Recomendaciones espidianas de Verano

Algunos lectores reservan los libros de contenido ligero para el verano, el gran momento para las novelas de género, las intrigas policiacas y los best-sellers. Otros prefieren aquellos que no tienen tiempo para leer durante el año, libros extraños, ensayos para aprender sobre temas diferentes, o novelas que pueden leerse con más calma y mayor gusto.

Aquí van algunas recomendaciones espidianas.

Melisa Tuya es una periodista compleja, y una escritora apasionada. Su blog Madre reciente se ha convertido en una referencia para temas relacionados con una maternidad responsable, poco complaciente, nada idealizada, y aún así fascinante y hermosa. Es también una destacada animalista, y una experta en tecnología. Su tiempo parece tener alguna complejidad cuántica inexplicable. En Tener un hijo con autismo habla de su hijo Jaime, y de qué supuso para toda la familia la detección y el diagnóstico de su autismo. Desde luego, quienes se encuentren en un caso similar se sentirán acompañados, y comprendidos. Pero la lección que ofrece para quienes no sabemos gran cosa del autismo es de una ejemplaridad que no suele encontrarse en los libros testimoniales. Rompe tópicos, explica mitos y plantea preguntas. Melisa habla de cómo vivir atendiendo a unas prioridades que olvidamos, la aceptación de una realidad que dista mucho del cuento de hadas con el que nos hemos educado. Describe la negación y la frustración, el amor incondicional y sus costes, y sobre todo, la profunda nobleza de la que es capaz un ser humano sensible y consciente.

Martín Casariego  ha publicado, a lo largo de su carrera, que cuenta con más de veinte años, libros muy diversos: quisiera destacar, por ejemplo, su faceta como autor juvenil. Su voz narrativa, en este caso, se concentra en una mirada: la de un fotógrafo que recorre Lavapiés con unas gafas y la memoria de su padre. Como los pájaros aman el aire habla de la luz y la oscuridad, de la apuesta por el amor a una desconocida y de las huella que  un progenitor ha dejado en una familia. De la necesidad de la esperanza y del recuerdo. Una novela intrigante y hermosa.

El verano ofrece insospechadas oportunidades a los golosos: helados, granizados, semifríos, horchatas, batidos, macedonias. mermeladas… a los atractivos habituales de los libros de Alma Obregón-Alma Cupcakes (sus preciosas fotos, su estilo directo y sencillo, la desbordante simpatía de la autora)… se une el que Un año de dulces adapta los ingredientes y la energía del que cocina a las estaciones. Una delicia, y no solo para los ojos. Lo publica Grijalbo.

Christian Gálvez ha visto recompensada su fascinación por Leonardo da Vinci con el título de experto mundial en el tema. Sus lectores sabían ya de los conocimientos del autor de “Crónicas del Renacimiento”, centrada en ese periodo italiano y sus genios. Rezar por Miguel Ángel es una novela ágil, con una intriga trepidante y un ritmo que no decrece, magníficamente documentada, y que continúa la aproximación al misterio de esos seres extraordinarios que ya había iniciado con Matar a Leonardo Da Vinci.

El tabú de hablar del amor en la vejez comienza a resquebrajarse con novelas como esta: Encender de nuevo las estrellas se cuela con delicadeza entre los prejuicios y los dinamita. No solo trata el amor a las puertas de la muerte: habla de las diferencias sociales, de la extrañeza ante el extranjero, de toda una generación de mujeres que ha vivido de acuerdo a unas normas estrictas, pero comfortables, y qué no sabe qué hacer con su libertad  ni su vida cuando llega la viudez. Karine Lambert disfrutó ya del éxito con una historia tan poco convencional como El edificio de las mujeres… y refina ahora su estilo y su sensibilidad. En Alianza de Novelas.

La divulgación histórica está gozando de un gran momento, debido al interés del público (puede que erradiquen la historia de los colegios, pero el interés por saber quiénes fuimos en otras épocas prevalece) y de autores tan interesantes como María Engracia Muñoz-Santos. Esa imagen mítica de los gladiadores en el circo o la de los cristianos enfrentados a los leones sirve como punto de partida para explicar en Animales in Harena la relación de los romanos con sus juegos de animales, las cazas llevadas a cabo para capturar bestias exóticas y la relación entre diversión y violencia de la época. Un buen punto de partida para otros debates, como la tauromaquia, o para acercar a los jóvenes al mundo romano. La ha publicado Confluencias.

¿Es una respetable dama o una miserable negra quien se oculta bajo la lápida que toda una sociedad preferiría que continuara en su sitio, sin remover? Los huesos de Louella Brown y otros relatos, inéditos en español hasta la fecha, son la tarjeta de presentación de Ann Petry. Esta autora estadounidense, incisiva, clarividente, con un irresistible punto de sarcasmo, ha sido presentada al público por Palabrero Press. Merece la pena leerla, y es casi inevitable esperar nuevas traducciones.

La magnífica  acogida que han tenido las novelas de Màxim Huerta por parte de los lectores se repite con La parte escondida del iceberg. El protagonista es un escritor que vaga por París a la espera de algo, y con el recuerdo de alguien, devastado y en transformación. Quizás esta novela editada por Espasa sea la más dura, y sin duda la más íntima, del autor. La más sincera, y la que puede marcar un cambio de registro en el autor. Eso será algo que comprobaremos con interés en su siguiente obra.

Los aniversarios suponen siempre oportunidades para ahondar en temas que nos fascinan. Juan Eslava Galán, historiador, novelista, una pluma enérgica y poderosa, se pasea por La revolución rusa… como quien entra en una casa visitada en muchas ocasiones. Con bromas y de veras, con una visión única que ya conocemos de otras aproximaciones a la historia,este ensayo de Planeta revisa los años previos a la Revolución, hace trizas a los zares y no salva tampoco a los revolucionarios.

