Recomendaciones espidianas de Verano

Algunos lectores reservan los libros de contenido ligero para el verano, el gran momento para las novelas de género, las intrigas policiacas y los best-sellers. Otros prefieren aquellos que no tienen tiempo para leer durante el año, libros extraños, ensayos para aprender sobre temas diferentes, o novelas que pueden leerse con más calma y mayor gusto.

Aquí van algunas recomendaciones espidianas.

Melisa Tuya es una periodista compleja, y una escritora apasionada. Su blog Madre reciente se ha convertido en una referencia para temas relacionados con una maternidad responsable, poco complaciente, nada idealizada, y aún así fascinante y hermosa. Es también una destacada animalista, y una experta en tecnología. Su tiempo parece tener alguna complejidad cuántica inexplicable. En Tener un hijo con autismo habla de su hijo Jaime, y de qué supuso para toda la familia la detección y el diagnóstico de su autismo. Desde luego, quienes se encuentren en un caso similar se sentirán acompañados, y comprendidos. Pero la lección que ofrece para quienes no sabemos gran cosa del autismo es de una ejemplaridad que no suele encontrarse en los libros testimoniales. Rompe tópicos, explica mitos y plantea preguntas. Melisa habla de cómo vivir atendiendo a unas prioridades que olvidamos, la aceptación de una realidad que dista mucho del cuento de hadas con el que nos hemos educado. Describe la negación y la frustración, el amor incondicional y sus costes, y sobre todo, la profunda nobleza de la que es capaz un ser humano sensible y consciente.

Martín Casariego  ha publicado, a lo largo de su carrera, que cuenta con más de veinte años, libros muy diversos: quisiera destacar, por ejemplo, su faceta como autor juvenil. Su voz narrativa, en este caso, se concentra en una mirada: la de un fotógrafo que recorre Lavapiés con unas gafas y la memoria de su padre. Como los pájaros aman el aire habla de la luz y la oscuridad, de la apuesta por el amor a una desconocida y de las huella que  un progenitor ha dejado en una familia. De la necesidad de la esperanza y del recuerdo. Una novela intrigante y hermosa.

El verano ofrece insospechadas oportunidades a los golosos: helados, granizados, semifríos, horchatas, batidos, macedonias. mermeladas… a los atractivos habituales de los libros de Alma Obregón-Alma Cupcakes (sus preciosas fotos, su estilo directo y sencillo, la desbordante simpatía de la autora)… se une el que Un año de dulces adapta los ingredientes y la energía del que cocina a las estaciones. Una delicia, y no solo para los ojos. Lo publica Grijalbo.

Christian Gálvez ha visto recompensada su fascinación por Leonardo da Vinci con el título de experto mundial en el tema. Sus lectores sabían ya de los conocimientos del autor de “Crónicas del Renacimiento”, centrada en ese periodo italiano y sus genios. Rezar por Miguel Ángel es una novela ágil, con una intriga trepidante y un ritmo que no decrece, magníficamente documentada, y que continúa la aproximación al misterio de esos seres extraordinarios que ya había iniciado con Matar a Leonardo Da Vinci.

El tabú de hablar del amor en la vejez comienza a resquebrajarse con novelas como esta: Encender de nuevo las estrellas se cuela con delicadeza entre los prejuicios y los dinamita. No solo trata el amor a las puertas de la muerte: habla de las diferencias sociales, de la extrañeza ante el extranjero, de toda una generación de mujeres que ha vivido de acuerdo a unas normas estrictas, pero comfortables, y qué no sabe qué hacer con su libertad  ni su vida cuando llega la viudez. Karine Lambert disfrutó ya del éxito con una historia tan poco convencional como El edificio de las mujeres… y refina ahora su estilo y su sensibilidad. En Alianza de Novelas.

La divulgación histórica está gozando de un gran momento, debido al interés del público (puede que erradiquen la historia de los colegios, pero el interés por saber quiénes fuimos en otras épocas prevalece) y de autores tan interesantes como María Engracia Muñoz-Santos. Esa imagen mítica de los gladiadores en el circo o la de los cristianos enfrentados a los leones sirve como punto de partida para explicar en Animales in Harena la relación de los romanos con sus juegos de animales, las cazas llevadas a cabo para capturar bestias exóticas y la relación entre diversión y violencia de la época. Un buen punto de partida para otros debates, como la tauromaquia, o para acercar a los jóvenes al mundo romano. La ha publicado Confluencias.

