Crema de hinojo con cítricos

IMG_20150304_093412    El hinojo (Foeniculum vulgare) es una planta mágica, en todos los sentidos: además de casi milagroso contra el colesterol y la hipertensión, de emplearse contra la retención de líquidos y el estreñimiento, de favorecer la digestión, la eliminación de gases y el control del apetito, se usa tradicionalmente para mejorar la depresión y la ansiedad. Con tantas virtudes, no resulta raro que en el pasado, cuando lo encontraban salvaje, al borde de los caminos, además de comerlo con ganas, se colgara en las puertas el día de San Juan para alejar al diablo, supongo por el olor.
Me da igual: a mí me resulta muy difícil comer hinojo. No estoy acostumbrada, me repele su aroma a anís, y es para mí un alimento nuevo. Es más, aborrezco el hinojo. Pero tras varios intentos, he dado con una crema perfecta: antioxidante, depurativa, sencilla y sabrosísima. Vegana, además. Y, obviamente, no podía guardarla solo para mí.

receta

Tomamos dos bulbos de hinojo, con su pinta de niño repelente y sus pelillos desordenados, y un calabacín (Cucurbita pepo). Nada que decir contra el calabacín, es discreto, simpático, agradable. Ambos se lavan, trocean, y se les obliga a hacerse amigos mientras cuecen en más o menos medio litro de caldo vegetal.

Mientras tanto, nos hacemos con una naranja y media (para los valientes amantes del ácido, medio limón) o tres mandarinas. Pelamos la naranja, o las dos mandarinas, reservamos un poquito de la piel, siempre sin el forrillo blanco, y entonces nos dedicamos a soltar tensiones mientras cortamos los gajos por la mitad. Se añaden a las verduras, y dejamos que cuezan con parsimonia y amor por media hora.
Llega entonces el momento de triturarla con esmero, porque las hilachas del hinojo son persistentes, y la gracia es que el resultado sea una cremita sedosa. Cuando lo consigamos, se le asusta de nuevo con un golpe de calor y se le añade el zumo de la media naranja, o el medio limón, o la mandarina huérfana. Se añade pimienta, nuez moscada y un poquito de sal, se adorna con unas tirillas de piel del cítrico, y está lista. Yo he añadido un suspiro de semillas de amapola, y media nuez, porque sí.
IMG_20150301_190818La vajilla es de la Cartuja de Sevilla, y el cuchillo asesino, un Thomas, de Rosenthal Group.Yo iba también muy mona, pero hoy no toca. Os animo a probarla. No hay nada peor que una conversa del hinojo.

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