Y París floreció en verano- Le Bal Rouge

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Llegó el verano y me encontró en París, en el Bal Rouge que organizaba Kenzo Perfums. Me encontró en la Place Dauphine, bajo un misterioso bosque de amapolas que iluminaban la música que, una vez más, y ya son 35 los años en los que se ha celebrado, sonaba en la Fête de la Musique. De vez en cuando, una lluvia de confeti rojo flotaba sobre los invitados. Otras veces, las notas que procedían de las fiestas en los barcos llegaban desde el cercano Sena.

La amapola es una curiosa elección para una fiesta, y dice mucho de quien la escoge: la flor que aparece encapsulada en la botella de Flower by Kenzo no desprende olor. Difícilmente puede preverse dónde crece, no sobrevive una vez cortada. Florece entre el trigo y en los  lugares que no ofrecen ninguna belleza, para de pronto ofrecerla y transformar donde nace. Salvaje y humilde, leve e inolvidable, nos recuerda el buen tiempo, la necesidad de atrapar el momento y disfrutarlo para siempre… por un instante.

Y mientras caminábamos bajo las amapolas luminosas (una cámara me entrevistó para un programa que se emitirá, precisamente, durante el verano), pensaba en las amigas con las que compartía ese momento: Ester Bellón, de Mi armario en Ruinas, Anna Ponsa López, y Brianda FitzJames. ¿Qué tenemos en común una arquitecta, una fotógrafa, una ilustradora y una escritora? Nos une la mirada inquieta, siempre en busca de algo que no puede hallarse. La obsesión por la belleza, se encuentre donde se encuentre, en el aire, en lo efímero, en el ahora. De las tres aprendí algo esa noche. Las tres son únicas y de una sensibilidad estética extraordinaria.

El verano trae siempre promesas con sus noches breves y sus días larguísimos: sus primeras horas ofrecen la tentación de pedir deseos a la luna o al fuego, y cruzar los dedos para que se cumplan. Yo pedí alguno durante este Bal Rouge.

Pero solo podré contároslos cuando los vea realizados. OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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Para esa noche única elegí un vestido blanco de The 2nd Skin Co. Con ellos  no me equivoco nunca: con un cierto aire a los 60, un canesú con volumen en el que se alternaban las flores y las bayas. Y bolsillos. Un clutch dorado de Parfois, y la ciudad de fondo, con su amenaza de lluvia. Las fotos son de Anna Ponsa López y Nika Jiménez.

Y el verano es mío.

Los últimos días de Casa Decor 2016

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Aún podéis visitar Casa Decor, la exposición de tendencias decorativas más exclusiva de Europa, hasta el 26 de junio, en Madrid, en la Casa Palacio Atocha 34. De hecho, hoy se fallan los Premios a la Decoración, con lo que estaréis al tanto de, literalmente, lo último en tendencias.

Yo esperaba esta edición con un hambre casi literal: mi casa ha dejado de reflejar lo que creo ser en estos momentos, y no se corresponde del todo con mis necesidades ni mis gustos: quince años, muchos procesos vitales, varias estancias en otros países, una mudanza de oficina, la alegría renovada de vivir y tres gatas han provocado que lo que en su momento fue un hogar en el que me encontraba perfectamente cómoda chirríe en algunos puntos. Quiero, con calma, pero de manera ya imparable, transformarla en los meses venideros, y por primera vez no tengo casi nada claro: creía que Casa Decor me ayudaría a definirme, y me ofrecería opciones que ni sospechaba.

En la segunda parte he acertado. En la primera, no. He regresado con una considerable saturación stendhaliana, en la que todo me parece bien, todo me gusta, todo me parece posible, y no sé por dónde comenzar. Cuando el remolino de ideas, colores y estímulos se asiente, veré qué rescatar, de qué librarme, los nuevos espacios… la nueva casa para una yo renovada.

Un consejo que me agradeceréis: cuando salgáis de Casa Decor no regreséis directamente a casa. Dad una vuelta por la ciudad, entrad en algunas tiendas, id al cine. Tomad un café en algún lugar agradable. Al cerrar la puerta, no miréis directamente vuestros muebles, ni las paredes; porque la depresión que os puede entrar por  simple comparación es un riesgo asumido y que hay que afrontar.

No se trata de que toda estancia vuestra parezca pequeña y de techo bajo: la edición de 2016 ha permitido de 63 espacios distintos sean redecorados, y en esos espacios hay de todo: rinconcitos, lugares de paso, techos bajos, lofts, espacios inmensos y finales de pasillo, interiores y exteriores. Muebles gigantescos, más propios para hoteles o instituciones públicas que para una casa, y cocinas con soluciones aptas para apartamentos. Lo que acompleja es la ingeniosidad y la originalidad con la que los profesionales son capaces de dotar de vida espacios vacíos: las fotos del antes resultan sorprendentes.

Resulta imposible dictar unas  reglas generales, pero intentaré destacar lo que me ha llamado más la atención: las paredes de ladrillo visto o blanco, o el diseño nórdico, con decapados y pintura a la tiza, que se han generalizado en la decoración popular, con restaurantes y bares a la cabeza, se encuentran por completo ausentes en Casa Decor: aires más sofisticados y urbanos, una influencia muy clara de los años 50,  con colores ácidos, pasteles, y estampados geométricos, en cambio, han tomado el relevo. Las piezas tienen personalidad por sí mismas, los suelos y las paredes cobran texturas sorprendentes: desde los nuevos acabados sintéticos al mármol, o a la piedra. Ojo a las chimeneas (simplemente espectaculares) y a las bañeras (espectaculares, simplemente).