¿Es una respetable dama o una miserable negra quien se oculta bajo la lápida que toda una sociedad preferiría que continuara en su sitio, sin remover? Los huesos de Louella Brown y otros relatos, inéditos en español hasta la fecha, son la tarjeta de presentación de Ann Petry. Esta autora estadounidense, incisiva, clarividente, con un irresistible punto de sarcasmo, ha sido presentada al público por Palabrero Press. Merece la pena leerla, y es casi inevitable esperar nuevas traducciones.

La magnífica  acogida que han tenido las novelas de Màxim Huerta por parte de los lectores se repite con La parte escondida del iceberg. El protagonista es un escritor que vaga por París a la espera de algo, y con el recuerdo de alguien, devastado y en transformación. Quizás esta novela editada por Espasa sea la más dura, y sin duda la más íntima, del autor. La más sincera, y la que puede marcar un cambio de registro en el autor. Eso será algo que comprobaremos con interés en su siguiente obra.

Los aniversarios suponen siempre oportunidades para ahondar en temas que nos fascinan. Juan Eslava Galán, historiador, novelista, una pluma enérgica y poderosa, se pasea por La revolución rusa… como quien entra en una casa visitada en muchas ocasiones. Con bromas y de veras, con una visión única que ya conocemos de otras aproximaciones a la historia,este ensayo de Planeta revisa los años previos a la Revolución, hace trizas a los zares y no salva tampoco a los revolucionarios.

No somos nada. O al menos, no somos nada original. Esa es la conclusión a la que se llega tras leer Yo, mono, de Pablo Herreros Ubalde. Este amenísimo ensayo nos explica que no venimos del mono. Somos simios, en constitución, impulsos, estructura social, necesidades y comportamientos. Acabamos de salir de las cavernas, apenas nos hemos bajado del árbol, y ya nos ha dado tiempo a crear una sociedad compleja, con trazas mucho más animales de lo que desearíamos reconocer. Si nos identificamos más con onobos o chimpancés, esa ya es otra historia…

No está mal para comenzar. Un poco más adelante recopilaré otras lecturas… porque el verano es largo y los libros, inacabables.

El primer baño del verano

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En un momento dado la ilusión por el primer baño en el mar o en una piscina, la euforia de los niños por chapotear y saltar al sol se transforma, sobre todo para las niñas, en otra cosa: comienza la vergüenza, no por el comportamiento sino por su cuerpo, por qué parecen, por quiénes son.

En los tres libros que he dedicado al tema del cuerpo (Cuando comer es un infierno, Quería volar, y La vida frente al espejo) abordo el dolor que genera una idea errónea de la belleza, y cómo a lo largo de los últimos años hemos unido de manera errónea las emociones al cuerpo, la autoestima a la apariencia y la belleza a la juventud. Lejos de suponer una frivolidad, estamos hablando de un sentimiento de inferioridad y de vergüenza que experimentan, en mayor o menor medida, muchas personas. Casi todas las mujeres luchan contra ellos, y muchos varones comienzan a entrar en ese mismo círculo. En casos extremos se llega a la enfermedad: por lo general, produce angustia, condiciona actitudes y consume mucho tiempo y esfuerzo.

La exigencia alcanza por igual a mujeres bellísimas y a quienes no lo son tanto, a mujeres que viven de su apariencia y a quienes no lo hacen. Lejos de convertir la belleza en un motivo de satisfacción y el cuerpo en una fuente de goce, la apartamos de nosotros.

Pero el tiempo no vuelve. Si pudiera ahora regresar a la adolescencia y dirigirme a la jovencita que fui le diría lo que en su momento me repetían los adultos: que los años vuelan, que lo que creemos tan importante no lo es tanto, que no me hiciera daño, que expresara lo que sentía en lugar de transmitirlo con mi cuerpo, que esta carne y estos huesos no son más que el medio a través del cual vivimos y sentimos. Todo eso me lo dijeron, y no lo supe entender. Y ahora, que lo entiendo, y lo siento, creo que hay que contarlo no solo a las generaciones nuevas: también a las mujeres que antes de ese primer baño que debía ser tan jubiloso como en la infancia se miran y se critican sin piedad. Y ven sus cicatrices y sus cesáreas, sus varices y su vello, la celulitis y la flaccidez, los kilos y las arrugas el paso de los años como algo terrible, como un robo de la belleza y la alegría. Pero nada de eso es cierto: el cuerpo marca el paso del tiempo y de la vida, y debería ser un orgullo y una satifacción haber sobrevivido a todo y mostras las huellas como si fueran medallas.

