El Invernadero: una pausa distinta.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOs había comentado en el post que podéis leer aquí que se había llevado a cabo en el Invernadero de Salvador Bachiller. Hoy quería mostraros con más detalle este precioso lugar escondido en la Gran Vía de Madrid.

Desde el exterior las apariencias indican que es una tienda más de los mil objetos (zapatos, y bolsos, y menaje, y maletas, y…) que Salvador Bachiller ha incorporado a sus colecciones. Grande, colorida, ordenada, han vivido una importantante reforma y cambio de concepto. Hay que llegar al final de los estantes para encontrar una escalera que desciende al Invernadero de exuberantes plantas, suelos con mosaicos de cristal de colores y unos espejos que, como todos los que sirven para algo importante, llevan a otras realidades.

¿Un té? Claro. ¿Unas gyoza, humus, un sandwich? Sí. Y un zumo, y todo eso que en cada da tanta pereza pero que en un invernadero secreto sería un error no probar.

El lujo tiene mucho que ver con el tiempo, con el tiempo robado en particular. Los minutos dedicados a los seres queridos o a una misma. La pausa entre la prisa y las carreras. Un momento atrapado entre los espejos del Invernadero.

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En las fotos que me sacó Nika Jiménez llevo una camisa blanca de Mango, unos shorts de terciopelo rosa y un anillo de plata de Tatiana Riego.

Todo lo que me rodea (las tazas, que recordaréis de mis bodegones, los vasos, los espejos, los salvamanteles) pertenece a las nuevas colecciones de Salvador Bachiller. La nueva imagen de la casa, que merece una pausa y un buen té.

Le Bal des Arts, una historia con Le Bratelier

 

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Quizás lo que más me guste de escribir microcuentos es su versatilidad, la capacidad de evocar una escena, o varias, en unas pocas palabras. Es un género difícil y escurridizo. Muchos confunden el microcuento con el aforismo, o con una frase ingeniosa: a mi juicio, el relato hiperbreve no es tal si carece de personajes y voz narrativa, de una trama abierta a posibilidades o cerrada con un giro sorpresivo. Siempre he escrito  microcuentos, casi como una manera de ejercitar la mirada: mi libro Cuentos Malvados reúne 99 de ellos. De lunes a jueves leo en Hoy por Hoy de La Ser un cuento de, exactamente, 260 palabras. El último de ellos podéis escucharlo y leerlo aquí.

Se adapta también, como si mudara de piel en cada ocasión, a la comunicación. Hay marcas que encajan con una historia, como si ambas se estuvieran buscando. Siempre he defendido que es la mirada personal lo que embellece un objeto y le extrae lo que tiene que contar, pero algunos objetos casi la muestran. Basta con traducir con palabras lo que muestran en formas, colores y tacto.

Eso ocurrió con Le Bratelier y su nueva propuesta, Le Bal des Arts. Prendas con nombre de mujer, con la exquisitez que les caracteriza, y el mimo por cada detalle. Son piezas delicadas de tul y encaje y blonda, en un blanco nítido o negro, tan apetecible, y para mí fue un placer escribir las historias de Elsa, Gabrielle, Bella, Brett o Alice que os muestro, os mostramos, en el catálogo de la colección.

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Alice

Ahora que se ha quedado sola y aún hay un rastro de luz de tarde tras la ventana, escucha a Josephine Baker. La voz de la artista huele a las rosas que crecen en el único tiesto que ha sobrevivido a las mudanzas de Alice. No es la preciosa, la impresionante Jo Baker de Bye bye, black bird, sino el mito que en el París de 1968, en el Olympia, aún podía dar una lección de sensualidad y de libertad a cualquiera.

Esos son sus grandes momentos. No nos engañemos, todo lo ocurrido durante la tarde (las miradas, primero, el dedo que tan sabiamente se desliza por la clavícula hasta el tirante, y luego bajo el tul del pecho, los almohadones que han acabado en el suelo, la alfombra que se convierte en cama), todo eso es la vida, le da la vida. Pero cuando finaliza, con los labios y las mejillas enrojecidas y el cabello despeinado, el mejor de los momentos es esa soledad en la que recuerda algunas escenas, algunas palabras deslizadas entre la lencería y la piel, y cuando comprende, de verdad, la importancia de aferrarse a cada instante, a la tarde que cambia de color y a su propia respiración, que se va serenando.

