Por qué yo sí continuaré en Instagram

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Si bien las redes sociales han sido criticadas desde  su inicio, Instagram se encuentra ahora bajo la lupa, con  opiniones a favor, en contra, sonados abandonos, acusaciones de frivolidad o de vacuidad.
Por mi parte, defiendo Instagram por motivos muy personales; a diferencia de otros escritores, mantengo presencia en las principales redes sociales, que me han servido para comunicar directamente mi trabajo, ponerme en contacto con mis lectores y mantenerme informada del devenir de personas o instituciones. Cada una de las redes posee su público, y demanda un  lenguaje diferente, y quizás Instagram, pese a su sencillez y su capacidad intuitiva, sea el más complicado de comprender: imágenes, sin texto, en general, o con unas pocas etiquetas. Galerías plagadas de atardeceres, selfies, o comida. Mujeres guapas que muestran su ropa, o su estilo de vida. ¿Eso es todo?
Para mí, no. No reniego del sentido emocional, o de álbum compartido, que puede tener para muchas personas. No podemos imponer nuestra filosofía de uso a otros, y quien abra cuentas solo para seguir a otros, o incluso no se arriesgue más que a repetir fotos ajenas sabrá sus razones. Pero lo que de verdad me interesa de Instagram es la forma narrativa: cómo algunas cuentas, de nombres célebres o no, interpretan la vida, sus historias personales o la realidad a través de imágenes. Valoro la originalidad y la calidad de la fotografía, y algo que muchos críticos pasan por alto: el trabajo tras la cámara, aquello que de manera aparentemente fácil se ofrece, y que conlleva mucho esfuerzo, planificación y profesionalidad. Como espectadora, aprecio esa labor, y la premio, independientemente de que las cuentas sean conocidas o no. Curioseo, busco, sigo las sugerencias, veo realidades y enfoques que de otra manera no conocería, y que cambian de hora en hora.
Como usuaria, @espidofreire, en cambio, la historia es otra: ya he comentado en otras ocasiones que pasé recientemente por un proceso depresivo importante. En mi recuperación han intervenido muchos factores: tratamiento médico, terapia, olvidarme del alcohol y de la cafeína (aunque a la cafeína he vuelto), ordenar mis hábitos de descanso, de alimentación y ejercicio, y restructurar mi vida, que se encontraba completamente fagocitada por el trabajo, la ansiedad y la autoexigencia. Y ahí me encontré con un problema: no sabía qué hacer con mi tiempo libre, obligatorio, que no tuviera que ver con mi trabajo. La terapia ocupacional era clave, y tras probar algunos clásicos (puzzles, bordado, sudokus…) encontré que podía retomar mi interés por la fotografía, sin más ambición que la de distraerme, y sacar alguna imagen bonita.
Ahí apareció la idea de crear un blog en que hablara de moda, un terreno que siempre me ha apasionado y del que había escrito en medios y tonos serios. Y sobre todo, Instagram. Instagram me obligaba a una continuidad, al compromiso de publicar al menos una foto diaria (en la actualidad son entre 3 y 5), y de que esa foto no me avergonzara. A mirar, por lo tanto, desde una óptica que no fueran las palabras, mi vida, y ver qué podía haber de interesante o curioso en mi día a día. Al principio no encontraba casi nada. Ahora, en cada vistazo hay algo. Encontré a seguidores de toda la vida, que de pronto me captaban de otra manera, y que compartían conmigo terrenos que no había cultivado mucho: el sentido del humor y mis intereses personales. Otras personas rompieron la idea preconcebida transmitida por medios periodísticos, o mis libros. He descubierto cuentas interesantes con las que se crean bonitos vínculos basados en las aficiones y la simpatía. Han sido testigos de cómo regresaba la alegría a mi vida y cómo mejoraba mi estado de ánimo, han sido cómplices de sorteos, juegos y microcuentos. Qué sorpresa, no creí que fueras así, me dicen algunos. A quienes no les gusta, sencillamente, se van.
Porque, aunque no era mi intención, la cabra tira al monte, y poco a poco han aparecido pequeñas historias bajo las fotografías: historias de caballos en Praga, las conversaciones de y con mis gatitas, microcuentos de apoyo solidario o caprichos momentáneos. Retratos de artistas y fotógrafos que han tenido la deferencia de elegirme como modelo, y recomendaciones de libros, de visitas culturales o literarias, de cosméticos, o complementos, o ropa. Aquello que me gusta y que quiero mostrar. Hay pocos bodegones con alimentos, porque resulta dificilísimo tomar una buena instantánea de un plato y que parezca apetecible, pero lo intentaré. Introduzco, según conozco un poco más, vídeos, o enfoques un poco más arriesgados. Confío en la generosidad de los extraños, a los que entrego mi camarita Canon o mi Samsung S6 (es lo que empleo, aunque como me habían advertido, el deseo por las cámaras es inacabable) y en la paciencia de los conocidos. Mis seguidores crecen, y yo intento mimarles, corresponderles y agradecer su tiempo.
Es un lenguaje más, un medio de construir algo más, una manera de cultivar áreas que ahora deseo compartir. No más, pero tampoco menos.
La vanidad se encuentra en Instagram de manera tan obvia como en las juntas de vecinos, las columnas de los periódicos o las fiestas de empresa. Los haters o comentarios malintencionados, con la misma frecuencia que en la vida, y con la misma cobardía o falta de reflexión. El impulso de dar opinión inmediata es el mismo que en otras redes sociales, pero por suerte, Instagram es más amable, y la atención se trata de atraer con una frase dulce, y no con una crítica ácida, cosa que, siendo sincera, yo prefiero en estos momentos. Mi carácter nunca ha sido agrio, y aunque jamás he rechazado las críticas, no entiendo los ataques, ni a quien se regodea en ellos.
No sé a dónde me llevará esta red social, si mi camino en ella será largo o no: como herramienta de trabajo está resultando inmediata y útil, como manera de iniciar colaboraciones con gente interesante un hallazgo, como motor de satisfacción personal sorprendentemente productiva, como fuente de aprendizaje aún es inagotable.