No somos nada. O al menos, no somos nada original. Esa es la conclusión a la que se llega tras leer Yo, mono, de Pablo Herreros Ubalde. Este amenísimo ensayo nos explica que no venimos del mono. Somos simios, en constitución, impulsos, estructura social, necesidades y comportamientos. Acabamos de salir de las cavernas, apenas nos hemos bajado del árbol, y ya nos ha dado tiempo a crear una sociedad compleja, con trazas mucho más animales de lo que desearíamos reconocer. Si nos identificamos más con onobos o chimpancés, esa ya es otra historia…

No está mal para comenzar. Un poco más adelante recopilaré otras lecturas… porque el verano es largo y los libros, inacabables.

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Oda a mi cama

OLYMPUS DIGITAL CAMERA¿No echas de menos tu cama? Me preguntan a menudo, ahora que toca viajar. ¿No añoras tu almohada, el tacto único y de abrazo de tu colchón? Añoro, desde luego, mi colchón, que está recién estrenado y es un Eve Sleep. Pero sobre todo echo de menos todo aquello que hago en mi cama y que durante los viajes, en los hoteles, por exquisito que sea su trato, por esmerado que sea su servicio, no puedo hacer.

No me entiendan mal. He dicho en muchas ocasiones, en esas declaraciones fuera de micrófono, que tanto gustan a los periodistas porque aportan frescura y son espontáneas y rompen la rigidez del personaje (y maldita la gracia que me hace que sean usadas fuera de contexto y no digamos ya en un titular, sin la ironía o la intención con la que fueron pensadas) que todo lo que me gusta hacer, se puede hacer en una cama. Y es cierto.

Mi cama es el terreno en el que leo y estudio, en el que encuentro a veces ideas que se resistían en el escritorio, donde vuelo y puedo ser una bailarina, o astronauta, como soñaba de niña, o sencillamente, una personas con menos problemas y más tiempo. En la cama puedo jugar a inventarme conversaciones con dos mágicos pajaritos dorados que son, en realidad, un salero y un pimentero. Puedo abrazarme a Maxim Huerta y buscar La parte escondida del iceberg. Tomo el té y algo más que acompaña el té, busco remedios para la melancolía en libros como Manual de remedios literarios, y hago algo que me reconcilie con mi pobre piel con el Gelee Hydratante qui fait mate de Kenzo.

Sueño, sobre todo. Por que soñar es la sal de mi trabajo y lo que permite, tras los viajes, que vuelva la calma a mi piel y el brillo a mis ojos. Es aquello de lo que me nutro. Es, en definitiva, más que dormir, es todo aquello que en los hoteles, con la prisa, y el cansancio, y la almohada ajena, no puedo hacer.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAMi colchón Eve Sleep llegó a casa como nunca lo hubiera imaginado: enrollado en una caja en la que apenas parecía caber una almohada, envasado al vacío, ligero y cálido. Un paso más en el packaging.  Las paredes de la caja albergaban citas de Lewis Carroll, o de Robert Frost. Rusia se dedicó a leerlas una a una. Y pude elegir las iniciales para personalizar mis almohadas que fueron (nada original) EF. Suave y adaptable, silencioso, reúne todas las características que se le pueden pedir a un buen confidente, a un buen colchón, a un buen amigo.

Las tazas, las bandejas en forma de corazón, las bandejitas de hojas, los pajaritos… son de Salvador Bachiller y los podéis encontrar aquí. Las fotos fueron tomadas en mi casa, por supuesto, en mi cama, por Nika Jiménez.

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Presentación para replicantes en Plasencia

OLYMPUS DIGITAL CAMERACon mi novela juvenil El chico de la flecha estoy disfrutando de varias presentaciones abiertas a niños, a sus padres y profesores; lo habitual suele ser que los esfuerzos se concentren únicamente en dirigirse a los chicos, en sus institutos, en encuentros para el fomento de la lectura.

Si la primera presentación se hizo, como parecía lógico y conté aquí, en Mérida, en el Museo de Arte Romano, rodeada de mosaicos milenarios, de estelas conmemorativas y de magníficas esculturas, la segunda tuvo lugar en la librería que ha recibido el Premio Nacional de Fomento a la Lectura 2016, La Puerta de Tannhäuser de Plasencia.  y de la mano de quien, sin duda, es el lector que mejor me conoce y que más tiempo me ha dedicado, el profesor Samuel Rodríguez: no en vano se ha doctorado Cum Laude en La Sorbona con una tesis sobre el mal en mi obra.

Las bibliotecas son para mí lugares maravillosos: las librerías, en cambio, antros de perdición. Resultan focos irresistibles cuando, como en el caso de La Puerta de Tannhäuser, están pensadas con mimo y atención para que un lector incauto, un replicante,  no quiera salir nunca de allí, con la oportunidad de tomarse un café y de hojear con calma los libros, en este caso de editoriales minoritarias. Además de funcionar como librería online, cuenta con una sección para niños escogida con un primor llamativo. En las estanterías reconocía numerosos ejemplares que habían aparecido en mis recomendaciones espidianas; libros ilustrados, novelas gráficas, reediciones preciosas y clásicos con un aire renovado.

Respecto a la presentación, qué decir salvo gracias: la librería se abarrotó, y de la historia romana pasamos a hablar de educación infantil, de los valores transmitidos a los jóvenes y de la responsabilidad que los adultos asumimos (o no) respecto a un mundo complejo, extraño y cambiante. Dos horas (si me animan a hablar no hay límite a la conversación) de encuentro entre replicantes y lectores.

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Para resarcirme del frío y la lluvia de Mérida, Plasencia me acogió con un sol optimista y jovial; me hice con uno de mis vestidos vintage de los 70, granate, en esta ocasión, de punto, manga larga, y con canesú y un falso obi incoporado. Llevé un collar dorado de LaOneta, y unos de mis zapatos preferidos de esta temporada, estos salones de pitón de Mango. Iba abandonando en todas parte mi bolso de mano de Gucci.  El esmalte de uñas granate es el Malaga Wine de OPI.