Uno de los espacios que más me han gustado es el vestidor de Miriam Alía: además de mostrar prendas de Lydia Delgado, y de Miranda for Lydia, lo que siempre resulta atractivo, cada rincón ofrece una sorpresa: dos butacas tapizadas con lentejuelas, hipnóticas, un leopardo de cerámica (sí, como aquellos que tiramos de la casa de la abuela, porque nos parecían horrorosos… de pronto, han regresado), o papel pintado con estampado de diamantes. Arriesgado, divertido… y funciona.

El jardín de Fernando Pozuelo se abre al espacio que en el que Pepe Leal ha interpretado la tradición y la modernidad del país invitado, Portugal. Azulejos pintados y cerámica verde, por supuesto, y un guiño a Pessoa. Pero también acabados en cobre, paneles de madera exquisitamente tallada en las puertas, y terciopelos en delicados grises.

Los descubrimientos continúan: unos baños públicos pueden ser la extensión del refugio de un dandy, por Adriana Nicolau, la impresión digital de HP cubre todo el espacio de Egue y Seta (todo es todo, paredes, suelos, superficies…) y la tecnología aparece con Samsung. Por cierto, su modelo Galaxy S7 Edge es el premio del concurso de fotografía que se organiza entre quienes sigan la cuenta @CasaDecorOficial y etiqueten sus fotos con el Hashtag #MiFotoCasaDecor2016.

¿Qué más? Todo lo que la imaginación permite. Pintura, escultura, neones, un restaurante, vidrieras, arreglos florales, una ilusión de que se pueden habitar espacios posibles e imposibles, y que aquello en lo que vivimos es tan nuestro como la piel o el cabello; y lo hacemos nuestro como nunca podrá serlo nuestro tiempo o nuestro presente. OLYMPUS DIGITAL CAMERA
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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara una visita a interioristas y decoradores, un vestido arquitectónico: unas líneas muy simples en un diseño de COS, finamente plisado, azul marino. Le añadí un precioso collar de Marisa Bell, y dos anillos gemelos que en esta ocasión llevé separados. Las gafas de sol son de Musthave, el modelo Ibiza Blue Power. Y el bolso, una pequeña obra maestra de Chie Mihara. Usad calzado cómodo: no dejan de ser 4.000m2 de exposición, repartidos en varios pisos, y la tentación de no dejar ningún espacio por recorrer resulta demasiado intensa.

Ahora, ah, ahora comienza el proceso de mirar las paredes y el aire, y ocuparlo de nuevo de manera diferente. Más intensa. Más real.

Nuestros amantes

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Durante el tórrido mes de Agosto tuve la oportunidad de asistir en Teruel al rodaje de Nuestros amantes, la última película de Miguel Ángel Lamata, producida por mi querida amiga Vanessa Monfort; en la escalinata mudéjar se grababa una de las escenas, en la que Gabino Diego, un poeta irresistible, daba un recital para sus lectores con otra escritora: la escritora era yo, que aparezco en unos breves instantes, en un cameo que resultó divertidísimo de rodar, y que me dio la excusa no solo para disfrutar desde dentro de esa película chispeante, luminosa y que invita a enamorarse, sino también para acudir al estreno con la ilusión de quien ha sido parte de un proyecto.

Éste fue el look que elegí para esa noche única.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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El vestido azul marino, con estampado floral, ceñido a la cintura con un lazo posterior, y ligeramente abullonado en la cadera, es de EtxartPanno. ¡Y tiene bolsillos! Todos los complementos eran plateados: el torque noruego, los pendientes, el anillo de Luxenter con circonitas de zafiro, y el clutch de Mibuh. Las sandalias de ante azul llevan la firma de Lodi.

Y ya que hablamos una película en la que la literatura, los libros, los escritores y la seducción de la palabra resultan tan importantes, me pareció adecuado que las fotografías fueran tomadas en el exterior de la Biblioteca Nacional de Madrid. Si tenéis ocasión y queréis pasar un buen rato, y creer de nuevo en el amor, id a verla. A ver si me descubrís…

Cómo se hizo…

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En muchas ocasiones me han preguntado quién me hace las fotos para el blog y las redes sociales, fotos que, obviamente, no saco yo, porque soy el objeto y el sujeto de la fotografía. Hay casos en los que es alguna persona que está conmigo, o algún amable desconocido al que entrego el móvil o la cámara. Amable no solo porque accede a tomar la foto, sino porque no se echa a correr con mis tesoros tecnológicos, cosa que tampoco sería muy disparatada.

Cuando puedo contar con ella, quien saca mis retratos es Nika Jiménez, mi jefa de prensa. Nika trabaja conmigo desde 2006, cuando la fiché para mi empresa E+F. Desde entonces ha sido la responsable del diseño corporativo, de mi agenda, de ser mi mano derecha y el filtro de gran parte de mi trabajo, entre otras  incontables tareas. Además de Publicidad y Marketing, ha cursado estudios de fotografía en EFTI, donde, por cierto, me escogió como modelo para su proyecto final. Después de diez años de trabajo, y de afrontar muchas cosas agradables y desagradables, la complicidad que tenemos es evidente. Es una joya.

