Recomendaciones espidianas de julio

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Este mes ha sido un periodo de cursos, de relecturas y de conversaciones sobre clásicos; y de alguna novela nueva. Rusia está custodiando algunos de ellos, y otros que aguardan su oportunidad en agosto… pero los de julio han sido estos. 26.1

Las vírgenes suicidas es una de las lecturas obligatorias de los cursos de creación literaria que imparto. Mucho antes de que S. Coppola la adaptara al cine, en mi primer año de Filología Inglesa, leí de un tirón en una tarde y una noche esta novela sobre una adolescencia truncada y cinco hermanas católicas, sobre la fascinación que su vida y su muerte ejerce sobre su entorno, y, ante todo, sobre lo efímero de la felicidad y de la belleza. Publicada en España por Anagrama, sigue siendo un precioso texto que nos acerca al misterio de la mente ajena.

4.2

Sara Morante ilustra este cruel cuento clásico, que habla también, curiosamente, de una muchacha que no encuentra ni fin ni satisfacción a su deseo. Una vez más, es castigada por un pecado que jamás se le perdonará a las mujeres: la coquetería. El relato de Andersen se revela aquí con sus sombras más siniestras… y más interesantes. Es responsable de ello Impedimenta.

17.2

Entre los regalos de mi cumpleaños (faltan algunos, pero el agradecimiento los alcanza a todos), se encontraba una novela de Salamandra, La tristeza de los ángeles, de Jon Kalman Stefansson, Un autor islandés que escribe sobre el eterno invierno moral y real de su isla, y de cómo algunos de sus habitantes lo combaten con lecturas de Shakespeare parecía una apuesta segura en mi caso, y lo ha sido. Sin embargo, el argumento carece de importancia, en este caso. Su mérito radica en la atmósfera, y en el modo envolvente en el que el escritor nos lleva a donde quería desde un principio.

6.2

No todo va a reducirse a leer: antes o después, casi todos los apasionados lectores desean escribir algo, aunque solo sea el listado de sus lecturas. Por ejemplo, en este bonito cuaderno de La tortuguita blanca.

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Lady Macbeth se reclina indolentemente sobre la última entrega de una de mis sagas favoritas: la que Lindsey Davis dedica a Marco Didio Falco, o, en el caso de Mater Familias, su nueva novela, a la hija del mismo. Novela histórica, sí, policiaca, incluso, pero tan divertida, tan bien documentada y tan dinámica que interesará a cualquier lector al que le interesen los retos.

31.2

Siempre resulta agradable verse y saberse leída en otros idiomas: y en este caso, el libro que aparece en la imagen es la compilación de la obra de escritores eslovenos y españoles, traducidos tras el congreso en el que intervine, hace ya algún tiempo, en Liubliana. No se encuentra a la venta en España, pero sí al acceso de estudiosos e investigadores en Eslovenia.

23.2

Si Herman Koch, otro autor del norte, en este caso holandés, piensa como escribe, tiene un problema. En Estimado señor M. no hay lugar para la esperanza. La vida de todos sus protagonistas (un escritor, un profesor, dos alumnos) se han truncado por motivos intrascendentes, banales: algunas de ellas, sin remedio posible. Con una mirada descarnada y sin piedad ninguna, el autor revisa las mentiras cotidianas y las desmonta. Una por una. La ha publicado Salamandra.

7.3

Siempre hay que leer a Fernando Iwasaki. Búsquense las excusas que mejor les parezca… Este relato Fernanda se fue con él, es, como tantas otras cosas, un regalo que este autor peruano ofrece. Nadie trabaja como él el humor sin mala intención, y el punzón de la sinceridad escondido en la sonrisa.

Y, por último, un libro que yo veo claramente destinado a un público juvenil, pero que se está vendiendo como un nuevo gran éxito de J. Boyne: El niño en la cima de la montaña. Su lectura resulta sencilla, los protagonistas son adolescentes, y la historia de la manipulación nazi, la de siempre, y la que, a lo que parece, debe ser aun repetida para que aprendamos y crezcamos.

