Ahora vemos por un espejo. En las dunas de Maspalomas

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En las dunas, entre la arena, hay algo que me regresa siempre a la infancia. Quizás por ese eco a playa y a castillos que se derrumbaban de esos años, o por las inacabables escenas del desierto, de temática religiosa, que nos pedían que dibujáramos y que yo coloreaba con entusiasmo. La huida de la Sagrada Familia a Egipto, las tentaciones de Jesús, las predicaciones en las que peces y panes se desbordaban de las cestas… En mi infancia el desierto era similar al bosque de los cuentos infantiles: un lugar donde esconderse y donde ocurrían milagros.

Las cartas de San Pablo a los Corintios son unas de las lecturas más escuchadas durante las bodas: Sin embargo, por encima de las famosas palabras El amor es paciente, es bondadoso… yo prefiero este otro fragmento, que habla precisamente de la infancia y que se encuentra en Corintios I, 13:11.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido…
Y a su vez (tras una duna hay siempre otra duna) este veraz texto sobre la inocencia y el conocimiento me recuerda a un poema de Peter Handke, quizás el poeta austriaco más conocido. Cualquiera que haya visto la película El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin) dirigida por Wim Wenders en (1987) ha escuchado, lo sepa o no, a Peter Handke. Suyo es parte del guión de esta bellísima película sobre ángeles y humanos en una ciudad desolada, donde solo los niños pueden aún ver con claridad, y suya esta Canción de la infancia que hoy recuerdo.
(…)Cuando el niño era niño
no sabía que era niño;
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.
(..)Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntar:
¿Por qué soy yo y no tú?
¿Por qué estoy aquí y no allá?
¿Cuándo comenzó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿La vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo, oigo y huelo ¿no es acaso
una ilusión del mundo,-o ante el mundo?
¿Existen realmente el mal
y la gente mala de verdad?
¿Cómo es posible que yo, el que soy,
no existiera antes de nacer
y que un día yo, el que soy,
no seré más este que soy?
.Cuando el niño era niño,
no soportaba las espinacas, los guisantes,
el arroz con leche, la coliflor,
ahora come todo eso, y no sólo porque debe.
.(…)Cuando el niño era niño
arrojó un palo contra un árbol como una lanza
y allí está temblando todavía.
(En alemán: Als das Kind Kind war, /  ging es mit hängenden Armen, / wollte der Bach sei ein Fluß, /  der Fluß sei ein Strom, / und diese Pfütze das Meer. //
Podéis leer el original completo y su traducción por Sandra Toro aquí.

Sí, las dunas traen: traen mucho más, la memoria, los recuerdos, el anhelo de eternidad, la sensación de pérdida, las preguntas mudas en un mundo que parece ya solo comprensible para los ángeles.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El vestido de raso color hueso, largo, de corte neoclásico es de Mango. Compré los pendientes de azabache y plata  en Buenos Aires hace mil años, durante la legendaria gira de mi Planeta Melocotones Helados. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en las dunas de Maspalomas, Gran Canaria, con My Pen Camera.

Anuncios

Dibujo de encaje

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Con encaje han soñado durante siglos las mujeres y algunos hombres elegantes: pañuelos de encaje, tela sutil como la de la araña, en blanco, o crudo, o negro, para los lutos y los alivios del duelo, para abanicos o mantillas. De seda (entonces se llamaba blonda) o lino, entretejido con leves hebras de oro o plata para los nobles que necesitaban mostrar en su apariencia la riqueza y el poder. Desde la cuna, en la que los vestiditos y mantos para cristianar ahogaban a las criaturas en puntillas y entredoses, al ataúd, donde en las mantillas  y las mortajas resaltaban el perfil de cera de la fallecida.

Encaje sutilísimo que enmarcaba en gorgueras los cuellos severos del esplendor español, en mangas de las que las manitas de las infantas aparecían como sorprendidas, cargadas de anillos. Por los encajes sabían dónde se ubicaban las ciudades del lujo (Venecia, Aleçon, Flandes, Bruselas). Los ruidosos bolillos de las mujeres en sus puertas, bajo el sol, las tramas deliciosas que se tejían en Camariñas, las novias que escogían y atesoraban encajes para sus sábanas eternas, su camisón de bodas, su traje de novia.

