Cómo sobrevivir a las críticas destructivas

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Cuando alguien me pregunta consejos para convertirse en escritor, nunca me olvido de decirles que se preparen psicológicamente para las críticas malintencionadas. En realidad, es una recomendación que extendería a cualquier persona, si tiene intención de ser feliz; porque la búsqueda de uno mismo, de sus fines y sus objetivos, removerá aguas, sin duda,  y en esas aguas yacen tormentas ocultas.
A diferencia de otras personas que se manejan perfectamente con la atención negativa, o incluso con la polémica buscada, a mí no me gusta que hablen de mí, aunque sea mal: No en vano uno de mis libros está dedicado a Los malos del cuento, cómo sobrevivir entre personas tóxicas. Aún me agradan menos los cotilleos, las murmuraciones, ese tejido de podredumbre que rodea a cualquier persona que se mueve o que levanta la voz. Las escucho si me llegan, pero lo hago como un peaje que sé que debo cruzar. Eso no significa que no acepte el cuestionamiento, la opinión contraria, o las sugerencias: es más, me encanta la discusión constructiva. Pero ha sido al cabo de los años, y de una piel de rinoceronte creada por supervivencia, con lo que he aceptado la parte interesante de las críticas realizadas con acritud. He debido obligar a mucha gente a salir de su área de confort, porque sin ser consciente ni mover un dedo para dañar a nadie me he enfrentado a ataques a veces infames, muchas veces anónimos, la mayoría completamente inesperados. No me gustan, pero forman parte de mi vida y de mi carrera profesional.
La crítica duele. Como dardos clavados en las niñas de los ojos. Pero es una fuente incuestionable de crecimiento personal. A mí me obliga a desarrollar la empatía, la reflexión, la autocrítica. En muchas ocasiones, una frase difamatoria o que yo sabía que era falsa me ha llevado a una tormenta de ideas para evitar, en lo posible, que pudiera repetirse. Lo contrario a admitir una crítica es el convertirse en un dictador, al que hunde, sin excepción, la falta de oponentes.

Lo más edificante, y por lo tanto, lo que me resulta más difícil de todo este proceso, es que refuerza mi humildad. Frente a una crítica hiriente, me fuerzo a pensar que esa persona cree tener la razón y que puede que la tenga. Me recuerdo que puedo cometer errores que ni siquiera veo, y que debo admitir que eso conlleva consecuencias: el disfraz de invulnerabilidad frente a todo sólo se mantiene a costa de un aguante insostenible en el tiempo, y que pasa una factura psicológica muy alta. Rebaja mi nivel de exigencia: no importa lo mucho que trabaje, haga o me esfuerce: siempre habrá alguien a quien no guste, no lo aprecie o se sienta ofendido. Y me recuerda que recibir aprobación y cariño supone un gran orgullo, pero necesitarlo genera mucha ansiedad, porque si no se consigue, la decepción es brutal, y se convierte en un objetivo en sí mismo que nos aparta de emplear la energía en lo que deseábamos.

Creo que estamos en una sociedad en la que confluyen dos movimientos opuestos: por un lado, la crítica feroz, constante y abierta hacia cualquier persona o hecho expuesto. Por otro lado, se intenta fijar un limite a esa crítica: las leyes se abren al  maltrato psicólogico, al acoso laboral o escolar, y se comienza a demandar de manera incuestionable respeto hacia el diferente; por color, religión, ideología u opción sexual. Es posible, aunque algunos no sepan cómo, expresar un desacuerdo, o incluso el rechazo, sin resultar destructivos. Es necesario que existan opiniones distintas, que la discrepancia enriquezca nuestra visión, que seamos capaces de escuchar, rectificar y cambiar de parecer; y nada de eso se favorece con la malicia.

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Para hablar de las críticas me he colocado una coraza plateada, este vestido de una edición especial de HM. Largo, ceñido y elástico. Botines de Sacha London, jersey de Jil Sander y bolso de charol de Prada. El maquillaje, en este caso, es de Lancôme. Quizás no sea mi outfit más dulce, pero al fin y al cabo, si van a hablar de una hay que darles motivos de vez en cuando…

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2 pensamientos en “Cómo sobrevivir a las críticas destructivas

  1. Como bien dices, es imposible huir de esas críticas, y de la realidad de un país, que siempre vió antes la paja enel ojo ajeno que la viga en el propio.
    Las criticas nos ayudan a crecer muchas veces, incluso las malintencionadas nos ayudan a ser fuertes y crecer.

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