Generalmente, abordamos las fotos para el blog partiendo de una idea abstracta, en la que luego encaja la ropa o las otras prendas. Hay algún tema que quiero tratar, y al que acompaña la ropa. Los estilismos, para bien o para mal, son míos, y los textos también. En algunos casos, Nika propone una foto determinada que se le ha ocurrido y cuando las veo, surge el texto. Estudiamos constantemente catálogos, revistas internacionales, fotos clásicas y lo que hacen blogueras de referencia. Algunas de las imágenes que nos gustaría sacar se encuentran fuera de nuestro alcance, al menos por ahora, pero lo que podemos hacer (mejorar mis poses o mi actitud, practicar encuadres, el uso de las sombras, los claroscuros o los volúmenes) intentamos mejorarlo de sesión en sesión.

Para mí actuar como modelo es un reto: nunca me ha intimidado la cámara, pero las fotografías para redes sociales son muy diferentes a las que pide un fotógrafo para un periódico. Me obliga a salir de lo conocido, y a enfrentarme a la realidad y a la mentira de la apariencia. Una foto puede ser tremendamente mentirosa, y añadir o restar años, kilos, o elegancia, pero la siguiente delata el estado de ánimo, un disgusto, o un día alegre. Puede matar un vestido o convertirlo en un objeto de deseo.

El lenguaje de la imagen, que abarca desde la producción previa a la edición posterior, a la diferencia entre lo bidimensional y lo tridimensional, el traidor photocall todo requiere atención y cuidado propio. Me lo tomo muy en serio porque sé el trabajo que lleva detrás una buena foto. Respeto enormemente a los fotógrafos, y sé en qué condiciones tienen que hacer su trabajo como para no pararme unos segundo a posar y a ofrecerles la mejor foto que pueda. No pierdo demasiado tiempo en explicárselo a quien no lo entienda.

Aunque hace años que poso para entrevistas, reportajes y fotografías, y he intentado siempre estar a la altura, nunca había sido tan directamente responsable de mi imagen.  Hay quienes piensan que una escritora no debería preocuparse por crear una imagen de marca. Yo opino lo contrario, que si no nos encargamos de ella otros (el público, los medios, las editoriales…) lo harán por nosotros. Nuevamente, no tiene relación con la vanidad, como algunos podrían pensar, ni con la coquetería, como sin duda otros creen. Mi imagen de marca, junto con mis conocimientos y mi capacidad para contar historias, son parte del patrimonio que poseo, y lo cuido de la mejor manera que sé.

También he trabajado para marcas desde el inicio de mi carrera. Ese es otro punto en el que muchos escritores prefieren no entrar; no es mi caso. A mí me interesa la publicidad y el marketing como medios de influencia social, y en particular, la manera en la que construyen historias sobre estilos de vida y productos. Lo hago como intento construir todo en mi vida: con el máximo cuidado por el detalle y toda la profesionalidad de la que soy capaz. Me alegra comprobar que no solo los lectores, sino que también las marcas valoran la forma en la que uso las palabras  y las imágenes; en un mundo plural como en el que nos encontramos, las posibilidades se abren donde menos esperamos.

Siempre hay una historia detrás de una historia, como hay una foto detrás de cada foto. Y estas son las que os quería mostrar hoy.

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En las fotografías de esta entrada se dieron dos de los casos que mencionaba con anterioridad: Nika tenía entre ceja y ceja emplear la bañera de mi habitación para alguna sesión original, y yo había comprado un vestido rosa palo de HM con la intención de crear un look romántico, casi como el de una Ofelia prerrafaelita. A ello le añadimos un bodegón tridimensional con el te TEAME.

Bañera + vestido+ bodegón = sesión muy loca y muy divertida. Por suerte, ese día contábamos con un segunda cámara que nos permitió registrar el proceso. ¿Lo imaginabais así?

Días de mar y oportunidades

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En la película Brooklyn, basada en la novela del mismo nombre del escritor Colm Tóibín, la joven protagonista, Eilis Lacey, una muchacha brillante, no encuentra trabajo en la deprimida Irlanda de 1950, y emigra a EEUU, donde se instala en el barrio de Brooklyn. Cuando regresa a su pueblo, se trae con ella un traje de baño de lycra que causa sensación entre sus amigos: el spandex, esa milagrosa fibra sintética, había aparecido para cambiar la historia de la moda y de la tecnología de los tejidos de la mano de los laboratorios DuPont de Waynesboro, Virginia.

Lo que la jovencita irlandesa vive como una liberación, como un gesto de progreso, ha traído por la calle de la amargura a infinidad de mujeres; el traje de baño, o el bikini dejan de asociarse al sol, el agua, el mar o la diversión a una edad muy temprana. Los psiquiatras alertan que la conciencia física de ser adecuado o no despierta en los niños, y en particular en las niñas, a una edad cada vez más temprana, y que la sensación de avergonzarse al ser visto en público en traje de baño se registra independientemente del pudor o la timidez: tiene que ver con sentirse o no hermosos.