Es por eso, cree ella, que conserva las rosas, aunque algunas se le empeñen en morirse y otras en no brotar. Es la misma razón por la que de vez en cuando escucha a esa diosa de ébano que revolucionó un país: para recordarse que debe aprovechar el momento y gozar de él, la compañía y la soledad, la melancolía y la añoranza. Para sentir que además de otras manos, hay un tul, unas rosas, una música que son también capaces de acariciarla.

Bee happy, broches y abejas

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El talento joven merece empuje,  y apoyo, y en muchas ocasiones una mirada más detenida de la que le dedicamos. He tenido la suerte de observar voces interesantes entre mis alumnos de creación literaria, y maneras de ver el mundo únicas entre los que he tenido en las clases del IED Madrid. Virgina del Pozo no ha sido alumna mía, pero conozco bien su trayectoria, y me alegra hoy hablaros de su proyecto Bee Happy, con el que finaliza sus estudios en la Escuela de Arte 3.

Para sus broches Virginia ha partido de la figura de la abeja. La elaboradora de miel y cera y panales y estructuras sociales complicadísimas, la presencia constante en los campos y en los bosques, y además, un símbolo de vida y de fertilidad se encuentra ahora en peligro de extinción.

La abeja ha sido una constante en la alta joyería: los egipcios la veneraban. Si el Art Nouveau recogía con sus formas vegetales y su sensualidad la tradición de las fíbulas y los broches con forma de insectos, el Art Decó, cuya influencia es notable en esta joyera, se inspiró más bien en formas geométricas, en la superposición de ángulos y simetrías. 

En realidad, lo que muestran estas joyas es un trabajo de abstracción geométrica de una forma orgánica. Como los panales, son hexagonales. Podemos contemplar las alas y las rayas características de las abejas, y reforzadas por las franjas de esmalte frío, y de piedras preciosas (las piezas finales estarán realizadas con diamantes y rubíes). Incluso los ojitos de las abejas. Los modelos son tres: Be Enamel, con esmalte, Be Stones, la más rica en piedras, y Be Hole, con las franjas excavadas. Invitan a jugar, y a que vuelen por la ropa o por el cuerpo. Yo las he llevado en el cabello, como un eco de los peinados egipcios o medievales.

Y, otra cuestión que me ha encantado: parte de los beneficios obtenidos serán destinados al proyecto #SOSAbejas de Greenpeace. Un mundo sin abejas será un mundo casi apocalíptico. Otro día os hablaré de una preciosa novela que habla precisamente de ello…

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPodéis encontrar más información sobre Virgina del Pozo aquí. La camisa que llevo es de Mango. Las fotos fueron sacadas en El invernadero de Salvador Bachiller por Nika Jiménez.

Recomendaciones espidianas Enero

20170202_202515-01Mucha variedad temática y de editoriales en las recomendaciones espidiana de este mes. Y también un par de obras artísticas que no son historias ni palabras. Es pura casualidad: entre mis libros hay ejemplares que compro, otros que me regalan mis amigos, o lectores, otros escritos por mis amigos, y aún otros que me envían editoriales afines que conocen mis gustos y que son tan amables de remitirme algunas novedades. Todos ellos saben que no hago crítica literaria, y que no recomiendo nada que no me guste; en algunas ocasiones, no me ha entusiasmado, pero entiendo que muchos de mis seguidores podrían encontrarlos interesantes. Soy omnívora y caprichosa. Por eso hay meses de ensayos y meses de novela, meses de cuatro libros (elegí mal los otros) y meses en los que no doy abasto. Y así, como una epidemia, esta pasión se extiende.

8-2Comienzo con este precioso cuadrito de Gloria Loizaga, una artista que pinta con minucioso mimo sobre distintas superficies. Os había enseñado ya un collar con los camafeos de mis tres gatitas, y hoy os muestro un retrato inspirado por mi viaje al País de Jane Austen. Podéis encontrar su trabajo, y contratarla aquí.

