Una razón para vivir

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De la película Una razón para vivir, dirigida por Andy Serkis, se ha dicho que destaca por sus preciosas imágenes, que convierten una dura historia real (de un día para otro un joven activo y recién casado, Andrew Garfield, se ve paralizado de cuello para abajo por el virus de la polio) en una lección de optimismo y vitalidad. También que resulta excesivamente sentimental, y que eso le resta cierta grandeza. Estoy de acuerdo con ambas afirmaciones.

Sin embargo, cuando la vi durante la Madrid Premiere Week, sentí que era un recordatorio para apreciar de nuevo algo que se me escapa y se me olvida una y otra vez: la importancia del presente, del disfrute de cada instante, sea o no perfecto, sea o no como lo habíamos imaginado.

El frío o el calor, la calle mojada porque acaban de regarla, con hojarasca y papeles. Pero por encima de nuestra cabeza, los árboles que reflejan la luz dorada en sus ramas rojas. El paso del tiempo que nos acerca a una cita, o la sensación extraña mientras se lleva a cabo. Lo inesperado. Lo previsible. El pequeño sobresalto de un contratiempo, la angustia que trepa por la garganta y que luego desciende, como la marea baja, cuando ha pasado. La fuerza que da la tozudez, el cariño o la rabia. O la inercia. No siempre existe algo grande, más poderoso que nosotros. Muy a menuda, las razones para vivir se agazapa en otros, en ver crecer a un niño o finalizar una venganza. No siempre es una causa noble. Tampoco nosotros nos comportamos con nobleza a cada momento. No importa demasiado. Quien resiste gana. Al menos por un momento más, gana.

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Premiere “Una razón para vivir”

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El vestido que llevé a la Premiere era un modelo de la colección Tabancos de The 2nd SkinCo. con la manga muy trabajada y cintura algo alta, en gazaar de seda y algodón azul muy pálido, que ajusté con una cinta de raso negro. Lo combiné con pendientes de Verdeagua Style, de dos pares diferentes, un Turando y el otro de Katia. Los zapatos son unos negros básicos de Unisa, y el bolsito es mío, un vintage con cuentas de vidrio, muy pesado aunque sea tan pequeño. Las fotos son de Nika Jiménez.

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En el Atelier de Suma Cruz

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Todo comenzó con unas estrellas y unos pájaros vistos en una imagen de Instagram, y me llevó una mañana llena de sol a la calle Zorrilla 23. Allí estaban las chicas de Suma Cruz, en sus mesas altas y con sus joyas alrededor, entre flores secas y piezas a medio montar, en una buhardilla luminosa al final de una escalera de madera. Susana Cruz, la fundadora, insiste en que sin un trabajo en equipo nada de lo que hay bajo ese techo se hubiera logrado.  Paloma, Inma, Andrea y Carmen son el resto de las creadoras, largas melenas, ojos brillantes, manos ágiles. Un profundo respeto por la joyería clásica, y un conocimiento igualmente profundo de la historia de la orfebrería.

Hay algo fascinante en ver un taller artístico, un atelier. Mi escritorio resulta mucho menos interesante,  menos creativo, sin duda menos cambiante que este lugar en el de pronto surge un cocodrilo, o un escarabajo de piedras semipreciosas, o un lirio que se enrosca entre los dedos. Muchas personas solo visitan uno de estos lugares, como los de vestidos de alta costura, para una ocasión especialísima: una boda propia o ajena, una celebración muy especial. Cada vez más a menudo, regalos hechos a una misma, por haber cumplido 40, o 50, o 60 años, o por haber tomado una decisión acertada.

Esa mujer, sola, o con alguien de quien se fía, subirá las escaleras, encontrará lo mismo que yo: una deslumbrante sucesión de posibilidades, de piedras y piezas metálicas, de exquisitas diademas y de hiedras que crecen entre las manos. Unas te convertirán en una sirena con mejillones de nácar entre el cabello, otras en una ninfa con halo de estrellas . Otras en una emperatriz bizantina, con sus tiaras rígidas y cuajadas de gemas. La belleza tiene siempre algo de irrepetible, y algo de incompleto, también.