No es justo con nadie. Nada debería hacernos sentir así, tan mal, tan inadecuadas, tan avergonzadas. Nadie debería. No lo permitáis. No lo hagáis. A criticar y juzgar, el llamado body shaming, se enseña y se aprende, y a ser tolerante, y generosa, y a volver a jugar y a disfrutar, también.

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Hay infinidad de marcas de ropa de baño, pero muchas mujeres se siguen quejando de que no encuentran prendas para ellas. La diferencia entre las expectativas y la realidad provoca mucha frustración, la sensación de que se diseña únicamente para chicas muy jóvenes o de cuerpos perfectos la acentúa. A mí me gusta mucho Anita since 1886 precisamente porque entiende a la perfección el cuerpo femenino: hay trajes de baño para embarazadas, tallas grandes… y trabaja muy bien la sujeción del pecho, lo que hace sus bikinis perfectos para mujeres de busto generoso. En otras ocasiones ya me habéis visto con diseños de esta misma marca.

El modelo que yo llevo es el Hermine, con braguita alta fruncida en los costados, y sujetador con drapeado, aros y tirantes regulables. Puede llevarse con un pareo a juego en los mismos tonos añil y blanco decolorados. Un poco hippy, muy chic, y tan favorecedor como veis.

Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en la piscina secreta del Hotel Sheraton Gran Canaria Salobre Golf Resort, con unas vistas maravillosas del entorno natural y un agua tan fría que primero corta la respiración y luego da la vida. En realidad, eso es lo mejor que nos da nuestro cuerpo: la experiencia, el frío, el calor, la sensación, el placer, la memoria.

En el Atelier de Suma Cruz

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Todo comenzó con unas estrellas y unos pájaros vistos en una imagen de Instagram, y me llevó una mañana llena de sol a la calle Zorrilla 23. Allí estaban las chicas de Suma Cruz, en sus mesas altas y con sus joyas alrededor, entre flores secas y piezas a medio montar, en una buhardilla luminosa al final de una escalera de madera. Susana Cruz, la fundadora, insiste en que sin un trabajo en equipo nada de lo que hay bajo ese techo se hubiera logrado.  Paloma, Inma, Andrea y Carmen son el resto de las creadoras, largas melenas, ojos brillantes, manos ágiles. Un profundo respeto por la joyería clásica, y un conocimiento igualmente profundo de la historia de la orfebrería.

Hay algo fascinante en ver un taller artístico, un atelier. Mi escritorio resulta mucho menos interesante,  menos creativo, sin duda menos cambiante que este lugar en el de pronto surge un cocodrilo, o un escarabajo de piedras semipreciosas, o un lirio que se enrosca entre los dedos. Muchas personas solo visitan uno de estos lugares, como los de vestidos de alta costura, para una ocasión especialísima: una boda propia o ajena, una celebración muy especial. Cada vez más a menudo, regalos hechos a una misma, por haber cumplido 40, o 50, o 60 años, o por haber tomado una decisión acertada.

Esa mujer, sola, o con alguien de quien se fía, subirá las escaleras, encontrará lo mismo que yo: una deslumbrante sucesión de posibilidades, de piedras y piezas metálicas, de exquisitas diademas y de hiedras que crecen entre las manos. Unas te convertirán en una sirena con mejillones de nácar entre el cabello, otras en una ninfa con halo de estrellas . Otras en una emperatriz bizantina, con sus tiaras rígidas y cuajadas de gemas. La belleza tiene siempre algo de irrepetible, y algo de incompleto, también.

-Escríbenos algo -me pidieron, después de que hubiera jugado a transformarme en todas las criaturas marinas o celestes que se me ocurrió.

-Claro. Dadme un papel.

-No -sonrieron-, en la pared.