No hablaré hoy de los trastornos de la alimentación, que son la manifestación más dolorosa de ese malestar generalizado: aquí quiero limitarme a quienes, sin más, evitan el momento del traje de baño, se cubren, se tumban en la hamaca, se observan en el espejo con disgusto.

Existe un concepto llamado en inglés body shame, o vergüenza corporal. Parte de un hecho muy sencillo: las mujeres contemporáneas no odiamos nuestro cuerpo sin razón. Nos han enseñado, de una manera constante e incluso agresiva, a hacerlo. Además de la imágenes que bombardean de una manera constante con el canon de belleza ideal, existen otras que muestran cómo no se debería ser: el juicio al cuerpo de la mujer, y el análisis despiadado que decide que está gruesa, demasiado delgada, vieja, arrugada, carente de gusto, operada, no se limita, como antes, a revistas de gran distribución y baja calidad, o a programas de cotilleo: han contaminado las redes sociales, los comentarios en prensa, y las conversaciones en el día a día. Esos comentarios, a veces dirigidos de manera directa a la mujer en forma de insultos o de consejos denigrantes (tápate, a ver si te cuidas, qué edad crees que tienes, deja de comer, a ver si te comes un bocadillo, con esos pies yo no me ponía sandalias, anoréxica…) fomentan y alientan esa vergüenza corporal.

Como resultado, muchas mujeres obedecen tácitamente esas normas de control: hacen lo posible para que su cuerpo no les resulte no ya agradable, sino no vergonzoso. Sin embargo, la lista de lo que fomenta el body shame es interminable: la celulitis, las estrías, la flaccidez, el tamaño de cada miembro, el vello, las varices, la textura de la piel, las pecas, las manchas. Al fijar de una manera tan detallada la atención en cada pequeño rasgo, el cuerpo deja de ser percibido como una unidad, que tiene gracia, atractivo, o sentido en toda su extensión, con la voz, el gesto, la personalidad o los movimientos.

Solo alguien muy superficial consideraría este fenómeno como superficial: cuando un porcentaje tan amplio de población se encuentra a disgusto en su piel, y esa emoción se encuentra potenciada no solo por quienes encuentran intereses económicos en ellos, sino que la custodiamos y controlamos y potenciamos entre nosotros, es tiempo de abandonar la reflexión y comenzar a cambiar actitudes y frases.

De nada sirve el esfuerzo de intentar la aceptación de nuestro cuerpo si al mismo tiempo continuamos criticando los de los demás. No resulta coherente.  Ya no basta echarle la culpa a ese fantasma sin rostro que es la sociedad. En las manos, o en las voces de cada uno, se encuentra la posibilidad de atajar el body shaming, de no formar parte de él, de analizar por qué, cuando duele tanto ser criticada, entramos con tanta facilidad en la crítica, incluso en justificarla con frases como: es un personaje público, nunca se va a enterar, si pone esa foto es para que opinemos, no la soporto, o con el dinero que tiene, podría

Yo misma no he sido ajena a la feroz crítica ante el espejo con que he juzgado mi cuerpo; durante años no vestí un traje de baño, ni un bikini. A la desmesurada exigencia de perfección se unía una creencia muy generalizada: las mujeres con una profesión intelectual, o al menos, seria, no tenemos cuerpo. Mi experiencia, por desgracia, es que ese prejuicio continúa vigente. Hay quien cree que resta seriedad a cualquier pretensión de profesionalidad, o quien se siente genuinamente ofendido por fotografías o atuendos que consideran propios de actrices o modelos, pero no de alguien que se dedique a la literatura.

A estas alturas del partido, miro atrás y siento cierta lástima por esa chica más joven, tan deseosa de cumplir con tantas exigencias, de hacer las cosas bien, de evitar críticas que llegarían, inevitablemente; nunca seré joven de nuevo, ni siquiera ahora que ya no soy precisamente joven, y cada oportunidad de divertirme, de ser un poco dichosa, no se repetirá. Bien está lo que se vivió. Pero mejor estará lo que quede por vivir.  OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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La primera ocasión de vestir un bikini este año llegó en Menorca, a bordo del Siau Qui Sou de Adamastor1967, un precioso barco en el que recorrí algunas de las calas y las playas de la isla. Los dos modelos que llevo son de la marca Rosa Faia. Tienen muchísima experiencia en lencería y son excelentes corseteros, en especial para mujeres con curvas, prendas pre-mamá… y trabajan una gran diversidad de copas; la diferencia entre un bikini con un sujetador de triángulo, bonito pero con poca o nula sujeción, y una copa bien adaptada la valorarán quienes lo prueben.

El bikini negro tiene unos pequeños apliques de metal muy ligero en los tirantes. Lo encontráis aquí. La referencia es  L5-8799. Lo he combinado con este poncho, que es ligerísimo y se puede usar de varias formas.

Respecto al traje de baño (recordad: aquello con lo que nos bañamos es un traje de baño: bañador es la persona que se encarga de bañar a otros) me fui al otro extremo, al color y el estampado cítrico. Podéis verlo aquí. En este caso, el pareo, en gasa azul en tono  degradado era este. Las pulseras son de Blanco, y las gafas de sol de Musthave.

