abrazo de tu colchón? Añoro, desde luego, mi colchón, que está recién estrenado y es un Eve Sleep. Pero sobre todo echo de menos todo aquello que hago en mi cama y que durante los viajes, en los hoteles, por exquisito que sea su trato, por esmerado que sea su servicio, no puedo hacer.

No me entiendan mal. He dicho en muchas ocasiones, en esas declaraciones fuera de micrófono, que tanto gustan a los periodistas porque aportan frescura y son espontáneas y rompen la rigidez del personaje (y maldita la gracia que me hace que sean usadas fuera de contexto y no digamos ya en un titular, sin la ironía o la intención con la que fueron pensadas) que todo lo que me gusta hacer, se puede hacer en una cama. Y es cierto.

Mi cama es el terreno en el que leo y estudio, en el que encuentro a veces ideas que se resistían en el escritorio, donde vuelo y puedo ser una bailarina, o astronauta, como soñaba de niña, o sencillamente, una personas con menos problemas y más tiempo. En la cama puedo jugar a inventarme conversaciones con dos mágicos pajaritos dorados que son, en realidad, un salero y un pimentero. Puedo abrazarme a Maxim Huerta y buscar La parte escondida del iceberg. Tomo el té y algo más que acompaña el té, busco remedios para la melancolía en libros como Manual de remedios literarios, y hago algo que me reconcilie con mi pobre piel con el Gelee Hydratante qui fait mate de Kenzo.

Sueño, sobre todo. Por que soñar es la sal de mi trabajo y lo que permite, tras los viajes, que vuelva la calma a mi piel y el brillo a mis ojos. Es aquello de lo que me nutro. Es, en definitiva, más que dormir, es todo aquello que en los hoteles, con la prisa, y el cansancio, y la almohada ajena, no puedo hacer.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAMi colchón Eve Sleep llegó a casa como nunca lo hubiera imaginado: enrollado en una caja en la que apenas parecía caber una almohada, envasado al vacío, ligero y cálido. Un paso más en el packaging.  Las paredes de la caja albergaban citas de Lewis Carroll, o de Robert Frost. Rusia se dedicó a leerlas una a una. Y pude elegir las iniciales para personalizar mis almohadas que fueron (nada original) EF. Suave y adaptable, silencioso, reúne todas las características que se le pueden pedir a un buen confidente, a un buen colchón, a un buen amigo.

Las tazas, las bandejas en forma de corazón, las bandejitas de hojas, los pajaritos… son de Salvador Bachiller y los podéis encontrar aquí. Las fotos fueron tomadas en mi casa, por supuesto, en mi cama, por Nika Jiménez.

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Y ahora ¿qué?

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Estos días he repetido varias veces en las entrevistas sobre Llamadme Alejandra que esta novela ha ocupado catorce o quince años de mi vida. No ha sido mi dedicación absoluta, como puede comprobarse por mis otras publicaciones y trabajos, pero sí una compañía o un deber constante que pendía sobre mí como una damocliana espada literaria.  Ahora, tras haber conseguido el Premio Azorín 2017, y con dos meses o tres por delante de trabajo compartido con libreros, periodistas y ferias para que el libro llegue al mayor número de lectores posible, es el momento de detenerme y de preguntarme qué hacer ahora

Cuando un proyecto de una duración tan prolongada finaliza, y lo hace de una manera tan deseable como con un premio, existe un peligro latente: el desánimo: Contra todo pronóstico, la sensación de vacío. Una ligera duda, o una profunda conmoción. Qué escribir ahora, qué iniciar cuando aún no nos hemos desprendido del todo de lo anterior. La primera vez que me enfrenté a esta emoción fue cuando publiqué mi primera novela, Irlanda, y el mensaje que recibía a mi alrededor era que ya “lo” había logrado. Entonces me empeñé en que era el inicio del camino, no una conquista. Año  y medio más tarde conseguía el Premio Planeta 1999. Nuevamente me hablaron de haber conseguido ya algo que clausuraba un ciclo, o incluso del fin de mi carrera literaria. Mi respuesta fue continuar trabajando, marcharme fuera de España para iniciar un proyecto nuevo, y, con la cabeza fría, repetirme que este es un oficio que puede mantenerse durante décadas, con altibajos, y que se derrumba si olvidamos la pasión y la seriedad.