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Las fotografías que más aceptación han tenido por parte de mis seguidores han sido muy variopintas, y este resumen da fe de ello: Un retrato mío hecho por Rebeca Senovilla, la mano de mi madre y la mía unidas, la foto del 16 aniversario de mi Premio Planeta con la misma ropa que ese día, el microcuento que escribí el Día contra el Cáncer de Mama, un bodegón de mi look en el Teatro de Mérida, un selfie con gafas enormes, un graffiti en el Barrio Oeste de Salamanca, mi vestido de Elio Berhanyer frente a las murallas de Ávila, el cupcake con que Alma Cupcakes homenajeó mis Melocotones Helados, una instantánea de mi fotogénica LadyMacbeth, los preciosos zapatos de Amaya Arzuaga, un selfie en mi salón, una historia de amor con Solán de Cabras,  la foto con Gabino Diego, y el bodegón, con mi mano, una marca de la casa ya, del día de mi cumpleaños. Gracias a todos, nos continuamos viendo.

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6 pensamientos en “Por qué yo sí continuaré en Instagram

  1. Yo también llevo unos meses en Instagram, casi lo mismo que con mi blog. Estaba un poco harto ya de Facebook y su monótono devenir (Twitter nunca he llegado a tener, ya que veía a mi gente demasiado pendiente y enganchada a él), y tienes razón, Instagram te de esa inmediatez narrativa escueta en palabras y rica en matices visuales. Sigo tu blog hace un mes, más o menos, y te sigo también en Instagram desde hace dos días (por las fotos de Cacabelos, en La Moncloa de San Lázaro, un lugar mágico de mi pueblo natal) y he de decir que tienes mucho gusto (hablo desde mi mundo profano en modas, trends y demás). No sólo eso, sino que posees por añadidura el difícil don de escribir, y muy bien, así que, que sigas por estos lares mucho, mucho tiempo, y sonriente, plantando cara a toda dificultad que pueda o no presentarse en tu camino… Ah, y sin eufemismos ni rodeos vanos, Fuck the haters!!!
    Un saludo de un berciano desde Vetusta.

  2. Hola Espido:

    Aquí una de tus más fieles seguidoras, dentro y fuera de Instagram. Yo tengo que dar las gracias por esa conexión mágica que nos regalan las redes sociales y que antes hubiera sido del todo imposible. Nos permite ver a la mujer tras la artista y admirar tus muchas facetas. Una gozada de cuenta y también de blog.

    Coincido contigo en la lectura doble que tienen todas las exhibiciones sociales y no solo las que se reducen a las tecnológicas.

    Un saludo.

  3. Encantada de seguirte ahora en el blog.
    Primero te seguí en Instagram, gracias a Alma Obregón.Continue con uno d tus libros y habrá más. Y ahora gracias a Webosfritos leeré tu blog.
    Ánimo y si sigues te seguiremos.Gracias

  4. Hola Espido,
    Fue un placer charlar contigo en Delhi. No soy muy activo en las redes pero no dudo de que tienen el valor de promover la diversidad. Habia leido unos comentarios tuyos acerca de la pereza y la dispersion que tu te reprochas. No me atrevo a decir que sean defectos. Creo que estoy finalmente convencido de que el desorden, la divagacion y el fracaso son tan necesarios como la organizacion, la concentracion, el trabajo duro y la constancia. No son excluyentes ni contradictorios, sino complementarios. Lo descubri con Daniel Pink pero luego me di cuenta que hay mucha otra gente hablando y escribiendo de lo mismo. Tim Harford, Eric Abrahamson y posiblemente muchos. Muchas gracias por compartir con nosotros tantas ideas interesantes. Esperamos verte pronto de vuelta por India.

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