Mujer a los cuarenta.

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Llegaron los cuarenta, y se fueron, y hoy cumplo 41 años. Una edad en la que parece que a muchas mujeres haya que consolarnos: o con frases que elogian nuestra apariencia juvenil, si la mantenemos, o con la consigna tantas veces repetidas de que esta edad no es el fin del mundo, y que aún podemos comportarnos como si fuéramos jóvenes.
Mi generación se ha sentido adolescente por tanto tiempo que no sabe muy bien qué hacer con la madurez. Ni en lo físico, ni en el plano intelectual, ni en el emocional. Sólo el envejecimiento reproductivo alerta a las mujeres de que el tiempo ha pasado.  La obsesión por la juventud comienza a afectarnos de manera preocupante a quienes pensamos que siempre seríamos jóvenes.
Por mi parte, puedo afirmar que nunca me he sentido mejor: no es un tópico. Tras unos años oscuros (una depresión grave, ansiedad constante, los vaivenes de una crisis económica brutal, la desaparición de casi todos los medios en los que trabajaba), me he visto en la obligación de cuestionarme con mucha seriedad quién era y cómo podía evitar el dolor de una vida cada vez con menos sentido, y el sufrimiento que conlleva la mala salud mental. El esfuerzo ha sido enorme, pero puedo afirmar que, día a día, sin grandes descubrimientos ni logros enormes, ha merecido la pena. La terapia, el autoconocimiento, una vida sana y, sobre todo, el trabajo emocional constante me han logrado llevar hasta donde hace un año y medio ni siquiera me podía imaginar.
Entiendo por primera vez que la felicidad íntima, la satisfacción personal, pueda reflejarse en el exterior. Siempre pensé que era una mentira piadosa; y sin embargo, la piel, los ojos, el rictus del rostro, delatan casi todo. Los cuarenta me han despojado de dudas y ciertas inseguridades: atrás queda el deseo de gustar a toda costa, o de adaptarse a modas y corrientes. Mi cuerpo es el que es: le agradezco sus esfuerzos por sobrevivir a una mente inquieta y a hábitos perezosos. El gusto también parece que no se modificará demasiado. La gran aliada de ambos, la seguridad en una misma, garantiza que una mujer que se conoce no se dejará llevar fácilmente por corrientes efímeras, ni por mimetizarse con la masa. La belleza, si la hubo, ya no basta. A nuestra edad, se pide y se busca más. Si no se ha empleado tiempo en resultar una persona interesante, aún se puede hacer un intento: porque será ese atractivo (la conversación, la mirada, el porte, las convicciones) los que nos harán deseables en lo sucesivo.
¿No es un proceso interesante si no miramos atrás, si no intentamos indagar demasiado en el futuro?

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAMi cumpleaños llega en pleno verano, con el mar alborotado por la celebración de la Virgen del Carmen. Incluso bajo los árboles, el sol quema sin piedad. Estos últimos años, además de con todo tipo de sombreros, me he atrevido con las sombrillas, como las orientales, que saben todo sobre la piel blanca. Esta de encaje es una pequeña joyita de Brujas. Hago un pequeño homenaje a la Reina de los Mares con el monstruoso anillo de coral, que contrasta con una línea más simple de los pendientes de HM. El top cruzado es japonés, de seda natural, pintada a mano con percas. La falda corta proviene de Garaizar, una tienda de jovencitas, porque aún lo somos, pero el bolso, que compré en Nueva York, es de los años 40, para recordar que ya no lo somos tanto. Los zapatos rojos y de tacón, de Sacha London, ponen de manifiesto que si se pisa fuerte siempre hay un zapato sexy que lo aguante. El maquillaje es de Chanel.

Y lo mejor de todo es pensar que aún tengo ocho años preciosos por delante hasta descubrir lo espléndidos que son los 50…

 

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5 pensamientos en “Mujer a los cuarenta.

  1. ¡Qué interesante! Esta sociedad idolatra la juventud. No se ven muchas canas, ni arrugas en los medios de comunicación, y mucho menos en mujeres. Las modas son especialmente tiranas con nosotras. Las personas son bellas en todas las edades, pero pierden expresividad intentando aparentar una edad que no tienen.

  2. Queridísima Espido,
    Aún cuando suene a tópico tengo que decirte que te hacía 10 años más joven que yo ( he cumplido 44).
    Me ha sorprendido en la misma medida en que me ha encantado tu reflexión. Tanto que tendré que aprendermela para aplicarla.
    Yo también pasé por una depre que me dejó ese poso de mecanismo de reloj que siempre acabará por atrasar unos minutos pero que también me dio el regalo de conocerme un poco más, todavía ando esperando el de aceptarme…
    Voy a seguir tu blog para no perderme nada
    Besinos

  3. Acabo de cumplir 44 años pero no fue hasta los 40 cuando encontre la serenidad necesaria en mi vida, hasta entonces “malvivi” como una cabra loca incapaz de llevar las riendas de mi vida. Hoy puedo decir que soy feliz y me acepto tal y como soy

  4. Ciertamente es un placer poder leer a una persona que, reivindicando su feminidad y su coquetería, sabe y defiende que lo último que se pierde no es la belleza si no la conversación cómplice. ¡Cuan cierto! Y mirando el mar, en la Perla de la Concha, junto con unos cuantos amigos puedo dar fe que es una gran conversadora.

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