De nuevo, el Premio Azorín no me pilla desprevenida. Un nuevo ensayo, una novela juvenil y otra infantil, y la actualización a lenguaje contemporáneo de El conde Lucanor me aguardan durante este próximo año. Comunicación y estudio, ensañanza y literatura, mis cuatro pilares. El empeño en el éxito es un mandamiento de la sociedad contemporánea. Se valora la obsesión, un único objetivo ambicioso. Una sociedad neurótica y fácil de etiquetar. Sobrevivir al éxito requiere una estrategia en sí misma. Cuando se relativizan los triunfos y se planean sus resacas resulta más sencillo asumir el fracaso. Cuando un proyecto vital se argumenta a largo plazo, quizás dé mejor resultado  trabajar poco a poco, con paciencia, sin perder de vista el disfrute cotidiano.

 

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPodéis encontrar aquí el vestido de tul bordado de Mango.  La peineta lleva la firma de Marisa Bell Design. Las fotos fueron tomadas en Alicante, por Nika Jiménez.

Premio Azorín: el día después

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El día después de la concesión del Premio Azorín 2017 se dedica a atender a medios de comunicación y poco tiempo después comienza la promoción del libro que, como casi todo lo perteneciente a este mundo se encuentra rodeado de mitos y de confusión. ¿Es obligatorio para el autor prestarse a la promoción? En absoluto. ¿Es obligatorio para la editorial organizarla? En modo alguno. ¿Resulta recomendable? Por supuesto.

La promoción intenta garantizar que el posible lector sepa que el libro existe, despertar su interés y al mismo tiempo, asegurarse de que se encuentre disponible en las librerías y puntos de venta. De nada sirve una buena promoción en prensa si la distribuidora no llega a tiempo con el libro (por desgracia, a veces ocurre). Una buena distribución sin la adecuada promoción es menos grave, pero deja la responsabilidad al librero o a un proceso que casi nunca se da, por desgracia, que es el boca-oreja. Hay autores que aborrecen las promociones: en realidad, un día de promoción consiste en una serie de entrevistas sobre tu libro, o sobre ti, o sobre ambos, quizás una presentación a lectores, puede que una firma. Nada, a priori, particularme horrible si el autor se deja el ego en casa y asume que muchos periodistas no habrán podido leer el libro, que las preguntas no siempre serán sesudas, que el encuentro con el lector no implica ciega admiración y que las firmas pueden finalizar sin un solo libro firmado: es decir, si el autor asume la realidad en lugar de chapotear en delirios de grandeza.

Llamadme Alejandra augura una promoción bastante intensa; arranca el día 7 de abril en Madrid con una presentación a la prensa (anunciaré cuándo se hará alguna al público) y continuará con Alicante, Málaga, Huelva, Barcelona, Sevilla, Vigo, Santiago, Bilbao, Zaragoza, Cuenca, y es posible que alguna ciudad más.

¿Es la promoción una actividad pagada? Depende. Algunos actos conllevan una remuneración porque el autor imparte una conferencia, o participa en algún acto aparte de la promoción: de lo contrario, no. El autor recibirá durante el año siguiente un porcentaje de derechos sobre los libros vendidos de en torno al 10%, de manera que se supone que le interesa participar en actos en los que el libro se venda, y la editorial, en teoría, debería facilitar eso mismo: pero no siempre se cumple esa lógica. Hay compromisos emocionales, o enfoques particulares que mueven al autor a acceder o no a la promoción. La edad, la salud, el cansancio, las obligaciones laborales o familiares influyen en esa visión. La timidez, el orgullo, la idea que se tiene de la función del escritor o el rechazo a la exposición pública también.