Es importante no olvidarse de la protección solar, que en mi caso era +50 de Lancaster, y de hidratarse a menudo. Y de comerse el mundo: hay pocos días de sol, mar y oportunidades, y no hay que desperdiciar nada de todo eso.

Quince minutos de gloria; con la VIU en el metro

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Hace unos  meses, a finales de enero, grabé una campaña como imagen de la VIU, la Universidad Internacional de Valencia, que se ha especializado en la educación a distancia, en especial para adultos que desean cursar un Master o una segunda carrera.

La pedagogía, las metodologías de enseñanza y  la aplicación de la tecnología en la enseñanza ha sido un auténtica obsesión para mí, por muchas razones: por ejemplo, la carencia de sistemas reglados para mi oficio, el de escritora, frente a los muchos métodos y lo muy controlada que estaba, por ejemplo, la enseñanza musical. Un grado medio o superior de piano o canto acreditabas las horas que había dedicado un alumno a la música, e incluso computaba en unas oposiciones. El escritor aficionado, condenado a un amateurismo eterno hasta que publicara un libro, no contaba con esas herramientas.

Por otro lado, como docente habitual en universidades y cursos, y muy interesada en particular en la formación de adultos, mi preocupación ha sido que tanto la materia como la forma pudieran ir siempre un paso por delante. La VIU apreció y valoró ese trabajo, y me propuso que protagonizara, junto con otros dos embajadores (uno de ellos, por cierto, músico), su nueva campaña.

El vídeo se grabó en La Central, una preciosa librería del centro de Madrid, y en el Círculo de Bellas Artes. Creo que parte del buen ambiente y de las ganas de colaborar se transmitió en él, porque funcionó en las redes de una manera excepcional. Bien ubicado, bien realizado, con una alta visualización, todos quedamos satisfechos. Podéis ver el vídeo aquí.

Y sí, se había sopesado la posibilidad de que si la campaña funcionaba como estaba previsto, se ampliara a publicidad exterior, a soportes como carteles, marquesinas… Era de esas posibilidades que se barajan como un por si acaso, como un sueño, y he de reconocer que no contaba con ella.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando de pronto, a finales de mayo, recibí en mi móvil una fotografía de mi anuncio, en formato de dos por tres metros (o más: no sé. Enorme) en un display de publicidad en el interior del metro de Madrid. ¡Cáspita! me dije, o algún término parecido. Ha ocurrido. 

Luego me vería también en los autobuses de Valencia, en una escena muy parecida a los créditos iniciales de Sexo en Nueva York con una escritora, Carrie Bradshaw, con tutú rosa. Lo que ocurre es que mi frase, No hay una edad concreta para empezar a estudiar, no resulta tan ambigua como la que le habían plantado a Carrie en su anuncio, y mi armario es más modesto.

Con lo que no contaba era con que la campaña, presente en estaciones como Goya, Diego de León, Ciudad Universitaria… iba a situarse en la parada de metro que uso habitualmente. El susto que me llevé al doblar la esquina para coger la línea 4 y verme allí con mi vestido verde es para no contarlo. Yo, que no soy considerada precisamente una tímida flor, pasé un rato regular mientras esperaba en el andén y comprobaba cómo la gente me miraba. Porque sí, me miraban, y me reconocían. Y lo comentaban en voz alta. Hay rumores de que me ruboricé. Puede ser. Amigos y conocidos me han enviado fotos con mi foto, y fotos de mi foto. Los quince minutos de fama warholiana se han convertido en veintiún días.  Divertido, pero también perturbador.

La fama, la presencia mediática, sucede como una consecuencia de determinados resultados, aunque en estos momentos los medios de comunicación inviertan a veces el proceso, y reconocemos a personas por el hecho de haberlas visto reiteradas veces, sin tener una idea clara de por qué han atraído esa atención. No hay nada de malo en la fama per se, si existe un contenido que la sostenga: hay carreras, como la de los artistas, que han de contar con ella, y gestionarla de la manera adecuada; la noción de marca personal resulta imprescindible en una sociedad no proteccionista, que aspira a ser competitiva por sí misma, sin los enchufes o contactos o vías directas que tanto han perjudicado el mercado de trabajo español.

Otro tema sería la percepción ajena de la fama: desde la idealización casi adolescente que se construye sobre algunos famosos, o la veda que se abre para criticar, cotillear y juzgar sus acciones o su apariencia, la relación de la sociedad española con quienes tienen notoriedad pública (y no hablo aquí de los famosos del corazón o los temporales que encumbra y despeña la televisión) dista mucho de ser natural.

La manera tan contradictoria de emplear las redes sociales, por ejemplo, delata ese deseo de opinar, de ser vistos, pero también la asunción de que quienes lo hagan serán criticados o atacados por ello. La polarización (blanco o negro, con los míos o contra mí), los prejuicios (se deducen datos irreales por la edad, vestimenta, procedencia o trabajo) y el etiquetado inmediato (seguimos siendo un país que acepta mal la ambigüedad, o la evolución personal o laboral) continúan siendo reacciones que delatan envidia, cerrazón de mente, inseguridad y necesidad de control.