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No puedo olvidarme de Samuel, mi atento presentador y anfitrión en Plasencia, de mis amigas por Instagram Flores en tu ensalada, que tuvieron la amabilidad de acercarse a acompañarme, (obsérvese que al final de la presentación estaba ya hasta despeinada) y de Cereza Design, que me regaló el precioso brazalete que llevo en alguna de las fotos. Ni, por supuesto, de la charla y de las confidencias posteriores con los libreros, Álvaro y Cristina, pura vocación, apasionados de los libros y de un oficio al que debemos tanto los escritores. Las fotos fueron tomadas por Nika Jiménez.

El chico de la flecha en Mérida

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El chico de la flecha nació en Mérida, tras una conversación con una amiga de infancia, arranca en Mérida,  y ha sido una satisfacción para mí que la primera presentación haya tenido no solo en esta preciosa ciudad, sino en el Museo Nacional de Arte Romano.

Hay libros que nacen con más fortuna que otros: El chico de la flecha ha sido de los afortunados, de los que desde el primer momento conllevan alegrías y sorpresas inesperadas. Para vos nací pertenece también a esa misma categoría, como Irlanda. Otros necesitan más cuidados, o más explicaciones, o fueron publicados a destiempo. Sin embargo, esta novela juvenil me está permitiendo hablar de temas que siempre me han apasionado a otras personas, jóvenes y adultos, que se definen en unos momentos antes de la firma de libros, y lo hace tendiendo un puente natural y fluido.

Un solemne niño de ocho años que se siente preparado para leer un libro recomendado para doce, y que me habla de lo complicado que le resulta crecer y hacerse responsable. También yo hacía esas cosas a su edad y con la misma seriedad, y sentía que la infancia era una pérdida de tiempo.

Un maestro, coleccionista de libros juveniles, que lee con mimo lo que sus alumnos leerán (o leerían: algunos están ya jubilados), y que se va con su novela entre las manos ya medio ojeada. Madres que no saben ya qué regalar a sus hijas voraces, o que no saben con qué incitarles para que al menos aparten los ojos del móvil. Libros como obsequios de Navidad, o como un viaje en el tiempo.

No es ningún secreto que soy una apasionada visitante de bibliotecas y museos, El Museo Romano de Mérida, de Moneo, se encuentra entre mis preferidos: falsamente abarcable, limpio de formas y casi evidente en su concepción, esconde en algún lugar un Aleph o un gusano de tiempo. Nunca se sale de allí con la sensación de conocerlo o de haberlo visto en profundidad. Los mosaicos de las paredes, los bustos de pliegues planchados a mármol, los objetos cotidianos. Cuando decidí escribir El chico de la flecha, mi amiga Valentina y yo nos dirigimos hacia el Museo Romano, como final de nuestra visita de fin de semana. Había una cierta lógica en que el círculo se cerrara (o comenzara) de nuevo aquí.

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Para la presentación escogí un vestido en amarillo intenso de María Barros, de manga larga y ajustado. No dejó de llover en todo el día, y el amarillo, además de desmentir teatrales supersticiones, fue una declaración de intenciones luminosas. El vestido se impone por sí mismo, de manera que lo completé únicamente con un collar de esmalte y unos preciosos zapatos de ante rosa palo de Magrit.

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Recomendaciones espidianas de octubre

3-1No son demasiadas, porque Octubre trajo viajes y el trabajo en mi propia novela, y con otros libros tuve mala suerte; no me gustaron, y por lo tanto, no los recomendé. Aquí tenéis un puñado de los elegidos.

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Un maravilloso libro de relatos, firmado por Esther Bendahan, que recorre, efectivamente, las horas de un único día a través de personajes muy diversos, en distintas ciudades,  atravesados por el dolor, la duda, la humanidad y la curiosidad. Lo ha publicado Confluencias EditorialUna hora solamente, de la orilla del día se estructura de manera sólida en torno a una idea filosófica y cuántica, una base entretejida en torno al tiempo con una prosa muy bella; y, sobre todo los personajes adquieren una hondura y una conciencia que estremece al lector. Puede adquirirse aquí. Las galletitas con las que acompaño la lectura son de Hema, y el Serum de YLS Beauty Forever Youth Liberator, que estaba probando mientras tanto, es pura magia.

10-2Hablamos de Siria de oídas, conocemos poco su literatura, y menos aún a sus autores. En la tradición oriental de un relato casi inacabable, que mezcla realidad con percepción, Rafik Schami, un autor damasceno pero afincado en Europa desde hace tiempo, nos lleva a una historia de amor que perdura en un Damasco que ya no existe. Conmovedora y hermosa, con unos inesperados toques de humor que humanizan un sentimiento superior, Sofía o el Origen de todas las historias contrapone la delicadeza del amor, de la infancia y de las emociones de un pueblo con la brutalidad de lo impuesto, la tradición y la política. Schami, muy conocido por otras grandes historias, como El lado oscuro del amor, ha sido publicado en Salamandra. La crema de manos de Kenzo lleva el cuidado a otro nivel: no es grasa y puede aplicarme mientras se lee.

16-2Este viejo libro que leí una y otra vez en casa de mis padres despertó un inusitado interés cuando lo recomendé en mi Instagram. Las biografías de Tres mujeres gallegas del siglo XIX, tres escritoras de primera fila, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro, están escritas en ese delicioso estilo un poco anticuado; desde luego, no son críticas con las autoras ni sus obras, pero sí ofrece una aproximación a la obra y a la vida de tres mujeres muy nombradas y poco conocidas. Mientras lo releía, picoteaba arándanos desecados y algún bocadito de aguacate.

26-1Una novela policíaca tan fresca como esa manzana verde: Una detective inesperada nos habla de las aventuras de la muy estilosa y muy impávida Phrine Fisher, una chica moderna de los años 20 en una Melbourne muy poco moderna.  Nada, ni un asesinato ni varios se le ponen por delante. Muy ligera, muy divertida, la ha publicado Siruela y deja ganas de más. Mi anillo es de Luxenter, y el esmalte, de OPI.