Y allí, bajo el sol de la buhardilla de Suma Cruz, quedaron mis palabras. En mis manos, ahora, anida un escarabajo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERANinguna prenda podría competir con esas preciosas joyas.  Me puse un abrigo de terciopelo negro de Mango, sobre el que destacaban los matices y los brillos. Las fotos fueron tomadas en el Atelier, en Madrid, por Nika Jiménez.

Dibujo de encaje

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Con encaje han soñado durante siglos las mujeres y algunos hombres elegantes: pañuelos de encaje, tela sutil como la de la araña, en blanco, o crudo, o negro, para los lutos y los alivios del duelo, para abanicos o mantillas. De seda (entonces se llamaba blonda) o lino, entretejido con leves hebras de oro o plata para los nobles que necesitaban mostrar en su apariencia la riqueza y el poder. Desde la cuna, en la que los vestiditos y mantos para cristianar ahogaban a las criaturas en puntillas y entredoses, al ataúd, donde en las mantillas  y las mortajas resaltaban el perfil de cera de la fallecida.

Encaje sutilísimo que enmarcaba en gorgueras los cuellos severos del esplendor español, en mangas de las que las manitas de las infantas aparecían como sorprendidas, cargadas de anillos. Por los encajes sabían dónde se ubicaban las ciudades del lujo (Venecia, Aleçon, Flandes, Bruselas). Los ruidosos bolillos de las mujeres en sus puertas, bajo el sol, las tramas deliciosas que se tejían en Camariñas, las novias que escogían y atesoraban encajes para sus sábanas eternas, su camisón de bodas, su traje de novia.

El encaje que permitía mostrar escote y brazos, sin mostrarlos, que rejuvenecía la piel aún hermosa pero no tan tersa, que parecía aún más negro contra el cuello blanco. Venía, como todos los lujos, de Oriente, se heredaban patrones y técnicas, ocupaba a monjas y a novicias en las lentas horas entre rezos. Encaje cremoso que adornaba los vestidos de corte y de gala, que acababa destrozados por los pisotones, las vueltas en el baile y las espuelas de los caballeros, que se guardaban para que al día siguiente las doncellas vinieran a identificar y recuperar los jirones y lavarlos, con mimo, plancharlos, repararlos y unirlos de nuevo a las prendas que los habían perdido. Una muestra del buen gusto o de la zafiedad de su dueña, del ojo entrenado de su dueño. Como todo lo bello, frágil, resistente, deseado. Como todo lo bello, imprescindible.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl magnífico abrigo de encaje protagonista de estas imágenes es de Menchén Tomás. La diseñadora catalana, que desfiló por primera vez en Madrid en esta última Madrid Mercedes Benz Fashion Week, lo ha cortado como un diseño de los años veinte, envolvente, con una ligera inspiración oriental, de manga amplísima, con enormes botones tallados y un lujo casi olvidado. Apreciad el precioso dibujo floral del encaje que cubre por completo el abrigo. El maniquí y la corona de flores son de Suma Cruz, y los dos brazaletes de bronce bañados en oro amarillo y oro rosa de Issavo Elements. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

Premio Azorín 2017

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Ha pasado una semana desde la concesión del Premio de Novela Azorín 2017 y los detalles continúan tan vívidos ante mis ojos como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Ocurre con todas esas ocasiones cargadas de expectativas, y muy anheladas. No era, desde luego, la primera vez que me presentaba a un premio literario: pero sí que lo hacía con una novela tan trabajada y que fuera histórica. No todos los jurados valoran de manera positiva el género.

La Diputación de Alicante es quien convoca este premio, que se inició en 1994 con Gonzalo Torrente Ballester como ganador. La responsabilidad de publicar y distribuir el Premio es de la Editorial Planeta, y su dotación es de 45.000€ sujetos a (ay) todos los impuestos correspondientes. Otros escritores que cuentan con él son Luis Racionero, Jesús Ferrero, Dulce Chacón, Jon Juaristi, Ángela Becerra… En este año se cumplían, además, los 50 años del fallecimiento del gran Azorín, con lo que la Diputación decidió abrir la gala al público y a los pueblos de Alicante, y se celebró en el Auditorio, que dispone de un gran aforo.

Existe siempre una enorme rumorología respecto a los premios, si están concedidos de antemano o o no. Lo cierto es que quien maneja menos información al respecto es, al menos en mi caso, el autor. En este premio existen dos jurados que deliberan el mismo día del premio, durante la comida. Cada uno propone su novela candidata; este año tuve la suerte de que eligieran la mía.