10-1Cuentos deliciosos, relatos inquietantes de esta espléndida autora norteamericana, un descubrimiento. Miel del desierto, de Edith Pearlman, es perfecta para leerla poco a poco en las horas de la merienda, la más perversa de las comidas del día. Sus protagonistas no se olvidan con facilidad, algunas de las situaciones (esa anticuaria que ayuda a una amiga a encontrar el amor) resultan extraordinarias y tan comunes que nos obligan a mirar nuestro día a día desde otro ángulo. Lo repito: deliciosos. Lo leí en pruebas (una primicia) y lo publicará en estos días Alianza de Novelas.

13-1Cuando J.K. Rowling se saturó de varitas mágicas y de luchar contra el mal, se convirtió e Robert Galbraith e inventó el personaje de Cormoran Strike. En realidad, no deja de ser otro Harry Potter, herido, que sigue luchando contra el mal, en este caso desde su oficina de detective privado en Londres, no muy exitoso, todo hay que decirlo. Excelente sentido del ritmo, una trama potente y dos personajes (Cormoran y su ayudante) muy bien definidos. Algunos de los aciertos de la saga se reconocen en su obra de adultos. Y a quien no le gustara Harry Potter, le invito a que echen una ojeada a esta voz nueva y potente. La edita Salamandra.

15-1Jorge Volpi fue el premio Biblioteca Breve el mismo año en el que yo fui Premio Planeta. Esa coincidencia ha permitido que siguiéramos nuestro recorrido y nuestra obra con un cariño especial, como si fuéramos cómplices de alguna promesa secreta. Su novela En busca de Klingson se considera ya un clásico contemporáneo que no me caso de releer y de recomendar. Lo editó Seix Barral.

18-3Pasamos a un registro y a un libro muy diferente, el que ha escrito Ramón Gener para consuelo de los dolientes del mundo. Conocido por su revolucionario programa This is Opera, su ensayo El amor te hará inmortal recorre personajes, óperas, cantantes y situaciones en las que el dolor humano parece insoportable, y aún así, se supera. Una preciosa obra con un consuelo que cae como la lluvia, fresco y vivificante. Está en Plaza Janés.

23-2Sí, ya la he mencionado, pero J.K. Rowling publicaba el 5 de enero en España su nueva obra del universo Potter, Animales Fantásticos, y no podía resistirme a mostrar la preciosa edición del guión de la película con el mismo nombre. Una delicia ilustrada, plagada de humor, y guiños, y de imaginación. Y, a mi juicio, una magnífica manera de que los chavales aprendan a leer guión, teatro, y otro tipo de formatos. El mérito es de Salamandra.

30-3Valdemar, con su colección Frontera, está rescatando una serie de clásicos imprescindibles del Western; de hecho, yo los compro a ciegas, sin reparar en si conozco o no los autores. Un acto de confianza absoluta que se ve confirmada con estas dos novelas cortas, Hombre y Que viene Valdez. Escritas por Elmore Leonard, su visión algo amarga, algo tierna, muy humana.

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Este ha sido un enero con una gran presencia de la literatura juvenil en mi discurso y en mi tiempo. Desde luego, en parte se ha debido a El chico de la flecha, y los caminos por los que me conduce: encuentros, charlas con chicos, con profesores, con padres… Un repaso por la historia y otro poco por lo vital. Estoy entusiasmada. Ya sabéis que mi editorial es Anaya y que lo podéis encontrar aquí. Ah, y una preciosa crítica que le ha hecho Lasemana.es  aquí.

Pero también algunos lectores han mostrado interés por mi primera obra, La última batalla, de SM El barco de vapor (Roja). Mucho más fantasiosa, en este caso el lector saltaba entre páginas a un mundo imaginario que la propia protagonista escribía. Difícil de encontrar, pero aún puede conseguirse.

 

¿Qué os han parecido? Todas las fotos y los bodegones son míos, excepto la primera imagen, tomada por Rebeca Senovilla.