15-2Cada 15 de Octubre festejamos a Teresa de Jesús, a quien, como sabéis, dedico mi Para Vos Nací de Ariel. Si acompaña con estas viandas manchegas de Malagón, donde la librería Postas me acogió para una conferencia y me cubrió de afecto y de regalos.

20161107_123818Curro Cañete, periodista de, entre otros medios, Vanity Fair, se atreve con una primera novela Una nueva felicidad, de corte testimonial y autobiográfico. Conmoverá a quienes se encuentren en una búsqueda personal, a cualquier edad; amena y con un marcado mensaje optimista, Destino respalda esta historia de lucha y, sobre todo, de sinceridad con uno mismo. Mucha suerte, Curro, y mucha paciencia para el futuro. Quien dijo que esta era una carrera de fondo no sólo acuñó un tópico, sino que reflejó una realidad.

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Ofelia, la única de mis gatitas con criterio (Rusia lee de Pascuas a Ramos lo primero que pilla, y casi nunca lo acaba, y Lady Macbeth es un caso perdido; pero perdido. Todo lo que le gusta es malo)  se aferró a los Cuadernos japoneses de Igort, y ahí sigue. Lógico: Igort, una referencia en novela gráfica, e incluso en documental gráfico, describe aquí con texto e imágenes su fascinación por Japón, su cultura y su dibujo: hay vida más allá del Manga. En los ratitos en los que Ofelia me dejaba leerlos, disfruté enormemente de su lectura. Podéis encontrarlo aquí, y disfrutar de este álbum de viajes, que incluye mucho más. Es de Salamandra.

1-2Octubre ha sido, sobre todo, un mes de preparación para el 200 aniversario de Jane Austen, que celebraremos en 2017. Como sabéis, en otras entradas del blog, como aquí y aquí, os estoy hablando del viaje por la tierra de Jane Austen en el que guié a algunos viajeros y lectores apasionados. Repetiremos el viaje; respecto a mi libro, Querida Jane, querida Charlotte, se encuentra en la actualidad agotado, pero si estáis interesados podéis contactar con nikajimenez@espidofreire.com, que hará lo imposible por encontrar un ejemplar.

Viaje a la tierra de Jane Austen (II) El Bath romano

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn nuestra primera jornada  iniciábamos el viaje a la tierra de Jane Austen en un Bath muy diferente al que veremos hoy: el clásico, el trazado por los romanos en su no muy exitosa conquista de la Isla, a la que sin embargo apreciaban por sus explotaciones mineras (sobre todo de plomo) y sus ostras.

Cualquiera que me conozca un poco puede imaginar que soy una gran aficionada a la historia griega y romana. Cualquiera que me conozca de verdad, sabe que ha sido una loca obsesión desde la infancia. Yo recitaba genealogías de dioses y emperadores como otros las alineaciones del Bilbao Athetic. Desde aquí pido público perdón a quienes han tenido que padecerme en esa faceta; pero me temo que tendrán que seguir soportándome. Además, muy pronto habrá sorpresas en ese frente…

Los romanos llegaron a Inglaterra en diversas oleadas, si bien la colonización general de la isla se llevó a cabo durante el gobierno de Claudio (a quien luego el británico Robert Graves dedicaría la magnífica novela histórica Yo Claudio). Cómo olvidar, por cierto, esta gloriosa escena de la serie de la BBC en la que Agripina y Nerón conspiran contra un pobre Derek Jacobiaquí.

Claudio se ganó así el sobrenombre de Britannicus. Tan orgulloso estaba de ello, que ése fue el nombre de su único hijo: Tiberio Claudio César Británico. El prometedor mozo fue asesinado por su primo-hermanastro Nerón, que lo envenenó cuando tenía apenas 14 años. Eso entraba dentro de las estadísticas de la época: morir por orden de Nerón se convirtió en la primera causa de mortalidad de aristócratas.

Uno de los generales de las legiones romanas fue, precisamente, el futuro emperador Vespasiano, cuyo reinado sirve de marco de otra excelente saga romano-policial, la de Marco Didio Falco, en este caso de la también inglesa Lindsey Davis. Más que recomendable también.

Los romanos eran gente práctica y con muy pocas ganas de perder el tiempo: asimilaban todo lo que podían, rebautizaban dioses y reformaban lo que se les pusiera por delante. Cuando llegaron a Bath encontraron allí un santuario celta en torno a un manantial sagrado, de aguas calientes y curativas, cuya diosa guardiana era la misteriosa Sulis. Tras un rato de profunda deliberación, decidieron llamar al lugar Aquae Sulis, (las aguas de Sulis), repararon en que Sulis tenía un parecido casi increíble con su Minerva y no le dieron más vueltas al asunto.

Desde el inicio fueron conscientes de la importancia de aquel emplazamiento, y de que las aguas eran magníficas para enfermedades de la piel y muy buenas para otras dolencias interas: Claudio ordenó que se adecentara el santuario en torno a los años 60 del siglo I, y las termas que le siguieron ganaron popularidad hasta el punto de que atrajeron a peregrinos y enfermos de todo el imperio, y el conjunto llegó a ser un santuario rico: se descubrieron una docena de miles de monedas romanas, una ofrenda altísima. En torno al siglo V, las termas fueron abandonadas, y las cualidades curativas de las aguas de Sulis fueron olvidadas casi por completo durante más de mil años.

Entonces, a finales del siglo XVII, el doctor Thomas Guidott escribió lo que sería el panfleto turístico y publicitario definitivo de Bath. Su Indagaciones sobre el agua de Bath despertó una fiebre balnearia comparada a la que se vive hoy en día. Uno no era nada si no visitaba la pequeña ciudad spa y tomaba sus aguas, estuviera enfermo o no. La ciudad se revitalizó y se llenó de preciosas construcciones neoclásicas. El país que odiaba a sus invasores romanos descubría su amor por ellos, viajaba a Roma, leía Los últimos días de Pompeya de Bulwer Lytton y las mujeres imitaban el estilo de vestir de la época.