Por experiencia sé que en las horas previas a un premio conviene mantenerse ocupada, y en las posteriores, también. A mí me habían confirmado que mi novela se encontraba entre las candidatas la semana anterior, de manera que me encontraba en Alicante, con dos agendas: la que ocurriría si ganaba, y la que llevaría a cabo si no.

Como intento hacer siempre que me es posible, había cuidado con mimo lo que llevaría esa noche: los premios son ocasiones especiales, fruto de las ilusiones y el trabajo de mucha gente. Me merecen todo el respeto: sea o no yo la protagonista, intento que quien lo organice sienta que valoro la invitación y el esfuerzo.

Había escogido un vestido de The 2nd Skin.co que me recordaba a alguno de los lucidos por Jackie Kennedy, con su tejido brocado rosa y un corto imperio y sencillo. Pertenece a su icónica colección For Valentina.

Lo combiné con unos preciosos salones de Magrit, el modelo Mila trabajado en ante y raso con un delicado trabajo de encaje y un bolso cartera a juego.  Magrit es una exquisita marca alicantina, y me pareció la elección lógica en este premio.

Lo mismo me ocurrió con las joyas: Chocrón Joyeros me han acompañado en algunos de los momentos importantes de mi vida, y en esta estuvieron también presentes: la sortija de mayor tamaño y la deliciosa pulserita pequeña son de la colección Ch_Aura en oro rosa, rodonita de los Urales, madreperla y diamantes. La sortija flexible y los pendientes, de oro rosa y diamantes, son de la colección CH-Imperial.

La gala comenzó a las 19:00h. Antes del fallo nos esperaban la actuación de Juan Echanove, que interpretó varios textos de Hamlet, y después, un fragmento del Carmina Burana por La Fura dels Baus.

En algún lugar entre ambos dijeron mi nombre. Subí al escenario para recoger mi Tanit, y para agradecer al jurado, a la propia provincia de Alicante, la oportunidad que me daban. Era el momento también, entre la emoción y los recuerdos agolpados (quince años de trabajo acumula esta historia), de hablar mínimamente de mi novela, Llamadme Alejandra, que aparecerá a principios de abril  y que describe la vida y los pesares de Alejandra Feodorovna, la última zarina. El momento para una mención cariñosa a quienes estaban allí conmigo y no habían ganado, como me ha ocurrido a mí en otras ocasiones, para que continuaran escribiendo y compitiendo.

La andadura de la novela comienza ahora: primero una rueda de prensa, entrevistas para el siguiente día. Y la incógnita de si gustará o no, de si habrá merecido la pena el esfuerzo, el examen constante al que se somete el escritor.

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El maquillaje de esa noche fue responsabilidad de Itzi, y las fotos, de Nika Jiménez. Esa noche fue mi acompañante; como mi jefa de prensa ha sido testigo de lo mucho que he sufrido y pasado con esta novela, y lo ha compartido, de manera que se merecía estar también allí si las cosas iban bien. Luego llegaron las felicitaciones de los amigos, la familia, los compañeros de viaje. Los lectores y los seguidores. A todos ellos, muchas gracias. Para todos vosotros es esta novela.

Ailanto y el reino vegetal

OLYMPUS DIGITAL CAMERANo es la primera vez que hablo de la admiración que siento por el trabajo de Ailanto (Aitor e Iñaki Muñoz), y del cuidado y el mimo que dedican a todo lo que tocan. Sus estampados resultan tan reconocibles que se han convertido en su huella y su respiración, como las líneas fluidas o el corte perfecto de sus abrigos.

Pero hoy quería hablaros de algo distinto: de qué recuerdo, y en qué pienso con mi vestido nuevo. Pienso en una de las obras y unos de los personajes que más me han condicionado en mi imaginario literario: Ofelia, de W. Shakespeare. Ofelia, hija y hermana de una distinguida familia de la corte danesa, es, según todos cotillean, la debilidad del príncipe Hamlet. Muy jovencita (Hamlet tiene 30 años, es ya un hombre, aunque se comporte como un adolescente), no sabemos qué posibilidades reales tiene de casarse y convertirse en reina. Su padre no quiere ni verla con el príncipe: teme que la reduzca únicamente a su amante. Gertrudis, la reina madre, la mira con simpatía.

