En la Ciudad Universitaria Internacional de París

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 Si a la Espido de veinte años le hubieran dicho que un día se encontraría en la Ciudad Internacional Universitaria de París, invitada por la Sorbona para hablar de su obra, no le hubiera extrañado lo más mínimo. Esa chavalita que se presentó en Deusto el primer día de clase vestida con un estricto traje de tweed fusilado a Chanel (ahora se diría un clon), y fue confundida con una profesora, adolecía de muchos defectos, pero la inseguridad no era uno de ellos. Es más, lo que le hubiera sorprendido es que tardara veinte años en lograrlo, la muy fracasada.
La Espido de cuarenta, en cambio, agradece y se maravilla de caminar entre las residencias de este lugar único del Distrito XIV de París. La CIUP tuvo su origen hace 95 años, en la mente del ministro A. Honnorat, que, cuando acabó la I Guerra Mundial quiso celebrar la unión de todos los estudiantes del mundo con la creación de esta ciudad. Hoy, como escritora, tengo el honor de poder hospedarme en el Colegio de España, y de presenciar el espíritu de intercambio intelectual y de creación artística que sigue vertebrando la CIUP. La joven Espido hubiera sido muy feliz aquí; la adulta, más serena, mucho menos impaciente pero igual de entusiasta, lo sigue siendo.

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 No creo que a mi yo adolescente le hubiera gustado mi atuendo actual, de darse un encuentro borgiano y habernos cruzado: ella, que vestía trajes en plena ola grunge y saltó al estilo gótico recreacionista, cuando aún no había góticos, esperaría de mí algo más espectacular: al menos, una falda larga, y con más vuelo. De hecho, tengo una preciosa falda así de Escada, a la que pensé meter un tijeretazo esta temporada, porque casi no la uso, hasta que encontré esta de Suiteblanco ya corta y a precio lowcost. Se hubiera mostrado displicente ante la camisa blanca de Zara; las sandalias son de Paco Gil, y el brazalete, de piel de serpiente. Me traje los pendientes de perlas de Manila, y las gafas de sol tienen ese aire extravagante de Prada. Empleé maquillaje de Dior, ojos ahumados y labios rojos, una versión suavizada de los extremos siniestros que lucía en la Universidad. Paciencia, joven Espido. Confía en el futuro.

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