Los viejos baños también se reformaron: la preciosa estructura que aún hoy se conserva procede de esa época, y abraza el manantial sagrado, un Museo Romano, las Termas, e,integradas junto a ellas, las Pump Rooms, unas salas coronadas con una impresionante cúpula transparente donde la buena sociedad eduardiana se reunía para tomar el obligado vaso de agua milagrosa, altamente mineralizada y bastante repugnante al gusto. Beau Nash, el árbitro de la elegancia de su siglo, dio el visto bueno a ese hábito, y Jane Austen acompañó a su padre enfermo a beberla hasta que el reverendo murió.

En la actualidad es posible tomar allí el té y una magnífica selección de dulces, y también el agua, que brota de una fuente, directamente sobre el manantial original. Se puede pasear por las cercanías de las piscinas, si bien estas se encuentran vedadas al baño por razones de control sanitario. Su intenso color verde se reaviva cuando el sol del atardecer dora la piedra de Bath: las esculturas de los emperadores romanos luchan contra la erosión, y la piedra se destruye por las mismas cualidades minerales que curan enfermedades. Algo muy antiguo, un resto de lo sagrado, se filtra entre la roca y gotea. Es un lugar especial, bello e íntimo, pese a la afluencia de visitantes.Por cierto: se descubrió que tienen cierta radiactividad

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La tarde de otoño en Bath era tan luminosa, tan cálida, que era posible llevar un vestido sin mangas. El que escogí, en uno de mis colores preferidos, el azul klein, era de Joseph Ribkoff, un corte clásico con una abertura transversal en el escote. Lo combiné con pendientes sencillos y un anillo complicado de Luxenter. El bolsito antiguo está confeccionado con un mantón de Manila aún más antiguo. Las Termas era, y son, un lugar para ver y ser visto. En mi caso, solo quería mirar y pensar.

Viaje a Irlanda (VIII) Dublín

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Había comenzado el viaje a Irlanda cerca de Dublín, en un castillo, y unos días más tarde cerraba el plan también en las inmediaciones de la capital, en otro castillo, en Barberstown Castle. Atrás quedaban las penalidades pasadas por los habitantes de Limerick, que conté aquí: desde el siglo XIII este viejo edificio perteneció a las clases dirigentes (primero a los normandos Fitzpatrick, después a Nicholas Barby, un noble que le dio nombre y estructura), hasta convertirse en un hotel pensado para ofrecer un sueño. Por cierto, ¿recordáis que algunos cantantes, como Sting, o Madonna  invirtieron en castillos hace algunos años? Éste en el que me hospedé perteneció a Eric Clapton durante más de una década.

Las camas con un discreto dosel, la cuidada decoración del interior, el respeto por el claroscuro que permitía apreciar el brillo de los recipientes de cobre o la cubertería de plata, el bisel de los cristales en las puertas, las rosas recién cortadas sobre las chimeneas, todo hablaba de un refinamiento, un buen gusto relacionado más con una personalidad definida que con una tendencia puntual. Mucho de lo que hace ese lugar inolvidable no se puede comprar con dinero; por eso fue posible llevármelo conmigo.

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Si yo fuera Eric Clapton, el nuevo propietario hubiera tenido que desalojarme a la fuerza, mientras pataleaba y escupía como una loca, tras haber serrado uno de los barrotes del dosel de la cama a la que me habría encadenado. Y cuando muriera, me aparecería aquí, a los huéspedes, solo para bajar el precio de la propiedad. Cosas que se le ocurren a una mientras pasea por el bosquecillo de sauces, o bajo la imponente torre por donde trepa la hiedra roja

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Creí que un vestido azul ( un color que no se encuentra con abundancia en el mundo vegetal) crearía un bonito contraste con el entorno. El que llevo es de punto muy ligero, y los abalorios dorados del cuello le dan un cierto aire clásico. ¿Grecia? ¿Egipto? Las sandalias de corte romano son de Paco Gil.

El problema es que a mí me dan un vestido largo y un castillo y ya la hemos liado. Solo con un notable esfuerzo de voluntad pude  recordar que mi viaje finalizaba y que me quedaba muy poquito tiempo en Dublín.

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Los productos de ese día fueron otro descubrimiento: el Limpiador de Niod (el nombre exacto es Low Viscosity Cleaning Ester). ¿Un limpiador por la mañana? Sí: y debo enfatizar lo útil que me ha sido incorporar esa rutina durante el mes de septiembre, en el que el maquillaje ha sido, literamente, mi segunda piel. Como con todos los productos de Deciem, nada es lo que damos por supuesto: el limpiador se fundamenta en aceite de aguacate, ésteres y vitamina E, sin alcohol ni detergentes.

De La Mer y sus virtudes se ha dicho ya casi todo. El Concentrate calma, repara y es un alivio instantáneo para una piel estresada después de una semana de  sol,  frío,  viento y lluvia. Por no hablar de lo que estresa hacerse a la idea de que una no vive en un castillo.

Y no lo había recomendado, pero es un buen momento: Dublineses, esa obra maestra de Joyce, presente en cada rincón de Dublín, como Dublín lo está en cada línea de su obra.

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Repartí mi tarde en Dublín entre dos museos: en primer lugar, la National Gallery, en plena renovación, gratuita, y con una obra reducida, pero bien seleccionada. Aproveché para comer en la cafetería, y para rastrear el paso de Chester Beatty, el gran coleccionista y mecenas, cuya generosidad alcanzó también este museo.

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Entre sus fondos cuentan con algún Renoir, el famosísimo Encuentro en la torre, de Burton, y toda una colección dedicada a J.B. Yeats. Hay también una breve, pero interesante aportación española con Murillo, Zurbarán, Goya, Picasso… La entrada es gratuita, y el personal, extremadamente amable.

Otro día hablaré del Museo Arqueológico, que recorre cada etapa de la historia del país contada en objetos, en joyas y restos. De todo aquello que vi casi de un vistazo, a toda prisa, pero que quedó en algún lugar de mi cabeza y mi recuerdo, y regresará de nuevo en historias, o en imágenes, o en metáforas.