Pero los hechos se precipitan: Hamlet pierde a su padre y trama una venganza para la que se finge loco. Por error, asesina al padre de Ofelia, que enloquece de verdad (¿O no?).  En su locura, Ofelia dice a cada cual, con el lenguaje de las flores, exactamente lo que quiere expresar. Les da romero a quienes necesitan recordar, y aguileña a aquellos que han sufrido de melancolía, y  por la infidelidad de sus esposos. A la reina Gertrudis le entrega ruda, que, entre otras virtudes, representa el arrepentimiento…

Y entonces, inmortalizada en miles de imágenes y de cuadros, Ofelia muere. Y Gertrudis lo narra así:

“Hay un sauce que inclina sus ramas sobre el arroyo que en el cristal del agua deja ver sus hojas cenicientas. Con ellas tejió guirnaldas caprichosas con ortigas, y margaritas, y esas largas flores purpúreas que los pastores deslenguados llaman por un nombre muy zafio, pero que nuestras doncellas conocen como dedos de muerto.  Cuando trepó para colgar sus coronas en las ramas, una se rompió, y ella y sus flores cayeron al llanto de las aguas”.

Las faldas de Ofelia y su miriñaque la sostienen un momento sobre el agua, mientras ella canta: pero al final la arrastran al fondo, y muere ahogada.

Aunque la traducción varía, las flores que se asocial a Ofelia son muy delatoras: las prímulas o velloritas, símbolo de la juventud y la primavera, las margaritas de la sencillez y el martirio, la modesta y virginal violeta… pero también esas groseras plantas purpúreas, las orquídeas (de orchis, testículo), promesas de sensualidad y empleadas para hechizos amorosos… y el sauce, emblema del inframundo y del duelo.

He dicho que ha sido una gran influencia literaria, y cualquiera que haya leído mi Irlanda puede verlo. Os dejo tres fragmentos de esa novela, mi primera obra.

Allí, en años anteriores, crecía un huertito cultivado, pero ahora sólo quedaba de él unas hileras de tierra roja, endurecidas entre las ortigas, la abigarrada confusión de plantas salvajes y zarzas, y, mucho más allá, un pequeño bosque de castaños y laureles oscuros.  Una formidable col lombarda había sobrevivido en el viejo huerto, con el corazón rosado y sangrante, junto a las matas de manzanilla cabezuda y las piedras minadas del muro. (…)

Gabriel e Irlanda nos esperaban en el jardín, Irlanda con una sombrilla que en ella resultaba adorable y en cualquier otra hubiese parecido grotesca, y dos grandes rosas, una purpúrea y otra blanca, en las manos. Me prendió una en el pelo, pero ella conservó la suya entre los dedos, y allí se mantuvo extrañamente fresca durante horas.  El prado, su última invasión, les pareció mágico y sombrío, un recuadro verde en el sol, y se extrañaban de no haberlo descubierto antes. Los junquillos se habían agostado, y ahora florecían violetitas escondidas entre el trébol, y escaramujo entrelazado con las zarzas, y, de vez en cuando, el añil escandaloso de las gencianas. (…)

Deambulé sin rumbo; habíamos acabado con casi todas las flores para alegrar los jarrones de la casa en las tardes grises, y apenas pude encontrar un manojo de adormideras sanguíneas que no llegaban para nada. Pensé entonces en las dedaleras cargadas de campanillas encarnadas, y en la dulcamara que crecía junto a los escombros de los establos, y me pareció apropiado adornar la fiesta de Irlanda solamente con plantas venenosas; sin que ella lo sospechara, podría cubrir su pastel de azúcar con las bayas rojas y de solanina de la dulcamara. (…)

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAY así, entre flores, y recuerdos, y telas, y libros, no encuentro demasiada diferencia entre leer y escribir, recordar, vestir, de nuevo leer. El vestido pertenece a la colección Fall 16/17 de Ailanto. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez en el espectacular Jardín Tropical de la estación de Atocha.