El encaje que permitía mostrar escote y brazos, sin mostrarlos, que rejuvenecía la piel aún hermosa pero no tan tersa, que parecía aún más negro contra el cuello blanco. Venía, como todos los lujos, de Oriente, se heredaban patrones y técnicas, ocupaba a monjas y a novicias en las lentas horas entre rezos. Encaje cremoso que adornaba los vestidos de corte y de gala, que acababa destrozados por los pisotones, las vueltas en el baile y las espuelas de los caballeros, que se guardaban para que al día siguiente las doncellas vinieran a identificar y recuperar los jirones y lavarlos, con mimo, plancharlos, repararlos y unirlos de nuevo a las prendas que los habían perdido. Una muestra del buen gusto o de la zafiedad de su dueña, del ojo entrenado de su dueño. Como todo lo bello, frágil, resistente, deseado. Como todo lo bello, imprescindible.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl magnífico abrigo de encaje protagonista de estas imágenes es de Menchén Tomás. La diseñadora catalana, que desfiló por primera vez en Madrid en esta última Madrid Mercedes Benz Fashion Week, lo ha cortado como un diseño de los años veinte, envolvente, con una ligera inspiración oriental, de manga amplísima, con enormes botones tallados y un lujo casi olvidado. Apreciad el precioso dibujo floral del encaje que cubre por completo el abrigo. El maniquí y la corona de flores son de Suma Cruz, y los dos brazaletes de bronce bañados en oro amarillo y oro rosa de Issavo Elements. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

Premio Azorín 2017

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Ha pasado una semana desde la concesión del Premio de Novela Azorín 2017 y los detalles continúan tan vívidos ante mis ojos como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Ocurre con todas esas ocasiones cargadas de expectativas, y muy anheladas. No era, desde luego, la primera vez que me presentaba a un premio literario: pero sí que lo hacía con una novela tan trabajada y que fuera histórica. No todos los jurados valoran de manera positiva el género.

La Diputación de Alicante es quien convoca este premio, que se inició en 1994 con Gonzalo Torrente Ballester como ganador. La responsabilidad de publicar y distribuir el Premio es de la Editorial Planeta, y su dotación es de 45.000€ sujetos a (ay) todos los impuestos correspondientes. Otros escritores que cuentan con él son Luis Racionero, Jesús Ferrero, Dulce Chacón, Jon Juaristi, Ángela Becerra… En este año se cumplían, además, los 50 años del fallecimiento del gran Azorín, con lo que la Diputación decidió abrir la gala al público y a los pueblos de Alicante, y se celebró en el Auditorio, que dispone de un gran aforo.

Existe siempre una enorme rumorología respecto a los premios, si están concedidos de antemano o o no. Lo cierto es que quien maneja menos información al respecto es, al menos en mi caso, el autor. En este premio existen dos jurados que deliberan el mismo día del premio, durante la comida. Cada uno propone su novela candidata; este año tuve la suerte de que eligieran la mía.

Por experiencia sé que en las horas previas a un premio conviene mantenerse ocupada, y en las posteriores, también. A mí me habían confirmado que mi novela se encontraba entre las candidatas la semana anterior, de manera que me encontraba en Alicante, con dos agendas: la que ocurriría si ganaba, y la que llevaría a cabo si no.

Como intento hacer siempre que me es posible, había cuidado con mimo lo que llevaría esa noche: los premios son ocasiones especiales, fruto de las ilusiones y el trabajo de mucha gente. Me merecen todo el respeto: sea o no yo la protagonista, intento que quien lo organice sienta que valoro la invitación y el esfuerzo.

Había escogido un vestido de The 2nd Skin.co que me recordaba a alguno de los lucidos por Jackie Kennedy, con su tejido brocado rosa y un corto imperio y sencillo. Pertenece a su icónica colección For Valentina.

Lo combiné con unos preciosos salones de Magrit, el modelo Mila trabajado en ante y raso con un delicado trabajo de encaje y un bolso cartera a juego.  Magrit es una exquisita marca alicantina, y me pareció la elección lógica en este premio.

Lo mismo me ocurrió con las joyas: Chocrón Joyeros me han acompañado en algunos de los momentos importantes de mi vida, y en esta estuvieron también presentes: la sortija de mayor tamaño y la deliciosa pulserita pequeña son de la colección Ch_Aura en oro rosa, rodonita de los Urales, madreperla y diamantes. La sortija flexible y los pendientes, de oro rosa y diamantes, son de la colección CH-Imperial.

