Presentación de “Para vos nací” en Madrid

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Quería que la presentación de mi ensayo “Para vos nací” coincidiera en lo posible con el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa, el 28 de marzo; era una manera de rendirle homenaje, y de celebrar su cumpleaños. Incluso para un escritor, incluso para una santa, quinientos años suponen un triunfo; esa supervivencia, y en el caso de Santa Teresa, su actualidad, sólo se dan si su mensaje se corresponde con enorme exactitud a la realidad contemporánea: os invito a que descubráis que es así.

Al fin, el encuentro con los lectores madrileños tuvo lugar en la Fnac de Callao, donde ya he presentado varios de mis libros. La vertiente religiosa de Teresa de Ávila encontró su representante en el sacerdote Javier Alonso, buen amigo y mejor conversador. Pasaron por allí seres queridos anónimos, otros conocidos (Alma Cupcakes Obregón, los periodistas Fermín Bocos y Pepa Roma, el violinista Ara Malikian), antiguos alumnos muy estimados, mi editor de Ariel, lectores, curiosos… y muchos otros más me enviaron su cariño por mensajes privados o a través de las redes sociales.

Debe de ser por la edad, pero en las últimas presentaciones me emociono un poco: cada libro supone un esfuerzo silencioso de muchas personas, y en “Para vos nací”, en particular, me pesa la responsabilidad de acercar la figura de una mujer genial a muchos lectores que no la conocen. O lo que es aún más arriesgado, a quienes ya la conocen previamente. El cariño y la atención que tanto el ensayo como yo estamos recibiendo compensan cualquier duda y todo el tiempo empleado.

Un cumpleaños merece un regalo, y por eso, gracias a la gentileza de Santa Teresa Gourmet,  entregamos a cada uno de los asistentes unas Yemas de Santa Teresa, y un bloque de membrillo, personalizados con la cubierta del libro. Nadie puede decir que no hicieramos el esfuerzo por dejar un recuerdo dulce de la presentación…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

4

3

5

6

No hay protocolo para la presentación de un libro, pero yo intento que cada una de ellas sea una fiesta y quede patente el respeto que siento por quienes se acercan a celebrarlo conmigo. Intento que eso se refleje también en mi imagen. El vestido, en dorado y negro, de corte rígido, largo irregular y un poco futurista, me parece uno de los más bonitos que he visto en los últimos tiempos. Arriesgado, también, pero nunca me ha importado si creo que la prenda lo merece. Es de Amaya Arzuaga. Exigía pocos complementos: unos pendientes de oro, de bolita, de cuando era niña, un bolsito dorado de Parfois de malla metálica, y un anillo nada discreto en forma de bellota, de Uterquë, (regalo de mi jefa de prensa). Medias negras, y sandalias de ante negro y dorado de Paco Gil. Me maquillé en los mismos tonos y con la barra labial de Clarins Rouge Eclat 2 Sweet Rose.

Podéis encontrar las Yemas y el membrillo en Santa Teresa Gourmet. Son una de mis debilidades reconocidas.

Anuncios

Televisión y escritores

6

    Hay pocas cosas más traicioneras que una cámara de televisión: otorga la presidencia de un país o la niega por unas gotas de sudor, convierte a mortales en ídolos para a veces despeñarlos después, logra vender miles de libros… o reduce a un escritor respetable a un único momento bochornoso.
Para quien, como yo, no es  un profesional del medio, la tele implica dominar dos lenguajes extranjeros al mismo tiempo: el primero, el de la frase corta, el titular constante, sencillo y si es necesario, obvio. Eso se agudiza en los debates, en los que la cámara fija su ojo en ti únicamente mientras hablas, tengas o no algo que decir. No queda espacio para matices ni grises, no se puede profundizar,  impera la prisa… Pero no siempre: hay quien posee el genio suficiente como para saltarse todas esas normas, y perdurar. Pienso en Rodríguez de la Fuente, o en Jiménez del Oso, o en Hermida.
El segundo lenguaje es el de la imagen, de la que el escritor tampoco suele ser muy amigo: la pantalla nos ha acostumbrado a rostros jóvenes y hermosos, sobre todo los femeninos, y a un dinamismo constante, no al busto parlante que imparte una conferencia. La cámara ancha y redondea las facciones, añade kilos, las prendas blancas o negras se convierten en enemigos, las rayitas y texturas en molesto moirè…
Pese a todo me gusta la televisión, ese medio ingrato y neurótico que lo da todo y lo quita todo, y siento debilidad, además, por los programas en los que no aparecemos, por norma habitual, los escritores. Hoy me ha tocado rodar en el Hotel Vincci Soma de Madrid con un croma de fondo, es decir, un salto al vacío; el tema no me preocupaba (más me vale; hablaba de Teresa de Jesús la protagonista de mi último ensayo), pero faltaba por asegurar qué verían los demás.
Cualquier persona sensata evitaría los experimentos con maquillaje antes de una grabación: pero me estaba muriendo por comprobar si los tan cacareados tonos flúor favorecen tanto como nos intentan hacer creer las tendencias. Como tengo la piel clara, creí que un fucsia sería indicado; y sí, no sólo ilumina el rostro, sino que engrosa ópticamente los labios, lo que le viene muy bien a mi boca fina. Hay que compensarlo con ojos y tez naturales, o creerán que has viajado en el tiempo a 1982. Aunque, vistos los petos, el infame vaquero lavado a la piedra y los croptops de esta temporada, bien podría ser.