Bee happy, broches y abejas

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El talento joven merece empuje,  y apoyo, y en muchas ocasiones una mirada más detenida de la que le dedicamos. He tenido la suerte de observar voces interesantes entre mis alumnos de creación literaria, y maneras de ver el mundo únicas entre los que he tenido en las clases del IED Madrid. Virgina del Pozo no ha sido alumna mía, pero conozco bien su trayectoria, y me alegra hoy hablaros de su proyecto Bee Happy, con el que finaliza sus estudios en la Escuela de Arte 3.

Para sus broches Virginia ha partido de la figura de la abeja. La elaboradora de miel y cera y panales y estructuras sociales complicadísimas, la presencia constante en los campos y en los bosques, y además, un símbolo de vida y de fertilidad se encuentra ahora en peligro de extinción.

La abeja ha sido una constante en la alta joyería: los egipcios la veneraban. Si el Art Nouveau recogía con sus formas vegetales y su sensualidad la tradición de las fíbulas y los broches con forma de insectos, el Art Decó, cuya influencia es notable en esta joyera, se inspiró más bien en formas geométricas, en la superposición de ángulos y simetrías. 

En realidad, lo que muestran estas joyas es un trabajo de abstracción geométrica de una forma orgánica. Como los panales, son hexagonales. Podemos contemplar las alas y las rayas características de las abejas, y reforzadas por las franjas de esmalte frío, y de piedras preciosas (las piezas finales estarán realizadas con diamantes y rubíes). Incluso los ojitos de las abejas. Los modelos son tres: Be Enamel, con esmalte, Be Stones, la más rica en piedras, y Be Hole, con las franjas excavadas. Invitan a jugar, y a que vuelen por la ropa o por el cuerpo. Yo las he llevado en el cabello, como un eco de los peinados egipcios o medievales.

Y, otra cuestión que me ha encantado: parte de los beneficios obtenidos serán destinados al proyecto #SOSAbejas de Greenpeace. Un mundo sin abejas será un mundo casi apocalíptico. Otro día os hablaré de una preciosa novela que habla precisamente de ello…

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPodéis encontrar más información sobre Virgina del Pozo aquí. La camisa que llevo es de Mango. Las fotos fueron sacadas en El invernadero de Salvador Bachiller por Nika Jiménez.

El Gran Bilbao

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Bilbao, pedazos de acero que aparta de su camino la ría. Siete Calles y un Casco Viejo construidos por el tesón de un puñado de pescadores medievales, apiñados en torno al Nervión, Somera, Artecalle, Tendería. Música en los oídos de quien ha nacido bajo ese cielo, retazos de un idioma incomprensible. Mar y hierro, trabajos que demandaban niños y hombres cubiertos siempre de sudor o agua, de espuma o tierra. Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena.

Y de esas siete calles, el recorrido hasta el mar que nos lleva a Flandes y a los Países Bajos, y más adelante, a Inglaterra, de donde la inocencia popular trajo canciones de ingleses que se olvidaban de todo ante las niñas bilbainas.

Carbón y acero, y la ciudad reptó hasta el otro lado de la ría, y tuvo espacio para un Teatro, una Bolsa, y desarrolló gusto por la ópera, los coros, y los zuritos. Un lugar de astilleros y altos hornos, de acerías y fábricas, donde los ingenieros competían en traineras con los abogados, junto a una meseta en la que la lana merina y los cereales ya no alejaban la miseria.

Titanio y cristal, y óxido estratégicamente colocado, líneas ondulantes y la vida tras una decadencia en que las fábricas dejaron de humear, y el Nervión, salvaje y podrido, se desbordó por todas las tierras que conformaban el Gran Bilbao. Museos y gastronomía, luz entre el eterno gris, lucha férrea. Esperanza en tiempos de crisis. Nostalgia, cuando se vive tierra adentro, de la música que el viento toca en los cables de sus puentes.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALa falda de satén estampado con rosas otoñales tiene el sugerente nombre de Circe y la firma de Maru Atelier .El top de tul rosa es un primor de Etxart&Panno. De hecho, el cuerpo es tan transparente que lo superpuse a este body de HM. El bolso clutch que llevo es uno de mis preferidos de Mibuh, donde siempre me cuesta tanto escoger solo uno: me siento como uno de mis personajes perversos cuando llevo una caja de terciopelo llena de bichos. Llevo en mi índice el  anillo Kong de Luxenter, y salones de ante camel en los pies.