La gala comenzó a las 19:00h. Antes del fallo nos esperaban la actuación de Juan Echanove, que interpretó varios textos de Hamlet, y después, un fragmento del Carmina Burana por La Fura dels Baus.

En algún lugar entre ambos dijeron mi nombre. Subí al escenario para recoger mi Tanit, y para agradecer al jurado, a la propia provincia de Alicante, la oportunidad que me daban. Era el momento también, entre la emoción y los recuerdos agolpados (quince años de trabajo acumula esta historia), de hablar mínimamente de mi novela, Llamadme Alejandra, que aparecerá a principios de abril  y que describe la vida y los pesares de Alejandra Feodorovna, la última zarina. El momento para una mención cariñosa a quienes estaban allí conmigo y no habían ganado, como me ha ocurrido a mí en otras ocasiones, para que continuaran escribiendo y compitiendo.

La andadura de la novela comienza ahora: primero una rueda de prensa, entrevistas para el siguiente día. Y la incógnita de si gustará o no, de si habrá merecido la pena el esfuerzo, el examen constante al que se somete el escritor.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
OLYMPUS DIGITAL CAMERA
OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El maquillaje de esa noche fue responsabilidad de Itzi, y las fotos, de Nika Jiménez. Esa noche fue mi acompañante; como mi jefa de prensa ha sido testigo de lo mucho que he sufrido y pasado con esta novela, y lo ha compartido, de manera que se merecía estar también allí si las cosas iban bien. Luego llegaron las felicitaciones de los amigos, la familia, los compañeros de viaje. Los lectores y los seguidores. A todos ellos, muchas gracias. Para todos vosotros es esta novela.

El Gran Bilbao

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Bilbao, pedazos de acero que aparta de su camino la ría. Siete Calles y un Casco Viejo construidos por el tesón de un puñado de pescadores medievales, apiñados en torno al Nervión, Somera, Artecalle, Tendería. Música en los oídos de quien ha nacido bajo ese cielo, retazos de un idioma incomprensible. Mar y hierro, trabajos que demandaban niños y hombres cubiertos siempre de sudor o agua, de espuma o tierra. Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena.

Y de esas siete calles, el recorrido hasta el mar que nos lleva a Flandes y a los Países Bajos, y más adelante, a Inglaterra, de donde la inocencia popular trajo canciones de ingleses que se olvidaban de todo ante las niñas bilbainas.

Carbón y acero, y la ciudad reptó hasta el otro lado de la ría, y tuvo espacio para un Teatro, una Bolsa, y desarrolló gusto por la ópera, los coros, y los zuritos. Un lugar de astilleros y altos hornos, de acerías y fábricas, donde los ingenieros competían en traineras con los abogados, junto a una meseta en la que la lana merina y los cereales ya no alejaban la miseria.

Titanio y cristal, y óxido estratégicamente colocado, líneas ondulantes y la vida tras una decadencia en que las fábricas dejaron de humear, y el Nervión, salvaje y podrido, se desbordó por todas las tierras que conformaban el Gran Bilbao. Museos y gastronomía, luz entre el eterno gris, lucha férrea. Esperanza en tiempos de crisis. Nostalgia, cuando se vive tierra adentro, de la música que el viento toca en los cables de sus puentes.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERALa falda de satén estampado con rosas otoñales tiene el sugerente nombre de Circe y la firma de Maru Atelier .El top de tul rosa es un primor de Etxart&Panno. De hecho, el cuerpo es tan transparente que lo superpuse a este body de HM. El bolso clutch que llevo es uno de mis preferidos de Mibuh, donde siempre me cuesta tanto escoger solo uno: me siento como uno de mis personajes perversos cuando llevo una caja de terciopelo llena de bichos. Llevo en mi índice el  anillo Kong de Luxenter, y salones de ante camel en los pies.

Las fotos fueron tomadas junto a la ría de Bilbao por Nika Jiménez.

El chico de la flecha en Mérida

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El chico de la flecha nació en Mérida, tras una conversación con una amiga de infancia, arranca en Mérida,  y ha sido una satisfacción para mí que la primera presentación haya tenido no solo en esta preciosa ciudad, sino en el Museo Nacional de Arte Romano.