18.2

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Evolución natural del escritor (en 26 sencillos pasos)

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-Yo también escribo un poco, en mis ratos libres, por hobbie.
-Admiro muchísimo a los escritores. Creo que son personas imprescindibles, y les debemos todo.
-Me da vergüenza enseñar mis textos. Al fin y al cabo, uno escribe para uno mismo.
-Sí, soy escritor. No, no he publicado nada. Aún.
-No creo que publique nunca. Yo escribo para mí, y no quiero que la opinión de los demás influya en mi Literatura.
-No tengo la menor prisa por publicar. Al fin y al cabo, ¿Cuántos escritores ha habido que no publicaron una línea en vida y han sido reconocidos después de muertos?
-No puedo entender a esos autores que se venden con tal de que les publiquen. En el momento en el que alguien te dice sobre lo que tienes que escribir has perdido tu alma, tu esencia.
– Querido Fulanito: soy un autor novel que no ha tenido la misma suerte que tú, pero que aspira a dedicarse a la Literatura algún día. ¿Podrías darme alguna indicación sobre cómo publicar, o a quién enviar mis obras? Estoy desesperado.
-Las editoriales pequeñas son el refugio del escritor de calidad. Sin ellas, estaríamos dominados por los best-sellers, y personas como yo, que ofrecemos otras propuestas, no tendríamos cabida.
-Pues menuda birria de liquidaciones. Este me está timando. No puede ser que haya vendido tan poco.
– La autoedición en internet es hoy en día la respuesta a la avaricia de las editoriales y al vergonzoso porcentaje que se llevan los distribuidores. Además, es el futuro en un mundo sin fronteras físicas.
-Está claro que en esto o pagas por posicionarte, o no te comes un colín.
-En realidad, esta colección/editor/ nueva línea editorial es una apuesta por la literatura de calidad; por eso han pensado en mí.
-Al fin y al cabo, lo importante es llegar al lector, ¿no? Para eso escribimos todos.
-Ahora cualquiera que haya escrito cualquier porquería dice que es escritor.
-Bah, si los que mandan son los distribuidores y los de marketing. Da igual que escribas bien o que escribas bazofia, lo importante es que seas conocido.
-Pues no sé a qué se dedican estos si no te dan una idea sobre qué escribir. Se supone que son una editorial grande ¿no?, que son los que conocen el mercado.
-Nunca he aspirado a los premios grandes. Están todos dados, es una merienda de negros.
-En realidad, mi premio ha sido una excepción en la historia del galardón. Creo que demuestra un giro más literario en la tendencia dominante.
– Te juro que si le dan ese premio a Fulanito me pego un tiro. No conozco a nadie más prepotente, soberbio y autocomplaciente que él.
-Querido Zutanito. Mucha suerte con tu carrera de escritor. En estos momentos, resulta realmente difícil publicar, con lo que te remiendo que te dirijas a una editorial pequeña, que quizás pueda apostar por un libro de cuentos como el tuyo.
-Nunca he aspirado a los premios institucionales. Creo que hay escritores mucho más relevantes que yo que no lo han recibido, y no sería justo.
-Nunca he aspirado a los premios institucionales. Al fin y al cabo, son todo politiqueo, ya se sabe, y si no eres de los de su cuerda…
-Te juro que si le dan ese premio a Fulanito, me pego un tiro. No, se lo pego a él.
-Pero ¿a qué están esperando para darme ese premio? ¿A que me muera?
-Con la satisfacción de haber recibido este premio, que acepto con sorpresa y agradecimiento, quería brindar este consejo a los jóvenes escritores: no tengáis prisa, no queráis publicar demasiado pronto. Los lectores, los auténticos lectores, esperarán por vosotros. Y al fin y al cabo, uno debe escribir para uno mismo.

No es la vida, es la luz

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A menudo me encuentro con personas que atraviesan un mal momento y que tienen la generosidad de contármelo. Hace unos años me hablaban de trastornos de la alimentación, y todo el infierno que conllevaba. Ahora, desde que saben que superé una depresión al bordear los cuarenta, de la antigua enfermedad de la melancolía, de la tristeza, de cómo se lucha o se puede batallar contra un cerebro enfermo y que ha olvidado pensar bien.