-Escríbenos algo -me pidieron, después de que hubiera jugado a transformarme en todas las criaturas marinas o celestes que se me ocurrió.

-Claro. Dadme un papel.

-No -sonrieron-, en la pared.

Y allí, bajo el sol de la buhardilla de Suma Cruz, quedaron mis palabras. En mis manos, ahora, anida un escarabajo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERANinguna prenda podría competir con esas preciosas joyas.  Me puse un abrigo de terciopelo negro de Mango, sobre el que destacaban los matices y los brillos. Las fotos fueron tomadas en el Atelier, en Madrid, por Nika Jiménez.

Llamadme Alejandra llega a Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERAParte del universo literario se encuentra entretejido con mitos creados por el cine, las novelas y las series de televisión sobre el mundillo, casi siempre ejemplos estadounidenses o franceses: desde Truman Capote con sus fiestas abarrotadas de esbeltos cisnes, al irreal  estilo de vida de Carrie Bradshaw, la imagen popular del escritor ha oscilado entre el tópico del bohemio que escribe en las barras de los bares en sus ratos de lucidez, a la torre de marfil necesaria para la creación, a… Las presentaciones de los libros también distan mucho (muy a nuestro pesar) de las imaginadas por lectores o escritores novatos. Los feroces años de la crisis las han limitado a lo básico, cuando no las han eliminado.

Pero he de decir que mi novela Llamadme Alejandra ha sido una excepción en este sentido, y fue presentada a la prensa y a los amigos de la profesión en Madrid el día 7 de Abril, en el hotel Intercontinental de Madrid: el mismo en el que Ava Gadner, en sus años de gloria y fiesta, fijó su residencia, y sembró la ciudad de anécdotas y de leyendas. Anfitriones impecables, me sorprendieron al final de la celebración con una tarta que reflejaba con fidelidad la cubierta de mi novela, literalmente devorada en poco tiempo.

Pasé gran parte del día, las horas previas y las posteriores, atendiendo a la prensa: Telva, El Español, Antena 3, Objetivo Bienestar, Joly, diversas agencias. Radio Nacional… perdí la cuenta. Después llegaba la convocatoria de prensa, los discursos, la presentación en sí, y uno de los momentos más esperados, la conversación entre Javier Sierra, y quien escribe. Javier, amigo cálido y consejero infalible, debía estar conmigo en esa mesa. En los últimos meses, meses de cambios y de decisiones, me he marcado el objetivo de trabajar y de pasar mi tiempo con gente a la que quiero. Todo lo demás me resta energía y me parece, a estas alturas, prescindible. Y Javier, con su apoyo constante, ha sido confidente y testigo de muchos secretos de esta novela; era lógico que viera el final de este camino.

Como la novela había aparecido apenas unos días antes era quizás un poco presuntuoso suponer que todos los asistentes habían tenido tiempo de leerla. Para ponerles en antecedentes, la actriz Paula Iwasaki leyó el capítulo 17, que se ha convertido rápidamente en uno de los predilectos de los lectores. He visto crecer a Paula, he tenido ese privilegio como amiga de la familia, me alegro como si fuera propio de su éxito presente, y su futuro promete ser espléndido. Cuando la formación se une al talento y a una educación exquisitamente cuidada, no puede ser de otra manera.

Editoras, representantes de la Diputación de Alicante, y nuevamente, amigos. Amigos entre la prensa, como  el veterano Javier de Montini, siempre tan amable conmigo, o  Moisés Rodríguez, subdirector del Canal 24h, que no paraba de abrazarme, contentísimo. Aunque no aparecen en las imágenes, hubo muchos otros, algunos testigos de mi carrera desde Irlanda. Estuvieron, pese a lo difícil de la hora, queridos colegas como Marta Rivera de la Cruz, que veinte años no es casi nada, y Martín Casariego. A ambos no me llega el tiempo para agradecerles su presencia y su cariño.