Hay libros que nacen con más fortuna que otros: El chico de la flecha ha sido de los afortunados, de los que desde el primer momento conllevan alegrías y sorpresas inesperadas. Para vos nací pertenece también a esa misma categoría, como Irlanda. Otros necesitan más cuidados, o más explicaciones, o fueron publicados a destiempo. Sin embargo, esta novela juvenil me está permitiendo hablar de temas que siempre me han apasionado a otras personas, jóvenes y adultos, que se definen en unos momentos antes de la firma de libros, y lo hace tendiendo un puente natural y fluido.

Un solemne niño de ocho años que se siente preparado para leer un libro recomendado para doce, y que me habla de lo complicado que le resulta crecer y hacerse responsable. También yo hacía esas cosas a su edad y con la misma seriedad, y sentía que la infancia era una pérdida de tiempo.

Un maestro, coleccionista de libros juveniles, que lee con mimo lo que sus alumnos leerán (o leerían: algunos están ya jubilados), y que se va con su novela entre las manos ya medio ojeada. Madres que no saben ya qué regalar a sus hijas voraces, o que no saben con qué incitarles para que al menos aparten los ojos del móvil. Libros como obsequios de Navidad, o como un viaje en el tiempo.

No es ningún secreto que soy una apasionada visitante de bibliotecas y museos, El Museo Romano de Mérida, de Moneo, se encuentra entre mis preferidos: falsamente abarcable, limpio de formas y casi evidente en su concepción, esconde en algún lugar un Aleph o un gusano de tiempo. Nunca se sale de allí con la sensación de conocerlo o de haberlo visto en profundidad. Los mosaicos de las paredes, los bustos de pliegues planchados a mármol, los objetos cotidianos. Cuando decidí escribir El chico de la flecha, mi amiga Valentina y yo nos dirigimos hacia el Museo Romano, como final de nuestra visita de fin de semana. Había una cierta lógica en que el círculo se cerrara (o comenzara) de nuevo aquí.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para la presentación escogí un vestido en amarillo intenso de María Barros, de manga larga y ajustado. No dejó de llover en todo el día, y el amarillo, además de desmentir teatrales supersticiones, fue una declaración de intenciones luminosas. El vestido se impone por sí mismo, de manera que lo completé únicamente con un collar de esmalte y unos preciosos zapatos de ante rosa palo de Magrit.

espidomerida3

En el Festival ZINEBI de Bilbao

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPertenezco a la generación que se incorporó de manera masiva a las aulas universitarias en ese intervalo en el que aún no habrían proliferado las universidades como luego lo hicieron, y en el que las carreras se reducían a un puñado, antes de las reformas que las acortarían y las especializarían. Estudié en la Universidad de Deusto, mientras vivía en casa de mis padres, como casi todos mis compañeros: eso hacía que no existiera la activa vida universitaria que se daba en otros campus. Aún así, me las arreglé para formar parte del Taller Literario, y, como debe aparecer en el currículum de todo escritor, fundar un par de revistas literarias. Tuve la suerte de realizar las prácticas de mi Diploma de Edición de Textos en la Secretaría Técnica de la universidad. Allí tuve acceso a varias décadas de documentacion sobre el origen y la filosofía de Deusto: la excelencia, la responsabilidad para con la sociedad y una decidida voluntad de formar a líderes. Sin ser demasiado consciente de ellos, eran valores que me había inculcado y que había hecho míos durante esos años.

Hace unas semanas me ofrecieron que presentara un documental con imágenes del curso 43-44 en Deusto; se haría el 18 de noviembre en ZINEBI, el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao. Este Festival nació en 1959 (entonces era el Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino de Bilbao, ahí es nada). ZINEBI, una cita de referencia en el mundo del documental, cada vez más interesante, y que cuenta con voces más originales, había rescatado la primera vez que en mi Universidad entraron dos mujeres, una de ellas invitada a hacer el saque de honor en el partido de futbol. Cuando casi 50 años más tarde yo estudié en esas aulas, las mujeres éramos un noventa por ciento de las alumnas de mi clase. La universidad, casi con un régimen de internado, masculina, con la presencia de los profesores jesuitas junto a los chicos en las comidas, los deportes, las salidas, había experimentado el mismo cambio que la sociedad.

