El entretiempo y sus misterios

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La primavera no existe desde hace años, salvo como una declaración de intenciones: a partir de hoy es primavera. Cuando era más joven, decidí durante años que llevaría a cabo el cambio de armario el 24 de abril, cuando regresara de Barcelona del Día del Libro, y el 16 de octubre, cuando regresara también de Barcelona del Premio Planeta. Una medida drástica, con la que me asé en otoño y tirité en sandalias durante mayo, pero que al menos fijaba una fecha que me daba cierta tranquilidad mental. A mí la tranquilidad mental me la aportan cosas muy tontas.
La primavera, supieron los modistos doctos, había que combatirla envuelta en ropa de entretiempo, ese concepto un poco anticuado que incluía abriguitos ligeros, medias gruesas, colores claros, grandes foulares y la infame rebequita. Infame en su significado anglicista de notoria, (infamous) no de detestable. Ahora se habla de la técnica de las capas, o de la cebolla: funciona, pero a costa de arrastrar y arrugar el doble de tu peso en ropa, de perder la mitad por el camino, y del esfuerzo cromático de combinar las distintas y posibles capas de ropa: mis intentos de convertirme en una cebolla humana han finalizado con tristísimos looks en tonos grisáceos, con un negro total de viuda reciente, y con la total invisibilidad de mi cuerpo. Porque lo de que las capas cebolleras favorezca a un cuerpo adulto merece reflexión aparte.
Esta primavera que se ha mostrado vacilante, lluviosa y fría, ha supuesto un desafío para la teoría de las capas. En realidad, es útil como medida de emergencia, no pensada para extenderse más allá de unos días. En los climas en los que los días templados y variables se extienden por semanas, la ropa de entretiempo se revela todo su esplendor.
Las Islas Canarias, por ejemplo, son un terreno de entretiempo durante largos meses. Te obliga a pasar de un enero meseteño a una primavera constante en apenas cuatro horas. Mis últimos viajes a Fuerteventura ha puesto varias veces a prueba mi capacidad de volver a pensar como mi madre y mi abuela: en el clima real, y no en capas.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAPor lo tanto, para un primaveral encuentro con la prensa majorera, escogí una camisa de manga francesa, con un cuello redondo con el perfil de dos gatitos. Tengo pocos objetos o ropa con estampado de gatos (los gatos me gustan vivos y en movimiento) pero esta prenda de crêpe azul de Sugarhill Boutique me cayó en gracia. Para romper el aire infantil, unos shorts de raso y encaje, muy cortos, tendencia hasta el aburrimiento esta temporada. Tan tendencia, y tan de temporada, que son de HM, muy baratos. Con medias gruesas, de Calzedonia, y zapato botín de Paco Gil. El calzado cómodo resulta esencial en tiempos cambiantes, porque los pies sufren y se hinchan. Estos fueron un acierto. Brillaba el sol, pero soplaba un viento incesante, como se aprecia perfectamente en las fotos, de manera que me olvidé del pelo, y me centré en proteger la vista. Las gafas de aviador han arrasado, y me he dejado arrasar. (Ray-ban). El bolso es de Purificación García, y el anillo, una piedra de pizarra engastada. Ojos muy marcados y ahumados y unos pendientes irregulares, ear-cuffs, de Parfois.  Las fotos fueron tomadas en el paseo de Puerto del Rosario.

Y ahora parece que ya va en serio: comienza el verano.

 

 

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Un pensamiento en “El entretiempo y sus misterios

  1. La infame rebequita me ha inspirado a contarte que en un país tropical el entretiempo es un desafío a la creatividad en el vestir no durante una temporada, pero todo el año.

    Con 32 grados y 80% de humefad en el exterior el desafío es no llegar a cualquier sitio empapada de sudor.

    En una oficina, tienda, taxi o supermercado a 23 grados, lo importante es no pillarte un pasmo de tres pares de narices.

    Con lo cual ahí tienes la infame rebequita y los fulares. De todos los colores y texturas posibles para combinar con la ropa dentro y fuera del aire acondicionado.

    Hace tiempo que empece a sustituir collares por pañelos, mas por supervivencia que por amor a la pasmina.

    Las medias quedan descartadas con lo cual el pantalón tiene q ser casi de Gore-tex para poder respirar fuera y calentar dentro. Los vestidos no un gran acierto para barbacoas pero en el cine o en la oficina, ese fular maravilloso multiusos acaba haciendo de manta Zamorana para que no se te pelen las piernas.

    La infame rebequita y el omnipresente fular se juntan en el bolso junto a otro elemento esencial, el paraguas japonés minimalista de Muji para esa tormenta tropical apocalíptica que te puede pillar en cualquier lado. No te salva de calarte mas que los 30 segundosque puedes tardar en encontrar el refugio más cercano.

    Poniéndonos ya en modo Mary Poppins yo añadiría el bolso unas chanclas porque no hay paraguas ni chubasquero que pueda con la lluvia que golpea el suelo con tanta fuerza q salpica hasta la rodilla.

    Con todo este equipaje el bolso se hace grande. Muy grande y a ser posible impermeable y que no te de calor a la solana. Es decir, de Gore-tex también.

    Un saludo.
    Sparrowebites.

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