Desde luego, la generación nacida en torno al 2000 verá todo esto como un legado del pasado. Habrá crecido con otra percepción de la visibilidad y de la fama, la modificará, aspirará a ella. Posiblemente sepa manejarla de una manera más práctica y menos sospechosa. Entenderán el uso de su imagen, y de su marca, como una parte imprescindible de su carrera profesional, y de su posicionamiento en un mundo que, si todo va bien, ofrecerá oportunidades fuera de un territorio limitado por la cercanía y el idioma.

O eso espero. Esa es la generación que nos relevará, y aspiro a que sea más inteligente, más rápida y que esté mejor adaptada que la mía. Por mi parte, me sigo viendo en el metro, me planteo ponerme gafas de sol mientras dure la campaña, y continúo pensando que no hay una edad predeterminada para estudiar. Ni para aprender.

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En el anuncio llevo un vestido verde vintage de los 70, de corte clásico, con falda de capa y grandes picos en el cuello. Es un color que muchas veces asusta y se evita, pero que en la tonalidad adecuada puede sentar bien a casi todas las mujeres. Los zapatos bicolores son de Rebeca Sanver, y el maquillaje fue obra de Myriam de Prada.

Concurso Baume&Mercier: Life is about moments

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Cuando me presento a un premio no suelo pensar en ganar: he perdido ya demasiados como para que el mero afán competitivo me suponga ninguna satisfacción, y he ganado los suficientes como para saber que su brillo y la alegría que tienen se apagan pronto, como las alas de una mariposa, si se tocan demasiado.

Eso no significa, sin embargo, que cuando decida participar no lo haga con la misma fuerza y el mismo empuje que cuando era una jovencita con todo por demostrar. No es lo más sabio del mundo el derrochar fuerzas y energías así. Pero cuando vemos los resultados… ah, los resultados. ¿Cómo podría quedarme satisfecha sabiendo que podría haber hecho algo mejor y no lo he llevado a cabo por tibieza, por indiferencia?

Algo así me ocurrió con el concurso que organizó Baume & Mercier hace unas semanas, con motivo de la presentación de su nueva colección de relojes, entre ellos el  precioso Petit Promesse, con su doble correa metálica, para la prensa y los amigos de la marca. Como un guiño, nos dijeron al final que habían convocado un premio a la mejor fotografía, si queríamos participar.

Sabía de sobra que entre los asistentes debía haber mejores fotógrafos que yo, incluso profesionales. Y que me encontraba fuera de mi entorno, en el que podría haber hecho un bodegón en mi vieja mesa del comedor; pero miré a mi alrededor, vi unas flores, una luz natural bonita, un espejo. Con eso podía improvisar un bodegón decente. Aún así, me faltaba algo, una textura que pudiera introducir un cambio.

Pedí hielo. Sin inmutarse, la agencia Réplica se encargó de conseguirme hielo, que esparcí por la mesa de la habitación del Hotel Villamagna donde tenía lugar la presentación. Me descalcé, me encaramé a una silla para captar mejor la luz, hice todo lo que  me recomienda mi calmada jefa de prensa que no haga.

Pero la foto quedó bonita. Y el texto con el que la acompañé hablaba precisamente de cómo el tiempo lo es todo, somos todos y todo tiempo. Y resultó que ganó el concurso por unanimidad.

Y, mientras Karine Janson me entregaba mi premio, un reloj Classima de una línea perfecta, yo pensaba en qué cerca estamos a veces de abandonar algo que nos apasiona por una mala mirada, un comentario fuera de tono, una crítica mal expresada. Cuántas cosas he dejado yo por hacer precisamente por no molestar a quienes ni siquiera conozco, cuánto placer que no he obtenido, cuánto dinero perdido, cuántas ocasiones de ser feliz, o al menos, de estar contenta, desaprovechadas. Un reloj, nos advierte Julio Cortázar, es algo serio. A mí me recordará que no hay más tiempo que uno, pero que está en mi mano llenarlo de momentos. OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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¿Qué ponerse cuando todo el protagonismo debe atraerlo una joya tan lujosa, y al mismo tiempo, tan discreta, como el Classima? El negro, el clásico y tan traído y llevado Little Black Dress, en este caso de ChicandRolla, con un detalle de encaje en la espalda y el escote. Unos zapatos de Beverly Feldman, que rompían el negro total con un poco de strass, y que conjuntaban con el bolso joya plateado de Mibuh. Eso era todo: los ojos un poco marcados, el cabello un poco más liso, y la sonrisa dispuesta.

Las fotos (y la entrega) tuvieron lugar en la Joyería Aragoneses de Madrid.

Fiesta de Stuart Weitzman en la Embajada Americana

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Durante muchos años quise ser miembro del Cuerpo Diplomático. En mi imaginación adolescente reunía todo aquello que me parecía deseable: el conocimiento de idiomas, la mediación, el servicio a mi país, el conocer distintas mentalidades y culturas. Incluso la rotación de lugar en lugar se me antojaba algo adecuado para mí, porque ya entonces intuía mi vocación nómada y de mal asiento.

De hecho, comencé a estudiar Derecho precisamente con la mente fija en las oposiciones futuras. Yo deseaba ser escritora, y me parecía tan imposible como volar al espacio; pero fantaseaba con que algún día la futura embajadora (yo) les invitara cordialmente a la presentación de una novela.