2

5

3

1

4

Estoy de enhorabuena porque el kimono vuelve con fuerza, y, en fin, yo he perdido la cuenta de los que tengo: el de hoy lleva en mi armario diez años. Es de Laltramoda, lo compré en Lisboa, durante un curso de creación literaria, y me encanta el volumen de las mangas, y los pesados bordados de pedrería, que le dan consistencia. Los leggings los encontraréis en Calzedonia. Los zapatos de charol son de Rebeca Sanver y el bolso, uno de mis preferidos, de Prada. El anillo, de plata y amatista, también procede de un viaje, en este caso a Estambul, durante la promoción de “Melocotones helados” en 2000, y el colgante de nácar lo mandé hacer a un artesano. Me encontré la concha en forma de ala de ángel en la playa de Riazor, cerca de la casa de mis padres, y lo consideré un buen presagio. La barra de labios es la Rouge Dior 565-Vogue.

  Ahora solo falta comprobar cómo se transformará todo esto en pantalla…

Bacalao con salsa Tarator.

1

¿Se comía en vuestra casa bacalao por Cuaresma? Aunque se haya convertido en un alimento desligado de la temporada (si se puede pagar… el auténtico bacalao o Gadus Morhua es carillo), hay infancias marcadas por el sabor ahumado de aquellos trozos duros, impregnados de sal, que indicaban el inicio de la primavera con su olor penetrante y acre. Durante siglos, las zonas sin mar consumían pescado sólo en salazón; abadejo, palometa, o cualquier variedad blanca, agrupados bajo el nombre genérico de bacalao. Desalarlo con pericia era un arte, y aún así, a veces quedaba seco, o incomible. Una buena cocinera, o un restaurante de fama, se lucían con el manejo del bacalao.

Gozaba de aprecio el de Islandia, el de las Islas Feroe, o el de Escocia. Ahora se ha popularizado el bacalao ya desalado, fresco, o con un salado industrial más o menos homogéneo. Hay duelos al amanecer por diferencias de opinión al respecto, pero suele aceptarse que se desala durante 48 horas en agua, y que hay que cambiarla tres veces en esos dos días. El bacalao bien tratado se deshace en deliciosas lascas blancas, cremosas, con el punto justo de sal. Un manjar.

Tenía yo ganas de compartir una receta de bacalao, y aunque vengo de tierras de ricos pilpiles y salsas vizcaínas, he preferido un toque más exotico: Bacalao con salsa Tarator. Ojo, no se debe confundir con la sopa tarator, propia de la cocina búlgara, una crema fría y muy refrescante que recuerda al tzatziki griego. La salsa tarator procede de Turquía, es espesita, y tan sabrosa que conviene no emocionarse y comérsela a cucharadas, por su alto contenido en lípidos. Resulta perfecta para acompañar esa típica verdura sosa que no os gusta pero que compráis con la radical intención de comer algo sano: propósito que se desvanece con el primer bocado de la susodicha sosería al vapor. Como la tarator se hace en un periquete, yo no digo nada (lejos de mí incitar a tentaciones), pero remedia hasta el… bueno, hasta esa verdura.