No hay trucos, no hay atajos. La recuperación nos saca de un lugar muy oscuro, muy siniestro, pero no sin esfuerzo: yo conté con medicación, con terapia. No lo hubiera logrado sin ellas. Y sin mi decidida voluntad de no quedarme allí. Mi vida tuvo que cambiar por completo, mi manera de pensar y enfrentarme a los problemas está también experimentando transformaciones. Una mayor ligereza, una mejor organización. Menos dependencia de la mirada ajena, una gran disciplina de horarios y de objetivos. Decir lo que pienso, pero pensar mucho lo que digo.

Aunque resulte difícil comprenderlo a quienes no han padecido una enfermedad mental, uno no enferma porque lo desee: pero no se abandona la enfermedad sin el deseo de abandonarla. Ni se mantiene lejos de ella sin un cuidado que ha de ser tan constante y tan normalizado como la buena dieta, el ejercicio, o el resto de los hábitos que nos mantienen sanos. En el caso de la enfermedad mental, sirven como buenos aliados  la serenidad, el humor, la búsqueda de la belleza en lo que nos rodea, el cultivo de nuevas aficiones de las que no se espere mucho.

Para mí resulta esencial, y creo que ya lo será siempre, el ratito pequeño de paseo y de desconexión. Arreglarme un poco (a quienes trabajamos con frecuencia en casa se nos olvida), y salir a mirar qué hay ahí fuera, fuera de mi cabeza, quiero decir, de mi a veces demasiado intenso, demasiado incontrolable fluir de pensamientos. No es agradable ser así. Intento que no me haga daño, y sustituirlo por pensar con mesura. Esa frase tan sencilla  y tan imposible de cumplir de no pensar demasiado; porque si me dejo llevar por esa cadena de pensamientos sin tregua la vida se agrava y se complica, los problemas sofocan la mirada, la existencia se convierte en insoportable.

Un paseo, un rato para observar qué hay por ahí de dulce, de bello, de impresionante. Lo hecho por el hombre o por la naturaleza. Un gesto entre humanos, un aleteo de una paloma, un escaparate o un coche bonito. La gasolina disuelta en agua y convertida en arco iris en el suelo. Una pared pintada, un grito o un poco de viento.

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Me sacaron estas fotos en el Palacio de Congresos de Valencia, el día siguiente de ser madrina en la VIU. Las horas posteriores a una gran alegría suelen conllevar un cierto vacío, un hueco que hay que completar con cualquier otras cosa leve y cotidiana que nos confirme que no siempre se puede vivir en lo alto de una ola de espuma y nada. Salí a dar un paseo, me encontré con niños, con unos perritos mimosos. La fuente y la luz invitaban a la sonrisa y a la calma. Estrené unos shorts de encaje de Mango, un top de manga corta de rayas de HM. Me puse mis sandalias bicolores de Paco Gil, y una cartera de Gucci. Una pulsera dorada de LaOneta.

Blanco y negro, el binomio de la vida, la realidad y la ficción. Sólo fue un paseo, un ratito. Tocaba de nuevo regresar a Madrid, al trabajo menos vistoso y a los contratiempos diarios. Reforzada, con un momento curativo como aliado. No hay tampoco otros trucos, ya lo he dicho. Vivir, mirar, respirar hondo, detenerse en algún detalle bonito. Y continuar caminando.

Atardecer

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El atardecer más bello no fue aquel del primer beso, ni el que tiñó el cielo de nubes rosadas y violetas y en el que durante unos largos minutos de Julio se suspendió el tiempo. Esos fueron días hermosos, sí, que alegrarán el alma en la oscuridad del invierno. Inolvidable también aquella tarde en la que, por primera vez, nos asomamos al mar en soledad, como quien se asoma a un espejo al que no nos miramos desde hace mucho tiempo.

Pero no fue el más bello.

Tampoco lo fue el que comenzó con una fiesta que no prometía nada y terminó en amanecer, ni el de la última tarde de vacaciones; no lo fue el que inició aquel romance, ni el de la pedida de mano.

El atardecer más bello fue aquel que nadie esperaba, ni el más luminoso ni el más cálido. Pasó pronto: quizás estábamos con la mente en otra cosa. Entonces, de pronto, nos detuvimos y miramos al cielo. Estábamos allí, estábamos vivos en mitad del torbellino, pese a todo. Con el dolor y con la esperanza, con esa lucidez extraña que da la conciencia del presente.  Allí estábamos, mientras el sol descendía. Todo se ordenó por un segundo. Y supimos, sin tener del todo claro cómo lo sabíamos, que todo estaba bien, que no olvidaríamos ese instante de plenitud sin palabras, de reto a la eternidad.