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No nos vamos de los lugares en los que hemos sido felices. Solo cerramos una puerta. La memoria las abre, siempre que lo deseamos. Y así se inicia de nuevo el viaje.

Atención, Obras

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Cuando hace unos años le pregunté a mi padre qué pensaba él, cuando yo era pequeña, que sería de mayor, me ofreció una respuesta sorprendente. Actriz, dijo. Desde luego, no hubiera sido su sueño; ambicionaba para sus hijas la formación universitaria que obtuvimos, y un oficio intelectual. Tampoco yo fui una de tantas niñas que fantasean con ser actrices. Yo quise ser, por este orden, astronauta, poeta, miembro del cuerpo diplomático y escritora.

En eso pensaba cuando me llamaron de Atención, Obras, el magacín de la 2 que se ocupa de la actualidad cultural, para que les hablara de El hogar del monstruo, y de qué suponía para mí debutar como actriz en el teatro María Guerrero con Abril en Estambul. Por cierto, podéis leer la crítica que escribió Culturamas aquí. Recopilé los recuerdos que podrían resultar relevantes: cómo liaba regularmente a las niñas de mi colegio y las embarcaba en obritas de teatro que yo escribía (y dirigía y protagonizaba y producía), la última y más ambiciosa una adaptación de César y Cleopatra, de G. B. Shaw, que involucró a la mitad de mi clase de 7º de EGB.

Recordé cómo aquello se diluyó cuando comencé a estudiar Canto a los 12 años; todo lo que estudié de teatro desde entonces se orientó a que nos desenvolviéramos con soltura sobre un escenario. Cómo en los cursos de lenguaje teatral aprendí a entrar con ímpetu, a posar delicamente la mano sobre el piano, a modular la mirada y a moverme (e incluso agonizar) de manera que nunca afectara a la emisión de la voz. A los 14 años absorbía con los ojos muy abiertos la manera en la que José Carreras enfervorizaba al público, o cómo Nuria Espert declamaba con su encanto deslumbrante, y los veía a apenas unos metros, en el mismo escenario en el que yo, una soprano jovencísima, formaba parte del coro.

Entonces me auguraban una brillante carrera como cantante; todos, hasta mis rivales, estaban de acuerdo en ello. Lo que ocurrió después lo he contado en muchas ocasiones: mi tibia vocación no pudo superar las dificultades y las amenazas que se presentaron, y me orientó a lo que deseaba hacer: escribir, contar historias. Siempre añoré el escenario, e intenté reproducir lo que aprendí en esos años en las conferencias y los cursos. Siempre chirrío un poco como escritora, siempre asoma ese pasado.

Desde luego, hubo aspectos buenos: el cálido empuje de mi profesora María Folcó, que creyó en mí con una fe casi visionaria, y el de Jose Luis Ocejo, director de la Coral Salvé, que me protegió todo lo que pudo. Estuvo la mano cariñosa de Rose Marie Meister, que tanto me enseñó sobre cómo encarnar un personaje en los Cursos de Música Antigua de Daroca. El apoyo incondicional de mi hermana Mila, que pasó muchas de sus valiosas horas como mi pianista repertorista y paciente profesora, la tenaz perseverancia de Sor Teodora Errasti, que acaba de morir, y que siempre, siempre, creyó en mí. La amistad con el tenor Fernando Latorre, mantenida a través de los años, o las conversaciones con María Bayo, que me ayudó a poner tantas cosas en su sitio.

Hubo cosas buenas.

Sin embargo, la entrevista de Cayetana Guillén Cuervo tomó otros derroteros. Mucho más íntima, mucho más interesante de lo que yo me imaginaba, Cayetana, con una impecable labor de su equipo, se preocupó por llevar las preguntas hacia lo esencial: el bien, el mal, los monstruos. Los miedos, la soledad. La intimidad, la exposición. Me emocionó. Se produjo uno de esos momentos raros y preciosos en la televisión en que olvidas todo porque entiendes a quien tienes frente a ti. Fue un regalo.

También lo ha sido la reacción de quienes lo vieron. Desde aquí, gracias. A los seguidores de Instagram y Twitter, en especial. La entrevista puede encontrarse aquí.

Hubo también algo que no dije: no deseo el menor mal a quienes se comportaron conmigo de manera tan cruel y agresiva que mi única opción fue abandonar lo que quizás hubiera sido mi carrera. Pero son responsables, y lo son de manera inequívoca, de haber provocado un enorme sufrimiento. No valen las excusas de que eran jóvenes, o inconscientes, de que yo era demasiado pequeña o sensible para estar en ese mundo, de que buscaban su futuro o que no sabían que las consecuencias serían las que fueron. La mala excusa de todos los acosadores, de los maltratadores.

No podían prever que aquello me haría abandonar y aborrecer la música durante años, que me causaría un trastorno de la alimentación y provocarían un enorme odio y cuestionamiento hacia mí misma, cierto. Pero sabían que lo que hacían estaba mal. Que unos adultos acorralen a una chiquilla de 14, de 15 años, que la amenacen y aterroricen, que la oigan llorar sola, que la dejen abandonada en una ciudad extranjera, que le roben su material de trabajo, que se burlen y la cuestionen constantemente no tiene justificación. Es intolerable. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora. Que saquen ventaja de su inocencia o su bisoñez, que la aíslen cuando se encontraba sin ninguna protección, que bloqueen sus posibilidades de pedir ayuda, que la insulten y humillen día sí y día también puede acabar, literalmente, con su vida.

Me arrojaron a un camino áspero que no tendría por qué haber conocido. Nunca les hice mal alguno, no hubiera podido, ni sabido. Me convirtieron en alguien que deseaba escaparse, que mentía, que creó una coraza incómoda. Lo que era mi don se transformó en una maldición. No les estoy agradecida por haberme obligado a crecer antes de tiempo, ni por haber contribuido, con su maldad, a ser lo que ahora soy. No merecen mi comprensión, ni mi olvido. El perdón no se debe dar por supuesto. Antes, hay que asumir el daño que se ha infligido, y repararlo, si se puede. Yo he perdonado porque me lo debía a mí y a los míos, a quienes también salpicaron, no porque se disculparan. Es más: con el tiempo me ofrecieron explicaciones y apoyo precisamente quienes que no tenían por qué hacerlo.