El documental, como el ensayo en las lecturas, aparece siempre oscurecido por la ficción; los medios de las películas, la presencia de estrellas, el afán de diversión ni siquiera compite con la realidad grabada. Sin embargo, la personalidad y la mirada del director o de un pequeño equipo se manifiesta en esas piezas muchas veces con mayor fuerza que en producciones más exigentes y esclavas de otras expectativas. La denuncia, la exposición, la visión minoritaria… o los fragmentos de historia pasada aparecieron por ZINEBI. La vida se enriquece con esos enfoques. La mente se abre. Con suerte, el pensamiento cambia. Fue un placer, y un momento muy emocionante, el que contaran conmigo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara la presentación, que tuvo lugar en el Teatro Arriaga de Bilbao, llevé un dos piezas de Marú Atelier compuesto por una falda larga de brocado en tonos azules y grises, con flores en relieve en la cintura, y un crop top del mismo tejido. Zapatos salón azul de Sacha London, y anillo y pendientes de Luxenter. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

Los Planetas distantes

unnamed

Antes de acudir a mi primer Premio Planeta, allá por los años veinte (los míos: en tiempo real hablamos de finales de los 90), imaginaba una atmósfera refinada, donde los autores llevarían chaquetas de terciopelo sin corbata y las escritoras sofisticados vestidos desestructurados. Cierto que también creía que existían las tertulias de café y en la posibilidad de crear una generación literaria sólida, con lo que la medida de mi ingenuidad solo fue comparable a la de mi decepción.

El mundo literario, que cuenta con gran número de personas atractivas y carismáticas, no destaca, precisamente, por su interés por la moda. Ni marcado, ni leve: existen algunas excepciones (algún dandy disperso, o Marta Rivera de la Cruz, por ejemplo, que ha escrito en SModa sobre diversos armarios de personalidades conocidas,  o Vanessa Montfort). Otras autoras, como María Zaragoza, o algunas de las jóvenes poetas, interpretan la moda de una manera marcadamente personal y muy interesante.

No entraré a analizar las causas de ese recelo hacia la couture: las críticas que se reciben, el tiempo y el genuino interés que exige, la dificultad de conciliar, por parte del público y de muchas personas del sector, la imagen de un oficio intelectual con una apariencia más glamurosa pueden ser algunas de ellas.

Por mi parte, no revelo ningún secreto si hablo de mi entusiasmo por la moda, y más aún por la ropa reservada para ocasiones especiales. Recuerdo la ilusión con la que planeé mi primer vestido para el Planeta, en 1998. Lo dibujé yo y lo cosió mi madre; era muy sencillo, de manga larga y cuello de pico, y largo hasta el tobillo. El toque lujoso lo aportaba el tejido, un terciopelo verde degradado que, por cierto, vuelve a estar de moda. Debería rescatar ese vestido que, como buena urraca, guardo, por supuesto…

Mi siguiente Planeta fue decisivo; yo concursaba con Melocotones Helados, y contra todo pronóstico, lo gané. Lo recogí con un jersey de punto gris, y una falda de seda en el mismo color que compré en una boutique de Bilbao. Un look inspirado en los conjuntos de Ralph Lauren de aquel año, que remataba con un collar de grandes cuentas. Han pasado casi veinte años, y sigo satisfecha de aquella elección, bastante intemporal y muy yo. Hubo un error que no podía prever: el maquillaje, similar en tonos al de la recreación que hice el año pasado con las mismas prendas, no daba bien en fotos con los focos: aparecí pálida en exceso, y con los labios muy oscuros, un aspecto gótico que no me gustó nada.

img_20161015_185540

Con el paso de los años, el Planeta, el 15 de octubre, se convirtió en una cita anual con mis amigos, y un juego con los diseñadores españoles: así, al vestido de raso negro, largo y sin espalda, encargado a una modista, del año 2000, le siguieron apuestas más arriesgadas. El kimono de raso cereza, con unos bordados de flor de almendro, de Lydia Delgado, (que también me vistió el día que gané el Ateneo de Sevilla) y el vestido de tirantes de gasa entreverada con hilo dorado, de Ailanto, son dos de mis preferidos. Los lucí en 2007 y 2006 respectivamente.