La versión rápida exige que se trituren en la batidora el pan remojado en agua, las avellanas, el zumo de limón, los ajos y el aceite. Como a mí me gusta la textura granulada de las avellanas, (y también me gusta complicarme la vida, no vamos a negarlo) machaco en el mortero de piedra los ingredientes secos, para añadir el limón y el aceite luego, gota a gota, casi como para una mayonesa. Si queda muy espeso, se puede aligerar con más aceite o con un poco de agua. ¿Está a vuestro gusto, o le añadiríais sal y pimienta? Después se pinta con aceite una plancha, se calienta bien, y se pasa el pescado por ambas caras (primero por la de la piel) hasta que pierda su transparencia. Servid rápidamente, con su ración de tarator.

2

3

4

Hay quien sustituye las avellanas por otro fruto seco; y aunque yo prefiero el bacalao, cualquier pescado blanco os servirá para probar la receta. El limón y las avellanas proceden de la finca de mis padres. La vajilla es mi Villeroy&Bosch blanca de los días especiales, y las ilustraciones de fondo, del Libro de Les Amours de René d’Anjou.

Comida con Raquel Sánchez-Silva

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

Nunca he podido comprender los recelos acerca de la amistad femenina: me he considero una chica de chicas, apasionada de mis amigas, algunas de las cuales conservo desde los cinco años.

A otras, como Raquel Sánchez-Silva, las he incorporado a mi vida más recientemente, pero ya hace mucho tiempo. Raquel, a quienes muchos conoceréis por su faceta de presentadora y periodista, transmite una energía y una luz muy especiales. Las que da la inteligencia, y la curiosidad. Sus amigos la adoramos, y no por casualidad es la musa de Ion Fiz, para quien desfiló en la pasada MB Fashion Week. Su trabajo en televisión no nos permite vernos tanto como quisiera, pero en este caso había novedades importantes que dar en persona. Las revistas ya han publicado que está esperando dos bebés… Sólo añadiré que me siento muy feliz por ella, y que su alegría resulta evidente. Y contagiosa.

Pero la excusa para comer juntas era hablar de mi ensayo “Para vos nací” en su blog “Comerse el mundo”, y así dar un repaso a Santa Teresa, a la amistad entre mujeres, a nuestras ideas sobre la maternidad y a nuestra relación con los libros (Raquel está escribiendo sobre un proyecto nuevo, del que ya os hablará; se vuelca en la investigación como si fuera lo único que existe en el mundo, con una fuerza que envidiarían muchos escritores vagos… por ejemplo, yo).

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Este vestido de punto de Amaya Arzuaga en rosa palo, con sus laterales negros, atenúa un poco el miedo a los tejidos ceñidos: el corte es perfecto. Lo combiné con un bolso de Prada, de charol negro, que compré en un viaje ya mítico a HongKong, con medias tupidas Calzedonia, y zapatos, también de charol, de Paco Gil. Los pendientes, un regalo de, precisamente, una amiga de infancia que me conoce casi demasiado bien, son de Adolfo Domínguez. Para quienes os horroricéis porque no lleve chaqueta, os tranquilizaré diciéndoos lo que a mi madre: quedé al lado de mi casa. Y no soy friolera.

El blog de Raquel, donde podéis ver la entrevista que me hizo, os lo dejo aquí.

Patio IED

1

Mis clases en el IED de Madrid continúan; casi he terminado con la asignatura trimestral de uno de los grupos (sorprendentemente, los alumnos siguen vivos), y con los otros tres trabajo la manera en la que hablar en público con soltura y expresarse por escrito con propiedad les será más útil. La oratoria, la gran olvidada en la formación en nuestro país…

Como además, me encuentro en un punto álgido de la promoción de mi libro “Para vos nací”, he sugerido que para matar dos pájaros de un tiro, la última sesión de fotos y prensa se hiciera en el patio: un precioso espacio del Palacio Altamira, adaptado a las nuevas necesidades. Y a los caprichos del diseño contemporáneo, como esos asientos-conos de tráfico.