Por no faltar, no faltó ni el extintor que me persigue en muchas de mis fotografías, y que mis seguidores de Instagram conocen bien. Allí estuvo, fiel a las normas de seguridad y atento a fastidiar todos los planos posibles al mismo tiempo.

Me supone un esfuerzo hablar de mis emociones en este día: entremezcladas con el sentido de la responsabilidad y con el deseo de que todo saliera bien, la alegría, la satisfacción y el orgullo, y sobre todo, el agradecimiento no me abandonaron. Conservo esos momentos como algunos de los más bonitos de los últimos años. No basta con vivir cada hora: yo he aprendido, en cierta manera, a insistir en vivirlas, con una conciencia mayor, con la sensación de que son fugaces y que deber ser disfrutadas.

Ahora, sin tregua, viajes, firmas, ferias, todo lo posible para que el libro viva y llegue a rincones poco habituales, para que se encuentre en librerías más tiempo del que dicta este momento de fugacidad y para que este Premio y esta novela sea más que una imagen, y más que un recuerdo. Ha finalizado un tramo del camino. Comienza otro.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación escogí un vestido de Marcos Souza Couture, hecho a medida, y que reservaba para una ocasión especial. Es un little black dress de corte impecable, con el giro de un falso escote corazón con tul transparente, y cremallera visible en la espalda. Repetí los salones de raso nude y encaje de Magrit que estrené el día del fallo del Premio. Le dí también más importancia al  bolso cartera (o clutch), y en este caso rompí mi norma de no conjuntar zapatos y bolso. Como un guiño a Alejandra, la zarina de las perlas, llevé un brazalete de Verdeagua, y el anillo que Chocrón joyeros diseñó para mí inspirado en La flor del Norte y sus secretos.  Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en el Hotel Intercontinental de Madrid.

Ese precioso 7 de abril contaba, por lo tanto, con todos los elementos para que fuera una presentación casi, casi, como las legendarias. A todos ellos, mis más sinceras gracias. Intentaré estar a la altura de ese cariño y de ese esfuerzo común.

Dibujo de encaje

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Con encaje han soñado durante siglos las mujeres y algunos hombres elegantes: pañuelos de encaje, tela sutil como la de la araña, en blanco, o crudo, o negro, para los lutos y los alivios del duelo, para abanicos o mantillas. De seda (entonces se llamaba blonda) o lino, entretejido con leves hebras de oro o plata para los nobles que necesitaban mostrar en su apariencia la riqueza y el poder. Desde la cuna, en la que los vestiditos y mantos para cristianar ahogaban a las criaturas en puntillas y entredoses, al ataúd, donde en las mantillas  y las mortajas resaltaban el perfil de cera de la fallecida.

Encaje sutilísimo que enmarcaba en gorgueras los cuellos severos del esplendor español, en mangas de las que las manitas de las infantas aparecían como sorprendidas, cargadas de anillos. Por los encajes sabían dónde se ubicaban las ciudades del lujo (Venecia, Aleçon, Flandes, Bruselas). Los ruidosos bolillos de las mujeres en sus puertas, bajo el sol, las tramas deliciosas que se tejían en Camariñas, las novias que escogían y atesoraban encajes para sus sábanas eternas, su camisón de bodas, su traje de novia.