Aquel primer año universitario resultó clave: la evolución es larga de explicar, pero al finalizar había abandonado el Derecho, había dejado la música, y comenzado en serio, tras incontables horas en el Taller Literario y en la biblioteca, la apuesta por mi carrera literaria. No sabía aún cómo, pero sí que no podría dedicarme a algo que no me apasionara, y pese a la preocupación de mi familia, inicié Filología Inglesa y comencé a escribir sin tregua.

Quién le diría a aquella jovencita un poco asustada, pero con la decisión clara de ser escritora, que seis años más tarde entraría en la Embajada de España en México DF para asistir a una comida en su honor durante la gira americana del Premio Planeta. Fue una tarde memorable, con escritores excepcionales entre los que se encontraba mi idolatrado Augusto Monterroso (sí, el del dinosaurio), y en la que tiré al servirme media corona de arroz sobre la preciosa alfombra del comedor de la Embajada. Yo, que no soy especialmente torpe, ni mucho menos tímida, me quedé paralizada cuando ocurrió. Era una novata. Ahora comenzaría a arrojar el resto del arroz cocido al aire a puñados al grito de ¡Evohé, evohé! con esa licencia que me da el ser una artista extravagante, pero entonces quise morir. Y la amabilidad y la delicadeza con la que el embajador salvó la situación y me hizo sentir de nuevo cómoda fue una lección de modales que nunca olvidaré.

La llegada a Madrid del actual embajador de EEUU en España, James Costos, ha supuesto una auténtica revolución: no solo ha conseguido que la Embajada se haya convertido en un activo centro de promoción de la cultura y el modo de vida americanos sino que con su carisma y capacidad de convocatoria sus fiestas ha recuperado el glamour de lo exclusivo (cosa que es un mérito añadido, ya que no son precisamente ni escasas ni minoritarias). En esta ocasión, celebrábamos la apertura de la tienda de zapatero Stuart Weitzman en Madrid, en Jorge Juan 12. Conocido por ser el zapatero de las famosas (Angelina Jolie o su archienemiga Jennifer Anniston han lucido sus creaciones), Weitzman fabrica en mi querida Elda unos dos millones de zapatos al mes, entre ellos su famoso modelo Nudist.

Y allí apareció Weitzman, con su simpatía contagiosa y su muy buen español, junto a la piscina de la Embajada, entre las docenas de orquídeas que Michael S. Smith, el marido del embajador y decorador, entre otras mansiones, de la Casa Blanca, ha repartido por la casa. Si lo que buscaban era que recordáramos esa noche como una de las más divertidas y agradables de la temporada, lo consiguieron: invitados bien escogidos, buena música, y unas incontenibles ganas de pasarlo bien. Y ese no se sabe muy bien qué que transmiten algunos lugares, algunas personas, y que no puede imitarse ni repetirse.

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Cualquiera, incluso yo, hubiera apostado porque llevaría un vestido a la fiesta de la Embajada: pero en este caso he salido de mi (término ahora tan de moda) área de confort para escoger un mono de una pieza, blanco y negro, con un hombro al descubierto, y una capa fluida que provoca la ilusión óptica de ser un top. Lo firma Etxart&Panno.

El anillo dorado y negro es de Luxenter. Llevo un bolso joya dorado de The Gallery Room, pendientes de amatistas de Daniel Espinosa, y gafas de sol de Musthave. Y el pelo un poco más liso de lo que es en mí habitual. Los zapatos son cómodos, pero nadie lo diría, dado el precario cruce de piernas que no sé por qué me dio por adoptar. Y no una, sino varias veces. En fin: extravagancias propias de mi oficio. Evohé.

Recomendaciones espidianas: mayo

22.1Comienzo el mes con una recomendación que me habían hecho: Las buenas intenciones, de E. Gaige. La novela ha sido publicada por Salamandra, y eso ya me predispone a favor, porque mis gustos y los de su línea editorial suelen coindir. También apruebo fervorosamente esta novela con un narrador en primera persona, un padre mentiroso, seductor, un auténtico encantador de serpientes que, en un momento determinado, decide no devolver a su hijita tras su tiempo acordado de custodia. Un tema polémico, contado a través de una voz aún más perturbadora. 20160516_153338¿Algún enemigo de los libros en la sala? W. Blades los enumera todos en este ensayo de Fórcola, desde la polilla al fuego. Un librito delicioso, un clásico que nos hace pensar que no necesariamente todo tiempo pasado fue mejor, y que antes, como ahora, el enemigo principal del libro es el lector… y el no lector. El ser humano, en realidad.

2.3Los libros de colorear se han convertido en un sorprendente fenómeno entre adultos que regresan al placer de escoger colores y concentrarse, durante el tiempo en que se tarda en completar las líneas, en algo que no sea sus problemas, ni su vida. De los mandalas se ha dado el salto al libro con un argumento, en la mayor parte de los casos onírico o fantástico, y a una sofisticación en las ilustraciones de la que el aficionado más tiquismiquis puede tener poca queja. Ediciones Maeva ha publicado este precioso libro “El jardín del tiempo”, de D. Song. Lo siento por los niños de mi alrededor, pero me temo que me lo voy a reservar solo para mí…

6.1Otro libro ilustrado, en este caso por una profesional, Ana Baldallo, es Thirteen-Trece, escrito por Luna Baldallo. Poesía felina, para niños y no tan niños, en una edición bilingüe español-inglés, que sigue a Trece, una gatita negra que se esconde entre las páginas. Publicado en Ediciones en Huida.

