Concierto “Un violonchelo para Santa Teresa”


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¿Es una presentación de tu libro, pero menos convencional? ¿Es una teatralización de textos de Teresa de Jesús? ¿En qué consiste exactamente lo que vas a hacer? Me repitieron esas preguntas muchas personas, muchas veces. En realidad, lo que llevamos a cabo Beatriz G. Calderón y yo el día 18 de noviembre en Sevilla fue un concierto a dos voces: no las nuestras, que éramos meras intérpretes, sino la de los genios J.S. Bach y Teresa de Ávila. Dos personas muertas desde hace siglos que continúan hablando sobre el amor, la espiritualidad y la muerte. Beatriz, violonchelista, experta en Bach, escogió el programa, que llevó a cabo con sensibilidad y pasión conmovedora. Entre pieza y pieza, yo hablaba de Teresa, y de la visión de Teresa sobre esos grandes temas. En el silencio y la oscuridad de Sala Cero, un público que transmitió, a su vez, que hay espacio e inquietud por lo trascendente.

Para mí el escenario es un terreno transitado desde niña, un lugar donde siempre me he sentido a gusto. Pero compartirlo con Beatriz le daba otra profundidad a  las palabras y a los pasos. Los puntos en común (un amor genuino por nuestros oficios, la necesidad de fusionar estilos, de explorar nuevas formas de contar viejas historias, la admiración por Bach y la presencia de Teresa) facilitaron esta colaboración que será la primera de una serie de conciertos y de encuentros. Cuando me preguntan por qué hago algunas de las actividades que llevo a cabo, algunas de ellas en teoría alejadas de la literatura, (como este blog, sin ir más lejos) contesto lo mismo, porque las razones son idénticas: todo consiste en contar historias, en formatos distintos, para públicos diversos, como juego, como descubrimiento, como avances en la oscuridad.

 

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Un escenario requiere cargar las tintas con el maquillaje, como se puede apreciar en las fotografías, y un vestuario que se adecúe a la distancia y los efectos de luz: el vestido verde, con dos tejidos, punto mate y seda, es de Amaya Arzuaga, y muestra un precioso trabajo de origami. No veis las sandalias, pero son mis muy queridas romanas de Paco Gil, que me sacan de muchos apuros, y los pendientes y el brazalete, de alta bisutería,  podéis encontrarlos en El jardín del deseo. Beatriz, por cierto, volvió a vestirse la falda de su vestido de novia. Y según bajamos del escenario ya habíamos decidido que juntas volveríamos a subir a él.

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