PHotoEspaña en el Real Jardín Botánico

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No encuentro suficientes excusas para escaparme todo lo que quiero al Jardín Botánico de Madrid,  de manera que ya voy sin ellas: aún así, me las ofrecen cada semana. En este caso, fue la inauguración de las exposiciones de los artistas contemporáneos Julio Zadik y de Cravo Neto, dentro del Festival PHotoEspaña.

PHotoEspaña, esta vez con una directora, María García Yelo, acerca fotógrafos y propuestas de una calidad altísima a un público que no siempre encuentra la ocasión o el lugar para buscar imágenes conmovedoras. Este año se han dedicado en la fotografía latinoamericana (su lema es “Nos vemos acá”), un propósito casi infinito, que durante los meses de verano nos permitirán acercarnos a Tina Modotti, a Korda (sí, el del famoso retrato del Ché, en esta ocasión con sus preciosas imágenes de mujeres) o a Chema Madoz, quien me ha dado el privilegio de retratarme en más de una ocasión. Os hablaré de estas exposiciones en otra ocasión.

Mario Cravo, brasileño, inventa realidades extrañas en “Mitos y ritos”. En sus fotografías urbanas encontramos Nueva York, pero también Salvador de Bahía, color y blanco y negro, y, sobre todo, el ansia dellegar a algo invisible, místico, común a todas las razas y credos. Y Julio Zadik, guatemalteco, en “Un legado de luz”, muestra una y otra vez cuerpos y personas, bichos y paisajes. Zalik era un poeta que empleaba las imágenes para narrar, y que buscó el silencio (por décadas no se supo nada de él) para reclamar las historias.

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photoespaña Espido4Para una inaguración de fotografía en el Jardín Botánico podía optar por el minimalismo más estricto, o por el trampantojo. Ya podéis imaginar que me lancé a lo último, a un vestido de H&M con una fotografía de un paisaje, dos flores en el pelo, y unas libélulas de Verdeagua Alhajas como pendientes. Uñas pintadas de verde escarabajo con uno de los esmaltes tornasolados de OPI, y un brazalete hindú. Las sandalias verdes son de Jocomomola, y el bolso, de Cats, fue un regalo, masacrado cuidadosamente por mi gatita Lady Macbeth. No sé si el nombre influyó o no. Siempre digo que he de disimularlo con un pespunte… pero ahí siguen sus uñitas. El maquillaje, de Clarins, era muy suave, en un intento de suavizar el efecto folklórica de incógnito que le dan las gafas grandes a una coleta. Qué le vamos a hacer, con el calor el pelo estorba, y con el sol, hacen falta lentes.

Y después de la sobrecogedora creación humana de las fotografías, apareció la realidad bellísima del jardín…

(Por cierto, si os gustan los árboles, o si no dais ni una con ellos, esta app gratuita es un juguetito precioso para identificarlos…)

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