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En ese atardecer vestía un vestido vintage de gasa color aguamarina, con pasamanería roja y blanca, unas pulseras en los mismos tonos de Blanco y unas avarcas menorquinas de la firma Ria, doradas y con una cuña alta.

Las fotos fueron tomadas en Isabella Menorca, una de las terrazas más bonitas y con mejores vistas de la isla.

 

Antes de ser madrina de la graduación VIU 2016

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Cuando imparto los cursos de oratoria, o los que tratan el tema de hablar en público me encuentro con que la mayor parte de los alumnos se preocupan únicamente del momento en el que salen a hablar ante una audiencia. Mi gran reto es que planifiquen cada una de las intervenciones, y más aún si se trata de un acto importante para ellos, como una sucesión de pasos, y que no pierdan de vista que hablar en público es el resultado final de un proceso que tienen que controlar desde mucho antes.

Estos pasos resultan particularmente importantes si se es tímido, o si existe un historial de pánico antes de salir a escena. Una de las lecciones que extraje cuando cantaba es que nada debe ser dejado a la improvisación, ni siquiera la improvisación. Un buen profesional, en el área que sea, comete un error si menosprecia la importancia de la puesta en escena. Quizás eso rompa creencias un tanto infantiles o idealizadas sobre la naturalidad y la espontaneidad: los mejores artistas que he conocido eran cuidadosos con los pasos previos, precisamente porque eso les permitía dedicar su energía a su aparición en público y no a lo que podía salir mal.

El acto que culminó con mi discurso como madrina de la Graduación de la VIU (Universidad Internacional de Valencia) 2016 había comenzado a prepararse con mucha antelación por sus organizadores, y requería también de atención previa por mi parte: todo discurso debe de tener en cuenta la ocasión y el público al que es dirigido, pero también en qué orden se interviene, y qué tratarán los anteriores y posteriores compañeros. Imprescindible conocer la duración, y atenerse a ella, o si es posible, quedarse un poco corta. Yo recomiendo también informarse sobre dónde se lleva a cabo y si se emitirá, como cada vez es más frecuente, en streaming, o a través de pantallas simultáneas. Intento no leer jamás mi discurso, pero en particular, en este último caso. Se pierde el contacto visual y la imagen multiplica ese efecto.

Si la apariencia y la indumentaria han sido siempre importantes, en particular en el caso de las mujeres, sobre las que recaen unas expectativas mayores y unas normas de protocolo más complejas, en los últimos años se ha agudizado esa percepción. Mi recomendación es la de un conjunto que haga que la persona se sienta cómoda y adecuada; hay quien interpretará eso como un traje gris, o quien preferirá un vestido rojo. Es importante evaluar y valorar el papel que se desempeña: no es lo mismo ser la madrina, en este caso, que la Rectora de la universidad, o alguien que se gradúe: en algunas situaciones, la discreción es lo adecuado. En otros, se espera de nosotros que brillemos o que seamos el centro de atención.

En este caso elegí un vestido de Adolfo Domínguez, en color nude, de mikado de seda, falda de vuelo con bolsillos, y con un falso escote palabra de honor completado con un cuello redondo de tul: el resto de los complementos eran muy sencillos, unas sandalias poco narrativas, pendientes y un bolso vintage que destacaba por contraste. Yo intento siempre hacer un guiño al color corporativo o al tema del evento, y en este caso, el bolso era del naranja del logo de la VIU.

Como paso previo pasé por Aveda, en Madrid, para darme un tratamiento que aportara brillo, y peinarme. En Valencia me esperaba Sandra Grau, la maquilladora, que me dejó impecable para la ocasión.

¿Merece la pena invertir el tiempo y el dinero que cuesta esta preparación? Cada uno debe valorar la importancia del evento, su papel en él, y su grado de exposición. Yo no lo hago en todas mis intervenciones, (la mayoría de las conferencias no requieren tanto cuidado), pero en otras considero que por respeto a quien me contrata, y por las circunstancias sería poco profesional no hacerlo. Habrá quien lo vea una pérdida de tiempo o una frivolidad.  Mi experiencia me dice que es algo que debe considerarse y como tal lo expongo.

