Pasapalabra (2ª parte)

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Es cierto que no encontramos un exceso de programas culturales en las televisiones; pero también lo es el que en determinados casos se rompe la norma con un éxito superlativo y duradero. Pasapalabra representa bien esa excepción, y me mueve a creer que no hay temas poco interesantes, sino un cierto miedo a romper con formatos ya establecidos, y a saltar por encima de los tópicos.

¿Palabras incomprensibles, definiciones de diccionario, asociaciones de significado, etimología y éxito de audiencia en la misma frase? Quien lo diría, pero continúan coincidiendo cada tarde de la mano de un Christian Gálvez al que apasiona el Renacimiento, que ha escrito la novela Matar a Leonardo da Vinci y que desmiente la opiniones superficiales sobre presentadores. Como casi todas las opiniones superficiales, no son sino miradas miopes. Algo similar puede decirse de Máxim Huerta, Premio Primavera de Novela. El de la literatura es un camino con cientos de ramificaciones, y ninguna debería ser excluyente.

Precisamente, si vamos en la otra dirección, si bien la televisión origina gran número de novelas, pocos escritores acaban en la tele; el encanto personal que irradian muchos de ellos no se transmite en pantalla, a veces por timidez, o por la falta de costumbre de enfrentarse a una cámara, o por la rigidez de las entrevistas; y sin embargo, ahí está, palpable en la fascinación que despiertan en lectores y curiosos, a la espera de que una propuesta original los acerque.

No, no es un mal momento para la literatura. Uno de mis editores me comentó hace poco, en tono resignado, que en este país todo el mundo guardaba una novela en el cajón a la espera de ser publicada. Exageraciones aparte, poco avance conseguiremos en la difusión de la lectura si no ampliamos nuestra mirada, y si los escritores continuamos asociados únicamente a los libros y a la opinión política, a las ferias del la primavera y a los ámbitos convencionales. La televisión, con su dosis de espectáculo, no tiene porqué reducirse a lo chabacano. Salvo, claro está, que entre todos lo permitamos.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERASufrí un serio flechazo con este vestido color coral de Maggie Sweet, que al frunce en torno a la cintura une un falda cuyo vuelo se mantiene por un tul algo rígido que le da cuerpo. El amago de manga equilibra los volúmenes, y favorece mucho a quienes, como yo, no tienen los hombros anchos. Quise que fuera el protagonista absoluto, de manera que las joyas son muy discretas: pendientes y un solitario de diamantes y una única pieza de cristal de roca tallado como nota de brillo en la garganta. Los zapatos, de Suiteblanco, bicolores, quizás no sean adecuados a diario por su altísimo tacón, pero siempre hay valientes a las que no dan miedo las alturas.

Segundo día superado.

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