El encaje que permitía mostrar escote y brazos, sin mostrarlos, que rejuvenecía la piel aún hermosa pero no tan tersa, que parecía aún más negro contra el cuello blanco. Venía, como todos los lujos, de Oriente, se heredaban patrones y técnicas, ocupaba a monjas y a novicias en las lentas horas entre rezos. Encaje cremoso que adornaba los vestidos de corte y de gala, que acababa destrozados por los pisotones, las vueltas en el baile y las espuelas de los caballeros, que se guardaban para que al día siguiente las doncellas vinieran a identificar y recuperar los jirones y lavarlos, con mimo, plancharlos, repararlos y unirlos de nuevo a las prendas que los habían perdido. Una muestra del buen gusto o de la zafiedad de su dueña, del ojo entrenado de su dueño. Como todo lo bello, frágil, resistente, deseado. Como todo lo bello, imprescindible.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl magnífico abrigo de encaje protagonista de estas imágenes es de Menchén Tomás. La diseñadora catalana, que desfiló por primera vez en Madrid en esta última Madrid Mercedes Benz Fashion Week, lo ha cortado como un diseño de los años veinte, envolvente, con una ligera inspiración oriental, de manga amplísima, con enormes botones tallados y un lujo casi olvidado. Apreciad el precioso dibujo floral del encaje que cubre por completo el abrigo. El maniquí y la corona de flores son de Suma Cruz, y los dos brazaletes de bronce bañados en oro amarillo y oro rosa de Issavo Elements. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

Premio Azorín: el día después

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El día después de la concesión del Premio Azorín 2017 se dedica a atender a medios de comunicación y poco tiempo después comienza la promoción del libro que, como casi todo lo perteneciente a este mundo se encuentra rodeado de mitos y de confusión. ¿Es obligatorio para el autor prestarse a la promoción? En absoluto. ¿Es obligatorio para la editorial organizarla? En modo alguno. ¿Resulta recomendable? Por supuesto.

La promoción intenta garantizar que el posible lector sepa que el libro existe, despertar su interés y al mismo tiempo, asegurarse de que se encuentre disponible en las librerías y puntos de venta. De nada sirve una buena promoción en prensa si la distribuidora no llega a tiempo con el libro (por desgracia, a veces ocurre). Una buena distribución sin la adecuada promoción es menos grave, pero deja la responsabilidad al librero o a un proceso que casi nunca se da, por desgracia, que es el boca-oreja. Hay autores que aborrecen las promociones: en realidad, un día de promoción consiste en una serie de entrevistas sobre tu libro, o sobre ti, o sobre ambos, quizás una presentación a lectores, puede que una firma. Nada, a priori, particularme horrible si el autor se deja el ego en casa y asume que muchos periodistas no habrán podido leer el libro, que las preguntas no siempre serán sesudas, que el encuentro con el lector no implica ciega admiración y que las firmas pueden finalizar sin un solo libro firmado: es decir, si el autor asume la realidad en lugar de chapotear en delirios de grandeza.

Llamadme Alejandra augura una promoción bastante intensa; arranca el día 7 de abril en Madrid con una presentación a la prensa (anunciaré cuándo se hará alguna al público) y continuará con Alicante, Málaga, Huelva, Barcelona, Sevilla, Vigo, Santiago, Bilbao, Zaragoza, Cuenca, y es posible que alguna ciudad más.

¿Es la promoción una actividad pagada? Depende. Algunos actos conllevan una remuneración porque el autor imparte una conferencia, o participa en algún acto aparte de la promoción: de lo contrario, no. El autor recibirá durante el año siguiente un porcentaje de derechos sobre los libros vendidos de en torno al 10%, de manera que se supone que le interesa participar en actos en los que el libro se venda, y la editorial, en teoría, debería facilitar eso mismo: pero no siempre se cumple esa lógica. Hay compromisos emocionales, o enfoques particulares que mueven al autor a acceder o no a la promoción. La edad, la salud, el cansancio, las obligaciones laborales o familiares influyen en esa visión. La timidez, el orgullo, la idea que se tiene de la función del escritor o el rechazo a la exposición pública también.

Algunos de los momentos más enriquecedores de mi carrera literaria se han dado durante las promociones. Desde la agotadora pero interesantísima gira del Planeta 99, con mi adorable Nativel Preciado, a la espectacular presentación en Covarrubias de La flor del Norte, que un autor que se consideraba agraviado amenazó con boicotear (por suerte, no fue así y todo resultó perfecto), a los viajes al extranjero, las promociones me obligan a salirme de un enfoque único y a adaptarme a cómo otras personas ven mis historias, mi carrera, mi persona o mi novela. En ocasiones me gusta lo que me devuelven. En otras, su reflejo está tan distorsionado que no me reconozco. Intento ser disciplinada y ponérselo fácil al periodista y a los organizadores: si eso supone girar en torno a una farola para una foto que el fotógrafo tenía en mente, giremos. En este proceso, el autor, que en su casa se cree tan poderoso, y su libro, que considera tan importante, dependen del trabajo de muchas personas. Sería una irresponsabilidad amargarles ese trabajo. Y así, el día después, comienza esta absorbente etapa.