Aprovecho aquí para mencionar la espantosa luz del hotel en el que nos hospeda Planeta cada año para el Premio, el Juan Carlos I, que, si bien excelente en otros campos, es, posiblemente, uno de los lugares menos fotogénicos que conozco. Eso sí, la foto con el papel rayado de fondo es ya un clásico del premio. planeta10

Josep Font, mi elegido para 2010, no había dado aún el salto a Delpozo. Este vestido, de estampado llamativo y una única manga de gasa, era absolutamente espectacular.

11

Tuve la suerte de llevar, en 2011, un modelo único de la colección clásica de Jesús del Pozo, perteneciente a su legado. Jesús fue uno de los responsables de que arriesgara cada vez más en el mundo de la moda, y acababa de morir unos meses antes. En homenaje a su figura, y gracias a la generosidad de sus colaboradores, mostré esa noche un vestido vintage y único, de seda color cobre, con drapeado en el escote. En esa ocasión, mi compañera de mesa fue la bellísima Ángela Becerra.

14

2014 me trajo la sofisticación de The 2nd Skin.co, con un modelo palabra de honor en verde que aún creo sentir sobre la piel. En ese caso llevaba zapatos de Paco Gil.

espidoplanetaig2

espidoplanetaig

Y 2015, el último año que acudí a la fiesta (este año he asistido al éxito de Dolores Redondo desde mi casa, porque finalizo, con el tiempo en contra, mi novela), lo hice con un vestido de lentejuelas negras y corte lencero de Juanjo Oliva, de nuevo muy sencillo, pero inolvidable.

Las joyas, por otro lado, han sido un complemento esencial para estos vestidos. Las que acompañaban este conjunto eran de Chocrón Joyeron, de oro blanco y diamantes.

espidopremioplaneta2

Aunque no publique las fotos porque son de pésima calidad, quiero mencionar a otros de los diseñadores que me han acompañado en Planetas ya distantes: Hannibal Laguna me brindó un maravilloso vestido de gasa gris perla y pedrería, Ana Locking, una fantástica túnica de tul blanco, Ion Fiz, un conjunto de falda azul y capa con volumen…

Todos ellos han formado parte de una larga lista que acompaña en mis recuerdos a libros y autores, sensaciones y emoción compartida; y a todos debo el que me hayan permitido convertir  la fiesta de la literatura en algo que se parecía a mis sueños de juventud.

 

París y los textos ocultos

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Algunos de los textos más bonitos, más desgarradores que he escrito, nunca verán la luz: fueron concebidos para ser leídos ante una audiencia querida, una única vez. En una boda, en un aniversario, ante la cuna de un niño o para decirle adiós a un ser inolvidable. Como las flores o las ceremonias, las palabras marcan las ocasiones especiales que atraviesa la vida, y que desembocan en la muerte.

Ahora resulta casi lógico que mis amigos me pidan que hablen en sus eventos, o que les escriba algunas frases para ellos. Sin embargo, esa costumbre comenzó tan pronto como en mi Primera Comunión: supongo que se debía a que leía bien en alto y que carecía de miedo escénico, o a que me ofrecía voluntaria para cualquier redacción, cuento o poesía que pidieran en el colegio. Elígeme a mí, debían suplicar mis ojos.

De los votos de aquella primera ceremonia me quedaron dos manías: comprobar siempre por dónde van los cables de la microfonía (entre la iluminación de las velas y el vestido largo acabé estampada en el suelo, algo que nunca he olvidado), y hacer alguna mención botánica. Las hiedras que se entrelazan, las higueras que envejecen, las malas hierbas.

Y después de tantas ceremonias como invitada, alguna como protagonista, después de cantar en tantas bodas y de contar en muchas más, de que me temblara la voz en algunos entierros y del estremecimiento emocionado de las bodas de plata, creo que he aprendido algo: es muy difícil que un grupo de gente mienta. Es imposible mentir ante un grupo de personas. Una ceremonia se puede ver arruinada por la lluvia, o entristecida por una pérdida inminente o apenas ocurrida, pero por encima de las circunstancias, el amor o la indiferencia se extienden, como acuarela en un papel mojado.