Pese a la información  previa que se haya solicitado, me parece imprescindible comprobar el espacio en el que intervendré, dónde estaré situada, desde dónde hablaré y ver tanto la luz como la microfonía. Si debe o puede hacerse una prueba o ensayo previo, mejor. Nunca hay que menospreciar la importancia de la práctica, ni confiarse en que en el momento se podrán solventar determinados problemas. Bastante se tiene con la tensión, los nervios y la confusión. ¿Hay photocall, algo cada vez más frecuente? ¿Fotos de familia? ¿Antes, después del evento?

Por último, en el momento del discurso, ya poco resta, salvo hablar, disfrutar y transmitir la mayor sinceridad posible. El público detecta con rapidez si algo chirría o es falso. Cada uno de los pasos necesarios para que ese momento único sea un éxito se han dado ya. Se acaba un viaje que se inició mucho antes, y que finaliza en público, y en el que la clave del éxito radica en la preparación y el esmero previo.

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El acto de la Graduación de la VIU fue una fiesta preciosa e invadida por la emoción, un premio al esfuerzo y a una serie de valores que comparten los estudiantes, todos ellos adultos y muy conscientes de lo que les aporta la formación. Incluyó una presencia musical importante (es uno de los puntos fuertes de la Universidad) y unos discursos cargados de humor y de entusiasmo; y, qué puedo decir como madrina, fue emocionante y maravilloso encontrarme allí.

Recomendaciones espidianas de junio

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Pese a la creencia generalizada, no resulta sencillo llevar a cabo una selección de los mejores libros del mes. O de los que se adaptan a mi gusto: no todos los que leo aparecen, y los que aparecen no son necesariamente los mejores, sino los que a mí me han complacido. Lady Macbeth lo sabe, y, como mis  otras gatitas, hace lo imposible para ayudarme. Estos han sido los elegidos este mes.

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Comienzo con las Actas del Congreso Mundial sobre Teresa de Jesús, en el que tuve el honor de participar hace un año por mi libro Para vos nací: coincidía con el V Centenario de su nacimiento, y expertos de todo tipo analizaron su figura, desde la perspectiva religiosa, literaria, feminista, histórica… la relevancia de esta mujer extraordinaria continúa, creo yo, sin ser completamente reconocida. Las actas han sido publicadas por la Universidad de la Mística.

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No olvidemos que durante Mayo y Junio tuvo lugar la Feria del Libro de Madrid, donde, como casi todos los años, firmé mi obra y me encontré con lectores y con seguidores. La Feria es un evento interesante siempre, que muestra lo que se ha publicado ese año, y nos recuerda que los libros no contienen siempre literatura, sino que son un soporte para aficiones, gustos, pasiones, fenómeno fan… Se equivocan quienes cada año consideran a los autores que más firman muestran un signo de la decadencia inevitable de la cultura, o quienes crean que es una muestra fideligna de lo que se lee. Es… otra cosa, y como tal ha de tomarse.

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Ofelia ya lo recomendó en su momento, pero como lo ha releído me suplica que vuelva a hablar de Podría hacer pis aquí, (y otros poemas escritos por gatos). Lata de sal es la editorial que nos acerca a este género, injustamente menospreciado, de la literatura felina. Aquí nos encontramos con una serie de sentidísimos poemas que nos permiten conocer mejor la retorcida mente de estos bichos malignos e imprescindibles…

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Este ensayo (o más bien, esta compilación de crónicas)  de Alejo Carpentier, publicado por Fórcola Ediciones, me sorprendió por varios motivos. El menor de ellos no fue el que no estoy acostumbrada a analizar la realidad y la historia europea desde una visión que proceda de otras voces periféricas. Un cubano observa, en el momento crítico de la II Guerra Mundial, El ocaso de Europa. Apasionado y vehemente, es un observador inteligente, pero también alguien que defiende, quizás antes de su propio ocaso, una idea de evolución americana, frente a la decadencia en la que Francia, Alemania o Inglaterra se encuentran sumidas. De una actualidad aterradora y desconcertante, me ha  obligado a leerlo despacio y con notas al margen. Muy interesante.