8.2

@lauraponts es el nombre de la cuenta de Instagram de Laura López, una de las revelaciones en el universo foodie nacional. Ediciones Cúpula ha publicado Arte Foodie, donde cuenta su recorrido vital y fotográfico, transmite una enorme pasión por la comida y la fotografía, y nos regala preciosas imágenes que son admiradas y sirven de inspiración para infinidad de aficionados al foodporn.

17.2Poesía elemental, de  Juan Luis Mora, es un poemario editado con mimo por Arscesis, Por lo general, hablar de un libro de poesía es destrozarlo. A través de los cuatro elementos, y del mundo, junto con el arte, el poeta habla de lo que le resulta esencial como persona: el origen y la evolución humana.

Miro su rostro hueco, / cada vez más próximo./ Ya me veo en sus ojos./ Aquí llego.

IMG_20160506_175545Otro padre y otra desaparición sirven como hilo conductor de esta novela, que luego se amplía con voces diversas y visiones contradictorias. F. Travesí trata en La vida imperfecta, publicada por  La isla de Siltolá, cómo una vida, varias vidas, se desmoronan con un hecho inesperado y sin vuelta atrás como la ausencia de un hijo adolescente. Los miedos aterradores, casi paranoicos, se van convirtiendo en una realidad insoportable, que luego se transforma en la vida. En cada día.

2016-03-14 23.50.54Matador no es un libro, sino una revista de La Fábrica, y un proyecto ejecutado por orden alfabético a lo largo de los años. El número R, “De botánica”, une su habitual exquisitez a uno de mis temas preferidos, el mundo vegetal. El formato extragrande, la calidad del papel y el nivel de sus colaboradores gráficos y literarios la convirtió hace tiempo en una publicación de referencia.

18.3Un trabajo ímprobo el que se ha tomado I. Chikiar Bauer para investigar y recrear la vida de esta autora hipersensible y enferma, lúcida e innovadora, en Virginia Woolf, la vida por escrito. La ambición del proyecto se ve recompensada por el resultado, que ha publicado Taurus, y que entusiasmará a cualquier apasionado de la Woolf, a los curiosos o a los estudiosos de la literatura universal. Para los de la inglesa ni siquiera digamos.

23.3No podía imaginarme cuando comencé este voluminoso ensayo de Crítica sobre la historia del algodón que iba a convertirse en uno de mis libros preferidos en lo que va de año. Su visión general, su manera de relacionar en la historia, el tiempo y la geografía un elemento común pero que para mí había pasado inadvertido como eje esencial de la cultura europea y mundial me ha dejado exhausta y encantada. El imperio del algodón reúne datos que todos conocemos superficialmente (la revolución industrial, la Guerra de Secesión americana, el desarrollo de la industria química) y los conecta de una manera tan amena y diáfana que una se pregunta cómo no se le ocurrió a ella antes. El autor, S. Bekert, profesor e investigador, se ha ganado toda mi admiración.

28.1Septiembre negro acaba de ganar el premio Tiflos al mejor libro de relatos, y a mi juicio, eso posiciona a C. Fidalgo como el autor de marcada personalidad literaria y refinado gusto estético que es. Los cuentos giran en torno al deporte olímpico, sus sombras, sus terribles secretos, que culminaron con el grupo terrorista Septiembre negro que convirtió los Juegos de Múnich en una tragedia inolvidable. Muy bien documentada y con un tratamiento admirable de la psicología de los personajes, lo ha publicado Castalia, y es una delicia. Desoladora, pero una delicia.

18.1Una visión rápida de libros pendientes o a medio leer: el ya mencionado Virginia Woolf, La vida por escrito (puede verse la extensión de la obra, muy considerable). Cuentos de Clarice Lispector, que voy leyendo poco a poco, casi con pena de acabarlos.  Y un ensayo, El mal  y la conciencia moral, del profesor  Rogeli Armengol. De estos dos últimos ya hablaré.

28.2M. Juliá continúa con este libro la trilogía poética iniciada con El sueño de la muerte. También lo ha publicado Hiperión, y, obviamente, en sus páginas recorre la ilusión que supone amar, y el desgarro de no serlo, del abandono y la incomprensión frente al otro.

El día que me dejaste me quedé lleno de límites/ confusos, con un dolor de espalda/ y un estatus de sombra/ que espera una cita en un café desierto/ ahora amor soy el epílogo de un libro/al que han robado sus páginas y busca su estantería/ para poder morir en paz.

IMG_20160604_101927[1]Nietzsche y la música continúa la serie que el autor, B. Matamoro, ha dedicado a filósofos  y personalidades relevantes y su relación con la música. Fórcola ha publicado este breve ensayo en el que la tragedia y la música dramática, las complicadas relaciones con Wagner (y con el resto del mundo) que mantenía el filósofo y su propia búsqueda de lo absoluto cubren los capítulos más relevantes. Muy sorprendente y didáctico para quienes, como yo, no somos más que conocedores superficiales de la filosofía; la manera en la que se describe cómo extiende sus redes al resto de las artes y del progreso hacia el siglo XX y XXI es particularmente interesante.