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Para las entrevistas de prensa del día después escogí un conjunto de colores vivos: si amanecía un día primaveral, encajaría bien, y si no, se encargaría de animarlo. La falda de vuelo con estampado de flores  y la camisa de un quisquilla intenso son de Teria Yabar. Las sandalias de terciopelo azul son de Polin et Moi y se han convertido en una de mis preferidas de esta temporada: llevé unas joyas muy discretas (pendientes y dos anillos) de Luxenter. Las fotos fueron tomadas en Alicante mientras atendía a  periodistas y fotógrafos por Nika Jiménez con my pen camera.

 

Premio Azorín 2017

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Ha pasado una semana desde la concesión del Premio de Novela Azorín 2017 y los detalles continúan tan vívidos ante mis ojos como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Ocurre con todas esas ocasiones cargadas de expectativas, y muy anheladas. No era, desde luego, la primera vez que me presentaba a un premio literario: pero sí que lo hacía con una novela tan trabajada y que fuera histórica. No todos los jurados valoran de manera positiva el género.

La Diputación de Alicante es quien convoca este premio, que se inició en 1994 con Gonzalo Torrente Ballester como ganador. La responsabilidad de publicar y distribuir el Premio es de la Editorial Planeta, y su dotación es de 45.000€ sujetos a (ay) todos los impuestos correspondientes. Otros escritores que cuentan con él son Luis Racionero, Jesús Ferrero, Dulce Chacón, Jon Juaristi, Ángela Becerra… En este año se cumplían, además, los 50 años del fallecimiento del gran Azorín, con lo que la Diputación decidió abrir la gala al público y a los pueblos de Alicante, y se celebró en el Auditorio, que dispone de un gran aforo.

Existe siempre una enorme rumorología respecto a los premios, si están concedidos de antemano o o no. Lo cierto es que quien maneja menos información al respecto es, al menos en mi caso, el autor. En este premio existen dos jurados que deliberan el mismo día del premio, durante la comida. Cada uno propone su novela candidata; este año tuve la suerte de que eligieran la mía.

Por experiencia sé que en las horas previas a un premio conviene mantenerse ocupada, y en las posteriores, también. A mí me habían confirmado que mi novela se encontraba entre las candidatas la semana anterior, de manera que me encontraba en Alicante, con dos agendas: la que ocurriría si ganaba, y la que llevaría a cabo si no.

Como intento hacer siempre que me es posible, había cuidado con mimo lo que llevaría esa noche: los premios son ocasiones especiales, fruto de las ilusiones y el trabajo de mucha gente. Me merecen todo el respeto: sea o no yo la protagonista, intento que quien lo organice sienta que valoro la invitación y el esfuerzo.

Había escogido un vestido de The 2nd Skin.co que me recordaba a alguno de los lucidos por Jackie Kennedy, con su tejido brocado rosa y un corto imperio y sencillo. Pertenece a su icónica colección For Valentina.

Lo combiné con unos preciosos salones de Magrit, el modelo Mila trabajado en ante y raso con un delicado trabajo de encaje y un bolso cartera a juego.  Magrit es una exquisita marca alicantina, y me pareció la elección lógica en este premio.

Lo mismo me ocurrió con las joyas: Chocrón Joyeros me han acompañado en algunos de los momentos importantes de mi vida, y en esta estuvieron también presentes: la sortija de mayor tamaño y la deliciosa pulserita pequeña son de la colección Ch_Aura en oro rosa, rodonita de los Urales, madreperla y diamantes. La sortija flexible y los pendientes, de oro rosa y diamantes, son de la colección CH-Imperial.