Se puede prever qué será un éxito y qué acabará en lágrimas, si se quiso a quien se entierra o ha causado un enorme alivio su ausencia. Si no por la actitud genera, por la reacción ante los textos, cuando creen que nadie les observa. Con el tiempo, no solo me he convertido en una invitada a fiestas: también a las emociones ajenas, a las sombras y luces que se celebran o se ocultan. Es uno de los privilegios de la palabra: define y modela aquello que creíamos secreto y oculto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En este caso, para esta invitación con un texto oculto, elegí un vestido de The 2nd Skin.co de tul con flores rasgadas y cosidas sobre el tejido. Estoy un poco obsesionada con ese estampado, por cierto. El enorme lazo puede engancharse como una tira en torno al cinturón, si se quiere un aire más informal.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en París.

Viaje a Irlanda (VIII) Dublín

20160926_230242

Había comenzado el viaje a Irlanda cerca de Dublín, en un castillo, y unos días más tarde cerraba el plan también en las inmediaciones de la capital, en otro castillo, en Barberstown Castle. Atrás quedaban las penalidades pasadas por los habitantes de Limerick, que conté aquí: desde el siglo XIII este viejo edificio perteneció a las clases dirigentes (primero a los normandos Fitzpatrick, después a Nicholas Barby, un noble que le dio nombre y estructura), hasta convertirse en un hotel pensado para ofrecer un sueño. Por cierto, ¿recordáis que algunos cantantes, como Sting, o Madonna  invirtieron en castillos hace algunos años? Éste en el que me hospedé perteneció a Eric Clapton durante más de una década.

Las camas con un discreto dosel, la cuidada decoración del interior, el respeto por el claroscuro que permitía apreciar el brillo de los recipientes de cobre o la cubertería de plata, el bisel de los cristales en las puertas, las rosas recién cortadas sobre las chimeneas, todo hablaba de un refinamiento, un buen gusto relacionado más con una personalidad definida que con una tendencia puntual. Mucho de lo que hace ese lugar inolvidable no se puede comprar con dinero; por eso fue posible llevármelo conmigo.

20160926_230129-01

Si yo fuera Eric Clapton, el nuevo propietario hubiera tenido que desalojarme a la fuerza, mientras pataleaba y escupía como una loca, tras haber serrado uno de los barrotes del dosel de la cama a la que me habría encadenado. Y cuando muriera, me aparecería aquí, a los huéspedes, solo para bajar el precio de la propiedad. Cosas que se le ocurren a una mientras pasea por el bosquecillo de sauces, o bajo la imponente torre por donde trepa la hiedra roja

20160926_230322

20160926_230525

20160926_234403

20160926_234518

20160926_234448

20160926_234704

20160926_234559

Creí que un vestido azul ( un color que no se encuentra con abundancia en el mundo vegetal) crearía un bonito contraste con el entorno. El que llevo es de punto muy ligero, y los abalorios dorados del cuello le dan un cierto aire clásico. ¿Grecia? ¿Egipto? Las sandalias de corte romano son de Paco Gil.

El problema es que a mí me dan un vestido largo y un castillo y ya la hemos liado. Solo con un notable esfuerzo de voluntad pude  recordar que mi viaje finalizaba y que me quedaba muy poquito tiempo en Dublín.

20160926_223907

Los productos de ese día fueron otro descubrimiento: el Limpiador de Niod (el nombre exacto es Low Viscosity Cleaning Ester). ¿Un limpiador por la mañana? Sí: y debo enfatizar lo útil que me ha sido incorporar esa rutina durante el mes de septiembre, en el que el maquillaje ha sido, literamente, mi segunda piel. Como con todos los productos de Deciem, nada es lo que damos por supuesto: el limpiador se fundamenta en aceite de aguacate, ésteres y vitamina E, sin alcohol ni detergentes.

De La Mer y sus virtudes se ha dicho ya casi todo. El Concentrate calma, repara y es un alivio instantáneo para una piel estresada después de una semana de  sol,  frío,  viento y lluvia. Por no hablar de lo que estresa hacerse a la idea de que una no vive en un castillo.

Y no lo había recomendado, pero es un buen momento: Dublineses, esa obra maestra de Joyce, presente en cada rincón de Dublín, como Dublín lo está en cada línea de su obra.