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Un clásico, pero que regresa actualizado por Reino de Cordelia. A la historia inmortal de Bram Stoker se le unen las ilustraciones de Fernando Vicente y la excelente traducción de J. A. Molina Foix. Es una inversión de fondo de biblioteca.

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Otro clásico, que dejó K.O. a Ofelia… Los últimos días de Pompeya, en una versión antiquísima que me regaló mi profesora de 4º de EGB, sor Mercedes. Aunque ya recomendaré alguna actualización, para mí es una lectura fundacional, y una de las novelas que despertaron mi pasión por la literatura.

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De vez en cuando aparecen proyectos exquisitos como este, Los escritores y la música, de Ediciones Singulares; el dedicado a Tolstoi, bajo la responsabilidad de Víctor Gallego, responde a la filosofía general: una colección de libro-discos que enfoca la biografía de grandes escritores  a través de la música. Encontramos un prólogo, el ensayo en sí mismo con cronología y un CD con una selección de música relacionada con los textos,  grabada en  sellos discográficos internacionales.

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Antonio Colinas, uno de los poetas más interesantes y reconocidos en lengua española, publica ahora en Siruela Memorias del estanque, un libro que, sin ser exactamente unas memorias, sino una recreación literaria sobre la realidad, deja testimonio de lo vivido y aprendido. Lo he leído poco a poco, casi como un libro de cabecera, o más bien, como un libro de después de la ducha. Para obligarme a leerlo con calma, en lugar de devorarlo como otros, cada día, mientras se me secaba el pelo, leía un fragmento. Después me obligaba a dejarlo, hasta el día siguiente. Ha sido una manera excepcional de comenzar las mañanas.

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Y acabamos con el que será el último libro de la serie Hijos de Mary Shelley, publicado por Imagine Ediciones y editado por Fernando Marías: Las noches de Clairmont, una compilación de algunas de las mejores voces de cuentistas contemporáneos, es una magnífica despedida. Yo la acompaño de una rosa de Anaquiños de papel. La gatita no venía en la lista…

Cómo hacer la maleta perfecta para dos días

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Esta es una entrada que les había prometido a mis amigas desde hacía tiempo.  Pese a que a veces me dicen que me envidian por lo mucho que viajo, la mayor parte de mis desplazamientos no son muy envidiables: duran una o dos noches, por trabajo, y no suelen dejar tiempo ni para el turismo ni para el ocio.

Pero no importa: me gusta viajar, aunque sea a ratitos, y salir de la rutina.  He aprendido a hacer la maleta imprescindible a fuerza de experiencia y de normas de líneas aéreas (son muy restrictivas). El armario de ensueño debe quedarse en casa, los cosméticos se reducen a lo simbólico, y queda excluido lo delicado que requiera plancha o lavandería. Espero que esta guía para una maleta perfecta os sea de provecho. Lo cierto es que la mayor parte de los consejos que he leído sobre cómo empaquetar a mí no me resultan útiles, ni realistas. He confeccionado una tabla con todo lo que llevo en estos viajes de dos días, y la imprimo y completo cada vez. Así me aseguro de no olvidarme de nada.

Esta maleta está pensada para  una mujer, para el buen tiempo (ya haré alguna para el invierno), y para la posibilidad de volar (sin facturar).Si se viaja por tierra, el neceser puede ser más flexible. Vamos con la lista.

LOS SOSPECHOSOS HABITUALES

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Así llamo a los objetos cotidianos que siempre necesitaremos, y que más posibilidades tienen de ser olvidados y luego recordados con amargura.

Bolso (cuidado si volamos: algunas compañías restringen incluso los bolsos de mano e indican sus dimensiones máximas). Si es posible, grande, con asas para el hombro y cómodo. El mío es de Nambasté.

-Billetes- No aparecen en la foto. Copia impresa y digital.

Cartera– Con el DNI, una tarjeta de crédito, dinero en metálico, permiso de conducir, tarjeta sanitaria, tarjeta de descuento de viajes… La mía es de Misako.

Pasaporte– Si es necesario. Algunos países no lo admiten si va a caducar en menos de seis meses. Eso también se aplica al DNI.

Llaves.

Móvil– No aparece en la foto… porque saco la foto con él. Es un Samsung S6. Y su cargador.