La gala comenzó a las 19:00h. Antes del fallo nos esperaban la actuación de Juan Echanove, que interpretó varios textos de Hamlet, y después, un fragmento del Carmina Burana por La Fura dels Baus.

En algún lugar entre ambos dijeron mi nombre. Subí al escenario para recoger mi Tanit, y para agradecer al jurado, a la propia provincia de Alicante, la oportunidad que me daban. Era el momento también, entre la emoción y los recuerdos agolpados (quince años de trabajo acumula esta historia), de hablar mínimamente de mi novela, Llamadme Alejandra, que aparecerá a principios de abril  y que describe la vida y los pesares de Alejandra Feodorovna, la última zarina. El momento para una mención cariñosa a quienes estaban allí conmigo y no habían ganado, como me ha ocurrido a mí en otras ocasiones, para que continuaran escribiendo y compitiendo.

La andadura de la novela comienza ahora: primero una rueda de prensa, entrevistas para el siguiente día. Y la incógnita de si gustará o no, de si habrá merecido la pena el esfuerzo, el examen constante al que se somete el escritor.

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El maquillaje de esa noche fue responsabilidad de Itzi, y las fotos, de Nika Jiménez. Esa noche fue mi acompañante; como mi jefa de prensa ha sido testigo de lo mucho que he sufrido y pasado con esta novela, y lo ha compartido, de manera que se merecía estar también allí si las cosas iban bien. Luego llegaron las felicitaciones de los amigos, la familia, los compañeros de viaje. Los lectores y los seguidores. A todos ellos, muchas gracias. Para todos vosotros es esta novela.

Bee happy, broches y abejas

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El talento joven merece empuje,  y apoyo, y en muchas ocasiones una mirada más detenida de la que le dedicamos. He tenido la suerte de observar voces interesantes entre mis alumnos de creación literaria, y maneras de ver el mundo únicas entre los que he tenido en las clases del IED Madrid. Virgina del Pozo no ha sido alumna mía, pero conozco bien su trayectoria, y me alegra hoy hablaros de su proyecto Bee Happy, con el que finaliza sus estudios en la Escuela de Arte 3.

Para sus broches Virginia ha partido de la figura de la abeja. La elaboradora de miel y cera y panales y estructuras sociales complicadísimas, la presencia constante en los campos y en los bosques, y además, un símbolo de vida y de fertilidad se encuentra ahora en peligro de extinción.

La abeja ha sido una constante en la alta joyería: los egipcios la veneraban. Si el Art Nouveau recogía con sus formas vegetales y su sensualidad la tradición de las fíbulas y los broches con forma de insectos, el Art Decó, cuya influencia es notable en esta joyera, se inspiró más bien en formas geométricas, en la superposición de ángulos y simetrías. 

En realidad, lo que muestran estas joyas es un trabajo de abstracción geométrica de una forma orgánica. Como los panales, son hexagonales. Podemos contemplar las alas y las rayas características de las abejas, y reforzadas por las franjas de esmalte frío, y de piedras preciosas (las piezas finales estarán realizadas con diamantes y rubíes). Incluso los ojitos de las abejas. Los modelos son tres: Be Enamel, con esmalte, Be Stones, la más rica en piedras, y Be Hole, con las franjas excavadas. Invitan a jugar, y a que vuelen por la ropa o por el cuerpo. Yo las he llevado en el cabello, como un eco de los peinados egipcios o medievales.

Y, otra cuestión que me ha encantado: parte de los beneficios obtenidos serán destinados al proyecto #SOSAbejas de Greenpeace. Un mundo sin abejas será un mundo casi apocalíptico. Otro día os hablaré de una preciosa novela que habla precisamente de ello…

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPodéis encontrar más información sobre Virgina del Pozo aquí. La camisa que llevo es de Mango. Las fotos fueron sacadas en El invernadero de Salvador Bachiller por Nika Jiménez.