11-2

Repartí mi tarde en Dublín entre dos museos: en primer lugar, la National Gallery, en plena renovación, gratuita, y con una obra reducida, pero bien seleccionada. Aproveché para comer en la cafetería, y para rastrear el paso de Chester Beatty, el gran coleccionista y mecenas, cuya generosidad alcanzó también este museo.

20160926_225759

20160926_225958

Entre sus fondos cuentan con algún Renoir, el famosísimo Encuentro en la torre, de Burton, y toda una colección dedicada a J.B. Yeats. Hay también una breve, pero interesante aportación española con Murillo, Zurbarán, Goya, Picasso… La entrada es gratuita, y el personal, extremadamente amable.

Otro día hablaré del Museo Arqueológico, que recorre cada etapa de la historia del país contada en objetos, en joyas y restos. De todo aquello que vi casi de un vistazo, a toda prisa, pero que quedó en algún lugar de mi cabeza y mi recuerdo, y regresará de nuevo en historias, o en imágenes, o en metáforas.

20160926_225524

No nos vamos de los lugares en los que hemos sido felices. Solo cerramos una puerta. La memoria las abre, siempre que lo deseamos. Y así se inicia de nuevo el viaje.

Magia en una Chistera

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El primer sombrero que me hizo feliz fue una pamela de paja que me regalaron cuando tenía 12 años. Hasta entonces hubo otros, sombreros que defendían del sol, otros de lana, o de terciopelo, más gorros, en realidad, que sombreros. Aquella pamela era una declaración de intenciones: aún la conservo y algunos veranos me la pongo. No he crecido demasiado en los últimos treinta años, o al menos mi cabeza mantiene el mismo tamaño.

Escarlata O´Hara, una gran aficionada a los sombreros, dice en un momento dado, en el aserradero, que su cabeza no puede retener nada relevante cuando estrena sombrero. A mí me ocurre al contrario; un sombrero me llena de historias, de argumentos que se escapan en todas las direcciones. Aquello que sin sombrero puede parecer una locura se convierte en realidad cuando me lo pongo.

Cuando abrí la sombrerera verde en la que venía mi preciosa chistera de La isla de los secretos aparecieron varias mariposas de papel y unas flores de hortensia preservadas. La chistera está guarnecida por una cinta de terciopelo azul agua, y delicadas flores de gasa rosas, amarillas y blancas.

La chistera lleva amarrada una mañana de verano, y una fiesta. Quizás una boda en el campo, informal, alegre; un reencuentro. La mujer del sombrero aún no lo sabe. Ha llegado tarde, no ha hablado con la novia, puede que una prima, que se encuentra, como es lógico, con la cabeza en sus propios asuntos. Se ha dirigido directamente al convite, se perdió la ceremonia, el arroz arrojado con saña contra los novios, y las inacabables felicitaciones posteriores.

Sopla un poco de viento, el suficiente como para preguntarse si habrá hecho mal al no fijarse la chistera con alfileres; hay peonías rosadas y hortensias tornasoladas en las mesas, y amigos del novio al que, ya a esas alturas de la mañana, resulta evidente que habrá que evitar.

Entonces le ve. Es tarde para escaparse: apenas le da tiempo a volverse de espaldas y tomar aire, mientras un camarero le tiende una copa de las bandejas que flotan entre los invitados. Es él, no hay duda, y ha venido, cómo no, acompañado, y toda la sangre se le agolpa en los ojos, y no le deja pensar con claridad. Se le ladea el sombrero, los tirantes oscilan con el viento.

Pero la decisión está tomada ya cuando endereza la chistera sobre la frente; esta vez no se escabullirá como una niña pequeña. Respira hondo, y se dirige a él, entre el lento oleaje de las bandejas con bebidas.

-Hola, nena -le dice él, sorprendido, cuando la ve aparecer de improviso-. No sabía que estuvieras invitada. Ha pasado mucho tiempo.

-Hola, papá -contesta ella. Y el sombrero tiembla y se ladea de nuevo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para que el protagonismo de la chistera fuera total, la acompañé con un vestido color vainilla, un vintage de crêpe con tirantes que se anudan en los hombros  y un delicado bordado floral en el escote. El collar con una libélula es de Verdeagua, y el clutch de paja, con un festón de caracolas y perlas, de Ailanto.

Las fotos fueron tomadas en La Rábida. Hacía sol y soplaba un poco de viento.