-Cuaderno, boli y un libro. En este caso, de mi admirado Fernando Iwasaki. Tarjetero. Tengo la suerte de que me regalaran uno personalizado con un diseño del maestro Mingote. Un pendrive, en forma de llave, de Baume&Mercier.

-Un botiquín con medicación habitual, si se usa (dolor de cabeza, antihistamínicos, pastillas para la garganta, vitaminas, anticonceptivos, etc…), tiritas, Suavina para los labios, cepillo de dientes y un dentífrico en sobre, chicles o caramelos, kleenex

Gafas de sol polarizadas de MustHave. Foulard (tanto para el sol como para los aires acondicionados) de Adolfo Domínguez. Y un sombrero.

LO QUE NO CONTROLAN

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Me he acostumbrado a llevar en un neceser aparte lo relacionado con el aseo que no son líquidos, ni objetos punzantes: es decir, una pequeña bolsa que puede ir en la maleta y que incluya:

Cepillo y peine. Horquillas. Gomas para el pelo.

Lima de uñas. Pegatinas para uñas que me regaló Alma Cupcakes (puro amor).

Bastoncillos. Toallitas desmaquillantes en seco Olay.

Tampax. O alguna protección femenina. Nunca se sabe.

Preservativos. Es posible que haya quien no esté de acuerdo, pero somos adultos, un viaje cambia la perspectiva, las cosas pueden surgir, y la protección frente al sexo casual es imprescindible. O quizás viajas, precisamente, para pasar el fin de semana con tu pareja. O alguien de tu entorno liga y le haces un favor al prestárselos. Sea como sea, que sea de una marca de confianza, como Durex, y revisa la fecha de caducidad. Ten cabeza.

EL FAMOSO NECESER DE VUELO.

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En este knolling (foto de productos ordenados) podéis comprobar que es posible burlar las estrictas normas del mini neceser-bolsabirriaplástico para cosméticos y similares que prescriben para viajar en avión. Aunque algunos de estos productos no son estrictamente líquidos, después de malas experiencias en aeropuertos y de ciertos intercambios de opinión memorables con el personal de seguridad prefiero no arriesgar y considerar todo, todo, un líquido.

Repelente de mosquitos. Si hay un mosquito a cinco kilómetros, sabrá que yo he llegado y avisará a su familia. Uso Optimus.

Protector solar de factor 50. De Kiehl’s. Y crema de manos de la misma firma. Crema de día y de noche, de Caudalie. Contorno de ojos, Shiseido.

-Un gel y un bodymilk de Halloween. Aceites corporales de Alqvimia y una Suavina. Pasta de dientes Sensodine. Una ampolla del tratamiento SOS Brillo Million-Gloss de Gliss Schwarzkopf. 

Maquillaje: una base similar a las BBcreams, de Avène. Sombra de ojos en colores tierra de Chanel, La Palette roja, un labial rosa y un esmalte rojo de L’OrealMáscara de pestañas Grandiôse Extrême  y aceite labial Juicy Shaker de Lancôme, lápiz de ojos Estèe Lauder y perfilador rojo de Dior. La sombra de ojos líquida Full Metal Shadow de YSL.

Y un sacapuntas. ¿Es un líquido? No, peor. Es un arma peligrosa.IMG_20160706_223725

 Por lo general no preparo la maleta con tanta antelación, pero en esta fotografía podéis ver lo que me acompañará este viernes 8 a Valencia. Como veis, estiro la ropa de manera convencional, es decir, plana, porque en este caso no se arruga, y además solo un tercio de la maletita está ocupada. Los zapatos, complementos y ropa interior van en bolsas de tela, separados y protegidos. Al ser muy pocos días y con una agenda cerrada, puedo calcular un look para cada necesidad. Un día, un look. Una fiesta, otro look. Voy y regreso con la misma ropa puesta.

-Un par de zapatos. Otro par de zapatos de fiesta.

-Un vestido (u otro cambio de ropa) resistente a las arrugas y de lavado fácil (en este caso un vintage).

-Un vestido de fiesta o cóctel.

-Un bolso de diario y otro de fiesta.

Bisutería.

-Un cambio de ropa interior por cada día fuera.

Camisón.