Algunos de los momentos más enriquecedores de mi carrera literaria se han dado durante las promociones. Desde la agotadora pero interesantísima gira del Planeta 99, con mi adorable Nativel Preciado, a la espectacular presentación en Covarrubias de La flor del Norte, que un autor que se consideraba agraviado amenazó con boicotear (por suerte, no fue así y todo resultó perfecto), a los viajes al extranjero, las promociones me obligan a salirme de un enfoque único y a adaptarme a cómo otras personas ven mis historias, mi carrera, mi persona o mi novela. En ocasiones me gusta lo que me devuelven. En otras, su reflejo está tan distorsionado que no me reconozco. Intento ser disciplinada y ponérselo fácil al periodista y a los organizadores: si eso supone girar en torno a una farola para una foto que el fotógrafo tenía en mente, giremos. En este proceso, el autor, que en su casa se cree tan poderoso, y su libro, que considera tan importante, dependen del trabajo de muchas personas. Sería una irresponsabilidad amargarles ese trabajo. Y así, el día después, comienza esta absorbente etapa.

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Para las entrevistas de prensa del día después escogí un conjunto de colores vivos: si amanecía un día primaveral, encajaría bien, y si no, se encargaría de animarlo. La falda de vuelo con estampado de flores  y la camisa de un quisquilla intenso son de Teria Yabar. Las sandalias de terciopelo azul son de Polin et Moi y se han convertido en una de mis preferidas de esta temporada: llevé unas joyas muy discretas (pendientes y dos anillos) de Luxenter. Las fotos fueron tomadas en Alicante mientras atendía a  periodistas y fotógrafos por Nika Jiménez con my pen camera.

 

Ailanto y el reino vegetal

OLYMPUS DIGITAL CAMERANo es la primera vez que hablo de la admiración que siento por el trabajo de Ailanto (Aitor e Iñaki Muñoz), y del cuidado y el mimo que dedican a todo lo que tocan. Sus estampados resultan tan reconocibles que se han convertido en su huella y su respiración, como las líneas fluidas o el corte perfecto de sus abrigos.

Pero hoy quería hablaros de algo distinto: de qué recuerdo, y en qué pienso con mi vestido nuevo. Pienso en una de las obras y unos de los personajes que más me han condicionado en mi imaginario literario: Ofelia, de W. Shakespeare. Ofelia, hija y hermana de una distinguida familia de la corte danesa, es, según todos cotillean, la debilidad del príncipe Hamlet. Muy jovencita (Hamlet tiene 30 años, es ya un hombre, aunque se comporte como un adolescente), no sabemos qué posibilidades reales tiene de casarse y convertirse en reina. Su padre no quiere ni verla con el príncipe: teme que la reduzca únicamente a su amante. Gertrudis, la reina madre, la mira con simpatía.

Pero los hechos se precipitan: Hamlet pierde a su padre y trama una venganza para la que se finge loco. Por error, asesina al padre de Ofelia, que enloquece de verdad (¿O no?).  En su locura, Ofelia dice a cada cual, con el lenguaje de las flores, exactamente lo que quiere expresar. Les da romero a quienes necesitan recordar, y aguileña a aquellos que han sufrido de melancolía, y  por la infidelidad de sus esposos. A la reina Gertrudis le entrega ruda, que, entre otras virtudes, representa el arrepentimiento…

Y entonces, inmortalizada en miles de imágenes y de cuadros, Ofelia muere. Y Gertrudis lo narra así:

“Hay un sauce que inclina sus ramas sobre el arroyo que en el cristal del agua deja ver sus hojas cenicientas. Con ellas tejió guirnaldas caprichosas con ortigas, y margaritas, y esas largas flores purpúreas que los pastores deslenguados llaman por un nombre muy zafio, pero que nuestras doncellas conocen como dedos de muerto.  Cuando trepó para colgar sus coronas en las ramas, una se rompió, y ella y sus flores cayeron al llanto de las aguas”.

Las faldas de Ofelia y su miriñaque la sostienen un momento sobre el agua, mientras ella canta: pero al final la arrastran al fondo, y muere ahogada.