En Atención, obras hablamos de monstruos. No hay que tenerles miedo. Pero no sirve de nada negar que existen. Hay que combatirlos con energía y vigor, con denuncias y con leyes. Con el rechazo de quienes callan y miran y saben. En mi Abril en Estambul yo lucho contra uno. Tengo cierta experiencia. Sí, ah, sí. Tengo cierta experiencia con ellos.

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Debo el maquillaje y la peluquería de las fotos al departamento correspondiente de RTVE, que trabajaron con las planchas cada mechón de pelo hasta dar con este look. El vestido de algodón, con aires a los años 50, es de Marc Jacobs. Lo combiné con peep toes de Magrit, de charol burdeos, joyas de oro blanco y un bolso geométrico de Salvador Bachiller. Las gafas de sol personalizadas, de Tiwi, fueron un regalo de Tomás Palacios. Las fotos corrieron a cargo de Nika Jiménez, en los jardines de RTVE.

Viaje a Irlanda (VII) – Limerick

20160808_153520-01Al estas alturas del viaje (cuya anterior etapa podéis leer aquí) comenzaba ya a darme cuenta de que tocaba a su fin, y que tras Limerick solo restaba Dublin y prepararme para el regreso. Para empeorar las cosas, asomó un sol radiante que me reconciliaba con el endemoniado clima de los últimos días, y que agravó aún más mi melancolía.

Limerick es un nombre que escuché por primera vez en mi adolescencia asociada al grupo musical The Cranberries. Algunos años más tarde todos lo uniríamos  a la lucha por la supervivencia de la familia McCourt en Las cenizas de Angela. Un ciudad con una historia dura, durísima, en ocasiones, cuyo origen se remonta a los vikingos, marcada por la campaña de Cromwell contra los irlandeses, y por la hambruna, de la que la ciudad se recuperó con mucha dificultad

El castillo del Rey Juan, que, rehabilitado como centro turístico, puede visitarse, muestra sus torres y sus muros sobre el río Shannon. Se constituyó como fuerte desde la época vikinga; unos ojos vigilantes han asomado durante siglos por encima de sus almenas, en un intento de proteger la ciudad.

Quien desee seguir la ruta de Las cenizas de Angela encontrará que puede realizarla con un guía si pregunta en la oficina de turismo. Por suerte, la ciudad ha cambiado por completo desde aquellos años treinta de hambre y miseria que describe el autor, y que dividió a la ciudad en dos bandos cuando el libro fue publicado. Las acusaciones de exageración o de mentira, o de denigrar a su ciudad y a su familia se sucedieron, casi al mismo ritmo que la admiración que generó. Ese libro paradigmático inició una nueva corriente literaria, la llamada mis-lit, o literatura de la miseria, en la que lejos de idealizar una infancia o una pasado idílico, los escritores no rehuían de una visión costumbrista e incluso deprimente.

No hay duda, de todas maneras, de que la crisis europea que ha afectado principalmente a los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) se manifiesta en Limerick con mayor claridad que en las otras ciudades que he visitado. Menos turística que las zonas anteriores, más real y cotidiana, muestra heridas y locales cerrados.

20160926_000327Pero también es en Limerick donde resulta más evidente el esfuerzo por combatir esa crisis. Desde los impresionantes graffitis que embellecen solares o fachadas grises, a los pequeños huertos urbanos, las iniciativas culturales o el apoyo a los museos, es una ciudad viva y orgullosa de su independencia, que intenta fidelizar un turismo de calidad.

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10-4Hasta entonces Irlanda había sido pródiga en bichos: había visto ovejas, cabras, vacas, perros en abundancia, pero ni un gato. Comenzaba a preocuparme por si mi radar felino continuaba activo cuando sobre un muro de ladrillo de Limerick me encontré con un precioso, y muy sociable, gatito que tomaba el sol. Eso demostraba, de entrada, que era un gato de provecho, y simpatizamos inmediatamente. Charlamos un rato, y allí lo dejé, sobre el muro, con cierta pena. Fue el único que me encontré en el resto del viaje.

10-2Y, por cierto, me encontré a un primo de Jaromir (quienes me siguen en Instagram desde al menos agosto de 2015 recordarán el éxito internacional de la #trilogiadejaromir). No me preguntéis por qué, era un no sé qué jaromirense, un aire equino familiar. No me obliguéis a explicarlo. Yo sé que eran primos. El primo Ethan. 20160926_000400Una relectura de Las cenizas de Angela me da siempre hambre y ganas de tomar , tazas de té encadenadas, una detrás de la otra. Contra el sol intermitente saqué a pasear el Filtro solar ultraligero de protección 50 de Kielh’s, que me encanta. Con una piel blanca y delicada con la mía la protección elevada es obligatoria, y muchas veces me encuentro con que las faciales protegen, pero tapan el poro y lo ensucian; esta crema no, y además, permite el maquillaje casi inmediatamente. Después de los fríos y los vientos de los días anteriores, empleé como refuerzo nocturno la Crema de noche con efecto mascarilla de L’Oreal Aceite Extraordinario: era un producto que no conocía y, que me llevé para probar durante el viaje, y que ahora, con el trajín al que someto la piel con el teatro, he incorporado a mi rutina. Por otro lado, la bruma de almohada, otro pequeño lujo que me entusiasma, era de La Maison du Savon de Marseille.

20160926_121055-01Durante siglos, Limerick ha vivido de espaldas al río, ese río Shannon del que tantos vapores, humedades e infecciones procedían. Ahora, saneado, y con un bonito paseo que recorre una de sus riberas, eso ha cambiado. Pequeños cafés, restaurantes y locales ofrecen una visión del puente y del castillo, y de su dramático cielo siempre en movimiento. img1474840779948-01

img_20160925_235618 Para recorrer a gusto la ciudad a pie, algo que merece la pena, por tamaño y para no perderse nada, escogí unos vaqueros de talle alto, botines cómodos y una camisa blanca de Oxygene tableada en la espalda.

