¿Cuándo fuiste “Pretty Woman”?

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El espectador medio ha perdido la cuenta de las veces que ha visto “Pretty Woman”; no es solo símbolo de una época, o una película imprescindible de la cultura pop. A nivel emocional, la historia continúa fresca, y aún se acoge con agrado la realidad que refleja, pese a su relativismo moral y la constante glorificación del dinero.
Pero me centraré en alguna de las escenas más icónicas, esas en las que Vivian, tras la humillación sufrida por la dependienta de la boutique (quién no ha experimentado esa mirada asqueada de arriba a abajo, y no ha sentido ganas de llorar) y la orgía de compras posterior descubre que la manera en la que la perciben los demás ha cambiado: la ropa nueva le permite ser tomada en serio por primera vez en su vida. Vivian no muestra demasiados problemas de autoestima, ni de insatisfacción con su vida, pero es evidente que no se encuentra en el lugar que desea. Bastan unos días fuera de su entorno para que tenga claro que no quiere regresar a lo anterior, y que el cambio físico ha llegado en el momento en el que estaba produciendo también un cambio interno.
En el momento actual existe un gran auge  de profesiones que contribuyen a una transformación externa y rápida de los insatisfechos: estilistas, coachs, entrenadores… y también se da un cierto desprecio por ese cambio, que se considera superficial y poco sincero. No puedo estar menos de acuerdo: mi experiencia, propia y como testigo, es que uno de los termómetros más fiables del aburrimiento, la depresión, la serenidad, la ilusión recuperada es, precisamente, la relación con el cuerpo y con la ropa, muy especialmente en el caso de las mujeres. Mujeres que han enviudado y se visten como desean por primera vez en su vida, el traje comprado con el primer sueldo, chicas que se mudan a otra ciudad y transforman su estilo, las primeras compras tras una reconstrucción de pecho, o tras un test positivo de embarazo… Todas comparten esa mirada pletórica de Vivian, cargada de bolsas de la compra, cuando va a ajustar cuentas con la dependienta arrogante. Entre otras cosas, captar ese instante mantiene la película viva.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEste verano Zara decidió confeccionar un vestido que, quisieramos o no, asociaríamos a “Pretty Woman”: el que la protagonista elige para la carrera de caballos, con un canotier. Siempre encuentro una buena excusa para comprar algo de lunares, cuando no es el recuerdo de Lola Flores es la sombra de Lady Di; esta es una prenda poderosa, tan reconocible que ni intenté esconderla dándole otro aire. Le añadí unos salones de Unisa, mis pendientes de perlas, un bolso de Sagrario Moreno, y unos guantes que no usaría, pero que completaban el look y un cinturón de Garaizar. Sólo me faltaba la banda sonora, que iba tarareando mientras caminaba (ya sabéis cuál… la estáis cantando ahora mismo…). Que ese optimismo y esa energía os acompañen en vuestro propio caminar.

(Por cierto, hace unos años conocí a Richard Gere… pero esa es otra historia para otro post…)

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