Presentación en La Laguna

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Ningún lazo me une a las Islas Canarias, pero desde que puse los pies en ellas, hace ya quince años, me sentí tan a gusto en ellas que he buscado siempre excusas para regresar: la mejor fue mi novela Soria Moria, ambientada en Tenerife y Fuerteventura inmediatamente antes de la I Guerra Mundial, con la que gané el premio Ateneo de Sevilla.
En esta ocasión me trae otro libro a las dos mismas islas: Para vos nací. Mi visión de Teresa de Jesús, que cumple quinientos años, sería presentada enLa Laguna, en el Teatro Leal, que alcanzó este marzo pasado los cien. El teatro fue el sueño personal del millonario Antonio Leal, un lagunero con vínculos cubanos, que decidió regalar a la ciudad un delicioso edificio dorado y rojo. Desde su terraza, el perfil de la isla cobra una belleza especial: desde este casco antiguo el horizonte parece al alcance de los dedos.

Apenas a unos metros, justo en la otra acera, se alza el hotel en el que me hospedé, el Aguere. Tampoco le falta historia (fue construido en el siglo XVIII como casa de los Marqueses de Torrehermosa, y nombrado Patrimonio Histórico-Artístico) y le sobra literatura. La novela negra Ira Dei, de Mariano Gambín, la emplea como escenario, y aquí vivió Luise Schmidt, una joven alemana que trabajó entre 1904 y 1906 como institutriz de los niños de los Trenkel, la familia que entonces gestionaba el hotel. Por la época, Luise, cuyos diarios de aquella estancia se publicaron, podría haber sido la severa niñera de Dolores Hamilton, la protagonista de mi Soria Moria. El hotel, con su patio interior cubierto, los techos altos y las escaleras de balaustradas de forja y madera oscura, conserva el encanto de la época, e invita a sentirse un poco archiduquesa. O al menos, baronesa.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERACierto aire retro combinaba bien con tanto mareo de fechas. Escogí un vestido estampado en azul, blanco y rojo, de HM, de inspiración claramente setentera, talle alto y vuelo infinito; necesito un tacón considerable para no arrastrarlo, como estas sandalias rojas de cuña, de la categoría HITS de Marypaz, baratísimas, y muy cómodas. Los pendientes de coral rojo y el anillo de esmalte y turquesas son antiguos, los compré en Atenas, y reforzaban el aire bohemio (más es siempre más). Aunque apenas me maquillé, sí usé el rouge Diva, de Dior, y, a la fuerza, con la humedad de La Laguna, recuperé mi pelo ondulado original. Todo estaba preparado para el próximo salto en el tiempo.

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