Solo resta la última etapa de este viaje que contraté con Pangea, y que hubiera deseado que durara al menos un mes más…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abril en Estambul

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Aún con la sensación de vértigo del estreno, el día 21 de septiembre, de El hogar del Monstruo en el Teatro María Guerrero de Madrid, creo que es el momento de hablar con un poco de detenimiento de este proyecto, que culmina estos días sobre un escenario, pero que ha sido labor de varios años y de muchas personas.

Hablaré de cómo he llegado hasta aquí yo, porque cada uno de los involucrados ha seguido un camino distinto. El teatro dejó de ser  mi asignatura pendiente en 2012, cuando escribí Palabra de honor, representada en el Centro de España en Miami, con producción de  El Idearium y dirección de Manuel Mendoza, por Alba Reversi y Orlando Urdaneta.  Casi 10 años antes, Edith Salazar había llevado al escenario mis Cartas de Amor y Desamor en su espectáculo Bolero, con voces como las de María Estevez, Loles León, Terele Pavez, Lucía Bosé…

Pero, en mi día a día, algo que siempre he sabido era que no me gustaban las conferencias formales, sentada, a distancia de mis oyentes y con un vaso de agua. Creo que puedo impartir una conferencia en un ámbito universitario, ceñida a conceptos formales sobre literatura, y aportar un contenido digno. Sin embargo, la mayoría de las conferencias que me piden tienen como destinatarios lectores o curiosos con los que puede existir otra manera de comunicarse, más cercana, informal, o sorprendente. Ya lejos del miedo de no ser tomada en serio por mi juventud (si no soy tomada en serio ya no será por eso) me fascinaban las estrategias de comunicación que seguían los oradores que admiraba.

Por ese camino andaba Fernando Marías, siempre a la caza de ideas nuevas y de propuestas. Fernando, a quien me une una amistad de muchos años, y que siempre ha sido un apoyo indudable y un interlocutor presto a los desafíos, había iniciado un proyecto editorial que deseaba que se extendiera más allá de los libros: daba vueltas a la idea de la creación de una comunidad llamada Hijos de Mary Shelley. Resultaba evidente que algunos autores deseábamos dar un paso más en la dramatización de algunos textos, un juego con el público que se acercaba cada vez más al teatro.

Y ahí Vanessa Montfort sería una pieza clave: su talento y su experiencia internacional como autora y directora teatral permitiría darle forma a ideas sueltas y a proyectos inconexos. Me entregué a ella de manera incondicional, para que me dirigiera como le parecía conveniente, y volvería a hacerlo mil veces. Así, en el Festival Celsius de 2014 ya presentamos un montaje que incluía al magnífico Jorge Usón con texto de Sanchis Sinisterra, y a los cantantes Ruth González y Eduardo Sánchez  Ramos. Ambos conmovedores. Allí interpreté por primera vez Abril en Estambul.

Tras la reacción del público y cómo nos sentimos, la ola era ya imparable y amenazaba con convertirse en un tsunami. El trabajo desde entonces se encaminó a configurar una compañía, y a encontrar un programa serio con un planteamiento claramente profesional. Entró en la producción Imagine Ediciones. Se habían acabado los experimentos. Así se planteó el proyecto al Centro Dramático Nacional, que decidió programarnos como arranque de la temporada 2016-17 bajo el nombre de El hogar del monstruo, cuyo primer número es mi monólogo Abril en Estambul.

Y así hemos acabado en este extraordinario lugar, que está cumpliendo con creces la función de apoyo y promoción del nuevo teatro. Los medios de los que hemos dispuesto (desde el maquillaje a las grabaciones de audio y vídeo, el reportaje fotográfico y las posibilidades sonoras) proporcionan un  material de arranque fuera de nuestro alcance como compañía. La responsabilidad también se incrementó: el María Guerrero supone un compromiso firme. No solo nos evaluarían como autores, sino también como actores, en el caso de Fernando y el mío, y como directora a Vanessa.

Además, yo comparto escenario con actores profesional a los que no puedo avergonzar con mi actuación. Pienso en Miguel Ángel Muñoz, el único de mis compañeros a quien no conocía con anterioridad, y que además de interpretar a un Mr Hide demoledor me ha demostrado cada día una generosidad y un cariño impagables.

Se han sucedido semanas de ensayo a distintos niveles, en las que en mi caso fue clave la sesión con la coréografa Marta López Caballero. Mi papel conlleva una labor física que hubiera sido imposible sin ella. Arantxa Ezquerro se encargó de mi vestuario, un Kaftán, que se empleó en la película Prince of Persia, una enagua de encaje, y unas babuchas de Cornejo.

He tenido que aplicar también distintos cuidados cosméticos que requiere una producción diaria con maquillaje de teatro. Además, en esta obra también me pinto el cuerpo, con lo que hago una exfoliación tras cada sesión con el Rub Rub Rub de Lush que me había recomendado Alma Cupcakes. De momento, la hidratación en profundidad y la limpieza son imprescindibles; como prevención me hice un tratamiento de luminosidad con oxígeno en The Secret Lab, y también una permanente y tintado de pestañas, que sufren mucho con estos trajines. Cada día trae un truco nuevo, un secreto que revela una de las maquilladoras, de mis compañeros. Un mundo inédito.

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Los sospechosos habituales somos, de izquierda a derecha, de arriba a abajo: Miguel Ángel Muñoz, yo misma, Jorge Usón, Ruth González, Enrique Sánchez Ramos, Luis Antonio Muñoz, responsable de la música del espectáculo, Vanessa Montfort y Krish Otero, imprescindible. Falta María Díaz, que se encarga de la prensa, Rodrigo Ortega, el iluminador… Algunas fotos son de Nika Jiménez y otras han sido facilitadas por el Centro Dramático Nacional.

PS.- Por cierto, aquí podéis leer la primera crítica de la obra: muy positiva.