Aunque la traducción varía, las flores que se asocial a Ofelia son muy delatoras: las prímulas o velloritas, símbolo de la juventud y la primavera, las margaritas de la sencillez y el martirio, la modesta y virginal violeta… pero también esas groseras plantas purpúreas, las orquídeas (de orchis, testículo), promesas de sensualidad y empleadas para hechizos amorosos… y el sauce, emblema del inframundo y del duelo.

He dicho que ha sido una gran influencia literaria, y cualquiera que haya leído mi Irlanda puede verlo. Os dejo tres fragmentos de esa novela, mi primera obra.

Allí, en años anteriores, crecía un huertito cultivado, pero ahora sólo quedaba de él unas hileras de tierra roja, endurecidas entre las ortigas, la abigarrada confusión de plantas salvajes y zarzas, y, mucho más allá, un pequeño bosque de castaños y laureles oscuros.  Una formidable col lombarda había sobrevivido en el viejo huerto, con el corazón rosado y sangrante, junto a las matas de manzanilla cabezuda y las piedras minadas del muro. (…)

Gabriel e Irlanda nos esperaban en el jardín, Irlanda con una sombrilla que en ella resultaba adorable y en cualquier otra hubiese parecido grotesca, y dos grandes rosas, una purpúrea y otra blanca, en las manos. Me prendió una en el pelo, pero ella conservó la suya entre los dedos, y allí se mantuvo extrañamente fresca durante horas.  El prado, su última invasión, les pareció mágico y sombrío, un recuadro verde en el sol, y se extrañaban de no haberlo descubierto antes. Los junquillos se habían agostado, y ahora florecían violetitas escondidas entre el trébol, y escaramujo entrelazado con las zarzas, y, de vez en cuando, el añil escandaloso de las gencianas. (…)

Deambulé sin rumbo; habíamos acabado con casi todas las flores para alegrar los jarrones de la casa en las tardes grises, y apenas pude encontrar un manojo de adormideras sanguíneas que no llegaban para nada. Pensé entonces en las dedaleras cargadas de campanillas encarnadas, y en la dulcamara que crecía junto a los escombros de los establos, y me pareció apropiado adornar la fiesta de Irlanda solamente con plantas venenosas; sin que ella lo sospechara, podría cubrir su pastel de azúcar con las bayas rojas y de solanina de la dulcamara. (…)

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAY así, entre flores, y recuerdos, y telas, y libros, no encuentro demasiada diferencia entre leer y escribir, recordar, vestir, de nuevo leer. El vestido pertenece a la colección Fall 16/17 de Ailanto. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en el espectacular Jardín Tropical de la estación de Atocha.

El Invernadero: una pausa distinta.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOs había comentado en el post que podéis leer aquí que se había llevado a cabo en el Invernadero de Salvador Bachiller. Hoy quería mostraros con más detalle este precioso lugar escondido en la Gran Vía de Madrid.

Desde el exterior las apariencias indican que es una tienda más de los mil objetos (zapatos, y bolsos, y menaje, y maletas, y…) que Salvador Bachiller ha incorporado a sus colecciones. Grande, colorida, ordenada, han vivido una importantante reforma y cambio de concepto. Hay que llegar al final de los estantes para encontrar una escalera que desciende al Invernadero de exuberantes plantas, suelos con mosaicos de cristal de colores y unos espejos que, como todos los que sirven para algo importante, llevan a otras realidades.

¿Un té? Claro. ¿Unas gyoza, humus, un sandwich? Sí. Y un zumo, y todo eso que en cada da tanta pereza pero que en un invernadero secreto sería un error no probar.

El lujo tiene mucho que ver con el tiempo, con el tiempo robado en particular. Los minutos dedicados a los seres queridos o a una misma. La pausa entre la prisa y las carreras. Un momento atrapado entre los espejos del Invernadero.

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En las fotos que me sacó Nika Jiménez llevo una camisa blanca de Mango, unos shorts de terciopelo rosa y un anillo de plata de Tatiana Riego.

Todo lo que me rodea (las tazas, que recordaréis de mis bodegones, los vasos, los espejos, los salvamanteles) pertenece a las nuevas colecciones de Salvador Bachiller. La nueva imagen de la casa, que merece una pausa y un buen té.