Antes de ser madrina de la graduación VIU 2016

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Cuando imparto los cursos de oratoria, o los que tratan el tema de hablar en público me encuentro con que la mayor parte de los alumnos se preocupan únicamente del momento en el que salen a hablar ante una audiencia. Mi gran reto es que planifiquen cada una de las intervenciones, y más aún si se trata de un acto importante para ellos, como una sucesión de pasos, y que no pierdan de vista que hablar en público es el resultado final de un proceso que tienen que controlar desde mucho antes.

Estos pasos resultan particularmente importantes si se es tímido, o si existe un historial de pánico antes de salir a escena. Una de las lecciones que extraje cuando cantaba es que nada debe ser dejado a la improvisación, ni siquiera la improvisación. Un buen profesional, en el área que sea, comete un error si menosprecia la importancia de la puesta en escena. Quizás eso rompa creencias un tanto infantiles o idealizadas sobre la naturalidad y la espontaneidad: los mejores artistas que he conocido eran cuidadosos con los pasos previos, precisamente porque eso les permitía dedicar su energía a su aparición en público y no a lo que podía salir mal.

El acto que culminó con mi discurso como madrina de la Graduación de la VIU (Universidad Internacional de Valencia) 2016 había comenzado a prepararse con mucha antelación por sus organizadores, y requería también de atención previa por mi parte: todo discurso debe de tener en cuenta la ocasión y el público al que es dirigido, pero también en qué orden se interviene, y qué tratarán los anteriores y posteriores compañeros. Imprescindible conocer la duración, y atenerse a ella, o si es posible, quedarse un poco corta. Yo recomiendo también informarse sobre dónde se lleva a cabo y si se emitirá, como cada vez es más frecuente, en streaming, o a través de pantallas simultáneas. Intento no leer jamás mi discurso, pero en particular, en este último caso. Se pierde el contacto visual y la imagen multiplica ese efecto.

Si la apariencia y la indumentaria han sido siempre importantes, en particular en el caso de las mujeres, sobre las que recaen unas expectativas mayores y unas normas de protocolo más complejas, en los últimos años se ha agudizado esa percepción. Mi recomendación es la de un conjunto que haga que la persona se sienta cómoda y adecuada; hay quien interpretará eso como un traje gris, o quien preferirá un vestido rojo. Es importante evaluar y valorar el papel que se desempeña: no es lo mismo ser la madrina, en este caso, que la Rectora de la universidad, o alguien que se gradúe: en algunas situaciones, la discreción es lo adecuado. En otros, se espera de nosotros que brillemos o que seamos el centro de atención.

En este caso elegí un vestido de Adolfo Domínguez, en color nude, de mikado de seda, falda de vuelo con bolsillos, y con un falso escote palabra de honor completado con un cuello redondo de tul: el resto de los complementos eran muy sencillos, unas sandalias poco narrativas, pendientes y un bolso vintage que destacaba por contraste. Yo intento siempre hacer un guiño al color corporativo o al tema del evento, y en este caso, el bolso era del naranja del logo de la VIU.

Como paso previo pasé por Aveda, en Madrid, para darme un tratamiento que aportara brillo, y peinarme. En Valencia me esperaba Sandra Grau, la maquilladora, que me dejó impecable para la ocasión.

¿Merece la pena invertir el tiempo y el dinero que cuesta esta preparación? Cada uno debe valorar la importancia del evento, su papel en él, y su grado de exposición. Yo no lo hago en todas mis intervenciones, (la mayoría de las conferencias no requieren tanto cuidado), pero en otras considero que por respeto a quien me contrata, y por las circunstancias sería poco profesional no hacerlo. Habrá quien lo vea una pérdida de tiempo o una frivolidad.  Mi experiencia me dice que es algo que debe considerarse y como tal lo expongo.

Pese a la información  previa que se haya solicitado, me parece imprescindible comprobar el espacio en el que intervendré, dónde estaré situada, desde dónde hablaré y ver tanto la luz como la microfonía. Si debe o puede hacerse una prueba o ensayo previo, mejor. Nunca hay que menospreciar la importancia de la práctica, ni confiarse en que en el momento se podrán solventar determinados problemas. Bastante se tiene con la tensión, los nervios y la confusión. ¿Hay photocall, algo cada vez más frecuente? ¿Fotos de familia? ¿Antes, después del evento?

Por último, en el momento del discurso, ya poco resta, salvo hablar, disfrutar y transmitir la mayor sinceridad posible. El público detecta con rapidez si algo chirría o es falso. Cada uno de los pasos necesarios para que ese momento único sea un éxito se han dado ya. Se acaba un viaje que se inició mucho antes, y que finaliza en público, y en el que la clave del éxito radica en la preparación y el esmero previo.

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El acto de la Graduación de la VIU fue una fiesta preciosa e invadida por la emoción, un premio al esfuerzo y a una serie de valores que comparten los estudiantes, todos ellos adultos y muy conscientes de lo que les aporta la formación. Incluyó una presencia musical importante (es uno de los puntos fuertes de la Universidad) y unos discursos cargados de humor y de entusiasmo; y, qué puedo decir como madrina, fue emocionante y maravilloso encontrarme allí.

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