“Para vos nací” es una biografía poco usual de Teresa de Jesús, de manera que algunas revistas religiosas se han acercado a entrevistarme. Imagino que por eso, y porque, al fin y al cabo, una es profesora, me apetecía adoptar un aire más formal que otras veces: un estilo inspirado en los 50,  tan favorecedor para las mujeres curvilíneas. Llevado al extremo, añade un poco de edad, pero se siente una tan virtuosa y modosita…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

4

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Para restar un poco de seriedad a la rebeca color aguamarina de H&M la he combinado con una falda fucsia de SuiteBlanco corta; las joyas son muy discretas, y los zapatos negros con lazo de raso los firma Rebeca Sanver.

Todas las mujeres tenemos una niña buena en el interior, ¿no?

Castellón

OLYMPUS DIGITAL CAMERADurante varios años he celebrado el 8 de Marzo en la Comunidad Valenciana, con una u otra conferencia sobre la Mujer Trabajadora; esta vez ha sido Teresa de Ávila la que me ha traído a Castellón para hablar de espiritualidad, de su ejemplo único, y de la manera en la que sigue hoy en día sirviendo de modelo. Como hija del Norte me sorprende cada vez el Mediterráneo, su sol temprano, esa primavera precoz que asoma entre las calles. Invita a la sensualidad, a desnudar las piernas y a ser feliz.  De manera que di un paseo por el centro, me acerqué a la calle Enmedio  a la Farmacia Calduch, saludé a Vicente Calduch y compré unas cajas de Suavina, y, en resumen, hice lo mejor que se puede hacer con el tiempo: pasarlo.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAQue no os engañen los tacones: son unos Sacha London a medida, comodísimos. Rescaté el bolso de mi colección: lo compré en su momento en SuiteBlanco. El vestido es un Amaya Arzuaga, de la que, como veréis, me visto con frecuencia en los últimos tiempos, con un bajo irregular muy favorecedor. Y la sonrisa es mía.

Crema de hinojo con cítricos

IMG_20150304_093412    El hinojo (Foeniculum vulgare) es una planta mágica, en todos los sentidos: además de casi milagroso contra el colesterol y la hipertensión, de emplearse contra la retención de líquidos y el estreñimiento, de favorecer la digestión, la eliminación de gases y el control del apetito, se usa tradicionalmente para mejorar la depresión y la ansiedad. Con tantas virtudes, no resulta raro que en el pasado, cuando lo encontraban salvaje, al borde de los caminos, además de comerlo con ganas, se colgara en las puertas el día de San Juan para alejar al diablo, supongo por el olor.
Me da igual: a mí me resulta muy difícil comer hinojo. No estoy acostumbrada, me repele su aroma a anís, y es para mí un alimento nuevo. Es más, aborrezco el hinojo. Pero tras varios intentos, he dado con una crema perfecta: antioxidante, depurativa, sencilla y sabrosísima. Vegana, además. Y, obviamente, no podía guardarla solo para mí.

receta

Tomamos dos bulbos de hinojo, con su pinta de niño repelente y sus pelillos desordenados, y un calabacín (Cucurbita pepo). Nada que decir contra el calabacín, es discreto, simpático, agradable. Ambos se lavan, trocean, y se les obliga a hacerse amigos mientras cuecen en más o menos medio litro de caldo vegetal.

Mientras tanto, nos hacemos con una naranja y media (para los valientes amantes del ácido, medio limón) o tres mandarinas. Pelamos la naranja, o las dos mandarinas, reservamos un poquito de la piel, siempre sin el forrillo blanco, y entonces nos dedicamos a soltar tensiones mientras cortamos los gajos por la mitad. Se añaden a las verduras, y dejamos que cuezan con parsimonia y amor por media hora.
Llega entonces el momento de triturarla con esmero, porque las hilachas del hinojo son persistentes, y la gracia es que el resultado sea una cremita sedosa. Cuando lo consigamos, se le asusta de nuevo con un golpe de calor y se le añade el zumo de la media naranja, o el medio limón, o la mandarina huérfana. Se añade pimienta, nuez moscada y un poquito de sal, se adorna con unas tirillas de piel del cítrico, y está lista. Yo he añadido un suspiro de semillas de amapola, y media nuez, porque sí.
IMG_20150301_190818La vajilla es de la Cartuja de Sevilla, y el cuchillo asesino, un Thomas, de Rosenthal Group.Yo iba también muy mona, pero hoy no toca. Os animo a probarla. No hay nada peor que una conversa del hinojo.