Las fotos fueron tomadas junto a la ría de Bilbao por Nika Jiménez.

El chico de la flecha en Mérida

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El chico de la flecha nació en Mérida, tras una conversación con una amiga de infancia, arranca en Mérida,  y ha sido una satisfacción para mí que la primera presentación haya tenido no solo en esta preciosa ciudad, sino en el Museo Nacional de Arte Romano.

Hay libros que nacen con más fortuna que otros: El chico de la flecha ha sido de los afortunados, de los que desde el primer momento conllevan alegrías y sorpresas inesperadas. Para vos nací pertenece también a esa misma categoría, como Irlanda. Otros necesitan más cuidados, o más explicaciones, o fueron publicados a destiempo. Sin embargo, esta novela juvenil me está permitiendo hablar de temas que siempre me han apasionado a otras personas, jóvenes y adultos, que se definen en unos momentos antes de la firma de libros, y lo hace tendiendo un puente natural y fluido.

Un solemne niño de ocho años que se siente preparado para leer un libro recomendado para doce, y que me habla de lo complicado que le resulta crecer y hacerse responsable. También yo hacía esas cosas a su edad y con la misma seriedad, y sentía que la infancia era una pérdida de tiempo.

Un maestro, coleccionista de libros juveniles, que lee con mimo lo que sus alumnos leerán (o leerían: algunos están ya jubilados), y que se va con su novela entre las manos ya medio ojeada. Madres que no saben ya qué regalar a sus hijas voraces, o que no saben con qué incitarles para que al menos aparten los ojos del móvil. Libros como obsequios de Navidad, o como un viaje en el tiempo.

No es ningún secreto que soy una apasionada visitante de bibliotecas y museos, El Museo Romano de Mérida, de Moneo, se encuentra entre mis preferidos: falsamente abarcable, limpio de formas y casi evidente en su concepción, esconde en algún lugar un Aleph o un gusano de tiempo. Nunca se sale de allí con la sensación de conocerlo o de haberlo visto en profundidad. Los mosaicos de las paredes, los bustos de pliegues planchados a mármol, los objetos cotidianos. Cuando decidí escribir El chico de la flecha, mi amiga Valentina y yo nos dirigimos hacia el Museo Romano, como final de nuestra visita de fin de semana. Había una cierta lógica en que el círculo se cerrara (o comenzara) de nuevo aquí.

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Para la presentación escogí un vestido en amarillo intenso de María Barros, de manga larga y ajustado. No dejó de llover en todo el día, y el amarillo, además de desmentir teatrales supersticiones, fue una declaración de intenciones luminosas. El vestido se impone por sí mismo, de manera que lo completé únicamente con un collar de esmalte y unos preciosos zapatos de ante rosa palo de Magrit.

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El blanco no es para el invierno

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Flores en primavera, rayas marineras para el verano, algunos colores brillantes para las colecciones crucero, granates y ocres apacibles en octubre, grises y paños amorosos en invierno. Cabello corto si eres madre, larga melena de nínfula en la adolescencia, traje de baño si tuviste una cesárea, rosa salmón, como mucho, si naciste hombre. Blanco si no deseas conocer el sexo antes del nacimiento, ositos en todos los casos. Algo nuevo, algo viejo, algo azul, algo prestado.

Si es oro, oro, si es plata, plata. Nunca rayas y lunares, no mezcles estampados. No lleves tacones si mides 1’80. El negro adelgaza, las rayas verticales afinan. Cuidado con el escote en uve. Cuidado con el escote en general. No enseñes las rodillas si has pasado de los 50. El cabello negro endurece los rasgos, mejor unas mechitas. Manguita tres cuartos. Hay que saber vestirse para sacarse partido. Si te arriesgas puedes fallar. Disimula. Tapa. Cubre. Obedece.

Mejor en color neutro que va con todo. Sufridito. Qué mona va, qué sencilla. Mejor no destacar. Cuando menos te miren, mejor. No está de moda. Un poco llamativa, ¿no?

El blanco no es para el invierno. Qué extravagancia. Llueve. Nieva. Hay hojas sucias. Cosas de las revistas de moda. Tú no lo hagas. No llames la atención. Es un peligro ser tú. No les gusta. No nos gusta.

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El abrigo blanco es de Zara. Las fotos fueron tomadas en Madrid por Nika Jiménez.