-Un traje de baño.20160706_223806

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Respecto a la maleta, la que empleo para estancias de hasta tres días es la CONCORDE Pc438t Verde (50cms) de Salvador Bachiller. Ligerísima, muy resistente, con una capacidad de giro de 360º, candado, y con un mango de carro extraíble. Cumple con todas las normativas de viaje, y en particular este estampado es elegante y clásico. La relación calidad-precio, excelente.

¿Me dejo algo, algún truco o consejo que no os cuento? Pues sí: tengo una estricta asesora estilista felina. Bueno, en realidad, tengo tres, pero Ofelia suele ser la más entregada y la que se asegura, con su supervisión atenta, de que no me deje nada…

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¡Buenos viajes!

 

Premios Blue Label: sigue caminando

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Contrariamente a lo que mucha gente cree, yo no he sido demasiado afortunada con los premios a los que me he presentado: he perdido muchos más que aquellos que he ganado, en algunos se me ha desestimado por ser demasiado joven, y en otros, porque mis competidores resultaban abrumadores en su superioridad. Continúo presentándome a ellos con un escepticismo creciente, y con la misma voluntad competitiva que siempre me ha alentado.

Eso, desde luego, me hace valorar más aquellos que he obtenido: nacionales e internacionales, algunos relacionados estrictamente con mis obras literarias, y otros con mi papel como escritora, o como alguien conocido. Por eso recibí con una sorpresa entretejida con un enorme agradecimiento la noticia de que la Embajada de Reino Unido en España, en colaboración con la empresa británica Diageo Reserve, había decidido otorgarme uno de sus Blue Label Awards. El listado de los demás premiados resultaba apabullante: el diseñador Jeremy Hackett, los actores Belén RuedaEduardo Noriega, Delfina Entrecanales, Pascua Ortega, el chef Diego Guerrero, el bailarín Igor Yebra, el arquitecto Luis Vidal, el Dr. Rafael Matesanz de la Organización Nacional de Trasplantes, el Dr. Pedro Carlos Cavadas, conocidísimo por sus pioneros transplante, Jesús Encinar, el fundador de Idealista, o Enrique Álvarez, superviviente del tsunami e inspiración junto con su familia para la película Lo imposible.

Los seleccionados han dejado huella en su profesión, desde luego: pero lo que este premio destaca y lo que los hace especiales es que reconocen el legado personal volcado en nuestro trabajo, y, sobre todo, en la sociedad; y destacan la gratitud y la generosidad que han mostrado, pese, o precisamente, por su éxito.

La emoción de encontrarme entre ellos me duró toda la noche, y varios días más. No solo la fiesta, cuidada en sus menores detalles, fue deliciosa, sino que a lo largo de la noche se dieron varias conversaciones inolvidades: conocía a algunos de los premiados, a otros, solo por su reputación. Al final de la fiesta, en la que actuó Marlango, me llevaba algo más que una botella personalizada, única e irrepetible: había redefinido mi concepto de generosidad. Había escuchado discursos inspirados, y había mantenido conversaciones inspiradoras. Me llevaba conmigo la particular decisión de continuar caminando, de defender una serie de valores: aunque no fuera más que por pagar la deuda contraída con el resto de los ganadores.

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No he sido nunca supersticiosa, y el amarillo del traje de dos piezas que escogí lo demuestra: firmado por Alicia Rueda, a la que conozco desde hace más de veinte años, estaba compuesto por una falda de vuelo, profusamente bordada con abalorios, y un body que dejaba la espalda al descubierto. Aroa, de The Gallery Room, me dio la solución para la excesiva transparencia del body: un sujetador compuesto únicamente por las copas, adhesivo, que compré en Oysho. No había probado nunca ese sistema y funcionó muy bien.

Las sandalias de ante y el clutch eran de Lodi. Llevé el pelo recogido en un moño alto, y muy pocas joyas: pendientes de diamante y mi anillo de oro en forma de serpiente de Aristocrazy. Una de mis estrellas vienesas cerraba el cinturón negro.

Y otro regalo añadido, porque fue, ya lo he dicho, una noche de luz y de generosidad: cuando ya casi me marchaba, me encontré con el ilustrador Dani Wilde. Y al día siguiente me había convertido en uno de sus dibujos. Continuamos, sí. Continuamos.

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